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1DESDE EL NIÑO DE BELÉN; SANACIÓN PARA TRANSITAR LOS VACIOS DEL CORAZÓN
-Por la editorial-

“Mientras se encontraba en Belén, le llego el tiempo de ser madre; y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre” (Lc 2, 1-18)

En el vacío de Dios, de la historia nace en Belén Jesús, el Hijo de Dios. “Es el momento de la plenitud de los tiempos (Gal 4,4) y sucede en Belén un lugar pequeño e incómodo; Jesús nace en un lugar humilde y despojado, sin comodidades mínimas, pero es una carencia que Dios llena de sentido, la llena con su presencia total, con su sí, sin cambiar las condiciones de pobreza y precariedad.

En la oscuridad del establo donde Él nace, y la rugosidad del pesebre donde es puesto y yace, brota de la belleza de la vida de Dios entre los hombres. Este es el primer signo de una Alianza irreductible… en un vacío nace, en un fondo irrumpe, es luz en medio de las tinieblas que comienzan a disiparse con la hermosura de la vida del niño Dios en Belén.

2A Jesús que nace podemos buscarlo también como los pastores en nuestros vacíos y zonas oscuras. Pero hagamos el camino de la mano de María, nuestra madre. Ella no temió la oscuridad del establo, entró junto a José, pasaron juntos a esperar en Dios.

No temieron ser pobres y tener poco, esperaban a Dios, esperaban en Dios, esperaban con dios.

Hagamos oración en toda soledad y vacío de esta manera: “Madre de Dios, este es mi Belén, este es mi establo…
Pasa, entra, da a luz al señor de la historia en esta circunstancia donde se creó un espacio vacío, un lugar de soledad…
Cobija a tu hijo en mi familia; con tu compañía aprenderé a no huir de los vacíos y de las grietas sino a pasar por ellas y recibir la alegría de tu presencia y visita en la pobreza.
¡Es bella la noticia de encontrarte, es gozoso recibirte, Madre de la Vida Nueva! Cuando nazca, poné a tu niño hermoso, a tu niño Dios en este pesebre de mi vida…
Jesús, nacé aquí…saná con tu ternura de niño las oscuridades y vacíos del alma.”

3Es inevitable que la historia personal contenga aquellos vacíos, la cultura del mundo invita a permanecer frágiles ante ellos, a tenerles terror, a huir en lugar de atravesarlos, a crear compensaciones o dulces fantasías.

El niño Dios en Belén, invita a entrar en su pesebre.

Volvamos a la oración, hablemos con él, pongamos a sus pies los huecos vivos de nuestra historia… y en ese paso recibamos el amor, su presencia, su luz (1Jn 1,5).

“Estoy a tus pies, Niño hermoso de Belén; bendecime con la fuerza extraordinaria de tu vida, rodeá mis vacíos con la luz cálida y reparadora, vencé entrando en ellos las tinieblas y el egoísmo que los custodiaron hasta hoy…
Te amo y adoro, tierno amor que en María tuviste un regazo y un cobijo seguro.
Te bendigo y alabo, confío en tu gracia que permite crecer sin miedos a las oscuridades… y grietas de la vida. Amén."

 
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Comentarios:

Hermosa oracion para la noche de navidad. Gracias.
Silvia
04/12/2019

 
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