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1MARÍA ELIGE A LOS MÁS PEQUEÑOS
-Por Hna. Noelia Toro, fsp-

Entre el 13 de mayo de 1916 y el 13 de octubre de 1917, la Virgen María se aparece en Cova de Iría, Fátima, en Portugal, pero ella no elige como testigos a sabios y entendidos, la Virgen escoge a tres niños como sus mensajeros.

Los niños también están llamados a la santidad, a vivir según su comprensión el llamado de Cristo a seguirlo.  Los Pastorcitos de Fátima, recibieron una gracia especial y fueron preparados para vivir este gran acontecimiento, pero todos los niños están llamados a seguir a Jesús, depende de nosotros, los mayores, guiarlos y fomentar en ellos la devoción a Jesús y a la Virgen. Ahora los invito a conocer más sobre la vida de los tres pastorcitos. 

Los videntes de Fátima fueron tres pequeños pastores, niños inocentes y simples, ​ Lucía dos Santos, de diez años, y sus primos, Jacinta y Francisco Marto, de seis y nueve años que, a su temprana edad, ayudan a sus padres en los quehaceres, cuidando a los animales.

En una de sus jornadas de pastoreo, durante la primavera y el verano de 1916, los niños sintieron una presencia angelical mientras pastoreaban sus ovejas, dos veces en la cueva Loca do Cabeço, en Valinhos, y otra en el Pozo del Arneiro, en casa de Lucía, en Aljustrel.

2Este Ángel de la Paz, se les apareció y les enseñó a rezar para pedir por la conversión de los pecadores; les había aconsejado cómo practicar el sacrificio cotidiano y la adoración a Dios a través de la Eucaristía.  El Ángel estaba preparando a estos niños para que recibieran, con un corazón dispuesto, las visitas de la Virgen María que iban a tener lugar posteriormente, entre el 13 de mayo y el 13 de octubre de 1917.

Durante el tiempo que duraban las apariciones, Lucía, por ser la mayor de los tres, se encargaba de hablar con la Virgen. A pesar de significar una gran alegría, las revelaciones también supusieron un fuerte sufrimiento para los niños. En primer lugar, por la incomprensión por parte de su familia y la gente que les rodeaba.

Pero pasadas las apariciones, la situación de Lucía empeoraba pues a los ojos de las personas no dejaba de ser la de una vidente.  El 17 de mayo de 1921 Lucia entró como educanda en el Colegio de las Hermanas de Santa Dorotea. La vida intensa de piedad le llevó a plantearse su vocación. En 24 de octubre de 1925, con 18 años, inició el Noviciado como Carmelita en Tuy. Allí pasa dos años del Noviciado, para profesar el día 3 de octubre de 1928. Vivió una vida de sacrificios.

Francisco desde pequeño fue un niño de pocas palabras, tímido y reservado. Durante las apariciones, Francisco no podía escuchar lo que la Virgen decía, tan sólo podía verla. Se tomó muy en serio el mandato de la Virgen de mortificarse y rezar por la conversión de los pecadores; pero su principal preocupación era la de consolar a Jesús por los pecados de los hombres.

3En diciembre de 1918 cayó víctima de una neumonía, lo que le obligó a guardar cama durante meses. Vivió su enfermedad de forma heroica, siendo un gran ejemplo para su familia, quienes admiraban la profunda devoción y el espíritu contemplativo de un niño de apenas diez años. Un día le reveló a su hermana que ofrecía todos sus sufrimientos, que no eran escasos, para consolar a Jesús. El 4 de abril de 1919, tras meses de larga y dolorosa enfermedad, habiendo recibido los últimos sacramentos, falleció en su casa acompañado de su familia.

Jacinta era una niña alegre que amaba a su familia, cuando fue detenida por negarse a revelar el secreto, su mayor preocupación era la de morir sin haberse podido despedir de su familia. Las apariciones de la Virgen provocaron en ella una gran felicidad, quedó cautivada por la belleza de la Santísima Virgen. Desarrolló una gran preocupación por la salvación de los pecadores y el desagravio al Corazón Inmaculado de María; amaba la figura del Papa y rezaba a diario por él.

En diciembre de 1918 cayó enferma víctima de una neumonía. Sufría mucha sed, pero decidió no quejarse y beber para ofrecer el sacrifico por la salvación de los pecadores. Estando en cama recibió una visita de la Virgen, que le anunció que pronto se llevaría a Francisco al Cielo. Jacinta pidió permanecer un tiempo más para poder continuar rezando por los pecadores.

La Virgen le dijo que sería trasladada a un hospital, donde iba a sufrir mucho, ya que quedaría sola. La niña sufrió mucho con aquella noticia, ya que su mayor miedo era morir sin compañía, pero aceptó gustosamente.  Al poco tiempo, el 21 de enero de 1920, fue trasladada a Lisboa, donde falleció el 20 de febrero a las diez y media de la noche, sin la compañía de ninguno de sus familiares.

Los cuerpos de los tres primos reposan en el interior de la Basílica de Fátima, la causa de beatificación de Lucía fue iniciada por Benedicto XVI y sigue su curso.  San Juan Pablo II beatificó a Jacinta y Francisco, el 13 de mayo del año 2000, en Fátima, frente a centenares de millares de fieles. El Papa Francisco los proclamó santos el 13 de mayo de 2017, en el centenario de la primera aparición de la Virgen.
Estos niños son testimonios de santidad.

Queridos hermanos comencemos a temprana edad a colocar en el corazón de los niños el deseo de la santidad, para que el amor de Cristo arda en sus corazones, desde la más tierna infancia.

 
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