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CUENTOS PEQUEÑOS
-Por José Sépi-

Cuentos pequeños, con enseñanza para reflexionar.

EL TUCÁN PARLANCHÍN

Cuentan que en la selva, había un tucán parlanchín que volaba de rama en rama hablando mal del león que era rey. Y aprovechándose de que algunos animales tenían la debilidad por conocer la intimidad de las vidas ajenas, el tucán se deleitaba a gusto desplegando murmuraciones por doquier.

Pero vaya como son las cosas cuando de maldades se trata, que entre tantas novedades que llegaban a las orejas del león que era rey, entre una cosa y la otra, también llegó a sus orejas, aquellos chimentos de los que se hablaba a sus espaldas. Enfadado por estas actitudes deshonestas, el león que era rey mando entonces a llamar a su consejero real y le preguntó: "¿Es verdad, mi querido amigo, que existen algunos animales en mi reino que hablan mal de mí?" El consejero, que sólo era un perro callejero que se vestía con una piel de zorro para ocultar su sarna, le replicó: "Así es, mi respetado rey. Las malas lenguas, son las que hablan y las débiles orejas, las que escuchan." Pero el león que era rey, le dijo: "Dime entonces, fiel consejero, ¿qué cosas se están diciendo de mí y de cuál maliciosa lengua proviene tanto pecado?"

Entonces, el consejero del rey le contestó: "Los dichos, mi estimado rey, provienen de un animal plumífero de extenso pico y colores llamativos. De árbol en árbol y de rama en rama, recorre la inmensa selva y con su voz parlanchina, molesta a todo el mundo proclamando: "Nuestro rey, el león, no es el animal más fuerte de la selva. ¿Por qué entonces, tiene que ser nuestro rey habiendo animales mucho más fuertes que él?"

Al día siguiente, conociendo el león que era rey las malas intenciones del pajarraco, convocó a la guardia real y les ordenó que apresaran al tucán y lo hicieran comparecer ante él. Atemorizado y de plumas caídas, así llegó el tucán parlanchín ante la presencia del rey. Y entonces, el león que era rey le dijo: "Han llegado hasta mis oídos, cosas que tu cantas a los cuatro vientos sobre mi persona. Dices entre otras muchas cosas, que yo no soy el animal más fuerte de la selva. Y aunque a veces cueste un poco admitirlo, debo reconocer que tal vez tengas algo de razón. Sin embargo, creo que olvidas algo muy importante en todo este asunto que difamas por
ahí, hermano tucán: olvidas ante todo, que yo soy tu rey. Por lo tanto, déjame decirte una cosa: si en verdad no quieres permanecer encerrado en la jaula de los malhechores privado de tu libertad por el resto de tu vida, yo te ordeno ahora mismo y por siempre, que cierres tu enorme pico y no vayas por ahí sembrando cizaña entre tus otros hermanos animales..."

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Reflexión: Tengamos mucho cuidado con las personas que a veces nos juntamos. Escapemos a toda prisa de aquellos a quienes les gusta murmurar cosas malas de otras personas. Recordemos esto: Quien habla mal de todos, también hablará mal de nosotros.

 

Comentarios:

Siempre debemos estar atentos, muchas veces nos vemos defraudados por confiar en quienes obran de este modo, pero también debemos comenzar nosotros mismos a no murmurar y juzgar o hablar mal de los demás.
Teresa
03/12/2022

 
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