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1MISIONAR EN LAS REDES
-Por Pbro. Ariel Tosoni-

Nunca ha sido tan fácil monitorearnos. Basta actualizar el perfil, escribir un comentario, subir una foto, compartir un pensamiento. Información instantánea, libre, gratuita y autorizada por el emitente, lanzada al universo de las redes sociales. Sin contar la vigilancia geolocalizada y los rastros de pago o actividades en línea.

El consentimiento individual, en un mundo hiperconectado, ofrece libre acceso de la información personal hacia una audiencia tan heterogénea como desconocida, pese a los filtros de privacidad. ¿Tan importante es nuestra información personal? Para marketing online sí, porque utiliza cada dato, cada una de nuestras huellas virtuales para fabricarse una idea de nuestros consumos y deseos.

Las redes sociales fueron diseñadas para reforzar y consolidar relaciones interpersonales preexistentes, no para generar y fidelizar consumidores. Al menos en sus inicios fue así.

Las redes se basan en tres elementos estructurales. El perfil del usuario (nombre, foto y biografía), lista de contactos (la comunidad de actividad o interés que se forma) y las posibilidades de comunicación interactiva de la plataforma (estados, eventos, fotos, videos, historias). La característica principal de las redes es la desintermediación, proceso en el cual desaparece la figura del mediador de la información.

Gracias a la inmediatez, las redes penetran el tejido social como medio de auto comunicación de masas. Organizadas en plataformas sociales, su sistema de intercambio en línea tiene fuerte impacto relacional dónde la modalidad de participación varía de una plataforma a otra. Además, la portabilidad del celular y su acceso a la red 4G nos sitúa ever connected, invadidos de toneladas de información actualizada al instante. 24 horas diarias, 168 semanales, 720 semanales. Por un total de …. ¿cuántas horas al año? Llevamos siempre el Smartphone encendido en el bolsillo. ¿Cuándo lo apagué por última vez? No lo recuerdo.

Del hábito de consumo a oportunidad para la misión

2La unión, entre la innovación comunicativa ofrecida por las redes, es decir, interactividad y presunta participación, con la fidelidad del bautizado a la misión, nos sitúa ante un desafío pastoral.

Ahora bien, somos misioneros y usuarios habituales de las redes. Entonces, ¿podemos servirnos de las redes para la misión? Si la respuesta es afirmativa, estamos pensando en una pastoral misionera digital o más precisamente invitando a misionar en las redes.

Un camino desafiantemente actual para las nuevas generaciones de misioneros nacidos en la “sociedad en red”. Aquellos para quienes las nuevas tecnologías e Internet forman parte de sus vidas desde siempre. Una sociedad flexible, un nuevo espacio social de interacción virtual que complementa, sin sustituir, el ambiente territorial.

Los misioneros deben mirar las redes no como pasatiempo de la realidad. Sino como oportunidad para realizar una pastoral misionera en y por medio de las redes. Intensificando una evangelización integral y global. “La Iglesia, de hecho, no solo está llamada a utilizar los medios para difundir el evangelio sino, ahora más que nunca, a integrar el mensaje salvador en la “nueva cultura” que las poderosas herramientas de comunicación crean y amplifican” (San Juan Pablo II, El rápido desarrollo, 2005).

Comunicar la Buena Noticia en y por medio de las redes

3Evangelizar en las redes significa que el anuncio del Evangelio debe encontrar su espacio en el flujo comunicativo de la nueva cultura digital. Evangelizar por medio de las redes, es dirigir el anuncio de Jesucristo favoreciendo en la interacción un momento de encuentro y diálogo donde se narre y se comparta la fe.

Sabemos que el anuncio posee un fuerte carácter narrativo que, a través de la historia de fe, activa una dinámica en torno al testimonio personal. A su vez la narración se retroalimenta con el feedback del contar/escuchar para volver a narrar una experiencia en común. En este sentido, la narración es la dinámica cristiana de encuentro y diálogo interpersonal. Por este motivo, misionar en las redes es estar “siempre dispuestos para dar una respuesta a quien les pida razón de su esperanza”. (1P 3,15).

Ser “testigos de esperanza”, en el escenario cultural de la sociedad en red significa: considerar las redes como ambientes propicios para un anuncio explícito del Evangelio.

Un anuncio que supere la sobrecarga informativa; que destierre la estética perfeccionista del autorretrato con sus declinaciones; que suprima los simulacros de vida en directo. Ser “testigos de esperanza” en las redes, es optar siempre por la revolución del contenido que se comparte, pues la Esperanza tiene nombre propio.

La revolución del contenido

4¿Por qué revolucionarlos? Porque muchos de los contenidos compartidos en las redes “a pesar de carecer de fundamento, obtienen una visibilidad tal que incluso los desmentidos oficiales difícilmente consiguen contener los daños que producen” (Francisco, Fake news y periodismo de paz, 2018).

La misión es comunicación del Evangelio y comparte con las redes sociales aspectos comunicativos comunes como el encuentro, el diálogo, la relación, la comunidad y la narración. El testimonio compartido en las redes debe ser auténtico y personal, como la experiencia en Cristo, su contenido fundamental.

Las redes no son como el diario, la radio o la televisión. Son construcciones culturales híbridas. Conjugan lo esencial de cada lenguaje tradicional de comunicación social como la palabra, la imagen y la voz, en una sola plataforma.

En la actualidad todas las redes sociales presentes en el web ofrecen estructuras similares de registro y fruición. Quien se aventura en la pastoral misionera en y por medio de las redes necesita conocerlas y operarlas siguiendo sus reglas.

Tres consejos para misionar en las redes

Superar el nivel del compartir “a fin publicitario”, del bombardeo autorreferencial.

5Es importante crear contenidos propios por medio de miles de aplicaciones gratuitas existentes. En las redes se valora la creatividad de los contenidos porque ayudan a salir al encuentro de potenciales interlocutores. Es necesario fomentar un diálogo más allá del emoji. Porque las redes están “pobladas de humanidad, a menudo herida: hombres y mujeres que buscan una salvación o una esperanza, (…) en cualquier condición de vida en la que se encuentre, como para que el Evangelio pueda cruzar el umbral del templo y salir al encuentro de todos” Francisco, Comunicación al servicio de una auténtica cultura del encuentro,2014).

Recordar que nos desplazamos, de arriba hacia abajo, por pantallas en lugar de páginas. Frente a la pantalla el ojo se detiene con facilidad en una imagen o video.

Hoy, el contenido visual irrumpe y prevalece, invitando a descifrar la información de manera multisensorial. Por ese motivo, hay que evitar extensos comunicados de prensa, y reelaborar los contenidos a partir de los criterios de la imagen. Al menos en lo referido a brevedad, universalidad y capacidad de implicación emotiva.

Reconocer que la narración como testimonio de fe es un acto comunicativo referido a un evento personal. En ella, Dios siempre inicia el diálogo ofreciendo gratuitamente el don de la salvación.

Recurrir al modelo comunicativo del kerygma (primer anuncio del Evangelio) es primordial para elaborar la propia narración en las redes: brevedad del mensaje, simplicidad del lenguaje e interacciones espontáneas. El kerygma invita siempre a realizar una acción. Estructuralmente está formado por un indicativo concreto y un imperativo enérgico. “El Reino de Dios está cerca. ¡Conviértanse!”.

Pbro. Ariel Tosoni
Misionero de la Consolata
Lic. En Comunicación Social
Publicación Iglesia misionera Nº 514

 
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