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AGOSTO: HERMANA MARTHA PEREYRA IRAOLA, SIERVA DE DIOS

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1Su familia y su infancia

Martha María Sara Clara del Sagrado Corazón de Jesús Pereyra Iraola Ayerza –su nombre completo según la partida de bautismo– nació en Buenos Aires el 26 de agosto de 1913. Era la sexta hija del matrimonio compuesto por Martín Pereyra Iraola y Esther Ayerza. Un hogar feliz de diez hermanos (cuatro varones y seis mujeres) donde la fe profunda acompañaba la vida de familia, de mucho cariño. Una de las principales preocupaciones de estos padres era enseñarles a sus hijos "a vivir para Dios y para los demás". La madre de Martha falleció en 1922, cuando su hijo más grande tenía 16 años y la más pequeña, María Luisa, tenía apenas seis meses.

2Las tías, hermanas de Esther Ayerza, se hicieron cargo y ayudaron mucho, pero fue el señor Martín quien se portó de manera admirable, asumiendo el papel de padre y madre.

La Familia Pereyra Iraola era una familia bien acomodada en la época, de alta sociedad, culta y de buena posición económica. Su fortuna venía de herencia y de la actividad agropecuaria en los campos que poseían y donde pasaban sus veranos en familia. Así fue que Martha estudió en el Colegio Sagrado Corazón, colegio religioso de las hermanas de la Sociedad del Sagrado Corazón, congregación fundada en Francia por santa Magdalena Sofía Barat. Martha hizo su primera comunión en el colegio, en 1920.

De pequeña Martha era rebelde, cabeza dura y tenía rabietas, no era “mansa” de naturaleza,  pero en su adolescencia tuvo un cambio, nadie supo la razón, pero pasó a ser el polo opuesto, se calmó, se volvió una persona tímida pero afable, serena.

Su vocación

3Pocos años después de terminar el colegio comunicó a su familia su gran y firme decisión de ser religiosa en la Sociedad del Sagrado Corazón. No fue fácil aceptarlo para su padre, ni para sus hermanos, ya que en esa época, antes del Concilio Vaticano II, aquella congregación era de semi clausura, es decir, las hermanas se dedicaban únicamente a la educación en los colegios, y vivían estrictamente las reglas de la vida religiosa dentro del convento. Sólo salían del convento para ser trasladadas a otro convento. La familia sabía que ya no la volverían a ver por su casa ni a tratar como antes. El 23 de junio de 1933 fue el día en que se despidió de su hogar e ingresó en el convento del barrio de Almagro.

Una vez terminado el noviciado de dos años, y después de haber hecho sus primeros votos, comenzó su vida apostólica en los colegios, más bien en trabajos escondidos, dando todo su cariño a todos, niñas o monaguillos.

Como todas las hermanas, Martha se entregó de lleno a la enseñanza, dando clases en la primaria del colegio de Castelar (conurbano bonaerense) durante décadas. Muchas alumnas y compañeras de aquella época la recuerdan con cariño, como una persona alegre, de actitud siempre serena, tierna, que sabía escuchar y acompañar, sus profundos ojos celestes eran la transparencia de su profundo amor.

4Su profesión perpetua fue el 9 de abril de 1942. Luego tuvo tareas de más responsabilidad, costosas a su deseo de vida más oculta y sencilla.

En 1955 comenzó su período más difícil, cuando la nombraron Maestra General de Almagro. Su timidez y su resistencia natural a los cargos la hicieron sufrir mucho. No había nacido para mandar y lo sabía. Quienes la conocieron cuentan que cada vez que tenía que hacer una corrección sentían que le costaba más a ella decirla que a uno recibirla. Martha no tuvo ningún éxito como Superiora ni como Maestra general, debía encargarse de la disciplina, pero no podía por ser "demasiado buena".

En junio de 1955, días después que los “peronistas” (seguidores del presidente Juan Domingo Perón) incendiaron iglesias en la Ciudad de Buenos Aires, el papá de Martha falleció de un infarto, y ella no pudo ir a despedirlo a causa de la rigurosa disciplina de la Congregación.

El cambio y la opción por los pobres

5En la mitad de la década de los años sesenta se clausuraba en Roma el Concilio Ecuménico Vaticano II. Pronto el viento del nuevo espíritu de este Concilio entró también al Sagrado Corazón y cambió el curso de la vida de sus religiosas. Se derrumbaron estructuras y reglamentos, y los nuevos tiempos plantearon estrenos apostólicos y opciones más comprometidas con la realidad de la gente. Las hermanas salieron de la clausura, se cerró el colegio de la avenida Callao, en Barrio Norte (Buenos Aires), y muchas partieron, ya sin hábito, con ropa de calle, a la inserción en barrios humildes del interior del país.

Para muchas hermanas el cambio implicaba dejar su papel de educadoras e ir a insertarse en ciudades del interior atendiendo a la opción preferencial por los pobres. Fueron tiempos de muchas ilusiones, descubrimientos, compromisos... pero también de deserciones, resistencias y tensiones.

6Martha, movida por la renovación impulsada por el Concilio Vaticano II se sintió llamada a estar junto a los pobres y a la gente más necesitada. En medio de estos cambios mostró su fidelidad creyente, ella no comprendía del todo el cambio, porque no entraba en sus esquemas del momento, pero sin embargo jamás se resistió, se abrió y las quejas o las críticas nunca estuvieron en su boca.

Fue de las primeras en ofrecerse a ir al interior, allí llevó a la práctica su amor por los pobres siendo fiel a la voz del Espíritu Santo, y gozó mucho en nuevos apostolados cerca de los pobres, donde le tocó vivir. Dios ya antes la había despojado del status, de su clase y hasta de la docencia, tan pegada a las religiosas educadoras del Sagrado Corazón.

Martha estuvo en diferentes comunidades del interior de Argentina (Reconquista y La Rioja), y de barrios del Gran Buenos Aires (Libertad y Villa Diamante). En todos estos lugares ella se destacaba por el apostolado persona a persona.

7Misión en Reconquista

Su primer destino fue la ciudad de Reconquista, en la provincia de Santa Fe. Llegó allá en 1969, cuando ya tenía 56 años. Allí ya no enseñaban en colegios, sino que compartían la vida comunitaria en una casa sencilla y salían a trabajar con la gente en plan pastoral. Martha enseñaba a coser a las señoras, para darles un oficio, llevaba la comunión a los enfermos, y además misionaba en las casas de familia. También trabajó mucho en "Alcohólicos Anónimos", ya que la bebida era un gran problema en aquel lugar. Preparó charlas formativas sobre salud, higiene y aborto.

Los vecinos del lugar cuentan que misionando caminaba muchísimo, y que ni el calor de 40 grados en verano la hacía detenerse en su andar. Todos decían que ella tenía algo especial, que transmitía algo difícil de explicar.

Misión en Barrio Libertad

8En 1976, cuando en Argentina corrían años turbulentos a causa de la Dictadura Militar, y donde la acción con los pobres tenía una relación muy estrecha con el activismo político, Martha fue destinada al barrio Libertad, en el partido de Merlo, en el Gran Buenos Aires. En aquel barrio de gente humilde pero trabajadora, Martha se dedicó, con la suavidad y la finura que la caracterizaban, a atender a los ancianos y a los enfermos.

En aquellos años, muchos religiosos y religiosas, incluso conocidos de Martha, fueron torturados o "desaparecidos", por su trabajo de caridad. Martha, que no tenía ningún discurso político, no tuvo miedo, amaba a los pobres sin ideología, si Jesús había estado cerca de los pobres, ella también estaba, no necesitaba nada más. Martha fue "pobre entre los pobres", nunca proclamó la "opción por los pobres", pero la vivió como nadie, haciéndose hermana y amiga de los pobres, que la sintieron suya.

9Misión en La Rioja

El nuevo destino en 1979 fue Famatina, en la provincia de La Rioja. Las hermanas vivían en una casa de barro (adobe) y de techo de paja, el baño estaba fuera de la casa. En Famatina las religiosas se repartieron los barrios para trabajar, misionar y compartir la vida con la gente.

Eduardo, un sobrino de Martha, recuerda una anécdota de ese tiempo. Él se fue con el auto a visitarla, quería encontrarse con ella, ya que poco se acordaba de ella. Al llegar a Famatina divisó a una mujer que caminaba encorvada por el peso de dos enormes bolsas colgando de sus manos. Se acercó para preguntarle si conocía la casa de las hermanas y cuál fue su sorpresa al ver esos ojos celestes y  darse cuenta que esa mujer era su tía, la hermana Martha.

10Martha le contó que venía de atender a una pobre anciana que vivía a cinco kilómetros del pueblo, y que por su edad no podía valerse sola. Martha le ayudaba con la huerta y las tareas de la casa. En agradecimiento la señora le llenaba las bolsas con verdura.

En el interior las hermanas aprendieron a ser verdaderas religiosas, aprendieron que quien es pobre es quien más comparte.

Ante ese episodio, Eduardo se quedó pensando... en todas las mucamas y comodidades que Martha había tenido en su vida con la familia Pereyra Iraola... qué dirían al verla ahora, en esta actitud de tanta entrega a los pobres y a Dios...

11Misión en Villa Diamante

En 1983 Martha tuvo problemas de corazón y el médico le dijo que no podía seguir viviendo en Famatina por la altura de aquel lugar. Su nuevo destino fue Villa Diamante, un barrio obrero ubicado al sur de la ciudad de Buenos Aires, que tiene como límite el contaminado Riachuelo.

Su actividad allí fue puramente de servicio. Estaba donde la necesitaban. Todos los vecinos la recuerdan por su aspecto pobre pero siempre muy prolijo, y por su alegría, por su sentido del humor. A todos le llamaba la atención cómo siendo Martha una persona tan espiritual, tímida y hasta reservada, fuera tan divertida con sus cuentos y ocurrencias espontáneas que hacían reír a todos, sin darse cuenta ella que era graciosa.

12En la casa que tenían en Villa Diamante, en una oportunidad entró un hombre a robar, a las 3 de la mañana, estando ellas adentro. El ladrón las amenazó con una navaja en la mano. Martha, con su voz tranquila de siempre comenzó a hablarle al ladrón, intentando que se calmara... al principio el hombre se enojaba más y respondía a los gritos con malas palabras. Sin embargo Martha continuó, sin miedo y sin cambiar el tono, el hombre se fue tranquilizando... y después de un buen rato, bajó sus defensas y mirando a Martha le dijo: "Yo quiero venir mañana a confesarme con usted". Ella le contestó: “Yo no te puedo confesar, pero si querés podés venir a hablar conmigo... vení mañana, pero no a esta hora, y tocá el timbre por la puerta principal”.

Con su dulzura y presencia de ánimo era capaz de desarmar a una fiera.

13Sus últimos años

Por salud tuvo que volver a la comunidad grande en Almagro, ciudad de Buenos Aires, donde vivió sus últimos años. En ese tiempo pudo volver a tener más contacto con su familia. Cuentan que en una oportunidad Martha fue a visitar a su hermana mayor que vivía en Barrio Norte. Entró en la recepción y el portero, que no la conocía, la miró de arriba abajo y le dijo: "No, Señora, tiene que ir por el ascensor de servicio, es por esa puerta...". Martha no dijo nada y subió por el ascensor de servicio.

El 25 de agosto de 1998, Martha se encontraba descansando en su habitación.  Junto a ella estaban dos amigas (una hermana y la enfermera) con quienes conversaba. De repente sintió un dolor y  falleció. Se fue un día antes de cumplir 85 años. Su muerte fue como su vida, silenciosa, tranquila, sin aspavientos.

A su funeral asistió el ya obispo Bergoglio, quien más tarde inició el proceso de canonización.

Su persona

14La gente que la conoció mencionaba que tenía una profundidad de vida de oración que se le transparentaba en el rostro, especialmente en sus ojos. Era una persona muy piadosa, pero de una piedad abierta a un Dios grande de bondad. Su estilo de vida religiosa era normal, el acudir a los sacramentos, el tener una vida de oración y entrega en comunidad. Ella siempre estaba alegre, dispuesta a transmitir una palabra evangelizadora.

Martha siempre llevó una vida de servicio y de amor a Dios, pero escondida, sencilla, en las pequeñas cosas. Era tímida, de perfil bajo, pero tenía una gran sensibilidad a flor de piel para sentir lo que el otro vivía. Jorge Bergoglio dijo de ella: “No le importaban los éxitos y los fracasos, nunca le importó ser tenida en más".

Cuentan que cuando la congregación cerró el colegio que tenían en Castelar, se hizo una misa para despedir a las hermanas. En un momento de la ceremonia se nombró a cada una. La sorpresa fue que el aplauso más largo se escuchó cuando llegó el turno  de Martha, fue una sorpresa porque todos hubieran imaginado que la más aplaudida sería alguna de las hermanas más destacada, sin embargo la iglesia estalló en aplausos cuando nombraron a la hermana que nunca había buscado figurar.

También se destacó por su pobreza, cuentan que cuando falleció fueron a abrir su ropero para buscar sus pertenecías, y solo encontraron dos abrigos gastados. No había nada más.

15El testimonio del papa Francisco

Martha lo poseía todo, belleza, cultura, educación, estatus social, amistades, diversión, dinero, una hermosa familia, y sin embargo, radicalmente dejó todo para abandonarse en las manos de Dios… Por amor a Jesús murió en la pobreza, desconocida por la sociedad, en silencio… La historia de Martha puede ser similar a la de miles de religiosas, pero aquellos que la conocieron, aseguran que ella era diferente, especial, como dijo Bergoglio: “Martha tenía algo distinto… algo grande”.

Jorge Mario Bergoglio, quien es hoy el papa Francisco, fue cercano a la hermana Martha. Siendo provincial jesuita, compartió con ella misiones en La Rioja, y ya en Buenos Aires, fue su confesor, y la frecuentaba muy seguido en la comunidad de Almagro, donde la hermana Martha pasó sus últimos días. De él fue la iniciativa de comenzar el proceso de canonización en 2004. “No quisiera morirme sin verla beata”, escribió al postulador en 2012.

16“La Hermana Martha es un rayo de luz que pasó por la vida de esta Arquidiócesis predicando, con su solo vivir, la mansedumbre del mensaje evangélico. Pero no se trataba de una mansedumbre y humildad pasivas, sino fuertemente apostólicas, porque la Hermana Martha tenía celo apostólico. Amaba a su Señor y ardía porque fuera conocido y amado. Muchas veces hablé con ella y, después de esas conversaciones, salí renovado y con deseos de seguir más de cerca al Señor. A ella le debo mucho, pues su ejemplo me fortaleció para seguir adelante en el servicio del Señor”, escribió de la Sierva de Dios Martha Pereyra Iraola el hoy papa Francisco.

Causa de canonización

La causa de canonización se comenzó en 2004, el 6 de abril de 2015, luego de más de 10 años de presentada la causa, el cardenal Mario Aurelio Poli presidió la clausura de la fase diocesana de la causa, con lo cual todo lo trabajado partió hacia Roma para su evaluación. El 13 de abril de 2018, la Sagrada Congregación para la Causa de los Santos dio su voto afirmativo para la causa de canonización de la hermana Martha Pereyra Iraola, lo que significa que "consta la validez de las Investigaciones Diocesanas".

17La postuladora de la causa, doctora Silvia Correale, el 31 de mayo, nombró a Gonzalo Pereyra Iraola como vicepostulador de la causa, con la misión de continuar con la difusión y la recolección de testimonios en nuestro país.

Oración

Te damos gracias, Señor, por la vida de nuestra Hna. Martha. En ella vimos el reflejo de tu Corazón. Lo volcaba en palabras y gestos de Amor y Servicio a cada persona, en lo cotidiano de la vida.
En su sonrisa y alegría, ¡transparentó tu Presencia! Vimos su fidelidad en cada cambio que le tocó vivir, abierta y disponible, pobre y pequeña. ¡Creciendo siempre más!
¡Tu reino y tus referencias se hicieron suyas! ¡En su Dueño, estamos todas y todos!
Hoy te presentamos y confiamos, por las manos de Martha, esta gracia que necesitamos alcanzar...
y su beatificación.

Oración con aprobación del cardenal Jorge Mario Bergoglio, sj.
A quienes obtengan gracias por intercesión de la Sierva de Dios, se ruega las comuniquen a la Postulación, tel.: 011 4315 8138, mail: causamarthapereyrairaola@yahoo.com.ar

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*Varios textos de esta reseña fueron tomados del escrito "Vida de la Sierva de Dios Martha Pereyra Iraola, rscj", de Carlos Grondona (h).
 
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