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FEBRERO: BEATO FRAY LEOPOLDO ALPANDEIRE

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01Sus orígenes

Beato Leopoldo de Alpandeire fue un fraile capuchino que goza de gran devoción entre los católicos andaluces. Su verdadero nombre fue Francisco Tomás de San Juan Bautista Márquez Sánchez. Fue nombrado Beato por la Iglesia Católica el 12 de septiembre de 2010.

Nació el 24 de junio de 1864 en la pequeña localidad de Alpandeire, pueblo situado en la comarca montañosa de la Serranía de Ronda, provincia de Málaga (España). Fue bautizado el 29 de junio de 1864.

Fue el mayor de cuatro hermanos, tres varones (uno de los cuales murió joven mientras realizaba el servicio militar en la guerra de Cuba), y una mujer. La familia, aunque de condición modesta, poseía tierras dedicadas al cultivo. Ellos mismos cultivaban el terreno y realizaban las faenas agrícolas, siendo este trabajo su actividad principal.

Su instrucción escolar consistió únicamente en los estudios primarios que siguió sin demostrar capacidades especiales en la escuela local. Desde pequeño mostró inclinación hacia la religión y especialmente hacia la caridad por los más necesitados.

El 11 de septiembre de 1881 fue confirmado por el obispo de Málaga Marcelo Spínola.

Toda su infancia y juventud transcurrió en Alpandeire dedicado a faenas agrícolas, salvo el periodo de servicio militar (1887-1888), que realizó en el Regimiento de Infantería Pavía en Málaga.

Ingreso en la Orden Capuchina

2A los 30 años decidió dedicarse a la vida religiosa después de haber oído predicar a dos capuchinos en la ciudad de Ronda, con motivo de la beatificación de Diego José de Cádiz en 1894. Tras varios intentos que resultaron fallidos, ingresó en 1899 en calidad de postulante en el convento que poseía la orden capuchina en Sevilla. Pasados pocos meses pasó a ser novicio, y el 16 de noviembre recibió el hábito y el nombre religioso el de Fray Leopoldo de Alpandeire.

En Sevilla vivió una vida de verdadera austeridad marcada no solo por la sencillez y la sobriedad, sino también por la oración común. Conociendo bien el trabajo de agricultor lo encargaron de cuidar la huerta bajo la dirección del hermano hortelano. Fue un contemplativo entre el agua de las acequias, las hortalizas, los frutales y las flores para el altar. Quienes lo conocieron afirmaron que su alegría santa era igual a su profunda interioridad tanto que se transparentaba en su cara y en sus ojos.

Terminado el noviciado realizó su primera profesión religiosa,  entonces tuvo destinos sucesivos en Antequera, Granada y de nuevo Sevilla, siempre sirviendo en la soledad y hondura espiritual de la huerta. Fue en Granada que, el 23 de noviembre de 1903 realizó sus votos solemnes como fraile capuchino.

03Su vida en Granada

El 21 de febrero de 1914 fray Leopoldo fue trasladado definitivamente al convento de Granada, donde residió durante 42 años. Permaneció de forma ininterrumpida en esta ciudad entre 1914 y 1956.

Si bien era hortelano y sacristán, la mayor parte del tiempo desempeñó la función de fraile limosnero, lo cual le obligaba a recorrer la ciudad a pie y entrar en numerosas viviendas solicitando donativos. Poco a poco su figura fue haciéndose popular, de modo que numerosas personas solicitaban su consejo o intermediación, empezándose a conocerlo como "el humilde limosnero de las tres Ave Marías", porque así eran las oraciones que dedicaba a quienes le pedían su bendición.

El santo limosnero

04El oficio de limosnero es lo que define y caracteriza prácticamente la vida de Fray Leopoldo. Él, que se había hecho religioso para vivir lejos del "mundanal ruido", fue lanzado por la obediencia a librar la batalla decisiva de su vida, en medio de la calle, entre las voces de la gente que pasa y el ruido de los tranvías. De ahora en adelante, las montañas, los valles, los caminos polvorientos, las calles, serían el templo y el claustro de su vida. Vivió en constante contacto con el pueblo. Se hizo así santo, santificando a los demás, con el testimonio de su vida, con su ejemplo, con su palabra, con la gracia y el carisma que Dios le dio. El contacto con las personas, lejos de distraerlo o mundanizarlo, lo empujó a salir de sí  mismo, a cargar sobre sí el peso de los demás, a comprender, a ayudar, a servir, a amar.

Su figura se hizo popular en la ciudad de los cármenes, todos lo reconocían, grandes y niños. Con los niños se paraba para explicarles algo de catecismo, con los mayores para escuchar y hablar de sus problemas, angustias y preocupaciones.

05A Granada llegó para recorrerla, patearla y conocerla a fondo, rincón tras rincón fue dando bondad, repartiendo amor, alivio, consuelo, practicando con todos las obras de misericordia, y recogiendo a cambio un trozo de pan. Leopoldo llevaba en su corazón el sufrimiento y la pobreza de toda su gente.

No todo fue color de rosas, fray Leopoldo también tuvo que sufrir con paciencia inumerables insultos, y también amenazas, de aquellos que seguían las ideas anticlericales de aquel entonces. Experimentó un clima hostil pero siempre con paz, humildad, serenidad y compasión.

Sus últimos días

A los 89 años, un día que, como de costumbre, recogía limosna de la caridad, cayó al suelo rodando precipitadamente escaleras abajo desde un primer piso y sufrió fractura de fémur. Pudo volver a caminar, con la ayuda de dos bastones, pero ya no salió  más a la calle.

Así pudo entregarse totalmente a Dios que era el gran amor de su vida. Y llenándose de Dios, pasó los tres últimos años de su existencia terrena, hasta irse poco a poco consumiendo.

Finalmente, el humilde limosnero de las tres Ave Marías se durmió en el Señor, el 9 de febrero de 1956. Tenía 92 años.

Beatificación

6La noticia de su muerte corrió y conmovió a toda la ciudad de Granada. Un río humano acudió al convento de capuchinos, el pueblo y las autoridades, hasta los niños se acercaron a despedir sus restos mortales. Su entierro fue multitudinario.

La fama de santidad, de que había gozado en vida, creció después de su muerte. Desde entonces, todos los días, pero, sobre todo el 9 de cada mes, una inusitada afluencia de gentes de todo el mundo visita su sepulcro.
El día 27 de octubre de 1969, se trasladaron los restos, a la cripta de la nueva iglesia, donde descansan en un sarcófago de mármol, y rodeada de una singular y artística cripta.

El papa Benedicto XVI declaró la heroicidad de sus virtudes el 15 de marzo del 2008; fue beatificado, en Granada, por decreto de Benedicto XVI el 12 de septiembre de 2010, en una ceremonia multitudinaria presidida por Mons. Angelo Amato, Prefecto de la Congregación de los Santos.

La fiesta litúrgica del beato Fray Leopoldo Alpandeire es el 9 de febrero.

 
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Comentarios:

Desde España, concretamente desde Málaga,mi alegría por dedicar este bellísimo artículo de "Familia Cristiana" a Fray Leopoldo de Alpandeire...menuda sorpresa... recibo por internet la revista digital y la comparto para que otros la lean por Facebook...y éste mes, con más motivo...qué alegría...Dios os bendiga.
Un Saludo, JUAN FRANCISCO FERNÁNDEZ AGUILAR
01/02/2019

 
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