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DICIEMBRE: LA FAMILIA DE NAZARET

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1Contexto histórico

Para comprender mejor la realidad vivida por La Familia de Nazaret es importante analizar el contexto histórico de lo que era la familia en tiempos de Jesús. Esto también nos ayudará a comprender varios episodios narrados en el Evangelio.

En aquel tiempo no existía la familia nuclear, formada por el padre la madre y los hijos. En su lugar los estudios sociológicos se encuentran con el clan familiar, o la familia patriarcal. El control absoluto pertenecía al varón más anciano. Todos los demás miembros: hijos, hermanos, tíos, primos, esclavos, etc. formaban una unidad sociológica. Este modelo ha persistido en toda el área mediterránea durante miles de años. En algunas regiones aún se conserva.

Cuando un miembro varón se casaba, la esposa entraba a formar parte de la nueva familia, olvidándose de la suya propia. La ceremonia principal de la boda consistía en conducir a la novia de casa de su padre a la casa del novio (aquí "casa" tiene el significado de clan). Cuando se casaba una mujer, se despedía de su casa y se integraba en la del marido.

2Todos los miembros de la familia, formaban una unidad de producción y de consumo. Pero la riqueza básica del clan era el honor. Sus miembros estaban obligados a mantenerlo por encima de todo. La vergüenza de un miembro era la vergüenza de toda la familia. Por eso el deber primero de todos y de cada uno, era mantener el estatus social limpio de toda sospecha.

No era sólo una cuestión social, sino también económica. Las relaciones económicas eran inconcebibles al margen de la honorabilidad y el prestigio familiar. Era vital para el clan que ningún miembro se desmandara y malograra el bienestar de toda la familia. Esto no quiere decir que no tuvieran los esposos relaciones especiales entre ellos y con los hijos. Incluso podían tener su casa propia, pero nunca gozaban de independencia.

Esta perspectiva nos permite comprender mejor algunos episodios de los evangelios. Desde la idea de una familia formada por José, María y Jesús, es incomprensible que se volvieran de Jerusalén sin darse cuenta de que faltaba Jesús. Si todo el clan (de treinta a cincuenta personas) sube a Jerusalén, como familia, los varones estarían juntos, las mujeres lo mismo y los jóvenes andarían por su lado, sin preocuparse demasiado los unos de los otros, porque la seguridad la daba el grupo.

2Hay otro aspecto que también se explica mejor desde este contexto. La costumbre de casarse muy jóvenes (las mujeres a los 12 -13 años y los hombres a los 13-14). Era vital adelantar la boda, porque la esperanza de vida era de unos treinta y tantos años y a los cuarenta eran ya ancianos. En el ambiente que tenían que vivir, no era tan grave la inexperiencia de los recién casados, porque seguían bajo la tutela del clan. También la responsabilidad de criar y educar a los hijos era tarea colectiva, sobre todo de las mujeres.

El relato evangélico de Jesús perdido y hallado en el templo entre los doctores, está escrito ochenta años después de los hechos; por lo tanto no tiene garantías de historicidad. Sin embargo, es muy rico en enseñanzas teológicas. No hay nada de sobrenatural ni de extraordinario, en lo narrado. Se trata de un episodio que revela un Jesús que empieza a tomar contacto con la realidad desde su propia perspectiva. Justo a los doce años empezaban a ser personas, a tomar sus propias decisiones y a ser responsables de sus propios actos.

Sentado en medio de los doctores. Los doctores no tienen ningún inconveniente en admitirle en el "foro de debate". Tiene ya su propio criterio y lo manifiesta. Se sitúa al mismo nivel que ellos como maestro de lo que de verdad le va a interesar en su vida: su Padre.

4Sus padres no entienden nada. Se está fraguando la ruptura que después manifiestan todos los evangelistas. Lucas está preparando lo que va a significar toda la vida pública, adelantando una postura que no es de niño, sino de persona responsable y autónoma.

No es difícil imaginar que sus padres no lo comprendieran. La verdad es que fue, para casi todos los que le conocieron incomprensible la calidad humana del que se llamaría a sí mismo hijo de hombre.

Sigue el texto diciendo: siguió bajo su autoridad, pero ya ha dejado claro que su misión va más allá de los intereses de su clan.

La última referencia es también un aldabonazo a nuestro empeño en hacerle Dios antes de tiempo. Dice el texto que Jesús crecía en estatura en sabiduría y en gracia ante Dios y los hombres

Debemos buscar la ejemplaridad de la familia de Nazaret donde realmente está, huyendo de toda idealización que lo único que consigue es meternos en un ambiente irreal que no conduce a ninguna parte.

Sus relaciones, aunque se hayan desarrollado en un marco familiar distinto del nuestro, pueden servirnos como ejemplo a nosotros, en nuestro propio modelo de familia. Lo importante no es la clase de institución familiar en que vivimos, sino los valores humanos que desarrollamos, cualquiera que sea el modelo donde tenemos que vivirlos.

5Jesús predicó lo que vivió. Si predicó el amor, es decir, la entrega, el servicio, la solicitud por el otro, quiere decir que primero lo vivió él. El marco familiar es el primer campo de entrenamiento para todo ser humano. Todo ser humano nace como proyecto que tiene que ir desarrollándose a lo largo de toda la vida con la ayuda de los demás.

Debemos tener mucho cuidado de no sacralizar ninguna institución. Las instituciones son instrumentos que tienen que estar siempre al servicio de la persona humana. Ella es el valor supremo.

Las instituciones ni son santas ni sagradas. Con demasiada frecuencia se abusa de las instituciones para conseguir fines ajenos al bien del hombre. Entonces tenemos la obligación de defendernos de ellas. Claro que no son las instituciones las que tienen la culpa. Son algunos seres humanos que se aprovechan de ellas para conseguir sus propios intereses a costa de los demás.

No se trata de echar por la borda una institución por el hecho de que me exija esfuerzo. Todo lo que me ayude a crecer en mi verdadero ser, me exigirá esfuerzo. Pero nunca puedo permitir que la institución me exija nada que me deteriore como ser humano; ni siquiera cuando me reporte ventajas o seguridades egoístas.

6La familia sigue siendo hoy el marco privilegiado para el desarrollo de la persona humana, pero no sólo durante los años de la niñez o juventud, sino durante todas las etapas de nuestra vida. El ser humano sólo puede crecer en humanidad a través de sus relaciones con los demás. La familia es el marco insustituible para esas relaciones profundamente humanas.

Sea como hijo, como hermano, como pareja, como padre o madre, como abuelo. En cada una de esas situaciones, la calidad de la relación nos irá acercando a la plenitud humana si todo encuentro con el otro lo aprovechamos para desplegar nuestra capacidad de amar.

Los lazos de sangre o de amor natural debían ser puntos de apoyo para aprender a salir de nosotros mismos e ir a los demás con nuestra capacidad de entrega y servicio. Las relaciones familiares tenían que enseñarnos a dejar nuestro individualismo y egoísmo. Si en la familia superamos la tentación del egoísmo amplificado, aprenderemos a tratar a todos con la misma humanidad.

7En ninguna parte del Nuevo Testamento se propone un modelo de familia, sencillamente porque no se cuestiona el modelo de familia existente en aquel tiempo. Debemos tener esto muy en cuenta cuando en nombre del evangelio queremos imponer un modelo determinado de familia.

La predicación de Jesús no va encaminada nunca a defender las instituciones, sino a las personas que la forman. En cualquier modelo de familia lo importante es el amor, que Jesús predicó y que debemos desarrollar en cualquier circunstancia que la vida nos plantee.

Las enseñanzas del Papa Francisco sobre la Familia

El Sínodo de los Obispos sobre la Familia que acaba de celebrarse ha sido la primera etapa de un camino... He decidido por esto reflexionar con vosotros, precisamente sobre la familia, sobre este gran don que el Señor hizo al mundo desde el principio, cuando dio a Adán y Eva la misión de multiplicarse y llenar la tierra (cfr Gen 1,28). Ese don que Jesús confirmó y selló en su Evangelio.

La encarnación del Hijo de Dios abre un nuevo inicio en la historia universal del hombre y de la mujer. Y este nuevo inicio tiene lugar en el seno de una familia, en Nazaret.

8Dios eligió nacer en una familia humana, que formó Él mismo. La formó en un perdido pueblo de la periferia del Imperio Romano. No en Roma, no en una gran ciudad, sino en una periferia casi invisible, al contrario, más bien de mala fama. Lo recuerdan también los Evangelios, casi como un modo de decir: “¿De Nazaret puede venir algo bueno?” (Jn 1,46). Quizás, en muchas partes del mundo, nosotros mismos hablamos aún así, cuando escuchamos el nombre de algún lugar periférico. Pues bien, precisamente desde allí, desde esa periferia del gran Imperio, comenzó la historia más santa y más buena, la de Jesús entre los hombres.
 
Jesús se quedó en esa periferia durante treinta años. El evangelista Lucas resume este periodo así: Jesús “les estaba sometido [es decir a María y José]. Y la madre custodiaba en su corazón todas estas cosas, y Jesús crecía en sabiduría, en edad y en gracia ante Dios y ante los hombres” (2,51-52). No se habla de milagros o curaciones, de predicaciones, de muchedumbres que corren; en Nazaret todo parece suceder “normalmente”, según las costumbres de una pía y trabajadora familia israelita.

9Nos enternecería ciertamente el relato de cómo Jesús adolescente afrontaba los eventos de la comunidad religiosa y los deberes de la vida social; en el saber cómo, de joven obrero, trabajaba con José; y después su modo de participar en la escucha de las Escrituras, en la oración de los Salmos y tantas otras costumbres de la vida cotidiana. Los Evangelios, en su sobriedad, no refieren nada sobre la adolescencia de Jesús, y dejan esta tarea a nuestra afectuosa meditación.

El arte, la literatura, la música han recorrido esta vía de la imaginación. Ciertamente, ¡no es difícil imaginar cuánto podrían aprender las mamás de los desvelos de María por ese Hijo! Y cuánto podrían aprender los papás del ejemplo de José, hombre justo, que dedicó su vida a apoyar y a defender al niño y a la esposa –su familia – en los momentos difíciles. Por no decir cuánto podrían ser alentados los chicos por Jesús adolescente a comprender la necesidad y la belleza de cultivar su vocación más profunda, de soñar en grande. 10

Cada familia cristiana – como hicieron María y José – puede  ante todo acoger a Jesús, escucharlo, hablar con Él, custodiarlo, protegerlo, crecer con Él; y así mejorar el mundo. Hagamos espacio en nuestro corazón y en nuestras jornadas al Señor. Así hicieron también María y José, y no fue fácil: ¡cuántas dificultades debieron superar! No era una familia fingida, irreal.

La familia de Nazaret nos compromete a redescubrir la vocación y la misión de la familia, de toda familia. Y, como sucedió en esos treinta años en Nazaret, así puede suceder también para nosotros: hacer volverse normal el amor y no el odio, hacer volverse común la ayuda mutua, no la indiferencia o la enemistad. No es casualidad, entonces, que “Nazaret” signifique “La que custodia”, como María, que – dice el Evangelio – “custodiaba en su corazón todas estas cosas” (cfr Lc 2,19.51). Desde entonces, cada vez que hay una familia que custodia este misterio, aunque sea en la periferia del mundo, el misterio del Hijo de Dios está actuando. Y viene para salvar al mundo.

Que tu familia se parezca a la Familia de Nazaret
        
La familia cristiana está unida y animada por Dios, quien la empuja a ser luz del mundo.
Si tiene a Dios en medio de ella, habrá paz y alegría. La familia de Nazaret era única e irrepetible, pues es la única familia que ha cambiado la historia del mundo.

11Al contemplar la familia de Nazaret uno podría pensar que tenían todo a su favor y nada en contra. Es cierto que gozaban de inmensas gracias, pero también es cierto que tuvieron que sufrir grandes pruebas, como cualquier familia: tuvieron que sufrir la escasez, la persecución, el ser refugiados en un país extranjero, las calumnias de las malas lenguas, etc. El padre murió, como parece ser por el silencio del Evangelio sobre él, el Hijo fue condenado a la muerte más cruel y la madre se quedó viuda y sin su hijo único. Tuvo penas como cualquier otra familia de cualquier tiempo y parte del mundo.

En la familia de Nazaret había tres elementos esenciales: los padres, el hijo y Dios. En todas las familias del mundo hay los primeros dos elementos, padres e hijos, pero en la mayor parte falta el tercer elemento que es Dios, y por eso surgen los problemas.

12Dios es como el alma de la familia. Se ve que la familia de Nazaret era religiosa porque cumplía con los deberes religiosos. La ausencia de Dios en una familia lleva a la ausencia del amor. En la familia de Nazaret no hubo comodidades, riquezas, posición social, pero sí hubo caridad. La caridad es como el “cemento” que une los miembros de la familia. Si no hay caridad, no hay comprensión, mutua aceptación, tolerancia, perdón.

El imitar a la familia de Nazaret no es sólo un ideal sino una posibilidad.
El mismo Espíritu Santo que la animó, también anima a la familia cristiana. Él es el Espíritu de Amor que desea transformar a todas las familias y hacerlas una reproducción, lo más fiel posible, de la familia de Nazaret.

Dios tiene su proyecto sobre la familia. Lo importante es realizar este proyecto: quiere que sea un gran medio de evangelización en el mundo. La familia cristiana tiene que ser luz en un mundo donde la familia está sufriendo los golpes del paganismo por medio del divorcio, de la infidelidad, de la negativa a tener hijo, del aborto, y muchos otros males.

Oración a la Sagrada Familia

13Sagrada Familia de Nazaret, comunión de amor de Jesús, María y José, modelo e ideal de toda familia cristiana, a ti confiamos nuestras familias.

Haz de cada familia un santuario en el que se acoja y se respete la vida: una comunidad de amor abierta a la fe y a la esperanza, un hogar en el que reinen la comprensión, la solidaridad; y en el que se viva la alegría de la reconciliación y de la paz.

Concédenos que todas nuestras familias tengan una vivienda digna en la que nunca falten el pan suficiente y lo necesario para una vida verdaderamente humana.

Abre el corazón de nuestros hogares a la oración, a la acogida de la Palabra de Dios y al testimonio cristiano; que cada una de nuestras familias sea una auténtica Iglesia doméstica en la que se viva y se anuncie el Evangelio de Jesucristo.  Amén

 
 

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