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ABRIL: BEATO ANACLETO GONZÁLEZ FLORES

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1INFANCIA

El Lic. Anacleto González Flores nació en Tepatitlán, Jalisco (México), un pueblito muy cercano a Guadalajara, el 13 de julio de 1888.

Fue bautizado en la parroquia de san Francisco. Tuvo nueve hermanos. Su infancia fue marcada por la pobreza, así que desde jovencito supo lo que era salir a hacer trabajos para ganar algún dinero para la familia.

Desde chico tenía muy buen carácter, una personalidad líder, con gran capacidad para el mando, a pesar que su físico no decía mucho. Era valiente y atrevido, de corazón noble y rebelde, siempre defendiendo a los más débiles.

Con una mente muy despierta, y muy inteligente, siempre le gustó estudiar. Asistió a la escuela y también al catecismo.

VOCACIÓN

En una ocasión, en que un misionero de Guadalajara fue invitado a dar una misión al pueblo, Anacleto asistió con el afán de escuchar su oratoria, y las palabras del misionero penetraron en lo más profundo del joven Anacleto. Cayó en cuenta de las cosas que verdaderamente importaban en la vida, se lo tomó en serio, y resolvió hacer algo por Dios y por su patria.

2Una persona del pueblo se dio cuenta de la gran capacidad intelectual de Anacleto y de sus grandes dones, por ello lo becó para que pudiera estudiar en el seminario. Anacleto aceptó feliz.

Luego de pasar cinco años en el Seminario de San Juan de los Lagos, decidió que su vocación no sería el altar, al menos el altar para perpetuar el sacrificio. Luego de dejar el seminario no dejó que los años de preparación pasasen en vano y aprovechó la formación humanística para convertirse en abogado; los años posteriores lo verán en diversas facetas: catequista, profesor de literatura, periodista, escritor, político, dirigente gremial, etc. Fue, sin duda, en su faceta de orador donde mayormente se destacó, siendo un apasionado y cultor del verbo oral.

Profundo enamorado de Dios, le gustaba tocar la guitarra, con la que daba paz a su alma cuando estaba agobiado por los pesares. Metódico en su vida, nunca dio pie a la improvisación y la irresponsabilidad; como docente, sus alumnos lo recuerdan como un formador en la lucha de la vida, quien los acostumbraba a hablar fuerte, pisar recio y mirar de frente.

Su palabra arrebató a las multitudes; el pueblo lo seguía por ver en él a un renovador de la sociedad mexicana.
A fines de 1922 fue Coordinador del Primer Congreso Nacional Obrero Católico, celebrado en Guadalajara, que dio origen a la Confederación  Nacional Católica de Trabajo.

En 1922 contrajo matrimonio con María Concepción Guerrero Figueroa, con quien tuvo dos hijos. Para seguir la línea de rectitud y pobreza, ingresó a la Tercera orden de san Francisco, siguiendo al pie de la letra el espíritu del santo de Asís.

3LÍDER SOCIAL EN LOS CONFLICTOS POLÍTICOS

En 1925, el presidente de México, Plutarco Elías Calles dictó la ley de Adiciones al Código Penal, ley con la que se oficializaba la persecución religiosa y donde se vertió todo el odio contra la Iglesia Católica.

En 1925 y ya comenzados los conflictos sociales en su país, se trasladó a Guadalajara y asumió la jefatura de la «U» (Unión Popular) al mismo que la de la A.C.J.M. y la Liga Nacional de la Defensa de la Libertad Religiosa.

Como dirigente católico dejó una impronta única en las filas de los jalicienses, improntas que se vieron reflejadas por escrito en la revista Gladium que dirigía y que le valieron el ser condecorado por el Papa Benedicto XV con la Cruz Pro Ecclesia et Pontifice.

Fue uno de los principales organizadores del boicot contra el gobierno que llegó a casi paralizar Guadalajara y, siendo partidario inicialmente de la lucha pacífica, algunos quisieron ver en él la figura de un «Gandhi mexicano». Nada más lejos de esto; su lucha pacífica era el inicio del alzamiento y Anacleto no hacía otra cosa que seguir los pasos legítimos para la lucha contra la opresión gubernamental. Otra organización suya fue: "Las Brigadas de Santa Juana de Arco", grupos de señoritas enlutadas que se apostaban en los cines, mercados, almacenes de lujo para promover el boicot.

PRENDIMIENTO Y TORTURAS

5Ya durante el conflicto armado se lo nombró Primer Jefe Civil de Jalisco, lo que hacía de él un blanco apetecible para la policía. No dudamos en decir que fue el alma del levantamiento cristero en el estado de Jalisco. Llegados los tiempos más difíciles, debió ocultarse de casa en casa, hasta que tocó el turno del hogar de los hermanos Jorge, Ramón y Florentino Vargas González. Allí se encontraba también Luis Padilla Gómez, otro de sus camaradas.

A las tres de la mañana del 1º de abril de 1927 los soldados callistas rodearon la vivienda de la calle Mezquitán 405, casa de los Vargas González, saltando por los techos la policía secreta mientras que otros llamaban a la puerta, la allanaron y los aprehendieron, conduciéndolos al «Cuartel Colorado» donde serían victimados.

Dejemos la palabra a uno de sus mejores biógrafos, Alfredo Sáenz:

Llegados los varones a destino, comenzó enseguida el interrogatorio. Anacleto fue desnudado y colgado de los dedos pulgares hasta que se desencajaron. Fue azotado sin misericordia y le destrozaron la boca a culetazos.

4Lo que buscaban era que Anacleto reconociera su lugar en la lucha cristera y denunciase a los que integraban el movimiento armado en Jalisco; asimismo que revelase el lugar donde se ocultaba el obispo Orozco y Jiménez (…). Anacleto reconoció, pues, totalmente su papel en el movimiento desde la ciudad, pero nada dijo de sus camaradas ni del paradero del prelado (…).

—Dinos, fanático miserable, ¿en dónde se oculta Orozco y Jiménez?
—No lo sé.
La cuchilla destrozaba aquellos pies. Como dice Gómez Robledo, «el hombre que ha vivido por la palabra va a morir por el silencio».
—Dinos, ¿quiénes son los jefes de esa maldita Liga que pretende derribar a nuestro jefe y señor el General Calles?
—No existe más que un solo Señor de cielos y tierra. Ignoro lo que me preguntan (…).

Tras descolgarlo, le asestaron un poderoso culatazo en el hombro. Con la boca chorreando sangre por los golpes, comenzó a exhortarlos con aquella elocuencia suya, tan vibrante y apasionada (…). Se suspendieron las torturas. Simulóse entonces un «consejo de guerra sumarísimo», que condenó a los prisioneros a la pena de muerte (…).

Al oír la sentencia, Anacleto respondió con estas recias palabras:

«Una sola cosa diré; y es: que he trabajado con todo desinterés por defender la causa de Jesucristo y de su Iglesia. Vosotros me mataréis, pero sabed que conmigo no morirá la causa (…)».

MARTIRIO

6La soldadesca separó a Florencio Vargas González del número de sentenciados, por creer, erróneamente, que aún no cumplía la mayoría de edad. Fue liberado, y gracias a él tenemos todos los detalles de las torturas que sufrieron los beatos en el cuartel Colorado.

Anacleto sangraba abundantemente y el general ordenó que se le formase el cuadro de ejecución, pero éste pidió que se fusilase primero a los hermanos Vargas y a Luis Padilla para poder confortarlos hasta el último momento.

Dominando sus dolores físicos exhortó a sus hermanos de martirio a sufrir con entereza su liberación eterna, y como Luis le hiciese saber su deseo de confesarse, Anacleto le respondió:

—No hermano, ya no es tiempo de confesarse, sino de pedir perdón y perdonar. Es un Padre, y no un Juez, el que te espera. Tu misma sangre te purificará.

7Los cuatro rezaron, en voz alta, el acto de contrición.

No bien hubieron terminado de hacerlo, Jorge y Ramón Vargas González fueron fusilados (…).

Las palabras de Anacleto al momento de su muerte fueron ampliamente conocidas y fortalecieron el ánimo de quienes estaban en la lucha:

«General, perdono a usted de corazón; muy pronto nos veremos ante el tribunal divino; el mismo Juez que me va a juzgar, será su Juez, y entonces tendrá usted en mí, un intercesor con Dios (…). Vosotros me mataréis, pero sabed que conmigo no morirá la causa. Muchos están detrás de mí dispuestos a defenderla hasta el martirio. Me voy, pero con la seguridad de que veré pronto, desde el Cielo, el triunfo de la Religión y de mi Patria… Por segunda vez oigan las Américas este santo grito: ¡Yo muero, pero Dios no muere! ¡Viva Cristo Rey!».

BEATIFICACIÓN

Anacleto González Flores, junto a varios compañeros mártires, fue beatificado el 20 de noviembre de 2005 en el Estadio de Jalisco, de la ciudad de Guadalajara, México.

Los restos del beato Anacleto descansan el Santuario de Guadalupe de Guadalajara.

La Iglesia lo celebra el día 1 de abril.

 
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