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OCTUBRE: ARMIDA BARELLI

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Traducción: Hna. Ignacia Corro, fsp
 

1UNA MUJER DE VANGUARDIA

LA MUJER SIEMPRE HA SIDO ACTIVA Y PARTE MUY INFLUYENTE EN LA SOCIEDAD Y EN LA IGLESIA

Pronto será beatificada ARMIDA BARELLI, italiana, una de las mujeres más representativas del siglo XX. Culta, elegante, valiente y dotada de grandes carismas.

Fue fundadora de obras muy importantes en Italia, junto al sacerdote Padre Agustín Gemelli. Ya en 1918 fundó la Juventud Femenina de Acción Católica; primero en Milán y después en toda Italia.

En 1919 fundó el Instituto Laico de las Misioneras de Cristo Rey. En 1921, la Universidad Católica del Sagrado Corazón y en 1929 la Obra de la Realeza de Nuestro Señor Jesucristo.

El Papa Benedicto XV la invitó personalmente, a fundar y dirigir la “Juventud Femenina de la Acción Católica”, cargo que le fue confirmado por los Papas sucesores: Pío XI y Pío XII.

2Armida recorrió toda Italia, de norte a sur dando conferencias, entrevistando a obispos y laicos. Siempre con gran competencia, exortando también con sus escritos, a un apostolado femenino apenas iniciado y que ella condujo a metas altísimas.

El secreto de esta actividad increíble era su vida interior. Muy devota del Sagrado Corazón de Jesús y de María Inmaculada, a quienes se consagró privadamente. La primera vez, ante el altar del Duomo de Milán, ante el altar de María Santísima. El 30 de mayo de 1913, invocaba a María Santísima como su madre y protectora.

Cuando el Papa la nombró Presidenta de la Juventud Femenina de la Acción Católica, ella declaró: “Presidenta es la Virgen que nos protege, yo soy la Hermana Mayor, la Hermana de todas, igual a ustedes, solo con un poco más de experiencia”.

Este título la caracterizó en su rol de premuroso y atento para las Hermanas con las que compartió el camino…

3Su biografía

Nació en Milán, Italia, el 1 de diciembre de 1882, en una familia católica practicante. Estudió en un colegio religioso suizo.

Una mañana de diciembre de 1917 el cardenal de Milán, Andrea Carlo Ferrari, preocupado por la propaganda socialista, cada vez más difundida, llamó a Armida, que entonces tenía 35 años, para proponerle ir a las parroquias de la diócesis para crear clubes católicos. Armida Barelli se negó.

Un mes después, vivió un episodio que le hizo cambiar de idea. En una clase, ante un profesor ateo que despreciaba la práctica religiosa ("¿Son conscientes de que quien va a la iglesia es un imbécil?", fue la provocación), algunos jóvenes se levantaron en señal de protesta; en cambio, 32 chicas formalemente católicas no se atrevieron a reaccionar. En sus memorias, Armida cuenta: "Esa noche no dormí. Un pensamiento me atormentaba: ¿qué será de las madres del mañana si las jóvenes de hoy adoran al Señor en la penumbra del templo y lo niegan a la luz del sol? El arzobispo tenía razón: había que reunirlas, instruirlas, darles el orgullo de la fe".

Apostolado católico

4Comenzó a trabajar en la diócesis de Milán, y conoció al padre Agostino Gemelli, con quien organizó, con el plácet del Pontífice, la consagración de los soldados al Sagrado Corazón de Jesús (ese fue el año más difícil de la Gran Guerra, puesto que empezaba a extenderse una profunda desesperación; de hecho, el objetivo de la consagración al Sagrado Corazón no era apoyar solo a los soldados del frente, sino también a sus familias).

En septiembre de 1918, Armida fue llamada urgentemente por el Papa Benedicto XV. Este le confió la presidencia nacional de la Juventud Femenina de Acción Católica con estas palabras: "Su misión es Italia. Obedezca, hija mía, Dios la ayudará, nosotros se lo prometemos".

A partir de ese momento, Armida Barelli nunca dejó de dedicarse al apostolado, escribía artículos, dirigía el "Squilli di Risurrezione" (Timbrazos de Resurrección, órgano de animación de la Juventud Femenina), organizaba congresos, hacía todo lo posible por las Semanas Sociales. Durante treinta años se ocupó de la formación espiritual y el compromiso civil de millones de mujeres, "las mismas -escribe monseñor Giuliodori- que constituyeron el pilar del renacimiento del país en los años 50 y 60 del siglo XX". Su misión en la vida -traer el Reino de Dios- fue la que elevó enormemente la figura de las mujeres, especialmente de las más pobres, dándoles una nueva dignidad y una nueva conciencia.

5

El Sagrado Corazón de Jesús

6Armida Barelli es recordada por la mayoría como la cofundadora de la Universidad Católica, el viejo sueño del economista y sociólogo Giuseppe Toniolo, uno de los protagonistas del movimiento católico italiano, proclamado beato en 2012.

Una vez encontrado el edificio para la Universidad (en Via San Agnese, en el antiguo convento de las Umiliate [Humilladas]), el padre Gemelli, monseñor Olgiati, Ludovico Necchi y Armida Barelli recurrieron a un banco de las afueras de Milán para obtener el préstamo. Tras un sí inicial, el banco, repentinamente, cambió de opinión y mandó este telegrama: "Financiaremos solo cuando se haya inaugurado la universidad".

7Durante un momento pareció que todo se había acabado: el sueño de crear una universidad católica para los italianos parecía desvanecerse para siempre. Pocas horas antes del vencimiento del contrato hubo incluso quienes les aconsejaron, de forma realista, que desistieran para, al menos, no perder las arras. Al ver ese desánimo general, Armida Barelli intuyó una trampa tendida por el enemigo. Y reaccionó tal como solía hacer: "Prometamos dedicar la Universidad Católica al Sagrado Corazón. Necesitamos un milagro para triunfar". Lo prometieron.

La verdadera fuerza de Barelli provenía de la oración: en sus grandes empresas, el objetivo primero y fundamental seguía siendo su propia santificación y la de las personas que le habían sido confiadas.

Y el milagro ocurrió. El conde Ernesto Lombardo, un rico industrial algodonero, se sintió conmovido por la fe de Armida y por la idea de una Universidad que llevara el nombre del Sagrado Corazón, y donó el dinero que se necesitaba.

8Los momentos difíciles

En 1931, transgrediendo los acuerdos previamente sancionados, Mussolini ordenó el cierre de los círculos de Acción Católica; en 1939 murió el Papa Pío XI, que tanto la había apoyado (hasta el punto de llamarla "la niña de mis ojos"); el padre Gemelli -su inseparable compañero de aventuras espirituales- fue víctima de un accidente de coche que le dejó en silla de ruedas.

Siguió un periodo de desencuentros con la Acción Católica, su criatura. Por último, la parálisis bulbar progresiva que la afectaba acabó impidiéndole toda comunicación verbal, solo podía hacerlo con algunos signos de la mano. En sus últimos años solía decir: "Cuando tengo un dolor siempre hago lo mismo: lo ofrezco al Sagrado Corazón. Ya no me pertenece, no tengo derecho a acariciarlo".

9Ya en el cielo

Murió a la edad de 71 años, el 15 de agosto de 1952, en Marzio, en la provincia de Varese, y está enterrada en la cripta de la Universidad Católica del Sagrado Corazón, en Milán. El 17 de julio de 1970, la Curia arzobispal de Milán inició el proceso diocesano para su beatificación, que continuó en Roma en la Congregación para las Causas de los Santos. El 1 de junio de 2007 fue declarada venerable por Benedicto XVI, que autorizó el decreto de promulgación de sus virtudes heroicas.

El 20 de febrero de 2021 el papa Francisco reconoció el milagro ocurrido por intercesión de Armida, y por ello será nombrada beata próximamente.

El milagro

El 5 de mayo de 1989, la señora Alice Maggini, de 65 años y natural de Lucca, fue atropellada por un camión. Debido a la conmoción cerebral que sufrió, el equipo médico predijo consecuencias neurológicas muy graves. Fue entonces cuando su familia, implicada desde hacía tiempo en la Acción Católica, invocó a la Sierva de Dios: inexplicablemente, al menos desde el punto de vista científico, Alice Maggini se recuperó perfectamente y volvió a disfrutar hasta su muerte, acaecida 23 años después del accidente, del afecto de sus seres queridos.

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