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JULIO: DON ANTONIO SOLARI

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1El "santo de saco y corbata"

Al ingresar al templo de la Parroquia de Ntra. Sra. de Las Victorias, ubicada en la esquina de Paraguay y Libertad, Ciudad de Buenos Aires (Argentina), nos sorprende una tumba con la inscripción: “Antonio Solari, Siervo de Dios. Una vida llena de Dios, pasó haciendo el BIEN”, y sobre ella, su retrato. Y seguramente nos hemos preguntado: ¿quién fue? ¿qué hizo? ¿por qué está sepultado aquí?

Don Antonio Solari fue un laico, oblato de la Congregación de los Padres Redentoristas, terciario dominico y vicentino de corazón, incansable comprometido con todas las obras de la Iglesia en Buenos Aires, Argentina. Fue un entusiasta apóstol de los necesitados, ejemplo de fe afectiva y efectiva en Cristo vivo, vivificante y vivificador. Buscó a Dios allí donde iba a encontrarlo: en los pobres, obreros, estudiantes, profesionales, encarcelados y a su vez, al reconocerlo y escucharlo, en todos los que lo buscaban.

Se destacó por ser el gran colaborador y mano derecha del fundador de los círculos de obreros católicos, Padre Federico Grote.

El trámite de canonización del Siervo de Dios se halla en la actualidad en la fase romana y se solicita a todos propagar su devoción. Pidámosle a Antonio ser tan comprometidos como él en su pasión por la verdad y en la misión de evangelizar todos los ambientes.

Sus orígenes

Don Antonio Solari nació en Chiávari (Génova, Italia) el 27 de enero de 1861. Sus padres fueron: Juan Bautista Solari y Margarita Castagnino. Hacia los cuatro años de Antonio, los padres tomaron la decisión de emigrar en busca de nuevos horizontes. Sus miradas se dirigieron a la Argentina y emprendieron la penosa travesía del Océano Atlántico.

Debido a la muerte de su padre y a la enfermedad de su hermano mayor, Antonio debió encargarse de su familia; por ello renunció a su gran aspiración de entrar en el Seminario y abrazar el sacerdocio… pero jamás renunció a su compromiso y amor por la Iglesia, incluso fue uno de los más dinámicos propulsores vocacionales al sacerdocio.

Comienza su misión

2El 25 de Octubre de 1883 fue una fecha trascendente para la historia de la Iglesia argentina por dos acontecimientos: La llegada de los primeros cinco Padres Redentoristas al país y la inauguración de la Capilla de Nuestra Señora de las Victorias en la ciudad de Buenos Aires (Paraguay y Libertad), que sería la cuna y el centro de muchas de las iniciativas de don Antonio.

Los sacerdotes Redentoristas tuvieron que enfrentar enseguida dos dificultades: El nuevo idioma y las nuevas costumbres. El encargado de acogerlos y orientarlos fue don Antonio, joven de veintidós años. El arzobispo de Buenos Aires, Monseñor Aneiros, lo presentó a los misioneros diciéndoles: “Este muchacho los va a ayudar” y luego, se dirigió al joven: “Cuídemelos, porque estos religiosos son lo mejor que hay”. Solari no sólo trabó amistad con ellos, sino que bebió el espíritu de San Alfonso (fundador de los redentoristas), colaborando dentro y fuera de Las Victorias en la acción misionera redentorista. Don Antonio hizo su apostolado en esta parroquia durante 64 años, hasta su muerte. Todos los que lo conocieron quedaron admirados por su bondad, buen ánimo, generosidad hasta el extremo, humildad y paciencia asombrosas que le granjearon fama de santidad en vida.

Apostolado seglar

3Antonio, como laico seglar, trabajó en los Tribunales actuando como Oficial Mayor de justicia. Simultáneamente el Arzobispo de Buenos Aires, Monseñor Federico Aneiros, le ofreció la Colecturía de Rentas en la Curia. Trabajó como Colector de Rentas del Arzobispado durante 54 años, recibiendo una alta estima por parte de los Arzobispos por su abnegación y responsabilidad. El Cardenal Copello, trazó estupendas semblanzas de don Antonio y sus testimonios tan elevados y preciosos sirvieron luego de un fuerte impulso para la beatificación del Siervo de Dios.

En el año 1934 se celebró en Buenos Aires el 32º Congreso Eucarístico Internacional. Don Antonio asumió el cargo de pro-tesorero. Presidió el Congreso el Cardenal Pacelli quien, aunque absorbido por las actividades del evento reparó en don Antonio. Pocos años después el Cardenal es elegido Papa con el nombre de Pío XII y cuando en 1940 el Dr. Jorge A. Durad, de la Conferencia de San Vicente de las Victorias, recaló en Roma y pudo obtener una audiencia con el Papa, éste al saber que venía de la Argentina, le preguntó: “¿Cómo está Don Antonio Solari, el santo de saco y corbata? Dígale que siempre lo llevo en el corazón y que le envío mi bendición apostólica”.

Vocación a la caridad

4Antonio ayudaba a los pobres en todas partes, extrayendo dinero de “su bolsillo inagotable”, junto a jóvenes profesionales y reconocidas personalidades de la cultura porteña visitaba a los pobres semanalmente en sus hogares.

Don Antonio Solari es conocido y admirado, sobre todo, como “Vicentino” o sea, por ser fundador de innumerables conferencias de San Vicente en todo el país, por su labor humilde, generosa y constante al servicio de los pobres y por su admirable espiritualidad vicentina, que se compendian en la Fe y en la Caridad. A través de las conferencias encontró su camino. Su vocación sería el apostolado seglar. Si el amor es la perfección y la santidad es amor a Dios y al prójimo, las Conferencias eran un medio fácil, seguro y rectilíneo para la realización de sus ideales humanos y cristianos. Por su excepcional y diuturna labor de servicio, fue llamado “Padre de los pobres”. El mismo Cardenal Copello celebró la magnanimidad de su acción caritativa: “Don Antonio estaba rodeado de largas caravanas de pobres. Iban a golpear su corazón, para abrir su bolsillo inextinguible a fin de remediar sus necesidades materiales.”

Por supuesto, como cualquier hijo de vecino, Antonio fue engañado más de una vez y sus amigos lo advertían; pero él siempre tenía preparadas sus respuestas: “Mejor es pasar por tontos, que cometer alguna injusticia, no dando al pobre” o también: “Al pobre lo juzga Dios”.

Con quienes se reunía, cuidaba la vida de todos sin distinción: enseñando catequesis a los presos de la Cárcel Correccional; ocupándose de enseñar a leer a los obreros en clases nocturnas, colaborando con la obra de Matrimonios Cristianos, colaborando en la fundación de asilo para familias de obreros inválidos, colaborando en la construcción de un oratorio en el barrio de Belgrano…

Las fundaciones laicales

5Humanamente podríamos decir, que Don Antonio era de bajo perfil por su sencillez en el trato, pero lleno del Espíritu Santo cuando convocaba a jóvenes de las calles y plazas para recibir la catequesis de iniciación… y cuando llegaban a los veinte años de edad, eran recibidos en la Conferencia de San Vicente, otra creación de Solari, y con estos mismos jóvenes Don Antonio formó la Asociación de Jóvenes Cristianos y colaboró con el P. Federico Grote en la fundación de los Círculos Obreros.

Su gran amor por nuestra Madre María lo motivó a fundar también la Archicofradía de Ntra. Sra. del Perpetuo Socorro. Desde 1919 y todos los 11 de noviembre, convocaba a miles de estudiantes secundarios y universitarios para la Misa del Estudiante contando también con la colaboración de Presidentes de la República, Ministros del Poder Ejecutivo y altas autoridades eclesiásticas, militares, decanos y profesores. Este incansable laico era capaz de dar ocupación a toda la comunidad.

6He aquí como el Padre Hernán, postulador de la Congregación del Santísimo Redentor, resumía, en forma lapidaria, los principales aspectos del dinamismo apostólico de Don Antonio: “Oblato de la Congregación de los Padres Redentoristas, terciario dominico socio de la Cofradía del Santísimo Sacramento de la Catedral, estaba continuamente rodeado de pobres a quienes socorría e instruía, insigne catequista, especialmente para los obreros y los jóvenes. Fundó la Asociación de Jóvenes Cristianos, un oratorio festivo, la Conferencia de San Vicente de los Jóvenes, la misa de los Estudiantes que, en los últimos años, reunía a unos 1500, con la participación de las autoridades eclesiásticas, civiles y académicas de Buenos Aires. El Centro de los Estudiantes Secundarios de las Victorias, el Centro de la Alfabetización de los Obreros, el Patronato de los Aprendices del Círculo de Obreros, el Hogar de San Vicente para las familias de los obreros inválidos. Fue también colaborador y propagador de otras diversas obras de apostolado, principalmente de los Círculos de Obreros, fundados por el Padre Federico Grote y de otras importantes obras al servicio de la Buena Prensa”.
El cronista de los misioneros redentoristas de aquellos años, había expresado sobre él: “El infatigable Apóstol don Antonio es el Obispo laico de Buenos Aires. Aunque joven, de todos es conocido, apreciado y amado, tanto de los ricos como de los pobres. En nuestra Iglesia es el alma vivificadora de la sección de hombres de la Archicofradía del Perpetuo Socorro. Además es el brazo derecho del Padre Grote en la fundación de los Círculos Católicos de Obreros. Tiene un celo digno de compararse con el de San Pablo”.

De todas estas obras, este Siervo de Dios era dirigente y colaborador eficaz hasta el extremo. Enardecía a los miembros de la Conferencia Vicentina con su palabra cálida y vibrante y era para todos un ejemplo vivo de espíritu de entrega: visitando enfermos, moribundos, legalizando y regularizando Matrimonios. Su mayor dedicación fueron las vocaciones sacerdotales y religiosas. Fue tal su amor al Señor y su necesidad de anunciarlo de distintas maneras que descubrió la vocación de varios jóvenes que con su acompañamiento llegaron a ser sacerdotes. Don Antonio cuidó con ternura y cercanía la vida.

7El padre Grote

El padre Federico Grote fue un gigante en la fundación y organización de círculos, escuelas, socorros mutuos, cursillos promocionales al servicio de los obreros, pero a su lado estaba siempre la labor humilde, silenciosa y perseverante de Don Antonio, a quien Grote llamaba “Su brazo derecho”. El primer local que ocupó el Círculo Central lo buscó y lo consiguió don Antonio en la esquina de Callao y Juncal (Ciudad de Buenos Aires).

Su  muerte

El 12 de Julio de 1945, después de una noche dolorida, ya con 84 años, don Antonio se sintió tan débil que no se atrevió a salir del lecho a la hora de costumbre, pero debía resolver algunas diligencias en el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto y salió, pero volvió en taxi. La disnea lo ahogaba y casi no podía mantenerse en pie. Se llamó a los médicos que diagnosticaron un infarto. El sábado 14 de Julio de 1945 a las 15 horas falleció. Era ya la víspera de la festividad del Santísimo Redentor, Patrono de la Congregación del Santísimo Redentor, de la que Don Antonio era oblato y era también sábado día consagrado a la Virgen. Así se aunaron los dos amores de la vida y del apostolado de don Antonio: El Santísimo Redentor y Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.

Causa de beatificación y canonización

Don Antonio Solari dejó tal fama de hombre de Dios, que a su muerte la Congregación Redentorista, los Vicentinos y muchos que lo conocieron pidieron a la Iglesia estudiara su vida y sus ejemplos, por si Don Antonio fuera digno de ser venerado, invocado e imitado en todo al Pueblo de Dios.

8Es el proceso de Beatificación y Canonización, cuyo término feliz es la solemne declaración de ser Santo. Solamente el Sumo Pontífice declara esta santidad, Mientras dure este Proceso -que puede demorarse, interrumpirse o abandonase- no se le da título de santo ni veneración a la par de los santos.

La opinión generalizada tras la muerte de Antonio Solari tanto de laicos como sacerdotes y obispos fue que en vida gozo de fama de santidad. Esta opinión generalizada surgió de una manera espontánea y constante.

A pedido de Mons. Santiago Luis Copello, arzobispo de Buenos Aires, el Papa Pio XII dio apertura en Roma a la causa de beatificación en Roma. El primer proceso se abre en la curia de Buenos Aires en 1954 y es presidido por el P. Studrez. Se recogen los primeros testimonios por escrito haciendo referencia a la fama de santidad del Siervo de Dios. Las Actas en un total de 158 páginas son enviadas a la Congregación de Ritos en el Vaticano. Por falta de continuidad el proceso de detiene siendo retomado en el año 1966 con la presidencia en el nuevo tribunal eclesiástico de Mons. Rodolfo Nolasco. El proceso cae en un estancamiento y en 1974 la Curia General de los Misioneros Redentoristas designa en Roma al P. Arboleda como postulador en Roma y como vicepostulador de la causa se designa en Buenos Aires al P. José Vogt.

En 1980 el Cardenal Primatesta pidió a la Santa Sede nuevamente la reapertura de la causa de beatificación de Antonio Solari. Por iniciativa del Cardenal Quarracino un nuevo tribunal vuelve a recoger testimonios de laicos, religiosas, sacerdotes y obispos que avalan la fama de santidad del Siervo de Dios, dando un nuevo impulso al proceso. Las actas suman 418 páginas y en agosto de 1997 al cerrarse finalmente la fase diocesana el P. Vogt viaja a Roma para entregarlas en la sede de la Congregación de la causa de los Santos.

Actualmente el postulador de la causa de beatificación en Roma es el P. Marrazzo. A partir del 2011 la vicepostuladora con residencia en Buenos Aires en Mabel Bacigaluppi, laica de la parroquia Ntra. Sra. de las Victorias quien inicialmente fue acompañada en este servicio por el P. Carlos Wisznioski y actualmente por el P. Ariel Cattaneo.

El 14 de julio del año 2015 se celebraron los 70 años de la Pascua del Siervo de Dios Antonio Solari. Se ha pedido en este contexto celebrativo por su pronta beatificación. Esto solo será posible si está en la providencia del Señor suscitar un milagro de curación a través de su mediación. Es de esperar que su devoción se consolide y se expanda en todo el Pueblo de Dios.

En la Parroquia Nuestra Señora de las Victorias celebran la misa en nombre de Antonio Solari cada día 14 de mes.

Oración para conseguir gracias por la intercesión del Siervo de Dios Antonio Solari

Señor, que llenaste el corazón
de tu servidor Antonio Solari
con tanta caridad cristiana
para con los pobres y los afligidos,
te suplicamos que,
movido por esta misma caridad,
nos consiga de tu bondad
las gracias que te suplicamos
en nuestras aflicciones y proyectos.
Te lo pedimos
por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
 
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