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JULIO: SANTA MARÍA MAGDALENA

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APÓSTOL DE APÓSTOLES
 

1María Magdalena, así, con su nombre completo, aparece en varias escenas evangélicas.
Vamos a espigar algunas citas de los Evangelios que nos notifican sobre su vida.

  • Ocupó el primer lugar entre las mujeres que acompañaban a Jesús, como nos lo narra el evangelista Lucas: “Jesús caminaba por pueblos y aldeas predicando y anunciando el reino de Dios. Los doce iban con Él y también algunas mujeres que había liberado de malos espíritus y sanado de enfermedades: María Magdalena, de la que había expulsado varios demonios” (Lc 8, 2)
  •  Estuvo presente durante la Pasión: “Muchas mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea para asistirlo, estaban allí y contemplaban la escena desde lejos. Entre ellas estaba María Magdalena” (Mt 27, 55-56)
  • Estuvo al pie de la cruz con la Madre de Jesús: Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, María la mujer de Cleofás, y María Magdalena” (Jn 19, 25)
  • Observó cómo sepultaban al Señor: “María Magdalena y María la madre de José observaban dónde lo ponían”. (Mc 15,47) 2
  • Llega antes que Pedro y Juan al sepulcro, en la mañana de la Pascua: “El domingo por la mañana, muy temprano, antes de salir el sol, María Magdalena fue al sepulcro”. (Jn 20, 1)
  •  Es la primera a quien se aparece Jesús resucitado: “Pasado el sábado, al alba del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a visitar el sepulcro. De pronto hubo un gran temblor. El Ángel del Señor bajó del cielo, se acercó, rodó la piedra del sepulcro y se sentó en ella. Su aspecto era como el de un relámpago y su vestido blanco como la nieve. Al verlo, los guardias se pusieron a temblar y se quedaron como muertos. Pero el ángel se dirigió a las mujeres y les dijo: No teman. Se que buscan a Jesús, el crucificado. No está aquí, ha resucitado como lo había dicho. Vengan a ver el sitio donde estaba puesto. Vayan en seguida a decir a sus discípulos: Ha resucitado de entre los muertos y va camino a Galilea; allí lo verán… Ellas salieron rápidamente del sepulcro y, con temor, pero con mucha alegría corrieron a llevar la noticia a los discípulos. Jesús salió a su encuentro y las saludó”.  (Mt 28, 1-9) 3
  • Magdalena no reconoce a Jesús resucitado y lo confunde con el hortelano: “Magdalena se volvió hacia atrás y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció. Jesús le preguntó: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién estás buscando? Ella, creyendo que era el jardinero, le contestó: Señor, si te lo has llevado tú, dime dónde lo has puesto y yo misma iré a recogerlo. Entonces Jesús le dijo: ¡María! Ella se acercó a Él y exclamó: ¡Maestro! (Jn 20, 14-16)
  • Es enviada a ser apóstol de los apóstoles: “Jesús le dijo: No me retengas, porque todavía no he subido a mi Padre: anda, ve y dile a mis hermanos que voy a mi Padre que es el Padre de ustedes; a mi Dios, que es también su Dios. Magdalena se fue corriendo adonde estaban los discípulos y les anunció: He visto al Señor. Y les contó lo que había visto” (Jn 20, 17-18).

Una leyenda oriental señala que después de la Ascensión habría vivido en Éfeso, con María y San Juan; allí habría muerto y sus reliquias habrían sido trasladadas a Constantinopla a fines del siglo IX y depositadas en el monasterio de San Lázaro.

En Occhidente hay varias versiones sobre lo que pasó con María Magdalena después de la ascensión de Jesús. Un texto del siglo IX dice que después de Pentecostés se retiró a un lugar solitario, donde hizo vida eremítica. Según ese texto el sepulcro de santa María Magdalena se encuentra en la Provenza Francesa. Otra versión de occidente del siglo XII dice que María Magdalena ejerció el apostolado hasta su muerte.

Finalmente, cabe consignar que el apelativo "Magdalena" significa "de Magdala", ciudad al norte de Tiberíades, junto al lago de Galilea.

La mujer de los siete demonios

4A María Magdalena antiguamente se la relacionaba con la "pecadora pública", o prostituta arrepentida, hoy se sabe que eso es un error, porque los evangelios canónicos jamás la reflejan como tal. Lucas NO la identifica con la pecadora pública que lava los pies a Jesús, y NO es mencionada como la mujer adúltera. Sólo se dice de ella que había sido liberada por Jesús de siete demonios, haciendo Marcos hincapié en la inmensa gratitud mostrada por ella a Cristo.

A imitación de la gran Santa María Magdalena, con espíritu de amor y de compunción, imitémosla sobre todo en su acendrado amor a Jesús, ella que sabía acudir siempre a Jesús, seguros de que, haciéndolo así, lograremos elevarnos desde el fondo de nuestra miseria a la sima de la santidad. Al que busca a Dios con gemidos, pronto le abre la puerta de su misericordia y de sus ricos tesoros. 

A nosotros nos consuela esta intervención del Salvador, porque a nuestra alma la atacan también espíritus muy dañosos: el orgullo, la avaricia, la ira, la gula, la impureza o lujuria, envidia, la pereza y quizás varios más. ¿Quién puede decir que el espíritu del orgullo no le ataca día por día? ¿Habrá alguien que pueda gloriarse de que el mal espíritu de la impureza no le ha atacado y no le va a atacar ferozmente? Y lo mismo podemos afirmar de los demás.

5Pero hay una verdad consoladora: Y es que los espíritus inmundos cuando veían o escuchaban a Jesús empezaban a temblar y salían huyendo. ¿Por qué no pedirle frecuentemente a Cristo que con su Palabra aleje de nuestra alma todo mal espíritu? El milagro que hizo en favor de la Magdalena, puede y quiere seguir haciéndolo cada día en favor de todos nosotros.

Decreto sobre la festividad de santa María Magdalena

La Congregación del Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, por deseo expreso del Papa Francisco, con fecha de 3 de junio de 2016, ha elevado la memoria de santa María Magdalena a la categoría de fiesta en el Calendario Romano General.

Esta decisión se enmarca en el actual contexto eclesial que quiere reflexionar más profundamente sobre la dignidad de la mujer, la nueva evangelización y la grandeza del misterio de la misericordia divina. El Santo Padre Francisco ha tomado esta decisión precisamente en el contexto del Jubileo de la Misericordia, para significar la relevancia de esta mujer que mostró un gran amor a Cristo y fue tan amada por Cristo.

Catequesis del Papa sobre la esperanza y el ejemplo de María Magdalena

«Queridos hermanos y hermanas ¡buenos días!

6En estas semanas, nuestra reflexión se mueve, por decir así, en la órbita del misterio pascual. Hoy, encontramos a aquella que, según los Evangelios, fue la primera en ver a Jesús Resucitado: María Magdalena. Acababa de terminar el descanso del sábado. El día de la pasión no había habido tiempo para completar los ritos fúnebres; por ello, en ese amanecer lleno de tristeza, las mujeres van a la tumba de Jesús, con los ungüentos perfumados.

La primera que llega es ella: María de Magdala, una de las discípulas que habían acompañado a Jesús desde Galilea, poniéndose al servicio de la Iglesia naciente. En su camino hacia el sepulcro, se refleja la fidelidad de tantas mujeres, que durante años acuden con devoción a los cementerios, recordando a alguien que ya no está. Los lazos más auténticos no se quiebran ni siquiera con la muerte: hay quien sigue amando, aunque la persona amada se haya ido para siempre.

El Evangelio (cfr Jn 20, 1-2-11-18) describe a la Magdalena subrayando enseguida que no era una mujer que se entusiasmaba con facilidad. En efecto, después de la primera visita al sepulcro, vuelve desilusionada al lugar donde los discípulos se escondían; refiere que la piedra de la entrada del sepulcro ha sido movida y su primera hipótesis es la más sencilla que se pueda formular: alguien debe haberse llevado el cuerpo de Jesús.

7Así, el primer anuncio que María lleva no es el de la resurrección, sino el de un robo que algunos desconocidos han perpetrado, mientras toda Jerusalén dormía.

Luego, los Evangelios cuentan otra ida de la Magdalena al sepulcro de Jesús. Era una testaruda ésta, ¿eh? Fue, volvió… y no, no se convencía…Esta vez su paso es lento, muy pesado. María sufre doblemente: ante todo por la muerte de Jesús, y luego por la inexplicable desaparición de su cuerpo.

Es, mientras está inclinada cerca de la tumba, con los ojos llenos de lágrimas, cuando Dios la sorprende de la manera más inesperada. El evangelista Juan subraya cuán persistente es su ceguera: no se da cuenta de la presencia de los dos ángeles que la interrogan y ni siquiera sospecha viendo al hombre a sus espaldas, creyendo que era el guardián del jardín. Y, sin embargo, descubre el acontecimiento más sobrecogedor de la historia humana cuando finalmente es llamada por su nombre: ¡«María!» (v. 16)

¡Qué lindo es pensar que la primera aparición del Resucitado – según los evangelios - fue de una forma tan personal! Que hay alguien que nos conoce, que ve nuestro sufrimiento y desilusión, que se conmueve por nosotros, y nos llama por nuestro nombre.

8Es una ley que encontramos grabada en muchas páginas del Evangelio. Alrededor de Jesús hay tantas personas que buscan a Dios; pero la realidad más prodigiosa es que, mucho antes, es ante todo Dios el que se preocupa por nuestra vida, que quiere volverla a levantar, y para hacer esto nos llama por nuestro nombre, reconociendo el rostro personal de cada uno.

Cada hombre es una historia de amor que Dios escribe en esta tierra. Cada uno de nosotros es una historia de amor de Dios. A cada uno de nosotros, Dios nos llama por nuestro nombre: nos conoce por nombre, nos mira, nos espera, nos perdona, tiene paciencia con nosotros. ¿Es verdad o no es verdad? Cada uno de nosotros tiene esta experiencia.

Y Jesús la llama: «¡María!»: la revolución de su vida, la revolución destinada a transformar la existencia de todo hombre y de toda mujer, comienza con un nombre que resuena en el jardín del sepulcro vacio. Los Evangelios nos describen la felicidad de María: la resurrección de Jesús no es una alegría dada con cuentagotas, sino una cascada que arrolla toda la vida.

La existencia cristiana no está entretejida con felicidades blandas, sino con oleadas que lo arrollan todo. 9Intenten pensar también ustedes, en este instante, con el bagaje de desilusiones y derrotas que cada uno de nosotros lleva en el corazón, que hay un Dios cercano a nosotros, que nos llama por nuestro nombre y nos dice: «¡Levántate, deja de llorar, porque he venido a liberarte!». Esto es muy bello.

Jesús no es uno que se adapta al mundo, tolerando que perduren la muerte, la tristeza, el odio, la destrucción moral de las personas… Nuestro Dios no es inerte, sino que nuestro Dios – me permito la palabra – es un soñador: sueña la transformación del mundo y la ha realizado en el misterio de la Resurrección.

María quisiera abrazar a su Señor, pero Él ya está orientado hacia el Padre celeste, mientras que ella es enviada a llevar el anuncio a los hermanos. Y así aquella mujer, que antes de encontrar a Jesús estaba en manos del maligno (cfr Lc 8,2), ahora se ha vuelto apóstola de la nueva y mayor esperanza.

Que su intercesión nos ayude a vivir también nosotros esa experiencia: en la hora del llanto, en la hora del abandono, escuchar a Jesús Resucitado que nos llama por nombre y, con el corazón lleno de alegría, ir a anunciar: «¡He visto al Señor!». ¡He cambiado de vida porque he visto al Señor! Ahora soy diferente a como era antes, soy otra persona. He cambiado porque he visto al Señor. Ésta es nuestra fortaleza y ésta es nuestra esperanza. Gracias».

Oración a Santa María Magdalena

10Santa María Magdalena, perla preciosa de Cristo, caída de la Mesa del Amor de Dios, profundamente perdida durante un tiempo, pero buscada y encontrada por Jesús y los suyos con inmensa solicitud y Amor.

Tú, que escuchaste su poderosa Palabra invitándote con urgencia al arrepentimiento y a la conversión, alcánzame de Él, por tu intercesión, escuchar también yo su llamada y decidirme al arrepentimiento y a la conversión.

Tú, que en un instante fuiste perdonada por Jesús, y te encontraste de repente libre de tus graves extravíos, alcánzame de Él, por tu intercesión, la gracia de reconocer mis culpas y de recibir su perdón.
Tú, que fuiste liberada por Jesús del dominio de Satanás, y de las fuertes ataduras que te ataban a él, alcánzame de Jesús, por tu intercesión, la gracia de verme libre de todas las ataduras de pecado que no me dejan romper con él.

Tú, qué después de tu conversión lo acompañaste como discípula suya, guardando en tu corazón sus Palabra de Vida, su divino perdón, siendo testigo privilegiada de sus milagros de Amor, alcánzame de Jesús, por tu intercesión, la gracia de seguirle también yo, acogiendo su Palabra, recibiendo su perdón,  siendo testigo también hoy de su Misericordia y su Amor

Tú, que no desperdiciaste ocasión alguna para demostrarle tu gratitud y amor, que ungiste sus pies en Betania seis días antes de su muerte y con tus propios cabellos los secaste, alcánzame de Él, por tu intercesión, la gracia de mostrarle siempre mi humilde agradecimiento y mi delicado amor, sobretodo en el precioso Sacramento de su Cuerpo, la Santísima Eucaristía y en mis hermanos los hombres donde se  esconde Él.

Tú, que no dudaste en seguirle hasta la Cruz, en Jerusalén, y que fuiste testigo privilegiada de su resurrección, alcánzame de Jesús, por tu intercesión, la gracia de  enamorarme de Él y de seguirle fielmente hasta el final

Tú, que fuiste la primera testigo de la  resurrección de Jesús, y por encargo suyo te convertiste en la Apóstol de los Apóstoles; tú que seguiste cumpliendo esta misión hasta el último instante de tu vida, y continuas realizándola entre nosotros hasta el fin de los tiempos, alcánzame de Jesús, por tu intercesión, la gracia de ser Apóstol de su Misericordia, como tú, hasta el último aliento de mi vida. AMÉN

Su fiesta litúrgica es el 22 de julio.

 
 
 

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