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ABRIL: ANTONIETTA GUADALUPI

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1Una mujer vivaz y creativa, capaz de dar vida a una de las primeras estructuras de acogida para calidad de vida de los enfermos cáncer, verdadera novedad en los años 80 en Italia, cuando no existían realidades capaces de semejante y fundamental ayuda. Antonietta fue capaz de comunicar y de darse en modo interpersonal único, para favorecer así una verdadera comunión con las personas. Dio un verdadero testimonio de vida evangélica. Ella fue, justamente, una de estas personas de las que vale la pena testimoniar su fama de santidad, sus bienes realizados y las gracias recibidas como regalo del Señor….

Sus orígenes

Nació en Bríndisi (Italia) el 22 de noviembre de 1947. Sus padres, católicos practicantes y de sólida fe, fueron Fortunato y María. Como todos los niños iba a las clases de catequesis y recibió los sacramentos en la parroquia María Santísima Anunciata. Allí encontró el amor de Jesús y lo convirtió en el sentido de su vida. Participaba activamente y con entusiasmo de la Acción Católica, y de la vida parroquial demostrando amor a la oración y en particular, a la Eucaristía.

2A los 13 años perdió a su mamá, a causa de esto tuvo que dejar los estudios secundarios para dedicarse al cuidado de su padre y de su hermano. Realizó esta tarea con gran madurez y habilidad, para sorpresa de todos. Años después, falleció también su padre, pero ella, tenaz y de carácter fuerte, a pesar de todo el dolor, continuó su vida y logró por fin obtener el diploma de secundaria.

Su vocación

A los 18 años conoció el Instituto Paulino de Vida Secular Consagrada “Nuestra Señora de la Anunciación”, fundado por el Beato Santiago Alberione y parte de la Familia Paulina. Realizó Ejercicios Espirituales y a la edad de 19 años decidió ingresar. El 27 de julio de 1971 emitió la Primera Profesión de los votos de pobreza, castidad y obediencia en la vida consagrada como “Anunciatina” (así se llaman comúnmente los miembros de este Instituto).

3El centro de su proyecto espiritual fue siempre la plena conformación en Cristo, según el mensaje de san Pablo (cfr. Gal 2, 20), así como lo interpretó y transmitió a sus hijos e hijas espirituales el beato Santiago Alberione, fundador de la Familia Paulina.

Antonietta secundó la obra siempre nueva y creadora del Espíritu, que donde encuentra criaturas abiertas y dispuestas, las plasma según la imagen de Cristo, haciéndolas conformes a él en el modo de dar vida para los demás. Una mujer que tenía como secreto de su misión, la unión con el Cristo. Sus palabras escritas en su diario luego de 25 años de profesión son un verdadero testimonio: “Y Jesús vino… Llamó a mi corazón y yo le abrí. Me dijo de manera dulcísima: “’ ¿Por qué no te casas conmigo?” Estaba todavía abierto y él desde adentro lo poseía todo. Como un hombre que acaba de declarar su amor a la mujer amada, esperaba una respuesta, esperaba trémulo el suspirado “sí””.

Su profesión y misión

4Antonietta, que sentía una fuerte inclinación por el área de la salud, se anotó para estudiar en la Facultad de Medicina y Cirugía de Bari. Allí pensaba realizar el gran sueño que tenía en su corazón de convertirse en médica para ayudar a los demás. Sin embargo, al tercer año de sus estudios, por problemas económicos tuvo que dejar la facultad.

En 1974, aconsejada por el P. Gabriele Amorth, entonces responsable de las “Anunciatinas”, se dirigió a Milán para realizar el curso de enfermeras profesionales que se dictaba en el “Instituto Nacional del Cáncer”. Allí fue que, en 1977, después de recibirse, participó en un concurso convocatoria para ser Asistente de Salud en el Instituto Nacional del Cáncer, y lo ganó. Así, Antonietta, con tan solo 30 años de edad, tenía un papel de gran responsabilidad en este Centro de Tumores, primero como jefa de sala y luego como “asistente de salud”, que llevó a cabo hasta su muerte, de manera excelsa y con gran dedicación, caridad y eficiencia.

5Antonietta se convirtió en la primera “asistente de salud”, un oficio en su tiempo innovador y pensado para acompañar personalmente al enfermo y a sus familiares en el difícil proceso de su curación (se trataba de ocuparse de la acogida de los enfermos, del alojamiento de los familiares de los mismos, de eventuales problemas económicos o psicológicos de los pacientes). Se dedicó más de 25 años de vida en aquella que era para ella una verdadera y justa misión, poniendo no sólo gran dedicación y competencia, sino siendo sobre todo un verdadero testimonio del Evangelio en la alegría de la donación, siempre sostenida por la fe inquebrantable, también en los momentos oscuros. En su área se respiraba siempre un clima de acogida y serenidad, que los pacientes percibían inmediatamente. A veces enfermos y familiares le pedían lo imposible y ella, en vez de desanimarse, fuerte por su fe, se dirigía a aquel para quien “todo es posible”. Cuanto más grande era el dolor, cuanto más difícil la prueba, cuando menos esperanzas había, ella más lograba, con su gran fe en la Providencia, transmitir paz y consolación.

6El Dr. Eduardo Majno, que trabajó con ella, dio este testimonio: “Antonietta nos dejó un ejemplo de dedicación y eficiencia… Siempre amable y servicial, nunca dijo NO a todos aquellos (y fueron muchos) que le pidieron un favor o ayuda. Al mismo tiempo ha demostrado una gran eficiencia y operatividad. Durante casi treinta años informó a los usuarios del Instituto de Tumores, y a sus familiares, sobre la ayuda financiera y los servicios de asistencia previstos por la ley para los pacientes que padecían enfermedades; se mantuvo en contacto con los directivos de los refugios y las asociaciones voluntarias dedicadas a los enfermos terminales. Y, al administrar ella una parte considerable de los fondos asignados para este fin, de la Liga Italiana de Cáncer, ha ayudado a miles de pacientes a llegar al Instituto de Tumores desde las partes más distantes de la península y regresar a sus hogares después del tratamiento. Incluso, en muchas oportunidades, puso a disposición de las personas hasta su propia casa, su dinero y su tiempo libre. Su partida es una gran pérdida para nosotros, médicos y pacientes, no será fácil llevar a cabo sus tareas con tanta diligencia. El de Antonietta es un raro ejemplo de profesionalidad, respaldado por una gran sensibilidad humana y convicciones personales bien establecidas”.

7El amor por los últimos y por los que sufren la llevó también a las calles de Milán para ayudar, asistir y confortar a los sin techo, a los migrantes y a los pobres de la zona del “Rom” de Leoncavallo, considerado uno de los lugares periféricos.

Con su sonrisa luminosa, la mansedumbre de su carácter, dulce y atento, transmitía confianza, ofrecía amistad, suscitaba esperanza a cuantos la rodeaban. Estaba siempre disponible a la escucha y, gracias a su experiencia, consolaba, alentaba y resolvía muchos problemas. Antonietta con su estilo de vida comunicaba el amor del Señor, en el donarse a los demás, era testimonio de aquella “cultura del encuentro” que representa uno de los puntos firmes del Papa Francisco.

El proceso de canonización

Antonietta regresó al Padre el 30 de julio de 2001, a la edad de 53 años, a causa de un tumor en el intestino. Falleció en el mismo Instituto del Cáncer donde había trabajado por tantos años. En la primera página de su agenda personal de trabajo se lee: “Haz, Señor, que yo pueda testimoniar tu Misericordia con mi vida en este año 2001”. Sus restos descansan en el cementerio de Bríndisi.

8En 2018 se inició su causa de canonización. Luego de que fuera declarada “Sierva de Dios”, el 8 de enero de 2020, se dio inicio al proceso diocesano para la canonización. La apertura del proceso diocesano fue presidida por Mons. Doménico Caliandro, arzobispo de Brindisi-Ostuni, Italia. Ese día la catedral de Bríndisi estaba llena de fieles que hizo de ese momento una verdadera fiesta. Asistieron a la celebración numerosos miembros de la Familia Paulina: las “Anunciatinas” ante todo y su Delegado nacional el sacerdote paulino Gino Valeretto, el padre Vito Fracchiolla, ssp, vicario general y Delegado general para los Institutos Paulinos de Vida Secular Consagrada, los miembros de la comunidad paulina de Bari, el padre Domenico Soliman, que es Postulador general de la Familia Paulina, y quien lleva esta causa de canonización, la comunidad de las hermanas Pías Discípulas del Divino Maestro de Bari, muchas familias del Instituto Santa Familia junto su Delegado nacional sacerdote paulino Roberto Roveran y algunos sacerdotes del Instituto Jesús Sacerdote.

9Oración para obtener gracias

Te bendigo, oh Padre, porque has revelado los secretos del Reino a tu sierva ANTONIETTA GUADALUPI. En ella nos ofreces un testimonio de vida evangélica vivida en el gozoso don de ofrecerse a los hermanos. Sobre su ejemplo deseo buscar ante todo tu Reino, con la certeza de que me darás por añadidura cuanto necesite en mi vida, y, si es según tu Voluntad, la gracia que ahora te pido…
Padrenuestro, Avemaría, Gloria al Padre…

Para comunicar gracias recibidas, o recibir información: Postulador General de la Familia Paulina, Vía Alessandro Severo 58 - 00145 ROMA. posgen@paulus.net

 
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