MEDITACIÓN DIARIA
DEL EVANGELIO - AGOSTO 2026
-Por Padre Guillermo de Jesús Acero Alvarín-
Intención del Papa para el mes de agosto: Oremos para que, en las grandes ciudades, a menudo marcadas por el anonimato y la soledad, encontremos nuevas formas de anunciar el Evangelio, descubriendo caminos creativos para construir comunidad.

Sábado 01
San Alfonso María de Ligorio, obispo y doctor (MO)
Jr 26, 11-16.24; Sal 68, 15-16.30-31.33-34; Mt 14, 1-12
Evangelio: En aquel tiempo, oyó el tetrarca Herodes lo que se contaba de Jesús y dijo a sus cortesanos: «Ese es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por eso las fuerzas milagrosas actúan en Él». Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado, por motivo de Herodías, mujer de su hermano Filipo; porque Juan le decía que no le era lícito vivir con ella. Quería mandarlo matar, pero tuvo miedo de la gente, que lo tenía por profeta. El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó delante de todos y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que pidiera. Ella, instigada por su madre, le dijo: «Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista». El rey lo sintió, pero, por el juramento y los invitados, ordenó que se la dieran, y mandó decapitar a Juan en la cárcel. Trajeron la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven y ella se la llevó a su madre. Sus discípulos recogieron el cadáver, lo enterraron, y fueron a contárselo a Jesús.
Reflexión: Mateo nos muestra que el gobierno de Herodes, como el de su padre, se impone mediante la violencia y el engaño. Aunque aparentaba escuchar con agrado a Juan Bautista, no había dudado en encarcelarlo por atreverse a denunciar su pecado y abuso de poder al casarse con la mujer de su hermano. También, de manera falaz, simula entristecerse ante el macabro pedido de Herodías, pero revela su talante violento al ordenar la decapitación del Bautista. Ese es su verdadero carácter cruel y despiadado. Le interesa más el poder que la justicia. Por eso, acalló la voz valiente de Juan que pedía a todos coherencia y conversión.
Oración: Infúndenos, Padre santo, un corazón valiente como el de Juan el Bautista.
Domingo 02
XVIII del Tiempo Ordinario
Is 55, 1-3; Sal 144, 8-9.15-18; Rm 8, 35.37-39; Mt 14, 13-21
Evangelio: En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan Bautista se marchó de allí en una barca, a solas, a un lugar desierto. Cuando la gente lo supo, lo siguió por tierra desde los poblados. Al desembarcar vio Jesús una multitud, se compadeció de ella y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren comida». Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, denles ustedes de comer». Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces». Les dijo: «Tráiganmelos». Mandó a la gente que se recostara en la hierba y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos y se saciaron y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.
Reflexión: Jesús hace luto por la muerte del profeta Juan Bautista, víctima de los abusos de poder de Herodes. Así se subraya que también Él es enviado de Dios. Pero su duelo no se queda en el llanto, más bien, lo impulsa a continuar ofreciendo su misericordia a quienes lo buscan: cura a los enfermos y ofrece el alimento que todos necesitan. Con la multiplicación de los panes y los peces, Jesús muestra la novedad de su forma de evangelizar. Él siente compasión por las necesidades de quienes lo siguen. También hoy guía a su Iglesia mediante el pan de la Palabra y de la Eucaristía y nos pide a sus discípulos que tengamos esos mismos sentimientos de compasión y misericordia.
Oración: Padre compasivo, danos el pan nuestro de cada día para que caminemos con entusiasmo en la senda de tu Reino.
Lunes 03
Santa Lidia
Jr 28, 1-17; Sal 118, 29.43.79.80.95.102; Mt 14, 22-36
Evangelio: Después que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras Él despedía a la gente. Y luego de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche estaba allí solo. Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. A la cuarta vela de la noche se les acercó Jesús andando sobre el mar. Los discípulos, viéndolo andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, diciendo que era un fantasma. Jesús les dijo enseguida: «¡Ánimo, soy yo, no tengan miedo!». Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre el agua». Él le dijo: «Ven». Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame». Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: «¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?». En cuanto subieron a la barca amainó el viento. Los de la barca se postraron ante Él diciendo: «Realmente eres Hijo de Dios». Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. Y los hombres de aquel lugar apenas lo reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y le trajeron a todos los enfermos. Le pedían tocar siquiera la orla de su manto. Y cuantos la tocaban quedaban curados.
Reflexión: Jesús está íntimamente vinculado con el Padre, por eso, sube al monte a orar. Asimismo, al acercarse a sus discípulos durante su difícil travesía en el lago, nos muestra el afecto que tiene a su comunidad. La cercanía de Jesús causa miedo en los suyos, porque no lo reconocen, lo confunden con un fantasma. Cuando al fin lo identifican, ellos, en la persona de Pedro, salen a su encuentro. Sin embargo, Pedro comienza a hundirse, pues está motivado más por el miedo que por la alegría que suscita la presencia de Dios. También nosotros podemos sentir que nos hundimos delante de Dios y de nuestro prójimo. Por eso, Jesús nos invita a superar nuestras angustias y a vivir nuestra fe con gran alegría
Oración: Señor Jesús, tú que nos enseñas el valor de la oración y la fe, sálvanos con tu amor y tu gracia.
Martes 04
San Juan María Vianney, presbítero (MO)
Jr 30, 1-2.12-15.18-22; Sal 101, 16-21.29.22-23; Mt 15, 1-2.10-14
Evangelio: En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y escribas de Jerusalén y le preguntaron: «¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de nuestros mayores y no se lavan las manos antes de comer?». Llamando a la gente, les dijo: «Escuchen y entiendan: no mancha al hombre lo que entra por la boca, sino lo que sale de la boca, eso es lo que mancha al hombre». Se acercaron los discípulos y le dijeron: «¿Sabes que los fariseos se han escandalizado al oírte?». Respondió Él: «La planta que no haya plantado mi Padre celestial será arrancada de raíz. Déjenlos, son ciegos, guías de ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo».
Reflexión: Para los fariseos, los discípulos de Jesús faltan a la ley al no respetarla a rigurosamente como ellos. Por eso, los acusan de traidores y carentes de sentido de pertenencia al pueblo de Dios. Jesús, por el contrario, enseña que el Evangelio no va en contra de la revelación de Dios en la Sagrada Escritura y que los seres humanos no tenemos que preocuparnos tanto por guardar las apariencias, sino por amar de corazón a Dios y al prójimo. La Palabra nos invita a ser agentes diferenciadores que anuncien la alegría de la presencia de Dios a todas las personas. El Señor nos pide vencer la ceguera, a dejar de guiarnos por las apariencias. Así podremos caminar en la luz de la fe, la esperanza y el amor.
Oración: Padre de amor, ayúdanos a ser limpios de corazón para actuar de modo auténtico y no por aparentar ante los demás.
Miércoles 05
Ded. de la Basílica de Santa María la Mayor (ML)
Jr 31, 1-7; Sal: Jr 31, 10-13; Mt 15, 21-28
Evangelio: En aquel tiempo, Jesús se retiró a la región de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor, hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo». Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando». Él les contestó: «Solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel». Ella se acercó y se postró ante Él diciendo: «Señor, ayúdame». Él le contestó: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos». Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos». Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas». En aquel momento quedó curada su hija.
Reflexión: Aunque Jesús desarrolló la mayor parte de su actividad misionera en Israel, también llevó su misericordia más allá de las fronteras nacionales. Es precisamente en el extranjero donde se encuentra con esta mujer que ve cumplidos sus deseos a causa de su inmensa fe. Este acontecimiento nos deja ver la grandeza del amor de Dios que no se limita a un grupo de personas, sino que llega a todos, sin importar su condición étnica, social, económica ni religiosa. Dios no excluye a nadie y el Evangelio nos enseña esto para que también nosotros acojamos con sinceridad y amor a todos, de tal modo que nadie se sienta extraño delante de ningún creyente.
Oración: Jesús, hijo de David, danos un corazón lleno de amor y apertura como el tuyo.
Jueves 06
Transfiguración del Señor (F)
Dn 7, 9-10.13-14; o bien 2 P 1, 16-19; Sal 96, 1-2.5-6.9; Mt, 17, 1-9 o Lc 9, 28-36
Evangelio: En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con Él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía: «Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escúchenlo». Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levántense, no teman». Al azar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó: «No cuenten a nadie la visión hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos».
Reflexión: El anuncio de la pasión y el episodio de la transfiguración están estrechamente ligados. Por eso, después de plantear las condiciones para ser discípulos de Jesús, el texto bíblico nos invita a seguir con entusiasmo la propuesta del Maestro de Galilea. Aunque la cruz es el camino que nos lleva a Dios, la destrucción total de uno mismo no es el destino del ser humano. Jesús nos invita a negarnos a nosotros, a tomar la cruz y hacer no nuestra voluntad, sino la del Padre del cielo. Para ello nos deja entrever nuestro destino de resurrección, de vida plena. Escuchemos siempre al Hijo amado del Padre con nuestras acciones y actitudes.
Oración: Padre santo, ayúdame a hacer del Evangelio de tu Hijo, la voz que guía mi vida.
Viernes 07
San Cayetano, presbítero
Na 2, 1.3; 3, 1-3.6-7; Sal: Dt 32, 35-36.39.41; Mt 16, 24-28
Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará. ¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del Hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta. En verdad les digo que algunos de los aquí presentes no gustarán la muerte hasta que vean al Hijo del Hombre en su Reino».
Reflexión: Jesús nos invita a adecuar nuestra vida para tener las mismas actitudes que Él enseñó y vivió. Eso supone poner en primer lugar a los hermanos, algo que solo es posible mediante la entrega total de uno mismo. Y precisamente este es el camino a la vida plena en Dios, cuyo culmen es la resurrección. Estamos llamados, por tanto, a poner sin reservas todas nuestras habilidades, capacidades y talentos al servicio de los demás. Recordemos, pues, y demos ánimo a tantos hombres y mujeres que en nuestros días llevan el amor de Dios a los enfermos, los abandonados, los desesperados, las víctimas de la guerra, la violencia, la injusticia y los desastres naturales.
Oración: Jesús, tú nos enseñas a tomar la propia cruz y a seguirte, fortalece nuestra perseverancia.
Sábado 08
Santo Domingo de Guzmán, presbítero (MO)
Ha 1, 12—2, 4; Sal 9, 8-13; Mt 17, 14-20
Evangelio: En aquel tiempo, se acercó a Jesús un hombre que, de rodillas, le dijo: «Señor, ten compasión de mi hijo que es lunático y sufre mucho: muchas veces se cae en el fuego o en el agua. Se lo he traído a tus discípulos, y no han sido capaces de curarlo». Jesús tomó la palabra y dijo: «¡Generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con ustedes, hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganmelo». Jesús increpó al demonio, y salió; en aquel momento se curó el niño. Los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron aparte: «¿Y por qué no pudimos echarlo nosotros?». Les contestó: «Por su poca fe. En verdad les digo que, si tuvieran fe como un grano de mostaza, le dirían a aquel monte: “Trasládate desde ahí hasta aquí”, y se trasladaría. Nada les sería imposible».
Reflexión: El amor de Dios que Jesús hizo presente en el mundo es infinito. Llega a los que normalmente la humanidad excluye, en este caso, un niño; pues aquellos que la sociedad descarta son los primeros destinatarios del amor del Señor. A pesar de los progresos actuales, constatamos con tristeza que hay un atraso en misericordia, como el gran número de niños en situaciones de vulnerabilidad. Al curar a este niño, Jesús nos invita a mostrar nuestra fe llevando compasión y amor a los más necesitados. Si nuestra confianza en Dios crece, también lo hará nuestro amor al prójimo, pues fe y caridad van siempre de la mano.
Oración: Señor Jesús, ten piedad de nosotros y regálanos entrañas de misericordia como las tuyas.
Domingo 09
XIX del Tiempo Ordinario
1 R 19, 9a.11-13a; Sal 84, 9-14; Rm 9, 1-5; Mt 14, 22-33
Evangelio: Después de que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras Él despedía a la gente. Y después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada la noche estaba allí solo. Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. A la cuarta vela de la noche se les acercó Jesús andando sobre el mar. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, diciendo que era un fantasma. Jesús les dijo enseguida: «Ánimo, soy yo, no tengan miedo!». Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre el agua». Él le dijo: «Ven». Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame». Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: «Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?». En cuanto subieron a la barca, amainó el viento. Los de la barca se postraron ante Él diciendo: «Realmente eres Hijo de Dios».
Reflexión: La vida entera de Jesús está permeada por la oración, fruto de la íntima relación entre Él y el Padre del cielo. Pero su cercanía con Dios no lo aleja de la gente; al contrario, lo hace más cercano, más atento a sus pensamientos y sentimientos. Así ocurre en el Evangelio de hoy. Percibe el miedo de sus discípulos, que marchan abrumados por olas de dudas y angustias. Como con ellos, hoy también sale a nuestro encuentro y nos anima a no desfallecer, a mantenernos firmes en la fe para hacer frente a las nuevas tempestades que nos asechan y obstaculizan nuestro seguimiento. Si confiamos plenamente en Él, nada podrá derribarnos.
Oración: Señor, aumenta nuestra fe, infúndenos fortaleza ante las tempestades.
Lunes 10
San Lorenzo, diácono y mártir (F)
2 Co 9, 6-10; Sal 111, 1-2.5-9; Jn 12, 24-26
Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Les aseguro que, si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará».
Reflexión: Jesús explica el sentido de su vida con la imagen de la semilla. Como esta necesita morir para generar vida, así también la muerte de Jesús es instrumento de vida para los discípulos y para toda la humanidad. Jesús no solo pretende que comprendamos este misterio, sino que nos adhiramos a Él entregando nuestra propia existencia en beneficio de nuestros semejantes. Paradójicamente, esta donación total no conduce al aniquilamiento, todo lo contrario, es el camino a la plenitud de la vida que el Padre ha preparado con amor para cada uno de nosotros.
Oración: Señor, dame la gracia de amar sirviendo y de servir amando.
Martes 11
Santa Clara, virgen (MO)
Ez 2, 8—3, 4; Sal 118, 14.24.72.103.111.131; Mt 18, 1-5.10.12-14
Evangelio: En aquel momento, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: «¿Quién es el mayor en el Reino de los Cielos?». Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo: «En verdad les digo que, si no se convierten y se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ese es el más grande en el Reino de los Cielos. El que acoge a un niño como este en mi nombre me acoge a mí. Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque les digo que sus ángeles están viendo siempre en los cielos el rostro de mi Padre celestial. ¿Qué les parece? Supongan que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en los montes y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, en verdad les digo que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado. Igualmente, no es voluntad de su Padre que está en el cielo que se pierda ni uno de estos pequeños».
Reflexión: Nuestras relaciones interpersonales suelen estar marcadas por criterios de superioridad, lo cual nos impide considerar a los demás como semejantes. Jesús nos da la clave para lograr vivir según el proyecto del Creador. Nos enseña que quienes tienen mayores responsabilidades no son más importantes, sino que tienen más obligaciones ante Dios y ante el prójimo. Jesús pone a un niño como paradigma de discipulado, ya que solo aquel que confía plenamente en su prójimo renuncia a toda pretensión de superioridad. Dios muestra su amor preferente por los más débiles, los que se encuentran perdidos, marginados y, en fin, necesitados de su misericordia.
Oración: Padre de bondad, concédenos un espíritu manso y humilde como el tuyo.
Miércoles 12
Santa Juana Francisca de Chantal, religiosa (ML)
Ez 9, 1-7; 10, 18-22; Sal 112, 1-6; Mt 18, 15-20
Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano. En verdad les digo que todo lo que aten en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desaten en la tierra quedará desatado en los cielos. Les digo, además, que, si dos de ustedes se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».
Reflexión: En cuanto discípulos de Jesús, estamos llamados a actuar con sus mismos sentimientos y actitudes, tal como el pastor, que deja las noventa y nueve ovejas y va en busca de la perdida. Dios quiere que no dejemos perderse a ninguno de nuestros hermanos. La obligación de amar al prójimo no finaliza cuando este se aparta de la voluntad de Dios; al contrario, la misericordia es más grande cuando se dirige al hermano que peca. Como Jesucristo entregó su vida por nosotros pecadores, también nosotros debemos acoger de corazón y con amor a todos los hermanos, especialmente a los pecadores. Así, fortalecidos por la experiencia del amor de Dios, podrán volver a Él y participar de la alegría de la salvación.
Oración: Padre, infúndenos un corazón misericordioso como el tuyo.
Jueves 13
Ss. Ponciano, Papa, e Hipólito, Pbro., Mrs. (ML)
Ez 12, 1-12; Sal 77, 56-59.61-62; Mt 18, 21—19, 1
Evangelio: En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?». Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por esto, se parece el Reino de los Cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: “Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo”. Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: “Págame lo que me debes”. El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: “Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré”. Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: “¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”. Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con ustedes mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano». Cuando acabó Jesús estos discursos, partió de Galilea y vino a la región de Judea, al otro lado del Jordán.
Reflexión: El espíritu de revancha y venganza guía muchas de las acciones humanas, incluso inspira algunas leyes. Por eso, la novedad y osadía del perdón es la propuesta de Jesús que salva a todos. El perdón no es una característica exclusiva de Dios, es una actitud que debe distinguir a todos sus hijos. Si proclamamos con entusiasmo que fuimos creados a su imagen y semejanza, nos comprometemos también a vivir de acuerdo con su corazón compasivo. La pregunta de Pedro refleja nuestras objeciones a ese planteamiento; pero la respuesta de Jesús nos enseña que estamos llamados a perdonar siempre, como lo hizo Él.
Oración: Padre nuestro, perdona nuestras ofensas, pues ya hemos perdonado de corazón a quienes nos ofenden.
Viernes 14
San Maximiliano María Kolbe, Pbro. y Mr. (MO)
Ez 16, 1-15.60.63; Sal: Is 12, 2-6; Mt 19, 3-12
Evangelio: En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba: «¿Es lícito a un hombre repudiar a su mujer por cualquier motivo?». Él les respondió: «¿No han leído que el Creador, en el principio, los creó hombre y mujer, y dijo: “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne”? De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre». Ellos insistieron: «¿Y por qué mandó Moisés darle acta de divorcio y repudiarla?». Él les contestó: «Por la dureza de su corazón les permitió Moisés repudiar a sus mujeres; pero, al principio, no era así. Pero yo les digo que, si uno repudia a su mujer —no hablo de unión ilegítima— y se casa con otra, comete adulterio». Los discípulos le replicaron: «Si esa es la situación del hombre con la mujer, no trae cuenta casarse». Pero Él les dijo: «No todos entienden esto, solo los que han recibido ese don. Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre, a otros los hicieron los hombres, y hay quienes se hacen eunucos ellos mismos por el Reino de los Cielos. El que pueda entender, entienda».
Reflexión: En los Evangelios los fariseos se caracterizan por su hostilidad contra Jesús. Si le plantean preguntas, no es porque les interese iniciar un camino de discipulado, sino para buscar con qué acusarlo. Quieren entrampar a Jesús con su enseñanza sobre la indisolubilidad del matrimonio, pues lo expresaba abiertamente, a pesar de que la ley sí contemplaba el divorcio. La respuesta de Jesús deja ver que Él era un auténtico Maestro. No contradice a la Sagrada Escritura, sino que conoce y aplica los principios que la inspiran. Para Él el divorcio es una creación humana que responde a la dureza del corazón humano, no al proyecto original de Dios.
Oración: Padre de amor, concede a quienes has dado la vocación matrimonial amarse siempre y sin medida.
Sábado 15
Asunción de la Virgen María (S)
Ap 11, 19a; 12, 1-6a.10ab; Sal 44, 10-12.16; 1 Co 15, 20-27a; Lc 1, 39-56
Evangelio: En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú eres entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá». María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia —como lo había prometido a nuestros padres— en favor de Abrahán y su descendencia por siempre». María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.
Reflexión: El Evangelio de hoy nos permite contemplar a María como paradigma misionero del discípulo. En efecto, ella lleva la alegría de Dios a Isabel. Con el magníficat, no enaltece su propia grandeza, sino la de Dios para mostrarnos el camino que conduce hacia Él. Para Dios no cuentan las apariencias ni las riquezas ni el reconocimiento humano, sino la mansedumbre que nos permite reconocer la necesidad que tenemos de Él. Con las palabras de María, proclamamos nuestra propia disposición a vivir con humildad y lealtad en la presencia del Señor.
Oración: Dios y salvador nuestro, gracias por haber mirado nuestro corazón quebrantado y humillado y enaltecernos con tu amor.
Domingo 16
XX del Tiempo Ordinario
Is 56, 1.6-7; Sal 66, 2-3.5-6.8; Rm 11, 13-15.29-32;
Mt 15, 21-28
Evangelio: En aquel tiempo, Jesús se retiró a la región de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor, hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo». Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando». Él les contestó: «Solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel». Ella se acercó y se postró ante Él diciendo: «Señor, ayúdame». Él le contestó: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos». Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos». Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas». En aquel momento quedó curada su hija.
Reflexión: El evangelio de este domingo resalta el protagonismo de una mujer. Se distingue por ser una extranjera y, a pesar de eso, por no avergonzarse en reconocer a Jesús como Hijo de David, como el Mesías de Israel, y por admitirse necesitada de su misericordia. La aparente indiferencia inicial de Jesús le da a ella la oportunidad de manifestar su fe abiertamente y la convierte en ejemplo de discipulado. Y así, aún sin ser judía, su hija es salvada por el Maestro de Galilea. Este episodio nos enseña, pues, que no podemos restringir las cosas de Dios a un solo grupo, sino que debemos anunciar con entusiasmo su salvación a todas las naciones.
Oración: Padre de bondad, concédenos un corazón de puertas abiertas para que construyamos puentes en vez de muros.
Lunes 17
Santa Beatriz de Silva, fundadora
Ez 24, 15-24; Sal: Dt 32, 18-21; Mt 19, 16-22
Evangelio: En aquel tiempo, se acercó uno a Jesús y le preguntó: «Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno para obtener la vida eterna?». Jesús le contestó: «¿Por qué me preguntas qué es bueno? Uno solo es bueno. Mira, si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos». Él le preguntó: «¿Cuáles?». Jesús le contesto: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y ama a tu prójimo como a ti mismo». El joven le dijo: «Todo eso lo he cumplido. ¿Qué me falta?». Jesús le contestó: «Si quieres ser perfecto, anda, vende tus bienes, da el dinero a los pobres —así tendrás un tesoro en el cielo— y luego ven y sígueme». Al oír esto, el joven se fue triste, porque era muy rico.
Reflexión: En el capítulo 18 de Mateo, Jesús enseña sobre la importancia de los pequeños e invita a acoger a los niños y, con ellos, a las personas que suelen estar al margen de la sociedad. Ahora es interrogado sobre las exigencias para conseguir la vida eterna. Él no tolera la mediocridad, exige la perfección. Por eso invita a su interlocutor a eliminar todo aquello que le impide dar el valor justo a sus semejantes. Pero aquel hombre, que había alardeado de su observancia de los mandamientos, se entristece. Reconoce que tiene puesta su confianza en los bienes materiales, al punto de que no está dispuesto a recibir la vida eterna como don gratuito de Dios.
Oración: Padre santo, libéranos del apego a los bienes materiales y ayúdanos a trabajar siempre por los valores de tu Reino.
Martes 18
San Alberto Hurtado, presbítero, Santa Elena
Ez 28, 1-10, Sal: Dt 32, 26-28.30.35-36; Mt 19, 23-30
Evangelio: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «En verdad les digo que difícilmente entrará un rico en el Reino de los Cielos. Lo repito: más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de los Cielos». Al oírlo, los discípulos dijeron espantados: «Entonces, ¿quién puede salvarse?». Jesús se quedó mirándolos y les dijo: «Es imposible para los hombres, pero Dios lo puede todo». Entonces dijo Pedro a Jesús: «Ya ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?». Jesús les dijo: «En verdad les digo: cuando llegue la renovación y el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, también ustedes, los que me han seguido, se sentarán en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. Todo el que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos primeros».
Reflexión: Los bienes materiales son necesarios para nuestra subsistencia, pero nos volvemos esclavos de ellos cuando los sobrevaloramos, cuando los convertimos en fines más que en medios. Entonces surge las guerras fratricidas en la disputa por ellos, que nos dividen, deshumanizan, destruyen y, por tanto, nos impiden alcanzar la auténtica felicidad. Por eso, Jesús los considera un obstáculo que nos impide vivir de acuerdo con los valores del Reino, en el que lo importante no es tener más, sino amar más. Jesús nos invita más bien a confiar en Dios y en sus promesas, pues las riquezas son efímeras, mientras que Dios permanece. Por ello, muchos de los que la sociedad pone en último lugar son los primeros delante de Él.
Oración: Jesús, fortalece nuestra perseverancia como discípulos tuyos para poder alcanzar la gloria eterna que nos has prometido.
Miércoles 19
San Juan Eudes, presbítero (ML)
Ez 34, 1-11; Sal 22, 1-6; Mt 20, 1-16
Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo: “Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo debido”. Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: “¿Cómo es que están aquí el día entero sin trabajar?”. Le respondieron: “Nadie nos ha contratado”. Él les dijo: “Vayan también ustedes a mi viña”. Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo: “Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”. Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”». Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».
Reflexión: Los criterios humanos no son los mismos que los de Dios, pues, mientras el mundo se mueve por méritos, Dios es pura gratuidad. Con la parábola de hoy, Jesús quiere mostrarnos esa dimensión de nuestra relación con el Señor. Por eso, nos invita a ser entusiastas y a alegrarnos de corazón por cada persona que, a pesar de haberse alejado de Dios, vuelve a Él y comienza a disfrutar de su perdón, de su amor y ternura. Por sus propias obras, nadie merece ser salvado; pero, por la bondad de Dios, nadie merece ser rechazado. Jesús sigue llamando a cada persona a trabajar en su viña y a todos los creyentes a acoger con alegría a todos los hermanos.
Oración: Padre creador, concédenos que, reconociéndonos como humildes trabajadores de tu viña, seamos portadores de esperanza para todos nuestros hermanos.
Jueves 20
San Bernardo, abad y doctor (MO)
Ez 36, 23-28; Sal 50, 12-15.18-19; Mt 22, 1-14
Evangelio: En aquel tiempo, Jesús volvió a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: «El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar a otros criados encargándoles que dijeran a los convidados: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Vengan a la boda”. Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: “La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Vayan ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encuentren, llámenlos a la boda”. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?”. El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los servidores: “Átenlo de pies y manos y arrójenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”. Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos».
Reflexión: Dios bendijo a su pueblo Israel con toda clase de bendiciones. De él llamó a sus más grandes siervos, como los patriarcas y los profetas. Con la venida de su Hijo Jesucristo, nos enseñó que su bondad es infinita, no se limita a un solo grupo de personas, ya que tiene un carácter universal. Con la parábola de hoy, Jesús advierte contra aquellas personas que se creen dueñas de Dios y que, con sus actitudes, gestos y palabras, cierran las puertas de su salvación a los demás. Así, son ellos quienes realmente se están excluyendo del Reino de Dios que es amor, solidaridad y acogida. Estamos invitados a vestirnos de boda, es decir a vivir siempre de acuerdo con la voluntad de Dios y a glorificarlo por su abundante misericordia.
Oración: Padre bueno, permítenos ser instrumentos de justicia y paz entre las personas y las naciones.
Viernes 21
San Pío X, Papa (MO)
Ez 37, 1-14; Sal 106, 2-9; Mt 22, 34-40
En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en un lugar y uno de ellos, un doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?». Él le dijo: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente». Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». En estos dos mandamientos se sostienen toda la ley y los profetas».
Reflexión: La Buena Nueva de la salvación anunciada por Jesús, con valentía y sin restricciones causa extrañeza y estupor entre las autoridades judías, que ven amenazadas sus seguridades y privilegios. Por eso, buscan entramparlo con preguntas malintencionadas. Pero Jesús va más allá de su requerimiento. Aunque el mandamiento principal es el amor a Dios, Él afirma que sin el amor al prójimo este carece de sentido. Así pues, de acuerdo con la Sagrada Escritura, citada por Jesús, se obedece realmente la Palabra de Dios cuando se le ama a Él y a los semejantes. Este es el centro de la fe.
Oración: Padre santo, concédenos amarte siempre sin medida y amar al prójimo como a nosotros mismos.
Sábado 22
Bienaventurada Virgen María Reina (MO)
Ez 43, 1-7a; Sal 84, 9-14; Mt 23, 1-12
En aquel tiempo, habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: hagan y cumplan todo lo que les digan; pero no hagan lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen. Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame “rabbí”. Ustedes, en cambio, no les dejen llamar “rabbí”, porque uno solo es su maestro, y todos ustedes son hermanos. Y no llamen padre de ustedes a nadie en la tierra, porque uno solo es su Padre, el del cielo. No se dejen llamar maestros, porque uno solo es su maestro, el Mesías. El primero entre ustedes será su servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».
Reflexión: En líneas generales, Jesús concuerda con la enseñanza de los escribas y fariseos, que ofrecían al pueblo estrategias para aplicar la Escritura a sus vidas. El problema no era la doctrina, sino la coherencia de vida. Una catequesis, una homilía, una enseñanza o un consejo pueden ser excelentes, pero, si quien lo pronuncia no está convencido de ello, su eficacia es nula. Eso es lo que ocurre con los líderes religiosos del tiempo de Jesús, que se consideran eximidos de cumplir la voluntad de Dios. Con sus advertencias, Jesús nos pide coherencia, amor y fraternidad. Esas son las verdaderas actitudes que demuestran nuestra condición de Hijos de Dios.
Oración: Señor Jesús, ayúdanos a encarnar cada día más tu Evangelio en nuestras vidas.
Domingo 23
XXI del Tiempo Ordinario
Is 22, 19-23; Sal 137, 1-3.6.8; Rm 11, 33-36; Mt 16, 13-20
Evangelio: En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?». Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas». Él les preguntó: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?». Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo». Jesús le respondió: «¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del Reino de los Cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos». Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que Él era el Mesías.
Reflexión: Jesús es apreciado por muchos, no solo por los cristianos. Pero lo que distingue a los creyentes es la concepción que tenemos de Él. Así, mientras en su tiempo unos lo comparan con el Bautista o con Elías o cualquier otro profeta, Pedro, en nombre de los discípulos, lo confiesa como el Mesías, el Hijo del Dios vivo. Por eso, él recibe del Señor la misión de dirigir a su Iglesia, bajo la luz del Espíritu Santo. Al creer en Jesús, depositamos nuestra confianza en el poder del Padre que nos salva mediante su Mesías, quien no se impone por la fuerza ni la violencia, sino por la potencia del amor sin límites, que se entrega hasta la muerte y una muerte de Cruz.
Oración: Señor Jesús, en ti creemos, en ti tenemos puesta nuestra confianza.
Lunes 24
San Bartolomé, apóstol (F)
Ap 21, 9b-14; Sal 144, 10-13.17-18; Jn 1, 45-51
Evangelio: En aquel tiempo, Felipe encontró a Natanael y le dijo: «Aquel de quien escribieron Moisés en la ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret». Natanael le replicó: «¿De Nazaret puede salir algo bueno?». Felipe le contestó: «Ven y verás». Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tienen a un israelita de verdad, en quien no hay engaño». Natanael le contesta: «¿De qué me conoces?». Jesús le responde: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi». Natanel respondió: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel». Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores». Y le añadió: «Les aseguro que verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del Hombre».
Reflexión: El evangelio de hoy nos deja entrever cuánto marcó a Felipe su encuentro con Jesús. Fue tan crucial que no lo quiso vivir a solas, inmediatamente lo compartió con Natanael. Este, a su vez, no se limita a repetir la vivencia de su amigo, sino que establece una relación propia y particular con Jesús, fruto del profundo conocimiento entre ambos. Por eso, su declaración se convierte en una de las más grandes profesiones de fe, al reconocer a Jesús como Maestro (Rabí), Hijo de Dios y Rey de Israel. Aunque esta declaración es grandiosa, Jesús le promete que, a su lado, la gracia de Dios es ilimitada, por ello verá aún cosas mayores.
Oración: Jesús, concédenos ser testigos de tu Evangelio con nuestras obras y palabras.
Martes 25
San Luis Rey, San José de Calasanz (ML), Beata Tránsito Cabanillas
2 Ts 2, 1-3a.14-17; Sal 95, 10-13; Mt 23, 23-26
Evangelio: En aquel tiempo, Jesús dijo: «¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que pagan el diezmo de la menta, del anís y del comino, y descuidan lo más grave de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad! Esto es lo que habría que practicar, aunque sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que filtran el mosquito y se tragan el camello! ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que limpian por fuera la copa y el plato, mientras por dentro están rebosando de robo y desenfreno! ¡Fariseo ciego!, limpia primero la copa por dentro y así quedará limpia también por fuera».
Reflexión: Al denunciar el comportamiento de los escribas y fariseos, Jesús advierte a sus discípulos no adoptar esas prácticas engañosas. En vez de ello, les pide que sean auténticos cumplidores de la voluntad de Dios. Delante del Señor no importa la cantidad, sino la calidad. Los escribas y fariseos, en vez de comprometerse con los mandamientos que implicaban mayor esfuerzo (solidaridad, misericordia), se obsesionaban por cumplir muchas disposiciones de menos relevancia, pero más numerosas. Esto es hipocresía, dice Jesús. Dios nos exige entrega total y poner en el centro de nuestra vida el amor a Él y al prójimo.
Oración: Padre de bondad, purifica nuestro corazón para ser testigos de tu amor entre nuestros hermanos.
Miércoles 26
Beato Ceferino Namuncurá
2 Ts 3, 6-10.16-18; Sal 127, 1-2.4-5; Mt 23, 27-32
Evangelio: En aquel tiempo, Jesús dijo: «¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que se parecen a los sepulcros blanqueados! Por fuera tienen buena apariencia, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de podredumbre; lo mismo ustedes: por fuera parecen justos, pero por dentro están repletos de hipocresía y crueldad. ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que edifican sepulcros a los profetas y ornamentan los mausoleos de los justos, diciendo: “Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, no habríamos sido cómplices suyos en el asesinato de los profetas!”. Con esto atestiguan en su contra que son hijos de los que asesinaron a los profetas. ¡Colmen también ustedes la medida de sus padres!».
Reflexión: Jesús es misericordioso con los pecadores, pero absolutamente radical con el pecado. Por eso denuncia la actitud hipócrita de los escribas y fariseos. Todo el mérito que alcanzan con el irrestricto cumplimiento de las leyes de Dios lo anulan con su actitud de soberbia y prepotencia. Más les importa aparentar integridad ante la gente, que serlo realmente. Jesús, además, cuestiona la falsa veneración a las personas ilustres del pasado, pues quienes viven de las apariencias prefieren rendir homenaje a los profetas difuntos más que obrar según lo que enseñaron. Dispongámonos, pues, a un profundo compromiso con el Evangelio de Jesucristo.
Oración: Padre misericordioso, límpianos de nuestras vanidades e hipocresías y danos un corazón sincero.
Jueves 27
Santa Mónica (MO)
1 Co 1, 1-9; Sal 144, 2-7; Mt 24, 42-51
Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Estén en vela, porque no saben qué día vendrá su Señor. Comprendan que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría que abrieran un boquete en su casa. Por eso, estén también ustedes preparados, porque a la hora que menos piensen viene el Hijo del Hombre. ¿Quién es el criado fiel y prudente, a quien el señor encarga dar a la servidumbre la comida a sus horas? Bienaventurado ese criado si el señor, al llegar, lo encuentra portándose así. En verdad les digo que le confiará la administración de todos sus bienes. Pero si dijere aquel mal siervo para sus adentros: “Mi señor tarda en llegar”, y empieza a maltratar a sus compañeros, y a comer y a beber con los borrachos, el día y la hora que menos se lo espera, llegará el amo y lo castigará con rigor y le hará compartir la suerte de los hipócritas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes».
Reflexión: Aunque el ímpetu por el encuentro con Jesús lleva a muchas personas a acoger su Evangelio con entusiasmo, Él no pide esas expresiones repentinas y efímeras de fe. Más bien nos exige perseverancia, tal como lo ilustra con esta parábola del siervo que aguarda la llegada de su señor. La constancia en el seguimiento de Jesús exige trabajo permanente, para mantener vivo el entusiasmo inicial y convertirlo en impulso que nos lleve a un compromiso cada vez mayor con el Evangelio. Quien abraza la fe, pero desiste después de un tiempo, queda en las mismas condiciones de aquel que nunca se ha acercado a Dios. El Señor espera y confía en nuestro compromiso constante.
Oración: Señor Jesús, danos la fuerza de tu Espíritu para que seamos constantes en nuestro compromiso cristiano.
Viernes 28
San Agustín, obispo y doctor (MO)
1 Co 1, 17-25; Sal 32, 1-2.4-5.10-11; Mt 25, 1-13
Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El Reino de los Cielos se parece a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes. Las necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite; en cambio, las prudentes se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: «¡Qué llega el esposo, salgan a su encuentro!». Entonces se despertaron todas aquellas vírgenes y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes: «Dennos de su aceite, que se nos apagan las lámparas». Pero las prudentes contestaron: «Por si acaso no hay bastante para ustedes y nosotras, mejor es que vayan a la tienda y se lo compren». Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras vírgenes, diciendo: Señor, señor, ábrenos. Pero él respondió: «En verdad les digo que no las conozco». Por tanto, velen, porque no saben el día ni la hora».
Reflexión: La Palabra de Dios sigue haciéndonos un permanente llamado a la perseverancia en la vivencia del Evangelio. Son múltiples las razones por las que un creyente desiste en el seguimiento del Señor. Pueden producirse tropiezos por circunstancias personales, de la comunidad, la sociedad, la Iglesia o incluso la naturaleza. Jesús sabe que eso ocurre y por ello nos llama a mantenernos en continua actitud de vigilia. Estamos llamados a examinar constantemente nuestra vida para que, allí donde comenzamos a flaquear, recurramos a la fuerza de Dios y encontremos la fortaleza en la debilidad, que nos permita caminar siempre con entusiasmo en la senda de nuestro Señor.
Oración: Padre del cielo, asístenos con tu Espíritu para que estemos siempre preparados para el encuentro definitivo contigo y con tu Hijo.
Sábado 29
Martirio de San Juan Bautista (MO)
Jr 1, 17-19; Sal 70, 1-6.15.17; Mc 6, 17-29
Evangelio: En aquel tiempo, Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel, encadenado. El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo, y Juan le decía que no le era lícito tener la mujer de su hermano. Herodías aborrecía a Juan y quería quitarlo de en medio; no acababa de conseguirlo, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre honrado y santo, y lo defendía. Cuando lo escuchaba, quedaba desconcertado, y lo escuchaba con gusto. La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea. La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven: «Pídeme lo que quieras, que te lo doy». Y le juró: «Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino». Ella salió a preguntarle a su madre: «¿Qué le pido?». La madre le contestó: «La cabeza de Juan, el Bautista». Entró ella en seguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: «Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan, el Bautista». El rey se puso muy triste; pero, por el juramento y los convidados, no quiso desairarla. En seguida mandó a un verdugo para que trajera la cabeza de Juan. Este fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre. Al enterarse sus discípulos, fueron a recoger el cadáver y lo enterraron.
Reflexión: El rey Herodes Antipas era tan déspota como su padre. Aparentaba ser respetuoso de Dios, pero a él no le importaba someterse a la voluntad del Creador, sino aferrarse a su propio poder tiránico. Eso es lo que nos recuerda el evangelista Marcos al narrar el martirio de Juan Bautista. Este enviado de Dios no se dejó amedrentar por el poder del rey. Se mantuvo fiel a su misión y tuvo la valentía de denunciar públicamente los pecados y abusos del gobernante. Consecuencia: persecución, encarcelamiento y muerte. El ejemplo del Bautista nos invita a perseverar en nuestra fe con coraje y coherencia.
Oración: Padre santo, concédenos proclamar el Evangelio de tu Hijo con ímpetu y una firme confianza en ti.
Domingo 30
XXII del Tiempo Ordinario
Jr 20, 7-9; Sal 62, 2-6.8-9; Rm 12, 1-2; Mt 16, 21-27
Evangelio: En aquel tiempo, comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: «¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte». Jesús se volvió y dijo a Pedro: «¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios». Entonces dijo a los discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará. ¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del Hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta».
Reflexión: Jesús no engaña a sus discípulos con falsas promesas, sino que les habla abiertamente de las graves implicancias de vivir de acuerdo con la voluntad de Dios. Él anuncia su pasión, muerte y resurrección abiertamente. Mas Pedro no entiende este estilo de mesianismo y trata de disuadirlo. Jesús, sin embargo, no se decepciona de este discípulo impetuoso, más bien le reitera su llamado al seguimiento: «Ponte detrás de mí». Jesús le aclara a Pedro, y a todos los demás discípulos, que seguirlo implica hacer nuestra la voluntad de Dios, que es amor, entrega y misericordia.
Oración: Señor, tu voluntad busca nuestro bien, ayúdanos a aceptarla y a confiar con alegría.
Lunes 31
San Ramón Nonato, presbítero (ML)
1 Co 2, 1-5; Sal 118, 97-102; Lc 4, 16-30
Evangelio: En aquel tiempo, Jesús fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque Él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor». Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba, se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en Él. Y Él comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acaban de oír». Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: «¿No es este el hijo de José?». Pero Jesús les dijo: «Sin duda me dirán aquel refrán: «Médico, cúrate a ti mismo», haz también aquí, en tu pueblo, lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún». Y añadió: «En verdad les digo que ningún profeta es aceptado en su pueblo, Puedo asegurarles que en Israel había muchas viudas en los días de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías sino a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naamán, el sirio». Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo echaron fuera del pueblo y lo llevaron hasta un precipicio del monte sobre el que estaba edificado su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y siguió su camino.
Reflexión: En la sinagoga de Nazaret, Jesús proclama cuál es la naturaleza de su misión mesiánica. Sus paisanos, sin embargo, parecen no estar a la altura de esa bella noticia, les interesa más los prodigios externos que realiza Jesús. Así dejan entrever su hipocresía y su búsqueda de un mesianismo basado en apariencias, pues, en cuanto Jesús denuncia sus intereses, pretenden asesinarlo. El verdadero creyente no trata de someter a Dios a sus propios caprichos, sino que busca incesantemente cumplir la voluntad del Señor en cada circunstancia de la vida. El desenlace del Evangelio de hoy nos permite comprobar que Dios tiene siempre la última palabra y que no desampara a sus enviados.
Oración: Padre de bondad, permite que vivamos siempre guiados por tu Evangelio de salvación. |