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1MEDITACIÓN DIARIA DEL EVANGELIO - ENERO
-Por Padre Carlos R. De Almeida-

Intención del papa Francisco para el mes de ENERO: Recemos para que los cristianos, los que siguen otras religiones y las personas de buena voluntad promuevan la paz y la justicia en el mundo.

Lunes 30 de diciembre
Día 6° de la octava de Navidad

 Evangelio de Lucas 2, 36-40:
En aquel tiempo, había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, ya muy avanzada en años. De joven había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones día y noche. Presentándose en aquel momento, alababa también a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén. Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, Jesús y sus padres volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él.

Reflexión:
 En el evangelio de hoy corresponde a una ancianita viuda hablarnos de la fe. Durante un rito israelita que pedía consagrar a todo recién nacido a Dios, se encuentra en el templo esta mujer. El texto nos dice que se llamaba Ana y que su padre tenía por nombre Fanuel. Pero lo importante es su vida de oración: nunca salía del templo y servía al Señor con ayunos y oraciones. La viudez la consagró a Dios sirviéndole a través de una de las misiones más hermosas e incomprendidas que hay en la Iglesia: la oración. Su contacto íntimo con Dios a través del diálogo le permitió abrir la sensibilidad de su corazón y tuvo el don maravilloso de identificar en el niño de María al liberador de Jerusalén. Vejez hermosamente vivida, que se acrecienta con carismas recibidos y cultivados en el silencio piadoso de la oración. 

Martes 31 de diciembre
San Silvestre I

Evangelio de Juan 1, 1-18:
 En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio junto a Dios. Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: este venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz. El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo. En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron. Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre. Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios. Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: “Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo”. Pues de su plenitud todos hemos recibido gracia tras gracia. Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

Reflexión:

 Terminamos este año con la lectura del célebre prólogo del evangelio de Juan: “En el principio ya existía la Palabra; y Aquel que es la Palabra estaba con Dios y era Dios. Él estaba en el principio con Dios. Por medio de él, Dios hizo todas las cosas. Nada de lo que existe fue hecho sin él”. Cada uno de los versículos de este texto es una profunda reflexión teológica sobre Jesús de Nazaret, que ahora Juan contempla bajo una profunda mirada de fe, como el Hijo de Dios, como el Verbo o la Palabra de Dios, que estaba junto a Dios. El Niño de Belén, el hijo de José y María, el que murió en la Cruz, el que resucitó de entre los muertos, es el mismo Dios, como Hijo, que vino a nosotros. Tomó nuestra condición humana; padeció lo que padecemos; luchó como un hombre cualquiera para que cualquiera que lo acepte sea como Dios, sea Hijo de Dios.

 

MIÉRCOLES 1 DE ENERO
Santa María Madre de Dios

Evangelio de Lucas 2, 16-21:
En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho. Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

Reflexión:
Hoy, primer día del año, nos ponemos bajo la tierna protección de María, celebrando la primera verdad de fe que confesamos sobre Ella: su Maternidad divina, proclamada en el Concilio de Éfeso (431). María es la Madre de Dios porque de Ella nació Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, verdadero Dios y verdadero hombre. Nunca estará de más insistir en la íntima unión que hay entre Jesús y María; aprendamos de la Virgen, a tener una verdadera familiaridad con el Señor. El Evangelio de hoy nos habla de que todo lo que la Virgen veía de Jesús lo guardaba y lo meditaba en su corazón. También nosotros, tal como lo hizo la Madre de Dios, en su caminar por este mundo, estamos llamados a meditar siempre en la vida de Cristo, solo así podremos forjar una sólida amistad con Él.

Jueves 2 de enero
Ss. Basilio y Gregorio, obispos y doctores

Evangelio de Juan 1, 19-28:
En medio de ustedes hay uno que no conocen Este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan a que le preguntaran: «¿Tú quién eres?». Él confesó y no lo ocultó, sino que dijo claramente: «Yo no soy el Mesías». Le preguntaron: «¿Entonces, ¿qué? ¿Eres tú Elías?». Él dijo: «No lo soy». «¿Eres tú el Profeta?». Respondió: «No». Y le dijeron: «¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?». Él contestó: «Yo soy la voz que grita en el desierto: «Allanen el camino del Señor», como dijo el profeta Isaías». Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: «Entonces, ¿por qué bautizas si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?». Juan les respondió: «Yo bautizo con agua; pero en medio de ustedes hay uno que no conocen, que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de su sandalia». Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando.

Reflexión:
 La vida de Juan el Bautista nos ayuda a examinarnos con profundidad. Un detalle concreto del Evangelio de hoy, en el que podríamos fijarnos, es la humildad de Juan, pues él no busca ser el protagonista. En efecto, ante las preguntas que le hacen, sabe muy bien que el único salvador es Jesús. Aprendamos de Juan el Bautista a colocarnos en nuestro debido lugar: somos portavoces de Cristo, pero nunca debemos buscar ser los protagonistas. La única luz es Cristo. Lo nuestro es imitar al Bautista, portar la luz; pero nunca suplantarla. Pidamos a Juan el Bautista que interceda por nosotros para ser humildes y estar realmente convencidos de que nuestra misión, en la Iglesia, es orientar a todos a Cristo porque Él es el único Salvador.  

Viernes 3 de enero
Santísimo Nombre de Jesús

 Evangelio de Juan 1, 29-34:
                Al día siguiente, Juan el Bautista al ver que Jesús venía hacia él, exclamó: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. A él me refería yo cuando dije: “Después de mí viene uno que es superior a mí, porque existía antes que yo”. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que él fuera manifestado a Israel». Y Juan dio testimonio diciendo: «He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo”. Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios».

Reflexión:
El cordero era sacrificado en el templo de Jerusalén, por el pueblo judío, como un rito que mostraba la necesidad que tenían de ser redimidos por Dios. Jesús, lo dice Juan el Bautista, es el verdadero Cordero porque es el único que ha realizado el sacrificio capaz de salvar a todos los hombres. En la cruz, Jesús se revela como el Cordero sacrificado. Y ese mismo sacrificio, no otro, es el que se actualiza en cada celebración eucarística. Prestemos atención cuando el sacerdote muestra la hostia santa diciendo: «Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo». Vivamos la celebración eucarística con la plena conciencia de que estamos llamados a unirnos al sacrificio del Cordero.

Sábado 4 de enero
Santa Yolanda, Beata Ángela de Foligno

Evangelio de Juan 1, 35-42:
 En aquel tiempo, estaba Juan Bautista con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: «Este es el Cordero de Dios». Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: «¿Qué buscan?». Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?». Él les dijo: «Vengan y lo verán». Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo)». Y lo llevó a Jesús. Jesús mirándolo le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que significa Pedro)».

Reflexión:
Seguimos contemplando la misión de Juan el Bautista, y el Evangelio de hoy nos permite fijarnos en un detalle que es muy necesario poner en práctica, como miembros de la Iglesia. ¿Cuál es? Llevar a los demás a Jesús. Es lo que se llama el apostolado. Tenemos que decirle a los demás, comenzando en nuestra casa: «Anda a Jesús, el Cordero de Dios, Él es el único que salva». Cuando nosotros somos instrumentos del Señor para acercar a alguien a Él, no solo cumplimos nuestra misión de apóstoles, sino que hacemos la mejor obra de caridad: no hay nada mejor que podamos hacer por el prójimo que facilitarle un encuentro con el Señor. Seamos también como Andrés, que, tras su encuentro con Jesús, gracias al Bautista, no se quedó callado, sino que le comunicó esa buena noticia a su hermano, Simón. Y esto le cambió la vida.

Domingo 5 de enero

Evangelio de Jn 1, 1-18:
               En el principio ya existía la Palabra; y aquel que es la Palabra estaba con Dios y era Dios. Él estaba en el principio con Dios. Por medio de él, Dios hizo todas las cosas; nada de lo que existe fue hecho sin él. En él estaba la vida, y la vida era la luz de la Humanidad. Esta luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no han podido apagarla.
Hubo un hombre llamado Juan, a quien Dios envió como testigo, para que diera testimonio de la luz y para que todos creyeran por lo que él decía. Juan no era la luz, sino un enviado a dar testimonio de la luz. La luz verdadera que alumbra a toda la humanidad venía a este mundo.
Aquel que es la Palabra estaba en el mundo; y, aunque Dios hizo el mundo por medio de él, los que son del mundo no lo reconocieron. Vino a su propio mundo, pero los suyos no lo recibieron. Pero a quienes lo recibieron y creyeron en él, les concedió el privilegio de llegar a ser hijos de Dios. Y son hijos de Dios, no por la naturaleza ni los deseos humanos, sino porque Dios los ha engendrado.
Aquel que es la Palabra se hizo hombre y vivió entre nosotros. Y hemos visto su gloria, la gloria que recibió del Padre, por ser su Hijo único, abundante en amor y verdad. Juan dio testimonio de él, diciendo: “Este es aquel a quien yo me refería cuando dije que el que viene después de mí es más importante que yo.”
De su abundancia todos hemos recibido un don en vez de otro; porque la ley fue dada por medio de Moisés, pero el amor y la verdad se han hecho realidad por medio de Jesucristo. Nadie ha visto jamás a Dios; el Hijo único, que es Dios y que vive en íntima comunión con el Padre, es quien nos lo ha dado a conocer.

Reflexión:
Dios está con nosotros. Y no de cualquier manera. En medio de una peripecia tan humana como un censo, en el transcurso de un viaje, le correspondió a María dar a luz a su hijo, al Hijo de Dios. María se vuelve así la Madre de Dios, porque nos regala al Salvador. El Hijo de Dios se digna venir a nuestras vidas, naciendo en un establo, representado en muchos hogares con un humilde pesebre. ¿Quién comprenderá la lógica de Dios? ¿Quién puede pensar que Dios prefiere la sencillez, incluso la pobreza de un sitio donde solo hay animales que se protegen del frío? Ese Dios es alucinante, desconcertante.   

Lunes 6 de enero
EPIFANÍA DEL SEÑOR

Evangelio de Mateo 2, 1-12:
                Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo». Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y toda Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: “Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea, pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel”». Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: «Vayan y averigüen cuidadosamente acerca del niño y, cuando lo encuentren, avísenme, para ir yo también a adorarlo». Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que se detuvo en el lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo sido advertidos en sueños, para que no volvieran a donde estaba Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.

Reflexión:
Hoy es la solemnidad de la Epifanía del Señor. La palabra epifanía es griega y significa «manifestación». En el pasaje de la adoración de los magos de Oriente, Jesús se manifiesta como el Salvador de todos los hombres. En efecto, el Señor ha venido para que todos los hombres, de diferentes razas, condición social y credo reciban la salvación. Para Jesús todos somos receptores de la salvación. Y nosotros estamos llamados a imitar la actitud de los magos de Oriente, que van a adorar a Jesús. Estamos llamados a ser adoradores del Señor, a reconocer su condición divina oculta en su humanidad. Al mismo tiempo, podemos ofrecerle todos los días, al Señor, el oro de nuestra caridad, la mirra de nuestros sacrificios y el incienso de nuestra oración.

Martes 7 de enero
San Raimundo de Peñafort

Evangelio de Marcos 6, 34-44:
 En aquel tiempo, Jesús vio una multitud y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas. Cuando se hizo tarde se acercaron sus discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y ya es muy tarde. Despídelos, que vayan a los pueblos y caseríos de alrededor y compren algo de comer». Él les respondió: «Denles ustedes de comer». Ellos le preguntaron: «¿Vamos a ir a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?». Él les dijo: «¿Cuántos panes tienen? Vayan a ver». Cuando lo averiguaron le dijeron: «Cinco, y dos peces». Él les mandó que hicieran recostarse a la gente sobre la hierba en grupos. Ellos los hicieron sentarse por grupos de cien y de cincuenta. Y tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran. Y repartió entre todos los dos peces. Comieron todos y se saciaron, y recogieron las sobras: doce canastas de pan y de peces. Los que comieron eran cinco mil hombres.

Reflexión:
 Un detalle del Evangelio de hoy, que nos puede ayudar a nuestra oración, es la mirada que hace Jesús sobre una multitud hambrienta. Es una mirada misericordiosa. El Señor sabe muy bien lo que necesita su pueblo. Él conoce la indigencia de la multitud y, sobre todo, se compadece de la gente porque estaba como ovejas sin pastor. Es la indigencia espiritual. Aprendamos del Maestro a percibir las necesidades espirituales de los demás, lo cual no se opone a preocuparnos también por las necesidades materiales, tal como lo hizo Jesús, quien dio de comer a una multitud. Qué duda cabe de que la miseria espiritual hace mucho daño al hombre, y esa miseria consiste en vivir sin Jesús. Utilicemos todos los medios que estén a nuestro alcance para que quien esté necesitado logre descubrir al Señor en su vida.

Miércoles 8 de enero
San Severino, San Luciano

Evangelio de Marcos 6, 45-52:
 En aquel tiempo, después de la multiplicación de los panes, Jesús enseguida obligó a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran hacia la orilla de Betsaida, mientras él despedía a la gente. Y después de despedirse de ellos, se retiró al monte a orar. Llegada la noche, la barca estaba en medio del mar, y Jesús solo en tierra. Viendo que remaban con dificultad, porque tenían viento en contra, a eso de la madrugada, fue hacia ellos caminando sobre el mar, e hizo como si pasara de largo. Ellos, viéndolo caminar sobre el mar, pensaron que era un fantasma y dieron un grito, porque todos al verlo se habían asustado. Pero él les habló enseguida y les dijo: «Ánimo, soy yo, no tengan miedo». Entró en la barca con ellos, y el viento se calmó. Ellos estaban llenos de estupor, pues no habían comprendido el milagro de los panes, porque tenían la mente embotada.

Reflexión:
Podemos fijarnos en el estupor de los discípulos, quienes, al ver a Jesús caminando sobre el mar, llenos de miedo, piensan que es un «fantasma». Pero el Señor los calma, les quita el miedo, les muestra que están equivocados. Cuando una persona tiene una visión deformada de Jesús, es imposible que lo pueda seguir con radicalidad. Hoy en día, ¡cuántos errores sobre Jesús escuchamos!, algunos piensan que es solo un profeta o un hombre extraordinario o una especie de ser divino, incluso hay quienes ponen en duda su historicidad. Nosotros profesamos la fe de la Iglesia sobre Jesús. Es por eso que decimos con claridad que Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre, el único Salvador, el que trae sentido a nuestra vida. Nadie se compara a Jesús.

Jueves 9 de enero
San Julián, mártir; Santa Lucrecia

Evangelio de Lucas 4, 14-22:
En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu, y su fama se extendió por toda la región. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan. Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor». Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles: «Hoy se cumple esta Escritura que acaban de oír». Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios.

Reflexión:
El Evangelio de hoy nos presenta a Jesús que proclama, en Galilea, que Él es el Ungido anunciado por Isaías y que viene a liberar a los oprimidos. ¡Qué importante es conocer el Antiguo Testamento para comprender a Jesús! En este sentido, la Iglesia, a lo largo del año litúrgico, medita diversos pasajes del Antiguo Testamento para mostrar a los fieles cómo Jesús es Aquel en quien todas las promesas salvíficas tienen su cumplimiento. Descubramos en los textos de la Antigua Alianza, que escuchamos en la misa, la presencia escondida del Salvador y tomemos conciencia de que Dios siempre cumple lo que promete. En Cristo, Dios ha cumplido todo lo que anunció en el Antiguo Testamento.

Viernes 10 de enero
San Gonzalo; Beata Ana de los Ángeles

Evangelio de Lucas: 5, 12-16:
Una vez, estando Jesús en un pueblo, se presentó un hombre cubierto de lepra; al ver a Jesús se postró ante él y le suplicó: «Señor, si quieres, puedes limpiarme». Jesús extendió la mano y lo tocó diciendo: «Quiero, queda limpio». Y enseguida desapareció la lepra. Jesús le mandó que no lo dijera a nadie, y añadió: «Ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación la ofrenda que mandó Moisés para que les sirva de testimonio». Se hablaba de él cada vez más, y acudía mucha gente a oírle y a que los curara de sus enfermedades. Pero él solía retirarse a lugares solitarios para orar.

Reflexión:
 Hoy se habla bastante de la inclusión social, lo cual está bien. Pero no debemos olvidar que el primero que la practicó fue Jesús. Para Él nos hay descartados ni personas de segunda categoría. Él siempre considera a todos importantes, tal como lo aprendemos en el Evangelio de hoy, que nos presenta cómo el Señor acoge a un leproso, quien era considerado entonces como un «ser impuro» y, por ello, se le marginaba. Jesús, con su gesto de cercanía hacia el leproso, que llega al extremo de tocarle la carne enferma, nos enseña con claridad que no debemos tener repugnancia ante ninguna persona. Mostremos con nuestra acogida a todos, sea quien sea, que seguimos al Maestro. Seamos promotores de una verdadera inclusión social, al estilo del Evangelio.  

 

Sábado 11 de enero
San Higinio, papa y mártir; San Alejandro

Evangelio de Juan 3, 22-30:
En aquel tiempo, fue Jesús con sus discípulos a Judea, se quedó allí con ellos y bautizaba. También Juan estaba bautizando en Enón, cerca de Salín, porque había allí agua abundante; la gente acudía y se bautizaba. Juan todavía no había sido encarcelado. Se originó entonces una discusión entre un judío y los discípulos de Juan acerca de la purificación; ellos fueron a Juan y le dijeron: «Maestro, el que estaba contigo en la otra orilla del Jordán, de quien tú has dado testimonio, ese está bautizando, y todo el mundo acude a él». Contestó Juan: «Nadie puede atribuirse nada, si no se lo dan desde el cielo. Ustedes mismos son testigos de que yo dije: “Yo no soy el Mesías, sino que me han enviado delante de él”. En una boda, el que lleva a la esposa es el esposo; pero el amigo del esposo, que está allí y lo escucha, se llena de alegría al oír su voz. Por eso mi gozo es ahora completo. Es necesario que él crezca y que yo disminuya».

Reflexión:
 Jesús es el esposo de la Iglesia, aquel que ha venido a entregar la vida por su esposa, la Iglesia, para que sea santa e inmaculada (Ef 5, 25-26). Y nosotros estamos llamados a ser los amigos del esposo, tal como lo hizo san Juan Bautista. Si somos los amigos del esposo podremos participar con gozo de las bodas eternas entre Cristo y su Iglesia. Imitemos las actitudes del precursor del Señor para ser verdaderos amigos del esposo, imitemos esa decidida voluntad de Juan para que solo Cristo se luzca. Lo nuestro es desaparecer, pasar a un segundo plano; quien tiene que resaltar siempre y en todo lugar donde estemos es Jesús. Nuestra gran alegría, nuestro gran gozo es celebrar siempre al esposo, Cristo Jesús. 

Domingo 12 de enero
Bautismo del Señor

 Evangelio de Mateo 3, 13-17:
 En aquel tiempo, Jesús fue de Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara. Pero Juan intentaba impedírselo, diciéndole: «Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?». Jesús le contestó: «Déjalo así por ahora. Está bien que cumplamos todo lo que Dios quiere». Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrió el cielo y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz del cielo que decía: «Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto».

Reflexión:
 Hoy la Iglesia celebra la fiesta del Bautismo del Señor. Contemplamos a Jesús que se pone en la fila de los pecadores para recibir el bautismo de Juan, en el río Jordán. De esta manera, Jesús se manifiesta como el Dios amigo y solidario de todos los hombres. ¡Qué humildad la del Señor! Ha querido pasar por un rito que tenía sentido penitencial. Así nos enseña que ha cargado con todas nuestras miserias para lavarlas con su sangre preciosa. Y no olvidemos que Jesús ha traído el verdadero Bautismo. Él nos purifica con las aguas bautismales gracias a su muerte y resurrección. Hoy es un buen día para renovar nuestras promesas bautismales. Tomemos conciencia que el día de nuestro bautismo, a través de nuestros padres y padrinos, renunciamos al demonio, a sus pompas y a sus obras. Un bautizado debe vivir siempre con Cristo Jesús.

Lunes 13 de enero
San Hilario

Evangelio de Marcos 1, 14-20:
 Después de que Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: «Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios está cerca: conviértanse y crean en el Evangelio». Pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón, que eran pescadores y estaban echando las redes en el mar. Jesús les dijo: «Vengan conmigo y les haré pescadores de hombres». Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca reparando las redes. Al instante los llamó. Y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los trabajadores, se fueron con él.

Reflexión:
 En este tiempo ordinario comenzamos a recorrer el ministerio público de Jesús. Hoy, el Evangelio nos presenta lo que significa la vocación; es decir, el llamado que Jesús hace a cuatro personas: Simón, Andrés, Santiago y Juan. Dentro de los muchos detalles de este relato podemos fijarnos solo en el verbo «vio», que tiene como sujeto a Jesús. ¡Cómo habrá sido esa mirada del Señor! Fue una mirada de predilección. Hoy también el Señor nos ve con predilección, en efecto, cada uno es visto con misericordia por Jesús. A nosotros también el Señor nos llama para seguirle porque todos tenemos una determinada vocación y lo importante es ser fieles al seguimiento a Cristo. Aprendamos de estos cuatro apóstoles a dejar de lado todo lo que impide nuestro seguimiento a Cristo

Martes 14 de enero
San Félix de Nola

Evangelio de Marcos 1, 21-28:
  Jesús y sus discípulos entraron en Cafarnaún, y al llegar el sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar. La gente se asombraba de su enseñanza, porque les ensenaba con autoridad y no como los escribas. Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar: «¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres tú: el Santo de Dios». Jesús lo increpó: «Cállate y sal de él». El espíritu inmundo lo retorció violentamente y, dando un grito muy fuerte, salió de él. Todos se preguntaron estupefactos: «¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, enseñada con autoridad! Manda incluso a los espíritus inmundos y lo obedecen». Su fama se extendió enseguida, por todas partes, en toda la región de Galilea.

Reflexión:
 La gente, nos dice el Evangelio de hoy, estaba asombrada de la doctrina de Jesús, pues predicaba con autoridad. En efecto, Jesús proclamaba el Evangelio con la autoridad propia de ser Dios hecho hombre, y ante el cual el maligno quedaba derrotado. Además, la autoridad de Jesús le viene de su testimonio, pues, donde pasaba, hacía el bien. También nosotros estamos llamados a anunciar el Evangelio, la Buena Noticia, con la autoridad del testimonio. ¿Con qué autoridad moral vamos a anunciar la Buena Noticia si nuestra vida va por otro lado? San Pablo VI decía que el hombre de hoy escucha mejor a los que dan testimonio que a los maestros, y si escucha a los maestros, es porque dan testimonio.

Miércoles 15 de enero
San Mauro, abad; Santa Raquel

Evangelio de Marcos 1, 29-39:
En aquel tiempo, al salir Jesús y sus discípulos de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; se lo dijeron a Jesús y él se acercó, la tomó de la mano y la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles. Al anochecer, cuando ya se había puesto el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar. Se levantó de madrugada y cuando todavía estaba muy oscuro, se fue a un lugar solitario y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron a buscarlo y al encontrarlo, le dijeron: «Todo el mundo te busca». Él les respondió: «Vámonos a otra parte, a los pueblos cercanos, para predicar también allí; que para eso he venido». Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando a los demonios.

Reflexión:

Jesús cura a la suegra de Simón, quien estaba postrada en cama por una fiebre. El Señor, al tomarla de la mano, hizo que esta mujer se levantara de la cama y se pusiera a servirles. Hoy también necesitamos que el Señor nos tome de la mano y nos libre de la peor fiebre. ¿Cuál es esa fiebre? El egoísmo que nos postra y nos paraliza para que no sirvamos a los demás. Una persona egoísta es incapaz de salir de su cápsula, de su comodidad, y por eso no se pone a disposición de los demás. Cuando se mete el egoísmo en la vida de alguien, el ambiente donde se desenvuelve queda profundamente afectado porque un egoísta quiere que todo gire en torno a él. Pidámosle al Señor, en nuestra oración diaria, que nos saque de esa fiebre nefasta del egoísmo que nos atenaza y que tanto daño hace a los demás.

 

Jueves 16 de enero
San Marcelo I, papa

Evangelio de Marcos 1, 40-45:
  En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme». Jesús sintió compasión, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero: queda limpio». La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio. Jesús lo despidió, encargándole severamente: «No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés». Pero cuando se fue, se puso a pregonarlo y a divulgar el hecho, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en lugares solitarios; y aun así acudían a él de todas partes.

Reflexión:
El leproso que aparece en el Evangelio de hoy nos enseña a pedir al Señor. Aprendamos de este hombre enfermo a no exigirle al Señor. Este leproso, que tanto está sufriendo, le pide a Jesús su curación; pero antes dice: «Si quieres…». ¡Qué delicadeza para pedir! Se pone en una total disposición a la voluntad de Jesús. Y el Señor no se deja ganar en generosidad, Él quiere curarle y lo hace tocándole la carne enferma. Imitemos la petición del leproso. En la oración no vamos a exigirle a Dios, sino a abandonarnos en Él. En este sentido, digamos siempre: «Señor, si quieres dame esto o aquello, solo si quieres Señor, que yo estoy contento con lo que tú me des, que siempre será lo mejor para mí». 

Viernes 17 de enero
San Antonio, abad

 Evangelio de Marcos 2, 1-12:
                El Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados Cuando a los pocos días Jesús volvió a Cafarnaún, se supo que estaba en casa. Acudieron tantos que no quedaba sitio ni siquiera junto a la puerta. Y Él les anunciaba la palabra. Entonces, le trajeron entre cuatro un paralítico y, como no podían acercarlo a Jesús, a causa del gentío, abrieron el techo encima de donde estaba él y, a través de la abertura que hicieron, descolgaron la camilla con el paralítico. Viendo Jesús la fe que tenían, le dice al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados». Unos escribas, que estaban allí sentados, pensaban en sus corazones: «¿Por qué este habla así? ¡Blasfema! ¿Quién puede perdonar los pecados, sino solo uno, Dios?». Jesús, dándose cuenta enseguida de lo que pensaban, les dijo: «¿Por qué piensan así en sus corazones? ¿Qué es más fácil: decirle al paralítico: “Tus pecados te son perdonados”, o decirle: “¿Levántate, toma tu camilla y camina”? Pues, para que sepan, el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados —dice al paralítico—: A ti te digo: levántate, toma tu camilla y vete a tu casa». Se levantó inmediatamente, tomó su camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron admirados y daban gloria a Dios, diciendo: «Nunca hemos visto una cosa igual».

Reflexión:
A Jesús le interesa toda la persona. La salvación obrada por Jesús es integral. En efecto, Él ha venido a salvar al hombre completo, que es unidad de cuerpo y alma. Es lo que aprendemos del pasaje del Evangelio de hoy. Contemplamos a Jesús que le dice primero al paralítico: «Hijo, tus pecados quedan perdonados». Es decir, primero le sana el alma, su interioridad. Y, luego, Jesús hace que el paralítico se levante haciéndole caminar: «Levántate, coge tu camilla y vete a tu casa». También nosotros debemos preocuparnos del hombre completo. No debemos caer ni en el espiritualismo ni en el materialismo. Estemos atentos a las necesidades espirituales y materiales de los demás, sobre todo de los que están a nuestro lado.

Sábado 18 de enero
Santa Margarita de Hungría; Santa Prisca

Evangelio de Marcos 2, 13-17:
En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a la orilla del mar; toda la gente acudía a él y Él les enseñaba. Al pasar, vio a Leví, hijo de Alfeo, sentado junto a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: «Sígueme». Él se levantó y lo siguió. Y sucedió que, estando Jesús a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores se sentaron con Él y sus discípulos, pues eran numerosos los que le seguían. Algunos escribas de los fariseos, al ver que comía con publicanos y pecadores, dijeron a sus discípulos: «¿Por qué come con publicanos y pecadores?». Jesús lo oyó y les dijo: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores».

Reflexión:
Desde la lógica farisea, Leví o Mateo tenía gran inconveniente para ser considerado justo. ¿Qué inconveniente? Era publicano. Y, en la época de Jesús, los publicanos eran llamados «pecadores», no solo porque trabajaban para los romanos cobrando los impuestos, sino porque, por lo general, no eran honestos en la recaudación. Pero a Jesús no le importa todo eso, Él ha venido a llamar a los pecadores y todos somos pecadores. Leví fue receptor de la misericordia divina: ante la mirada compasiva del Señor y una sola palabra («sígueme»), se levantó del lugar donde estaba y comenzó una aventura maravillosa al lado del Señor. Hoy es san Mateo. Actualicemos esta escena en nuestra vida, que no nos desanime nuestra condición pecadora, lo importante es dejar que Cristo nos saque de ese estado con su misericordia.

Domingo 19 de enero
II del Tempo Ordinario

Evangelio de Juan 1, 29-34:
 Al día siguiente, Juan el Bautista, al ver que Jesús venía hacia él, exclamó: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. A él me refería yo cuando dije: “Después de mí viene uno que es superior a mí, porque existía antes que yo”. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que él fuera manifestado a Israel». Y Juan dio testimonio diciendo: «He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo”. Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios». La Iglesia está llamada a ser como Juan Bautista, en el mundo. 

Reflexión:
En este sentido, fijémonos en dos puntos del Evangelio de hoy. Un primer punto es que la Iglesia debe enfatizar, al igual que lo hizo Juan, que el centro de su predicación es Jesús. En efecto, la Iglesia no se anuncia a ella misma —en palabras del papa Francisco, la Iglesia «no es autorreferencial»— sino que anuncia a Cristo como único Salvador del mundo. Y si deja de anunciar a Cristo, deja de cumplir su misión. Un segundo punto es el testimonio. Juan el Bautista dio testimonio de que Jesús es el Hijo de Dios. De la misma manera, nosotros, miembros vivos de la Iglesia, estamos llamados a dar testimonio, con una vida marcada por la fe, de que Jesús es el enviado por el Padre. Y nunca estará de más enfatizar que, cuando hablamos de una vida marcada por la fe, estamos señalando una vida que refleja a Cristo.

Lunes 20 de enero
Santos Fabián, papa y Sebastián, mártires

Evangelio de Marcos 2, 18-22:

En aquel tiempo, los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando. Vinieron unos y preguntaron a Jesús: «Por qué los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan; en cambio, ¿tus discípulos no ayunan?». Jesús les contestó: «¿Es que pueden ayunar los amigos del esposo mientras el esposo está con ellos? Mientras el esposo está con ellos no pueden ayunar. Llegarán días en que les será arrebatado el esposo, entonces, aquel día sí que ayunarán. Nadie cose un remiendo de tela nueva sobre un vestido viejo, porque el remiendo nuevo encoge y rompe el vestido viejo, y la rotura se hace más grande.  Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque el vino revienta los odres, y se pierde el vino y los odres; sino vino nuevo en odres nuevos».

Reflexión:

Jesús es el vino nuevo que exige un odre nuevo, ese odre es nuestro corazón. En verdad, Jesús es aquel vino nuevo anunciado por los profetas, en sus referencias al Mesías. Uno de los signos de la presencia del Mesías, según los profetas, era la abundancia de vino. Jesús trae la verdadera novedad, Él nos saca de nuestros esquemas aburridos, Él trae la gran fiesta, pues nos comunica su amor, que no tiene límites. Cristo es el Dios cercano que nos transforma con su gracia desde dentro; pero que también exige de nosotros una apertura total. Acojamos la gran novedad, que es Cristo, con un corazón abierto de par en par a su gracia. En Cristo, todo se renueva.

Martes 21 de enero
Santa Inés, virgen y mártir

Evangelio de Marcos 2, 23-28:
Un sábado atravesaba el Señor un sembrado; mientras andaban, los discípulos iban arrancando espigas. Los fariseos le dijeron: «Mira, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido?» Él les respondió: «¿Nunca han leído lo que hizo David cuando tuvo necesidad, y él y los que le acompañaban sintieron hambre? Entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes presentados, que sólo pueden comer los sacerdotes, y les dio también a sus compañeros». Y añadió: «El sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado; así que el Hijo del hombre es señor también del sábado».

Reflexión:

 Jesús nos enseña que, para Dios, primero es la persona humana. Pero no solo lo enseña, sino que es el primer defensor del hombre. En el Evangelio de hoy aprendemos cómo Jesús pone las leyes al servicio de la persona. Hoy vivimos en un tiempo en que, constantemente, se pisotea la dignidad de la persona humana, por ejemplo, con leyes que legitiman verdaderos atentados contra el valor sagrado del ser humano, como es el caso de las leyes abortistas. Ante todo, esto, nos hace bien escuchar, de los labios de Jesús, que el sábado se hizo para el hombre y no a la inversa. En otras palabras, las leyes están para cuidar al hombre. Pero no basta escucharlo, hay que promover, ahí donde estamos, una decidida defensa de la dignidad de la persona humana.

Miércoles 22 de enero
Beata Laura Vicuña; San Vicente, diácono y mártir

Evangelio de Marcos 3, 1-6:
                En aquel tiempo, Jesús entró otra vez en la sinagoga. Había allí un hombre que tenía una mano paralizada. Lo estaban observando, para ver si curaba en sábado y acusarlo. Jesús le dijo al hombre que tenía la mano paralizada. «Levántate y ponte en medio». Y a ellos les preguntó: «¿Está permitido en sábado hacer el bien o hacer el mal?, ¿salvar una vida o dejarla morir?». Ellos se quedaron callados. Entonces, mirándolos con ira, apenado por la dureza de su corazón, dijo al hombre: «Extiende la mano». El hombre la extendió y la mano quedó restablecida. Y en cuanto salieron de la sinagoga, los fariseos se pusieron de acuerdo con los herodianos para acabar con él.

 Reflexión:

Jesús nos enseña que para hacer el bien no hay límites de ningún tipo, ni de espacio ni de tiempo. El Señor, nos narra el Evangelio, curó a un hombre cuya mano estaba paralizada. Lo hizo el sábado, día sagrado para los judíos y, además, en la sinagoga, lugar sagrado donde se proclamaba la Escritura. Aprendamos del Maestro a hacer el bien sin poner condicionamientos de lugar o tiempo. Muchas veces nosotros, los discípulos de Cristo, ponemos excusas para no difundir el bien y lo hacemos con argumentos insostenibles de que no es el momento ni el lugar. La consecuencia primera es que el mal gana terreno. Pidámosle al Señor que nos sacuda de ese estado de falsa prudencia.

Jueves 23 de enero
Santa Virginia; San Ildefonso de Toledo, obispo

Evangelio de Marcos 3, 7-12:
En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar, y lo siguió una gran muchedumbre de Galilea. Al enterarse de las cosas que hacía, acudía mucha gente de Judea, de Jerusalén y de Idumea, de la Transjordania, de las cercanías de Tiro y Sidón. Entonces encargó a sus discípulos que le prepararan una barca para que la multitud no lo apretujara. Como había curado a muchos, todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo. Cuando lo veían, hasta los espíritus inmundos se postraban ante él, gritando: «Tú eres el Hijo de Dios». Pero él les prohibía severamente que lo diesen a conocer.

Reflexión:

Fijémonos en la actitud de los demonios. Dice el Evangelio que los espíritus malignos se postraban ante Jesús y proclamaban que es el Hijo de Dios. Aquí encontramos una verdad, ¿cuál es? Los demonios conocen a Jesús, saben quién es, reconocen que es el Hijo. Sin embargo, hay algo que ellos no hacen y sí lo hacemos nosotros: ellos no adoran al Señor, pues están con todo su ser totalmente desviados con relación a Dios. En cambio, nosotros estamos llamados a orientar todas nuestras vidas a ese Dios que es Amor y debe ser una orientación total, radical, no a medias. Para ello, no basta proclamar la verdad de Jesús, también los demonios lo hacen, sino vivir la adoración al único Dios vivo y verdadero

Viernes 24 de enero
San Francisco de Sales, obispo y doctor

Evangelio de Marcos 3, 13-19:

En aquel tiempo, Jesús subió a la montaña, llamó a los que quiso y se fueron con él. E instituyó a Doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar con poder de expulsar demonios: Simón, a quien puso el nombre de Pedro, Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan, a quienes puso el nombre de Boanerges —es decir, los hijos del trueno—, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el hijo de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo y Judas Iscariote, el que lo entregó.

Reflexión:
Hoy aparece la lista de los Doce. Es un texto que nos permite tomar conciencia de que formamos parte de la Iglesia, que es apostólica. En efecto, la Iglesia católica es apostólica, en primer lugar, porque se inicia con el grupo de los Doce. Además, hoy la Iglesia está gobernada por los sucesores de los apóstoles, que son los obispos, siendo el sucesor de Pedro, el papa. Asimismo, nosotros creemos, celebramos y vivimos la misma fe de los Doce apóstoles. Tampoco debemos olvidar que, desde el día de nuestro Bautismo, tenemos una misión apostólica: somos llamados por Jesús para estar con Él y para evangelizar. ¡Cumplamos nuestra misión de apóstoles de Cristo!

Sábado 25 de enero
Conversión de San Pablo, apóstol

Evangelio de Marcos 16, 15-18:
En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: «Vayan al mundo entero y proclamen el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos».

Reflexión:

El Evangelio nos presenta el mandato misionero. No es una invitación, sino una orden: «Vayan por todo el mundo proclamando la Buena Noticia». Todo el que se encuentra con Cristo está llamado a evangelizar. Esto es lo que pasó con Pablo, el apóstol de los gentiles. Tras su encuentro con Cristo, camino a Damasco, todo cambió en su vida, pues el Señor es el único que nos transforma de verdad, el que nos da la vida verdadera. La conversión de Pablo nos enseña, a todos nosotros, que no podemos ser verdaderos portavoces de Cristo si antes no pasamos por una profunda conversión. En efecto, solo si vivimos con Cristo, por y en Él, tal como lo hizo Pablo, podemos llevar el Evangelio con eficacia a los demás. 

Domingo 26 de enero
III del Tiempo Ordinario - DOMINGO DE LA PALABRA DE DIOS

Evangelio de Mateo 4, 12-23:
Al enterarse Jesús que habían encarcelado a Juan, se dirigió a Galilea. Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías: «País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una gran luz; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló». Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: «Conviértanse, porque está cerca el reino de los cielos». Caminando a orillas del mar de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando la red, pues eran pescadores. Les dijo: «Vengan, síganme, y los haré pescadores de hombres». Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca reparando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron. Recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo.

Reflexión:

 El inicio del ministerio público de Jesús nos muestra el estilo evangelizador. Jesús es el primer evangelizador. Con Él aparece la luz que ilumina a todos los hombres. Y lo primero que pide el Señor es una sincera conversión; en efecto, necesitamos que Él nos cambie el corazón para poder acogerlo de verdad. Sin conversión no hay evangelización. Solo si acogemos la gracia de Cristo y salimos del mundo de la oscuridad, podemos ser luz para los demás. Hoy, unidos a Jesús, acogiéndolo al igual que Simón, Andrés, Santiago y Juan, estamos llamados a ser pescadores de hombres; es decir, a lanzar las redes en el mar de la inmundicia y llevar a los hombres al océano de la misericordia divina, que es el mismo Jesús. El Señor cuenta conmigo para que muchos hombres se encuentren con Él.

Lunes 27 de enero
Santa Ángela Merici, virgen

Evangelio de Marcos 3, 22-30:
 Satanás está perdido En aquel tiempo, los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: «Tiene dentro a Belcebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios». Jesús les invitó a acercarse y les habló en parábolas: «¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Un reino dividido internamente no puede subsistir; una familia dividida tampoco puede subsistir. Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido. Nadie puede meterse en casa de un hombre fuerte para saquear sus bienes, si primero no lo ata; entonces podrá saquear la casa. En verdad les digo, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre». Jesús decía esto porque lo acusaban de estar poseído por un espíritu inmundo.

Reflexión:

Jesús nos llama la atención de algo que siempre hemos escuchado: la unidad hace la fuerza. Esto lo aplicamos tanto al bien como al mal. En efecto, a quienes lo acusan de tener dentro a Belcebú, Jesús les indica que el reino de Satanás no está dividido. Esto nos debe interpelar, pues existe una verdadera comunión para el mal; es decir, para propagar la maldad, lo antievangélico; pero lo grave son las innumerables veces que los discípulos de Jesús no estamos unidos para el bien. Es un escándalo que, así como hay personas que se unen para difundir antivalores (pensemos en las leyes inmorales), nosotros, que somos discípulos de Jesús, no estemos unidos para propagar sin miedo los valores del Reino de Dios: la verdad, la justicia, la vida, la paz, la caridad, etc.

Martes 28 de enero
Santo Tomás de Aquino, presbítero y doctor

Evangelio de Marcos 3, 31-35:
 En aquel tiempo, llegaron la madre y los hermanos de Jesús, y desde fuera lo mandaron llamar. La gente que estaba sentada alrededor de él, le dijo: «Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan». Él contestó: «¿Quién es mi madre y mis hermanos?». Y mirando a los que estaban sentados a su alrededor, dice: «Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre».

Reflexión:

Debemos aclarar que la palabra hermano, en el lenguaje hebreo, es «pariente» (cf. Gn 13, 8; 1 Cro 15, 6). De modo que, al leer los «hermanos de Jesús», no es correcto deducir que María tuviese otros hijos. Aclarado este punto, el Evangelio de hoy nos ayuda a valorar a la Madre de Jesús, pues Ella siempre hizo la voluntad de Dios (cf. Lc 1, 38). En María todo es un sí a Dios. Y Jesús nos indica que, en la medida que hacemos la voluntad de Dios, nos familiarizamos con Él. Aprendamos de María Santísima a decirle siempre sí a Dios, en cada acto de nuestra vida.

Miércoles 29 de enero
San Valerio, obispo

Evangelio de Marcos 4, 1-20:
En aquel tiempo, Jesús se puso a enseñar otra vez junto al lago. Una gran multitud se reunió junto a él, que tuvo que subirse a una barca y, ya en el mar, se sentó; y toda la multitud se quedó en tierra junto al lago. Él les enseñaba muchas cosas por medio de parábolas, y esto era lo que les enseñaba: «¡Escuchen!: Salió el sembrador a sembrar; al sembrar, parte de la semilla cayó al borde del camino, vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra; como la tierra no era profunda, brotó enseguida; pero, en cuanto salió el sol, se quemó y, por falta de raíz, se secó. Otra parte cayó entre espinos; crecieron los espinos y la ahogaron, y no dio fruto. Otros granos cayeron en tierra fértil; brotaron, crecieron y dieron fruto; y la cosecha fue del treinta o del sesenta o del ciento por uno». Y añadió: «El que tenga oídos para oír, que oiga». Cuando se quedó a solas, los que lo rodeaban y los Doce le preguntaban el sentido de las parábolas. Él les dijo: «A ustedes se les ha dado el misterio del reino de Dios; en cambio, a los de fuera todo se les presenta en parábolas, para que “por más que miren, no vean; por más que oigan, no entiendan; a no ser que se conviertan y alcancen el perdón”». Y añadió: «¿No entienden esta parábola? ¿Cómo entonces van a entender las demás? El sembrador siembra la Palabra. Hay unos que están al borde del camino donde se siembra la Palabra; pero, en cuanto la escuchan, viene Satanás y se lleva la Palabra sembrada en ellos. Hay otros que reciben la semilla como terreno pedregoso; al escuchar la Palabra, la acogen con alegría, pero no tienen raíces, son inconstantes y, cuando viene una dificultad o persecución a causa de la Palabra, enseguida sucumben. Hay otros que reciben la semilla entre espinos; estos son los que escuchan la Palabra, pero los afanes de la vida, la seducción de las riquezas y el deseo de todo lo demás los invaden, ahogan la palabra, y se queda estéril. Los otros son los que reciben la semilla en tierra buena; escuchan la Palabra, la aceptan y dan una cosecha del treinta o del sesenta o del ciento por uno».

Reflexión:

La semilla que lanza el sembrador no puede desperdiciarse. El sembrador es Jesús y la semilla es la Palabra de Dios, que es viva y eficaz, más cortante que una espada de doble filo (cf. Hb 4, 12). Quien acoge de verdad la Palabra de Dios, experimenta un cambio en su vida. Por ello, debemos valorar la Palabra de Dios, y un punto concreto es vivir correctamente la primera parte de la misa, donde escuchamos la proclamación de la Palabra. Es bueno hacernos estas interrogantes: ¿Cómo estoy acogiendo el mensaje de Dios? ¿Dejo que la Palabra de Dios me interpele? ¿Salgo de la misa con un propósito concreto, fruto de mi atención a la Palabra de Dios? ¿Estoy llevando a la práctica lo que Dios me ha dicho cuando ha tocado mi corazón?

Jueves 30 de enero
Santa Martina, mártir

Evangelio de Marcos 4, 21-25
En aquel tiempo, dijo Jesús a la multitud: «¿Acaso se trae una lámpara para ponerla debajo de un cajón o debajo de la cama? ¿No es para ponerla sobre el candelero? No hay nada escondido, que no deba ser descubierto; no hay nada secreto que no se haga público». El que tenga oídos para oír, que oiga». Les dijo también: «Atención a lo que están oyendo: la medida que usen la usarán con ustedes y con creces. Porque al que tiene se le dará, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene».

Reflexión:

La luz del mundo es Cristo; pero también cada bautizado tiene que ser luz, portando a Cristo. Es decir, todo cristiano tiene que ser como una lámpara encendida. ¡Cuántas veces nos quejamos de que la oscuridad gana terreno en el mundo! ¡Cuántas veces nos lamentamos de que el mundo anda mal! Pero de qué nos quejamos si es porque nosotros, los discípulos de Jesús, no estamos dando testimonio; por usar una imagen del Evangelio de hoy: no somos luz. Ahí donde nos encontremos, comenzando en nuestra casa, tenemos que reflejar a Cristo, la luz del mundo. En la medida que nos dejemos transformar por Cristo, seremos luz que brilla y vence las tinieblas.

Viernes 31 de enero
San Juan Bosco, presbítero

Evangelio de Marcos 4, 26-34:
 En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: «El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. Duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo. La tierra da el fruto por sí misma: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la cosecha». Dijo también: «¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Es como un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después de sembrada crece, y se hace más grande que todas las plantas del huerto y sus ramas se hacen tan grandes que las aves del cielo pueden cobijarse y anidar en ella». Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

Reflexión:

Jesús, para hablar del Reino de Dios, usa varias parábolas. Hoy nos encontramos con la parábola del grano de mostaza que se transforma en un árbol frondoso y, con ello, el Señor nos explica que el Reino empieza pequeño; pero va creciendo. El Reino siempre crece, pase lo que pase, a pesar de tantos obstáculos con los que se encuentra y está creciendo por la gracia de Dios. Pero, al mismo tiempo, el Señor cuenta con nosotros para que su Reino crezca. En la medida que yo me dejo transformar por Cristo, abriendo mi corazón a su amor misericordioso, estoy contribuyendo al crecimiento del Reino. Si en mí está Cristo, ahí donde esté, el Reino se hace presente.
 
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