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1MEDITACIÓN DIARIA DEL EVANGELIO - JUNIO
-Por José María Siciliani-

Intención del Papa para este mes de junio 2019: “Por los sacerdotes para que, con la sobriedad y la humildad de sus vidas, se comprometan en una solidaridad activa hacia los más pobres.”.

Sábado 1 de junio
San Justino

Evangelio de Juan 16,23-28:
 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Yo les aseguro que todo lo que pidan al Padre en mi nombre, él se lo dará. Hasta ahora no han pedido nada en mi nombre; pidan, y recibirán, para que la alegría de ustedes sea completa. Les he hablado de esto en parábolas; pero ahora ya no lo haré así, sino que les hablaré claramente del Padre. Aquel día ustedes pedirán en mi nombre, y no será necesario que yo ruegue al Padre por ustedes, ya que el mismo Padre los ama, porque ustedes me aman y han creído que yo salí de Dios. Salí del Padre y he venido al mundo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre”.

Reflexión:
Ir al Padre en nombre del Hijo es tener garantizada la respuesta a la solicitud: “Hasta hoy no han pedido nada a mi Padre invocando mi nombre; pidan y recibirán, y así ustedes serán colmados de gozo”. Ir a Dios por Jesús es la esencia del cristianismo. Y cuando realmente amamos a Jesús, cuando nos dejamos transformar por su palabra, por su mensaje, entonces, nuestra comunicación con el Padre Dios se transforma: “El Padre los ama, ya que ustedes me han amado a mí y han creído”. 

Domingo 2 de junio
Ascensión del Señor

Evangelio de Lucas 24, 46-53:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Ustedes son testigos de todo esto. Yo les enviaré lo que mi Padre ha prometido; permanezcan en la ciudad, hasta que sean revestidos con la fuerza que viene de lo alto”. Después los llevó hacia Betania y, elevando sus manos, los bendijo. Y mientras los bendecía se separó de ellos, subiendo hacia el cielo. Ellos se postraron ante él y volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios.

Reflexión:
La Ascensión es una fiesta de esperanza. Ahora los creyentes sabemos que, como Jesús, también a nosotros nos espera un final al lado del Padre. Ahora sabemos que seremos llevados junto al Padre. Ahora sabemos que la vida de los que mueren no termina, sino que se transforma. Y la prueba de esta victoria final sobre el mal y la muerte la tenemos en Jesús, a quien desde ya experimentamos vivo entre nosotros.
 
Lunes 3 de junio
Santos Carlos Lwanga y compañeros mártires

Evangelio de Juan 16, 29-33:
En aquel tiempo, dijeron los discípulos a Jesús: “Ahora sí que hablas claro y sin parábolas. Ahora conocemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por esto creemos que tú has salido de Dios”. Les contestó Jesús: “¿Ahora creen? Miren: se acerca la hora, ya ha llegado, en que ustedes se dispersarán cada uno por su lado y a mí me dejarán solo. Pero no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Les he hablado de esto, para que encuentren la paz en mí. En el mundo tendrán que sufrir; pero tengan valor: yo he vencido al mundo”.

Reflexión:
Jesús pone en duda la fe de los apóstoles, los interroga y les dice: “Viene la hora en que ustedes me dejarán solo”. En realidad, en la vida espiritual hay que tener el coraje de interrogarse haciéndose esa pregunta: ¿Realmente yo creo en Jesús? ¡Qué provecho causaría esa actitud de interrogación! Porque sacudiría nuestra conciencia tranquila y comodona, que cree que por haber practicado ritos vive animada por el Espíritu de Cristo. Esa actitud provocaría una renovación espiritual en cada creyente. 

Martes 4 de junio

Evangelio de Juan 17, 1-11:
En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: “Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique y, por el poder que tú le has dado sobre toda carne, dé la vida eterna a los que le confiaste. Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado sobre la tierra, he coronado la obra que me encomendaste. Y ahora, Padre, glorifícame cerca de ti, con la gloria que yo tenía cerca de ti, antes que el mundo existiese. He manifestado tu nombre a los hombres que me diste de en medio del mundo. Tuyos eran, y tú me los diste, y ellos han guardado tu Palabra. Ahora han conocido que todo lo que me diste procede de ti, porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste, y ellos las han recibido, y han conocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me has enviado. Te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que tú me diste, y son tuyos. Sí, todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y en ellos he sido glorificado. Ya no voy a estar en el mundo, pero ellos están en el mundo, mientras yo voy a ti”.

Reflexión:
E l Evangelio de hoy contiene un mensaje importante para todos nosotros. Jesús pide al Padre que nos consagre en la verdad y nos proteja del mundo.  Es significativo, ante todo, que Jesús pida al Padre que nos consagre y proteja, pero no que nos aparte del mundo. Sabemos que él envía a sus discípulos para que sean fermento de santidad y verdad en el mundo: la sal de la tierra, la luz del mundo. En esto, los mártires nos muestran el camino. Jesús reza, pide para que la tristeza y el aislamiento no nos ganen el corazón. Nosotros queremos hacer lo mismo, queremos unirnos a la oración de Jesús, a sus palabras para decir juntos: “Padre santo, cuídalos con el poder de tu nombre… para que estén completamente unidos, como tú y yo”, “y su gozo sea completo”. Jesús reza y nos invita a rezar porque sabe que hay cosas que solo las podemos recibir como don, hay cosas que solo podemos vivir como regalo (S.S. Francisco)

Miércoles 5 de junio
San Bonifacio

Evangelio de Juan 17, 11-19:
En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró diciendo: “Padre santo, guarda en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros. Cuando estaba con ellos, yo los guardaba en tu nombre y los custodiaba, y ninguno se perdió, sino el hijo de la perdición, para que se cumpliera la Escritura. Ahora voy a ti, y digo esto en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada. Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del mal. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Conságralos en la verdad; tu Palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así los envío yo también al mundo. Y por ellos me consagro yo, para que también se consagren ellos en la verdad”.

Reflexión:
En el evangelio de hoy, Jesús se despide de sus discípulos y ora directamente al Padre para que los llene de gozo, para que estando en el mundo sean capaces de ser luz en él, sin dejarse contaminar. Jesús recuerda cómo ha enseñado la Palabra del Padre a los apóstoles, cómo han sido odiados por seguirlo, cómo se ha consagrado a ellos para que también ellos se consagren a la verdad. Esa es la misión de la Iglesia, de cada creyente, de todo discípulo de Cristo: la construcción de comunidades sólidas donde los creyentes compartan la Palabra, el Pan de vida, pero también proyectos comunitarios que contribuyan al bienestar material de los miembros de la comunidad”.

Jueves 6 de junio
San Norberto y San Marcelino Champagnat

Evangelio de Juan 17, 20-26:
En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró, diciendo: “Padre santo, no ruego solamente por ellos, sino también por los que, gracias a su palabra, creerán en mí. Que todos sean uno; como tú, Padre, estás en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. También les di a ellos la gloria que me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectamente uno, de modo que el mundo crea que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí. Padre, este es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo donde yo estoy para que contemplen mi gloria, la que me has dado, porque ya me amabas antes de la creación del mundo. Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y ellos han conocido que tú me has enviado. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos, como también yo estoy en ellos”.

Reflexión:
Hay que afirmar que la unidad que pide Jesús a los creyentes no será posible si en el corazón de los discípulos de Jesús no está el amor de Dios. Si lo que buscan los discípulos de Jesús es el poder, el prestigio o los beneficios que se pueden sacar de la organización eclesial y de la vida cristiana, entonces, la comunidad se volverá un grupo lleno de rivalidades, de luchas de poder, de afanes de gloria y de prestigio. Si, por el contrario, lo que prima es conocer el amor de Dios, vivir de él y seguir el ejemplo de Cristo, el poder y el dinero, el prestigio y el placer no serán obstáculos para la unidad, porque no serán los criterios que guían a los discípulos de Cristo en su comportamiento, sobre todo si tienen cargos de importante responsabilidad en la Iglesia de Cristo

Viernes 7 de junio
San Antonio María Gianelli

Evangelio de Juan 21, 1a.15-19
Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos, después de comer con ellos, dice a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?”. Él le contestó: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dice: “Apacienta mis corderos”. Por segunda vez le pregunta: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?”. Él le contesta: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Él le dice: “Pastorea mis ovejas”. Por tercera vez le pregunta: “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?”. Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó: “Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero”. Jesús le dice: “Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras”. Esto lo dijo aludiendo a la muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: “Sígueme”.

Reflexión:
A las tres negaciones de Pedro durante la Pasión de Jesús corresponden ahora tres declaraciones de amor, pero provocadas por Cristo Resucitado; las cuales responden a una pregunta fundamental: ¿Me amas más que estos? Notemos que Jesús pide que el amor se haga concreto a través del compromiso con la evangelización: apacienta mis ovejas… El amor de Pedro no se podrá reducir a declaraciones, por muy solemnes que sean; tendrá que reflejarse en el compromiso con las ovejas de Cristo. Y para ello tendrá que abandonar cierto control de su vida: serán las exigencias del anuncio del evangelio las que determinarán sus opciones y sus preferencias.

Sábado 8 de junio

Evangelio de Juan 21, 20-25:  
En aquel tiempo, Pedro, volviéndose, vio que lo seguía el discípulo a quien Jesús tanto quería, el mismo que durante la cena se había reclinado sobre el pecho de Jesús y le había preguntado: ‘Señor, ¿quién es el que te va a entregar?’. Al verlo, Pedro dice a Jesús: ‘Señor, y este, ¿qué?’. Jesús le contesta: ‘Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú, sígueme’. Entonces se empezó a correr entre los hermanos el rumor de que ese discípulo no moriría. Pero no le dijo Jesús que no moriría, sino: ‘Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué?’”. Este es el discípulo que da testimonio de todo esto y lo ha escrito; y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero. Mucha otra cosa hizo Jesús. Si se escribieran una por una pienso que en todo el mundo no cabrían los libros que podrían escribirse.

Reflexión:
Juan dice al final de su evangelio: “Aún hay muchas otras cosas que Jesús hizo, que, si fuera necesario contarlas, el mundo entero no bastaría para contener los libros que se escribirían”. Los autores sagrados, como todo historiador, escogieron los hechos que respondían a su intención, y la intención de los evangelios no es otra, sino que creamos en Cristo, que reconozcamos que su vida, muerte y resurrección son los signos maravillosos de la venida de Dios en medio de nuestra historia. Ellos no estaban interesados en otra cosa, sino en hacer que los lectores reconocieran lo que ellos mismos habían reconocido: que ese hombre con quien habían vivido en Nazaret era el Hijo de Dios.

Domingo 9 de junio
PENTECOSTÉS

Evangelio de Juan 20, 19-23:
“Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría. De nuevo les dijo Jesús: “La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”. Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”.

Reflexión:
Así como el día de la creación el Padre insufló el aire sobre una nueva creatura, ahora Cristo Resucitado insufla su aliento de Resucitado sobre los discípulos. Es una nueva creación la que ha permitido la resurrección; ahora los discípulos nacen a una nueva vida, a una nueva esperanza. Y por eso reciben el Espíritu dador de vida. Y esa vida la tienen que compartir sobre todo con el perdón. Quien no ha recibido el perdón sigue siendo esclavo de una vida pasada; sigue sometido a los errores del pasado. Pero los discípulos, por la fuerza del Espíritu, pueden ahora perdonar los pecados de los seres humanos y reintroducirlos a nuevas posibilidades, a la posibilidad de un cambio que el mismo Espíritu es capaz de despertar y sostener en el corazón de los pecadores

Lunes 10 de junio
Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia

Evangelio de Juan 19, 25-34:
En aquel tiempo, al ver Jesús la muchedumbre, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles: “Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán la misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos ustedes cuando los insulten y los persigan y los calumnien de cualquier modo por mi causa. Estén alegres y contentos, porque su recompensa será grande en el cielo, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a ustedes”.

Reflexión:
Las bienaventuranzas son la hoja de ruta de la felicidad del cristiano. No son leyes que uno cumple y se da por satisfecho. Más que normas, son una proposición de vida, una forma de mirar la realidad desde Dios: ¡felices! ¡Bienaventurados! Ante los que piensan que el tener es la causa de la alegría, Jesús dice que la pobreza es un camino de gozo. Pobreza como sencillez de vida, y pobreza en el corazón, como actitud de humildad ante Dios y ante los otros. Ante la crueldad de un mundo injusto, Jesús propone el anhelo de justicia como una vía real para vivir en plenitud. Ante la tendencia a la violencia, la agresión y el irrespeto de la diferencia, Jesús propone un trabajo artesanal por la paz, que une filialmente al creyente con Dios. Ante una vida tranquila, incapaz de incomodarse por nada ni por nadie, Jesús propone asumir la contradicción y la persecución en la serenidad, incluso en el gozo de saberse en las manos de Dios, que recompensa a los justos.  

Martes 11 de junio
San Bernabé, apóstol
 
Evangelio de Mateo 10, 7-13:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: “Vayan y proclamen que el reino de los cielos está cerca. Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Gratis lo recibieron; denlo gratis. No lleven oro, ni plata, ni provisiones para el camino; ni tampoco alforja, ni dos túnicas de repuesto, ni sandalias, ni bastón; bien merece el obrero su sustento. Cuando entren en un pueblo o aldea, averigüen quién hay allí de confianza y quédense en su casa hasta que se vayan. Al entrar en una casa, saluden; si la casa se lo merece, la paz que le desean vendrá a ella. Si no se lo merece, la paz volverá a ustedes”.

Reflexión:
Personajes como Bernabé, compañero de Pablo, son un testimonio de ese coraje que impulsó a los primeros misioneros a propagar la Buena Noticia de Cristo. Bernabé vendió un campo que tenía y dio el dinero a los apóstoles (cf. Hch 4, 36) y se dedicó a la predicación. Su nombre significa “El que sabe consolar y exhortar”. Después de haber andado unos años con Pablo, regresó a su isla natal, Chipre, donde, dice la tradición, recibió el martirio. Como dice Jesús en el evangelio: dio gratis todo lo que había recibido. Su palabra evangelizadora brotaba de su libertad y de su compromiso personal. Estaba lleno del Espíritu Santo y de fe y por eso es modelo de todo evangelizador.

Miércoles 12 de junio
Evangelio de Mateo 5, 17-19:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “No crean que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar pleno cumplimiento. Les aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley. El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos”.

Reflexión:
Jesús no es un antilegalista, no es un anarquista que considere que la ley es innecesaria en la vida social o en las relaciones interpersonales. La ley tiene una importancia grande en la vida humana, como expresión de la voluntad común de respeto, como signo del bien común que los seres humanos buscan entre sí. Pero la ley no basta, porque la ley no apasiona el corazón; porque la ley no sostiene los esfuerzos del alma en la lucha contra la indiferencia, la injusticia y el egoísmo. Por eso Jesús relativiza la ley y propone otro camino de salvación. Este camino no suprime la ley, sino que la sobrepasa. Es por eso un camino de plenitud, y su apellido principal se llama generosidad amorosa. Por eso decía san Agustín: “Ama y haz lo que quieras”.

Jueves 13 de junio
Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote

Evangelio de Juan 17, 1-2.9.14-26:
En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: “Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique y por el poder que tú le has dado sobre toda carne, dé la vida eterna a los que le confiaste. Te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por estos que tú me diste, y son tuyos. Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del mal. Ellos no son del mundo, como tampoco soy del mundo. Conságralos en la verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así los envío yo también al mundo. Y por ellos me consagro yo, para que también se consagren ellos en la verdad. No ruego solamente por ellos, sino también por los que, gracias a su palabra, creerán en mí. Que todos sean uno; como tú, Padre, estás en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. También les di a ellos la gloria que me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectamente uno, de modo que el mundo crea que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí. Padre, este es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo donde yo estoy para que contemplen mi gloria, la que me has dado, porque ya me amabas antes de la creación del mundo. Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y ellos han conocido que tú me has enviado. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos como también yo estoy en ellos”.

Reflexión:
El gran Sacerdote, más bien el sumo Sacerdote, es Jesucristo (cf. Hb 9, 12). Cristo, sacerdote y víctima, «es el mismo ayer, hoy y siempre» (Hb 13, 8). ¡El sacerdocio ministerial! De él nos habla la fiesta y la liturgia de este día, haciéndonos volver espiritualmente a la última Cena, a la institución del Sacerdocio y de la “Eucaristía”. El evangelista san Juan narra la escena. En el texto de hoy, el Maestro deja a sus amigos el mandamiento de amarse como él los ha amado, poniéndose los unos al servicio de los otros (cf. Jn 13, 14): “Les he dado ejemplo, para que también ustedes hagan como yo he hecho» (Jn 13, 15)

Viernes 14 de junio
San Eliseo

Evangelio de Mateo 5, 27-32:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Han oído ustedes el mandamiento ‘no cometerás adulterio’. Pues yo les digo: El que mira a una mujer y la desea, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón. Si tu ojo derecho te hace caer en pecado, córtatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en el infierno. Si tu mano derecha te hace caer en pecado, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero al infierno. Está mandado: ‘El que se separe de su mujer, que le dé acta de divorcio’. Pues yo les digo: El que se divorcie de su mujer, salvo en caso de unión ilegítima, la expone al adulterio, y el que se case con la divorciada comete adulterio”.

Reflexión:
Para Jesús la religión auténtica es la que produce un corazón nuevo. En ese sentido se ha podido decir que el hombre o la mujer casados que realmente son fieles no son aquellos que lo son simplemente porque no han tenido la oportunidad de caer. Fiel en el matrimonio es aquel que de corazón ama tanto a su cónyuge que no desea más relaciones sino la que vive con su pareja. Añorar una aventura es ya un signo de que en el corazón no hay verdadera fidelidad, aunque físicamente no se produzca nada. En este sentido la afirmación de Jesús dice algo absolutamente asombroso en un mundo erotizado como el nuestro: “El que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero”. 

Sábado 15 de junio
Evangelio de Mateo 5, 33-37:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Han oído que se dijo a los antiguos: ‘No jurarás en falso’ y ‘cumplirás lo que hayas prometido al Señor bajo juramento’. Pues yo les digo que no juren en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro ni un solo cabello. A ustedes les basta decir ‘sí’ o ‘no’. Lo que pasa de ahí viene del Maligno”.

Reflexión:
Jesús habla hoy sobre la mentira y por eso nos invita a que nuestro sí sea sí y nuestro no sea no. Todos sabemos lo difícil que es manejar la lengua, sabemos cuánto cuesta a veces decir no a lo que nos excede, a lo que no nos conviene. Decir sí o no es un arte de vivir que implica conocer los límites, entender las posibilidades de compromiso, calcular sabia y anticipadamente el tiempo de que disponemos realmente para poder cumplir lo prometido o para no aceptar lo imposible de cumplir. No mentir tiene, pues, muchos aspectos sobre los que podemos meditar. Pero el más importante de todos ellos se resume en esta pregunta: ¿Cómo es el sí que le he dado a Dios en mi vida?

Domingo 16 de junio
Santísima Trinidad

Evangelio de Juan 16, 12-15:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Muchas cosas me quedan por decirles, pero ustedes no las pueden comprender por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, los guiará hasta la verdad plena. Pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga y les comunicará lo que está por venir. Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo comunicará a ustedes. Todo lo que es del Padre es mío. Por eso les he dicho que tomará de lo mío y se lo anunciará a ustedes”.

Reflexión:
El Espíritu Santo nos explica lo que Jesús nos ha dicho; y eso que Jesús nos ha dicho no es de él sino de su Padre celestial. Ahí están las tres personas de la Trinidad. Dios es como una familia, en que la pluralidad no causa obstáculo a la Unidad. Un solo Dios verdadero, pero que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. El Padre creador, el Hijo Salvador y Espíritu Santo dador de vida, consolador. Cuando Jesús habla, no habla sino lo de su Padre; cuando el Espíritu Santo nos recuerda el evangelio, no hace sino abrirnos la inteligencia espiritual para que captemos lo que nos dijo Jesús. Pidamos humildemente a nuestro Padre celestial el don de entrar en comunión con él; pidamos la gracia de llegar a ser morada de ese Dios que quiere hacer de nuestro corazón su mansión

Lunes 17 de junio
San Ismael

Evangelio de Mateo 5, 38-42:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Ustedes han oído que se dijo: ‘Ojo por ojo, diente por diente’. Yo, en cambio, les digo: No hagan frente al que los agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas”.

Reflexión:
La venganza no trae nada bueno. El perdón, por el contrario, libera el espíritu y enraíza la felicidad en el fondo del corazón. Porque el mal, tal como lo mostró Jesucristo en la Cruz, se vence con el bien. Dios mismo no vence en nosotros al pecado con castigos o amenazas. Por eso dijo maravillosamente san Pablo: “Donde abundó el pecado sobreabundó la gracia”. De ahí que el cristiano luche contra la injusticia mediante el bien, no con la violencia o la guerra. La paz se logra con medios pacíficos; el amor se conquista por medio del amor y no por medio de la obligación.

Martes 18 de junio
San Gregorio Barbarigo

Evangelio de Mateo 5, 43-48:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Ustedes han oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo’ y odiarás a tu enemigo. Yo, en cambio, les digo: Amen a sus enemigos, y oren por quienes los persiguen. Así serán hijos del Padre que está en el cielo, que hace salir el sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué premio tendrán? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludan solo a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los paganos? Por tanto, sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto”.

Reflexión:
El que pone condiciones para amar nunca amará de verdad. La lógica de Dios no es la siguiente: como eres bueno te amo, como eres malo te odio. Esa es la lógica humana. Pero la vida vivida a la luz de la fe va haciendo entender poco a poco al creyente que, si no se mueve en la lógica de Dios, en la lógica de la generosidad, no podrá amar de verdad. Porque ni siquiera a los seres queridos los podemos amar si no es gratuitamente. En efecto, también nuestros seres queridos tienen defectos, también nos hacen sufrir. Y si eso es con los nuestros, ¿qué será con los de afuera? El amor verdadero se da porque brota del alma, no porque el otro lo merezca. 

Miércoles 19 de junio
San Romualdo

Evangelio de Mateo 6, 1-6.16-18:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Tengan cuidado de no practicar las buenas obras delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendrán recompensa del Padre de ustedes que está en el cielo. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; les aseguro que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ustedes oren, no sean como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Les aseguro que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ayunen, no pongan cara triste, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Les aseguro que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secretó, te recompensará”.

Reflexión:
Jesús comparte el Espíritu Santo con cada creyente que lo acoge. Ese Espíritu produce frutos en el creyente tales como la libertad, la búsqueda absoluta de Dios y la humildad: “Eviten actuar delante de los hombres para hacerse notar”; “no actúen como los que se ofrecen en espectáculo en los templos para obtener la gloria que viene de los hombres”. La solidaridad, la oración y el dominio sobre sí mismo, mediante el ayuno y la penitencia, deben estar impulsados por un espíritu de amor y de respuesta a Dios que nos amó primero. 

Jueves 20 de junio
San Fabián y San Sebastián

Evangelio de Mateo 6, 7-15:
 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Cuando oren, no usen muchas palabras, como hacen los paganos, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No hagan como ellos, porque el Padre de ustedes, ya sabe lo que a ustedes les hace falta antes de que se lo pidan. Ustedes oren así: ‘Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal’. Porque si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes. Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes”.

Reflexión:
No hay que decir tantas palabras en la oración; no hay que convertir la oración en una letanía de peticiones; basta con una queja o una solicitud; basta con la palabra Padre; basta con una mirada confiada; no se trata de pedir mucho, solo el pan de cada día; no se trata de satisfacer nuestros planes, sino de rogar porque la voluntad de Dios se haga efectiva en nuestras vidas; no se trata de pedir a Dios que remedie las equivocaciones que hemos cometido, se trata de pedirle humildemente perdón. Una cosa sí debe quedar clara: sin oración no hay vida cristiana. Porque la oración es la forma en que cultivamos ese contacto con Dios.

Viernes 21 de junio
San Luis Gonzaga

Evangelio de Mateo 6, 19-23:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “No acumulen tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los corroen, donde los ladrones perforan las paredes y roban. Acumulen, en cambio, tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que los corroen, ni ladrones que perforen y roben. Porque donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón. La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Y si la única luz que tienes está oscura, ¡cuánta será la oscuridad!”.

Reflexión:
El corazón, el tesoro, la lámpara del cuerpo, todas esas son unas bellas y hermosas metáforas con las que Jesús quiere tocar el corazón de su auditorio. La mirada limpia es la capacidad de distinguir lo que cuenta, lo que es importante y lo que es secundario en la vida, lo incorruptible de lo pasajero. Si alguien no tiene claro eso irá a la pérdida, estará en la oscuridad, confundirá las cosas y provocará sufrimientos. ¿Cómo aprender a mirar así? ¿Qué puede cambiar la mirada ante la vida? Jesús insinúa que la mirada está ligada con lo que hay en el corazón. Este no es principalmente el lugar de los sentimientos románticos, sino el lugar de las decisiones. Porque el corazón es el que se inclina por una cosa o por otra, pero va hacia donde lo dirige la mirada. El corazón observa con los ojos de la mirada. De ahí que los evangelios describan la conversión como un “abrirse los ojos”, como un “caerse las escamas de los ojos del espíritu.

Sábado 22 de junio
Santos Juan Fisher y Tomás Moro

Evangelio de Mateo 6, 24-34:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No pueden servir a Dios y al dinero. Por eso les digo: No estén agobiados por la vida, pensando qué van a comer o beber, ni por el cuerpo, pensando con qué se van a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Miren las aves del cielo: ni siembran, ni cosechan, ni almacenan y, sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿No valen ustedes más que ellas? ¿Quién de ustedes, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida? ¿Por qué se agobian por el vestido? Fíjense cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y les digo que ni Salomón, en todo su esplendor, estaba vestido como uno de ellos. Pues, si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por ustedes, gente de poca fe? No anden agobiados, pensando qué van a comer, o qué van a beber, o con qué se van a vestir. Los paganos se afanan por esas cosas. Ya sabe su Padre del cielo que tienen necesidad de todo eso. Sobre todo, busquen el reino de Dios y su justicia; lo demás se les dará por añadidura. Por tanto, no se agobien por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus problemas”.

Reflexión:
Jesús sabía, pues, de las preocupaciones angustiantes que vivían muchos de sus amigos, cuando no tenían con qué dar de comer a sus bebés, cuando los impuestos se los comían y tenían que vender sus tierras y muchas veces venderse como esclavos a los recaudadores. Quizás parte de la respuesta está en las palabras de Jesús: “Busquen primero el reino de Dios y lo demás se les dará por añadidura”. Buscar el reino nos hará encontrar caminos para que podamos satisfacer las necesidades básicas y mucho más. Algunas comunidades creyentes, que practican la economía solidaria, han descubierto que, si se produce un cambio en la vida de los miembros, si se despiertan el amor y la solidaridad, entonces todo comienza a funcionar mejor para todos

Domingo 23 de junio
Cuerpo y Sangre de Cristo

Evangelio de Lucas 9, 11b-17:
En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar a la multitud del reino de Dios y curó a los que lo necesitaban. Caía la tarde, y los Doce se le acercaron a decirle: “Despide a la gente; que vayan a los pueblos y caseríos de los alrededores a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en un lugar deshabitado”. Él les contestó: “Denles ustedes de comer”. Ellos replicaron: “No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para toda esta gente”. Porque eran unos cinco mil hombres. Jesús dijo a sus discípulos: “Háganlos sentar en grupos de alrededor de cincuenta”. Lo hicieron así, y todos se sentaron. Él, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Todos comieron hasta saciarse y con lo que sobró se llenaron doce canastas.

Reflexión:
El evangelio de hoy nos insinúa algo que parece duro pero que vale la pena preguntarse: ¿Qué sentido tienen nuestras Eucaristías cuando hermanos nuestros se mueren de hambre? La multiplicación de los panes nos insinúa que, además de una adoración profunda ante el Santísimo Sacramento, la Eucaristía es también un proyecto social que supone trabajar a favor de los que se mueren de hambre. Y quizás no tengamos excusa, cuando pensamos que es poco lo que tenemos que ofrecer. Hace falta nuestra colaboración mínima. Si no estamos dispuestos a aportar eso mínimo, corremos el riesgo de convertir la Eucaristía en un falso culto, escudo para esconder nuestra falta de solidaridad con los más pobres. 

Lunes 24 de junio
Nacimiento de san Juan Bautista

Evangelio de Lucas 1, 57-66.80:
A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban. A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo: “¡No! Se va a llamar Juan”. Le replicaron: “Ninguno de tus parientes se llama así”. Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: “Juan es su nombre”. Todos se quedaron extrañados. Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios. Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo: “¿Qué va a ser este niño?”. Porque la mano del Señor estaba con él. El niño iba creciendo, y su carácter se afianzaba; vivió en el desierto hasta que se presentó a Israel.

Reflexión:
E l nacimiento de san Juan Bautista, el Precursor, es una alegría para los creyentes. Porque recuerda cómo Dios fue preparando cuidadosamente la venida de Jesús. Dios no improvisó nada al enviar a su Hijo amado al mundo: mediante la Virgen pudo hacerse carne y plantar su morada entre nosotros; mediante Juan Bautista hizo que su Hijo fuera acogido y escuchado por los discípulos y por la humanidad entera. Los cristianos vieron en Juan Bautista el profeta anunciado por Isaías, “la voz que clama en el desierto: preparen el camino al Señor”. Por eso su nacimiento está lleno de signos que presagian su vocación como último profeta señalando al Cordero de Dios.

Martes 25 de junio
San Guillermo

Evangelio de Mateo 7, 6.12-14:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “No den lo que es santo a los perros, ni arrojen sus perlas a los cerdos; no sea que las pisoteen y después se vuelvan contra ustedes para destrozarlos. Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la ley y los profetas. Entren por la puerta estrecha. Porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y son pocos los que lo encuentran”.

Reflexión:
H ay tres aspectos en el evangelio de hoy. El primero nos invita a ser cuidadosos con las cosas de Dios. Lo sagrado no se le puede dar a los perros. Esto lo podemos interpretar así: Con Dios no se juega. Si lo acogemos y luego empezamos a coquetearle, nos parecemos a cerditos que no saben distinguir una perla y por eso la pisotean. El segundo aspecto, más fácil de interpretar, es la ley de oro de todas las religiones: hacer a los demás lo que uno quiere que le hagan; tratar a los demás como uno quisiera ser tratado. El tercer aspecto es una invitación grave: el reino de Dios es exigente. Es como una entrada por una puerta estrecha: hay que adelgazar el espíritu, hay que quitar la grasa de la ambición del corazón, porque de otra manera no hay posibilidad de pasar. 

Miércoles 26 de junio
San Josemaría Escrivá

Evangelio de Mateo 7, 15-20:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Cuidado con los falsos profetas; se acercan con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conocerán. A ver, ¿acaso se cosechan uvas de espinos o higos de los cardos? Los árboles buenos dan frutos buenos; los árboles malos, dan frutos malos. Un árbol bueno no puede dar frutos malos, ni un árbol malo dar frutos buenos. El árbol que no da fruto bueno se tala y se echa al fuego. Es decir, que por sus frutos los conocerán”.

Reflexión:
Para poder fructificar espiritualmente como lo pide Dios, es necesaria la escucha constante y frecuente de la Palabra de Dios, porque sin la meditación del evangelio no se puede dar frutos de conversión. Gracias a Dios hay libros espirituales al alcance de muchos creyentes para que puedan llevar a cabo esa alimentación diaria que permite a la plantita de nuestra fe producir frutos, hacer fecunda nuestra vida. Hay que aprovechar las riquezas de la Palabra para familiarizarse con el pensamiento y los sentimientos de Jesús, y así no ir tras las apariencias de aquellos que, con piel de oveja, esquilman a muchos inocentes que no saben nada de religión y escuchan al primer charlatán que los emociona

Jueves 27 de junio
San Cirilo de Alejandría

Evangelio de Mateo 7,21-29:
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Aquel día, muchos dirán: “Señor, Señor, ¿No hemos profetizado en tu Nombre, y en tu Nombre hemos echado demonios, y no hemos hecho en tu Nombre muchos milagros?”. Yo entonces les declararé: “Nunca los he conocido. Aléjense de mí, ustedes que obran el mal”. El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Vino la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y arremetieron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Vino la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y arremetieron contra la casa, y la casa se derrumbó totalmente». Al terminar Jesús de decir estas palabras, la gente estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como los escribas.

Reflexión:
Para pertenecer a la escuela del Maestro de Nazaret, para ser su discípulo, no es suficiente con decirle “Sí”, es necesario poner en práctica sus enseñanzas, de modo que la misma vida se vaya cristificando, que mi manera de pensar, de sentir, de actuar, de vivir de amar, sea como la de él, para que los demás, solo con verme, vean a un auténtico cristiano, que habla con su vida, la verdadera adhesión a Jesús, se da con la misma vida. Quien es capaz de dar este paso, puede enfrentar cualquier tempestad, cualquier crisis, cualquier derrota, cualquier persecución por dura que sea, demostrando así la solidez del “Sí” al dueño de la vida. 

Viernes 28 de junio
Sagrado Corazón de Jesús

Evangelio de Lucas 15, 3-7:
En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos y escribas esta parábola: “Si uno de ustedes tiene cien ovejas, y se le pierde una, ¿no deja las otras noventa y nueve en el campo, y se va a buscar la que se le perdió hasta que la encuentra? Y apenas la encuentra, seguro que se la echa a los hombros lleno de alegría, y al llegar a la casa llama a los amigos y vecinos y les participa su felicidad diciéndoles: ‘¡Qué alegría! ¡Encontré la oveja que se me había perdido!’. Pues yo les digo que lo mismo sucede en el cielo: habrá más alegría por un solo pecador que se arrepienta que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad de arrepentirse”.

Reflexión:
La fiesta del Sagrado Corazón desafía el orgullo del creyente, o sus pretensiones de autojustificación. Porque el corazón de Dios no espera hasta que seamos buenos para amarnos. Como un Buen Pastor, él se preocupa más por las ovejas perdidas. A la herida la cura, a la que es débil la fortalece, a la perdida la busca. Dios no nos paga como merecen nuestros pecados, Dios no es castigador ni vigilante. Por eso quien descubre, por su fe, el amor de Dios, se siente orgulloso, como decía san Pablo: “Ponemos nuestro orgullo en Dios, gracias a Jesucristo, nuestro Señor, que nos reconcilió con Dios”. 

Sábado 29 de junio
Santos Pedro y Pablo, apóstoles

Evangelio de Mateo 16, 13-19:
En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que es el hijo del hombre?”. Ellos contestaron: “Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas”. Él les preguntó: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”. Simón Pedro tomó la palabra y dijo: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Jesús le respondió: “¡Dichoso tú, ¡Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo”.

Reflexión:
Pedro era un pescador, tal como lo presentan los evangelios. Un hombre decidido, pero al mismo tiempo cauto, no demasiado atrevido. Entre los apóstoles recibió un don especial de animación y dirección que se manifiesta en varios momentos, sobre todo cuando reconoce que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios. Pablo era fogoso, pero muy inteligente y cultivado, y manejaba varios idiomas. Como dice el prefacio de la Misa de hoy, Pedro confiesa la fe, Pablo la ilumina con sus cartas y su doctrina. Los dos tenían distintas cualidades, y a los dos la Iglesia les debe su desarrollo y su impulso original. 

Domingo 30 de junio

Evangelio de Lucas 9, 51-62:
Cuando ya se acercaba el tiempo de ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros por delante. De camino, entraron en un pueblo de Samaria para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén. Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le preguntaron: “Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos?”. Él se volvió y los regañó. Y se fueron a otro pueblo. Mientras iban de camino, le dijo uno: “Te seguiré adonde vayas”. Jesús le respondió: “Los zorros tienen madriguera, y los pájaros nido, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza”. A otro le dijo: “Sígueme”. Él respondió: “Déjame primero ir a enterrar a mi padre”. Le contestó: “Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios”. Otro le dijo: “Te seguiré, Señor, pero déjame primero despedirme de mi familia”. Jesús le contestó: “El que pone la mano en el arado y mira hacia atrás no vale para el reino de Dios”.

Reflexión:
Jesús marchaba hacia Jerusalén, porque allí tenía que cumplirse su destino. Incluso a pesar del temor que le inspiraba una posible muerte violenta. Pero no es el temor lo que gobierna su vida sino la fidelidad a Dios, su Padre, su abbá, como él acostumbraba llamarlo. En cambio, los otros personajes que lo quieren seguir no tienen esa decisión radical, no están dispuestos a desprenderse de su familia, a dejar lo que está muerto para seguir al Señor de la vida. Esa radicalidad es muy urgente hoy en día, porque en lugar de búsqueda de poder en la religión, tal como pretendían Juan y Santiago, los que siguen a Jesús deben estar animados por una entrega total, libre de segundas intenciones.

 
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