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1MEDITACIÓN DIARIA DEL EVANGELIO - NOVIEMBRE
-Por José María Siciliani-

Intención del papa Francisco para el mes de NOVIEMBRE: Para que, en el Cercano Oriente, donde los diferentes componentes religiosos comparten el mismo espacio de vida, nazca un espíritu de diálogo, de encuentro y de reconciliación.

VIERNES 1 DE NOVIEMBRE
TODOS LOS SANTOS

Evangelio de Mateo 5, 1-12:
En aquel tiempo, al ver Jesús la muchedumbre, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles: “Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos ustedes cuando los insulten y los persigan y los calumnien de cualquier modo por mi causa. Estén alegres y contentos, porque su recompensa será grande en el cielo”.

Reflexión:
¿Vale la pena ser santo? ¿No es la santidad una propuesta para mojigatos, sumisos y amargados? Los creyentes tenemos que aceptar estas preguntas, porque infortunadamente hemos desfigurado la santidad y los hombres y mujeres de hoy desconfían del llamado de Jesús. Las bienaventuranzas, norma de vida de todos los santos, nos dicen que la santidad cristiana es un llamado apremiante a la felicidad, a la bienaventuranza. Si la humanidad tiene que “salvar la felicidad” que anhela el corazón de cada persona, los cristianos tenemos en esa obligación una cuota que aportar: la propuesta de una felicidad según Dios. De un Dios que nos hace solidarios con los que sufren; de un Dios que nos vuelve luchadores por la justicia y constructores de paz; de un Dios que nos hace libres del miedo a la contradicción y a la persecución. 

Sábado 2 de noviembre
Conmemoración de todos los fieles difuntos

Evangelio de Juan 11, 17-27:
Era alrededor del mediodía. El sol dejó de brillar, y se oscureció toda la tierra hasta las tres de la tarde. El velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús, con voz potente, dijo: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Y dicho esto expiró. Llegó entonces un miembro del sanedrín, llamado José, hombre recto y justo, y fue a ver a Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Y después de bajarlo, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro cavado en la roca, donde nadie había sido sepultado.

Reflexión:
La muerte de Cristo en la cruz fue inefable: ¿Cómo podía el Mesías estar muriendo en una Cruz? Lucas dice que hubo oscuridad en toda la tierra; que el velo del templo se rasgó. Como si todo quedara suspendido en un acto de abandono en Dios, último apoyo de Jesús. La muerte le aparece al ser humano como una barrera, como un enigma que cuestiona toda su vida. También el creyente se interroga sobre el sentido de su vida; sobre lo que ha sucedido a los que nos precedieron en el sueño de la paz. Y aunque tembloroso ante la inevitable muerte, el creyente confía en el Dios de la vida. Y porque cree que la tierra es un lugar para sembrar eternidad, se atreve a confiar a los que ya murieron a la misericordia de Dios.

Domingo 3 de noviembre
XXXI del Tiempo Ordinario

Evangelio de Lucas 19, 1-10:
En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Vivía allí un hombre muy rico llamado Zaqueo, jefe de los publicanos. Trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: “Zaqueo, baja enseguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa”. Él bajó enseguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: “Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador”. Pero Zaqueo se puso en pie y dijo al Señor: “Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más”. Jesús le contestó: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa ya que también este es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido”.

Reflexión:
 Resaltemos algo muy importante para la Iglesia católica en el texto de hoy. Zaqueo devuelve la mitad de los bienes físicos que poseía. Además, devuelve cuatro veces más a quienes ha engañado. Es entonces cuando Jesús exclama: “La salvación ha llegado a esta casa”. Como recolector de impuestos al servicio del Imperio Romano, Zaqueo se enriquecía pidiendo más de lo que pedían los romanos. Por eso la gente lo odiaba, por eso lo consideraban un pecador. Su pecado no tenía nada que ver con el sexo ni con la blasfemia: era un pecado de fraude, de corrupción; se robaba el dinero que era de todos. Esto es muy importante porque hemos reducido el pecado al sexo, o a las faltas cultuales. Y hemos descuidado enormemente las consecuencias que la fe puede tener en la economía. Allí donde hay robo de lo público, allí donde hay enriquecimiento ilícito por el saqueo al tesoro público, allí no hay fe cristiana vivida, así los políticos de turno comulguen los domingos.

Lunes 4 de noviembre
San Martín de Porres

Evangelio de Mateo 11,25-30:
En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar». En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera».

Reflexión:
Dios Padre, se revela a los pequeños, a los pobres, a los sencillos porque son puros de corazón y son dóciles para acoger la revelación sin contaminarla con sus teorías. Los pequeños confían ciegamente en su Padre, seguros de que él vela por sus vidas, que él provee todo y que de él viene la salvación; esto los hace libres y desapegados de todo lo humano. Esto fue lo que sucedió a san Martín de Porres, de quien hoy celebramos su fiesta.  El humilde san Martín, vivió haciendo un continuo ejercicio heroico de caridad, el amor en él no tuvo limites, fue caritativo hasta con los animales, de los que se hacía amigo; la perseverancia en la caridad le venía de su amor por la Eucaristía, donde está el verdadero Cristo y a la que asistía.

Martes 5 de noviembre
De la feria

Evangelio de Lucas 14, 15-24:
En aquel tiempo, uno de los invitados dijo a Jesús: “¡Dichoso el que coma en el banquete del reino de Dios!”. Jesús le contestó: “Un hombre daba un gran banquete e invitó a mucha gente; a la hora del banquete mandó a un sirviente a avisar a los convidados: ‘Vengan, que ya está todo preparado’. Pero ellos se excusaron uno tras otro. El primero le dijo: ‘He comprado un campo y tengo que ir a verlo. Dispénsame, por favor’. Otro dijo: ‘He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas. Dispénsame, por favor’. Otro dijo: ‘Me acabo de casar y, naturalmente, no puedo ir’. El sirviente volvió a contárselo al amo. Entonces el dueño de casa, indignado, le dijo al sirviente: ‘Sal corriendo a las plazas y calles de la ciudad y tráete a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos’. El sirviente dijo: ‘Señor, se ha hecho lo que me mandaste, y todavía queda sitio’. Entonces el amo le dijo: ‘Sal por los caminos y senderos e insísteles hasta que entren y se llene la casa’. Y les digo que ninguno de aquellos convidados probará mi banquete”.

Reflexión:
El evangelio de hoy nos muestra la vida eterna como una invitación amenazada por dos tentaciones que nos pueden alejar del banquete celestial. La primera: los ajetreos y afanes de la vida, los negocios. La segunda: los amores humanos. Por ir a mirar un campo recién comprado o por probar unos bueyes, algunos se excusan de acoger la invitación de Dios. Están tan acaparados por la subsistencia que no les queda tiempo para detenerse, para banquetear. Otros están tan sumergidos en relaciones amorosas posesivas, acaparadoras, que reemplazan a Dios por una criatura humana. Ni los negocios ni el amor matrimonial son condenados aquí. Lo que se cuestiona es el puesto que toman en nuestras vidas. Pues ni el matrimonio ni los negocios son el fin de la vida, sino la unión con Dios. 

Miércoles 6 de noviembre
San Leonardo de Noblac

Evangelio de Lucas 14, 25-33:
 En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: “Si alguno viene a mí y no me ama más que a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío. Así, ¿quién de ustedes, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, una vez puestos los cimientos, no pueda acabarla y se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: ‘Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de terminar’. ¿O qué rey, si va a dar batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrán salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no puede, cuando el otro está todavía lejos, envía delegados para pedir condiciones de paz. Lo mismo ustedes: el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío”.

Reflexión:
 Si Jesús insiste tanto en el abandono de los bienes, lo hace porque sabe que el dinero tiene la capacidad de ocupar el puesto de Dios en nuestras vidas. El dinero puede enceguecernos y trastocar el orden de los valores: se puede volver un diosito omnipotente, capaz de gobernar nuestras vidas. Dejar a Dios ser Dios en la vida es asumir una lucha tenaz para que el dinero no se apodere de nuestra alma, para que la codicia no atrape nuestra mente. Y eso realmente es una cruz, porque el ambiente presiona. Por eso el cristianismo es una invitación radical a la libertad. No considera nada como malo, incluso el dinero, pero exige a los creyentes un corazón libre: porque para amar y por amor Dios nos quiere auténticamente libres.

Jueves 7 de noviembre
María, Medianera de todas las gracias

Evangelio de Lucas 15, 1-10:
En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: “Este acoge a los pecadores y come con ellos”. Jesús les dijo esta parábola: “Si uno de ustedes tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y va a los vecinos para decirles: ‘¡Alégrense conmigo!, he encontrado la oveja que se me había perdido’. Les digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse. Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas para decirles: ‘¡Alégrense conmigo!, he encontrado la moneda que se me había perdido’. Les digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta”.

Reflexión:
 El evangelio de hoy nos dice algo bello: todos los publicanos y los pecadores se acercaban a Jesús para oírle. Cercanía de Dios al pecador, al perdido, al desplazado y desechado. ¿No nos dilata el corazón un Dios que deja a las noventa y nueve ovejas para buscar la perdida? Dios es como la viejecita que busca su monedita perdida en algún rincón de la casa. Dios que peregrina por los caminos fétidos de los pecadores, para sanarlos. No es, pues, un Dios que juzga, no es un Dios que provoca miedo o pavor, sino un Dios que atrae y libera. Dios está combatiendo allí donde sus hijos han cedido a la tentación y se han dejado embaucar por el “padre de la mentira”. 

Viernes 8 de noviembre
Santa Isabel de la Trinidad
 
Evangelio de Lucas 16, 1-8:
 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Un hombre rico tenía un administrador, a quien acusaron ante su señor de malgastar sus bienes. Entonces lo llamó y le dijo: ‘¿Es cierto lo que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido’. El administrador se puso a pensar: ‘¿Qué voy a hacer ahora que mi señor me quita el empleo? Para trabajar la tierra no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quién me reciba en su casa’. Fue llamando uno a uno a los deudores de su señor y dijo al primero: ‘¿Cuánto debes a mi señor?’. Este respondió: ‘Cien barriles de aceite’. Él le dijo: ‘Aquí está tu recibo; date prisa, siéntate y escribe cincuenta’. Luego le dijo a otro: ‘Y tú, ¿cuánto debes?’. Él contestó: ‘Cien sacos de trigo’. Le dijo: ‘Aquí está tu recibo, escribe ochenta’. Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Y es que, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz”.

Reflexión:
A l final de la parábola el amo felicita a su siervo por la astucia con la que había obrado. La astucia la han entendido los santos como una finura para pensar lo que hay que hacer, lo que se puede hacer. Los santos no refunfuñaban ante los problemas. Estudiaban con cuidado –astucia– las condiciones reales de actuación y aprovechaban las circunstancias para sembrar el amor, para sacar adelante los planes de Dios. Astucia no tiene nada que ver con mentira o con doblez. Es tacto, discernimiento en medio de las circunstancias. La fe verdadera impulsa a una postura más creativa, más decidida. Porque la fe actúa por el amor, y este es increíblemente inteligente.
 
Sábado 9 de noviembre
Dedicación de la basílica de Letrán

Evangelio de Juan 2, 13-22:
 Hablaba del templo de su cuerpo Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: “Quiten esto de aquí; no conviertan en un mercado la casa de mi Padre”. Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: “El celo de tu casa me devora”. Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: “¿Qué signos nos muestras para obrar así?”. Jesús contestó: “Destruyan este templo, y en tres días lo levantaré”. Los judíos replicaron: “Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?”. Pero Él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.

Reflexión:
El evangelio de hoy nos presenta a un Jesús que, con todo respeto, podemos tildar de agresivo. Toma un azote de cuerdas, expulsa a los comerciantes del templo y voltea las mesas con los productos y el dinero. No es un Jesús dulzón, pacífico, tranquilo ante la perversión de la religión. No es un Jesús mansamente neutro que no toma partido contra el mal y la corrupción. Cómo hace falta que muchos cristianos aprendamos a dejarnos invadir por ese celo ardiente. ¡Cómo hace falta en la Iglesia gente que se tome en serio el evangelio y que no juegue a medias tintas! ¡Cuánta indecisión! ¡Cuánta mediocridad! ¡Cuánta religión que se ha dejado manosear por políticos astutos que no quieren sino su propio interés! 

 Domingo 10 de noviembre
XXXII del Tiempo Ordinario

Evangelio de Lucas 20, 27-38:
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron: “Maestro, Moisés nos dejó escrito: ‘Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano’. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último, murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella”. Jesús les contestó: “En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección. Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor ‘el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob’. Él no es un Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos”.

Reflexión:
L os que interrogan a Jesús sobre la mujer y sus siete maridos están equivocados porque piensan que este cuerpo mortal hará parte de nuestra vida en el cielo. Resurrección de la carne significa una transformación como la que sufre la oruga al convertirse en mariposa: Dios nos dará un cuerpo que nos permitirá una transparencia profunda entre nosotros y ante él. San Pablo definió ese cuerpo con el adjetivo “glorioso”. En todo caso, no somos un alma separada del cuerpo, que permanece inmortal: la resurrección que esperamos es una transformación que el amor de Dios hace en nosotros, y que dependerá de la disponibilidad que hayamos ido cultivando aquí en la tierra.

Lunes 11 de noviembre
San Martín de Tours

Evangelio de Lucas 17, 1-6:
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Es inevitable que sucedan escándalos; pero ¡ay del que los provoca! Al que escandaliza a uno de estos pequeños, más le valdría que le ataran al cuello una piedra de molino y lo arrojasen al mar. Tengan cuidado. Si tu hermano te ofende, repréndelo; si se arrepiente, perdónalo; si te ofende siete veces en un día, y siete veces vuelve a decirte: ‘Lo siento’, lo perdonarás”. Los apóstoles le pidieron al Señor: “Auméntanos la fe”. El Señor contestó: “Si ustedes tuvieran fe como un granito de mostaza, dirían ustedes a ese árbol: ‘Arráncate de raíz y plántate en el mar’. Y les obedecería”.

Reflexión:
Los estudios de sociología de la religión más recientes muestran que un factor del descrédito en que han caído las religiones tradicionales, y en particular sus instituciones, son los escándalos. Por pedofilia, por fraude a organizaciones eclesiásticas, etc. Y la gente sencilla está desorientada. Es verdad que mucho de lo que se dice se exagera, que es más lo que no se sabe sobre el compromiso de la Iglesia que lo que aparece en los periódicos. La Iglesia, según algunos, debería convocar un nuevo Concilio. Sea lo que sea, se están pidiendo cambios. Es necesario seguir creyendo que estos cambios son posibles al interior de la comunidad creyente. En realidad, parecen imposibles, pero para los que tienen fe no es así, porque Dios está actuando siempre.

Martes 12 de noviembre
San Josafat

Evangelio de Lucas 17, 7-10:
En aquel tiempo, dijo el Señor: “¿Quién de ustedes que tenga un criado arando o pastoreando, le dice cuando llega del campo: ‘¿Ven, siéntate a la mesa’? ¿No le dirá más bien: ‘¿Prepárame la cena y sírveme mientras como y bebo, y luego comerás y beberás tú’? ¿Tienen que estar agradecidos con el criado porque ha hecho lo mandado? Así también ustedes: Cuando hayan hecho todo lo mandado, digan: ‘Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que debíamos hacer’”.

Reflexión:
Todos necesitamos de otro que nos devuelva a nosotros mismos, que nos haga recuperar nuestra verdadera identidad. Nadie se hace solo. Estas constataciones en el plano de la fe son importantísimas. Porque la fe lleva en un momento u otro a una conciencia que expresaba san Pablo en estos términos: “En él vivimos, nos movemos y existimos”. De Dios venimos, de Dios dependemos, de Dios nos viene nuestra fuerza y capacidad. Gloriarse de lo bueno que Dios opera a través de nosotros es olvidar que somos instrumentos en sus manos. Si hacemos lo que Dios nos manda, contentémonos con saber que todo es gracia. Y glorifiquemos a Dios en lugar de inflarnos de orgullo ciego. 

Miércoles 13 de noviembre
San Leandro

Evangelio de Lucas 17, 11-19:
En aquel tiempo, mientras Jesús iba camino a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se detuvieron a cierta distancia y a gritos le decían: “Jesús, maestro, ten compasión de nosotros”. Al verlos les dijo: “Vayan y preséntense a los sacerdotes”. Y, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias. Este era un samaritano. Jesús tomó la palabra y dijo: “¿No han quedado limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?”. Y le dijo: “Levántate y vete; tu fe te ha salvado”.

Reflexión:
Los samaritanos eran considerados alejados de Dios, ignorantes de la verdadera fe. Y, sin embargo, el leproso de Samaria es el único que regresa. ¿Por qué? Porque sentía que no se merecía nada; porque no se atribuía ningún derecho ante Dios. La curación de su lepra la recibe como un regalo y no como un premio. Lo que cuenta, incluso, no es la obediencia litúrgica sino una verdadera relación con Dios, relación fundada en la gratitud y no en los derechos y deberes. Y Jesús identifica esa gratitud con la fe y dice al leproso que esa fe lo ha salvado. Su humildad lo lleva a postrarse por tierra, pero la fe lo levanta y lo pone en marcha. 

Jueves 14 de noviembre
De la feria

Evangelio de Lucas 17, 20-25:
En aquel tiempo, a unos fariseos que le preguntaban cuándo iba a llegar el reino de Dios Jesús les contestó: “El reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque, el reino de Dios está entre ustedes”. Dijo a sus discípulos: “Llegará un día en que desearán ver uno solo de los días del Hijo del hombre, pero no lo verán. Si les dicen que está aquí o está allí, no vayan ni lo sigan. Como el fulgor del relámpago brilla de un horizonte a otro, así será el Hijo del hombre en su día. Pero antes tiene que padecer mucho y ser rechazado por esta generación”.

Reflexión:
 La invisibilidad del reino que enseña Jesús está en estrecha relación con lo que el mismo Jesús dice al final del evangelio de hoy: “Pero antes es necesario que el Hijo del hombre sufra mucho y que sea rechazado por esta generación”. Es una invisibilidad que lo lleva incluso al destierro. La invisibilidad de Dios no es fruto de una especie de huida de Dios. Quiere decir que su presencia en medio de nuestras vidas es diferente de los delirios de nuestra imaginación, que se figuraba un espectáculo sobrecogedor y aplastante. Si el reino de Dios está en medio de nosotros, y si nosotros no lo percibimos, entonces necesitamos que Dios nos abra los ojos a esa presencia que no estamos acostumbrados a detectar. 

Viernes 15 de noviembre
San Alberto Magno

Evangelio de Lucas 17, 26-37:
 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre: comían, bebían y se casaban, hasta el día que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos. Lo mismo sucedió en tiempos de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo, y acabó con todos. Así sucederá el día que se manifieste el Hijo del hombre. Aquel día, si uno está en la azotea y tiene sus cosas en casa, que no baje por ellas; si uno está en el campo, que no vuelva. Acuérdense de la mujer de Lot. El que trate de conservar su vida la perderá; pero el que la pierda, la conservará. Les digo esto: aquella noche estarán dos en una cama: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán; estarán dos mujeres moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejarán; estarán dos en el campo: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán”. Ellos le preguntaron: “¿Dónde, Señor?”. Él contestó: “Donde está el cadáver se juntarán los buitres”.

Reflexión:
 El mal no está en el origen de la creación. En ninguna parte se dice que Dios creó el mal. Simplemente aparece una misteriosa serpiente seductora, que tienta al ser humano y este termina cediendo. Pero el mal no estaba al principio. No es eterno. Tampoco el pecado. El pecado original no quiere decir pecado eterno. Lo único eterno es Dios, lo único eterno es la vida de Dios. Eso significa que algún día el pecado cesará, que el mal cesará, porque lo que comenzó un día terminará otro día. Los cristianos llamamos a ese final el día del Señor, el día de la manifestación gloriosa de Cristo, que ha vencido la muerte, que ha vencido al pecado, que ha derrotado al mal. ¿Quién quiere seguir hablando de este final glorioso con conceptos fríos? ¿No es mejor narrarlos como una epopeya grandiosa en que el amor invencible de Dios pone todo bajo el estrado de sus pies?

Sábado 16 de noviembre
Santa Margarita de Escocia / Santa Gertrudis

Evangelio de Lucas 18, 1-8:
En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: “Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. Había en la misma ciudad una viuda que no cesaba de suplicarle: ‘Hazme justicia frente a mi enemigo’. Por algún tiempo se negó, pero después se dijo: ‘Aunque ni temo a Dios ni respeto a los hombres, como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, para que no venga continuamente a molestarme’”. Y el Señor añadió: “Fíjense en lo que dice el juez injusto; entonces Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?, ¿los hará esperar? Yo les aseguro que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esa fe sobre la tierra?”.

Reflexión:
La fidelidad a la oración es un acto de rebeldía contra la tendencia terrible a la fatalidad. Orar es una forma de decir: no me resigno a creer que el mal es más fuerte que Dios. Orar es expresar una confianza inmensa en el poder de Dios que es capaz de resucitar a los muertos. Perseverar en la oración es uno de los gestos más decisivos de la fe cristiana. No desanimarse ante lo que nos parece una inatención de Dios ante nuestras súplicas es un acto de coraje y sabiduría. La perseverancia en el gesto, aunque muchas veces sea para protestar, para quejarse, para desahogarse, esa perseverancia trae sus frutos. Porque estar allí, como vemos en muchos lugares que Dios siempre está ahí, esperándonos, es darle una oportunidad increíble para que nos modele, nos purifique, nos trabaje con la dulzura de su Espíritu Santo. 

Domingo 17 de noviembre
XXXIII del Tiempo Ordinario

Evangelio de Lucas 21, 5-19:
 En aquel tiempo, algunos hablaban del templo, admirados de la belleza de sus piedras y de las ofrendas que lo adornaban. Jesús les dijo: “Esto que ustedes contemplan, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido”. Ellos le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo será eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?”. Él contestó: “Cuidado con que nadie los engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: ‘Yo soy’, o bien: ‘El momento está cerca’. No vayan tras ellos. Cuando oigan noticias de guerras y de revoluciones, no tengan pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida”. Luego les dijo: “Se alzará nación contra nación y reino contra reino, habrá grandes terremotos y, en diversos países, epidemias y hambre. Habrá también cosas espantosas y grandes señales en el cielo. Pero, antes de todo eso, los detendrán, los perseguirán, entregándolos a las sinagogas y a la cárcel, y los harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Así tendrán ocasión de dar testimonio de mí. Hagan el propósito de no preocuparse por su defensa, porque yo les daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ninguno de sus adversarios. E incluso serán traicionados por sus padres, y parientes, y hermanos, y amigos. Y a algunos de ustedes los matarán, y todos los odiarán por causa mía. Pero ni un cabello de su cabeza se perderá. Gracias a la constancia salvarán sus vidas”.

Reflexión:
La perseverancia en medio de las contradicciones y catástrofes de este mundo es lo que salvará al creyente. Junto con la confianza en que Dios actúa en su corazón y en su vida. Jesús describe esa actuación de Dios de forma admirable, diciéndonos que inclusive ni un solo cabello de nuestra cabeza se perderá. Dios está realmente ocupado de nosotros, Dios nos cuida en medio de las guerras, de las persecuciones, de las contradicciones que hemos de sufrir. En medio de los falsos profetas que viven anunciando que llega el fin del mundo, Dios está guiándonos. Hay que orar para pedirle su espíritu y para saber afrontar los juicios de este mundo. 

Lunes 18 de noviembre
Dedicación de las basílicas de san Pedro y san Pablo

Evangelio de Lucas: 18, 35-43:
“¿Qué quieres que haga por ti?”.  –Señor, que vea otra vez En aquel tiempo, cuando se acercaba Jesús a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que pasaba gente, preguntaba qué era aquello; y le explicaron que pasaba Jesús el Nazareno. Entonces gritó: “¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!”. Los que iban delante lo regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte: “¡Hijo de David, ten compasión de mí!”. Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran. Cuando estuvo cerca, le preguntó: “¿Qué quieres que haga por ti?”. Él dijo: “Señor, que vea otra vez”. Jesús le contestó: “Recobra la vista, tu fe te ha salvado”. En seguida recobró la vista y lo siguió glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alababa a Dios.

Reflexión:
El texto del evangelio deja entrever muchas cosas sobre el ciego: había oído hablar de Jesús, podríamos decir que lo conocía, porque es capaz de darle un título hermoso con el que los cristianos identificaron a Jesús: el Hijo de David. El ciego, además, es curioso y obstinado. Se atreve a preguntar, al oír el ruido del gentío, qué es lo que pasa. Estaba ciego físicamente, pero su corazón estaba abierto a los murmullos del paso de Dios por su vida. Y es obstinado, casi desvergonzado: grita fuertemente en público, no teme a la gente que lo trata de callar. Y su actitud decidida obtiene lo que quiere: el encuentro. Y ese encuentro se convierte en un diálogo que el mismo Jesús inicia con una de las más bellas preguntas que Dios nos hace: “¿Qué quieres que haga por ti?”. La respuesta no es sino la manifestación del anhelo: “¡Señor, que vea!

Martes 19 de noviembre
Santa Isabel de Hungría / San Andrés Avelino

Evangelio de Lucas 19, 1-10:
En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Vivía allí un hombre muy rico llamado Zaqueo, jefe de los publicanos, que trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: “Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa”. Él bajó en seguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: “Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador”. Pero Zaqueo se puso en pie y dijo al Señor: “Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más”. Jesús le contestó: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa ya que también este es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido”.

Reflexión:
 Zaqueo tenía ganas de ver a Jesús, a pesar de ser considerado como un pecador. Zaqueo, no siendo romano, se encargaba de un trabajo sucio: que nadie, por más pobre que fuera, evadiera los tributos que reclamaba el César. Y de paso sacaba provecho, pedía más de lo exigido, se había enriquecido. Notemos que es Jesús mismo el que decide venir a su casa: “Zaqueo, baja rápido, hoy debo ir a tu casa”. Misterio insondable de la fe: ¿De dónde le viene a este hombre el deseo de ver a Dios? ¿Por qué Jesús debe ir a la casa de un pecador detestado por todos? Sorpresa de la misericordia divina que transforma lo impensable. En todo caso, el gesto de hospitalidad de Zaqueo lo liberó de la codicia. Jesús, albergado por un pecador, transforma su vida y lo vuelve solidario con los pobres, a quienes había despojado.

Miércoles 20 de noviembre
De la feria
 
Evangelio de Lucas 19, 11-28:
 En aquel tiempo, mientras la gente escuchaba a Jesús les contó una parábola, porque ya estaba cerca de Jerusalén y ellos pensaban que el reino de Dios iba a llegar de un momento a otro. Dijo, pues: “Un hombre de familia noble se fue a un país lejano para conseguir el título de rey, y volver después. Llamó a diez empleados suyos y les repartió diez onzas de oro, diciéndoles: ‘Negocien hasta que vuelva’. Sus conciudadanos, que lo aborrecían, enviaron tras él una delegación para informar: ‘No queremos que él sea nuestro rey’. Cuando volvió con el título real, mandó llamar a los empleados a quienes había dado el dinero, para enterarse de lo que había ganado cada uno. El primero se presentó y dijo: ‘Señor, tu onza ha producido diez’. Él le contestó: ‘Muy bien, eres un empleado cumplidor; como has sido fiel en lo poco, tendrás autoridad sobre diez ciudades’. El segundo llegó y dijo: ‘Tu onza, señor, ha producido cinco’. A ese le dijo también: ‘Pues toma tú el mando de cinco ciudades’. El otro llegó y dijo: ‘Señor, aquí está tu onza; la he tenido guardada en el pañuelo; te tenía miedo, porque eres hombre exigente, que reclamas lo que no prestas y cosechas lo que no siembras’. Él le contestó: ‘Por tus propias palabras te condeno, empleado holgazán. ¿Con que sabías que soy exigente, que reclamo lo que no presto y cosecho lo que no siembro? Pues, ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Al volver yo, lo habría cobrado con los intereses’. Entonces dijo a los presentes: ‘Quítenle a este la onza y dénsela al que tiene diez’. Le replicaron: ‘Pero, Señor, si ya tiene diez’. ‘Les digo: Al que tiene se le dará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Y a esos enemigos míos, que no me querían por rey, tráiganlos aquí y mátenlos en mi presencia’”. Dicho esto, Jesús, caminando adelante, emprendió la subida a Jerusalén.

Reflexión:
 La parábola de hoy es introducida por una nota que marca cualquier interpretación: “Jesús añadió una parábola, porque estaba cerca de Jerusalén y creían ellos que el reino de Dios aparecería de un momento a otro”. Se podría pensar que las personas que están conscientes de que ya va a llegar el Reino de Dios son más vigilantes, están más preparadas. Pero resulta que, en contra de las apariencias, esas personas se descuidan, no fructifican. Hoy podemos constatar en muchas predicaciones exaltadas el anuncio de la llegada del Reino. Incluso para el año 2012 hubo mucho temor en algunas personas, porque pensaban que una profecía de los indígenas Maya se iba a cumplir. Muchas personas viven bajo esa expectación nerviosa de la llegada del fin del mundo. La parábola con que Jesús nos instruye nos dice más bien lo siguiente: en lugar de perder sus energías averiguando fechas, pónganse a trabajar; aprovechen los dones que Dios les dio. Por muy pequeños que parezcan esos dones, por muy insignificantes que sean, es lo que tenemos y lo que se ha confiado a nuestra responsabilidad. La ansiedad y el temor que provocan las especulaciones sobre el fin no hacen sino paralizarnos; nos conducen a un desperdicio de la vida. En la fe hay que producir frutos; la fe tiene que operar por medio de las obras del amor, si no, está vacía. Por eso, encontrar los medios más adecuados para lograr que el Reino de Dios vaya creciendo en el mundo es lo que cuenta.

Jueves 21 de noviembre
Presentación de la Virgen María

Evangelio de Lucas 19, 41-44:
 “En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, lloró sobre ella, mientras decía: “¡Si reconocieras tú también en este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está escondido a tus ojos. Pues vendrán días sobre ti en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco de todos lados, te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra. Porque no reconociste el tiempo de tu visita”.

Reflexión:
Jesús relaciona la paz con el conocimiento. Pero resulta que eso que conduce a la paz estaba oculto para Jerusalén, que creía que la paz le venía de su alianza servil con el Imperio Romano. Los dirigentes religiosos estaban convencidos de que, matando a Jesús, una amenaza de rebelión, lograrían tranquilizar al Imperio que no gustaba de motines ni sublevaciones. Esa precaria paz, que provenía de la confianza ciega en un imperio avasallador, era puro engaño. Años más tarde Jerusalén fue destruida y se corroboraron las palabras de Jesús. En lugar de dejarse visitar por la paz de Jesús, Jerusalén prefirió la paz de las centurias romanas. Y pagó las consecuencias. Conocer entonces lo que realmente nos produce la paz, descubrir lo que puede hacer Dios que nos visita, ahí está la clave de la fe. 

Viernes 22 de noviembre
Santa Cecilia
 
Evangelio de Lucas 19, 45-48:
En aquel tiempo, Jesús entró en el templo y se puso a echar a los vendedores, diciéndoles: “Escrito está: ‘Mi casa será casa de oración’; pero ustedes la han hecho una ‘cueva de bandidos’”. Todos los días enseñaba en el templo. Por su parte, los sumos sacerdotes, los escribas y los principales del pueblo buscaban acabar con él, pero no sabían qué hacer, porque todo el pueblo estaba pendiente de él, escuchándolo.

Reflexión:
¿Cómo es posible que el lugar de oración se vuelva cueva de ladrones? Jesús conoció la degeneración de la religión hasta ese grado. Nunca se insistirá demasiado entre la oposición que hay entre el dinero y Dios. Tampoco nos cansaremos de decir que el lío no está en el dinero mismo, sino en el olvido del destino para el cual hemos sido creados: Dios. Él nos creó y nuestro corazón estará inquieto hasta que no descanse en él. Ciertamente muchos hermanos del mundo descansarían con un poco más de dinero. Porque muchos viven con menos de un dólar al día. Esto es escandaloso. Pero justamente si hay esas situaciones de injusticia tan grandes en el mundo es porque los seres humanos hemos convertido al dinero en el dios que gobierna al mundo.
 
Sábado 23 de noviembre
San Clemente I

Evangelio de Lucas 20, 27-40:
En aquel tiempo, se acercaron algunos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, y preguntaron a Jesús: “Maestro, Moisés nos dejó escrito: ‘Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, que tome la mujer como esposa y dé descendencia a su hermano’. Pues bien, había siete hermanos; el primero se casó y murió sin hijos. El segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete, y murieron todos sin dejar hijos. Por último, también murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete la tuvieron como mujer”. Jesús les dijo: “En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo, pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio. Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección. Y que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: ‘Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob’. No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos”. Intervinieron unos escribas: “Bien dicho, Maestro”. Y no se atrevían a hacerle más preguntas.

Reflexión:
Los saduceos negaban la resurrección y, por tanto, el cielo. Por eso tientan a Jesús con esa historia de la mujer que enviuda siete veces sin lograr tener descendencia. Ellos pensaban que con ese enredo iban a confundir a Jesús. Pero la respuesta es clara: en el cielo no habrá necesidad de casarse, será otra situación como la de los ángeles, que solo viven para glorificar a Dios. Aunque nos imaginemos el cielo como un banquete o como un concierto en donde resuena la música celeste, el cielo es algo que sobrepasa nuestra imaginación. Porque lo esencial de ese estado celestial es la relación con el Dios de la vida. Estar muerto para Dios es estar alejado de su vista, es andar lejos de su presencia.

Domingo 24 de noviembre
Jesucristo, Rey del universo

 Evangelio de Lucas 23, 35-43:
 Cuando Jesús estaba ya crucificado, el pueblo estaba allí mirando. Las autoridades le hacían muecas diciendo: “A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si es el Mesías de Dios, el Elegido”. Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo: “Si eres Tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo”. Había encima de él una inscripción: “Este es el rey de los judíos”. Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: “¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros”. Pero el otro le increpaba: “¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Nosotros la sufrimos justamente porque recibimos el pago de lo que hicimos, en cambio, él no ha hecho nada malo”. Y decía: “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino”. Jesús le respondió: “Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso”.

Reflexión:
Jesús es rey por esa libertad, por esa confianza, por esa fe en la bondad de su Padre, a quien finalmente se abandona. Su reinado es el del amor; su reinado es el del perdón. Basta contemplarlo hoy en la cruz para constatar el dominio que le da su esperanza y su fe en el Padre. Dejar a Jesús ser rey no es pedirle que se imponga soberanamente a nuestra razón. Él siempre pedirá un gesto de confianza parecido al que hacemos cuando amamos, cuando aceptamos la autoridad de un profesor, cuando creemos en un trabajador que nos dice cómo sucedió tal cosa. Confianza que no puede ser a base de pruebas, sino fundada en su amor. Porque es con lazos de amor que Jesús nos atrae, porque su reinado es el de la cruz y no el de un cetro pomposo y majestuoso. 

Lunes 25 de noviembre
Santa Catalina de Alejandría

Evangelio de Lucas 21, 1-4:
En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos, vio a unos ricos que echaban donativos en el tesoro del templo; vio también una viuda pobre que echaba dos moneditas, y dijo: “En verdad les digo que esa pobre viuda ha echado más que todos, porque todos esos han contribuido a los donativos con lo que les sobra, pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir”.

Reflexión:
El primer apellido de la fe podría ser ese: generosidad. Don total de Dios que se entrega en la cruz. El cálculo en la entrega, la mezquindad en la siembra nunca augura buena cosecha de bienaventuranza. “Felices los generosos”, es el título de un libro genial del padre Atilano Alaiz. Esa es la grandeza de esta viuda que dio todo lo que tenía para vivir. Qué lejos estamos con este evangelio de una fe tacaña y aburrida que no conoce el gozo de la entrega, que no conoce el fuego de la pasión hasta la cruz. Hemos desfigurado tanto la fe que se ha vuelto muy razonable, cuando en realidad la fe es un fuego que nos permite atravesar el dolor, el mal, la muerte, las dificultades, con un coraje que nos lleva a agarrarnos solo del dedo de Dios.
 
Martes 26 de noviembre
Beato Santiago Alberione

Evangelio de Lucas 21, 5-11:
En aquel tiempo, como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra de calidad y exvotos, Jesús les dijo: “Esto que contemplan, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida”. Ellos le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo va a suceder eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?”. Él dijo: “Miren que nadie los engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre diciendo: ‘Yo soy’, o bien: ‘Está llegando el tiempo’; no vayan tras ellos. Cuando oigan noticias de guerras y de revoluciones, no tengan pánico. Porque es necesario que eso ocurra primero, pero el fin no será enseguida”. Entonces les decía: “Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países, hambres y pestes. Habrá también fenómenos espantosos y grandes signos en el cielo”.

Reflexión:
La tierra no es el paraíso y por eso hay terremotos, inviernos crudos que nos causan gravísimos problemas. Pensar que los cambios climáticos son signos del cielo avisando que llega el fin, en realidad es ingenuo. Todas las culturas narran cambios climáticos. Es parte de este mundo creado perfectamente imperfecto por Dios. La acción de Dios en la historia humana es más bien la del amor que comparte el sufrimiento humano. Lo que importa no es que haya terremotos, que no quede piedra sobre piedra, que haya inundaciones. Dios sufre con nosotros y por eso nos comprende. El Dios crucificado no es el Dios insensible, incapaz de sufrir por sus hijos. Lo que importa es que, acompañados por el amor de Dios, no dejemos sufrir a nuestros hermanos por causa de las desgracias. Que evitemos, con la prevención de la inteligencia y del amor, que las personas sufran inútil y cruelmente.

Miércoles 27 de noviembre
Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa

Evangelio de Lucas 21, 12-19:
 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Les echarán mano, los perseguirán, entregándolos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndolos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto les servirá de ocasión para dar testimonio. Por ello, métanse bien en la cabeza que no tienen que preparar su defensa, porque yo les daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario de ustedes. Y hasta sus padres, y parientes, y hermanos, y amigos los entregarán, y matarán a algunos de ustedes, y todos los odiarán a causa de mi nombre. Pero ni un cabello de su cabeza perecerá; con su perseverancia salvarán sus almas”.

Reflexión:
En el evangelio de hoy constatamos cómo los primeros cristianos, literalmente, “fueron odiados de todos”. En realidad, la fe en Cristo no es un compromiso fácil, porque implica ineludiblemente la persecución. Los santos incluso tuvieron que afrontarla al interior de la Iglesia. Fueron los mismos hermanos de comunidad los que desterraron a algunos de los fundadores; es al interior de la misma comunidad creyente que se sienten las más vivas reticencias contra la revolución que instauran las bienaventuranzas. Pero la sabiduría del Espíritu Santo triunfa y la santidad vence. No caigamos en la trampa de aplaudir a los santos del pasado, cuando al mismo tiempo estamos rechazando a los del presente, a los que están a nuestro lado. 

Jueves 28 de noviembre
Santa Catalina Labouré

Evangelio de Lucas 21, 20-28:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Cuando vean a Jerusalén sitiada por ejércitos, sepan que entonces está cerca su destrucción. Entonces los que estén en Judea, que huyan a los montes; los que estén en medio de Jerusalén, que se alejen; los que estén en los campos, que no entren en ella; porque estos son “días de venganza” para que se cumpla todo lo que está escrito. ¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! Porque habrá una gran calamidad en esta tierra y un castigo para este pueblo. “Caerán a filo de espada”, los llevarán cautivos “a todas las naciones”, y “Jerusalén será pisoteada por gentiles”, hasta que alcancen su plenitud los tiempos de los gentiles. Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y el oleaje, desfalleciendo los hombres por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo serán sacudidas. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria. Cuando empiece a suceder esto, levántense, alcen la cabeza; se acerca su liberación”.

Reflexión:
 Hay algo paradójico en el evangelio de hoy. Por un lado, san Lucas nos presenta una parte del discurso de Jesús que es aterradora: destrucción de Jerusalén, días de venganza, calamidades y cólera contra el pueblo de Jerusalén. Pero habrá también terribles señales, estruendo del mar, etc. Por otro lado, una invitación curiosísima: “Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobren ánimo y levanten la cabeza, porque se acerca su liberación”. Las tragedias, las guerras, los cambios cósmicos que aterran a los seres humanos, al creyente no lo alteran: Dios está preparando el fin, Dios está trabajando en la historia y la conduce según sus designios, que no son otros que la liberación. 

Viernes 29 de noviembre
De la feria
 
Evangelio de Lucas 21, 29-33:
  En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos una parábola: “Fíjense en la higuera y en todos los demás árboles: cuando ven que ya echan brotes, conocen por ustedes mismos que ya está llegando el verano. Igualmente ustedes, cuando vean que suceden estas cosas, sepan que está cerca el reino de Dios. En verdad les digo que no pasará esta generación sin que todo suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”.

Reflexión:
¿Cuáles son las palabras de Jesús que no pasarán? ¿De qué promesa se trata exactamente? La promesa que no pasará es que todos los que intentan vivir según el estilo y la voluntad de Jesús no morirán. La promesa es el evangelio que nos enseña a vivir en la historia con esperanza, sin temores, sin sobresaltos relacionados con fechas sobre el fin del mundo. En la fe cristiana no cabe el temor, el miedo. Constantemente Jesús repitió a sus discípulos esta frase: “No tengan miedo”. Y si hay signos que nos aterran, como un terremoto, como un maremoto, comprendamos de una vez por todas que en estos casos la Biblia habla con un lenguaje figurado, que nos trata de hacer entender la grandeza del designio de Dios. Lenguaje que nos quiere dar confianza, porque lo que cuenta no es el terror de los cataclismos de todo tipo, sino la cercanía del reino de Dios entre nosotros. 

Sábado 30 de noviembre
San Andrés, apóstol

Evangelio de Mateo 4, 18-22:
 En aquel tiempo paseando Jesús junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores. Les dijo: “Vengan en pos de mí y y los haré pescadores de hombres”. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca restaurando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.

Reflexión:
Los apóstoles, como Andrés, son el fundamento de la Iglesia por haber vivido con Cristo y haber sido testigos de su resurrección. Pero ante todo por su disponibilidad para acompañar a Jesús, para vivir ese proceso de crecimiento en la fe que los condujo al martirio. El evangelio nos indica que hay una ruptura con el trabajo y con la familia. Los discípulos dejan las redes y dejan también a su padre. En la Iglesia hay algunos creyentes que viven esa forma de seguimiento de Cristo. Pero eso no significa que esa sea la única ni la más perfecta. Todas son perfectas: el que vive el seguimiento de Cristo en su hogar, puede llegar a la perfección. El que asume el trabajo con el espíritu del evangelio, sin necesidad de abandonarlo, puede llegar a perfeccionarse en una labor humana, hecha con responsabilidad y profesionalismo. Pero los que siguen a Jesús como Andrés o Pedro, generalmente tienen la tarea de animar a la comunidad creyente, como presbíteros, como obispos, como religiosos. Tienen una función particular, no más perfecta que la de los laicos, y de su testimonio de vida depende mucho la marcha de la Iglesia. Una de sus tareas es la de sostener a los creyentes.

 
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Comentarios:

Muy buenos los comentarios.Imprescindibles para la comunicación en las redes sociales y de extraordinaria actualidad.Muchas gracias y bendiciones.
Rene Susana Gerardo
02/11/2019

 
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