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MEDITACIÓN DIARIA
DEL EVANGELIO - AGOSTO 2022
-Por Padre Juan Bytton Arellano, sacerdote jesuita-

Intención del papa Francisco para el mes de agosto: Recemos para que los pequeños y medianos empresarios, duramente afectados por la crisis económica y social, encuentren los medios necesarios para continuar su actividad al servicio de las comunidades en las que viven.

Lunes 01
San Alfonso María de Ligorio, obispo y doctor
Jr 28, 1-17; Sal 118, 29.43.79.80.95.102; Mt 14, 13-21

Evangelio: En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, se marchó de allí en una barca, a un sitio tranquilo y apartado. Cuando la gente lo supo, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar, vio Jesús la muchedumbre, sintió compasión de ellos y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a los poblados y compren algo de comer». Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, denles ustedes de comer». Ellos le replicaron: «No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces». Les dijo: «Tráiganmelos». Mandó a la gente que se sentara sobre la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos y los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos hasta saciarse y recogieron doce canastos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

Reflexión: Mateo nos sigue contando cómo la misericordia es la dinámica que mueve a Jesús. Incluso cuando busca lugares «tranquilos y apartados», encuentra personas que están pasando necesidad y se detiene a ayudarlas. Luego de la salud física y espiritual, viene el hambre material y Jesús no las deja solas. Ahora, es el momento para manifestar la gracia de Dios a través del dinamismo de la solidaridad. Si cada uno pone lo que tiene al servicio de los demás, entonces los bienes alcanzarán para todos. Estamos ante una multiplicación de panes que significa una multiplicación de la solidaridad, que permite a todos comer «hasta saciarse» y aun sobra para seguir compartiendo.

Me pregunto: ¿Es la solidaridad un signo vivo y visible de mi fe? ¿Cómo administro mis bienes de manera que deje lugar para compartir?

Martes 02
San Eusebio de Vercelli
Jr 30, 1-2.12-15.18-22; Sal 101, 16-21.29.22-23; Mt 14, 22-36

Evangelio: En aquel tiempo, inmediatamente después de la multiplicación de los panes, Jesús ordenó a sus discípulos que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo. Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada, se les acercó Jesús, andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo en seguida: «¡Ánimo, soy yo, no tengan miedo!». Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre las aguas». Él le dijo: «Ven». Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame». En seguida, Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: «¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?». En cuanto subieron a la barca, se calmó el viento. Los de la barca se postraron ante él, diciendo: «Verdaderamente eres Hijo de Dios». Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. Y los hombres de aquel lugar, apenas lo reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella región y trajeron a todos los enfermos. Le pedían tocar siquiera el borde de su manto, y cuantos lo tocaron quedaron completamente sanos.

Reflexión: Antes de la multiplicación de los panes, Jesús quería ir a un lugar tranquilo. Ahora sube a un monte a orar y luego sale al encuentro de sus discípulos. Mateo describe aquí a Jesús como el Dios de la creación. «Soy yo» y «No tengan miedo» son el binomio afectivo que acompañará a Jesús, confirmando la presencia del Dios de la historia. A Pedro, nuevamente, le cuesta entender esto. Lo mismo también puede ocurrirnos a nosotros cuando el Señor nos invita a ir más allá, llevando la barca a lugares difíciles. En algún momento, quizás sintamos que nos estamos hundiendo, sin caer en la cuenta de que quien conduce la barca es siempre el Señor.

Me pregunto: ¿Pongo toda mi confianza en el Señor de la vida y la historia? ¿Busco con fe a Jesús en los momentos de angustia?

Miércoles 03
San Pedro de Anagni
Jr 31, 1-7; Sal: Jr 31, 10-13; Mt 15, 21-28

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús se fue de allí y se retiró a la región de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, procedente de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija es atormentada por un demonio». Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando». Él les contestó: «Solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel». Ella los alcanzó, se postró ante él, y le pidió: «Señor, ayúdame». Él le contestó: «No está bien echar a los perros el pan de los hijos». Pero ella replicó: «Tienes razón, Señor; pero también los perros comen las migajas que caen de la mesa de los amos». Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas». Y en aquel momento quedó curada su hija.

Reflexión: La curación que se relata aquí se realiza en una tierra extranjera, en favor de la hija de una mujer cananea. Mateo, a diferencia de Marcos, cuenta la intervención de los discípulos: «Atiéndela, viene detrás gritando». Ante la respuesta de Jesús, que puede sonar excluyente, el pedido de la mujer incluye a toda la humanidad: «Señor, ayúdame». ¿Cuántas veces este grito ha llegado al cielo y cuántas veces queremos escuchar las palabras del Señor: «Qué grande es tu fe»? Ese es el modo como la misericordia de Dios cruza toda frontera. Solo espera de nosotros esa misma actitud de confianza y compromiso.

Me pregunto: ¿Escucho la voz de las personas marginadas? ¿Cómo preparo mis oraciones de intercesión ante Dios?

Jueves 04
San Juan María Vianney, presbítero
Jr 31, 31-34; Sal 50, 12-15.18-19; Mt 16, 13-23

Evangelio: En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?». Ellos contestaron: «Unos dicen que Juan Bautista, otros que Elías, y otros que Jeremías o uno de los profetas». Él les preguntó: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?». Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». Jesús le respondió: «¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en los cielos. Ahora yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del Reino de los Cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo». Y les mandó a los discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías. Desde entonces, empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro lo llevó aparte y se puso a increparlo: «¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte». Jesús se volvió y dijo a Pedro: «Aléjate de mí, Satanás, que me haces tropezar, porque tú piensas como los hombres, no como Dios».

Reflexión: Jesús plantea a sus discípulos la pregunta sobre su identidad. Él sabe quién es, pero acompaña a sus discípulos para que ellos mismos lo descubran como el Mesías esperado. Con Pedro, sucede lo mismo; ante la identidad de Jesús, nace también la de él. Y con la de él, a su vez, surge la identidad de la Iglesia. De esa forma, se refuerza la unión del misterio de Dios con la realidad humana. Pero esto implica sacrificio y cruz. Jesús es consciente de esto. Además, pide a los suyos no decir nada aún sobre lo que acaban de escuchar porque todavía queda mucho camino por recorrer. Por su parte, Pedro quiere anteponer de nuevo su punto de vista; pero Jesús, con firmeza, lo reconduce por el camino correcto.

Me pregunto: Por la intercesión de san Juan María Vianney, pidamos por todos los que consagran su vida al servicio del evangelio, el perdón y la paz.

Viernes 05
Dedicación de la Basílica de Sta. María la Mayor
Na 2, 1.3; 3, 1-3.6-7; Sal: Dt 32, 35-36.39.41; Mt 16, 24-28

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «El que quiera venir conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque quien quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará. ¿Pues de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del Hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta. Les aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin antes haber visto al Hijo del Hombre llegar en su reino».

Reflexión: El Mesías sufrirá, leímos ayer. Pero eso es muy difícil de entender para sus seguidores. Una gran tentación del creyente es pensar que invocando a Dios y siguiendo a Jesús nos libraremos de todos los males y de las cruces de cada día. Pero no es así. La vida en Cristo consiste en entregar nuestra vida al servicio de los demás. Por eso, en este acápite, Jesús emplea un lenguaje que parece comercial: ganar o perder. Pero lo cierto es que, a la luz de la misericordia de Dios, los valores del evangelio superan todo criterio humano, de manera que la vida en solidaridad nos abre a la eternidad. Esa es la recompensa, la puerta abierta por Jesús.

Me pregunto: ¿Cuáles son los criterios que guían mi vida? ¿Cómo ilumino mis opciones y decisiones desde los valores evangélicos?

Sábado 06
Transfiguración del Señor
Dn 7, 9-10.13-14; o bien 2 P 1, 16-19; Sal 96, 1-2.5-6.9; Lc 9, 28b-36

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús tomó a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto de la montaña para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blanco. De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, aparecieron con gloria, hablaban de su muerte, que él iba a consumar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros se caían de sueño; y, espabilándose, vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras estos se alejaban, dijo Pedro a Jesús: «Maestro, qué bien se está aquí. Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». No sabía lo que decía. Todavía estaba hablando, cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía: «Este es mi Hijo, el escogido, escúchenlo». Cuando sonó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.

Reflexión: Moisés y Elías representan la ley y los profetas, pero es en Jesús en quien todo llega a su cumplimiento. La voz del cielo confirma esta novedad. Y es la misma que, en el bautismo de Jesús, nos lo presenta como Hijo de Dios y ahora nos dice: «Este es mi Hijo amado, escúchenlo». Sin embargo, no puede faltar una nueva tentación: «Qué bien se está aquí. Haremos tres tiendas». Se trata de la tentación de vivir estancados contemplando la luz solo para mí y los míos. Pero Jesús hace de su vida un camino de descenso. Podría contestar: «No, Pedro, mejor vayamos a construirlas donde realmente se necesiten, para quienes pasan frío y soledad, fracaso y miseria».

Me pregunto: ¿Cómo vivo la transfiguración de Jesús que me invita a descender e ir al encuentro de los más necesitados?

Domingo 07
XIX del Tiempo Ordinario
Sb 18, 6-9; Sal 32, 1.12.18-20.22; Hb 11, 1-2.8-19; F. B. Hb 11, 1-2.8-12; Lc 12, 32-48 F. B. Lc 12, 35-40 - SALTERIO III

Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No temas, pequeño rebaño, porque el Padre de ustedes ha tenido a bien darles el reino. Vendan sus bienes y den limosna; consíganse bolsas que no se desgasten, y acumulen un tesoro inagotable en el cielo, donde no se acercan los ladrones ni destruye la polilla. Porque allí donde tengan su tesoro, tendrán también su corazón. Tengan ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Ustedes estén como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre despiertos; les aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos. Comprendan que, si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría asaltar su casa. Lo mismo ustedes, estén preparados, porque a la hora que menos piensen viene el Hijo del Hombre». Pedro le preguntó: «Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?». El Señor le respondió: «¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración de alimentos a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Les aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si el empleado piensa: “Mi Señor tarda en llegar”, y empieza a pegarles a los criados y a las criadas, y se pone a comer y beber y a emborracharse, llegará el Señor de aquel criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. El criado que conoce la voluntad de su señor, pero no está preparado o no hace lo que él quiere, recibirá un castigo muy severo. En cambio, el que, sin conocer esa voluntad, hace cosas reprobables, recibirá un castigo menor. A quien se le dio mucho, se le exigirá mucho; y a quien se le confió mucho, se le pedirá mucho más».

Reflexión: La espera del retorno de Jesús está demorando para las primeras comunidades. Lucas quiere ayudarlas a darse cuenta de que el regreso del Salvador no será según la lógica humana. Los discípulos deben esperar, sí, pero de manera activa, compartiendo la vida cada día. Es interesante que el acento esté en el administrador fiel y solícito, porque se trata de una realidad que implica compromiso y orden. Eso demanda una mayor formación en la fe para conocer cómo vivió Jesús y se entregó por el bien de los demás (Hch 10, 37-42). Nuestra fe es esperanza; es decir, una espera dinámica, viva, solidaria e iluminada por el amor misericordioso de Dios.

Me pregunto: ¿Cuál es la calidad de mi espera? ¿Cómo comparto mi vida cada día poniendo mi esperanza en el Dios de Jesús?

Lunes 08
Santo Domingo de Guzmán, presbítero
Ez 1, 2-5.24-28c; Sal 148, 1-2.11-14; Mt 17, 22-27

Evangelio: En aquel tiempo, mientras Jesús y los discípulos recorrían juntos Galilea, les dijo Jesús: «El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres, lo matarán, pero al tercer día resucitará». Y ellos se entristecieron mucho. Cuando llegaron a Cafarnaún, los que cobraban el impuesto de las dos dracmas se acercaron a Pedro y le preguntaron: «¿Su maestro no paga el impuesto de las dos dracmas?». Pedro contestó: «Sí». Cuando llegó a casa, Jesús se adelantó a preguntarle: «¿Qué te parece, Simón? Los reyes del mundo, ¿a quién le cobran impuestos y tasas, a sus hijos o a los extraños?». Contestó Pedro: «A los extraños». Jesús le dijo: «Entonces, los hijos están exentos. Sin embargo, para no escandalizarlos, ve al lago, echa el anzuelo, toma el primer pez que pique, ábrele la boca y encontrarás una moneda de plata. Tómala y págales por mí y por ti».

Reflexión: Mateo nos narra hoy el segundo anuncio de la pasión. Pero esta vez menciona la tristeza que eso provoca en los discípulos. Luego, narra la realidad por la que están pasando todos en aquel tiempo: la presencia del Imperio y el cobro de impuestos. Jesús no es ajeno a esa situación de su pueblo, más bien integrará todo ello a su propio sufrimiento. Por otro lado, el pedido que le hace a Pedro de sacar una moneda de plata de un pez, seguramente, es alguna expresión coloquial de la época, que podía ser entendida por todos sus interlocutores. La palabra de Dios, por tanto, sabe encarnarse en cada cultura.

Me compromento: En la memoria de santo Domingo de Guzmán, pidamos por todos los que anuncian y predican la palabra de Dios.

Martes 09
Santa Teresa Benedicta de la Cruz, virgen y mártir
Ez 2, 8—3, 4; Sal 118, 14.24.72.103.111.131; Mt 18, 1-5.10.12-14

Evangelio: En aquel momento, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: «¿Quién es el más importante en el Reino de los Cielos?». Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo: «En verdad les digo que, si no se convierten y se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos. Por lo tanto, el que se haga pequeño como este niño, ese es el más grande en el Reino de los Cielos. El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí. Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque les digo que sus ángeles están viendo siempre en los cielos el rostro de mi Padre celestial. ¿Qué les parece? Supongamos que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en el monte y va en busca de la extraviada? Y si la encuentra, en verdad les digo que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado. De la misma manera, su Padre que está en el cielo no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños».

Reflexión: En este hermoso pasaje de Mateo, Jesús pone en el centro a un niño. ¿Dónde habrá estado antes? Seguro detrás de la gente, escondido, ignorado, echado aparte. Poniendo en el centro la vida y dignidad de este niño, Jesús abre el camino que permite entrar y vivir en el reinado de Dios. El camino y la puerta pueden ser estrechos (Mt 7, 13), justamente a la medida de un niño y de alguien que se inclina para servir. Por eso, se trata de acoger lo pequeño, lo frágil, lo que es ignorado por la gente; porque allí está el Reino de Dios. De allí la alegría del Padre por cada persona que se convierta, que retome el camino de la misericordia y el servicio, que viva el evangelio.

Me pregunto: ¿Hago de mi vida un proceso de conversión al evangelio y a los últimos? ¿Cuán importante son los niños y su futuro en mi vivencia de fe?

Miércoles 10
San Lorenzo, diácono y mártir
2 Co 9, 6-10; Sal 111, 1-2.5-9; Jn 12, 24-26

Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Les aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará».

Reflexión: Si nos fijamos en la metáfora del grano, vemos que la germinación de una planta no se limita a un hecho biológico, sino que siempre es un misterio: «El Reino de Dios es como un hombre que sembró un campo; de noche se acuesta, de día se levanta y la semilla germina y crece sin que él sepa cómo» (Mc 4, 26-27). En Dios, la muerte misma lleva una vida nueva. Jesús hizo realidad esta metáfora. Pues él es el grano que cae en tierra para luego ser alzado en la cruz, él es el grano que lleva en sí el germen de la vida verdadera. El ambiente de persecución en el que Juan escribe su evangelio no ha cambiado, al igual que el profundo deseo humano de darle sentido pleno a la vida.

Rezo: Que san Lorenzo, mártir de la fe y el servicio, ilumine la vida de todos los que hoy necesitan afianzar su esperanza en medio de tantas dificultades.

Jueves 11
Santa Clara, virgen
Ez 12, 1-12; Sal 77, 56-59.61-62; Mt 18, 21—19, 1

Evangelio: En aquel tiempo, Pedro, acercándose a Jesús, le preguntó: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?». Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Y a propósito de esto, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus siervos. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”. El señor tuvo compasión de aquel siervo y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el siervo aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: “Págame lo que me debes”. El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”. Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: “¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”. Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con ustedes mi Padre que está en los cielos si cada cual no perdona de corazón a su hermano». Cuando acabó Jesús estas palabras, partió de Galilea y vino a la región de Judea, al otro lado del Jordán.

Reflexión: «Hasta setenta veces siete» puede tener muchas interpretaciones, pero lo seguro es que el perdón es signo constitutivo de la fe. Es el costo del amor, la raíz de la fraternidad. Por ello, este pasaje inicia y termina con la palabra «hermano». La parábola ilustra esta realidad. Al señor se le remueven las entrañas frente al siervo deudor, pero este no tiene compasión de un hermano que está en la misma situación. Vemos como, a veces, la misericordia no fluye cuando el corazón y el bolsillo se endurecen. La cólera del señor es la indignación frente a una pregunta muy actual: «¿No debías tú también tener misericordia con tu compañero como yo tuve misericordia contigo?».

Me pregunto: ¿Es el perdón parte constitutiva de mi fe? ¿Perdono de corazón las ofensas de mis hermanos?

Viernes 12
Santa Juana Francisca de Chantal, religiosa
Ez 16, 1-15.60.63 F. B. Ez 16, 59-63; Sal: Is 12, 2-6; Mt 19, 3-12

Evangelio: En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba: «¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo?». Él les respondió: «¿No han leído que el Creador, en el principio, los creó hombre y mujer, y dijo: “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne”? De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre». Ellos insistieron: «¿Y por qué mandó Moisés darle acta de repudio y divorciarse?». Él les contestó: «Por la dureza de su corazón, Moisés les permitió divorciarse de sus mujeres; pero, al principio, no era así. Por lo tanto, yo les digo: el que se divorcia de su mujer, a no ser en caso de unión ilegal, y se casa con otra, comete adulterio». Los discípulos le dijeron: «Si esa es la situación del hombre con respecto a su mujer, no conviene casarse». Pero él les respondió: «No todos entienden este lenguaje, solo aquellos a quienes se les ha concedido. Hay eunucos que nacieron así del seno de su madre, otros porque fueron castrados por los hombres; y hay otros que decidieron no casarse a causa del Reino de los Cielos. Quien puede entender, que entienda».

Reflexión: Al hablar del divorcio, Jesús recurre a la ley de Moisés y a la dureza de corazón de sus oyentes. Pero, sobre todo, el Maestro apela a los orígenes a donde siempre se debe acudir cuando se busca una respuesta verdadera y duradera. Jesús sabe distinguir entre norma y principio. Es Dios quien une lo que él mismo ha creado con igual dignidad. Por eso, tanto el hombre como la mujer pueden pecar. De ese modo, se supera la ley de Moisés, según la cual solo cometía adulterio la mujer. Cuando no es el amor lo que se busca, podemos terminar enredados en legalismos que terminan asfixiando todo tipo de relaciones.

Me pregunto: ¿Reconozco en mi fe la diferencia entre principios y normas? ¿Cómo me relaciono con las familias y matrimonios en dificultades?

Sábado 13
Ss. Ponciano, papa, e Hipólito, presbítero, Mrs.
Ez 18, 1-10.13b.30-32; Sal 50, 12-15.18-19; Mt 19, 13-15

Evangelio: En aquel tiempo, le presentaron unos niños a Jesús para que les impusiera las manos y rezara por ellos, pero los discípulos los regañaban. Jesús dijo: «Dejen que los niños vengan a mí y no se lo impidan porque de los que son como ellos es el Reino de los Cielos». Y después de haberles impuesto las manos, se fue de allí.

Reflexión: n este breve pasaje, podemos notar la personalidad de Jesús en su máxima expresión. Puesto que, cuando un niño se siente acogido, rompe todo lo establecido y se acerca con libertad a la persona. Esa es la actitud a la que invita Jesús en relación con su Padre: una relación de absoluta confianza. Nada ni nadie puede impedir que nos acerquemos a Dios y, así, apostando por lo pequeño, lo sencillo y lo humilde, podremos sentirnos bendecidos. Por eso, es triste cuando en la Iglesia, llamada a ser reflejo de esta confianza, a veces, se la dañe hondamente con pecados que perjudican y destruyen vidas, especialmente de los niños o de personas vulnerables.

Me pregunto: ¿Cómo vivo y reconozco los pecados de la Iglesia? ¿Qué hago para que situaciones que matan vidas no se repitan nunca más?

Domingo 14
XX del Tiempo Ordinario
Jr 38, 4-6.8-10; Sal 39, 2-4.18; Hb 12, 1-4; Lc 12, 49-53 SALTERIO IV

Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Yo he venido a prender fuego sobre la tierra, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Piensan ustedes que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra».

Reflexión: Las palabras «fuego», «bautismo» y «familia» son términos que nos acercan a la fe en el Dios de Jesús. Pero aquí son utilizadas en un contexto de conflicto y división. ¿Por qué? Los lectores de Lucas están viviendo tiempos difíciles. Seguir a Jesús no es fácil. Las primeras comunidades cristianas no solo tienen en contra las fuerzas imperiales, sino que, muchas veces, los conflictos surgen al interior de las propias familias. No podemos suavizar las palabras de Jesús. El cristianismo sin cruz no es cristianismo, nos dice el papa Francisco. El fuego que arde desde la fe es para iluminar y erradicar todo aquello que no humaniza; y, al mismo tiempo, un fuego apasionado por el anuncio del evangelio.

Me pregunto: ¿Cómo sobrellevo los conflictos a causa de la fe? ¿Siento que ella es como un fuego que me invita a apasionarme con el mensaje del evangelio?

Lunes 15
Asunción de la Virgen María
Ap 11, 19a; 12,1.3-6a.10ab; Sal 44,10-12.16; 1 Co 15, 20-27a; Lc 1, 39-56

Evangelio: En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú eres entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá». María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia —como lo había prometido a nuestros padres— en favor de Abraham y su descendencia por siempre». María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

Reflexión: El mismo Espíritu que anunció a María su maternidad, ahora la hace servidora. El servicio es el medio por el que fluye el Espíritu Santo. «Bendita tú» es el grito que sale del corazón agradecido de Isabel. Eso lleva a que María entone un canto que rememora al Dios fiel de la historia, que envía mensajeros, profetas y, finalmente, a su Hijo. Es un magníficat que podemos hacer realidad si nos dejamos llevar por el Espíritu, estando atentos a las necesidades de los demás, poniendo en el centro al ser humano y su dignidad, en especial, a los últimos y descartados. Estas palabras de María se volverán la hoja de ruta de Jesús y, por tanto, del cristianismo.

Me pregunto: ¿Puedo escribir un magníficat en mi vida? ¿Cómo me dejo guiar por el Espíritu Santo en el envío y en el servicio?

Martes 16
San Roque
Ez 28, 1-10, Sal: Dt 32, 26-28.30.35-36; Mt 19, 23-30

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Les aseguro que difícilmente entrará un rico en el Reino de los Cielos. Lo repito: más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios». Al oírlo, los discípulos quedaron muy sorprendidos y dijeron: «Entonces, ¿quién puede salvarse?». Jesús, mirándolos fijamente, les dijo: «Para los hombres es imposible; pero para Dios todo es posible». Entonces Pedro le dijo: «Mira, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?». Jesús les dijo: «Les aseguro que, en el mundo nuevo, cuando el Hijo del Hombre se siente en su trono de gloria, ustedes que me han seguido, también se sentarán en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. Y todo aquel que por mi nombre deje casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna. Muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros».

Reflexión: Las sentencias de Jesús, a veces, parecen enigmáticas. ¿Tanto les costará a los ricos entrar en el Reino de los Cielos? Quizás eso sea porque los criterios del evangelio y del reino no tienen precio, no se compran, están fuera de la lógica mercantilista a la que muchos ricos están acostumbrados. Solo Dios hace posible lo imposible. A Pedro mismo le cuesta entender esta lógica. Y, por eso, se adelanta a preguntar qué les va a tocar a quienes «hemos dejado todo». Jesús asegura lo que la gratuidad de Dios puede dar: el ciento por ciento de una vida plena y feliz porque está totalmente al servicio de los últimos. Y por ello, los últimos serán primeros.

Me pregunto: ¿Calculo o mido mi solidaridad y servicio a los demás? ¿Mi vida es guiada por el Dios gratuito y generoso?

Miércoles 17
Santa Beatriz de Silva, fundadora
Ez 34, 1-11; Sal 22, 1-6; Mt 20, 1-16

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: «El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar trabajadores para su viña. Después de contratar a los trabajadores por un denario al día, los mandó a su viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: “Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo debido”. Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros sin trabajo y les dijo: “¿Por qué están aquí el día entero sin trabajar?”. Le respondieron: “Nadie nos ha contratado”. Él les dijo: “Vayan también ustedes a mi viña”. Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz: “Llama a los trabajadores y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: “Estos últimos han trabajado solo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado la fatiga del día y el calor del día”. Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No quedamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”. Así los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos».

Reflexión: Jesús compara el Reino de los Cielos con un propietario que tiene las cosas claras desde que asoma el día. Sabe que tendrá una jornada larga, dedicada a contratar obreros y generar un ambiente imbuido por la gratuidad de Dios. La fuerza de la parábola viene al final: «¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?». Esta potente pregunta llama a una actitud de discernimiento, que impulsa a alegrarnos por la alegría de los demás. Es algo tan básico, pero que define la calidad y profundidad de nuestra fe. Cuando la vida se lee desde los últimos, todo cobra sentido.

Me pregunto: ¿Me alegro de la alegría de los demás? ¿Hago de mi fe un medio de promoción y cuidado de los últimos y olvidados?

Jueves 18
San Alberto Hurtado y Santa Elena
Ez 36, 23-28; Sal 50, 12-15.18-19; Mt 22, 1-14

Evangelio: En aquel tiempo, de nuevo Jesús tomó la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó sus servidores para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar servidores, encargándoles que les dijeran: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Vengan a la boda”. Los invitados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; otros agarraron a los siervos y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus ejércitos, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus siervos: “La boda está preparada, pero los invitados no se la merecían. Vayan ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encuentren, invítenlos a la boda”. Los siervos salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de invitados. Cuando el rey entró a saludar a los invitados, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?”. El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los sirvientes: “Átenlo de pies y manos y arrójenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos».

Reflexión: El Reino de Dios es como un rey que celebra la boda de su hijo: alegría, esperanza, compartir, fiesta. A veces, debido a los golpes de la vida, nos cuesta aceptar que nuestra fe sea así. Pero esa alegría también integra el sacrificio, la renuncia, la cruz. En ocasiones, las lágrimas nos impiden ver la luz y hace que nos neguemos a entrar en la fiesta. El evangelio nos enseña dónde encontrar el sentido de todo: «Vayan ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encuentren, invítenlos a la boda». Los cruces de caminos son los lugares de encuentro, de diálogo, de otros horizontes que reafirman al Dios de la vida y la historia. Para ello solo hay que estar preparados con el mejor traje: el de la misericordia y generosidad.

Me comprometo: En la memoria de san Alberto Hurtado, pidamos seguir creciendo en la capacidad de unir razón y fe, mente y corazón para amar y servir.

Viernes 19
San Juan Eudes, presbítero
Ez 37, 1-14; Sal 106, 2-9; Mt 22, 34-40

Evangelio: En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron alrededor de él, y uno de ellos, que era experto en la ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el principal mandamiento de la ley?». Él le dijo: «“Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser”. Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas».

Reflexión: Una pregunta malintencionada es aprovechada por Jesús para iluminar nuestra fe y servicio. Él conoce la ley porque la vive; no es memoria, es acción. Así nos presenta los cuatro amores: a Dios, a todo lo creado, al prójimo y a uno mismo. El segundo mandamiento es semejante al primero, como lo es la creación de Dios al ser humano, a su imagen y semejanza. Es decir, cada vez que amamos al prójimo, colaboramos con la obra creadora de Dios. Lo mismo ocurre cuando servimos, perdonamos y actuamos por el bien común. De todo ello depende la ley, no al revés.

Me pregunto: ¿Cómo me relaciono con la ley? Como discípulo de Jesús, ¿de qué forma vivo el amor al prójimo, plenitud de la ley (Ga 5, 14)?

Sábado 20
San Bernardo, abad y doctor
Ez 43, 1-7a; Sal 84, 9-14; Mt 23, 1-12

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: hagan y cumplan lo que les digan, pero no hagan lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen. Ellos hacen fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos ni siquiera a moverlos con un dedo. Todo lo que hacen es para que los vea la gente: les gusta llevar en la frente y en los brazos citas de las Escrituras y ponerse ropa con grandes borlas; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame maestros. Ustedes, en cambio, no se dejen llamar maestro, porque uno solo es su Maestro, y todos ustedes son hermanos. En la tierra a nadie llamen “padre”, porque uno solo es el Padre de ustedes, el del Cielo. No se dejen llamar “maestros”, porque uno solo es su maestro, el Cristo. El primero entre ustedes sea servidor de los demás. El que se engrandece será humillado, y el que se humilla será engrandecido».

Reflexión: En su capítulo 23, Mateo recoge las críticas más duras de Jesús a los fariseos. El Maestro distingue entre lo que se debe hacer y lo que, en realidad, se hace. La ley tiene que encarnarse para ser efectiva, de lo contrario solo genera egoísmo y prepotencia. Una ley encarnada consiste en dejar que su espíritu sea libre. Eso nos permite poner en el centro, no el cumplimiento, sino el compromiso. Así, la prioridad será siempre el otro y su dignidad, no mi imagen y mis logros. Es por ello, que Jesús advierte de los títulos «rabí», «padre», «maestros» cuando el único título que nos humaniza es llamarnos hermanos y hermanas y ser servidores humildes para generar vida plena para todos.

Me pregunto: ¿Me gusta ser reconocido y aplaudido? ¿Mi fe me configura como una persona servidora y humilde?

Domingo 21
XXI del Tiempo Ordinario
Is 66, 18-21; Sal 116, 1-2; Hb 12, 5-7.11-13; Lc 13, 22-30 SALTERIO I

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y pueblos enseñando. Uno le preguntó: «Señor, ¿serán pocos los que se salven?». Jesús les dijo: «Esfuércense en entrar por la puerta estrecha. Les digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, se quedarán afuera y llamarán a la puerta, diciendo: “Señor, ábrenos”’; y él les contestará: “No sé quiénes son ustedes”. Entonces comenzarán a decir: “Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas”. Pero él contestará: “No sé quiénes son ustedes. Aléjense de mí, malvados”. Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando vean a Abraham, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, mientras ustedes habrán sido echados fuera. Y vendrán muchos de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios. Miren: hay últimos que serán primeros, y hay primeros que serán últimos».

Reflexión: Si la puerta es estrecha, solo podemos entrar inclinándonos, que es el gesto supremo de servicio. Quien es capaz de arrodillarse ante Dios para alabarlo, lo hará ante el pobre para atenderlo. Cada vez que invitamos a alguien a comer en casa, abrimos la puerta y somos acogedores. Esa actitud es muy necesaria hoy en día, cuando tantas puertas se cierran por miedo, tantos migrantes mueren en el mar porque las costas están bloqueadas a causa de corazones y autoridades que no ven más allá de sí. El miedo nunca es buen consejero. Jesús también evoca a los patriarcas, que nos recuerdan la alianza eterna y fiel de Dios, una alianza de puertas siempre abiertas.

Me pregunto: ¿Vivo mi fe con un corazón de puertas abiertas? ¿Cuánta cabida en mi vida doy al miedo y la indecisión?

Lunes 22
Bienaventurada Virgen María Reina
2 Ts 1, 1-5.11b-12; Sal 95, 1-5; Mt 23, 13-22

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús habló diciendo: «¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que cierran a los hombres el Reino de los Cielos! Ni entran ustedes, ni dejen entrar a los que quieren. ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que recorren mar y tierra para ganar un prosélito y, cuando lo consiguen, lo hacen merecedor del infierno; el doble que ustedes! ¡Ay de ustedes, guías ciegos, que dicen: “Jurar por el templo no obliga, jurar por el oro del templo sí obliga”! ¡Necios y ciegos! ¿Qué es más, el oro o el templo que consagra el oro? O también: “Jurar por el altar no obliga, jurar por la ofrenda que está en el altar sí obliga”. ¡Ciegos! ¿Qué es más, la ofrenda o el altar que consagra la ofrenda? Quien jura por el altar jura también por todo lo que está sobre él; quien jura por el templo jura también por el que habita en él; y quien jura por el cielo jura por el trono de Dios y también por el que está sentado en él».

Reflexión: Ahora Jesús critica a los fariseos porque no transforman su saber en misericordia. Más bien, su saber los hace guías ciegos, ávidos de ostentación, que cierran puertas en lugar de abrirlas. No hay pecado más grave que confundir lo esencial con lo secundario. Lo ilustran los ejemplos del oro y la ofrenda. Nada más alejado del evangelio. Bien podemos aplicar las palabras del poeta David Maria Turoldo: «Dios nos regala la fe, nosotros le devolvemos religión». Cuanto más nos acerquemos a la vida sencilla y profunda de Jesús, más auténticos y misioneros seremos para contagiar la fe. Jesús nos invita a entrar por la puerta que nos lleva a los últimos y marginados de la sociedad.

Me comprometo: En esta memoria de María Reina, pidamos a nuestra madre que proteja a todas las mujeres que ejercen autoridad en la sociedad y la familia.

Martes 23
San Felipe Benizi
2 Ts 2, 1-3a.14-17; Sal 95, 10-13; Mt 23, 23-26

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús habló a la gente diciendo: «¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que pagan el diezmo de la menta, del anís y del comino, y descuidan lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad! Hay que hacer esto, pero sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que cuelan el mosquito, pero se tragan el camello! ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que limpian por fuera la copa y el plato, mientras que por dentro están rebosando de robo y desenfreno! ¡Fariseo ciego!, limpia primero la copa por dentro, y así quedará limpia también por fuera».

Reflexión: Por tercera vez, Jesús llama hipócritas a los escribas y fariseos debido a que, por dividir entre puro e impuro, ignoran totalmente lo esencial. «Hacer esto sin descuidar aquello» significa distinguir qué es primero, primordial y esencial. Muchas veces nos hemos desviado por el camino de la idolatría de las formas, los gestos hechos sin espontaneidad. Pero el pueblo de Dios sabe reconocer cuándo algo es auténtico y nace del corazón. Esa es la tentación de la Iglesia cuando se considera más autoridad que misionera, más madrastra que madre, más dominante que servidora. Felizmente, Jesús nos prometió estar con nosotros hasta el fin de los tiempos (Mt 28, 20), iluminándonos con su evangelio.

Me pregunto: ¿Cómo purifico mis ideas y convicciones a la luz del evangelio y la realidad? ¿Promuevo gratuitamente el evangelio por donde vaya?

Miércoles 24
San Bartolomé, apóstol
Ap 21, 9b-14; Sal 144, 10-13.17-18; Jn 1, 45-51

Evangelio: Felipe se encuentra con Natanael y le dice: «Aquel de quien escribieron Moisés en la ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret». Natanael le replicó: «¿De Nazaret puede salir algo bueno?». Felipe le contestó: «Ven y verás». Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tienen a un israelita de verdad, en quien no hay engaño». Natanael le contesta: «¿De qué me conoces?». Jesús le responde: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi». Natanael respondió: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel». Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores». Y añadió: «En verdad les digo que ustedes verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del Hombre».

Reflexión: Hoy, en la fiesta de san Bartolomé, llamado también Natanael, el evangelio nos recuerda su encuentro con Jesús. En varios de los encuentros de Jesús con sus discípulos, el evangelista Juan coloca algún título cristológico reconocido ya por las primeras comunidades cristianas. En este, es interesante notar la relación entre vocación e identidad. No se oculta que, a veces, los prejuicios dificulten valorar a algunas personas y confiar en la acción de Dios. Son taras de nuestras sociedades que debemos superar. El Señor promete que «veremos cosas mayores» si hacemos de la búsqueda de la equidad, la tolerancia y el respeto valores esenciales de la convivencia humana.

Me pregunto: ¿Escucho que Jesús me llama por mi nombre? ¿Juzgo desde prejuicios la entrega y generosidad de los demás?

Jueves 25
Beata María del Tránsito Cabanillas
1 Co 1, 1-9; Sal 144, 2-7; Mt 24, 42-51

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Estén atentos, porque no saben qué día vendrá su Señor. Entiendan bien que si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría vigilando y no lo dejaría asaltar su casa. Por eso, estén preparados, porque a la hora que menos piensen viene el Hijo del Hombre. ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, a quien el dueño de casa puso al frente de su servidumbre para darles la comida a su tiempo? Pues, dichoso ese servidor si al llegar su señor lo encuentra cumpliendo su deber. Yo les aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si es un mal servidor y piensa: “Mi señor tardará” y empieza a golpear a sus compañeros, y a comer y a beber con los borrachos, el día y la hora que menos se lo espera, llegará el amo y lo castigará severamente, y lo mandará donde los hipócritas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes».

Reflexión: La actitud primordial a la que nos anima el Maestro es a estar atentos. Esta supone preparación porque nadie sabe ni el día ni la hora. No es una atención centrada en el final, que, a veces, se usa para generar miedo. Es una espera activa, basada en el servicio y la preparación generosa; pues esos son los pilares que sostienen toda vida presente y futura. Pueden surgir actitudes egoístas, violencia e intereses subalternos; pero el evangelio no es así. Si el reinado de Dios está cerca, es para que podamos generar aquellos espacios que son anticipo y apertura de un futuro pleno, lleno de misericordia y fraternidad.

Me pregunto: ¿Cómo contribuyo a dejar una sociedad digna para las siguientes generaciones? ¿Deposito mi esperanza en Dios o me dejo llevar por el miedo al futuro?

Viernes 26
Beato Ceferino Namuncurá
1 Co 1, 17-25; Sal 32, 1-2.4-5.10-11; Mt 25, 1-13

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: «El Reino de los Cielos se parece a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al novio. Cinco de ellas eran necias y cinco prudentes. Las necias tomaron sus lámparas, pero no llevaron aceite; en cambio, las prudentes llevaron consigo frascos de aceite con las lámparas. Como el novio tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A media noche se oyó una voz: “¡Ya viene el novio, salgan a recibirlo!”. Entonces se despertaron todas aquellas vírgenes y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes: “Dennos un poco de su aceite porque nuestras lámparas se están apagando”. Pero las prudentes contestaron: “No, porque no va alcanzar para ustedes y para nosotras, mejor es que vayan a la tienda y lo compren”. Mientras iban a comprarlo, llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras vírgenes, diciendo: “Señor, señor, ábrenos”. Pero él respondió: “En verdad les digo que no las conozco”. Por tanto, estén preparados, porque no saben ni el día ni la hora».

Reflexión: Hoy leemos la llamada parábola de las diez vírgenes, cinco necias y cinco prudentes. Quizás deberíamos repensar cómo la denominamos, porque las vírgenes prudentes presentan rasgos de egoísmo y temor. Todas se quedan dormidas, y ante la inminente llegada del novio, la solución tiene rasgos mercantilistas: ir a comprar. En el pasaje de la multiplicación de los panes, sucede lo contrario, comparten lo que tienen. Las vírgenes prudentes no comparten nada. Más bien asumen que el novio es exclusivamente para ellas. La puerta cerrada es un signo de cómo no debe ser nuestra fe. Así, Jesús nos advierte que nadie sabe el día ni la hora; pero, gracias a su enseñanza, sí sabemos lo que podemos hacer desde ahora.

Me pregunto: ¿Vivo una fe de puertas abiertas o cerradas? ¿Me siento limitado para servir a los demás, dando sin esperar nada a cambio?

Sábado 27
Santa Mónica
1 Co 1, 26-31; Sal 32, 12-13.18-21; Mt 25, 14-30

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: «Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus siervos y los dejó a cargo de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó. El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor. Al cabo de mucho tiempo, volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: “Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco”. Su señor le dijo: “Muy bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra al banquete de tu señor”. Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: “Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos”. Su señor le dijo: “Muy bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra al banquete de tu señor”. Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo: “Señor, sabía que eres exigente, que cosechas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo”. El señor le respondió: “Eres un siervo negligente y holgazán. ¿Con que sabías que cosecho donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que al volver yo pudiera recoger lo mío con los intereses. Quítenle el talento y dénselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil échenlo fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes”».

Reflexión: Las múltiples interpretaciones de esta parábola enfatizan el dinamismo de la generosidad de Dios y de la inteligencia humana. Ambas tienen que estar íntimamente unidas para que el anuncio del evangelio llegue a todos. El hecho de que se llame «siervo bueno y fiel» a los que administran bien sus talentos enfatiza el mensaje de preparación y espera activa que Mateo quiere recalcar. Por otro lado, el Señor es duro con aquel siervo que no es creativo con la fe y la solidaridad, pues se deja dominar por el miedo y los apegos. Estar atentos significa dejarse transformar por la libertad y alegría de Jesús. Compartir vida y esperanza es para él la fórmula que permite multiplicar los talentos.

Me pregunto: ¿Con qué criterios administro mis bienes? ¿Considero que siempre puedo compartir algo con los demás?

Domingo 28
XXII del Tiempo Ordinario
Eclo 3, 17-18.20.28-29; Sal 67, 4-7.10-11; Hb 12, 18-19.22-24a; Lc 14, 1.7-14 - SALTERIO II

Evangelio: Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer; y ellos lo observaban atentamente. Notando que los invitados escogían los primeros puestos, les propuso esta parábola: «Cuando te inviten a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan invitado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que los invitó a ti y al otro y te dirá: “Cédele a este tu sitio”. Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto. Al contrario, cuando te inviten, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga quien te invitó, te diga: “Amigo, sube más arriba”. Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido». Y dijo al que lo había invitado: «Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a los pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos».

Reflexión: Jesús ha sido invitado a una comida. El resto de comensales, más que por los alimentos, andan preocupados por los asientos que van a ocupar. Ante ello, Jesús propone una parábola en la que recalca que la humildad es la llave que abre todas las puertas. Las apariencias y halagos son tentadores. Pero enaltecerse en nombre de Dios significa levantarse para salir, servir y animar a los demás. De allí, las palabras al dueño de casa y el cuidado que debe tener al escoger a sus invitados. Eso permite que Jesús, con su insuperable pedagogía, dé un paso más. Más que la comida, lo que importa es a quiénes se invita: aquellos hombres y mujeres que no cuentan para el mundo.

Me pregunto: ¿Mi fe me impulsa a ser humilde y acogedor con los demás de forma desinteresada? ¿Me considero amigo de los pobres?

Lunes 29
Martirio de san Juan Bautista
Jr 1, 17-19; Sal 70, 1-6.15.17; Mc 6, 17-29

Evangelio: En aquel tiempo, Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel, encadenado. El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo, y Juan le decía que no le era lícito tener la mujer de su hermano. Herodías aborrecía a Juan y quería quitarlo de en medio; no acababa de conseguirlo, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre honrado y santo, y lo defendía. Cuando lo escuchaba, quedaba desconcertado, y lo escuchaba con gusto. La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea. La hija de Herodías entró y danzó, y gustó mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven: «Pídeme lo que quieras, que te lo doy». Y le juró: «Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino». Ella salió a preguntarle a su madre: «¿Qué le pido?». La madre le contestó: «La cabeza de Juan el Bautista». Entró ella en seguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: «Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista». El rey se puso muy triste; pero, por el juramento y los convidados, no quiso desairarla. En seguida mandó a un verdugo que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre. Al enterarse sus discípulos, fueron a recoger el cadáver y lo enterraron.

Reflexión: La narración de Marcos de la muerte de Juan Bautista es toda una pieza literaria. La trama se desenvuelve muy bien, el desenlace es inesperado, como consecuencia de una cadena de malas acciones. Un rey, una fiesta, una unión ilícita, afectos desordenados y una muerte constituyen todo un paradigma del pecado. Se pasa de la alegría al llanto, de la vida a la muerte, de la fiesta al entierro. Jesús y su mensaje, en cambio, rompen esa dinámica. Más que un profeta resucitado —como piensa Herodes, según dice Marcos antes—, Jesús es la profecía misma, la novedad absoluta que renueva la historia y permite reescribir la vida cada día. De ese modo, toda alegría producirá vida, nunca muerte.

Me comprometo: En esta conmemoración del martirio de Juan Bautista, pidamos por todas las víctimas de la ambición, la lujuria y la venganza.

Martes 30
Santa Rosa de Lima, virgen
2 Co 10, 17—11, 2; Sal 148, 1-2.11-14; Mt 13, 44-46

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: «El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El Reino de los Cielos se parece también a un comerciante que busca perlas finas y, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra».

Reflexión: Celebramos la fiesta de santa Rosa de Lima y nada mejor que el evangelio de hoy para ilustrar lo que caracterizó a la santa limeña. La lógica de Dios siempre va contracorriente. El Reino de los Cielos se identifica con la sencillez, la pequeñez y la cotidianidad. Esos son los pilares que sostienen la grandeza de la fe; la que, a su vez, es capaz de sostener a todos los que buscan a Dios con corazón sincero. Por eso, Jesús opta por darnos su mensaje en parábolas que abren la mente y el corazón. Cuando las Escrituras se leen desde abajo, desde los últimos, se comprende mucho mejor lo que Dios Padre nos quiere revelar.

Rezo: Pidamos por todos los que tienen a santa Rosa como patrona para que encarnen su devoción mediante la solidaridad y la fraternidad.

Miércoles 31
San Ramón Nonato, presbítero
1 Co 3, 1-9; Sal 32, 12-15.20-21; Lc 4, 38-44

Evangelio: En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, entró en casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le pidieron que hiciera algo por ella. Él, inclinándose sobre ella, increpó a la fiebre, la fiebre desapareció; ella, levantándose en seguida, se puso a servirles. Al ponerse el sol, todos los que tenían enfermos con diversas dolencias se lo llevaban; y él, poniendo las manos sobre cada uno, los iba curando. De muchos de ellos salían también demonios, que gritaban: «¡Tú eres el Hijo de Dios!». Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Mesías. Y al amanecer, salió a un lugar solitario. La gente lo andaba buscando; y llegando donde estaba intentaban retenerlo para que no se separara de ellos. Pero él les dijo: «Es necesario que proclame el Reino de Dios también en los otros pueblos, para esto he sido enviado». Y predicaba en las sinagogas de Judea.

Reflexión: Con un gesto sencillo, Jesús cura a la suegra de Simón inclinándose ante ella. Y es así como empieza la fe. Si me arrodillo para alabar a Dios, es porque puedo hacerlo también para sanar a quien necesite de mí. La curación se transforma en servicio, como la misericordia en justicia. Luego, Lucas resume lo que hizo Jesús toda su vida. De noche ora, de día sana. Como bien señala el P. Ronchi: «Cuando ora de noche, Jesús tiene el corazón lleno de nombres de gente que sufre; cuando sana de día, Jesús tiene el corazón lleno de Dios». El dinamismo del amor radical lo impulsa a ir más allá, a otros pueblos, llevando el reinado del Padre, que es capaz de regenerar el mundo entero.

Me pregunto: ¿Puedo sanar mis heridas espirituales desde mi fe en Jesús? ¿Estoy dispuesto a acompañar a Jesús a donde vaya?

Jueves 1 de SEPTIEMBRE
San Egidio
1 Co 3, 18-23, Sal 23, 1-6; Lc 5, 1-11

Evangelio: En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret. Desde allí vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de la orilla. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echen las redes para pescar». Simón contestó: «Maestro, nos hemos pasado toda la noche trabajando y no hemos sacado nada; pero, si tú lo dices, echaré las redes». Y puestos a la obra, pescaron gran cantidad de peces que reventaban las redes. Entonces hicieron señas a sus compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: «Apártate de mí, Señor, que soy un pecador». Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la cantidad de peces que habían pescado; lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres». Ellos sacaron las barcas a tierra y dejándolo todo, lo siguieron.

Reflexión: Jesús llama a sus primeros discípulos en medio de sus labores cotidianas. Pero antes, Jesús pide que salgamos de nuestro ambiente de confort. Más bien, nos invita a dejar la orilla para remar mar adentro, a los confines donde nos lleve la misericordia de Dios. Allí se comprueba que la solidaridad siempre genera fraternidad. Y frente a la abundancia del amor, hay que convocar a otros para compartir. Pedro, aunque ya fue testigo de la acción sanadora de Jesús, queda asombrado de nuevo y se reconoce como pecador. Pero es ahora cuando el Señor lo convoca para ser su seguidor y salvar a tantos seres humanos de las aguas de la injusticia, la corrupción y el pecado.

Me pregunto: ¿Renuevo mi llamado cada día? ¿Convoco a otros en la misión de transformar el mundo como quiso Jesús?

 
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Comentarios:

Sería bueno terminar el mes con el día 1 del mes siguente para tenerle a la vista antes que hagan el cambio de mes al día siguiente  de terminado éste...
Carlos Pino M. CHILE

 
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