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1MEDITACIÓN DIARIA DEL EVANGELIO - OCTUBRE
-Por José María Siciliani-

Intención del papa Francisco para el mes de OCTUBRE: Para que el soplo del Espíritu Santo suscite una nueva primavera misionera en la Iglesia.

MARTES 1 DE OCTUBRE
SANTA TERESA DEL NIÑO JESÚS

Evangelio de Lucas 9, 51-56
Cuando ya se acercaba el tiempo de ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros por delante. De camino, entraron en un pueblo de Samaria para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén. Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le preguntaron: “Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos?”. Él se volvió y los regañó. Y se fueron a otro pueblo.

Reflexión:
Comparemos con atrevimiento el coraje de Jesús para subir a Jerusalén y la impetuosidad de Santiago y Juan ante el rechazo de un pueblo de samaritanos. En el primer caso, se trata de una decisión valerosa, porque Jesús presentía con bastante claridad lo que le podía suceder en la ciudad santa. En el segundo caso la impaciencia de los discípulos los lleva a querer destruir un pueblo con prepotencia. En Jesús encontramos el riego del amor hasta el dolor, en los discípulos la omnipotencia de unos hombrecitos que se creen dueños del cielo y de la libertad de los otros

Miércoles 2 de octubre
Santos Ángeles Custodios

Evangelio de Mateo 18, 1-5. 10:
En aquel momento, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: “¿Quién es el más importante en el reino de los cielos?”. Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo: “Les aseguro que, si no vuelven a ser como niños, no entrarán en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ese es el más grande en el reino de los cielos. El que acoge a un niño como este en mi nombre me acoge a mí. Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque les digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial”.

Reflexión:
 L os franciscanos fueron quienes dieron auge al pesebre, para sentir en forma viva la encarnación del Verbo. Si estamos invitados a ser pequeños, si estamos invitados a volvernos como niños en la fe, se trata de vivir eso en la lógica de Jesús hecho hombre. ¿Quién no aprende a arrojar sus ínfulas y su vanidad viendo a Dios hecho niño en un pesebre? ¿Quién negará que Cristo crucificado en la Cruz es toda una lección contra el orgullo humano? Dios humanado, Dios crucificado, he ahí los dos modelos de la pequeñez que estamos invitados a vivir. Una pequeñez que nos hace realmente grandes ante los ojos de Dios, aunque a los ojos de los hombres seamos despreciados. 

Jueves 3 de octubre
San Francisco de Borja

Evangelio de Lucas 10, 1-12:
En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los envió por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: “La cosecha es abundante y los obreros pocos; rueguen, pues, al dueño de la cosecha que mande obreros a recogerla. ¡Pónganse en camino! Miren que los envío como corderos en medio de lobos. No lleven bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Cuando entren en una casa, digan primero: “Paz a esta casa”. Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos la paz; si no, volverá a ustedes. Quédense en la misma casa, coman y beban de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No anden cambiando de casa. Si entran en un pueblo y los reciben bien, coman lo que les pongan, curen a los enfermos que haya, y digan: ‘Está cerca de ustedes el reino de Dios’. Cuando entren en un pueblo y no los reciban, salgan a la plaza y digan: ‘Hasta el polvo de esta ciudad, que se nos ha pegado a los pies, lo sacudimos sobre ustedes. De todos modos, sepan que está cerca el reino de Dios’. Yo les digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para esa ciudad”.

Reflexión:
 El avance de la ciencia hizo que se pusieran en duda muchas cosas de la fe; los cambios culturales hicieron que la gente ande preocupada por otros valores que aquellos predicados por el evangelio. Hay muchas razones por las cuales Jesús es desconocido por muchas personas. Pero ya no podemos pensar en imponer la fe. Desde hace mucho tiempo, pensadores cristianos como Tertuliano (160-220 d.C.) dijeron a la Iglesia que la fe necesita una persona libre, que la religión no se impone por la fuerza. Pero eso no significa que ahora los creyentes, por un equivocado concepto de respeto, debamos permanecer, en palabras del profeta Isaías (56, 10), como “perros mudos” ante una cultura que no conoce a Cristo. Estamos invitados a presentarnos al mundo con sencillez, pero con coraje, anunciando la riqueza de la fe, mostrando su pertinencia, sembrando la paz.

Viernes 4 de octubre
San Francisco de Asís

Evangelio de Lucas 10, 13-16:
En aquel tiempo, dijo Jesús: “¡Ay de ti, Corozaín; ¡ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros realizados entre ustedes, hace tiempo que se habrían convertido, vestidas de sayal y sentadas en la ceniza. Por eso el juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a ustedes. Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Caerás hasta el abismo. Quien a ustedes escucha, a mí me escucha; quien a ustedes rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí rechaza al que me ha enviado”.

Reflexión:

Señalemos algo fuerte y profundo que está en el evangelio de hoy: rechazar a un enviado de Dios es rechazar a Dios mismo. Algo semejante escuchó Pablo cuando iba de camino a Damasco persiguiendo a los cristianos. En el camino escuchó la voz del cielo que le decía: “¿Por qué me persigues?”. Hay una afirmación allí muy fuerte del cristianismo: reconoce que a Dios se le encuentra en el hermano, en la persona del enviado, en sus hijos. Y no es el apóstol quien anuncia esa verdad, es Dios mismo quien ama hacerse uno con sus hijos, con sus enviados. Nadie va, según la fe cristiana, directo a Dios. Ha de pasar por el otro, ha de descubrir a Dios en su hermano, también en aquel que tiene la vocación de apóstol en la comunidad.

Sábado 5 de octubre
Santa Faustina Kowalska

Evangelio de Lc 10, 17-24:
En aquel tiempo, los setenta y dos volvieron muy contentos y dijeron a Jesús: “Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre”. Él les contestó: “He visto a Satanás caer del cielo como un rayo. Miren: les he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones y para dominar a todo poder del enemigo. Y nada les hará daño alguno. Sin embargo, no estén alegres porque se les sometan los espíritus; alégrense más bien de que sus nombres estén inscritos en el cielo”. En aquel momento, lleno de la alegría del Espíritu Santo, exclamó: “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a los sencillos. Sí, Padre, porque así lo has querido. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”. Y, volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: “¡Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven! Porque les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven, y no lo vieron; y oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron”.

Reflexión:
 La evangelización es una obra que vence al mal, que destruye lo que impide al ser humano ser feliz; que desata cadenas y cura parálisis. Pero Jesús dice que lo importante no está ahí: el reino de Dios es algo más, es una promesa que se realizará plenamente junto a Dios. Y lo importante para el discípulo es saber que participará de esa herencia: su nombre queda inscripto en el cielo. Luego de enderezar el entusiasmo febril de los discípulos, Jesús exulta de gozo al ver cómo su Padre había dado dones a sus amigos, personas sencillas y entusiasmadas por su mensaje. Hombres y mujeres que han visto en Jesús al Hijo de Dios, que han visto el amor de Dios encarnado en los gestos de Jesús.

Domingo 6 de octubre
XXVII del Tiempo Ordinario

Evangelio de Lucas 17, 3b-10:

En aquel tiempo, los apóstoles le pidieron al Señor: “Auméntanos la fe”. El Señor contestó: “Si ustedes tuvieran fe como un granito de mostaza, le dirían a ese árbol: ‘Arráncate de raíz y plántate en el mar’. Y les obedecería. ¿Quién de ustedes que tenga un criado arando o pastoreando, le dice cuando llega del campo: ‘¿Ven, siéntate a la mesa’? ¿No le dirá más bien: ‘¿Prepárame la cena y sírveme mientras como y bebo, y luego comerás y beberás tú’? ¿Tienen que estar agradecidos con el criado porque ha hecho lo mandado? Así también ustedes: Cuando hayan hecho todo lo mandado, digan: ‘Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que debíamos hacer’”.

Reflexión:

Por muy pequeña que sea nuestra fe, ella puede lograr cosas grandes. Se trata de confiar en la bondad de Dios. Cuando hay tal fe, especialmente en los dirigentes de la Iglesia, no hay lugar para un orgullo insensato o para la vanidad. Porque la fe eximirá a los dirigentes de reclamar recompensas por su trabajo; porque la fe en la bondad de Dios bastará para llenar el corazón. Notemos que lo contrario de la fe aquí no es la duda, es el poder. Un sacerdote, un obispo, un evangelizador que dice al final de su trabajo: “Simplemente he cumplido con lo que me tocaba”, un dirigente que se expresa así muestra con sus palabras y su actitud que en su corazón hay una fe profunda que lo libera de la búsqueda de aplauso y de honores.

Lunes 7 de octubre
Nuestra Señora del Rosario

Evangelio de Lucas 10, 25-37:
En aquel tiempo, se presentó un maestro de la Ley y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?”. Él le dijo: “¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?”. Él contestó: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo”. Él le dijo: “Has respondido bien. Haz esto y tendrás la vida eterna”. Pero el maestro de la Ley, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: “¿Y quién es mi prójimo?”. Jesús dijo: “Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos que lo asaltaron, lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, se desvió y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo se desvió y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él y, al verlo, sintió compasión, se le acercó, le vendó las heridas, después de habérselas limpiado con aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos denarios y, dándoselos al encargado, le dijo: ‘Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré cuando vuelva’. ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?”. Él contestó: “El que practicó la misericordia con él”. Jesús le dijo: “Vete, y haz tú lo mismo”.

Reflexión:
 Hay personas que consideran que su comportamiento es ético simplemente porque no son sorprendidos infringiendo la ley. Otros piensan que son éticos cuando cumplen su deber. Esta forma de pensar corre el riesgo de caer en el legalismo o en el autoritarismo. Para Jesús la ética es la capacidad de actuar movido por el sufrimiento del otro. Los sacerdotes y los levitas cumplen sus deberes, pero son incapaces de condolerse con el caído. En cambio, el samaritano, considerado por los judíos como un pagano y alejado de Dios, ese, justamente el que parece más lejano de la religión, es el que se conduele: se acercó al sufrimiento del caído, curó sus heridas, invirtió dinero. Mejor dicho, dejó que el sufrimiento del otro le perturbara sus planes de viaje. Es la ética de la compasión que va más allá del deber, más allá de la mentira religiosa insensible.
 
Martes 8 de octubre
De la feria

Evangelio de Lucas 10, 38-42:
En aquel tiempo, entró Jesús en un pueblo, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Esta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. En cambio, Marta estaba atareada con todo el servicio de la casa; hasta que se paró y dijo: “Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me ayude”. Pero el Señor le contestó: “Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; solo una es necesaria. María ha escogido la mejor parte, y no se la quitarán”.

Reflexión:
Los hombres y mujeres de hoy definitivamente nos parecemos más a Marta que a María: estamos acaparados y atareados por las múltiples actividades de la vida. Detenernos a escuchar, hacer silencio para dejar resonar la Palabra del Maestro Jesús que visita nuestras casas, nuestro corazón, eso se ha vuelto muy extraño para nosotros. Por eso el silencio es tan poco apreciado hoy; por eso la reflexión en torno a los temas importantes de la vida es considerada aburrida por los estudiantes. Porque hace falta escudriñar los deseos más íntimos; porque si los seres humanos no hacemos silencio, nuestras palabras se vuelven huecas. María escogió la mejor parte porque supo escuchar a Jesús, porque se sentó a sus pies para dejar resonar la Palabra en su corazón. La oración cristiana es escucha de Dios. 

Miércoles 9 de octubre
Santos Dionisio y comp. / S. Juan Leonardi/ S. Héctor Valdivieso

Evangelio de Lucas 11, 1-4:
Una vez estaba Jesús orando en cierto lugar. Cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: “Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos”. Él les dijo: “Cuando oren digan: ‘Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos ofende, y no nos dejes caer en la tentación’”.

Reflexión:
Cuando en la oración decimos “Padre”, es porque estamos dispuestos a tratar a los demás como hermanos; cuando en la oración decimos “que venga tu reino”, es porque nos comprometemos con nuestros gestos y estilo de vida a apresurar la llegada del reino de Dios; cuando decimos “santificado sea tu Nombre”, le pedimos a Dios la gracia de honrar su nombre con nuestra santidad de vida; cuando le pedimos a Dios que nos dé el “pan de cada día”, le pedimos por nuestras condiciones materiales de existencia; cuando le decimos que “nos perdone como nosotros perdonamos a los demás”, le pedimos que nos haga reconocer su incondicional acogida a cada uno de nosotros, para que también nosotros podamos acoger misericordiosamente a los demás. Y si le pedimos que “no nos deje caer en la tentación”, reconocemos nuestra fragilidad y le suplicamos que su fortaleza acreciente nuestro coraje para rechazar lo que nos aleja de Dios.

Jueves 10 de octubre
San Daniel Comboni

Evangelio de Lucas 11, 5-13:
 En aquel tiempo, dijo Jesús a los discípulos: “Si alguno de ustedes tiene un amigo, y viene durante la medianoche para decirle: ‘Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle’. Y, desde dentro, el otro le responde: ‘No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos’. Si el otro insiste llamando, yo les digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos para que no siga molestando se levantará y le dará cuanto necesite. Por eso yo les digo: Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá; porque quien pide recibe, quien busca encuentra, y al que llama se le abre. ¿Qué padre entre ustedes, cuando su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide pescado, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Pues, si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¿cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?”.

Reflexión:
El evangelio de hoy trae una recomendación de Jesús para que seamos insistentes en la oración. Hemos de ser casi como ese amigo inoportuno que viene tarde en la noche a interrumpir el sueño de su compañero. Y este, para poder seguir durmiendo en paz, se levantará y le dará los panes que le piden. Jesús dice que Dios no se molesta porque le pidamos incansablemente. Por el contrario,
Jesús nos incita vivamente a pedir: “Pidan y se les dará, toquen a la puerta y se les abrirá”. Y para que entendamos esa disponibilidad de Dios, Jesús nos recuerda lo que pasa con los papás: “¿Quién de ustedes, si su hijo le pide un huevo le dará un escorpión?”. Si Dios está tan dispuesto a escucharnos, ¿por qué no le pedimos? ¿Por qué no perseveramos en la oración? 

Viernes 11 de octubre
San Juan XXIII

Evangelio de Lucas 11, 15-26:

En aquel tiempo, habiendo expulsado Jesús un demonio, algunos de entre la multitud dijeron: “Si echa los demonios es por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios”. Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo que viniera del cielo. Él, leyendo sus pensamientos, les dijo: “Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y se derrumba casa tras casa. Si también Satanás está dividido contra él mismo, ¿cómo mantendrá su reino? Ustedes dicen que yo expulso los demonios con el poder de Belzebú, los hijos de ustedes, ¿por arte de quién los expulsan? Por eso, ellos mismos serán sus jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a ustedes. Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros. Pero, si otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín. El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama. Cuando un espíritu inmundo sale de un hombre, da vueltas por el desierto, buscando un sitio para descansar; pero, como no lo encuentra, dice: ‘Volveré a la casa de donde salí’. Al volver, la encuentra barrida y arreglada. Entonces va, toma otros siete espíritus peores que él, y se meten a vivir allí. Y el final de aquel hombre resulta peor que el principio”.

Reflexión:
A Jesús lo acusaron de endemoniado. Sus adversarios decían que expulsaba los demonios porque él estaba poseído por el demonio. Los argumentos de Jesús son contundentes. Podemos extraer cuatro. El primero es profundo: el demonio no puede estar en guerra contra él mismo. Nadie lucha contra sí mismo, ni siquiera el demonio. Solo aquel que ha sido poseído tiene el corazón dividido y está contra sí mismo. Segundo, ¿acaso están sus hijos endemoniados? Porque Jesús les había dado ese poder a sus discípulos y algunos de ellos eran hijos de los oponentes de Jesús. Tercero, vencer el mal, hacer retroceder el imperio del maligno es un signo de la presencia de Dios. Porque Dios está contra el mal. Cuarto, Jesús es más fuerte que el mal. El amor de Dios es más fuerte que todo. Y Jesús termina advirtiéndoles: Cuidado también ustedes, que se creen muy puros, siendo objeto de una legión de demonios

Sábado 12 de octubre
Nuestra Señora del Pilar

Evangelio de Lucas 11, 27-28:
En aquel tiempo, mientras Jesús estaba hablando, una mujer levantó la voz en medio de la multitud, diciendo: “Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron”. Pero él le respondió: “Mejor, dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen”.

Reflexión:
La exclamación de Jesús tiene una lógica importante. Poner la Palabra de Dios en el centro de nuestras vidas para descubrir la felicidad. Los que viven según la voluntad de Dios encuentran la bienaventuranza, la alegría increíble de seguir los anhelos más hondos del alma. La dificultad de la coherencia en la vida cristiana reposa en parte allí: que hay que atreverse a confiar. Porque la única garantía que nos da Dios es su promesa. Dios nos dice: “Confía en mí; lo que te pido te traerá la bienaventuranza”. Quien es capaz de dejar resonar esa invitación a vivir la Palabra Dios le dará infinitud de delicias.

Domingo 13 de octubre
XXVIII del Tiempo Ordinario

Evangelio de Lc 17, 11-19:
Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se detuvieron a cierta distancia y a gritos le decían: “Jesús, maestro, ten compasión de nosotros”. Al verlos les dijo: “Vayan y preséntense a los sacerdotes”. Y, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias. Este era un samaritano. Jesús tomó la palabra y dijo: “¿No han quedado limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?”. Y le dijo: “Levántate y vete; tu fe te ha salvado”. Jesús ordena a los diez leprosos ir a presentarse a sus sacerdotes. Ellos obedecen y en el camino quedan curados.

Reflexión:
Nueve siguen la orden de Jesús y van en búsqueda de los sacerdotes. Uno solo vuelve. ¿Qué puede significar este gesto? Ese leproso, samaritano para colmo, que se postra en tierra delante de Jesús hace algo maravilloso: reconoce a Jesús como el verdadero Sacerdote. Ahora es Jesús al que hay que glorificar; ahora es Jesús el verdadero intermediario entre la humanidad enferma y Dios, que quiere curar y salvar. La verdadera fe consiste en eso: en reconocer a Jesús como el enviado de Dios, como el verdadero Sacerdote que nos une al Padre.

Lunes 14 de octubre
San Calixto

Evangelio de Lucas 11, 29-32:
En aquel tiempo, la gente se aglomeraba alrededor de Jesús, y él se puso a decirles: “Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más que el signo de Jonás. Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación. Cuando sean juzgados los hombres de esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que los condenen; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay alguien que es más que Salomón. El día del juicio, los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay alguien que es más que Jonás”.

Reflexión:
La gente conocía a Jesús, conocía a su familia, y cuando lo oían predicar se asombraban. Algunos de sus oyentes lo llegaron a desafiar pidiéndole signos, le reclamaron pruebas para poder creer. Esa mentalidad también es nuestra, y quizás hoy día es mucho más fuerte, porque desarrollos científicos nos han llevado a creer que es verdadero lo que se puede probar. Cuando empleamos la expresión “científicamente comprobado”, no hacemos otra cosa sino manifestar nuestra confianza absoluta en la ciencia. Cometemos un error: no en confiar en la ciencia, sino en reducir todo a lo experimentable, a lo verificable. Olvidamos que la ciencia es solo una forma de ver la realidad, es solo una parte de ella. Pedir pruebas en la fe es querer reducir a Dios a lo controlable. Y ni la realidad, y mucho menos Dios, se dejan aprisionar por nuestras teorías científicas.

Martes 15 de octubre
Santa Teresa de Jesús

Evangelio de Lucas 11, 37-41:

En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar, un fariseo lo invitó a comer a su casa. Él entró y se puso a la mesa. Como el fariseo se sorprendió al ver que no se lavaba las manos antes de comer, el Señor le dijo: “Ustedes, los fariseos, limpian por fuera la copa y el plato, mientras por dentro están llenos de robos y maldades. ¡Necios! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro? Den más bien en limosna lo que tengan y entonces todo será puro”.

Reflexión:
Vivir desde dentro, cultivar la interioridad, he ahí algo muy propio de la fe cristiana que encuentra mucho eco en la cultura posmoderna. Porque esta da mucha importancia a las emociones, al sujeto, a la subjetividad. Pero una manifestación de esa importancia de lo subjetivo se percibe en la alergia a lo institucional, a lo legal. Las instituciones políticas y religiosas tradicionales están en crisis, han perdido credibilidad, la gente no quiere participar en política, no quiere saber nada de la Iglesia. Y dicen, por ejemplo: “Jesucristo sí, Iglesia no”. Esa desviación de la interioridad no es la que señala Jesús. La interioridad auténtica es la que explora en los deseos más íntimos del corazón, la que va a la profundidad del alma, para vivir desde allí la presencia de Dios
 
Miércoles 16 de octubre
Santa Margarita María de Alacoque / Santa Eduviges

Evangelio de Lucas 11, 42-46:
En aquel tiempo, dijo el Señor: “¡Ay de ustedes, fariseos, que pagan el diezmo de la menta, de la ruda y de toda clase de legumbres, mientras pasan por alto el derecho y el amor de Dios! Esto habría que practicar, sin descuidar aquello. ¡Ay de ustedes, fariseos, porque les gusta ocupar el primer asiento en la sinagoga y ser saludados en las plazas! ¡Ay de ustedes, que son como tumbas que no se ven, que la gente pisa sin saberlo!”. Un maestro de la Ley intervino y le dijo: “Maestro, diciendo eso nos ofendes también a nosotros”. Jesús replicó: “¡Ay de ustedes también, maestros de la Ley, que imponen a la gente cargas insoportables, mientras ustedes no las tocan ni con un dedo!”.

Reflexión:
Jesús cuestionó aguda y enérgicamente la religión de su tiempo. Hizo cuatro acusaciones graves. Primero: descuida lo esencial y se entretienen en lo secundario. Segundo: los que la practican solo buscan su propia gloria y no la de Dios y el bienestar de los hermanos. Tercero: los que la practican muestran una cara a la gente, pero por dentro no hay conversión. Cuarto: los que la anuncian son incoherentes, solo imponen a los demás las cargas, pero ellos no mueven ni un dedo. Son cuatro acusaciones que los cristianos no podemos echar en saco roto. Porque esas tentaciones no son solo de un grupo religioso, ellas pueden sobrevenir sobre los cristianos porque no estamos exentos de esos errores

Jueves 17 de octubre
San Ignacio de Antioquía

Evangelio de Lucas 11, 47-54:
En aquel tiempo, dijo el Señor: “¡Ay de ustedes, que edifican sepulcros a los profetas, a quienes sus antepasados mataron! Así se hacen testigos y cómplices de lo que hicieron sus antepasados; porque ellos mataron, y ustedes les edifican sepulcros. Por algo dijo la sabiduría de Dios: ‘Les enviaré profetas y apóstoles; a algunos los perseguirán y matarán’; y así, a esta generación se le pedirá cuenta de la sangre de los profetas derramada desde la creación del mundo; desde la sangre de Abel hasta la de Zacarías, que pereció entre el altar y el santuario. Sí, se lo repito: se le pedirá cuenta a esta generación. ¡Ay de ustedes, maestros de la Ley, que se han quedado con la llave del saber; ¡no han entrado ustedes y han cerrado el paso a los que intentaban entrar!”.

Reflexión:
 Al salir de allí, los escribas y fariseos empezaron a acosarlo con muchas preguntas capciosas, para sorprenderlo con sus propias palabras. L os textos del evangelio de estos días nos muestran a un Jesús valiente, sincero, crítico, agudo para analizar el hecho religioso y purificarlo. Valiente porque se necesita un corazón apasionado de profeta para denunciar las desviaciones de la religión. Sobre todo, cuando esta se vuelve asesina de profetas. Hay que subrayar que es Jesús mismo el que está diciendo que la religión se puede volver un instrumento de muerte, que derrama sangre, incluso en el templo. Pero a la valentía de Jesús se une su agudeza para saber denunciar las desviaciones de la religión. Porque esto no es fácil. La lógica autojustificativa que se arman los fanáticos es tan poderosa, que se necesita inteligencia espiritual y agudeza en el lenguaje para desenmascararla. Y Jesús lo sabía hacer. 

Viernes 18 de octubre
San Lucas, evangelista

Evangelio de Lucas 10, 1-9
En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los envió por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: “La mies es abundante y los obreros pocos; rueguen, pues, al dueño de la mies que mande obreros a recogerla. ¡Pónganse en camino! Miren que los envío como corderos en medio de lobos. No lleven bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Cuando entren en una casa, digan primero: ‘Paz a esta casa’. Y, si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos la paz; si no volverá a ustedes. Quédense en la misma casa, coman y beban de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayan cambiando de casa. Si entran en un pueblo y los reciben bien, coman lo que les pongan, curen a los enfermos que haya, y digan: ‘Está cerca de ustedes el reino de Dios’”.
Reflexión:
 San Lucas nos ofrece una mirada bien especial de Jesús. Su preocupación central fue comunicar la vida de Jesús, contar a la luz de la fe quién había sido ese hombre maravilloso nacido de María, compasivo con los pobres, amante profundo de la oración, promotor de la mujer. San Lucas nos cuenta el mandato que recibieron los apóstoles: Vayan sencillamente, curen, no se aten a nadie ni a nada. Sobre todo, proclamen el reino de Dios, prediquen que ahora la historia no está a la deriva, pues en Jesús, Dios Padre ha vencido la muerte, ha manifestado su amor. Y eso no puede dejar indiferente al mundo, ni siquiera a un político como Herodes. ¡Vayan! Despierten en todo el deseo de ver y acoger a Dios

Sábado 19 de octubre
San Pablo de la Cruz
 
Evangelio de Lucas 12, 8-12:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Si uno se pone de mi parte ante los hombres, también el Hijo del hombre se pondrá de su parte ante los ángeles de Dios. Y si uno me niega ante los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios. Al que hable contra el Hijo del hombre se le podrá perdonar, pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo no se le perdonará. Cuando los conduzcan a la sinagoga, ante los magistrados y las autoridades, no se preocupen de lo que van a decir; o de cómo se van a defender. Porque el Espíritu Santo les enseñará en aquel momento lo que tienen que decir”.

Reflexión:
 La actitud de los cristianos ante el mundo ha pasado de un extremo a otro. De una Iglesia que incluso tuvo el poder de mandar a la hoguera a los que no la obedecían, hemos pasado a una situación en que se quiere mandar callar totalmente a los creyentes. De eso saquemos dos lecciones preciosas. Primera: Ya no podemos imponer la fe. ¡Gracias a Dios! Segunda: Tenemos que encontrar otra manera de anunciar el evangelio que respete la libertad. Pero no podemos callar la Buena Noticia para la humanidad. Si nos persiguen, si nos rechazan, no impondremos nada, sufriremos el desprecio como Jesús, pero no nos quedaremos callados. Quizás el silencio cobarde sería una blasfemia. Oremos para que sepamos anunciar hoy el mensaje de Jesús.

Domingo 20 de octubre
XXIX del Tiempo Ordinario

 Evangelio de Lucas 18, 1-8:
 En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: “Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. Había en la misma ciudad una viuda que no cesaba de suplicarle: ‘Hazme justicia frente a mi enemigo’. Por algún tiempo se negó, pero después se dijo: ‘Aunque ni temo a Dios ni respeto a los hombres, como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, para que no venga continuamente a molestarme’”. Y el Señor añadió: “Fíjense en lo que dice el juez injusto; entonces Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?; ¿los hará esperar? Yo les aseguro que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esa fe sobre la tierra?”.

Reflexión:
La fe es la capacidad de esperar. Y esa espera se hace real en la oración incansable del creyente. Resulta que allí, en esa caldera a veces insoportable que es la oración, lo único que hace Dios es purificar nuestros deseos impetuosos; lo que hace allí es rectificar nuestros gestos impulsivos e impacientes, que no saben reconocer cómo está Dios actuando en el mundo y en nuestras propias vidas. El evangelio de Lucas, como toda la Biblia, nos anima a no cansarnos de orar: Dios escucha la voz de sus criaturas, Dios saldrá en defensa de sus escogidos cuando clamen a él. No perseverar en la oración es dejarse entibiar, y cuando eso sucede, en lugar del reino de Dios florecen en nuestras vidas las hierbas ponzoñosas del egoísmo y la indiferencia. 

Lunes 21 de octubre
De la feria

Evangelio de Lucas: 12, 13-21        
En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús: “Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia”. Él le contestó: “Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre ustedes?”. Y dijo a la gente: “Miren: guárdense de toda clase de codicia. Que por más rico que uno sea, la vida no depende de los bienes”. Y les propuso una parábola: “Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y se puso a pensar: ‘¿Qué haré? No tengo dónde almacenar la cosecha’. Y se dijo: ‘Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida’. Pero Dios le dijo: ‘Necio, esta misma noche vas a morir. Lo que has acumulado, ¿para quién será?’. Así le sucede al que amontona riquezas para sí mismo y no es rico a los ojos de Dios”.

Reflexión:
Jesús sabe que toda persona humana busca una seguridad básica, necesita anclarse en algo. Toda vida humana necesita una piedra angular. Y lo que Jesús afirma es que esa piedra angular solo puede ser Dios. Lo único seguro, paradójicamente, es lo que hacemos teniendo la mirada en Dios. Las riquezas no son malas o buenas por sí mismas, ellas dependen del anclaje que tenga el corazón que las usa. Las riquezas no pueden ocupar el lugar de los cimientos, porque la persona pierde horizonte, se insensibiliza ante el sufrimiento ajeno, se olvida del amor y descuida la fragilidad de todo tesoro y de la propia vida humana. Las riquezas no soportan la prueba de la muerte. 

Martes 22 de octubre
San Juan Pablo II

Evangelio de Lucas 12, 35-38:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Tengan ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Ustedes estén como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre despiertos; les aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y les irá sirviendo. Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos”.

Reflexión:
 Quien no ha entendido la necesidad de vigilar, de estar atento para no adormecerse en el pecado, no ha comprendido aún la condición en la que se vive la fe. Esa tensión san Pablo la expresaba con una paradoja. Ya hemos ganado por la fe, ya hemos sido liberados de la muerte, ya hemos resucitado con Cristo por el bautismo. Pero aún no hemos terminado de vivir todo eso en plenitud. Siempre estamos en combate contra nuestras propias inclinaciones, contra un ambiente que no nos facilita el compromiso con el evangelio, porque promociona actitudes y valores contrarios a los de Jesús. No vigilar es olvidar todo esto y exponerse a abandonar rápidamente el trayecto de fe recorrido.

Miércoles 23 de octubre
San Juan de Capistrano

Evangelio de Lc 12, 39-48:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Comprendan que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría asaltar su casa. Lo mismo ustedes, estén preparados, porque a la hora que menos piensen viene el Hijo del hombre”. Pedro le preguntó: “Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?”. El Señor le respondió: “¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración de alimentos a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Les aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si el empleado piensa: ‘Mi señor tarda en llegar’, y empieza a pegarles a los criados y a las criadas, y se pone a comer, y beber y a emborracharse, llegará el señor de aquel criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. El criado que conoce la voluntad de su señor, pero no está preparado o no hace lo que él quiere, recibirá un castigo muy severo. En cambio, el que sin conocer esa voluntad hace cosas reprobables, recibirá un castigo menor. A quien se le dio mucho, se le exigirá mucho; y a quien se le confió mucho, se le pedirá mucho más”.

Reflexión:

Jesús es claro en subrayar que ese ladrón que arrebata la bienaventuranza es nuestra negligencia. Creyendo que el Dueño se demora, se descuidan las tareas, se aflojan los compromisos –ya no se da la ración a sus horas a los empleados– y se embota el alma –se pone a comer y a emborracharse–. Creer que vamos a tener todo el tiempo del mundo y que por eso podemos desperdiciar los minutos y las horas, es una manera como el ladrón nos adormece para poder introducirse y hacernos olvidar la voluntad de Dios. Vigilar es aprender a conocer cómo nos asaltan o sobrevienen disimuladamente las tentaciones y a desecharlas con inteligencia espiritual. Así podremos estar a la altura de la vocación a la que hemos sido llamados: ser hijos de Dios.

Jueves 24 de octubre
San Antonio María Claret

Evangelio de Lucas: 12, 49-53:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Yo he venido a prender fuego sobre la tierra, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Piensan ustedes que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra”.

Reflexión:
La imagen del fuego es fascinante pero peligrosa. Porque el fuego es devorador, pero al mismo tiempo útil y luminoso. Dios, por medio de Jesús, vino a traer fuego sobre la tierra. Un fuego capaz de poner en conflicto a los miembros de una misma familia. Pero si es necesario honrar a padre y madre, entonces, ¿cómo entender este fuego? Jesús relaciona ese fuego que ha venido a traer con la prueba de la cruz. La prueba de fuego del amor, podríamos decir. El verdadero amor no es una fusión enfermiza, arrebatadora de la libertad; el verdadero amor, como el fuego, separa el metal fino de las escorias que se le pegan. Esa es la división que establece Jesús. Ante él no se puede jugar. Lo mediocre y mal hecho, lo irresoluto se vuelve diabólico o cuando menos enfermizo. Hemos de pedir ese fuego que enciende en nosotros la pasión del amor hasta la cruz

Viernes 25 de octubre
De la feria
 

Evangelio de Lucas 12, 54-59:
En aquel tiempo, decía Jesús a la gente: “Cuando ven subir una nube por el poniente, dicen en seguida: ‘Va a llover’, y así sucede. Cuando sopla el viento del sur, dicen: ‘Hará calor’, y así sucede. Hipócritas: si saben interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no saben interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no saben juzgar ustedes mismos lo que se debe hacer? Cuando te dirijas al tribunal con tu adversario, haz lo posible por llegar a un acuerdo con él, mientras van de camino; no sea que te lleve ante el juez, y el juez te entregue al guardia, y el guardia te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no pagues el último céntimo”.

Reflexión:
Desde el año 1962 hasta el año 1965 hubo un acontecimiento importantísimo en la Iglesia Católica. En la Ciudad del Vaticano se reunieron todos los obispos del mundo convocados por el papa san Juan XXIII para poner al día a la Iglesia y su mensaje. Se le conoce como el Concilio Vaticano II. Uno de sus documentos más importantes se llama Gaudium et Spes (Gozos y esperanzas). En él la Iglesia piensa su puesto en el mundo. El documento comienza analizando los signos de los tiempos y hace un análisis de lo que pasaba en el mundo en los años 60. Es tan agudo que muchas de sus afirmaciones son válidas hoy día. La Iglesia sintió que tenía que aprender a leer el mundo, a comprender lo que le pasa a la humanidad con la ciencia, con la economía, con los medios de comunicación, con la política, con las armas, etc. Sobre cada uno de estos temas hay largos numerales y capítulos que son una lección magistral sobre cómo realizar lo que pide Jesús en el evangelio de hoy: “Interpretar el tiempo presente

Sábado 26 de octubre
San Darío

Evangelio de Lc 13, 1-9:
En una ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos cuya sangre Pilato mezcló con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó: “¿Piensan ustedes que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Les digo que no; y, si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿piensan ustedes que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Les digo que no; y, si ustedes no se convierten, todos perecerán de la misma manera”. Y les dijo esta parábola: “Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: ‘Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Por qué ha de ocupar terreno inútilmente?’. Pero el viñador contestó: ‘Señor, déjala todavía este año; yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré, a ver si comienza a dar fruto. Y si no da, la cortas’”.

Reflexión:
Jesús desautoriza toda visión según la cual los más malos reciben castigos mortales. Tal era la interpretación de algunos hombres de su tiempo cuando hablaban de dieciocho personas sobre las cuales cayó la torre de Siloé. O cuando hablaban de algunas personas sacrificadas por el rey Herodes, un rey cruel y sanguinario. Ninguna de estas personas merecía tal muerte. La tragedia en un caso o la crueldad en el otro no son medios con los que Dios castiga a sus hijos. ¿Qué Dios mataría a su hijo para corregirlo? A ese extremo ha llegado nuestra mala comprensión de Dios. Y tenemos que deshacernos de esas visiones erradas de nuestra fe que la deforman y la hacen odiosa.

Domingo 27 de octubre
XXX del Tiempo Ordinario
 
Evangelio de Lc 18, 9-14:
 En aquel tiempo, para algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola: “Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: ‘¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás, ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo’. El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; solo se golpeaba el pecho, diciendo: ‘¡Oh Dios!, ten compasión de mí que soy un pecador’. Les digo que este último bajó a su casa justificado, y aquel no. Porque todo el que se engrandece será humillado, y el que se humilla será engrandecido”.

Reflexión:
El fariseísmo ha sido y será siempre el gran adversario del evangelio: es en él que Satán, padre de la mentira, se disfraza lo más sabiamente de ángel de luz. Hoy, como en tiempos de Jesucristo, el enemigo de adentro es más temible que el enemigo de afuera” (F. Varillon). Juzgar a los demás, creerse superior a los otros, escandalizarse por el pecado de los otros, enojarse por las faltas de los demás, todos esos son signos claros del fariseísmo que nos acecha, y que en realidad es más temible que el paganismo con que acusamos a la sociedad actual. Cada quien lleva un pequeño fariseo dentro que lo incita a creerse superior al otro, que lo mueve a juzgar, que lo precipita en la cascada de palabras destructivas e insostenibles ante la presencia del otro. 

Lunes 28 de octubre

Evangelio de Juan 3, 11-16:
 En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: «Te aseguro que nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio. Si no creen cuando les hablo de las cosas de la tierra, ¿cómo creerán cuando les hable de las cosas del cielo? Porque nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo. De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en él tengan vida eterna». Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tengan Vida eterna.

Reflexión:
Hoy se celebra la fiesta del Señor de los Milagros, y el evangelio que propone la liturgia, nos recuerda que la “cruz” es una de las realidades más difíciles de aceptar humanamente, pero en esta fiesta de hoy, aprendemos de Jesús a llevar de manera diferente la Cruz, con él y en él la cruz tiene un sentido de redención, de donación y de salvación.  En la vida de Jesús, la cruz siempre estuvo presente en las tentaciones, en las persecuciones, en las calumnias de sus mismos hermanos, en la falta de fe de su mismo pueblo, en la forma cruel de morir; sus muchas cruces cotidianas, lo fueron preparando para la cruz definitiva en la que nos demostró el amor más grande al dar su vida por mí, por ti y por cada uno de nosotros, cumpliendo así con la máxima fidelidad, la voluntad de su Padre.  

Martes 29 de octubre
Beato Miguel Rúa

Evangelio de Lucas 13, 18-21:
 ¿A qué se parece el reino de Dios? ¿A qué lo compararé? Se parece a un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en su huerto; crece, se hace un arbusto y las aves anidan en sus ramas”. Y añadió: “¿A qué compararé el reino de Dios? Se parece a la levadura que una mujer mezcla con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta”.

Reflexión:
A través del lenguaje parabólico Jesús se esforzaba por acrecentar la fe de sus discípulos. Y las dos parábolas de hoy hablan de dos actitudes de Dios ante la historia: discreción y cercanía. El grano pequeño de mostaza habla de un Dios que no nos agobia con evidencias brutales que nos impedirían la libertad. Dios es discreto, porque solo como Dios escondido podemos conocerlo. Ese Dios escondido que tanto amaba Isaías, ese Dios llega a ser como la levadura en la masa. No aparece por la cantidad o el volumen, sino por la eficacia discreta que produce su cercanía, su capacidad de mezclarse en nuestras vidas respetando nuestra libertad. Dios discreto y Dios cercano. No un Dios apabullante con sus pruebas.

Miércoles 30 de octubre
De la feria

Evangelio de Lucas 13, 22-30:
 En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y pueblos enseñando. Uno le preguntó: “Señor, ¿serán pocos los que se salven?”. Jesús les dijo: “Esfuércense en entrar por la puerta estrecha. Les digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, se quedarán afuera y llamarán a la puerta, diciendo: ‘Señor, ábrenos’; y él les contestará: ‘No sé quiénes son ustedes’. Entonces comenzarán a decir: ‘Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas’. Pero él contestará: ‘No sé quiénes son ustedes. Aléjense de mí, malvados’. Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando vean a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, mientras ustedes habrán sido echados fuera. Y vendrán muchos de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. Miren: hay últimos que serán primeros, y hay primeros que serán últimos”.

Reflexión:
Jesús dice que los que obran la injusticia o la iniquidad no podrán salvarse. La salvación, la entrada en el reino, son expresiones que nos dicen que los seres humanos nos interrogamos sobre nuestro destino. Las únicas preguntas que nos hacemos no se refieren a qué comeremos mañana, ni cómo nos vestiremos. Hay preguntas que no se hacen los científicos que estudian moléculas, neutrones o pergaminos antiguos, tales como: ¿Cómo puedo salvar mi vida del sinsentido? Y la respuesta es: entrando por la puerta estrecha. Y es estrecha no por mezquindad de Dios, pues él “quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1Tm 2, 4-5), sino por el pecado original, ese mal en el que caímos y que nos acostumbró a atravesar otras puertas diferentes a las de Dios
 

Jueves 31 de octubre
De la feria

Evangelio de Lucas 13, 31-35:
En aquella ocasión, se acercaron unos fariseos a decirle: “Vete y aléjate de aquí, porque Herodes quiere matarte”. Él contestó: “Vayan a decirle a ese zorro: ‘Hoy y mañana seguiré curando y echando demonios; y al tercer día habré terminado’. Pero hoy y mañana y pasado tengo que caminar, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén. ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus pollitos bajo sus alas! Pero ustedes no han querido. Pues bien, se les va a dejar desierta su casa. Les digo que no me volverán a ver hasta que llegue el tiempo en que ustedes digan: ‘Bendito el que viene en nombre del Señor’”.

Reflexión:

Jesús hace de Jerusalén una descripción paradójica. Es la ciudad símbolo de la fe bíblica. De hecho, Dios ha querido reunir a sus hijos como una gallina abriga a sus pollitos bajo sus alas. Dios ama esa ciudad, pero ella es asesina de profetas. Y por haber pervertido su fe quedará desierta. Jerusalén prefirió aliarse con un poderoso de este mundo en lugar de permanecer fiel a Dios. Prefirió someterse a la crueldad de un tirano como Herodes que escuchar las bienaventuranzas del Hijo de Dios. Y en alianza con el poder del mundo se irá en contra de Dios que la visitó. Crucificará al Hijo de Dios creyendo defender la religión, pero es su idolatría del poder y del dinero lo que en realidad defendía. Pero la muerte del Profeta por excelencia quedará como un signo definitivo: en las afueras de Jerusalén se desveló definitivamente el rostro del Dios amor.

 
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