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1MEDITACIÓN DIARIA DEL EVANGELIO - ENERO
-Por Padre Wilton G. Sánchez Castelblanco-

Intención del papa Francisco para el mes de ENERO: Para la evangelización - La fraternidad humana. Que el Señor nos dé la gracia de vivir en plena fraternidad con hermanos y hermanas de otras religiones, rezando unos por otros, abriéndonos a todos.

Viernes 1 de enero
Santa María, Madre de Dios

Evangelio de Lucas 22, 16-21
“En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José, y al Niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho. Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción”.

Reflexión:
Iniciamos el año 2021 celebrando esta solemnidad en honor a Santa María Madre de Dios. Al leer y meditar el relato bíblico acerca de los primeros instantes de Jesús sobre esta tierra, maravillosamente nos encontramos con la actitud espontánea y alegre de los pastores. Ellos nos muestran qué significa “no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”, pues al escuchar el anuncio del nacimiento del Cristo Salvador, dejaron sus ocupaciones y fueron presurosos al encuentro de Jesús. Además, ellos no mantuvieron ese evento salvífico en secreto, sino que “volvieron dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto”. Ese encuentro con Jesús al inicio de este nuevo año nos invita a tener siempre presente a Dios en nuestra vida y a llevar, a todos, su mensaje de amor.

*Señor, al inicio de este año, te pedimos nos concedas la gracia de sorprendernos por las maravillas de tu amor, para que podamos ser fieles testigos de la alegría de tu salvación.

Sábado 2 de enero
Ss. Basilio y Gregorio, Obispos. y Doctores.

Evangelio de Juan 1, 19- 28:
“Este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan a que le preguntaran: «¿Tú quién eres?». Él confesó y no lo ocultó, sino que dijo claramente: «Yo no soy el Mesías». Le preguntaron: «¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías?». Él dijo: «No lo soy». «¿Eres tú el Profeta?». Respondió: «No». Y le dijeron: «¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?». Él contestó: «Yo soy la voz que grita en el desierto: «Allanen el camino del Señor», como dijo el profeta Isaías». Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: «Entonces, ¿por qué bautizas si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?». Juan les respondió: «Yo bautizo con agua; pero en medio de ustedes hay uno que no conocen, que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de su sandalia». Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando”.

Reflexión:
Al inicio del Evangelio según San Juan, encontramos el testimonio fiel y valiente de Juan el Bautista. Aunque él tenía la fama y el reconocimiento necesario para presentarse como el salvador del pueblo de Israel, no lo hace, sino que da testimonio en favor de Jesús. Para eso nos muestra con claridad la superioridad del bautismo de Jesús, pues el bautista no es digno ni siquiera de desatarle la sandalia. Con esta imagen, tomada del libro del Deuteronomio, Juan el Bautista indica que él no le va a arrebatar a Jesús la autoridad de sus enseñanzas ni la fuerza de su predicación. Con su actitud nos enseña a ser humildes y a reconocer los talentos de los demás. Si tenemos la capacidad de reconocer las cosas que los demás hacen mejor que nosotros, entonces nos podemos preparar para construir juntos una sociedad en donde se reconocen los carismas que Dios nos ha dado a todos.

*Señor, concédenos un espíritu generoso que nos permita amar de corazón a nuestros hermanos y construir con ellos una sociedad más justa y más reconciliada.
 
Domingo 3 de enero
II Domingo de Navidad

Evangelio de Juan 1, 1-18:
“En el principio ya existía la palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de todo lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos creyeran. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no lo conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él, y grita diciendo: “Éste es de quien dije: “El que viene detrás de mi es superior a mí, porque existía antes que yo”. Pues de su plenitud todos hemos recibido gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer”.

Reflexión:
El prólogo del Cuarto Evangelio es un poema al Logos, que el texto litúrgico traduce como Palabra, igual a Dios mismo, que lo expresa y revela, que crea y santifica todo. Este Logos-Palabra es identificado con Jesús de Nazareth: “Y la Palabra se hizo carne y acampo entre nosotros”. La palabra de Dios, creadora y omnipotente, entra ahora en la historia asumiendo la condición frágil y mortal de todo hombre. La Palabra de Dios se hace hombre y la Navidad nos invita a hacernos también nosotros cada día más humanos, más respetuosos de la dignidad del hombre, porque sólo así seremos cada día más semejantes a Dios.

*Señor Jesús, Dios con nosotros y ser humano como nosotros, revélanos la gloria del Padre y enséñanos el camino de la verdadera humanidad

Lunes 4 de enero
Santa Ángela de Foligno, mística

Evangelio de Mateo 4, 12-17.23-25:

“En aquel tiempo, al enterarse Jesús que habían encarcelado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías: «País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una gran luz; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló». Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: «Conviértanse, porque está cerca el Reino de los cielos». Recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del Reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo. Su fama se extendió por toda Siria y le traían todos los enfermos aquejados de toda clase de enfermedades y dolores, endemoniados, lunáticos y paralíticos. Y él los curaba. Y le seguían grandes multitudes venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Transjordania”.

Reflexión:
La historia de la humanidad está cargada de prejuicios regionales. Hay grupos de personas a los cuales se les atribuye una menor dignidad, en atención a su procedencia, nivel educativo o posición social. Esto ocurre en casi todos los países, ciudades y poblaciones. Las épocas bíblicas no constituían la excepción. Por aquel tiempo los judíos de Jerusalén menospreciaban a los habitantes de la región de Galilea, pues al estar más cerca de los pueblos del norte, se consideraba impura e indigna de Dios. El evangelio, por el contrario, nos enseña que Dios no hace distinción de personas, hasta el punto que, esa tierra menospreciada, la "Galilea de los gentiles”, es la tierra en la que Jesús ejerce su ministerio, su predicación y sus obras de amor y misericordia por los más necesitados. Esta narración nos invita a romper los prejuicios infundados que nos alejan y nos confrontan con nuestro prójimo.

*Señor Jesús, concédenos la gracia de superar las rivalidades que nos distancian de nuestro prójimo, para que seamos capaces de ser predicadores de la Buena Noticia y constructores del Reino de Dios. 

Martes 5 de enero
San Juan Nepomuceno Neumann

Evangelio de Juan 1, 43-51:

“En aquel tiempo, Jesús vio una multitud y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas. Cuando se hizo tarde se acercaron sus discípulos a decirle: «Estamos en un despoblado y ya es muy tarde. Despídelos, que vayan a los pueblos y caseríos de alrededor y compren algo de comer». Él les respondió: «Denles ustedes de comer». Ellos le preguntaron: «¿Vamos a ir a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?». Él les dijo: «¿Cuántos panes tienen? Vayan a ver». Cuando lo averiguaron le dijeron: «Cinco, y dos peces». Él les mandó que hicieran sentar a la gente sobre la hierba en grupos. Ellos los hicieron sentar por grupos de cien y de cincuenta. Y tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran. Y repartió entre todos los dos peces. Comieron todos y se saciaron, y recogieron las sobras: doce canastas de pan y de peces. Los que comieron eran cinco mil hombres”.

Reflexión:
En el mundo hay gran cantidad de personas que ayudan con alimento, vestido y dinero a su prójimo, pero se desentienden de él y, entonces, la solidaridad queda limitada al aspecto material de las cosas. El evangelio de hoy nos muestra que las personas que rodeaban a Jesús, tenían muchas necesidades. Sin embargo, la primera intervención de Jesús no se circunscribió a la carencia material de alimento. Él quiere y busca el bienestar integral de los demás. Por eso al ver la muchedumbre no le dio pan inmediatamente, sino que “se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato”. Dios no quiere que nuestra actitud hacia los más necesitados sea de limosna sino de verdadera y auténtica compasión. Al pobre no se le ayuda solo con el pan sino especialmente con la palabra. Nuestro prójimo espera no solo que le demos cosas, sino que lo consideremos persona. Así como una madre que no se limita a alimentar a sus hijos, sino que les expresa su amor con amor, ternura, palabras, abrazos y caricias.

*Señor Jesús, tu que te compadeces de cuantos te necesitan, ayúdanos a vivir cotidianamente con actitudes y acciones de misericordia, para que todos podamos vivir en un mundo más digno y más justo.

Miércoles 6 de enero
Epifanía del Señor

Evangelio de Mateo 2, 1-12:

“Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo». Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: “Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea, pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel”». Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: «Vayan y averigüen cuidadosamente acerca del niño y, cuando lo encuentren, avísenme, para ir yo también a adorarlo». Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que se detuvo en el lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo sido advertidos en sueños, para que no volvieran a donde estaba Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino”.

Reflexión:
El Evangelio de Mateo nos presenta la adoración de los magos venidos de oriente. Ese episodio nos enseña acerca del carácter universal de la salvación de Jesús. La procedencia de los magos no es una simple referencia a un punto cardinal, sino que nos recuerda el origen tradicional de la humanidad, “que proviene del oriente”, de acuerdo a la narración del Génesis (Gn 11,2). Así como la humanidad proviene de oriente y se extiende por todo el mundo, buscando bienestar y vida, los magos desde el oriente buscan la salvación y la encuentran en Jesús. Ellos reconocen su divinidad, mediante la ofrenda del incienso; lo reconocen como rey y le ofrecen oro. El tercer don resulta un poco más extraño, puesto que la mirra era un elemento que alude a la sepultura. Con este último regalo podemos vislumbrar, entonces, que la salvación de Cristo nos llega mediante su pasión, muerte y resurrección. La hostilidad contra Jesús no comenzará con su pasión, sino que da inicio con la persecución de Herodes que ve amenazado su poder.

*Padre de bondad, regálanos la sabiduría que procede de ti, para que seamos capaces de reconocer la salvación que nos llega a través de tu Hijo y que, así también, nosotros podamos adorarlo mediante nuestras palabras, actitudes y acciones.

Jueves 7 de enero
San Raimundo de Peñafort, Pbro.

Evangelio de Lucas 4, 14-22ª:
“En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu, y su fama se extendió por toda la región. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan. Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar la Buena Nueva a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor». Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles: «Hoy se cumple esta Escritura que acaban de oír”. Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios”.

Reflexión:
La fama de Jesús se había extendido por toda la región de Galilea, sin embargo, Él no se olvidó de la pequeña población que lo había visto crecer y es allí donde preside la lectura solemne del profeta Isaías. El evangelio nos recuerda que toda la gente estaba pendiente de Él. Seguramente esperaban un largo discurso de explicación. Sin embargo, todo lo que tenía que decir lo sintetizó en una frase: “Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír”. Jesús no añadió nada más, porque sus palabras nos reflejan el significado de su predicación y en especial de sus intervenciones en favor de los más necesitados: los pobres los cautivos, los ciegos y los oprimidos. Él es el Cristo, es decir el ungido de Dios para traernos la salvación.

*Señor Dios, Tú que has ungido a tu Hijo para llevarnos hacia ti concédenos la gracia de dar testimonio de él y de maravillarnos siempre de sus palabras, a ejemplo de quienes lo escucharon en la sinagoga de Nazareth.

Viernes 8 de enero
San Severino

Evangelio de Lucas 5, 12-16:

“Una vez, estando Jesús en un pueblo, se presentó un hombre cubierto de lepra; al ver a Jesús se postró ante él y le suplicó: «Señor, si quieres, puedes limpiarme». Jesús extendió la mano y lo tocó diciendo: «Quiero, queda limpio». Y enseguida desapareció la lepra. Jesús le mandó que no lo dijera a nadie, y añadió: «Ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación la ofrenda que mandó Moisés para que les sirva de testimonio». Se hablaba de él cada vez más, y acudía mucha gente a oírle y a que los curara de sus enfermedades. Pero él solía retirarse a lugares solitarios para orar”.

Reflexión:
La enfermedad de la lepra excluía al ser humano de la sociedad y le impedía volver a relacionarse con su prójimo, pues era impuro, de acuerdo al libro del Deuteronomio. El leproso se dirige a Jesús con esperanza, no le exige, sino que le pide con humildad: “Señor, si quieres, puedes purificarme”. Jesús responde: “Quiero”. Jesús no pretende dejar o condenar a los semejantes a la impureza y a la exclusión, sino que, como al leproso, nos llama a todos a la comunión con él y con la comunidad. Tampoco impone su autoridad arbitrariamente, sino que respeta los estatutos previstos por la ley y ordena al hombre purificado presentarse al sacerdote, para que sea él quien lo declare puro.

*Padre de misericordia, regálanos un espíritu compasivo como el de tu Hijo, para que, libres de las ataduras de la envidia, el odio y el desprecio, también nosotros seamos signos e instrumentos de tu amor en medio de nuestros hermanos.

Sábado 9 de enero
San Adrián de Canterbury

Evangelio de Juan 3, 22-30:

“En aquel tiempo, fue Jesús con sus discípulos a Judea, se quedó allí con ellos y bautizaba. También Juan estaba bautizando en Enón, cerca de Salín, porque había allí agua abundante; la gente acudía y se bautizaba. Juan todavía no había sido encarcelado. Se originó entonces una discusión entre un judío y los discípulos de Juan acerca de la purificación; ellos fueron a Juan y le dijeron: «Maestro, el que estaba contigo en la otra orilla del Jordán, de quien tú has dado testimonio, ése está bautizando, y todo el mundo acude a él». Contestó Juan: «Nadie puede atribuirse nada, si no se lo dan desde el cielo. Ustedes mismos son testigos de que yo dije: «Yo no soy el Mesías, sino que me han enviado delante de él». En una boda el que lleva a la esposa es el esposo; pero el amigo del esposo, que está allí y lo escucha, se llena de alegría al oír su voz. Por eso mi gozo es ahora completo. Es necesario que él crezca y que yo disminuya».

Reflexión:
No es fácil romper los paradigmas y aceptar un nuevo modo de pensar o de proceder. En ese sentido, los discípulos de Juan el Bautista tuvieron muchas dificultades para aceptar que había alguien superior a su maestro. Es por eso que ellos van a acusar a Jesús delante del Bautista. Sin embargo, contrario a lo que esperaban esos discípulos, él vuelve a dar testimonio de Jesús, como ya lo había hecho anteriormente. Sus palabras dejan en claro que, aunque su predicación antecedió a la de Jesús, él no es el Mesías. En su actitud podemos ver la honestidad de su proceder. A él le interesa la misión que Dios le ha encomendado y no llenarse de alabanzas de parte de los hombres. Por eso, en vez de atacar a quien iba teniendo cada vez más seguidores que él, acepta la superioridad de Jesús y se alegra por su presencia en el mundo.

*Señor Jesús, concédenos, a ejemplo de Juan el Bautista, alegrarnos por tu mensaje de salvación, para que podamos ser testigos incansables de tu evangelio en el mundo.

Domingo 10 de enero
El Bautismo del Señor

Evangelio de Mateo 1, 7-11:

“En aquel tiempo, proclamaba Juan: «Después de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo los he bautizado con agua, pero él los bautizará con Espíritu Santo». En aquellos días llegó Jesús a Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan. Y al salir del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. Y una voz del cielo dijo: «Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto».

Reflexión:
Este domingo la liturgia nos presenta el encuentro entre dos grandes personajes del Nuevo Testamento. En primer lugar, está la predicación del Bautista que ya anuncia la presencia de Jesús, quien bautizará con el Espíritu Santo.  Sin embargo, cuando este último aparece no lo hace con prepotencia y desprecio, sino que “fue bautizado por Juan en el Jordán”. Con ello Jesús parece como uno de los muchos que se alegraron y acogieron la predicación del Bautista. Sin embargo, Él fue el único que al salir del agua “vio que los cielos se abrían y que el Espíritu Santo descendía sobre él como paloma”. Junto a ese gran signo, el evangelista nos presenta también las palabras que desde el cielo confirman a Jesús como el Hijo amado del Padre. Este episodio del bautismo de Jesús nos recuerda a nuestro propio bautismo, y que al ser bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, no solo renacemos como hijos amados de Dios, sino que estamos llamados a mostrar esta condición con nuestras palabras y acciones. 

*Padre del Cielo, concédenos adherirnos a ti para que vivamos decididamente guiados por tus palabras y tus enseñanzas y contribuyamos a hacer de este mundo un lugar de amor y de paz.

Lunes 11 de enero
Santo Tomás de Cori

Evangelio de Marcos 1, 14-20:

“Después de que Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: «Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios está cerca: conviértanse y crean en el Evangelio». Pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón, que eran pescadores y estaban echando las redes en el mar. Jesús les dijo: «Vengan conmigo y les haré pescadores de hombres». Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca reparando las redes. Al instante los llamó. Y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los trabajadores, se fueron con él”.

Reflexión:
Herodes quiso acallar la voz de Dios que resonaba en los labios de Juan el Bautista. Sin embargo, ahora quien proclama la cercanía del Reino de Dios es Jesús. Para ello exige un cambio radical de vida y por eso nos exhorta a la conversión. No podemos permanecer o entrar a ese Reino si nuestro modo de proceder no demuestra nuestra conversión. El llamado a los primeros discípulos nos enseña la estrategia de Jesús para que todos caminemos de acuerdo a la voluntad de Dios. A Simón y a Andrés no les dijo: ustedes compórtense bien y cumplan la ley de Dios; les dijo: “Síganme”. Es decir que en el camino que Jesús nos propone, Él va adelante. Él nunca pide algo que Él mismo no haya realizado. Hoy sigue llamándonos a seguirlo, como también llamó a los hijos de Zebedeo

*Padre de amor, concédenos un espíritu decidido como a los primeros discípulos de tu Hijo, para que podamos ser auténticos anunciadores de tu Reino en medio de nuestros semejantes.

Martes 12 de enero
San Antonio María Pucci

Evangelio de Marcos 1, 21-28:

“En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos entraron en Cafarnaún, y al llegar el sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar. La gente se asombraba de su enseñanza, porque les ensenaba con autoridad y no como los escribas. Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar: «¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres tú: El Santo de Dios». Jesús lo increpó: «Cállate y sal de él». El espíritu inmundo lo retorció violentamente y, dando un grito muy fuerte, salió de él. Todos se preguntaron estupefactos: «¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, enseñada con autoridad! Manda incluso a los espíritus inmundos y lo obedecen». Su fama se extendió enseguida, por todas partes, en toda la región de Galilea”.

Reflexión:

Jesús llama a sus primeros discípulos y enseguida entra a Cafarnaúm. Allí él se revela como Maestro, especialmente en la sinagoga, en donde enseña.  Así él se manifiesta como Maestro signo de admiración, pues enseña con autoridad y no como los demás maestros de la ley. Sin embargo, su autoridad no se limita únicamente a sus palabras sino también a sus acciones. Por eso expulsa al espíritu impuro que aquejaba a uno de los presentes. Si los espíritus impuros obedecen a Jesús, el Santo de Dios, con mayor razón deberíamos hacerlo nosotros.  Esta narración, del inicio del evangelio, nos invita a aceptar a Jesús como maestro; a sentir admiración por su enseñanza, pero sobre todo a vivir de acuerdo a esa enseñanza.

*Padre de bondad, haz que, mediante nuestras palabras y acciones, seamos capaces de reconocer a Jesús como el Santo de Dios y de admirarnos frente a las maravillas que obra en nosotros.

Miércoles 13 de enero
San Hilario, Ob. y Dr.

Evangelio de Marcos 1, 29-39:

“En aquel tiempo, al salir Jesús y sus discípulos de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; se lo dijeron a Jesús y él se acercó, la tomó de la mano y la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles. Al anochecer, cuando ya se había puesto el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar. Se levantó de madrugada y cuando todavía estaba muy oscuro, se fue a un lugar solitario y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron a buscarlo y al encontrarlo, le dijeron: «Todo el mundo te busca». Él les respondió: «Vámonos a otra parte, a los pueblos cercanos, para predicar también allí; que para eso he venido». Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando a los demonios”.

Reflexión:
La curación de la suegra de Simón, conocido posteriormente como Pedro, es un episodio extraordinario mediante el cual podemos apreciar la preocupación de Jesús en favor de los enfermos. La suegra de Pedro, cuyo nombre no se menciona, no queda a merced de sus aflicciones, sino que, gracias a la acción de Jesús se pone a su servicio.  Sin embargo, además de favorecer a la que había estado enferma, la acción de Jesús se extiende a todos los endemoniados y enfermos de Cafarnaúm. Esto nos enseña que Él no tiene preferencia especial por una persona, sino que está al servicio de todos los que lo necesitan. A pesar del éxito de su predicación en Cafarnaúm, Jesús no permaneció allí, sino que se marchó con sus discípulos por toda Galilea. Esta actitud nos enseña a buscar la mejor manera de hacer que nuestras buenas obras lleguen a muchas personas.

*Señor, que estemos dispuestos a buscar permanentemente nuevas formas de ser auténticos testigos de tu evangelio.

Jueves 14 de enero
San Juan de Ribera

Evangelio de Marcos 1, 40-45:

“En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme». Jesús sintió compasión, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero: queda limpio». La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio. Jesús lo despidió, encargándole severamente: «No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés». Pero cuando se fue, se puso a pregonarlo y a divulgar el hecho, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en lugares solitarios; y aun así acudían a él de todas partes”.

Reflexión:
La lepra era una de las enfermedades más terribles de la antigüedad y, debido a que se consideraba incurable, el único medio que se utilizaba para combatirla era tratar de prevenir su contagio evitando que los infectados contactaran a otras personas. Por eso los leprosos eran excluidos de la sociedad y tenían que vivir fuera de las ciudades, evitando todo contacto con los demás. Jesús tiene una actitud novedosa. Él no huye del leproso, como lo establecían los protocolos sanitarios de la época, sino que lo toca. Esa actitud es más importante que el hecho mismo de la curación física. Lo que aquejaba más al leproso no era la enfermedad en sí misma, sino el hecho de perder el contacto con los demás seres humanos. Cuando Jesús entra en contacto con él, le devuelve la humanidad al leproso, quien desobedece la indicación de Jesús de presentarse al sacerdote, para convertirse en testigo de la salvación que había experimentado ante aquellos, de quienes se había alejado a causa de su enfermedad.

*Señor Jesús, regálanos la gracia de abrir nuestro corazón hacia los hermanos que sufren, para que nunca nos alejemos de ellos, sino que estemos dispuestos a tratarlos, no como a extraños, sino como a nuestro prójimo.

Viernes 15 de enero
San Mauro, Abad

Evangelio de Marcos 2, 1-12:

“Cuando a los pocos días Jesús volvió a Cafarnaún, se supo que estaba en casa. Acudieron tantos que no quedaba sitio ni siquiera junto a la puerta. Y Él les anunciaba la Palabra. Entonces, le trajeron entre cuatro un paralítico y, como no podían acercarlo a Jesús, a causa del gentío, abrieron el techo encima de donde estaba él y, a través de la abertura que hicieron, descolgaron la camilla con el paralítico. Viendo Jesús la fe que tenían, le dice al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados». Unos escribas, que estaban allí sentados, pensaban en sus corazones: ¿Por qué éste habla así? ¡Blasfema! ¿Quién puede perdonar los pecados, sino solo uno, Dios? Jesús dándose cuenta enseguida de lo que pensaban, les dijo: «¿Por qué piensan así en sus corazones? ¿Qué es más fácil: decirle al paralítico: “¿Tus pecados te son perdonados”, o decirle “levántate, toma tu camilla y camina”? Pues, para que sepan, el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados, dice al paralítico: “A ti te digo: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”». Se levantó inmediatamente, tomó su camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron admirados y daban gloria a Dios, diciendo: «Nunca hemos visto una cosa igual»”.

Reflexión:
La narración del Evangelio nos describe cómo, después de haber recorrido toda la región de Galilea, la fama de Jesús había crecido tanto, que la multitud de sus seguidores imposibilitaba el acercamiento de un paralítico hacia el mismo Jesús. Pero, para los acompañantes del enfermo no todo estaba perdido y como no pudieron entrar por la puerta, lo hicieron por el techo. Este gesto le indicó a Jesús la gran fe de quienes estaban ante él. Él, que ve en el paralítico una fe más madura que la de los demás, no se apresura a curar físicamente al paralítico, sino que se ocupa de la necesidad más urgente; se trata de sus pecados. El pecado es el verdadero enemigo del ser humano; de ahí las palabras de Jesús: “Hijo mío, tus pecados quedan perdonados”. A estas palabras siguió la curación del paralítico que demostró que el hijo del hombre sí tiene la autoridad para perdonar los pecados y que esa capacidad está reservada sólo a Dios y a su Hijo.

*Señor Jesús, nos ponemos delante de ti con humildad y sencillez, para que seas tú quien nos libre de los males que nos aquejan, en especial, del pecado, que nos aleja de ti y de nuestros hermanos.

 

Sábado 16 de enero
San Marcelo I, Papa

Evangelio de Marcos 2, 13-17:

“En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a la orilla del mar; toda la gente acudía a él y él les enseñaba. Al pasar, vio a Leví, hijo de Alfeo, sentado junto a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: «Sígueme». Él se levantó y lo siguió. Y sucedió que, estando Jesús a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores se sentaron con él y sus discípulos, pues eran numerosos los que le seguían. Algunos escribas de los fariseos, al ver que comía con publicanos y pecadores, dijeron a sus discípulos: «¿Por qué come con publicanos y pecadores?». Jesús lo oyó y les dijo: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores».

Reflexión:
La compasión y la misericordia de Dios llega a todos aquellos que la necesitan. Es tan poderosa que no puede ser anulada por el pecado. Jesús no ve en Leví al pecador recaudador de impuestos, sino a un hombre capaz de hacer mucho bien, a pesar del daño que haya causado anteriormente. Por eso Jesús lo llama y este dejó de correr tras el dinero y comenzó a seguir a Jesús. El evangelio nos deja en claro que cuando Jesús se acerca a los corruptos no es para convertirse en uno de ellos, sino para llevarlos del pecado a la salvación: “Los que están sanos no necesitan el médico. Yo no he venido a llamar a los justos sino a los pecadores”. Jesús entonces no desprecia a nadie, ni a los leprosos, ni a los enfermos, ni a los paralíticos, ni a los pecadores, a todos nos quiere activos en la construcción de su Reino.

*Padre de misericordia, haz de nosotros auténticos discípulos tuyos, capaces de ver el bien que hay en nuestros hermanos y de confiar en los méritos y capacidades que tú les has dado, para que juntos seamos constructores del Reino de Dios.

Domingo 17 de enero
II del Tiempo Ordinario

Evangelio de Juan 1, 35-42:

“En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: «Éste es el Cordero de Dios». Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió hacia ellos y, al ver que lo seguían, les pregunta: «¿Qué buscan?». Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?». Él les dijo: «Vengan y lo verán». Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo)». Y lo llevó a Jesús. Jesús mirándolo le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que traducido significa Pedro)»”.

Reflexión:

El auténtico discípulo no sigue sus propios caprichos sino las enseñanzas e indicaciones de su maestro. El Evangelio de Juan nos presenta que los discípulos del Bautista lo seguían porque así lo habían decidido. Ahora su grado de madurez y de compromiso los lleva a obedecer a ese maestro, aunque ello implica alejarse de él para seguir a un nuevo Maestro: Jesús, el Cordero de Dios. Cuando Andrés y su hermano siguen a Jesús, dan inicio a una nueva búsqueda que le dé sentido a su existencia. Por eso le preguntan a su nuevo maestro. ¿Dónde vives? Para conocer a Jesús no son suficientes las informaciones que se tengan de él, sino que se requiere una experiencia de cercanía, diálogo y encuentro con él. Así hicieron esos discípulos, que pasaron el resto del día con Él. La iglesia de hoy también necesita auténticos discípulos que no solo hablen de Jesús, sino que estén dispuestos a pasar su vida con él.

*Maestro Jesús, ayúdanos a descubrir que vives en nuestros hermanos más pobres y necesitados, para que no rehuyamos de nuestro compromiso cristiano, sino que, conscientes de dónde encontrarte, estemos siempre contigo con todo el corazón.

Lunes 18 de enero
Santa Margarita de Hungría

Evangelio de Marcos 2, 18-22:

“En aquel tiempo, los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando. Vinieron unos y preguntaron a Jesús: «Por qué los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan; en cambio, ¿tus discípulos no ayunan?». Jesús les contestó: «¿Es que pueden ayunar los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Mientras, el esposo está con ellos, no pueden ayunar. Llegarán días en que les será arrebatado el esposo, entonces, aquel día sí que ayunarán. Nadie cose un remiendo de tela nueva sobre un vestido viejo, porque el remiendo nuevo encoge y rompe el vestido viejo, y la rotura se hace más grande. Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque el vino revienta los odres, y se pierde el vino y los odres; sino vino nuevo en odres nuevos»”.

Reflexión:
Muchas veces pensamos que quienes no actúan como nosotros, están obligados a cambiar su modo de proceder, como si únicamente fuera válido nuestro punto de vista. Así les ocurrió a quienes cuestionaron a Jesús porque sus discípulos no ayunaban, de acuerdo a las costumbres y, por tanto, parecían estar alejados de Dios. Jesús responde a las inquietudes de sus interlocutores atribuyéndose el título de “novio”, que en el Antiguo Testamento se había atribuido a Dios, para describir su relación con la novia – su pueblo. Jesús no permite que sus discípulos ayunen porque lo tienen a Él; es decir que, con su encuentro, con sus palabras y acciones hace presente a Dios. Ellos no pueden ayunar, porque con Jesús, tienen a Dios; de manera que el ayuno, en ese caso, resulta innecesario. ¿Cómo pedir la presencia de Dios si él ya está presente?

*Señor, tú que amas a tu pueblo, permítenos encontrarte no en los ritos externos y ocasionales sino en la vida cotidiana, para que animados por tu presencia podamos ser testigos de tu Buena Noticia.

Martes 19 de enero
Beato Marcelo Spínola

Evangelio de Marcos 2, 23-28:

 “Un sábado, Jesús atravesaba unos campos de trigo, y sus discípulos iban arrancando espigas, mientras se abrían paso. Los fariseos le dijeron: «¡Mira!, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido?». Él les respondió: «¿No han leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus compañeros tuvieron necesidad y sintieron hambre; ¿cómo entró en la Casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar y comió los panes consagrados, que solo está permitido comer a los sacerdotes, y les dio también a sus compañeros?». Y añadió: «El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado; así que el Hijo del hombre es Señor también del sábado»”.

Reflexión:
El precepto del sábado no es un mero mandato religioso, sino que se constituye en una característica que da identidad al Pueblo de Israel. Con esta y otras leyes Dios preservó a su Pueblo de la extinción. Por eso la actitud de los discípulos, que arrancan espigas durante el sábado, parece contravenir la voluntad de Dios. Ante esa situación Jesús enseña que ni él ni sus discípulos desobedecen a Dios, pues la ley que prohíbe trabajar los sábados tiene como finalidad el ser humano y no al contrario y que cumplir las leyes de Dios sin entender su significado, puede ser la mejor manera de ir en su contra. Dios no pretende la aniquilación de sus creaturas sino su bienestar y por ello nos ofrece todos los medios que requerimos para vivir en armonía y felicidad. Aunque haya personas que se alegren por las privaciones del prójimo, Dios nos llama a disfrutar con alegría de los bienes que nos ha dado.

*Padre creador, tú nos has regalado el mundo para nuestro deleite, te damos gracias por esta gran muestra de tu amor que nos permite compartir tus bienes con nuestros hermanos.

Miércoles 20 de enero
Ss. Fabián, Pp. y Sebastián, Mártires

Evangelio de Marcos 3, 1-6:

“En aquel tiempo, Jesús entró otra vez en la sinagoga. Había allí un hombre que tenía una mano paralizada. Lo estaban observando, para ver si curaba en sábado y acusarlo. Jesús le dijo al hombre que tenía la mano paralizada. «Levántate y ponte en medio». Y a ellos les preguntó: «¿Está permitido en sábado, hacer el bien o hacer el mal?, ¿salvar una vida o dejarla morir?» Ellos se quedaron callados. Entonces, mirándolos con ira, apenado por la dureza de su corazón, dijo al hombre: «Extiende la mano». El hombre la extendió y la mano quedó restablecida.  Y en cuanto salieron de la sinagoga, los fariseos se pusieron de acuerdo con los herodianos para acabar con él”.

Reflexión:
Aunque Jesús sabe que sus enemigos buscan desprestigiarlo, perseguirlo y matarlo, él no cesa su acción en favor de los más necesitados. Por eso, aunque sabía que lo estaban espiando para tener de qué acusarlo, actúa a favor de la vida y realiza la sanación del hombre con la mano paralizada. Jesús se sigue manifestando con el poder de Dios incluso en el contexto hostil de quienes lo acusan. Los ataques no lo hacen cambiar de opinión ni le hacen permanecer indiferente ante quienes sufren. Con ello nos enseña también a actuar de acuerdo a la propia conciencia, a pesar de que dicha actuación traiga problemas; como en el caso de Jesús, pues a partir de entonces los fariseos se pusieron de acuerdo con los partidarios de Herodes para asesinar a Jesús. Diariamente también nosotros podemos estar ante dilemas similares. Y lamentablemente muchos hermanos no se arriesgan a ayudar a su prójimo. Que la valentía de Jesús nos inspire a ser auténticos testigos de la solidaridad.

*Señor de la vida, regálanos tu Espíritu de amor para que en toda circunstancia estemos dispuestos a ayudar a nuestros hermanos que necesitan de nuestras palabras, actitudes y obras.

Jueves 21 de enero
Santa Inés, Virgen y Mártir.

Evangelio de Marcos 3, 7-12:
“En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar, y lo siguió una gran muchedumbre de Galilea. Al enterarse de las cosas que hacía, acudía mucha gente de Judea, de Jerusalén y de Idumea, de la Transjordania, de las cercanías de Tiro y Sidón. Entonces encargó a sus discípulos que le prepararan una barca para que la multitud no lo apretujara. Como había curado a muchos, todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo. Cuando lo veían, hasta los espíritus inmundos se postraban ante él, gritando: «Tú eres el Hijo de Dios». Pero él les prohibía severamente que lo diesen a conocer”.

Reflexión:
Las grandes obras de Jesús atraen hacia él gente de diversas regiones de Israel y de otras naciones. Pero, aunque él no busca la fama, tampoco rehúye de quienes lo buscan y, por eso, ayuda a los más necesitados; especialmente a los enfermos y a los endemoniados, que paradójicamente lo reconocen como Hijo de Dios. Esta filiación divina de Jesús nos enseña que lo que él hace y dice no proviene de la magia, de la superstición, del azar o de cualquier otro tipo de poder o realidad, sino de su condición de Hijo de Dios. Sin embargo, Jesús hace callar a los espíritus inmundos, pues no ha venido al mundo para ser reconocido por ellos, sino por los hombres y mujeres que necesitamos ser salvados por Él.

*Jesús, tú eres el Hijo de Dios, haz que te reconozcamos con nuestras palabras y obras, para que dóciles a tu misericordia experimentemos los gozos de la salvación que nos ofreces.

Viernes 22 de enero
Beata Laura Vicuña

Evangelio de Marcos 3, 13-19:

“En aquel tiempo, Jesús subió a la montaña, llamó a los que quiso y se fueron con él. E instituyó a Doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar con poder de expulsar demonios: Simón, a quien puso el nombre de Pedro, Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan, a quienes puso el nombre de Boanerges — es decir, los hijos del trueno —, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el hijo de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo y Judas Iscariote, el que lo entregó”.

Reflexión:
Con frecuencia las personas que ocupan algunos puestos, no son los más preparados o idóneos, sino los más recomendados por un pariente o conocido. Así, cuando los méritos no se tienen en cuenta, se siembra la semilla de la corrupción. Por el contrario, cuando Jesús llamó a sus discípulos, no eligió a los que le recomendaron, sino “a los que él quiso”.  A ellos los llamó apóstoles, es decir enviados, con tres características principales: En primer lugar, Jesús los llamó para que estuvieran con Él. El verdadero discípulo es el que tiene la capacidad de estar con Jesús, de aprender de Él y de vivir su misma experiencia de vida. En segundo lugar, Jesús los envía a predicar. Con este mandato Jesús hace más eficiente su propia misión, porque ya son doce y no uno sólo el que predica, pues el contenido de la predicación de los apóstoles es aquél indicado por Jesús. En tercer lugar, Jesús les dio autoridad para expulsar demonios.  De esta manera los doce apóstoles continúan, con su propio estilo, las mismas acciones de Jesús.

*Señor Jesús, tú que llamaste libremente a los apóstoles, concédenos la gracia de vivir siempre de acuerdo a los criterios de tu evangelio, para que también nosotros podamos ser dignos de la misión que nos confías en favor de nuestros hermanos.

Sábado 23 de enero
San Ildefonso de Toledo, Obispo

Evangelio de Marcos 3, 20-21:

“En aquel tiempo, Jesús fue a casa y se juntó de nuevo tanta gente que no los dejaban ni comer. Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque decían: «Está fuera de sí»”.

Reflexión:
La predicación de Jesús causa reacciones diversas en las personas. Las personas que lo buscan con humildad se reúnen en torno a él, hasta el punto que ni siquiera le daban espacio para comer; sus familiares van a recogerlo porque se avergüenzan de él, pues piensan que ha enloquecido y los hace quedar mal y los expertos en la Sagrada Escritura están convencidos que está endemoniado y, por eso, rechazan su obra y su mensaje. También hoy hay muchos que no buscan lo bueno de las personas, sino que están escudriñando a su prójimo y acusándolo delante de los demás, como hicieron los escribas en tiempo de Jesús. El verdadero creyente es el que se reúne en torno a Jesús y. dócil al Espíritu Santo, se deja guiar por Él.

*Te pedimos perdón, Señor, por todas aquellas ocasiones en que hemos buscado eludir o cambiar tu Evangelio, buscando no el cumplimiento de tu voluntad, sino la nuestra.

Domingo 24 de enero
III del Tiempo Ordinario

Evangelio de Marcos 1, 14-20:

“Cuando arrestaron a Juan, Jesús se dirigió a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: «Se ha cumplido el plazo; está cerca el reino de Dios: conviértanse y crean en el Evangelio». Pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando las redes en el mar. Jesús les dijo: «Vengan conmigo y los haré pescadores de hombres». Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca reparando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los trabajadores y se fueron con él”.

Reflexión:
Con alegría celebramos en todas nuestras comunidades el Domingo de la Palabra de Dios en el que la celebramos, reflexionamos y divulgamos. Hoy contemplamos a Jesús que no se dejó amedrantar por la violencia de Herodes, que pensó que al encarcelar a un testigo de la Palabra de Dios se deshacía de ella. Por el contrario, el encarcelamiento de Juan el Bautista se convirtió en el inicio de una predicación aún más poderosa, que exige un cambio radical de vida: «Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios está al alcance. Conviértanse y crean en el Evangelio». Jesús acompaña su predicación con el llamado a los primeros discípulos. Con ello nos manifiesta que no se trata de un maestro aislado y apartado del mundo, sino de alguien que hace de la vida comunitaria un modo de vivir de acuerdo a la voluntad de Dios. Hoy nos sigue invitando a no dejarnos vencer por el miedo al fracaso, a la persecución o a la violencia y a seguirlo decididamente en la predicación del Reino de Dios.

Señor Jesús, que el amor por ti y por tu Palabra nos impulse cada día a ser verdaderos testigos de tu Evangelio, para que te sigamos siempre y sin reparos en la construcción de un mundo en el que reine el amor y la paz.

 

Lunes 25 de enero
Conversión de san Pablo

Evangelio de Marcos 16, 15-18:

“En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: “Vayan al mundo entero y proclamen el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, tomarán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos.”

Reflexión:
La predicación de San Pablo fue novedosa en su tiempo, porque entendió que la salvación de Jesucristo no estaba confinada a unos límites geográficos o históricos, sino que está destinada a todos los seres humanos. Él entendió que el Evangelio de Jesús debía también llegar a todos aquellos que no provenían del judaísmo y que los seguidores de Jesús ya no necesitaban someterse a la ley del antiguo Testamento, sino que se salvaban por el infinito poder de Jesús. En efecto, Él envió a sus discípulos por todo el mundo. Por eso la tarea evangelizadora no puede restringirse a un grupo de personas o hacerse sólo en algunos lugares. Hoy Jesús sigue animando la evangelización y acompañando con grandes obras la predicación de sus discípulos. Por eso estamos llamados a vivir nuestro bautismo como discípulos y misioneros, capaces de vivir nuestra condición de hijos de Dios en los lugares y circunstancias de cada día.

*Cristo Jesús, acrecienta nuestro compromiso con la misión que nos encargas cada día, para que no desfallezcamos en el testimonio de tu evangelio y podamos anunciar a todos con alegría y entusiasmo la Buena Noticia de la salvación.

Martes 26 de enero
Ss. Timoteo, Obispo y Mártir / Tito, Obispo

Evangelio de Lucas 10, 1-9:

“En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: “La mies es abundante y los obreros pocos; rueguen, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Pónganse en camino! Miren que les mando como corderos en medio de lobos.  No lleven bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Cuando entren en una casa, decir primero: “Paz a esta casa.” Y, si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos su paz; si no, volverá a ustedes. Quédense en la misma casa, coman y beban de los que tengan, porque el obrero merece su salario. No anden cambiando de casa. Si entran en un pueblo y les reciben bien, coman lo que les den, curen a los enfermos que haya, y digan:” Está cerca de ustedes el Reino de Dios.”

Reflexión:
Celebramos hoy la memoria de los Santos Timoteo y Tito. Ellos fueron apoyo fundamental del san Pablo, en la consolidación de las comunidades de Tesalónica, Corinto y Éfeso.  Por eso hemos leído la segunda Carta a Timoteo (1,1-8), donde el Apóstol recuerda al discípulo de dónde viene su fe sincera: la recibió del Espíritu Santo a través de su madre y de su abuela. Son las madres, las abuelas, las que trasmiten la fe. La fe es un don del Espíritu Santo, un regalo, que va más allá que cualquier preparación. Y el Evangelio nos recuerda el envío misionero de Jesús, todos estamos llamados a anunciar con nuestra vida la alegría de creer; nos invita a orar por las vocaciones, por las familias, para que sean generosas en la transmisión de la fe y descubran la bendición que trae a un hogar si uno de sus hijos es llamado por el Señor a seguirle dejándolo todo, para dedicarse al anuncio del Reino de Dios.

*Pidamos al Señor la gracia de tener una fe sincera, no negociable, que dé mucho fruto aun en las más duras pruebas, una fe que nos haga apóstoles de Jesucristo, a ejemplo de los santos Timoteo y Tito.

Miércoles 27 de enero
Santa Ángela Merici, Virgen

Evangelio de Marcos 4, 1-20:

“En aquel tiempo, Jesús se puso a enseñar otra vez junto al lago. Una gran multitud se reunió junto a él, que tuvo que subirse a una barca y, ya en el mar, se sentó; y toda la multitud se quedó en tierra junto al lago. Él les enseñaba muchas cosas por medio de parábolas, y esto era lo que les enseñaba: «¡Escuchen!: Salió el sembrador a sembrar; al sembrar, parte de la semilla cayó al borde del camino, vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra; como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se quemó y, por falta de raíz, se secó. Otra parte cayó entre espinos; crecieron los espinos y la ahogaron, y no dio fruto. Otros granos cayeron en tierra fértil; nació, creció y dieron fruto: y la cosecha fue del treinta o del sesenta o del ciento por uno”. Y añadió: «El que tenga oídos para oír, que oiga». Cuando se quedó a solas, los que lo rodeaban y los Doce le preguntaban el sentido de las parábolas. Él les dijo: «A ustedes se les ha dado el misterio del Reino de Dios; en cambio, a los de afuera todo se les presenta en parábolas, para que “por más que miren, no vean; por más que oigan, no entiendan; a no ser que se conviertan y alcancen el perdón”». Y añadió: «¿No entienden esta parábola? ¿Cómo entonces van a entender las demás? El sembrador siembra la Palabra. Hay unos que están al borde del camino donde se siembra la Palabra; pero, en cuanto la escuchan, viene Satanás y se lleva la Palabra sembrada en ellos. Hay otros que reciben la semilla como terreno pedregoso; al escuchar la Palabra, la acogen con alegría, pero no tienen raíces, son inconstantes y, cuando viene una dificultad o persecución a causa de la Palabra, en seguida sucumben. Hay otros que reciben la semilla entre espinos; estos son los que escuchan la Palabra, pero los afanes de la vida, la seducción de las riquezas y el deseo de todo lo demás los invaden, ahogan la palabra, y se queda estéril. Los otros son los que reciben la semilla en tierra buena; escuchan la Palabra, la aceptan y dan una cosecha del treinta o del sesenta o del ciento por uno».

Reflexión:
Una de las formas predilectas de predicación de Jesús es el uso de las parábolas para hablarnos del Reino de Dios. Con la parábola del sembrador él nos enseña que el éxito de la misión evangelizadora no depende exclusivamente del evangelizador/sembrador.  Estamos llamados a ser sembradores alegres de la Palabra de Dios, siguiendo el ejemplo del sembrador de la parábola.  Él no deja de esparcir la semilla por ningún terreno, pues siembra la semilla por todas partes: en el camino, entre las piedras, entre los espinos y, también, en la tierra buena. Muchas veces nos desanimamos porque pensamos estar ante personas que no van a recibir adecuadamente la predicación de la Palabra. Pero, también en esos casos estamos llamados a ser testigos de Jesús, esa es nuestra misión: velar para ofrecer una semilla de calidad a todas las personas de nuestro ambiente.

*Señor Jesús, tú nos llamas a dar testimonio de tu Evangelio por todas partes. Haz que nunca desfallezcamos en la misión que nos encomiendas, para que tengamos la gracia de alegrarnos por los buenos frutos que nos concedes admirar.

Jueves 28 de enero
Santo Tomás de Aquino, Presbítero y Doctor

Evangelio de Marcos 4, 21-25:

“En aquel tiempo, dijo Jesús a la multitud: «¿Acaso se trae una lámpara para ponerla debajo de un cajón o debajo de la cama? ¿No es para ponerla sobre el candelero? No hay nada escondido, que no deba ser descubierto; no hay nada secreto que no se haga público». El que tenga oídos para oír, que oiga». Les dijo también: «Atención a lo que están oyendo: la medida que usen la usarán con ustedes y con creces». Porque al que tiene se le dará, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene».

Reflexión:
Con amor y misericordia Jesús nos aconseja y busca que entendamos completamente su enseñanza para que la vivamos diariamente. Por eso nos enseña mediante las parábolas que ilustran la naturaleza, funcionamiento, requisitos y consecuencias del Reino de Dios. Con la parábola de la lámpara que se pone en un lugar visible, Jesús nos invita a no avergonzarnos de la propia fe y a hacer pública nuestra adhesión a Jesucristo. Por el contrario, nuestras buenas obras, fruto del seguimiento decidido a Jesús, deben ser expuestas como parte de nuestra vida diaria, mediante el testimonio constante que se nos exige. La siguiente expresión del evangelio ilumina también la vida diaria y las relaciones que existen entre las personas: Con la medida con que midamos, seremos medidos. Estas palabras se constituyen en un consejo para que el Reino de Dios se instaure en nuestra sociedad. Si medimos con perdón, justicia y amor, alcanzaremos una sociedad de perdón, justicia y amor. Lo mismo ocurre si nuestra actitud ante los demás es de paz, de reconciliación, de solidaridad o de cualquier otro valor del evangelio que deseamos para nuestras vidas.

*Padre Santo, regálanos siempre tu Espíritu, para que llenos de valentía y entusiasmo podamos mostrar nuestra fe a los hermanos y construir con ellos el Reino de Dios que nos ofreces con amor.

Viernes 29 de enero
San Pedro Nolasco

Evangelio de Marcos 4, 26-34:

“En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: «El Reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. Duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo. La tierra da el fruto por sí misma: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la cosecha». Dijo también: «¿Con qué podemos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Es como un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después de sembrada crece, y se hace más grande que todas las plantas del huerto y sus ramas se hacen tan grandes que las aves del cielo pueden cobijarse y anidar en ella”. Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado”.

Reflexión:
Jesús nos invita a apropiarnos de su mensaje con el cumplimiento de sus enseñanzas en nuestra vida diaria. Sin embargo, al tropezar con nuestras debilidades percibimos que estamos muy lejos de alcanzar el objetivo de vida cristiana que nos proponemos. Con las parábolas, Jesús nos invita a perseverar en la construcción del Reino de Dios. Él mismo nos deja ver que la salvación no se instaura de manera repentina en nuestras vidas, sino que se trata de una realidad que, como el grano de mostaza, crece paulatinamente. A veces el desánimo no ocurre solamente mirando la propia vida y el camino que falta por recorrer, sino también mirando la vida de los demás. Muchos testigos de Jesús se desaniman porque quisieran que después de haber transmitido el mensaje de Jesús, todos llegaran repentinamente a una fe sólida y madura. Mediante la parábola del grano sembrado, Jesús nos enseña a seguir difundiendo el mensaje de su Palabra con entusiasmo. Será el mismo Jesús, y no nosotros, quien la haga germinar y crecer hasta dar los frutos que Él mismo espera.

*Señor, regálanos un espíritu de paciencia y de constancia, para que sepamos aguardar con esperanza la salvación que nos ofreces y que nos invitas a compartir con nuestro prójimo.

Sábado 30 de enero
Santa Martina, Mártir

Evangelio de Marcos 4, 35-41:

Un día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: «Vamos a la otra orilla». Dejando a la gente, se lo llevaron en la barca, así como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó un fuerte huracán, y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón. Lo despertaron, diciéndole: «Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?». Se puso en pie, increpó al viento y dijo al mar: «¡Silencio, cállate!» El viento cesó y vino una gran calma. Y Él les dijo: «¿Por qué tienen miedo? ¿Aún no tienen fe?». Se quedaron espantados y se decían unos a otros: «Pero ¿quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?».

Reflexión:
La predicación, junto a las acciones, actitudes y acciones de Jesús habían suscitado la confianza de parte de sus discípulos. Ellos atendían sus indicaciones, como aquella de pasar a la otra orilla. Por eso, quedan desconcertados ante la aparente indiferencia del Maestro y le reclaman: “¿no te importa que perezcamos?” La perspectiva de Jesús es diferente. Para él la pregunta muestra la falta de fe de sus discípulos. Él espera una fe más radical, que implique una confianza absoluta, incluso en medio de las más angustiosas de las dificultades. Sin embargo, la primera acción de Jesús no se dirige al reproche por la falta de fe, sino que interviene para salvaguardar la vida de sus discípulos. Una vez que muestra cómo hasta el viento y el mar le obedecen, exige que también sus discípulos lo hagan mediante la fe. Si las fuerzas de la naturaleza obedecen a Jesús, con mayor razón deben hacerlo sus discípulos, quienes fortalecidos superan el miedo que les impide creer en Él.

*Señor Jesús, permítenos admirar las maravillas que constantemente obras en nosotros, para que abandonemos los miedos que nos separan de ti y podamos seguirte con plena fe y confianza. 

Domingo 31 de enero
IV del Tiempo Ordinario

Evangelio de Marcos 1, 21-28:

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos entraron en Cafarnaúm, y cuando el sábado siguiente fue a la sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su doctrina, porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad. Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar: «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios». Jesús lo increpó: «Cállate y sal de él». El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió. Todos se preguntaron estupefactos: «¿Qué es esto? Es una enseñanza nueva, con autoridad. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen». Pronto se extendió su fama por todas partes, en toda la región de Galilea.

Reflexión:

En Cafarnaúm, Jesús se manifiesta como señor de la verdad y del bienestar de quienes acuden a él. Por eso, en primer lugar, encontramos que él enseña en la sinagoga de un modo novedoso, caracterizado por la autoridad, que proviene de la verdad de su enseñanza y de la coherencia de la misma.  Pero mientras los seres humanos se admiran ante su autoridad, en las palabras del endemoniado se vislumbra el motivo de ese tipo de enseñanza eficaz. Jesús enseña con autoridad porque él es el Santo de Dios. Es así que la expulsión del demonio muestra con claridad quién es Jesús. Sin embargo, quienes asisten a la escena no alcanzan a comprenderlo y permanecen como estáticos ante la sorpresa: «Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen».

*Jesús, Santo de Dios, permite que jamás dejemos de sorprendernos por las maravillas que obras en nosotros y concédenos el don de la fe, para que podamos dar testimonio de ella a nuestros hermanos con entusiasmo.

 
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Comentarios:

Me encanta esta Meditación, yo copio y pego la oración de la reflexión. .La comparto con mis hermanos. .Muchas gracias!
Teresa Dure
05/01/2021

 
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