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1MEDITACIÓN DIARIA DEL EVANGELIO - JULIO
-Por Padre Carlos R. De Almeida-

Intención del papa Francisco para el mes de JULIO: Recemos para que las familias actuales sean acompañadas con amor, respeto y consejo.

Miércoles 1 de julio
Santa Ester

Evangelio de Mateo 8,28-34:

“En aquel tiempo, llegó Jesús a la otra orilla del lago, a la
región de los gadarenos. Desde los sepulcros dos endemoniados salieron a su encuentro; eran tan furiosos que nadie se atrevía a transitar por aquel camino. Y le dijeron a gritos: «¿Qué quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?». A cierta distancia había una gran piara de cerdos comiendo. Los demonios le rogaron: «Si vas a expulsarnos, mándanos a la piara». Jesús les dijo: «Vayan». Salieron y se metieron en los cerdos. Y la piara entera se abalanzó al mar desde lo alto del acantilado, y perecieron en las aguas. Los que cuidaban los cerdos huyeron al pueblo y lo contaron todo, incluyendo lo de los endemoniados. Entonces el pueblo entero salió a donde estaba Jesús y, al verlo, le rogaron que se fuera de su territorio”.

Reflexión:
No podemos dejar de lado una verdad: la presencia del diablo en la vida de los hombres. Negar su existencia maléfica es ir en contra de los datos bíblicos. Sin embargo, el Evangelio de hoy nos enseña que el maligno reconoce que Jesús ha venido a atormentarlo. Nosotros tenemos la firme convicción de que Jesucristo ha derrotado al diablo y si dejamos que el Señor nos transforme, tenemos un verdadero poder sobre el maligno. Estos dos hombres, que hoy aparecen en el Evangelio, experimentaron la fuerza liberadora que trae Cristo, quien los sacó del ámbito de la inmundicia, propia del diablo, expresada en la piara de cerdos. Nosotros también necesitamos que Jesús, con su poder liberador, expulse de nuestra vida todo aquello que es inmundicia.

Jueves 2 de julio
San Bernardino Realino, presbítero

Evangelio de Mateo 9, 1-8:

“En aquel tiempo, Jesús subió a una barca, pasó a la otra orilla del lago y fue a su ciudad. En esto le presentaron un paralítico, postrado en una camilla. Jesús, viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: «¡Ánimo, hijo!, tus pecados te son perdonados». Algunos de los escribas dijeron para sí: «Este blasfema». Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo: «¿Por qué piensan mal en sus corazones? ¿Qué es más fácil decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate y camina”? Pues, para que vean que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados —dijo dirigiéndose al paralítico—: “Levántate, toma tu camilla y anda a tu casa”». Y él se levantó y se fue a su casa. Al ver esto, la gente quedó atemorizada y glorificaba a Dios, por haber dado tal poder a los hombres.

Reflexión:

Todos debemos colocarnos en el lugar del paralítico, puesto que necesitamos que Jesús nos diga: «Tus pecados están perdonados». ¡Qué paz se experimenta ante estas palabras del Señor! Ni todo el oro del mundo puede comprar lo que ocurre en nuestro interior cuando recibimos el perdón de Jesús, que se concreta, de manera ordinaria, en el sacramento de la confesión. Hoy también Jesús nos dice: «Tus pecados están perdonados», cada vez que, con humildad, nos acercamos al confesionario. Gracias a ese perdón divino, que nos renueva desde dentro, dejamos de ser paralíticos y comenzamos a recorrer el verdadero camino de la felicidad, que tiene un nombre: Jesús.

Viernes 3 de julio
Santo Tomás, apóstol

Evangelio de Juan 20, 24-29:

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo». A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «La paz esté con ustedes». Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!». Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto».

Reflexión:

Hoy celebramos la fiesta de santo Tomás, recordado por su falta de fe. Sin embargo, Jesús resucitado sanó la incredulidad de Tomás. Por eso, el llamado apóstol incrédulo dirá una de las oraciones más hermosas dirigidas a Jesús: «Señor mío y Dios mío». También nosotros necesitamos que Jesús sane las deficiencias de nuestra fe. Tal vez han entrado en nuestra vida una serie de corrupciones de la fe y no nos hemos dado cuenta. Hagamos un examen. Quizás pensamos que tenemos fe, pero caemos en el grave error de creer en supersticiones, acudir a videntes o adivinos, o simplemente no tenemos una total confianza en la presencia amorosa del Señor en nuestras vidas. Cada día debemos pedirle al Señor que nuestra fe sea auténtica.

Sábado 4 de julio
Santa Isabel de Portugal, reina

Evangelio de Mateo 9, 14-17:

En aquel tiempo, los discípulos de Juan el Bautista se acercaron a Jesús y le preguntaron: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?». Jesús les respondió: «¿Pueden acaso estar tristes los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Llegará un día en que se lleven al novio y entonces ayunarán. Nadie usa un pedazo de paño nuevo para remendar un vestido viejo, porque el pedazo añadido tira del vestido, y se produce un desgarrón peor. Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos, porque revientan los odres; se derrama el vino y los odres se pierden; el vino nuevo se echa en odres nuevos y así ambos se conservan».

Reflexión:
¿Cuál es la esencia de la vida cristiana? ¿Acaso es el ayuno? Está claro que el
ayuno no es lo esencial en el seguimiento a Cristo. Con esto no pretendo afirmar que no debamos ayunar, en determinadas ocasiones. Y lo que afirmo del ayuno lo digo de otro tipo de mortificaciones. Pero, como aprendemos en el Evangelio de hoy, lo importante es dejar que Cristo, el vino nuevo, renueve nuestro interior y seamos así odres nuevos. En otras palabras, lo esencial viene a ser que dejemos que Cristo renueve nuestra vida. Solo así seremos capaces de servir, tener paciencia, perdonar, sonreír, acoger a los demás y tratarlos con cariño. ¿De qué vale ayunar si, por ejemplo, maltratamos al prójimo?

Domingo 5 de julio
XIV del Tiempo Ordinario

Evangelio de Mateo 11, 25-30:

“En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera».

Reflexión:
En el Evangelio de hoy escuchamos cómo Jesús alaba a su Padre
porque se da a conocer a los sencillos. Para acoger a Jesús, debemos ser sencillos. Nos hace mucho bien examinar nuestra sencillez, que es una virtud estrechamente relacionada con la humildad. El modelo es Jesús, el manso y humilde de corazón, que nos ha trazado el camino de la sencillez. Una persona sencilla se muestra con naturalidad, no está fingiendo, no se considera superior a los demás, es cercana y trata a todos por igual. Todo ello lo encontramos en Jesús, el modelo de la sencillez. Por ello, erradiquemos de nuestra vida, con la gracia de Dios, los enredos que tejemos con nuestra vanidad y soberbia. Lo enrevesado no viene de Dios.

Lunes 6 de julio
Santa María Goretti, virgen y mártir

Evangelio de Mateo 9,18-26:

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, se acercó un jefe de la sinagoga que se arrodilló ante él y le dijo: «Mi hija acaba de morir. Pero ven, impón tu mano sobre ella y vivirá». Entonces, Jesús se levantó y lo siguió con sus discípulos. Entretanto, una mujer que sufría de hemorragias desde hacía doce años se le acercó por detrás y le tocó el borde del manto, pensando: «Con solo tocar su manto, quedaré sana». Jesús se dio vuelta y, al verla, le dijo: «¡Ten confianza, hija! Tu fe te ha sanado». Y en aquel momento la mujer quedó sana. Jesús llegó a casa de aquel jefe y, al ver a los que tocaban música fúnebre y a la gente que gritaba, dijo: «¡Retírense! La niña no está muerta, está dormida». Y se reían de él. Cuando hicieron salir a la gente, entró él, tomó a la niña de la mano y ella se levantó. La noticia se divulgó por toda aquella región.

Reflexión:

Podemos fijarnos, en el Evangelio de hoy, cómo la fe lleva a tocar a Jesús y
dejarse tocar por Él, con la convicción que de su santísima humanidad recibimos la sanación. La hemorroisa toca, con fe, el borde del manto del Señor y es sanada de su enfermedad. Además, Jesús toca la mano de una niña que ya estaba muerta, y esta recobra la vida. Hoy también podemos tocar a Jesús, por medio de la fe, y dejarnos tocar por Él. En efecto, cuando nosotros tenemos fe, oramos y así tocamos amorosamente al Señor. Asimismo, la fe nos lleva a buscar el encuentro con Jesús Eucaristía. En verdad, el Señor nos toca en cada comunión eucarística. Así, al igual que la hemorroísa y la niña que volvió a la vida, si tenemos una fe sólida, recibiremos la unción del Señor que nos sana.

Martes 7 de julio
San Fermín, obispo

Evangelio de Mateo 9, 32-38:

En aquel tiempo, presentaron a Jesús un mudo endemoniado. Y expulsando el demonio, el mudo comenzó a hablar. Y la gente decía admirada: «Nunca se ha visto en Israel cosa igual». En cambio, los fariseos decían: «Este expulsa los demonios con el poder del Príncipe de los demonios». Jesús recorría todas las ciudades y pueblos, enseñando en sus sinagogas, anunciando el Evangelio del reino y curando todas las enfermedades y todas las dolencias. Al ver a la gente, sintió compasión de ellos, porque estaban cansados y abandonados, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo Jesús a sus discípulos: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos; rueguen, pues, al Dueño de la cosecha que mande trabajadores para la cosecha».

Reflexión:
Jesús expulsa a un demonio que tenía mudo a un hombre. El Señor actúa sobre este hombre, de tal manera que, al verse liberado del maligno, recuperó el habla. También nosotros podemos vernos encadenados por una mudez, que viene del demonio. Es la mudez que daña nuestra vida espiritual. Al respecto, podemos poner casos concretos de este tipo de mudez. Cuando no hablamos con Dios, tenemos esa mudez que viene del maligno. Cuando no hablamos con la verdad, sino con la mentira, poseemos la mudez que agrada al diablo. Si no hablamos cuando tenemos que hacerlo, por ejemplo, para corregir o aconsejar, también estamos con esa mudez. Pidámosle al Señor que nos libre de no tener esos tipos de mudez, que agradan al maligno.

Miércoles 8 de julio
Santos Aquiles y Priscila; San Eugenio

Evangelio de Mateo 10,1-7:

“En aquel tiempo, Jesús, llamando a sus doce discípulos, les dio
poder para expulsar espíritus impuros y curar toda enfermedad y dolencia. Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago, el hijo de Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo, el publicano; Santiago el hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón, el Cananeo, y Judas Iscariote, el que lo entregó. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: «No vayan a tierra de paganos, ni entren en las ciudades de Samaria, sino vayan a las ovejas descarriadas de Israel. Vayan y proclamen que el reino de los cielos está cerca. Curen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos, expulsen demonios. Lo que han recibido gratis, denlo gratis».

Reflexión:
Quizás pensamos, equivocadamente, que este pasaje de la vocación de los Doce no nos implica a nosotros. Esto sería un grave error. Cada uno de los miembros de la Iglesia ha sido llamado amorosamente, por Jesús, tal como hizo con los Doce. Pero, además, así como Jesús da poder a sus apóstoles para expulsar demonios y curar todas las enfermedades, podemos decir, de manera analógica, que nosotros tenemos la unción del Espíritu Santo, primero mediante el sacramento de bautismo y luego, por la confirmación, para derrotar al maligno y vencer la peor de todas las enfermedades, que es el pecado. Ejerzamos este poder otorgado por Cristo, de forma gratuita, sobre cada uno de los miembros de la Iglesia. Todo aquel que cuida su relación con Cristo percibe el poder que tiene de derrotar al maligno y al pecado.

Jueves 9 de julio
Ss. Agustín Zhao Rong y compañeros mártires

Evangelio de Mateo 10, 7-15:

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: «No lleven encima
oro, plata ni monedas, ni provisiones para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; porque el que trabaja merece su sustento. Cuando entren en un pueblo o ciudad, busquen a alguna persona de confianza y permanezcan en su casa hasta el momento de partir. Al entrar en una casa, saluden con la paz; si la casa se lo merece, su paz vendrá sobre ella. Si no se lo merece, la paz volverá a ustedes. Si alguno no los recibe o no escucha sus palabras, al salir de su casa o del pueblo, sacudan el polvo de los pies. En verdad les digo que el día del juicio les será más llevadero a Sodoma y Gomorra que a aquel pueblo».

Reflexión:

Hoy, el Evangelio nos brinda pautas para los misioneros; y no olvidemos
que todos los miembros de la Iglesia somos misioneros, puesto que todos somos enviados por Cristo, con la fuerza del Espíritu Santo, para proclamar la presencia del Reino de Dios, en el mundo. Jesús indica que el misionero debe darse gratuitamente, es decir, que debe obrar por amor y no por interés. Jesús afirma que no debemos llevar ni oro, ni plata, etc. Esto exige que el misionero dé testimonio de sobriedad, pues sigue a Cristo pobre.
Además, Jesús señala que el misionero está llamado a dar siempre el saludo de la paz. Quien es enviado por Cristo, es transmisor de paz, en el ambiente donde se encuentra.

Viernes 10 de julio
San Elías
Evangelio de Mateo 10, 16-23:

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: «Miren que yo los envío como ovejas en medio de lobos; por eso, sean astutos como serpientes y sencillos como palomas. Pero cuidado con la gente, porque los entregarán a los tribunales, los azotarán en las sinagogas y los harán comparecer ante gobernadores y reyes, por mi causa; así darán testimonio de mí ante ellos y ante los paganos. Cuando los entreguen no se preocupen de cómo van a hablar o qué van a decir: lo que deban decir se les dará a conocer en ese momento, porque no serán ustedes los que hablarán, sino que el Espíritu de su Padre hablará en ustedes. El hermano entregará a su hermano a la muerte, y el padre a su hijo; se rebelarán los hijos contra sus padres y los matarán. Todos los odiarán a causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el final se salvará. Cuando los persigan en una ciudad, huyan a otra. Porque en verdad les digo que no acabarán de recorrer las ciudades de Israel antes de que venga el Hijo del hombre».

Reflexión:
Jesús indica, con claridad, que sus enviados encontrarán una gran
oposición. Las numerosas y sangrientas persecuciones que ha sufrido y sufre la Iglesia son un testimonio contundente de las palabras de Jesús. Asimismo, los innumerables mártires que han derramado su sangre, por amor a Cristo, son la expresión más clara de que seguir al Señor, con radicalidad, lleva consigo una gran oposición. En este sentido, no debemos tener miedo a las persecuciones de diversos tipos que podamos encontrar por dar testimonio de Cristo. Jesús nos ha dicho que contamos con la asistencia del Espíritu Santo, no solo para seguir proclamando el Evangelio, sin miedo, sino para ser firmes en la fe.

Sábado 11 de julio
San Benito, abad

Evangelio de Mateo 10, 24-33:

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: «El discípulo no es más que su
maestro, ni el siervo más que su amo; ya le basta al discípulo con ser como su maestro y al siervo como su amo. Si al dueño de la casa lo han llamado Belcebú, ¡cuánto más a los criados! Pero no les tengan miedo, porque no hay nada secreto que no llegue a descubrirse; nada escondido que no llegue a saberse. Lo que les digo de noche díganlo ustedes en pleno día, y lo que escuchen al oído pregónenlo desde la azotea. No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo en el infierno. ¿No se venden un par de gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno de ellos cae al suelo sin que el Padre de ustedes lo disponga. En cuanto a ustedes, hasta los cabellos de la cabeza están todos contados. Por eso, no tengan miedo: valen más ustedes que muchos gorriones. Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte delante de mi Padre que está en el cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré delante de mi Padre que está en el cielo».

Reflexión:

Una de las frases que más nos dice Jesús es «no tengan miedo». El Señor trae consigo una visión correcta sobre Dios, que aleja de nosotros todo tipo de miedo. En efecto, Jesús nos habla de un Dios que es Padre providente y que siempre nos está cuidando. Jesús remarca que debemos ponernos siempre en las manos de ese Dios, que es Padre providente y quiere nuestro bien. Qué paz debemos sentir al tomar conciencia de que somos las criaturas más cuidadas, por Dios, de toda la creación visible. El Evangelio nos libera de todo tipo de miedos, porque nos anuncia la buena noticia de que, unidos a Cristo, entramos en los brazos amorosos de Dios Padre y así podemos avanzar, firmes, en el camino de la vida.

Domingo 12 de julio
XV del Tiempo Ordinario

Evangelio de Mateo 13, 1-23:

Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó a orillas del mar. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló mucho rato en parábolas. Les decía: «Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, una parte de la semilla cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se la comieron. Otras cayeron en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda, brotaron en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se marchitaron y por falta de raíz se secaron. Otras cayeron entre espinos, que crecieron y las ahogaron. El resto cayó en tierra buena y dio fruto: unas, ciento; otras, sesenta; otras, treinta. ¡El que tenga oídos que oiga!». Se le acercaron los discípulos y le preguntaron: «¿Por qué les hablas en parábolas?». Él les contestó: «A ustedes se les ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumplirá en ellos la profecía de Isaías: “Oirán con los oídos sin entender; mirarán con los ojos sin ver; porque está endurecido el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure”. ¡Dichosos ustedes porque sus ojos ven y sus oídos oyen! Yo les aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que ven ustedes y no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron. Escuchen, pues, lo que significa la parábola del sembrador: Si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que la escucha y la acepta en seguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y, en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, sucumbe. Lo sembrado entre espinos significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas la ahogan y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese dará fruto y producirá ciento o sesenta o treinta por uno»”.

Reflexión:
Jesús nos explica, con claridad, la parábola del sembrador. Estamos llamados a preguntarnos en cuál de los cuatro casos, en que cayó la semilla, estamos nosotros. Podemos ser aquellos que simplemente no hacen caso a la Palabra de Dios y, por tanto, estamos en el caso de la semilla que ha caído en el camino. O, tal vez, somos el terreno pedregoso donde cayó la semilla porque no profundizamos en la Palabra de Dios y nos quedamos solo en la superficie. De repente, somos como las zarzas donde cayó la semilla porque desplazamos la Palabra de Dios por otras prioridades, que en realidad no son tales. Pidamos la gracia de ser la buena tierra donde la semilla, que es la Palabra de Dios, da fruto abundante. Aprendamos de los santos, ellos fueron la buena tierra donde la Palabra de Dios fue acogida con radicalidad.

Lunes 13 de julio
Santa Teresa de Jesús de los Andes, religiosa

Evangelio de Mateo 18, 1-4:

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «No piensen que he venido a traer paz a la tierra; no he venido a traer paz, sino la espada. He venido a enemistar al hijo con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; los enemigos de cada uno serán los de su propia casa. El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que trate de salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará. El que los recibe a ustedes, me recibe a mí y el que me recibe a mí, recibe a aquel que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá recompensa de profeta; el que recibe a un justo porque es justo, tendrá recompensa de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad les digo que no quedará sin recompensa». Cuando Jesús acabó de dar instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar por aquellas ciudades.

Reflexión:

Las palabras que hoy escuchamos en el Evangelio pueden ser desconcertantes. En efecto, ¿cómo entender que Jesús no ha venido a traer la paz, sino la división? ¿Acaso Jesús no es el príncipe de la paz? Debe estar claro que la verdadera paz la trae Cristo; pero, al mismo tiempo, no es una paz superficial. Es la paz que tiene que ver con la verdad. En este sentido, ante la verdad, hay que tomar una posición concreta. O estamos con la verdad, que es Cristo, o estamos con la mentira, que es todo aquello que nos aleja de Cristo. He ahí la división. Dicho en otras palabras, ante Cristo, quien es la Verdad, no cabe una postura neutra: o lo recibo en mi vida, con todo lo que ello implica, o lo desplazo y, entonces, he optado por la mentira.

San Enrique; San Camilo de Lelis, presbítero
martes 14 de julio

Evangelio de Mateo 11, 20-24

“En aquel tiempo, Jesús se puso a reprender a las ciudades donde había realizado la mayoría de sus milagros, porque no se habían convertido: «¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros realizados entre ustedes, hace tiempo que se habrían convertido, cubiertas con vestido de penitencia y ceniza. Les digo que el día del juicio será más llevadero para Tiro y Sidón que para ustedes. Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Pues bajarás al infierno. Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que se han realizado en ti, esa ciudad todavía existiría. En verdad les digo que, en el día del juicio la tierra de Sodoma será tratada con menos rigor que tú».

Reflexión:
La queja de Jesús expresa su profundo dolor porque no ha sido aceptado, a pesar de los milagros que ha obrado en Corozaín, Betsaida y Cafarnaúm. Es el dolor de Aquel que busca encontrarse con cada hombre, pero solo encuentra rechazo. No pensemos que esta tragedia es algo del pasado. Hoy mismo Jesús es rechazado y, lo peor de todo, es que podemos ser nosotros, que nos llamamos miembros de la Iglesia, los que en la práctica dejemos de lado al Señor. No es difícil percibir que uno de los problemas más graves que padece la Iglesia es la falta de una vivencia correcta de la fe de muchos de sus miembros. Podemos decir que somos católicos; pero, en la práctica, desconocemos a Cristo con estilos de vida antievangélicos. Entonces somos responsables de actualizar la queja de Jesús.

Miércoles 15 de julio
San Buenaventura, obispo y doctor

Evangelio de Mateo 11, 25-27

“En aquel tiempo, Jesús exclamó: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre y nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar».

Reflexión:                    

El deseo de conocer más está presente en todos los hombres. Pero no todos los conocimientos están al mismo nivel. Hay un conocimiento fundamental en la vida del hombre y es conocer, verdaderamente, a Dios. Jesús nos muestra que es el Hijo que conoce perfectamente al Padre y, además, es el único que nos puede dar el verdadero conocimiento del Padre. En este sentido, un profundo encuentro con Jesús, marcado por la fe y el amor, lleva consigo necesariamente un mejor conocimiento del Padre. Solamente a través del conocimiento de Jesús, a quien debemos tratarlo en la oración y la lectura de los evangelios, podemos llegar a conocer, verdaderamente, al Padre. De esa manera, experimentaremos la alegría de ser hijos de Dios en Cristo Jesús.

Jueves 16 de julio
B. Virgen María del Monte Carmelo

Evangelio de Mateo 11, 28-30

“En aquel tiempo, Jesús exclamó: «Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera».

Reflexión:
El cansancio y el agobio marcan nuestro caminar por este mundo. ¡Cuántas cosas nos cansan y agobian! No faltan en la vida problemas, contrariedades y dificultades. Pero ante esta realidad, que no podemos esquivar, Jesús nos indica que vayamos a Él. Hagámosle caso al Maestro. Abandonémonos en el Señor, descarguemos en su Corazón nuestros agobios y así experimentaremos una profunda paz. Hoy también hacemos memoria de la Santísima Virgen María, bajo la advocación de Nuestra Señora del Carmen. Descansemos también en María, quien, como buena Madre, nos cobija y nos protege brindándonos su santo escapulario. Que el uso del escapulario de la Virgen de Carmen no se quede en algo superficial, sino que sea un verdadero impulso para abandonarnos siempre en el regazo de nuestra Madre. En los brazos de la Santísima Virgen siempre estaremos seguros.

Viernes 17 de julio
Santa Marcelina, virgen; Santa Carolina

Evangelio de Mateo 12, 1-8:

“En aquel tiempo, Jesús atravesaba un sembrado, en sábado, y los discípulos, que tenían hambre, empezaron a arrancar espigas y a comérselas. Los fariseos, al ver esto, le dijeron: «Mira, tus discípulos están haciendo aquello que no es lícito en sábado». Pero él les respondió: «¿No han leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre? ¿Cómo entró en la casa de Dios y comieron de los panes de la ofrenda, cosa que no les estaba permitida ni a él ni a sus compañeros, sino solo a los sacerdotes? ¿Y no han leído en la Ley que los sacerdotes, en el Templo, quebrantan el precepto del sábado sin incurrir en falta? Pues yo les digo que aquí hay alguien que es más que el Templo. Si comprendieran lo que significa “quiero misericordia y no sacrificio”, no condenarían a los que no tienen culpa. Porque el Hijo del hombre es Señor del sábado».

Reflexión:
En el Evangelio de hoy, el Señor cita una frase del Antiguo Testamento: «Misericordia quiero y no sacrificio», de esta forma, muestra que la misericordia está en primer lugar. Cuando nosotros nos quedamos solo con el cumplimiento exterior de las leyes religiosas, pero no vivimos la misericordia, no agradamos a Dios, puesto que nos quedamos solo con el mero cumplimiento. Esto se llama ritualismo. La misericordia es lo que da sentido a las normas y ritos. Pensemos, por ejemplo, en los llamados mandamientos de la Iglesia, que hemos aprendido desde niños; cuando los cumplimos de manera mecánica, no nos dejamos transformar por la gracia del Señor, que nos hace más misericordiosos.

Sábado 18 de julio
San Federico, obispo

Evangelio de Mateo 12, 14-21

“En aquel tiempo, los fariseos planearon el modo de acabar con Jesús. Pero Jesús se enteró, se alejó de allí y muchos le siguieron. Él los curó a todos, advirtiéndoles que no lo dieran a conocer. Así se cumplió lo que dijo el profeta Isaías: «Miren a mi siervo, mi elegido, mi amado, mi predilecto. Sobre él he puesto mi espíritu para que anuncie el derecho a las naciones. No porfiará, no gritará, no voceará por las calles. La caña resquebrajada no la quebrará, ni apagará la mecha que apenas arde, hasta implantar el derecho. Y en su Nombre esperarán las naciones».

Reflexión:

Los puede parecer desconcertante que los fariseos quieran acabar con Jesús. Pero ¿acaso hoy no se repite esta intención, en muchos ambientes de la sociedad? ¿No existen quienes hacen todo tipo de esfuerzos en desaparecer toda huella de fe cristiana? En nuestros tiempos también hay personas que quieren acabar con Cristo encarnizándose contra los cristianos. Toda ideología, ya sea de derecha o de izquierda, a la larga desea acabar con Cristo. La razón radica en que Cristo y sus discípulos siempre incomodan a quienes promueven las ideologías. Quienes seguimos a Jesús no podemos permanecer pasivos ante las ideologías, pues se presentan como liberadoras cuando lo que hacen es privilegiar solo a su propio grupo; es decir, sus intereses por encima de los demás y, lo que es peor, forjan formas de vida que dañan la dignidad de la persona humana.

Domingo 19 de julio
XVI del Tiempo Ordinario

Evangelio de Mateo 13, 24-43:

 “En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente: «El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo, y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los trabajadores a decirle al amo: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”. Él les dijo: “Un enemigo lo ha hecho”. Los trabajadores le preguntaron: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”. Pero él les respondió: “No, porque, al arrancar la cizaña, podrían arrancar también el trigo. Déjenlos crecer juntos hasta la cosecha y, cuando llegue la cosecha, diré a los que han de recogerla: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y el trigo almacénenlo en mi granero”». Les propuso esta otra parábola: «El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas, y vienen los pájaros a anidar en sus ramas». Les dijo otra parábola: «El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, y basta para que todo fermente». Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les exponía nada. Así se cumplió el oráculo del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas, anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo». Luego 281 dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: «Acláranos la parábola de la cizaña en el campo». Él les contestó: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los que recogen la cosecha, los ángeles. Así como se arranca la cizaña y se quema, así será al fin del tiempo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga».

Reflexión:

El Señor siempre siembra la buena semilla y si nosotros dejamos que Cristo actúe en nuestras vidas, seremos trigo limpio. Pero también ocurre, y forma parte del misterio del mal, que el demonio actúa en la vida de los hombres sembrando la cizaña. Un detalle del Evangelio de este domingo viene a ser que el maligno pone la cizaña cuando la «gente dormía». Al respecto, podemos decir que cuando nosotros, los discípulos de Cristo, nos «dormimos», es decir, somos pasivos ante el mal, estamos en cierta manera siendo responsables de que crezca la cizaña en el mundo. No podemos quedarnos dormidos, tenemos que hacer todo el bien posible, tomar iniciativas para difundir el bien, la verdad y lo auténticamente bello. No se trata solo de no pecar o no hacer el mal, sino de inundar con el mayor bien posible el ambiente donde estamos. Caso contrario, por nuestra pasividad, seremos responsables de que en el mundo aumenten el mal y la mentira.

Lunes 20 de julio
San Apolinar, obispo y mártir

Evangelio de Mateo 12, 38-42:

“En aquel tiempo, algunos de los escribas y fariseos dijeron a Jesús: «Maestro, queremos ver un signo tuyo». Él les contestó: «Esta generación perversa y adúltera exige un signo; pero no se le dará más signo que el del profeta Jonás. Tres días y tres noches estuvo Jonás en el vientre de la ballena; así también tres días y tres noches estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra. Cuando juzguen a esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que la condenen, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás; y aquí hay alguien que es más que Jonás. Cuando juzguen a esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que la condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón; y aquí hay alguien que es más que Salomón».

Reflexión:

Los letrados y fariseos le piden a Jesús un milagro, pero el Señor se niega a hacerlo y, más bien, les habla del signo de Jonás, es decir, les está anunciando su muerte y resurrección, el acontecimiento realizado una sola vez y para siempre y que, además, es el único que ha logrado la salvación de todos los hombres. Quizás hoy nosotros repitamos el error de los letrados y fariseos cuando ponemos a prueba a Jesús pidiéndole que nos haga un milagro. Al Señor no se le pone a prueba. Si buscamos a Jesús es porque lo amamos. En todo caso, si le pedimos algo que sea, sobre todo, su amor y su gracia, pues, como decía san Ignacio de Loyola, eso nos basta.

Martes 21 de julio
San Lorenzo de Brindis, presbítero y doctor

Evangelio de Mateo 12, 46-50:

“En aquel tiempo, Jesús estaba hablando a la gente, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera, tratando de hablar con él. Alguien le dijo: «Mira, tu madre y tus hermanos están fuera y desean hablar contigo». Pero él contestó al que le avisaba: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?». Y, señalando con la mano a los discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. Todo el que cumple la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre».

Reflexión:

Solamente si hacemos la voluntad de nuestro Padre Dios vamos a tener una verdadera familiaridad con Jesús. No olvidemos que estamos en el mundo para hacer la santa voluntad de Dios. No hay que hacer cosas raras para conocer su voluntad, basta que conozcamos a Jesús y establezcamos una relación vital con Él. Jesús es quien nos enseña cómo debemos vivir para hacer siempre la voluntad de nuestro Padre celestial. En el Evangelio está la clave para vivir al estilo de Jesús y hacer así la voluntad de Dios. Dicho en otras palabras, en la medida que imitamos a Jesús, estamos agradando a nuestro Padre Dios. En la situación concreta donde nos encontremos, si reflejamos a Cristo, hacemos la voluntad de Dios.

Miércoles 22 de julio
Santa María Magdalena

Evangelio de Juan 20, 1.11-18:

“El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?». Ella les contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto». Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era él. Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?». Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré». Jesús le dice: «¡María!». Ella se vuelve y le dice: «¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!». Jesús le dice: «Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre suyo, al Dios mío y Dios suyo”». María Magdalena fue y anunció a los discípulos: «He visto al Señor y ha dicho esto».

Reflexión:
                                  
Santa María Magdalena es llamada isosaspotolos, palabra griega que significa «igual que los apóstoles». En efecto, esta mujer tuvo la gracia de ser una de las primeras personas que contempló a Cristo Resucitado y fue enviada por el mismo Señor para proclamar la mejor noticia de todas, que es la victoria pascual. Asimismo, María Magdalena nos enseña el valor y la importancia de la mujer en la Iglesia. La Iglesia necesita mujeres que, con el ardor de María Magdalena, den testimonio de un Cristo vivo. Muchas veces han sido las mujeres las que, en la historia de la Iglesia, han tomado la batuta y la iniciativa en la evangelización, ya sea como madres, esposas o consagradas. Tenemos que ser agradecidos por todo lo que ha hecho el genio femenino, a favor del anuncio del evangelio.

Jueves 23 de julio
Santa Brígida, religiosa

Evangelio de Mateo 13, 10-17:

“En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los discípulos y le preguntaron: «¿Por qué les hablas en parábolas?». Él les contestó: «A ustedes se les ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miren sin ver y escuchen sin oír ni entender. Así se cumplirá en ellos la profecía de Isaías: “Oirán con los oídos sin entender, mirarán con los ojos sin ver porque está endurecido el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos, para no ver con los ojos ni oír con los oídos ni entender con el corazón ni convertirse para que yo los cure”. ¡Dichosos ustedes porque sus ojos ven y sus oídos oyen! Yo les aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que ven ustedes y no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron».

Reflexión:

La predicación de Jesús era asequible a todos los que le escuchaban. Dentro de la prédica del Señor están las parábolas, que son sencillas de entender. Como sabemos, el Señor explicaba con imágenes vivas una serie de enseñanzas sobre el Reino de Dios y las exigencias que trae consigo. Sin embargo, no todos acogían con entusiasmo las enseñanzas tan sencillas de Jesús. Hubo quienes se cerraron al mensaje del Señor porque su corazón estaba embotado, habían cerrado los oídos y los ojos. Cuando una persona ha cerrado su interior al mensaje liberador del Señor, por más que venga el mejor predicador, no se dejará interpelar por la Buena Nueva. Solo un corazón abierto a la verdad podrá escudriñar y acoger las enseñanzas del Señor.

Viernes 24 de julio
San Charbel Markhlüf, presbítero

Evangelio de Mateo 13, 18-23:

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Escuchen, pues, lo que significa la parábola del sembrador: Si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la palabra y la acepta en seguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante. Y en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumbe. Lo sembrado entre espinos significa el que escucha la palabra, pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas la ahogan y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende, ese dará fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno».

Reflexión:

La Palabra de Dios es viva y eficaz, pero puede pasar que no fructifique en nuestra vida, como las semillas de la parábola que escuchamos. En el mundo de hoy existen diversos factores que afectan la acogida de la Palabra de Dios. Entre ellos, el consumismo, que desplaza a Dios y a su Palabra de nuestra vida, por el dinero o las cosas materiales. Quien cae en las garras del consumismo es tierra estéril para la Palabra de Dios. También debemos mencionar al hedonismo, que privilegia el placer en sí mismo, cosificando a los demás y a nosotros mismos. Cuando una persona piensa que está en este mundo solo para vivir todo tipo de placeres, considera un estorbo para su felicidad las grandes exigencias que trae la Palabra de Dios.

Sábado 25 de julio
Santiago, apóstol

Evangelio de Mateo 20, 20-28:

“En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: «¿Qué deseas?». Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda». Pero Jesús replicó: «No saben lo que piden. ¿Son capaces de beber el cáliz que yo he de beber?». Contestaron: «Lo somos». Él les dijo: «Mi cáliz lo beberán; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre». Los otros diez, que lo habían oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo: «Saben que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre ustedes; el que quiera ser grande entre ustedes, que sea su servidor, y el que quiera ser primero entre ustedes que sea su esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos».

Reflexión:

Hoy celebramos la fiesta de Santiago, el mayor, hermano de Juan. Por su temperamento, Jesús los llamaba Boanerges («hijos del trueno»). Santiago fue el primer apóstol en derramar su sangre por Cristo y se le atribuye la evangelización de España. Hoy, el Evangelio nos presenta la lógica propia de aquel que se ha decidido por Cristo, es decir, la lógica del servicio sin medida: estar siempre a disposición de los demás, hasta ponerse en el último lugar. Esto lo vivió Santiago porque se dejó modelar por el Maestro y, por eso, fue capaz de servir a los demás llevando el evangelio a diversas partes, desinteresadamente, hasta dar su vida por amor al Señor. Santiago, tras su encuentro con Cristo, no perdió su personalidad, su carácter fuerte. El Señor, respetando su forma de ser, pulió en Santiago lo que tenía que mejorar y así se convirtió en un verdadero apóstol.

Domingo 26 de julio
XVII del Tiempo Ordinario

Evangelio de Mateo 13, 44-52:

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El Reino de los Cielos se parece también a un comerciante que busca perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra. El Reino de los Cielos se parece también a la red que se echa al mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la sacan a la orilla y, sentándose, recogen en canastos los buenos y tiran los malos. Lo mismo sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Entienden bien todo esto?». Ellos le contestaron: «Sí». Él les dijo: «Ya ven, un maestro de la ley que entiende del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que va sacando de sus tesoros lo nuevo y lo antiguo».

Reflexión:

El Reino de Dios es como un tesoro escondido y una perla preciosa, pues posee un valor tal que todo lo demás queda subordinado a él. No hay nada más hermoso que formar parte del Reino de Dios, ámbito de la verdadera felicidad. Solo si estamos en ese Reino, estaremos en la verdad y habrá paz en nuestro corazón. No olvidemos que nosotros entramos en el Reino de Dios, por pura gracia, el día de nuestro bautismo; pero debemos mantenernos mediante la vivencia de la fe, lo cual es una tarea diaria. No nos salgamos de ese Reino para meternos en los reinos, que pueden atraer, pero no nos llenan de verdad el corazón. No cambiemos la auténtica felicidad, fruto de estar en el ámbito de Jesús, por falsos tesoros que nos seducen, pero que, a la larga, nos dejarán vacíos interiormente. Vivir en el Reino de Dios alegra y llena el corazón.

Lunes 27 de julio
Santa Natalia; San Aurelio

Evangelio de Mateo 13, 31-35:

“En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente: «El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las otras hortalizas; y se hace un árbol hasta el punto en que vienen los pájaros del cielo a anidar en sus ramas». Y les dijo otra parábola: «El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta». Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les exponía nada. Así se cumplió el oráculo del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas, anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo».

Reflexión:

La enseñanza central del Evangelio de hoy es que el Reino de Dios crece indefectiblemente. Pase lo que pase y pese a quien le pese, el Reino crece como el granito de mostaza y como la levadura en la masa. Sin embargo, podemos caer en el error de pensar que basta la acción de Dios en la historia para que el Reino crezca en los diversos ámbitos de la sociedad. Ciertamente, la acción de Dios es lo primero, lo más importante y esencial, pero el Señor cuenta con nuestro esfuerzo para que los valores del Reino se impregnen en la realidad. Todo lo que hacemos para que el Reino de Dios se haga presente en la realidad es importante. Nosotros estamos llamados a secundar la acción de Dios, para que su Reino crezca más y más. Ahí donde hay un cristiano, ahí debe crecer el Reino.

Martes 28 de julio
San Celso

Evangelio de Mateo 13, 36-43:

En aquel tiempo, Jesús dejó a la gente y se fue a casa.
Los discípulos se le acercaron a decirle: «Explícanos la parábola de la cizaña en el campo». Él les contestó: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el final de los tiempos, y los que recogen la cosecha, los ángeles. Así como se arranca la cizaña y se hecha al fuego, así será al final de los tiempos: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles y arrancarán de su reino a todos los escándalos y a todos los que darán iniquidad, y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga».

Reflexión:
Cuando contemplamos la maldad en el mundo y tenemos la impresión de que esta avanza inconteniblemente, nos hace bien pensar en que, al final de la historia, Dios hará justicia. Nuestra fe nos enseña que habrá un juicio final ¿Cómo será ese juicio? Jesús, con una serie de imágenes como la parábola de hoy, nos presenta el juicio final como un acontecimiento de justicia plena. Él mismo, juez justo y misericordioso, hará una separación entre el trigo y la cizaña, es decir, entre los justos y los impíos, entre los honestos y los corruptos, entre los que usaron bien su libertad y los que vivieron en el libertinaje. Aquí no cabe término medio: ¿Somos trigo limpio?, ¿somos cizaña?

Miércoles 29 de julio
Santa Marta
Evangelio de Juan 11, 19-27:

En aquel tiempo, muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María, para darles el pésame por su hermano. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá». «Tu hermano resucitará». Marta respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día». Jesús le dice: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?». Ella contestó: «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».

Reflexión:
Hoy celebramos la memoria de santa Marta, una mujer que muestra una gran fe en Jesús. Las palabras de Marta a Jesús («Señor, si hubieras estado aquí no hubiera muerto mi hermano») expresan su total confianza en el poder vivificador de la presencia de Jesús. Asimismo, Marta reconoce que Jesús es el Mesías, es decir, el Ungido que tenía que venir al mundo. De esta forma, Marta expresa su convicción de que está ante Aquel que viene a liberar a su pueblo de todo mal y que tiene poder sobre la muerte. Aprendamos de santa Marta a creer en la presencia salvadora de Jesús. Si establecemos una relación verdadera con el Señor, tal como lo hizo Marta, sentiremos la seguridad de que su presencia vence la muerte. La verdadera fe en Jesús ilumina la muerte, pues nos da la certeza de que, unidos a Él, tenemos vida eterna.

Jueves 30 de julio
San Pedro Crisólogo, obispo y doctor

Evangelio de Mateo 13, 47-53:

En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: «El reino de los cielos se parece también a la red que se echa al mar y atrapa toda clase de peces: cuando está llena, la sacan a la orilla y sentándose recogen los buenos en canastos. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Han entendido bien todo esto?». Ellos le contestaron: «Sí». Entonces, Jesús les dijo: «Todo escriba que se haya hecho discípulo del reino de los cielos se parece a un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo». Cuando Jesús acabó estas parábolas, partió de allí.”

Reflexión:

El Reino de los cielos, nos dice Jesús, se parece al padre de familia que va sacando lo nuevo y lo antiguo. ¿Qué nos quiere decir el Señor con esta imagen sobre el Reino? En el Reino de Dios se asume lo verdaderamente bueno. Y lo bueno es lo que sirve a la persona humana, en su relación con Dios. No interesa, por tanto, si es una realidad del pasado o una novedad. Lo que interesa es que sea una realidad verdaderamente buena. En el Reino de los cielos no existe la confrontación entre lo antiguo y lo nuevo, sino entre lo bueno y lo malo. Una realidad que viene de antes, por tradición, si es buena, se mantiene; y con la novedad, si es de verdad buena para el hombre, ocurre lo mismo. Por eso, de cara al Reino de Dios, no existen ni tradicionalistas ni liberales, lo que hay es una pugna entre el bien y el mal, la verdad y la mentira, la gracia y el pecado.

Viernes 31 de julio
San Ignacio de Loyola, presbítero

Evangelio de Lucas 14, 25-33:

“En aquel tiempo, Jesús fue a su ciudad y se puso a enseñar en la sinagoga. La gente decía admirada: «¿De dónde saca este esa sabiduría y esos milagros? ¿No es el hijo del carpintero? ¿No es su madre María y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿No viven aquí todas sus hermanas? Entonces, ¿de dónde le viene todo esto?». Y se escandalizaban a causa de él. Jesús les dijo: «Solo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta». Y no hizo allí muchos milagros, porque les faltaba fe.

Reflexión:

Cuando Jesús realiza su ministerio público se va a encontrar con comentarios de sus propios paisanos, pues no creen que el hijo del carpintero sea el Mesías, el Ungido del Señor. Esto nos lleva a afirmar que Jesús, cuando se muestra públicamente como el Mesías, sigue siendo el mismo. Es decir, que el ejercicio de su misión de anunciar el Reino de Dios, mediante la predicación y los milagros, no lo hace ser diferente a lo que era. En otras palabras, Jesús no se manifiesta con rasgos fingidos ni peculiaridades raras. Él sigue siendo sencillo y cercano, tal como vivía en Nazaret. Aprendamos del Maestro a ser naturales, a mostrarnos siempre con nuestra personalidad, sin fingimientos de ningún tipo.
 
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