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MEDITACIÓN DIARIA
DEL EVANGELIO - JUNIO 2024
-Por Padre Raúl Enrique Castro Chambi, sj-

Intención del papa Francisco para el mes de junio: Oremos para que los migrantes que huyen de las guerras o del hambre, obligados a viajes llenos de peligro y violencia, encuentren aceptación y nuevas oportunidades de vida en sus países de acogida.

 


Sábado 01 junio
San Justino, mártir
Jd 17, 20b-25; Sal 62, 2-6; Mc 11, 27-33

En aquel tiempo, Jesús y los discípulos volvieron a Jerusalén y mientras paseaba por el templo se le acercaron los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos y le preguntaron: «¿Con qué autoridad haces estas cosas? O ¿quién te dio la autoridad para que hagas estas cosas?». Jesús les respondió: «Les voy a hacer una pregunta y si me responden les diré con qué autoridad hago estas cosas: El bautismo de Juan, ¿venía del cielo o de los hombres? Respóndanme». Ellos razonaban entre si diciendo: «Si decimos del cielo dirá: “¿Por qué entonces no le creyeron?”. Pero ¿vamos a decir que de los hombres?». Tenían miedo de la gente, porque todos consideraban que Juan era realmente un profeta. Y respondieron a Jesús: «No lo sabemos». Entonces, Jesús les replicó: «Tampoco yo les diré con qué autoridad hago estas cosas».

Reflexión: La autoridad de Jesús provenía de su coherencia con la voluntad del Padre, autoridad que se traducía en actos de amor y misericordia, a la vez que en una firme denuncia de las injusticias y tergiversaciones de la religión. La escena de este pasaje ocurre después de que expulsara a los mercaderes del templo. Por eso, los jefes del pueblo le preguntan con qué autoridad hace eso. La actividad de Jesús cuestiona su capacidad y posición como pastores, y es, en realidad, una invitación a que disciernan la voluntad de Dios. Pero ellos están cegados, ni siquiera pueden decir abiertamente que el bautismo de Juan provenía de Dios. Sus intereses pesaban más.

Oración: Padre amoroso, danos la misma valentía de tu Hijo Jesús para que ningún interés se imponga a la misión de hacer tu voluntad.

Domingo 02 junio
El Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo
Ex 24, 3-8; Sal 115, 12-13.15-18; Hb 9, 11-15; Mc 14, 12-16.22-26
Salterio I

Evangelio: El primer día de los Ácimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?». Él envió a dos discípulos, diciéndoles: «Vayan a la ciudad, encontrarán un hombre que lleva un cántaro de agua; síganlo y, en la casa en que entre, díganle al dueño: “El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?”. Él les mostrará en el piso de arriba una sala grande y bien alfombrada. Prepárennos allí la cena». Los discípulos salieron, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua. Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo: «Tomen, esto es mi cuerpo». Y, tomando en sus manos una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron. Y les dijo: «Esta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Les aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el Reino de Dios». Después de cantar los salmos, salieron para el monte de los Olivos.

Reflexión: Jesús se reúne en privado con sus discípulos para celebrar la cena pascual. Como vemos, Él domina la escena, decide dónde reunirse, elige a los invitados y preside el humilde banquete. La inmolación del cordero pascual tiene un fuerte simbolismo en la tradición hebrea, nos recuerda la liberación de Israel de la opresión egipcia. Eso expresa el sentido liberador de la entrega de la vida de Jesús; con Él se realiza la nueva liberación pascual, inicia el éxodo definitivo de la esclavitud del pecado y la idolatría a la comunión plena con Dios.

Oración: Te pedimos Señor, que, al celebrar la Eucaristía, podamos entender el sacrificio que tú haces por la salvación del mundo.



Lunes 03 junio
Santos Carlos Luanga y Compañeros, mártires
2 P 1, 1-7; Sal 90, 1-2.14-16; Mc 12, 1-12

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús comenzó a enseñarles en parábolas a los sumos sacerdotes, a los escribas y a los ancianos: «Un hombre plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó una fosa, construyó una torre de vigilancia, la dio a unos viñadores y se ausentó. A su debido tiempo, envió un siervo donde los viñadores para que reciba de ellos una parte de los frutos de la viña, que le correspondía. Pero ellos lo agarraron, lo apalearon y lo despidieron con las manos vacías. Les envió otro siervo; también a este lo insultaron y le hirieron en la cabeza. Envió a otro y a este lo mataron; y a otros muchos; a unos los golpeaban y a otros los mataban. Le quedaba uno, su hijo amado. Y por último lo envió donde ellos diciendo: Respetarán a mi hijo. Pero los viñadores dijeron entre sí: “Este es el heredero. Vamos, matémoslo; y la herencia será nuestra”. Agarrándolo, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña. ¿Qué hará entonces el señor de la viña? Vendrá y eliminará a los viñadores y dará la viña a otros. ¿No han leído este pasaje de la Escritura: “La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular: es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”?». Entonces, querían arrestarlo, porque comprendían que la parábola la dijo para ellos; pero tuvieron miedo de la gente. Y dejándolo, se fueron.

Reflexión: En esta parábola vemos el inmenso amor de Dios por su viña (Israel). Tanto la ama, que hasta le entrega a su Hijo amado, el cual, por su obediencia filial, se convierte en la base de un nuevo pueblo que nace del «resto» de Israel. Dios se deshace de los malos viñadores, que no fueron capaces de escuchar ni discernir su plan de salvación. El Reino de Dios requiere administradores responsables con capacidad de leer los signos de los tiempos, es decir, capaces de descubrir las huellas y el rostro del Mesías en lo cotidiano de la vida. De esa manera, generarán espacios de comunión y alegría.

Oración: Señor, danos la gracia de reconocer los signos de tu presencia en la cotidianeidad de nuestras vidas.

Martes 04 junio
Santa Clotilde
2 P 3, 12- 15a.17-18; Sal 89, 2-4.10.14.16; Mc 12, 13-17

Evangelio: En aquel tiempo, enviaron contra Jesús unos fariseos y herodianos para atraparlo con alguna pregunta. Se acercaron y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres sincero y que no te cuidas de nadie; porque no miras la apariencia de las personas, sino que enseñas según la verdad el camino de Dios. ¿Es lícito pagar impuesto al César o no? ¿Pagamos o no pagamos?». Jesús, dándose cuenta de la hipocresía de ellos, les replicó: «¿Por qué me ponen a prueba? Tráiganme un denario, para que lo vea». Ellos le trajeron. Y Él les preguntó: «¿De quién es esta imagen y esta inscripción?». Le contestaron: «Del César». Y Jesús, les dijo: «Den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios». Y ellos quedaron admirados por su respuesta.

Reflexión: Para responder a la argucia de los fariseos y herodianos, Jesús les pide que le muestren un denario, moneda romana que suelen usar. De esa forma, saca a la luz su hipocresía. Esa moneda contenía una imagen del César (el emperador romano) que se consideraba un ser divino. Eso chocaba con la ley que prohibía la idolatría. Pero Jesús no evade la pregunta, busca demostrar qué le pertenece a Dios y qué al César. La soberanía absoluta de Dios está por encima de todo lo creado, incluido los poderes de este mundo. Estos deben orientarse a Él, pues, de lo contrario, pierden su legitimidad, y Dios los derriba (cf. Lc 1, 52).

Oración: Señor, haz que nunca sometamos nuestra dignidad humana a ningún interés.

Miércoles 05 junio
San Bonifacio, obispo y mártir
2 Tm 1, 1-3.6-12; Sal 122, 1-2; Mc 12, 18-27

Evangelio: En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, quienes dicen que no hay resurrección, y le preguntaron: «Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero no hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano”. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos; el segundo se casó con la viuda y murió también sin hijos; lo mismo el tercero; y ninguno de los siete dejó hijos. Por último, murió también la mujer. A causa de la resurrección, cuando resuciten, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete han estado casados con ella». Jesús les respondió: «Están equivocados, porque no entienden la Escritura ni la potencia de Dios. Pues cuando resuciten de entre los muertos, ni los hombres se casarán, ni las mujeres serán dadas en matrimonio; serán como ángeles que están en los cielos. Y a propósito de que los muertos resucitan, ¿no han leído en el libro de Moisés, en el episodio de la zarza, lo que le dijo Dios: “Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob”? No es Dios de muertos, sino de vivos. Ustedes están muy equivocados».

Reflexión: Con el fin de ridiculizar la creencia en la resurrección, los saduceos le presentan a Jesús un hipotético caso donde se aplica la ley del levirato (Dt 25, 5-10), una norma que buscaba asegurar la descendencia de los israelitas. Dios había prometido a Abraham una descendencia numerosa; si un hombre moría sin hijos era considerado un maldito, ya que quedaba excluido de la promesa divina. La prole garantizaba al padre la realización de las bendiciones de Dios y era una forma de perpetuarse en la vida y sobrevivir a la muerte. A parte de eso, la ley del levirato era muy importante para los saduceos, propietarios de tierras, porque garantizaba que la podían heredar a sus hijos.

Oración: Señor, danos la gracia de buscarte siempre en la vida y no entre los signos de muerte.

Jueves 06 junio
San Norberto, obispo
San Marcelino Champagnat
2 Tm 2, 8-15; Sal 24, 4-5.8-10.14; Mc 12, 28b-34

Evangelio: En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?». Respondió Jesús: «El primero es: “¡Escucha Israel! El Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con toda tu fuerza”. El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos». El escriba replicó: «¡Muy bien, Maestro! Es verdad lo que has dicho: Que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de Él. Y amarle con todo el corazón, con todo el entendimiento y con toda la fuerza, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios». Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del Reino de Dios». Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Reflexión: ¿Existe, de verdad, un amor limpio, generoso y desinteresado? Con frecuencia nos cuesta aceptar que Dios nos ame de manera incondicional, gratuita, sin límite. Es común ver cómo el amor se tergiversa por intereses egoístas, ansias de poder, rivalidades y hasta violencia. Por eso, nos cuesta imaginar un amor absolutamente limpio, puro. Pero existe una fuente así: Dios amor y fuente del verdadero amor nos ama de ese modo. Si aceptamos este amor, si hacemos experiencia de él, entonces podremos amar a Dios con todo nuestro ser y al prójimo como a nosotros mismos.

Oración: Señor, permítenos experimentar que tú eres el amor y que correspondamos a tu amor amando a nuestro prójimo como a nosotros mismos.

Viernes 07 junio
El Sagrado Corazón de Jesús
Os 11, 1b.3-4.8c-9; Sal: Is 12, 2-6; Ef 3, 8-12.14-19; Jn 19, 31-37

Evangelio: En aquel tiempo, los judíos, como era el día de la Preparación de la Pascua, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con Él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto brotó sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura que dice: «No le quebrarán un hueso»; y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que traspasaron».

Reflexión: El agua y la sangre que brotan del costado del Salvador son los símbolos de la vida bautismal y eucarística. El agua viva que nace de Él es el Espíritu que riega y vivifica el cuerpo de Cristo, su Iglesia, la alimenta y guía como lugar de la vida para los creyentes. Es cierto que la Iglesia celebra los sacramentos; pero también es verdad que los sacramentos, sobre todo el Bautismo y la Eucaristía, hacen a la Iglesia. Los sacramentos no son solo signos sagrados, sino los símbolos eficaces de los que Cristo resucitado se vale para habitar en medio de la Iglesia por medio de su Espíritu.

Oración: Señor Jesús, danos la gracia de acoger agradecidos tu mesa compartida donde te haces uno con tu Iglesia y con cada uno de nosotros.

Sábado 08 junio
El Inmaculado Corazón de Virgen María
Is 61, 9-11; Sal: 1 S 2, 1.4-8; Lc 2, 41-51

Evangelio: Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua. Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. Estos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca. A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas; todos los que oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba. Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: «Hijo, ¿Por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados». Él les contesto: «¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debía estar en la casa de mi Padre?». Pero ellos no comprendieron lo que quería decir. Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón.

Reflexión: Unos treinta años de la vida de Jesús transcurrieron de forma silenciosa. Eso solo se quiebra cuando, según Lucas, a los doce años acude con sus padres a la fiesta de la Pascua en Jerusalén. Nos dice el evangelista que los padres de Jesús «iban todos los años a Jerusalén» con motivo de esa celebración. Cuando el niño cumple doce, deciden que también los acompañe. Terminada la fiesta, Él se queda en Jerusalén sin avisar a sus padres. Ellos, desesperados, retornan a la ciudad para buscarlo. Tres días anduvieron en ese trajín, seguro, preguntando entre los parientes y conocidos. Su angustia e impotencia debió ser terrible, un anticipo, un eco de lo que sentirán las mujeres en el sepulcro al no hallar entre los muertos al que está vivo.

Oración: Señor, danos la sabiduría propia de los hijos de Dios para hacer tu voluntad.

Domingo 09 junio
X del Tiempo Ordinario
Gn 3, 9-15; Sal 129, 1-8; 2 Co 4, 13—5, 1; Mc 3, 20-35 - Salterio II

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús fue a casa con sus discípulos, y se juntó de nuevo tanta gente que no los dejaban ni comer. Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque decían: «Está fuera de sí». También los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: «Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios». Él los invitó a acercarse y les propuso estas parábolas: «¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino dividido contra sí mismo no puede subsistir; una familia dividida tampoco puede subsistir. Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido. Nadie puede meterse en casa de un hombre fuerte para saquear sus bienes, si primero no lo ata; entonces podrá saquear la casa. Créanme, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre». Se refería a los que decían que tenían dentro un espíritu inmundo. Llegaron su madre y sus hermanos y desde fuera lo mandaron llamar. La gente que tenía sentada alrededor le dijo: «Mira, tu madre y tus hermanos están fuera y te buscan». Les contestó: «¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?». Y, mirando entonces a los que estaban sentados a su alrededor, dijo: «Éstos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre».

Reflexión: Jesús deja claro que su misión está abocada a los indefensos de la historia. Viendo todo el bien que realiza, difícilmente se podría decir que actúa por obra del príncipe del mal. Esa blasfemia dice Jesús que no tendrá perdón. Quien expulsa demonios solo podría hacer lo en nombre de Dios o de otro demonio más poderoso. Jesús cura en sábado, se acerca a los leprosos, come con pecadores, es decir, realiza distintos actos contrarios a la ley. Por eso, los escribas se niegan a ver en Él la acción de Dios y prefieren creer que actúa por obra del mal. Nada más lejos de la realidad, lo que hace Jesús es dar respuestas concretas y misericordiosas a las necesidades de las personas.

Oración: Señor, danos la gracia de distinguir lo que realmente quieres que hagamos en tu nombre.

Lunes 10 junio
Beato Juan Dominici
1 R 17, 1-6; Sal 120, 1-8; Mt 5, 1-12

Evangelio: En aquel tiempo, al ver la muchedumbre, Jesús subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y comenzó a hablar y les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los que sufren, porque ellos heredarán la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán la misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados ustedes cuando les insulten y les persigan y les calumnien de cualquier modo por mi causa. Estén alegres y contentos, porque su recompensa será grande en el cielo, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a ustedes».

Reflexión: ¿Bajo qué criterios valoramos la realidad y la vida? Jesús nos ofrece las bienaventuranzas como una medida. Ellas dejan al descubierto la raíz de toda injusticia y corrupción, que proviene del hecho de considerar dichoso al rico y al poderoso que dominan a los demás. Si este es el filtro con que valoramos la vida, claramente solo se agravarán los males que afectan al mundo. Los pobres no son bienaventurados por su pobreza, sino porque Dios se pone de parte de ellos, los elige como sus preferidos y principales destinatarios de la Buena Noticia.

Oración: Señor, enséñanos a elegir a las bienaventuranzas como nuestro camino de vida.

Martes 11
San Bernabé, apóstol
Hch 11, 21b-26; 13, 1-3; Sal 97, 1-6; Mt 10, 7-13

Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «Vayan y proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. Curen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos, echen demonios. Lo que han recibido gratis, denlo gratis. No lleven en la faja oro, plata ni calderilla; ni tampoco alforja para el camino, ni túnica de repuesto, ni sandalias, ni bastón; bien merece el obrero su sustento. Cuando entren en un pueblo o aldea, averigüen quién hay allí de confianza y quédense en su casa hasta que se vayan. Al entrar en una casa, saluden; si la casa se lo merece, la paz que le desean vendrá a ella. Si no se lo merece, la paz volverá a ustedes».

Reflexión: La misión que Jesús confía a sus seguidores es clara, se afianza en el servicio a los más frágiles e indefensos. Por eso, los cristianos siempre deberíamos tener una palabra de alivio ante el sufrimiento de aquellos hijos de Dios, aquellos cuya fe se tambalea frente a las crueldades de la vida. Por eso, más que discursos bonitos, estamos llamados a poner en práctica la misericordia y la compasión. Por tanto, hacer la voluntad de Dios implica discernir para ver cómo y de qué manera podemos mostrar al mundo de hoy que el Reino está cerca.

Oración: Señor, danos la gracia de discernir los caminos que nos permiten descubrir los signos de tu Reino y hacer tu voluntad.

Miércoles 12
San Onofre, ermitaño
1 R 18, 20-39; Sal 15, 1-2.4-5.8.11; Mt 5, 17-19

Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No crean que he venido a abolir la ley y los profetas. No he venido a abolir, sino a dar pleno cumplimiento. En verdad les digo que, antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley. El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres, será el menos importante en el Reino de los Cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el Reino de los Cielos».

Reflexión: Jesús deja claro que no pretende abolir la ley de Moisés, sino perfeccionarla. El promueve una observancia más sincera de las normas morales, que supere comportamientos moralistas, que solo prestan a atención a lo exterior y secundario. San Pablo también nos dirá que la ley mosaica no posee autoridad por sí misma, sino por Jesús. La ley es guía hacia Cristo (Ga 3, 24), quien, por medio de su Espíritu infundido en nuestros corazones, nos impulsa a la justicia mayor: el amor.

Oración: Señor, aléjanos del legalismo que nos impide realizar la voluntad del Padre.

Jueves 13
San Antonio de Padua, presbítero y doctor
1 R 18, 41-46; Sal 64, 10-13; Mt 5, 20-26 o bien Is 61, 1-3a; Sal 88, 2-5.21-22.25.27; Lc 10, 1-9

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «En verdad les digo: Si no son mejores que los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos. Han oído ustedes que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será procesado. Pero yo les digo: Todo el que esté peleado con su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena del fuego. Por lo tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Llega a un acuerdo con tu adversario, mientras van de camino, no sea que te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan a la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo».

Reflexión: A veces estamos tan centrados en el cumplir por cumplir, que nos olvidamos del discernimiento. Sin él no descubrimos novedad alguna, por ejemplo, que la enseñanza moral de Jesús no consiste en que Él proponga normas más estrictas que las anteriores, sino que el Evangelio, por medio del Espíritu Santo, obra en nosotros y nos ayuda a tratarnos unos a otros como Dios lo hace con nosotros. La nueva moral de Jesús tiene como fundamento el amor del Padre, que Él revela. En adelante, todo se resumirá en un solo mandamiento: «Ama a tu prójimo como a ti mismo», ámalo tal como es porque tú y él son iguales, hijos e hijas queridos de Dios.

Oración: Señor, danos luz para discernir cómo quieres tú que nos conduzcamos en la vida.

Viernes 14
San Metodio
1 R 19, 9a.11-16; Sal 26, 7-9.13-14; Mt 5, 27-32

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Han oído ustedes que se dijo “no cometerás adulterio”. Pero yo les digo: El que mira a una mujer y la desea, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón. Si tu ojo derecho te hace caer en pecado, córtatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en el infierno. Si tu mano derecha te hace caer en pecado, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero al infierno. Está mandado: “El que se separe de su mujer, que le dé acta de divorcio”. Pues yo les digo: El que se divorcie de su mujer, salvo en caso de unión ilegítima, la expone al adulterio, y el que se case con la divorciada comete adulterio».

Reflexión: Jesús propone la práctica de las normas morales como expresión del amor de Dios y no una mera preocupación por los preceptos. Desde esta óptica debemos comprender este pasaje del sermón del monte. Más que la rectitud de las acciones, Jesús busca la pureza de las intenciones, porque sabe que ese es el punto de partida de todo comportamiento. He allí un criterio que oriente las relaciones entre varones y mujeres. Pero, además, corrige los desequilibrios dentro del matrimonio. Declara ilegítima una norma que solo permitía a los varones divorciarse de sus esposas, y aboga, más bien, por la indisolubilidad de la unión matrimonial.

Oración: Señor, que nuestros corazones estén purificados de toda malicia, para que el trato con nuestros semejantes sea de respeto y valoración.

Sábado 15
Santa María Micaela
1 R 19, 19-21; Sal 15, 1-2.5.7-10; Mt 5, 33-37

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Han oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso” y “cumplirás lo que hayas prometido al Señor bajo juramento”. Pues yo les digo que no juren en absoluto, ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro ni un solo cabello. A ustedes les basta decir “sí” o “no”. Lo que se le añade viene del Maligno».

Reflexión: La presencia del mal espíritu, que a veces se presenta con la apariencia del bien, nos lleva aborrecer lo que nos conduce a Dios o, en todo caso, el mal podría engañarnos. Este texto de Mateo nos invita a analizar si nuestras motivaciones buscan realizar la voluntad de Dios o tienen otros intereses. Qué importante es revisar las motivaciones de nuestra fe, porque, a veces, se jura en nombre de Dios para obtener lo que realmente no es de Él. Por ello, bien lo dice Jesús: «No jures en lo absoluto. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro ni un solo cabello. A ustedes les basta decir “sí” o “no”».

Oración: Señor, ayúdanos a ordenar nuestras motivaciones de fe para que siempre hagamos tu santa voluntad.

Domingo 16
XI del Tiempo Ordinario
Ez 17, 22-24; Sal 91, 2-3.13-16; 2 Co 5, 6-10; Mc 4, 26-34 - Salterio III

Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El Reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra da el fruto por sí misma: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la cosecha». Dijo también: «¿Con qué podemos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Es como un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que las aves del cielo pueden cobijarse y anidar en ella». Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo les exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

Reflexión: El Reino de Dios crece de forma silenciosa, pero eficaz. El Reino tiene su propio ritmo, que el mismo sembrador ignora. Pero es bueno conocer la calidad de la tierra disponible, cultivarla y cuidarla, aunque sin olvidar que todo es don de Dios. Él es el dueño y sabrá cosechar en su momento. Por otro lado, los inicios del Reino pueden ser insignificantes, como la semilla de mostaza, pero con el tiempo llegará a ser tan grande que todos los pueblos tendrán cabida en él. Ser conscientes de que el Reino es de Dios, y no nuestro, fortalece nuestra esperanza, porque será fecundo, aunque ahora no lo percibamos aún con claridad.

Oración: Señor, danos la humildad necesaria para reconocer en nuestra vida las semillas de tu Reino.

Lunes 17
San Ismael
1 R 21, 1-16; Sal 5, 2-3.5-7; Mt 5, 38-42

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Ustedes han oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente”. Yo, en cambio, les digo: No hagan frente al que los agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te obligue para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale; y al que te pide prestado, no le vuelvas la espalda».

Reflexión: Lo que Jesús dice en el discurso del monte revela cómo juzga Dios y quiénes entrarán en su Reino. Pero son principios éticos que nos causan cierto desconcierto: «Duro es este lenguaje, ¿quién podrá escucharlo?» (Jn 6, 60). Estamos condicionados por la lógica del mundo. Por eso, nos cuesta tanto devolver bien por mal, porque continuamente somos bombardeados por la ideología de la venganza que propagan los medios de comunicación —el cine, sobre todo—, bajo el falso presupuesto de que con ella se vence al mal y se otorga una justa reparación a las víctimas. El camino de Jesús es distinto, pide romper el círculo de violencia.

Oración: Señor, enséñanos a perdonar las ofensas y a ser misericordiosos como tú.

Martes 18
San Gregorio Barbarigo, obispo
1 R 21, 17-29; Sal 50, 3-6.11.16; Mt 5, 43-48

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Ustedes han oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y odiarás a tu enemigo. Yo, en cambio, les digo: Amen a sus enemigos, y oren por quienes los persiguen. Así serán hijos del Padre que está en el cielo, que hace salir el sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué premio tendrán? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludan solo a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los paganos? Por lo tanto, sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto».

Reflexión: Toda la enseñanza moral de Jesús se resume en un solo principio: «Ama a tu prójimo como a ti mismo». Amar al prójimo tal como es, porque como yo, son hijos e hijas queridos de Dios. Quien no ama a su hermano, no ama a Dios. Esto se ve de manera particular en el respeto que se debe tener por la vida del otro. No puede llamar a Dios Padre ni tomar parte en el banquete de la fraternidad quien primero no haya perdonado a su hermano e incluso a sus enemigos, o no hace lo posible por restablecer la relación que se ha roto.

Oración: Padre bueno, inunda nuestros corazones con tu amor para que seamos compasivos incluso con nuestros enemigos.

Miércoles 19
San Romualdo, abad
2 R 2, 1.6-14; Sal 30, 20-21.24; Mt 6, 1-6.16-18

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Tengan cuidado de no practicar las buenas obras delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendrán la recompensa del Padre de ustedes que está en el cielo. Por lo tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; les aseguro que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ustedes oren, no sean como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean la gente. Les aseguro que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ayunen, no pongan cara triste, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Les aseguro que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secretó, te recompensará».

Reflexión: ¡Qué importante es ordenar los afectos a la luz de la fe! Nuestra vivencia de la vida cristiana debe ser sincera, sin hipocresía ni dobles intereses. Para inculcar este principio, Jesús habla de tres pilares de la religión judía: la limosna, que define las relaciones con los otros; la oración, el vínculo con Dios; y el ayuno, la relación con las cosas. Dependiendo cómo los practiquemos, podemos construir comunidades de hermanos que velan unos por otros, que honran a Dios y son libres frente a los bienes materiales. Si las prácticas religiosas son sinceras, no necesitamos ostentar. Las realizamos sin hacerse notar; lo importante es que «que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha».

Oración: Señor, líbranos del afán de ostentar y ser vistos, para que todo lo que hagamos nos nazca de la sinceridad del corazón.

Jueves 20
San Silverio, Papa
Eclo 48, 1-15; Sal 96, 1-7; Mt 6, 7-15

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuando oren, no usen muchas palabras, como hacen los paganos, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No hagan como ellos, porque el Padre de ustedes, ya sabe lo que a ustedes les hace falta antes de que se lo pidan. Ustedes oren así: “Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que ofenden, no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal”. Porque si perdonan sus faltas a los demás, también nuestro Padre que está en el cielo, los perdonará a ustedes. Pero si no perdonan a los demás, tampoco su Padre los perdonará a ustedes».

Reflexión: La relación con la divinidad nos abre a los seres humanos un camino para el diálogo. «Al orar no hablen mucho», dice Jesús a sus discípulos, «porque su Padre sabe lo que ustedes necesitan antes de que se lo pidan». Asimismo, recomienda orar a solas en la habitación para no ser vistos (Mt 6, 6), es decir, para evitar la tentación de ostentar. Pero no es que nos quedemos a solas, es un encuentro con el Señor que es siempre Trinidad, comunidad de personas. Y nosotros, aunque solos, siempre somos también comunidad, Iglesia. Por eso, las tres primeras peticiones del padrenuestro se refieren a la acción del Padre celestial aquí en la tierra; las otras cuatro, a la necesidad que tenemos de sus dones para vivir como hijos suyos.

Oración: Señor, ayúdanos a expresar con palabras sencillas aquello que llevamos en nuestro interior, para que tú nos ilumines con tu luz.

Viernes 21
San Luis Gonzaga, religioso
2 R 11, 1-4.9-18.20; Sal 131, 11-14.17-18; Mt 6, 19-23

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No acumulen tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los corroen y donde los ladrones perforan las paredes y roban. Acumulen, en cambio, tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que los corroen, ni ladrones que perforen y roben. Porque donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón. La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Y si la única luz que tienes está oscura, ¡Cuánta será la oscuridad!».

Reflexión: El uso de los bienes se ordena cuando nuestra vida está centrada en la voluntad de Dios. El dinero es un medio necesario para vivir, pero, según cómo lo usemos, puede estar al servicio de fines buenos o malos. Es malo cuando se adquiere injusta o inicuamente, cuando se emplea para fines negativos o se lo acumula para el disfrute egoísta, sin tener en cuenta de que puede estar al servicio de los menos afortunados. La acumulación egoísta, abusiva e improductiva es contraria a la voluntad de Dios. Hay que administrar el dinero conforme a su deseo.

Oración: Señor, danos un corazón generoso para que nunca nos venza el egoísmo en el uso de nuestros bienes.

Sábado 22
Santos Juan Fisher, obispo y Tomás Moro, mártires
2 Cro 24, 17-25; Sal 88, 4-5.29-34; Mt 6, 24-34

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Nadie puede servir a dos señores. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No pueden servir a Dios y al dinero. Por eso les digo: No estén agobiados por la vida, pensando qué van a comer o beber; ni por el cuerpo, pensando con qué se van a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento y el cuerpo más que el vestido? Miren las aves del cielo: ni siembran, ni cosechan, ni almacenan; sin embargo, nuestro Padre del cielo las alimenta. ¿No valen ustedes más que ellas? ¿Quién de ustedes, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora más al tiempo de su vida? ¿Por qué se agobian por el vestido? Fíjense cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y les digo que ni Salomón, en todo su esplendor, estaba vestido como uno de ellos. Pues, si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por ustedes, gente de poca fe? No anden agobiados, pensando qué van a comer, o qué van a beber, o con qué se van a vestir. Los paganos se afanan por esas cosas. Su Padre del cielo ya sabe que tienen necesidad de todo eso. Sobre todo, busquen el Reino de Dios y su justicia; lo demás se les dará por añadidura. Por tanto, no se agobien por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus problemas».

Reflexión: Lo que vale hoy en día son el éxito y aquello que produce dinero. Ciertamente, necesitamos producir bienes para poder asegurar una vida digna para todos los seres humanos. Pero aun así, el descanso es una exigencia ineludible para el eficiente funcionamiento de una empresa. Además, desde el punto de vista espiritual, debemos decir que, en una sociedad que nos enferma con el estrés y nos deshumaniza con la sobreexigencia y la competitividad, es imprescindible redescubrir el valor de lo gratuito, la ascesis del tiempo «perdido». Su objetivo no es el beneficio económico, sino el cultivo de lo más valioso en la vida: la propia interioridad, el trato con los seres queridos y con Dios.

Oración: Señor, que no nos dominen las inquietudes y preocupaciones de la vida, y que la confianza en ti nos dé serenidad.

Domingo 23
XII del Tiempo Ordinario
Jb 38, 1.8-11; Sal 106, 23-26.28-31; 2 Co 5, 14-17; Mc 4, 35-40
Salterio IV

Evangelio: Un día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: «Vamos a la otra orilla». Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, así como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó un fuerte huracán, y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón. Lo despertaron, diciéndole: «Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?». Se puso en pie, increpó al viento y dijo al mar: «¡Silencio, cállate!». El viento cesó y vino una gran calma. Él les dijo: «¿Por qué son tan cobardes? ¿Aún no tienen fe?». Se quedaron espantados y se decían unos a otros: «Pero ¿quién es este que hasta el viento y el mar le obedecen?».

Reflexión: Quien piense que ser cristiano consiste en vivir en perfecta armonía está equivocado. La vida tiene sus vaivenes, entre ellos el conflicto, las discrepancias, las diferencias o cualquier «oleaje» impetuoso que la haga tambalear. Mas que evitarlos, sin embargo, lo importante es afrontarlos sin pisotear los valores. El fin no justifica los medios. La inteligencia, la voluntad, los sentimientos nobles deben frenar el desbordamiento de la violencia, moderar las emociones, y poner sensatez, ponderación y cordura. Solo así sentiremos que Jesús calma nuestros miedos y nos devuelve la tranquilidad.

Oración: Señor, ayúdanos a vivir desde la confianza de que tú estás a nuestro lado y que ninguna tempestad nos podrá hundir.

Lunes 24
Natividad de San Juan Bautista
Is 49, 1-6; Sal 138, 1-3.13-15; Hch 13, 22-26; Lc 1, 57-66.80

Evangelio: A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban. A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo: «¡No! Se va a llamar Juan». Le replicaron: «Ninguno de tus parientes se llama así». Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre». Todos se quedaron extrañados. Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios. Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo: «¿Qué va a ser este niño?». Porque la mano del Señor estaba con él. El niño iba creciendo, y su carácter se afianzaba; vivió en el desierto hasta que se presentó a Israel.

Reflexión: Juan nace con una misión que la cumplirá a cabalidad: dedicarse a preparar el camino para la venida de Jesús, el Mesías. Como él, todos tenemos una misión, la que nuestro Padre y Creador nos asigna aun antes de nacer. Ella es la que orienta y da sentido a nuestra existencia. La percibimos en nuestro interior como un llamado o atracción que da un orden y un rumbo a nuestros deseos. Podemos optar por ella como nuestro camino y tomar decisiones que nos permitan realizarla, seguros de que, en ello, está en juego nuestra felicidad y realización personal.

Oración: Señor, ayúdanos a descubrir la misión a la que nos llamas en el mundo y que pongamos todos los medios para realizarla.

Martes 25
San Guillermo, abad
2 R 19, 9b-11.14-21.31-35a.36; Sal 47, 2-4.10-11; Mt 7, 6.12-14

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No den lo que es santo a los perros, ni arrojen sus perlas a los cerdos; no sea que las pisoteen y después se vuelvan contra ustedes para destrozarlos. Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la ley y los profetas. Entren por la puerta estrecha. Porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y son pocos los que lo encuentran».

Reflexión: Los signos de los tiempos señalan el rumbo que deberían seguir nuestros proyectos en tanto cristianos. La experiencia de la Iglesia señala que es necesario proceder con prudencia y de forma gradual en la tarea evangelizadora, procurando adaptar el mensaje a la situación de los pueblos y siendo respetuosos de sus culturas. Querer imponer las verdades evangélicas a la fuerza cuando el auditorio no está preparado para comprenderlas sería inútil; más aún, podría producir reacciones violentas y contrarias a lo que se pretende. Por lo demás, si no clasificamos a los demás como buenos y malos, reconoceremos que el mal también actúa en nosotros, podremos saber lo que conviene realizar por el bien del prójimo.

Oración: Señor, ayúdanos a mostrar una Iglesia cercana, misericordiosa y compasiva.

Miércoles 26
San Josemaría Escrivá de Balaguer, presbítero
2 R 22, 8-13; 23, 1-3; Sal 118, 33-37.40; Mt 7, 15-20

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuidado con los falsos profetas; que vienen a nosotros disfrazados de oveja, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conocerán. A ver, ¿acaso se cosechan uvas de espinos o higos de los cardos? Los árboles buenos dan frutos buenos; los árboles malos, dan frutos malos. Un árbol bueno no puede dar frutos malos, ni un árbol malo dar frutos buenos. El árbol que no da fruto bueno se tala y se echa al fuego. Es decir, por sus frutos los conocerán».

Reflexión: En este pasaje, san Mateo brinda a la comunidad una norma para poder reconocer a falsos profetas y maestros: saber discernir lo bueno y lo malo de su mensaje y su comportamiento. La clave de discernimiento espiritual es sencilla: al árbol se le conoce por sus frutos, puesto que «todo árbol bueno da frutos buenos; el árbol malo da frutos malos». Inicialmente, pueden engañar, aparecer como personas rectas, pero, en algún momento salen al descubierto y queda a la luz su incompatibilidad con la voluntad de Dios. La finalidad del discernimiento es descubrir a dónde pretenden llevar a la comunidad esos falsos profetas: «Hermanos queridos, no crean a cualquiera que pretenda poseer el Espíritu. Hagan más bien un discernimiento para ver si pertenece a Dios» (1 Jn 4, 1).

Oración: Señor, ilumínanos para que sepamos distinguir con claridad los caminos que nos conducen a ti.

Jueves 27
San Cirilo de Alejandría, obispo y doctor
2 R 24, 8-17; Sal 78, 1-5.8-9; Mt 7, 21-29

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el Reino de los Cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Aquel día, muchos dirán: “Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre hemos echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?”. Yo entonces les declararé: “Nunca los he conocido. Aléjense de mí, ustedes que obran el mal”. El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Vino la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y arremetieron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Vino la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y arremetieron contra la casa, y la casa se derrumbó totalmente». Al terminar Jesús de decir estas palabras, la gente estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como los escribas.

Reflexión: Cumplir la voluntad del Padre es el camino para dar sentido a nuestras vidas. El sermón de la montaña nos ayuda a que la enseñanza recibida en nuestra formación cristiana sea sólida. En este caso, Mateo usa la imagen de la casa y sus cimientos, es decir, los fundamentos que posibilitan hacer realidad el Evangelio mediante la puesta en práctica de la Palabra recibida. Escuchar y practicar, he allí cómo ponemos bases sólidas a nuestra vida cristiana. Cada vez que hacemos la voluntad del Padre experimentamos la salvación de los hijos de Dios.

Oración: Señor, que tú seas nuestra roca sobre la cual edificamos el edificio de nuestra vida.

Viernes 28
San Ireneo, obispo y mártir
2 R 25, 1-12; Sal 136, 1-6; Mt 8, 1-4

Evangelio: En aquel tiempo, al bajar Jesús del monte, lo siguió mucha gente. En esto, se le acercó un leproso, se arrodilló y le dijo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme». Extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero, queda limpio». Y en seguida quedó limpio de la lepra. Jesús le dijo: «No se lo digas a nadie, pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y entrega la ofrenda que mandó Moisés para que les sirva de testimonio».

Reflexión: Las curaciones de Jesús son un acto salvífico, rehabilitan a la persona en su integridad, incluyendo sus relaciones sociales. Lo vemos con claridad en este caso del leproso. La lepra, prácticamente, convertía a quienes la padecían en cadáveres andantes. Por eso, su eventual curación era como si un muerto volviera a la vida. La diagnosticaban los sacerdotes y solo ellos podían verificar su curación. Comprobado el contagio, quedaban excluidos de todo contacto social, y eran obligados a vivir a la intemperie fuera de los poblados. Nadie podía acercárseles y, menos aún, tocarlos porque contagiaban su impureza. Si se curaban, quedaban libres de todas estas maldiciones, pero los sacerdotes tenían que autorizar su readmisión en la vida social.

Oración: Señor, ablanda nuestros corazones para que, inspirados por tu ejemplo, nunca discriminemos a nadie.

Sábado 29
Santos Pedro y Pablo, apóstoles
Hch 12, 1-11; Sal 33, 2-9; 2 Tm 4, 6-8.17-18; Mt 16, 13-19

Evangelio: En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?». Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas». Él les preguntó: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?». Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». Jesús le respondió: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del Reino de los Cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo».

Reflexión: Mateo presenta la misión que Jesús confía a Pedro con tres imágenes: la roca, las llaves y atar y desatar. Pedro o Cefas, que significa roca, será el fundamento del edificio que es la Iglesia. A él, Jesús le confía las llaves, es decir, le encarga la misión de ser el administrador que ejerce como representante del dueño de la casa y obrar en su lugar, por delegación. Pedro podrá abrir y cerrar el nuevo templo de la Iglesia, actuar en nombre de Cristo y representarlo. Cuanto Jesús promete aquí al apóstol, más tarde lo extenderá a toda la Iglesia (cf. Mt 18, 18). Finalmente, la tercera imagen es la de atar y desatar, que se refiere al servicio de interpretar y definir lo que es conforme a la fe revelada y lo que no concuerda con ella.

Oración: Señor, fortalece nuestra confianza en la madre Iglesia, seguros de que es tu Espíritu Santo quien la guía y rige.

Domingo 30
XIII del Tiempo Ordinario
Sb 1, 13-15; 2, 23-24; Sal 29, 2.4-6.11-13; 2 Co 8, 7.9.13-15;
Mc 5, 21-43 F. B. Mc 5, 21-24.35b-43 - Salterio I

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús atravesó, de nuevo en barca, a la otra orilla; una gran multitud se reunió a su alrededor, y se quedó junto al mar. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia: «Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva». Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba. Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos, y se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con solo tocarle el vestido se curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias, y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente preguntando: «¿Quién me ha tocado el manto?». Los discípulos le contestaron: «Ves cómo te apretuja la gente y preguntas: “¿Quién me ha tocado?”». Él seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo. Él le dijo: «Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud». Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: «Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?». Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: «No temas; basta que tengas fe». No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo: «¿Qué alboroto y qué lloros son estos? La niña no está muerta, está dormida». Se reían de Él. Pero Él echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña, la cogió de la mano y le dijo: «Talitha qum» (que significa: «Contigo hablo, niña, levántate»). La niña se levantó inmediatamente y comenzó a caminar; tenía doce años. Y se quedaron totalmente admirados. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

Reflexión: Mientras Jesús acude a salvar a la hija de Jairo, entra en escena una mujer que sufre de hemorragias. Esta enfermedad la convertía en impura mientras durase el sangrado (Lv 15, 19-24), y la obligaba a permanecer apartada durante ese tiempo para no volver impuro a quien la tocara. Humillada física y moralmente, ella solo se atreve a acercarse a Jesús desde atrás, sin dejarse notar. Experiencias similares pueden ocurrir en nuestro camino de la fe cuando nos sentimos indignos, inhabilitados para la vida cristiana. La fe en un momento así solo logra expresarse bajo el deseo de que el Dios compasivo nos mire tal como reza el salmista: «Vuelve a nosotros tu rostro y seremos salvos» (Sal 80, 8).

Oración: Señor, danos compasión para saber llevar tu palabra de alivio a tantas personas que la necesitan.

Lunes 01 de julio
Santa Ester
Am 2, 6-10.13-16; Sal 49, 16-23, Mt 8, 18-22

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús viendo que lo rodeaba mucha gente, dio orden de atravesar a la otra orilla. Se le acercó un escriba y le dijo: «Maestro, te seguiré adonde vayas». Jesús le respondió: «Los zorros tienen madrigueras y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar la cabeza». Otro, que era discípulo, le dijo: «Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre». Pero Jesús le respondió: «Tú sígueme. Y deja que los muertos entierren a sus muertos».

Reflexión: Este texto de san Mateo enfatiza en el seguimiento de Jesús con todas sus exigencias y consecuencias. Vemos que, haciéndonos discípulos de Jesús, se puede pasar de ser una persona de la ley (el escriba) a ser personas que caminen bajo la luz de la voluntad de Dios. Sin embargo, no todos asumimos el discipulado de la misma manera, solo hay que discernir dónde nos quiere el Señor y de qué manera nos pide que lo sigamos. A unos les dirá: «Vayan en paz»; a otros: «Tú sígueme». ¿Cuál de estas invitaciones sientes en tu corazón?

Oración: Señor, concédenos el don del discernimiento para saber dónde nos quieres.

Martes 02 de julio
Nuestra Señora del Huerto
Am 3, 1-8; 4, 11-12; Sal 5, 5-8; Mt 8, 23-27

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús subió a la barca y sus discípulos lo siguieron. De pronto, se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca. Mientras tanto, Jesús dormía. Acercándose a Él sus discípulos, lo despertaron, diciéndole: «¡Señor, sálvanos, que nos hundimos!». Él les respondió: «¡Porqué tienen miedo! ¡Hombres de poca fe!». Y levantándose, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran calma. Ellos se preguntaban admirados: «¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?».

Reflexión: Una de las experiencias que llenan de sentido nuestra vida cristiana es cuando depositamos toda nuestra confianza en las manos de Dios, en su suprema autoridad. Esto exige una gran disponibilidad de nuestra parte para permitir que Dios sea quien nos señale el camino. Es en el camino donde sobrevienen tempestades y donde se ponen en juego las exigencias propias del Reino, que nos permiten constatar que Dios, realmente, nos asiste en medio de las adversidades. Dios, como nos lo ha mostrado en Jesús, siempre está generando vida, abriendo rumbos, sanando enfermos, expulsando demonios... Conviene, entonces, preguntarnos qué sostiene nuestra fe cuando arremeten las tempestades de la vida.

Oración: Señor, ayúdanos a que siempre confiemos en ti.

Miércoles 03 de julio
Santo Tomás, apóstol
Ef 2, 19-22; Sal 116, 1-2; Jn 20, 24-29

Evangelio: Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo». A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «La paz esté con ustedes». Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!». Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto».

Reflexión: Cada uno de los discípulos de Jesús tenía una personalidad singular. Tomás, uno de los doce, prefería comprobar las cosas por sí mismo antes que dar fe a la palabra de los demás. Lamentablemente, el día de la resurrección, en que Jesús se apareció a los discípulos, él no estaba presente. Los demás, entusiasmados, le comentan lo ocurrido, pero él no puede dar crédito. Rechaza el testimonio de María Magdalena y de las otras mujeres y tampoco quiso creer a sus demás compañeros. Sentía la necesidad de vivir él mismo la experiencia de la presencia viva del Señor; supedita su fe a lo que pueda ver con sus ojos. Pero una vez que su deseo se cumple, se abre a la fe sin vacilaciones: «Señor mío y Dios mío».

Oración: Señor, sostennos en los momentos en que nuestra fe se tambalea y danos la gracias de cultivar un trato cotidiano contigo.

Jueves 04 de julio
Santa Isabel de Portugal
Am 7, 10-17; Sal 18, 8-11; Mt 9, 1-8

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús subió a una barca, pasó a la otra orilla del lago y fue a su ciudad. En esto le presentaron un paralítico, postrado en una camilla. Jesús viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: «¡Ánimo, hijo!, tus pecados te son perdonados». Algunos de los escribas dijeron para sí: «Este blasfema». Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo: «¿Por qué piensan mal en sus corazones? ¿Qué es más fácil decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate y camina”? Pues, para que vean que el Hijo del Hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados —dijo dirigiéndose al paralítico— “Levántate, toma tu camilla y anda a tu casa”». Y él se levantó y se fue a su casa. Al ver esto, la gente quedó atemorizada y glorificaba a Dios, por haber dado tal poder a los hombres.

Reflexión: El evangelio de hoy nos muestra cuán atento estaba Jesús a las necesidades de los demás. Como el paralítico, seguramente también nosotros tenemos padecimientos de los que quisiéramos librarnos. La persona creyente, normalmente, recurre a Dios en esas circunstancias. Como el paralítico, busca, por general, ser sanada de alguna enfermedad. Pero ¿es solo la salud física la necesidad más profunda del ser humano? Dios no responde mecánicamente. Como hace con el paralítico, acoge nuestro deseo, incluso si no está bien formulado y responde a nuestras aspiraciones íntimas, aun aquellas de las que todavía no somos conscientes.

Oración: Señor, ayúdanos a acoger a los demás con respeto y benevolencia, tal como merecen los hijos e hijas de Dios

Viernes 05 de julio
San Antonio María Zaccaría, presbítero
Am 8, 4-6.9-12; Sal 118, 2.10.20.30.131; Mt 9, 9-13

Evangelio: En aquel tiempo, al pasar, Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: «Sígueme». Él se levantó y lo siguió. Y estando Jesús a la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores que habían acudido, se sentaron a comer con Él y sus discípulos. Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: «¿Cómo es que su Maestro come con publicanos y pecadores?». Jesús lo oyó y dijo: «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Vayan y aprendan lo que significa “misericordia quiero y no sacrificios”. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores».

Reflexión: ¿Quién era Mateo? El Evangelio nos dice que era un publicano, un oficio de mala reputación pero rentable, que consistía en cobrar los impuestos que los romanos exigían a los pueblos dominados. Los funcionarios del Estado encargados de esa función solían delegarla al mejor postor (los publicanos) a cambio de un porcentaje. Estos, para ganar más, alteraban las tarifas oficiales, prestaban dinero a quienes no podían pagar para cobrar luego con altos intereses. Por eso, pero sobre todo porque colaboraban con los romanos, eran tenidos como traidores y ladrones; no poseían derechos civiles entre los judíos y la gente los evitaba. Aun así, Jesús llama a un publicano y lo hace su apóstol.

Oración: Señor Jesús, que tu mirada misericordiosa ablande nuestros corazones y nos impulse a emprender el camino de la conversión.

Sábado 06 de julio
Santas María Goretti y Nazaria Ignacia March
Am 9, 11-15; Sal 84, 9.11-14; Mt 9, 14-17

Evangelio: En aquel tiempo, los discípulos de Juan el Bautista, se acercaron a Jesús y le preguntaron: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?». Jesús les respondió: «¿Pueden acaso estar tristes los invitados a la boda, mientras el novio está con ellos? Llegará un día en que se lleven al novio y entonces ayunarán. Nadie usa un pedazo de paño nuevo para remendar un vestido viejo, porque el pedazo añadido tira del vestido, y se produce un desgarrón peor. Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos, porque revientan los odres; se derrama el vino y los odres se pierden; el vino nuevo se echa en odres nuevos y así ambos se conservan».

Reflexión: Las comidas de Jesús causaban controversia porque se sentaba a la mesa con publicanos y otros pecadores. Pero también su actitud con respecto al ayuno le acarrea críticas, porque su postura refleja una nueva manera de entender e interpretar la ley y las costumbres. Si bien no busca negar su valor, nos invita a superar cualquier legalismo o afán de aparentar. Por eso, el ayuno que propone Jesús no tiene por qué hacerse como una mera obligación, sino por convicción y con alegría.

Oración: Señor, que el ayuno sea para nosotros una experiencia liberadora, no esclavizante.

Domingo 07 de julio
XIV del Tiempo Ordinario
Ez 2, 2-5; Sal 122, 1-4; 2 Co 12, 7b-10; Mc 6, 1-6 - Salterio II

Evangelio: En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: «¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas, ¿no viven con nosotros aquí?». Y esto les resultaba escandaloso. Jesús les decía: «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa». No pudo hacer allí ningún milagro, solo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

Reflexión: Jesús, el Hijo de Dios, ¿tuvo hermanos? Este pasaje de Marcos y otros han sido motivo de controversias desde los primeros siglos del cristianismo. San Jerónimo (347-420 d. C.), un gran conocedor de las lenguas bíblicas y traductor de la Biblia al latín, resolvió el asunto. Aseveró que el término hermano, tanto en hebreo como en griego, tiene un significado muy amplio; además de los hermanos de sangre, designa a los primos y los parientes cercanos. Por eso, Abraham llamaba «hermano» a Lot, que era su sobrino, igualmente Jacob a su tío Labán. Finalmente, los «hermanos» mencionados aquí llevan nombres bíblicos de carácter simbólico, que emparenta a Jesús con el Israel de la antigua alianza. Santiago significa Jacob, padre de las doce tribus; José es el hijo de Jacob; Judas es Judá, otro hijo de Jacob; y Simón o Simeón también es hijo de Jacob.

Oración: Señor, ayúdanos a centrarnos en lo central de nuestra fe: el amor al prójimo.

Lunes 08 de julio
Santos Aquila y Priscila
Os 2, 16b.17b-18.21-22; Sal 144, 2-9; Mt 9, 18-26

Evangelio: En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, se acercó un jefe de la sinagoga que se arrodilló ante Él y le dijo: «Mi hija acaba de morir. Pero ven a imponerle tu mano y vivirá». Entonces, Jesús, se levantó y lo siguió con sus discípulos. Entretanto, una mujer que sufría de hemorragias desde hacía doce años se le acercó por detrás y le tocó el borde del manto, pensando: “Con solo tocar su manto, quedaré sana”. Jesús se dio vuelta y, al verla, le dijo: «¡Ten confianza hija! Tu fe te ha sanado». Y en aquel momento la mujer quedó sana. Jesús llegó a casa de aquel jefe y, al ver a los que tocaban música fúnebre y a la gente que gritaba, dijo: «¡Retírense! La niña no está muerta, está dormida». Y se reían de Él. Cuando hicieron salir a la gente, entró Él, tomó a la niña de la mano y ella se levantó. La noticia se divulgó por toda aquella región.

Reflexión: Si comparamos este pasaje de Mateo con sus paralelos de Marcos y Lucas, notaremos que su narración es más breve. No se detiene en detalles ni menciona a personajes secundarios. Su atención se centra en los diálogos, para resaltar que el milagro ocurre en un contexto de relaciones interpersonales, como respuesta a una petición llena de confianza. La fe, efectivamente, es eso, confiar en Cristo, encontrarse con Él, abandonarse en sus manos. Es lo que ocurre con Jairo y la mujer hemorroísa, tienen un encuentro personal con Jesús, cada uno a su modo, pero ambos con la misma confianza en Él. El Señor lo dice claro: «Tu fe te ha salvado».

Oración: Señor, danos tu gracia salvadora, ayúdanos a confiar siempre en ti en todo momento y circunstancia de nuestras vidas.

Martes 09 de julio
Nuestra Señora de Itatí
Os 8, 4-7.11.13; Sal 113b, 3-10; Mt 9, 32-38

Evangelio: En aquel tiempo, presentaron a Jesús un mudo endemoniado. Y expulsando el demonio, el mudo comenzó a hablar. Y la gente decía admirada: «Nunca se ha visto en Israel cosa igual». En cambio, los fariseos decían: «Este expulsa los demonios con el poder del príncipe de los demonios». Jesús recorría todas las ciudades y pueblos, enseñando en sus sinagogas, anunciando el Evangelio del Reino y curando todas las enfermedades y todas las dolencias. Al ver a la gente, sintió compasión de ellos, porque estaban cansados y abandonados, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo Jesús a sus discípulos: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos; rueguen, pues, al dueño de la cosecha que mande trabajadores para la cosecha».

Reflexión: La atención al prójimo es lo central en la actividad de Jesús. Pero más que en eso, el evangelio de hoy se centra en la reacción de la gente. La gente sencilla se maravilla de la obra que realiza Jesús, ven en ella el cumplimiento de las promesas mesiánicas, y exclaman: «Nunca se ha visto cosa igual en Israel». Los fariseos, en cambio, cierran sus corazones. En vez de ver en las curaciones la manifestación del poder salvífico de Dios, usan los milagros como argumento para acusarlo de que actúa «con el poder del príncipe de los demonios». Este enfrentamiento anticipa el conflicto final que llevará a Jesús a la cruz.

Oración: Señor Jesús, ayúdanos a que con nuestras acciones aportemos alivio a las otras personas y seamos congruentes con tu Evangelio.

Miércoles 10 de julio
Ss. Agustín Zhao Rong, presbítero, y Comps., mártires
Os 10, 1-3.7-8.12; Sal 104, 2-7; Mt 10, 1-7

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús, llamando a sus doce discípulos, les dio poder para expulsar espíritus impuros y curar toda enfermedad y dolencia. Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro y su hermano Andrés; Santiago el hijo de Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo, el publicano; Santiago el hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón, el Cananeo, y Judas Iscariote, el que lo entregó. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: «No vayan a tierra de paganos, ni entren en las ciudades de Samaria, sino vayan a las ovejas descarriadas de Israel. Vayan y proclamen que el Reino de los Cielos está cerca».

Reflexión: Dios ama a todas sus hijas e hijos, y a cada una y uno nos concede una vocación, es decir, un camino específico para que cada quien nos desempeñemos en la vida. El evangelio de hoy nos habla de los doce apóstoles, un pequeño grupo de personas bien dispuestas que darán origen al Israel de la nueva alianza. Ellos serán los encargados de propagar el mensaje de Jesús, el Evangelio del Reino. Con sus palabras y sus signos, continuarán la misión de Jesús, seguros de que Él siempre está presente. Por eso, les dirá: «El que los recibe a ustedes, me recibe a mí, y el que me recibe a mí, recibe a quien me envió» (Mt 10, 40).

Oración: Señor, que siempre estemos atentos a la escucha de tu Palabra, que seamos conscientes que tú eres nuestro camino al Padre.

 
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