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2MEDITACIÓN DIARIA DEL EVANGELIO - JUNIO
-Por Padre Carlos R. De Almeida-

Intención del papa Francisco para el mes de JUNIO: Recemos para que aquellos que sufren encuentren caminos de vida, dejándose tocar por el Corazón de Jesús.

Lunes 1 de junio
B. Virgen María, Madre de la Iglesia

Evangelio de Marcos 12, 1-12:

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.

Reflexión:

Hoy contemplamos a María, como Madre de esa comunidad ungida por el Espíritu Santo y que se llama Iglesia. Nos encontramos con una verdad profunda sobre la Santísima Virgen María. En efecto, al ser María la Madre de Cristo, Cabeza de la Iglesia, lo es también de todo el cuerpo místico de su Hijo. María ejerce una verdadera maternidad espiritual sobre cada uno de los miembros de la Iglesia. Para ella, todos somos importantes y lo que desea es que vivamos siempre unidos como hermanos de Cristo Jesús. ¡Qué consolador es saber que todos los discípulos de Jesús tenemos una Madre común, que nos acompaña y protege para vivir, con fidelidad, nuestra vocación dentro de la Iglesia!

Martes 2 de junio
Santos Marcelino y Pedro, mártires

Evangelio de Marcos 12,13-17:

En aquel tiempo, enviaron contra Jesús unos fariseos y herodianos para atraparlo con alguna pregunta. Se acercaron y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres sincero y que no te cuidas de nadie; porque no miras la apariencia de las personas, sino que enseñas según la verdad el camino de Dios. ¿Es lícito pagar impuesto al César o no? ¿Pagamos o no pagamos?». Jesús, dándose cuenta de la hipocresía de ellos, les replicó: «¿Por qué me ponen a prueba? Tráiganme un denario, para que lo vea». Ellos le trajeron. Y él les preguntó: «¿De quién es esta imagen y esta inscripción?». Le contestaron: «Del César». Y Jesús les dijo: «Den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios». Y ellos quedaron admirados por su respuesta.

Reflexión:
En estos tiempos, en que desgraciadamente impera la corrupción en todos los niveles, nos hace bien meditar este pasaje del Evangelio, pues los deberes con el César son los deberes ciudadanos. Siempre se ha dicho que un buen cristiano es un buen ciudadano. Jesús nos enseña, con claridad, que debemos cumplir con rectitud nuestros deberes ciudadanos. El cristiano tiene que ser ejemplar en el cumplimiento de sus responsabilidades con la sociedad. Nunca habrá oposición entre los deberes con Dios y los deberes ciudadanos; más aún, cuando nosotros somos honestos y hacemos correctamente las exigencias de nuestra vocación, dentro de la sociedad, estamos dando gloria a Dios.

Miércoles 3 de junio
Ss. Carlos Lwanga y compañeros mártires

Evangelio de Marcos 12, 18-27:

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, los cuales dicen que no hay resurrección, y le preguntaron: «Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero no hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano”. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos; el segundo se casó con la viuda y murió también sin hijos; lo mismo el tercero; y ninguno de los siete dejó hijos. Por último, murió también la mujer. A causa de la resurrección, cuando resuciten, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete han estado casados con ella». Jesús les respondió: «Están equivocados, porque no entienden la Escritura ni la potencia de Dios. Pues cuando resuciten de entre los muertos, ni los hombres se casarán, ni las mujeres serán dadas en matrimonio; serán como ángeles que están en los cielos. Y a propósito de que los muertos resucitan, ¿no han leído en el libro de Moisés, en el episodio de la zarza, lo que le dijo Dios: “¿Yo soy el Dios de Abrahán, ¿el Dios de Isaac, el Dios de Jacob”? No es Dios de muertos, sino de vivos. Ustedes están muy equivocados».

Reflexión:
Jesús proclama la resurrección universal y, de esta manera, refuta con contundencia el error de los saduceos, quienes negaban esta verdad. Hoy, también hay quienes vapulean u objetan, al igual que los saduceos, la verdad de la resurrección olvidándose que el poder de Dios es capaz de reunir nuestros cuerpos con nuestras almas.
En otras palabras, Dios tiene el poder para reconstituir a la persona humana, que es unidad de cuerpo y alma. Nosotros creemos en un Dios vivo, que trae vida, y creemos firmemente en que resucitaremos gracias al poder de Dios. Asimismo, fundamentamos nuestra resurrección en la resurrección de Cristo: Él ha resucitado como primicia, es decir, es el primero que ha vencido a la muerte; luego, cuando venga por segunda vez, resucitaremos nosotros.

Jueves 4 de junio

Evangelio de Lucas 22,14-20:

En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar al gentío del reino de Dios y curó a los que lo necesitaban. Caía la tarde, y los Doce se le acercaron a decirle: «Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en descampado». Él les contestó: «Denles ustedes mismos de comer». Ellos replicaron: «No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para todo este gentío». Porque eran unos cinco mil hombres. Jesús dijo a sus discípulos: «Díganles que se echen en grupos de cincuenta». Lo hicieron así, y todos se echaron. Él, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y cogieron las sobras: doce cestos.

Reflexión:

Hoy celebramos a Jesús como Sumo y Eterno Sacerdote. Conviene explicar el motivo de esta fiesta. Lo propio de un sacerdote es hacer de mediador, entre lo divino y lo humano, a través de un sacrificio. Debemos tener presente que el único sacrificio que salva a los hombres es el realizado por Cristo, en la Cruz, y no hay otro mediador que Cristo Jesús, porque en Él se une lo humano y lo divino. Por ello, Jesús es el sacerdote insuperable, solo Él nos puede unir al Padre con la fuerza del Espíritu Santo. Al mismo tiempo, nosotros, desde el día de nuestro bautismo, participamos del sacerdocio de Cristo, es decir, estamos llamados a ser ofrendas vivas al Padre con la unción del Espíritu Santo. Tomemos conciencia de que unidos a Jesús, Sumo y Eterno sacerdote, nosotros vivimos como hostias vivas, santas y agradables a Dios Padre (cf. Rm 12, 1).

Viernes 5 de junio
San Bonifacio, obispo y mártir

Evangelio de Marcos 12, 35-37:

En aquel tiempo, mientras enseñaba en el Templo, Jesús preguntó: «¿Cómo dicen los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David dijo inspirado por el Espíritu Santo: “Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha y haré de tus enemigos estrado de tus pies”. Si el mismo David lo llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?». La gente, que era mucha, disfrutaba escuchándolo.

Reflexión:
Escuchando a Jesús. ¡Qué expresión tan elocuente! El Evangelio de hoy
nos enseña que la gente disfrutaba escuchar esta escena, nos imaginamos cómo la gente sencilla acogía las palabras del Señor, pues estas daban sentido a sus vidas. Nosotros también estamos llamados a disfrutar, a gozar profundamente, cuando escuchamos a Jesús, que nos habla hoy en la proclamación del Evangelio. En cambio, qué dureza la de los letrados y fariseos quienes, a pesar de considerarse expertos en la ley, no reciben con el corazón abierto la Buena Noticia que trae Jesús. Pidamos siempre al Señor que nos dé un corazón sencillo, capaz de disfrutar de sus enseñanzas, porque en ellas encontramos la verdadera luz para nuestra vida.

Sábado 6 de junio
San Norberto, obispo; san Marcelino Champagnat, religioso

Evangelio de Marcos 12, 38-44:

En aquel tiempo, enseñaba Jesús a la gente, y les decía: «¡Cuídense de los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Estos recibirán una sentencia muy severa». Y estando Jesús sentado delante del ánfora de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad. Se acercó una viuda pobre y puso dos monedas de poco valor. Y llamando a sus discípulos, les dijo: «En verdad les digo que esta pobre viuda ha puesto en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ella, en su pobreza, ha dado todo lo que tenía para vivir».

Reflexión:

Jesús nos pone como modelo a una viuda pobre. La razón es que ella dio todo lo que tenía y no las sobras. Esto debemos aplicarlo en nuestra relación con Dios. Al Señor no le importa la cantidad, eso es lo de menos, lo que le importa es la calidad. Y para Dios, la calidad consiste en darlo todo. Él no quiere las sobras, lo quiere todo. O le damos todo nuestro ser a Dios o no le damos nada. Cuántas veces acallamos nuestra conciencia dándole solo sobras a Dios. Por ejemplo, quien piensa que cumple con Dios porque reserva una hora para la misa dominical, pero las demás horas de la semana se desconecta de Dios, está mostrando poca generosidad. La entrega a Dios debe ser total.

Domingo 7 de junio
Santísima Trinidad

Evangelio de Juan 3, 16-18:
“Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por medio de él. El que cree en él no será condenado; por el contrario, el que no cree ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios”.

Reflexión:
La verdad central de nuestra fe es el misterio de la Santísima Trinidad. Nosotros no creemos en un Dios solitario, sino en un Dios uno y trino. El Padre es Dios, el Hijo es Dios, el Espíritu Santo es Dios: no son tres dioses, sino un solo Dios vivo y verdadero y tres personas divinas. Toda nuestra vida cristiana está marcada por la acción de la Trinidad. Desde el día de nuestro Bautismo somos hijos de Dios Padre, por Cristo, gracias a la acción vivificante del Espíritu Santo. Y estamos llamados a relacionarnos con cada persona divina, sabiendo que son inseparables, pues donde está una de ellas están las otras dos. Cada día de nuestra vida debemos relacionarnos, mediante la fe y el amor, con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Lunes 8 de junio
San Fortunato, san Medardo, san Armando

Evangelio de Mateo 4, 25-5,12:

En aquel tiempo, al ver la muchedumbre, Jesús subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y comenzó a hablar y les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los que sufren, porque ellos heredarán la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán la misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados ustedes cuando les insulten y les persigan y les calumnien de cualquier modo por mi causa. Estén alegres y contentos, porque su recompensa será grande en el cielo, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a ustedes».

Reflexión:

Las bienaventuranzas expresan el programa de vida de un verdadero discípulo de Jesús. Vivir cada una de ellas, con todas las exigencias que implican, nos llevará a la santidad. En efecto, los santos de la Iglesia han vivido las bienaventuranzas con radicalidad. Hoy en día vivimos en una sociedad que promueve todo lo contrario a las bienaventuranzas; por poner un ejemplo, Jesús nos habla de la pobreza, es decir, del desprendimiento, pero la sociedad nos seduce con el consumismo haciéndonos creer que valemos por lo que tenemos y no por lo que somos. Por ello, no es fácil vivir lo que nos pide Jesús. En verdad, hay que ir en contra de la corriente, pero el Señor nos da su gracia para que podamos plasmar cada bienaventuranza en nuestra existencia.

Martes 9 de junio
San Efrén, diácono y doctor

Evangelio de Mateo 5, 13-16:

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve insípida, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino para ponerla en el candelero y así alumbre a todos los de casa. Del mismo modo, alumbre la luz de ustedes delante de los hombres, para que vean sus buenas obras y den gloria a su Padre que está en el cielo».

Reflexión:
Hace algún tiempo escuché que si el mundo anda mal es por culpa de los discípulos de Cristo. ¿Por qué? Porque nosotros, en lugar de ser sal, somos insípidos y en lugar de ser luz, somos oscuridad. Dicho en otras palabras, quienes nos llamamos seguidores de Cristo no estamos dando testimonio. Por ello, el Evangelio de hoy nos debe sacudir profundamente. Ahí donde yo esté, ya sea en mi casa, en el trabajo, en la calle, etc., tengo que ser sal y luz. Debo ser sal llevando el sabor del Evangelio, que siempre es una Buena Noticia. Debo ser luz predicando con el buen ejemplo. Solo si reflejo a Cristo en mi vida seré sal y luz de la tierra. Caso contrario, estoy dando un mal testimonio y permito que el antievangélico gane terreno.

Miércoles 10 de junio
Santa Paulina

Evangelio de Mateo 5, 17-19:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No crean que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar pleno cumplimiento. En verdad les digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley. El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres, será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos».
Reflexión:
Al leer el Antiguo Testamento, aprendemos que Dios guía a su pueblo
mediante una ley que, sobre todo, está expresada en lo que llamamos el decálogo (cf. Ex 20, 1-10; Dt 5). Jesús no viene a eliminar el decálogo, sino que lo lleva a su plenitud. Esto nos lleva a señalar que Jesús no solo confirma la validez de cada uno de los mandamientos, sino que nos da la gracia para poder cumplirlos. Es imposible vivir cada uno de los mandamientos si no acogemos la gracia de Cristo. Además, Jesús nos enseña, con claridad, que todos los mandamientos están contenidos en el amor a Dios y al prójimo. De ahí que san Agustín decía lo siguiente: «Ama y haz lo que quieras».

Jueves 11 de junio
San Bernabé, apóstol

Evangelio de Mateo 10, 7-13:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «Vayan y proclamen que el reino de los cielos está cerca. Curen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos, echen demonios. Lo que han recibido gratis, denlo gratis. No lleven en la faja oro, plata ni calderilla; ni tampoco alforja para el camino, ni túnica de repuesto, ni sandalias, ni bastón; bien merece el obrero su sustento. Cuando entren en un pueblo o aldea, averigüen quién hay allí de confianza y quédense en su casa hasta que se vayan. Al entrar en una casa, saluden si la casa se lo merece, la paz que le desean vendrá a ella. Si no se lo merece, la paz volverá a ustedes».

Reflexión:
San Bernabé es llamado también apóstol, aunque no formó parte de los Doce. Los Hechos de los Apóstoles nos dicen que era un hombre de bien, lleno del Espíritu Santo y de fe (cf. Hch 11, 24). Aquí tenemos tres características para poder tener eficacia en nuestro apostolado como san Bernabé. Estamos llamados a ser hombres de bien que, donde están, practican la caridad, que es la reina de las virtudes y síntesis de toda la vida cristiana. Debemos ser personas llenas del Espíritu Santo, pues solo si nos dejamos llevar por el Paráclito, podremos evangelizar a tiempo y a destiempo. Al igual que san Bernabé, tenemos que ser fuertes en la fe. Quien tiene una fe sólida comunica con firmeza el Evangelio.

Viernes 12 de junio
San Onofre, ermitaño

Evangelio de Mateo 5, 27-32:

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Han oído ustedes que se dijo “no cometerás adulterio”. Pero yo les digo: El que mira a una mujer y la desea, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón. Si tu ojo derecho te hace caer en pecado, córtatelo y tíralo. Más te vale perder
un miembro que ser echado entero en el infierno. Si tu mano derecha te hace caer en pecado, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero al infierno. Está mandado: “El que se separe de su mujer, que le dé acta de divorcio”. Pues yo les digo: El que se divorcie de su mujer, salvo en caso de unión ilegítima, la expone al adulterio, y el que se case con la divorciada comete adulterio».

Reflexión:
Dios al crear al varón y la mujer los hace complementarios. Es lo que
llamamos la complementariedad sexual, que es la base del matrimonio. Jesús asume esta realidad, que viene de la creación, y la eleva a sacramento. Es decir, que el matrimonio, como sacramento, es una realidad sagrada. Y, con claridad, el Señor afirma las propiedades que trae el sacramento del matrimonio: la unidad y la indisolubilidad. La unidad implica decir que el matrimonio es uno con una y no admite terceras personas. La indisolubilidad nos lleva a remarcar que el matrimonio es uno con una hasta que la muerte los separe. Urge hoy hacer un apostolado eficaz a los jóvenes para que conozcan las exigencias de la vida matrimonial y tomen conciencia de que es una realidad sagrada.

Sábado 13 de junio
San Antonio de Padua, doctor

Evangelio de Mateo 5, 33-37:
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Han oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso” y “cumplirás lo que hayas prometido al Señor bajo juramento”. Pues yo les digo que no juren en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por 238 la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro ni un solo cabello. A ustedes les basta decir “sí” o “no”. Lo que se le añade viene del Maligno».

Reflexión:
Jesús profundiza en cada uno de los mandamientos. Cuando la Palabra de Dios nos habla de no jurar en falso nos está pidiendo, en realidad, vivir con absoluta sinceridad. Se trata de un compromiso radical con la verdad. Ante Cristo, que es la verdad, no caben las mentiras de ningún tipo. Nuestro sí debe ser en verdad sí y nuestro no, en verdad debe ser no. Ciertamente no es fácil ser radicalmente sinceros, pues siempre tenemos la inclinación a maquillar nuestras mentiras con un barniz de verdad. Hagamos el propósito firme de vivir la sinceridad. No admitamos en nuestra vida ningún compromiso con la mentira. No olvidemos que los pactos con la mentira, en realidad, son pactos con el maligno.

Domingo 14 de junio
Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

Evangelio de Juan 6, 51-58:

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo». Los judíos se pusieron a discutir entre sí: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?». Entonces Jesús les dijo: «Les aseguro que, si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo: no es como el maná que comieron sus padres y murieron; el que come de este pan vivirá para siempre».

Reflexión:
En esta solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo demos gracias al Señor por su presencia real en el sacramento de la Eucaristía. Siempre nos quedaremos cortos ante este misterio de fe y amor. La Eucaristía es un misterio de fe, pues en ella reconocemos la presencia real de Jesús, bajo las apariencias de pan y vino. Solo quien tiene fe eucarística puede postrarse en adoración ante el sacramento de los sacramentos, el amor de los amores. Y la Eucaristía es un misterio de amor. ¿Cómo explicar el deseo del Señor de quedarse en la Eucaristía? Solo el amor lo puede explicar. Jesús se quedó realmente en medio de nosotros en la Eucaristía porque nos ama. El amor es capaz de hacer locuras y, ante el amor que nos muestra Jesús en la Eucaristía, qué nos queda sino responderle con nuestro amor.

Lunes 15 de junio
San Vito; santa María Micaela

Evangelio de Mateo 5, 38-42:

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Ustedes han oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente”. Yo, en cambio, les digo: No hagan frente al que los agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te obligue para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale; y al que te pide prestado, no le vuelvas la espalda».

Reflexión:

Es común afirmar que debemos vengarnos si alguien nos ha hecho algún daño. Por eso, en la sociedad reina el rencor y la revancha, esto es fuente de conflictos y roces de todo tipo. Frente a ello, Jesús nos muestra una forma distinta de comportarnos con los demás. Él nos ha dado el ejemplo, pensemos en la forma cómo el Señor vivió su pasión y su muerte en la cruz. Jesús nunca se expresó mal de quienes lo maltrataron, al contrario, sus palabras estaban llenas de perdón. Tenemos que imitar al Maestro. Se tiene que notar que somos de Cristo porque no vivimos la ley de la venganza, que envenena el corazón. Frente a quienes nos han agraviado, insultado o herido de alguna manera, «reaccionemos» al estilo de Jesús: con la oración y el perdón.

Martes 16 de junio
San Aureliano, obispo

Evangelio de Mateo 5, 43-48:

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Ustedes han oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y odiarás a tu enemigo. Yo, en cambio, les digo: Amen a sus enemigos, y oren por quienes los persiguen. Así serán hijos del Padre que está en el cielo, que hace salir el sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.
Porque, si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué premio tendrán? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludan solo a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los paganos? Por tanto, sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto».

Reflexión:
Jesús no quiere de nosotros una vida mediocre. Al contrario, el Señor
indica que debemos ser perfectos como nuestro Padre celestial lo es. Pero ¿a qué perfección se refiere Jesús? El Señor no habla de un «perfeccionismo», sino que nos está afirmando la exigencia de la santidad. El cristiano no es «un impecable» que no cae, es aquel que, siendo consciente de sus debilidades, miserias y fragilidades, se deja transformar por Cristo. Esa es la perfección que nos pide Jesús, abrirse al único que nos hace santos, Dios uno y trino. Es la apertura total a Dios lo que nos llevará a reflejar a Cristo. Tomemos conciencia de que sí podemos vivir esa perfección. El Señor es capaz de hacer maravillas con nuestra debilidad. Él nos hace santos; no pongamos obstáculos.

Miércoles 17 de junio
San Ismael

Evangelio de Mateo 6, 1 -6. 16-1:
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Tengan cuidado de no practicar las buenas obras delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendrán la recompensa del Padre de ustedes que está en el cielo. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; les aseguro que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ustedes oren, no sean como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean la gente. Les aseguro que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ayunen, no pongan cara triste, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Les aseguro que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará».

Reflexión:
Jesús nos enseña la importancia de la rectitud de intención. Se trata de hacer obras buenas no para agradar a la gente, sino solo a Dios. Por ello, todo el bien que nosotros hagamos tenemos que realizarlo en silencio, con naturalidad, sin buscar el aplauso y el elogio de los demás. Orar, ofrecer sacrificios a Dios y practicar las obras de misericordia son acciones necesarias que brotan de nuestra fe y que todos debemos practicar; pero las arruinamos cuando falta rectitud de intención. San Agustín nos dirá, de una forma genial, que si damos limosna para que nos vean, hemos perdido la limosna y nuestra alma. Hoy, que tanto se propaga en la sociedad el «cuidado de la imagen», nos hace bien remarcar que quien sigue a Cristo no cuida su imagen ante los demás, sino que obra el bien, sin buscar una buena imagen.

Jueves 18 de junio
San Gregorio Barbarigo, obispo

Evangelio de Mateo 6, 7-15:

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuando oren, no usen muchas palabras, como hacen los paganos, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No hagan como ellos, porque el Padre de ustedes, ya sabe lo que a ustedes les hace falta antes de que se lo pidan. Ustedes oren así: “Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que ofenden, no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal”. Porque si perdonan sus faltas a los demás, también nuestro Padre que está en el cielo, los perdonará a ustedes. Pero si no perdonan a los demás, tampoco su Padre los perdonará a ustedes».

Reflexión:
Hay muchas formas de orar. No podemos uniformizar la oración
cristiana solo a un estilo. Clásicamente se habla de la «oración mental» llamada, comúnmente, meditación y de la «oración vocal», que consiste en recitar palabras fijas, lo que se llama «rezar». En el Evangelio de hoy, Jesús nos enseña una oración vocal: el padrenuestro. Hay que erradicar de nuestra vida espiritual el prejuicio de pensar que la oración vocal no tiene la fuerza de la meditación. No hay que oponer, sino integrar ambas formas de oración. Lo importante es orar con atención, fe, piedad y amor, ya sea de manera mental o de vocal. Es bueno recordar que la peor oración es la que no se hace. Cuidemos siempre nuestros momentos de oración, ya sea de forma vocal o mental.

Viernes 19 de junio
Sagrado Corazón de Jesús

Evangelio de Mateo 11, 25-30:
En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Te doy gracias, Padre,
Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré.
Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán su descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

Reflexión:
La palabra corazón, en la Biblia, aparece con frecuencia.
Solo en el Antiguo Testamento está presente alrededor de 1500 veces. En el lenguaje bíblico, corazón expresa la interioridad de una persona, es el centro de su ser, la sede de sus deseos, anhelos y sentimientos. Hoy, en esta solemnidad, conviene enfatizar que la verdadera devoción al Sagrado Corazón de Jesús exige contemplar su amor infinito por nosotros, un amor que no conoce límites, pues nos ama hasta el extremo. El corazón más misericordioso es el Sagrado Corazón de Jesús. Es el corazón humano de Dios. Es el corazón donde todos los hombres tienen siempre un lugar, pues está abierto a todos, sin conocer diferencias. Al mismo tiempo, estamos llamados a pedirle al Señor que configure nuestro corazón con el suyo. Seamos misericordiosos como Jesús. No nos cansemos de decir todos los días: «Sagrado Corazón de Jesús, haz mi corazón semejante al tuyo».

Sábado 20 de junio
Inmaculado Corazón de María

Evangelio de Lucas 2, 41-51:
Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua. Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. Estos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca. A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas; todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba. Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados». Él les contestó: «¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debía estar en la casa de mi Padre?» Pero ellos no comprendieron lo que quería decir. Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón.

Reflexión:
Ayer celebrábamos al Sagrado Corazón de Jesús, hoy contemplamos
al corazón que más se parece al de Jesús. Es el Inmaculado Corazón de María.
Al respecto, quisiera hacer notar que el Evangelio según san Lucas indica, dos veces, que María todo lo que veía de su Hijo lo guardaba y lo meditaba en su corazón (cf. Lc 2, 19.51). Así es el corazón de María, es un corazón totalmente cristificado, un corazón abierto de par en par al Señor. Es un corazón que refleja totalmente a Cristo. Aprendamos de la Santísima Virgen María a orientar nuestro corazón, es decir, nuestra interioridad hacia Cristo. Al mismo tiempo, acudamos siempre al Inmaculado Corazón de María. Si nos refugiamos en el Corazón de María, experimentaremos no solo la ternura de nuestra madre, sino que ella nos llevará directamente al corazón de su Hijo, puesto que es como una barca que nos introduce en ese océano de misericordia, que es el Sagrado Corazón de Jesús.

Domingo 21 de junio
XII del Tiempo Ordinario

Evangelio de Mateo 10, 26-33:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «No tengan miedo a los hombres, porque no hay nada secreto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse. Lo que les digo de noche díganlo ustedes en pleno día, y lo que escuchen al oído pregónenlo desde la azotea.
No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unas moneditas? Y, sin embargo, ni uno de ellos cae al suelo sin que el Padre de ustedes lo disponga. En cuanto a ustedes hasta los cabellos de la cabeza él los tiene contados. Por eso, no tengan miedo; no hay comparación entre ustedes y los gorriones. Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte delante de mi Padre que está en el cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré delante de mi Padre que está en el cielo».

Reflexión:
Una de las expresiones que más aparece en los labios de Jesús es: «No tengan miedo». Es necesario que asumamos, de verdad, este imperativo del Señor, pues es una orden. En efecto, Jesús nos manda no tener miedo a nada ni a nadie. Esto será posible solo si nos apoyamos de verdad en Él. Quien se abandona en el Señor, con todo su ser, nunca tendrá miedo; al contrario, siempre encontrará la fortaleza para asumir los problemas, las contrariedades y frustraciones que siempre aparecen en nuestra vida. Hoy, en el Evangelio, Jesús nos pide tomar conciencia de la providencia divina. Tomemos en serio una verdad sobre Dios: Él nos cuida, más aún, somos cuidados más que los gorriones y las demás criaturas del mundo visible. Qué paz trae meditar en que, en Cristo Jesús, somos hijos de un Padre que, pase lo pase, siempre nos cuida.

Lunes 22 de junio
Ss. Juan Fisher y Tomás Moro, mártires

Evangelio de Mateo 7, 1-5:
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No juzguen y no serán juzgados; porque con el juicio con que ustedes juzguen serán juzgados, y la medida que usen, la usarán con ustedes. ¿Por qué te fijas en la paja que tiene tu hermano en el ojo y no te fijas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “¿Déjame sacarte esa paja del ojo”, teniendo una viga en el tuyo? Hipócrita; sácate primero la viga del ojo; entonces verás claro y podrás sacar la paja del ojo de tu hermano».

Reflexión:
Todos tenemos siempre la inclinación a juzgar y condenar a los demás.
Pero el Señor nos pide una auténtica conversión al respecto, pues, con claridad, afirma que no debemos juzgar ni condenar. Esto no significa ser cómplices o permisivos con el mal comportamiento, pues no olvidemos que también Jesús nos habla de la corrección fraterna. Lo que nos quiere decir Jesús es que nuestra reacción ante el mal comportamiento que percibimos de los demás no puede ser el juicio que condena, destruye y aplasta. El juicio es de Dios. Lo que a nosotros nos corresponde es ayudar al hermano a salir del error, acompañarlo con la oración y el buen ejemplo, no aplastar, sino levantar al caído. Pidamos al Señor que nos contagie su mirada misericordiosa, que ayuda siempre al caído y no lo destruye.

Martes 23 de junio
San José Cafasso

Evangelio de Mateo 7, 6. 12-14:

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No den lo que es santo a los perros, ni arrojen sus perlas a los cerdos; no sea que las pisoteen y después se vuelvan contra ustedes para destrozarlos. Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas. Entren por la puerta estrecha. Porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y son pocos los que lo encuentran».

Reflexión:
La imagen de la «puerta estrecha» que hoy Jesús nos presenta, en el
Evangelio, debe llevarnos a estar convencidos de las exigencias propias de nuestra fe cristiana. Quien ha optado de verdad por Cristo, ha elegido entrar por una puerta estrecha y no por una amplia. Aquí nos encontramos con dos alternativas: o asumimos libremente y con alegría una serie de sacrificios que nos van a configurar con Cristo, o asumimos una vida sometida a las ofertas de la mundanidad.
Con la imagen de la puerta estrecha, Jesús nos está hablando del esfuerzo por llevar un estilo de vida donde, necesariamente, hay que dejar de lado comportamientos que son fáciles de practicar, placenteros y con fachada de felicidad, pero que nos conducen a la puerta ancha, que lleva al alejamiento de Dios. Solo la puerta estrecha conduce al cielo. Vale la pena exigirse sostenidos siempre por la gracia del Señor.

Miércoles 24 de junio
Natividad de san Juan Bautista

Evangelio de Lucas 1, 57-66.80:

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban. A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo: «¡No! Se va a llamar Juan». Le replicaron: «Ninguno de tus parientes se llama así». Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre». Todos se quedaron extrañados. Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios. Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo: «¿Qué va a ser este niño?». Porque la mano del Señor estaba con él. El niño iba creciendo, y su carácter se afianzaba; vivió en el desierto hasta que se presentó a Israel.

Reflexión:
Hoy celebramos el nacimiento de san Juan Bautista, el más grande de los
nacidos de mujer, en las palabras del mismo Señor. Celebrar la venida de este santo es una invitación a reflexionar en nuestra propia misión, con relación a Jesús. Juan el Bautista fue elegido para ser el último profeta de la antigua Ley. Él cumplió, a cabalidad, su tarea de anunciar directamente a Jesús como el Ungido, el Mesías prometido, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. También nosotros, al igual que Juan el Bautista, estamos en el mundo para realizar la misión de orientar a todos hacia Cristo. Juan el Bautista fue grande porque direccionó a todos hacia el único Salvador, Cristo Jesús. Aquí radica la grandeza de nuestra misión: en orientar siempre a los demás hacia el Señor.

Jueves 25 de junio
San Guillermo, abad

Evangelio de Mateo 7, 21-29:
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Aquel día, muchos dirán: “Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu Nombre, y en tu Nombre hemos echado demonios, y no hemos hecho en tu Nombre muchos milagros?”. Yo entonces les declararé: “Nunca los he conocido. Aléjense de mí, ustedes que obran el mal”. El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Vino la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y arremetieron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Vino la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y arremetieron contra la casa, y la casa se derrumbó totalmente». Al terminar Jesús de decir estas palabras, la gente estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como los escribas.

Reflexión:
Una de las imágenes bíblicas que se usan con frecuencia para referirse a Dios es
la roca (Dt 32, 15; Is. 30, 29). Sobre todo, hace referencia a la verdad y fidelidad
de Dios. Dicho en otras palabras, Dios no falla y cumple lo que promete, por eso
podemos apoyarnos en Él. En este sentido, cuando Jesús nos pide construir sobre roca y no sobre arena, lo que nos está pidiendo es desplegar nuestra existencia apoyándonos solo en Dios. Si el fundamento de nuestra vida es Dios, no habrá derrumbes existenciales. Al contrario, quien deja de lado a Dios en su vida y lo sustituye por dioses falsos, lleva una existencia que, a la larga, se termina por derrumbar. Solo si nosotros nos abandonamos totalmente en Dios, es decir, si centramos todo nuestro ser en ese Dios verdadero y fiel, podremos estar de pie ante las dificultades que nos encontraremos en nuestro caminar, pase lo que pase.

Viernes 26 de junio
San Josémaría Escrivá, fundador; san Pelayo

Evangelio de Mateo 8, 1-4:
En aquel tiempo, al bajar Jesús del monte, lo siguió mucha gente. En esto, se le acercó un leproso, se arrodilló y le dijo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme». Extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero, queda limpio». Y enseguida quedó limpio de la lepra. Jesús le dijo: «No se lo digas a nadie, pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y entrega la ofrenda que mandó Moisés para que les sirva de testimonio».

Reflexión:
Si nos fijamos en el leproso, que aparece en el Evangelio, podemos detectar una serie de acciones que podemos imitar para aplicarlas a nuestra oración, es decir, a nuestro diálogo con Jesús. En primer lugar, el leproso «se arrodilló». Es un gesto de humildad ante el Señor. También nosotros tenemos que ir a la oración con humildad. Ponerse de rodillas ante Dios expresa nuestra finitud y total sumisión ante Él. Dios es Dios, nosotros somos criaturas; nunca perdamos de vista esto. Un segundo punto es la petición que hace el leproso y que empieza: «Señor, si quieres…». Este hombre enfermo no pide obligando, al contrario, se pone a total disposición de la voluntad de Jesús. Esto también es humildad. A la oración, nosotros no vamos a obligar al Señor. Seamos humildes, Dios sabe más.

Sábado 27 de junio
San Cirilo de Alejandría, obispo y doctor

Evangelio de Mateo 8, 5-17:

En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole: «Señor, tengo en casa a mi siervo que está en cama paralítico y sufre mucho». Jesús le contestó: «Voy yo a curarlo». Pero el centurión le respondió: «Señor, no soy digno de que entres en mi casa. Pero una palabra tuya bastará para que mi siervo quede sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: “ve”, y va; al otro: “ven”, y viene; a mi criado: “Haz esto”, y lo hace». Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: «En verdad les digo que en Israel no he encontrado a nadie con tanta fe. Les digo que vendrán muchos de Oriente y Occidente y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; en cambio, a los hijos del reino los echarán fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes». Y al centurión le dijo: «Ve, que se cumpla lo que has creído». Y en aquel momento el criado quedó sano. Al llegar Jesús a casa de Pedro, encontró a la suegra de este en cama con fiebre; le tocó la mano, y la fiebre se le pasó. Ella se levantó y se puso a servirle. Al atardecer, le llevaron muchos endemoniados. Él, con una palabra, expulsó los espíritus y curó a todos los enfermos. Así se cumplió lo que dijo el profeta Isaías: «Él tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades».

Reflexión:
Un hombre no judío nos da una maravillosa lección de fe. Es un centurión, un soldado romano, quien nos enseña a confiar totalmente en la Palabra del Señor. Jesús mismo elogia la fe de este hombre indicando que no ha encontrado, entre los judíos, tanta fe. Aprendamos del centurión a buscar a Jesús con fe y a pedirle lo que necesitamos, con una total confianza en Él. Para el centurión, la necesidad más apremiante, aquello que tenía en su corazón y lo tenía preocupado, era su criado enfermo, por eso pide por su sanación. Yo, ¿qué necesidades apremiantes tengo? ¿Pido al Señor con fe? Que nuestras peticiones las hagamos con fe verdadera. No caigamos en la rutina de pedir por pedir, es decir, de una manera mecánica. Examinemos si nuestras peticiones llevan de verdad la huella de la fe.

Domingo 28 de junio
XIII Semana del Tiempo Ordinario

Evangelio de Mateo 10, 37-42:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí. El que trate de salvar su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la salvará. El que los recibe a ustedes me recibe a mí, y el que me recibe a mí recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta tendrá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo tendrá recompensa de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, les aseguro que no perderá su recompensa».

Reflexión:
Jesús nos pide colocarlo en el primer lugar de nuestro corazón. Es decir, nos exige la primacía de nuestro amor. Así es como tenemos que entender sus palabras de quererlo más que a nuestros padres y demás familiares. No se trata de relegar a nuestros familiares o no amarlos, más bien, amarlos con el amor de Cristo. Quien deja que Cristo sea lo primero en su vida, amará correctamente a sus padres, hermanos, cónyuge, hijos, etc. Hay un orden en el amor: primero siempre es el Señor y se ama a los demás en Cristo. Solo si Cristo tiene la primacía en nosotros, podremos darnos sin medida a los demás. Quien se ha entregado totalmente a Cristo es capaz de pensar siempre en el bien de los demás, servirlos, cuidarlos, amarlos hasta el extremo. Dejemos que Cristo sea nuestro primer amor, y amaremos de verdad a los demás.

Lunes 29 de junio
Santos Pedro y Pablo, apóstoles

Evangelio de Mateo 16, 13-19

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?». Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas». Él les preguntó: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?». Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». Jesús le respondió: «¡Dichoso tú, ¡Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo». Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo».

Reflexión:
En esta solemnidad de los apóstoles Pedro y Pablo estamos llamados a meditar en nuestra comunión con el papa, sucesor de Pedro, la roca sólida donde se apoya la Iglesia que Cristo fundó. Forma parte de nuestra identidad católica el vínculo con el Santo Padre. Es una expresión nítida de la apostolicidad de la Iglesia, pues nosotros formamos parte de una comunidad que vive y celebra una fe transmitida, desde los apóstoles hasta nuestros días, por sus sucesores los obispos y donde el papel del obispo de Roma, es decir el papa, es fundamental, pues es principio de unidad. Recemos siempre por el Santo Padre, para que no cese de confirmarnos en la fe. Escuchemos siempre la voz del papa y, sobre todo, apoyémosle con nuestro testimonio, así descargaremos de sus hombros la pesada cruz del gobierno de toda la Iglesia.

Martes 30 de junio
Santos Protomártires Romanos

Evangelio de Mateo 8, 23-27:

En aquel tiempo, Jesús subió a la barca y sus discípulos lo siguieron. De pronto, se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca. Mientras tanto, Jesús dormía. Acercándose a él sus discípulos, lo despertaron, diciéndole: «¡Señor, sálvanos, que nos hundimos!». Él les respondió: «¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?». Y levantándose, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran calma. Ellos se preguntaban admirados: «¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?».

Reflexión:
El pasaje de hoy nos muestra la verdad de Cristo: Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre. Como verdadero hombre, vemos a Jesús que duerme en una barca. Quizá ha tenido una jornada agotadora porque estuvo predicando por los pueblos de Palestina. Nos debe animar el hecho de que el Señor ha asumido nuestra naturaleza humana haciéndose solidario también con nuestros cansancios. Pero, además, Jesús aparece como verdadero Dios, pues muestra su poder sobre la naturaleza, calmando un temporal que parecía hundir la barca. Y el Señor llama la atención a sus discípulos diciéndoles «hombres de poca fe» y dando a entender su cobardía. Aprendamos la lección: si portamos a Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, ¿por qué voy a tener miedo?

 
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