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MEDITACIÓN DIARIA
DEL EVANGELIO - MARZO 2026
-Por Padre Guillermo de Jesús Acero Alvarín-

Intención del Papa para el mes de marzo: Oremos porque las Naciones procedan a un desarme efectivo, particularmente el desarme nuclear, para que los líderes mundiales elijan el camino del diálogo y de la diplomacia en vez de la violencia.

 

DOMINGO 01 - 2° de CUARESMA
San Albino, obispo
Gn 12, 1-4a; Sal 32, 4-5.18-20.22; 2 Tm 1, 8b-10; Mt 17, 1-9

EVANGELIO: En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con Él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía: «Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escúchenlo». Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levántense, no teman». Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó: «No cuenten a nadie la visión hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos».

REFLEXIÓN: En medio de este camino cuaresmal, a más de uno puede sonarle desconcertante el evangelio de hoy. Sin embargo, es fundamental tener la meta clara cuando se avanza en una ruta. A quien no sabe a dónde va, cualquier camino le sirve. Nosotros marchamos a la Pascua en Jerusalén y Jesús es el camino. La brújula en este itinerario es la Palabra de Dios, representada por la ley (Moisés) y los profetas (Elías). La experiencia asombrosa al contemplar el brillo que emana de Jesús nos recuerda que no es la muerte la meta final, sino la resurrección. Ella será el nuevo comienzo de la formación de los discípulos.

ORACIÓN: Fortalece, Padre Dios, nuestros pasos vacilantes.
Queremos avanzar firmes con Jesús hacia la Pascua.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 1 MARZO 2026, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

LUNES 02
Santa Ángela de la Cruz
Dn 9, 4b-10; Sal 78, 8-9.11.13; Lc 6, 36-38

EVANGELIO: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Sean misericordiosos como su Padre es misericordioso; no juzguen, y no serán juzgados; no condenen, y no serán condenados; perdonen, y serán perdonados; den, y se les dará: les verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midan se les medirá a ustedes».

REFLEXIÓN: En este breve pasaje, Jesús nos brinda orientaciones sobre dos tendencias comunes: pretender ser maestros de los demás y querer erigirse como jueces suyos. Para Jesús, la ley suprema es siempre la caridad. No nos toca a nosotros estar de guardianes ni de jueces de nadie. ¿Quién somos para amonestar o corregir a los otros? Todos somos aprendices, discípulos, todos estamos en camino. El único maestro es Jesús, es Él a quien debemos mirar, su Evangelio a lo que debemos prestar oído. La vida cristiana no se expresa en grandes discursos ni menos en andar señalando o condenando a los demás. Lo que vale son los frutos, hacer nuestros los gestos y actitudes de Jesús.En el sermón del llano, Jesús nos invita a vivir la experiencia misericordiosa de Dios que nos acoge a todos y hace que todos seamos hermanos. La fraternidad que Jesús propone está fundada en la reciprocidad. Para motivarla, no recurre solo a fórmulas prohibitivas («No juzguen…»), sino también positivas, propositivas («Perdonen…»). Jesús nos instruye en una sabiduría que promueve el encuentro, el diálogo y la sana convivencia social, pero esta formación no es posible sin una actitud abierta y acogedora, además de creativa. Deja que la misericordia guíe tu discernimiento y tu horizonte de comprensión alcanzará la medida de Dios.

ORACIÓN: Dame, Jesús, un corazón misericordioso como el tuyo, que me enseñe a amar sin fronteras.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 2 MARZO 2026, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

MARTES 03
Santa Catalina Drexel
Is 1, 10.16-20; Sal 49, 8-9.16-17.21.23; Mt 23, 1-12

EVANGELIO: En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a los discípulos, diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: hagan y cumplan todo lo que les digan; pero no hagan lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen. Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame “rabbí”. Ustedes, en cambio, no se dejen llamar “rabbí”, porque uno solo es su maestro y todos ustedes son hermanos. Y no llamen padre de ustedes a nadie en la tierra, porque uno solo es su Padre, el del cielo. No se dejen llamar maestros, porque uno solo es su maestro, el Mesías. El primero entre ustedes será su servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

REFLEXIÓN: Jesús nos advierte que el comportamiento de algunos contemporáneos suyos, aunque eran personajes muy aceptados y respetados por la mayoría de la gente, no reflejaba los valores del Reino de Dios. La incoherencia entre palabra y acción, la ostentación de méritos, el reclamo de honores y privilegios son contrarios al proyecto del Mesías crucificado. Los discípulos de Jesús deben aprender el camino de la humildad, la fraternidad y estar atentos a desarmar todo mecanismo social que los lleve a la arrogancia, el arribismo y la vanagloria.

ORACIÓN: Jesús, que seamos siempre humildes como tú, con esa sencillez que pasa por la cruz y no le teme a la pequeñez.

 

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 3 MARZO 2026, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

MIÉRCOLES 04
San Casimiro (ML)
Jr 18, 18-20; Sal 30, 5-6.14-16; Mt 20, 17-28

EVANGELIO: En aquel tiempo, subiendo Jesús a Jerusalén, tomando aparte a los Doce, les dijo por el camino: «Miren, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del Hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de Él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará». Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: «¿Qué deseas?». Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu Reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda». Pero Jesús replicó: «No saben lo que piden. ¿Pueden beber el cáliz que yo he de beber?». Contestaron: «Podemos». Él les dijo: «Mi cáliz lo beberán; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre». Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra los dos hermanos. Y llamándolos, Jesús les dijo: «Saben que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre ustedes: el que quiera ser grande entre ustedes, que sea su servidor, y el que quiera ser primero entre ustedes, que sea su esclavo. Igual que el Hijo del Hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos».

REFLEXIÓN: Jesús anuncia por tercera vez el acontecimiento pascual. Es tan fuerte lo que dice que cualquiera reaccionaría con dolor y preocupación. No obstante, resulta molesta e incomprensible la actitud de los discípulos y de sus familiares. Están pensando en poder, autoridad, riqueza, dominio. No es que los discípulos no se puedan equivocar y haya que corregirlos, pero estamos ya a punto de llegar a Jerusalén y nada ha servido para cambiar su perspectiva egocéntrica. El servicio, al modo de Jesús, es el antídoto contra la ambición. Es el que nos cura del afán de poder.

ORACIÓN: Cambia mi mente, Jesús, para poder seguirte hasta la cruz, allí donde entregas tu vida por todos.

 

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 4 MARZO 2026, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

JUEVES 05
San Adrián, mártir
Jr 17, 5-10; Sal 1, 1-4.6; Lc 16, 19-31

EVANGELIO: Recibiste bienes y Lázaro males: ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado.
En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: «Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico. Y hasta los perros venían y le lamían las llagas. Sucedió que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico y fue enterrado. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno, y gritando, dijo: “Padre Abraham, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas”. Pero Abraham le dijo: “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado. Y, además, entre nosotros y ustedes se abre un abismo inmenso, para que los que quieran cruzar desde aquí hacia ustedes no puedan hacerlo, ni tampoco pasar de ahí hasta nosotros”. Él dijo: “Te ruego, entonces, padre, que lo mandes a casa de mi padre, pues tengo cinco hermanos: que les dé testimonio de estas cosas, no sea que también ellos vengan a este lugar de tormento”. Abraham le dice: “Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen”. Pero él le dijo: “No, padre Abraham. Pero si un muerto va a ellos, se arrepentirán”. Abraham le dijo: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto”».

REFLEXIÓN: Jesús nos propone hoy una parábola centrada en la misericordia y la justicia. De un lado, el rico anónimo, ostentoso, despilfarrador e indiferente; del otro, el pobre Lázaro —cuyo nombre nos indica que es socorrido por Dios—, indigente, abandonado de todos, compartiendo la suerte de los perros. Son extremos que aparentemente no se tocan en la tierra, pero se confrontan en la eternidad. Uno de los grandes misterios se revela: en el trato al pobre se define nuestra salvación. Si queremos saber cómo hacerlo, tenemos la Palabra de Dios que desenmascara las injusticias y nos invita a la conversión.

ORACIÓN: Bienaventurados los pobres porque de ellos es el corazón de Dios.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 5 MARZO 2026, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

 

VIERNES 06
Santa Rosa de Viterbo
Gn 37, 3-4.12-13a.17b-28; Sal 104, 16-21; Mt 21, 33-43.45-46

EVANGELIO: En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «Escuchen otra parábola: “Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos. Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo diciéndose: ‘Tendrán respeto a mi hijo’. Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: ‘Este es el heredero: vengan, lo matamos y nos quedamos con su herencia’. Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?”». Le contestan: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo». Y Jesús les dice: «¿No han leído nunca en la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”? Por eso les digo que se les quitará a ustedes el Reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos». Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos. Y, aunque intentaban echarle mano, temieron a la gente, que lo tenía por profeta.

REFLEXIÓN: La viña y el viñador son dos imágenes que han inspirado la poesía de Israel. También acompañan varios momentos de la formación de los discípulos en los Evangelios para referirse a las relaciones de Dios con su pueblo. Mateo, por su parte, añade un elemento nuevo en el pasaje de hoy: la misión del Hijo y la reacción de los viñadores. Los múltiples enviados del dueño de la viña son rechazados por los viñadores y el Hijo es asesinado. Inexplicable tanta irracionalidad y violencia. Esta parábola nos ayuda a ir familiarizándonos con el escándalo de la cruz y el rechazo absoluto al amor misericordioso de Dios que pacientemente espera los frutos de su viña.

ORACIÓN: Perdón, Señor, por no corresponder a tu amor. Perdona a tu pueblo y ten piedad de nosotros.

 

 

SÁBADO 07
Sta María Antonia de Paz y Figueroa (Mama Antula), Santas Perpetua y Felicidad, mártires (MO)
Mi 7, 14-15.18-20; Sal 102, 1-4.9-12; Lc 15, 1-3.11-32

EVANGELIO: En aquel tiempo, se acercaron a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: «Ese acoge a los pecadores y come con ellos». Jesús les dijo esta parábola: «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”. El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada. Recapacitando entonces, se dijo: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros”. Se levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos. Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”. Pero el padre dijo a sus criados: “Saquen enseguida la mejor túnica y vístansela; pónganle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traigan el ternero cebado y sacrifíquenlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”. Y empezaron a celebrar el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y, llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Este le contestó: “Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud”. Él se indignó y no quería entrar, pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Entonces él respondió a su padre: “Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado”. El padre le dijo: “Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”».

REFLEXIÓN: Lo que inicia como una acusación, se convierte en la revelación del plan de salvación de Dios: Jesús acoge a los pecadores y come con ellos en el banquete de la misericordia y de la vida; allí donde se celebra que estos hermanos nuestros estaban muertos y han resucitado, estaban perdidos y los hemos encontrado. También hay un puesto reservado para ti: «Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo, no te quedes fuera; ven, celebra con nosotros y alégrate». Que durante este tiempo de Cuaresma escuches frecuentemente esta invitación y llegues a participar de la mesa de la salvación.

ORACIÓN: Gracias, Padre de bondad, por celebrar un banquete en mi honor. Gracias por invitarme a festejar la vida de mis hermanos misericordiados como yo.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 7 MARZO 2026, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

DOMINGO 08 - 3° de CUARESMA
San Juan de Dios, religioso (ML)
Ex 17, 3-7; Sal 94, 1-2.6-9; Rm 5, 1-2.5-8; Jn 4, 5-42

EVANGELIO: En aquel tiempo, llegó Jesús a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo. Era hacia la hora sexta. Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice: «Dame de beber». Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» (porque los judíos no se tratan con los samaritanos). Jesús le contestó: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice “dame de beber”, le pedirías tú, y Él te daría agua viva». La mujer le dice: «Señor, si no tienes un balde, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?». Jesús le contestó: «El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna». La mujer le dice: «Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla». Él le dice: «Anda, llama a tu marido y vuelve». La mujer le contesta: «No tengo marido». Jesús le dice: «Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad». La mujer le dice: «Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y ustedes dicen que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén». Jesús le dice: «Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adorarán al Padre. Ustedes adoran a uno que no conocen; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad». La mujer le dice: «Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, Él nos lo dirá todo». Jesús le dice: «Soy yo, el que habla contigo». En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: «¿Qué le preguntas o de qué le hablas?». La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente: «Vengan a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será este el Mesías?». Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba Él. Mientras tanto sus discípulos le insistían: «Maestro, come». Él les dijo: «Yo tengo un alimento que ustedes no conocen». Los discípulos comentaban entre ellos: «¿Le habrá traído alguien de comer?». Jesús les dice: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. ¿No dicen ustedes que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo les digo esto: levanten los ojos y contemplen los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador. Con todo, tiene razón el proverbio: uno siembra y otra siega. Yo los envié a segar lo que no han trabajado. Otros trabajaron y ustedes entraron en el fruto de sus trabajos». En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en Él por el testimonio que había dado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho». Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que Él es de verdad el Salvador del mundo».

REFLEXIÓN: Jesús busca siempre el encuentro y el diálogo, especialmente con los alejados, con aquellos que se esconden porque se sienten juzgados, con los que llevan tantas heridas en su corazón. En el diálogo, Jesús revela la esperanza de una fe en espíritu y verdad donde no hay privilegiados ni marginados. Ojalá que el testimonio de tu encuentro con Jesús sea también: «Vengan a beber del agua viva que ofrece Jesús. No se engañen más en tantas aguas que no calman la sed. ¿No será Él a quien están necesitando?». Ojalá que la gente, creyendo en tu testimonio, busque a Jesús y, encontrándolo, responda: «Jesús es nuestro salvador».

ORACIÓN: Tú me conoces mejor que nadie, Jesús. Conoces mi sed, sabes que te busco como sediento que camina en el desierto.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 8 MARZO 2026, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

 

LUNES 09
Santa Francisca Romana
2 R 5, 1-15a; Sal 41, 2-3; 42, 3-4; Lc 4, 24-30

EVANGELIO: Habiendo llegado Jesús a Nazaret, le dijo al pueblo en la sinagoga: «En verdad les digo que ningún profeta es aceptado en su pueblo. Puedo asegurarles que en Israel había muchas viudas en los días de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías sino a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naamán, el sirio». Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo echaron fuera del pueblo y lo llevaron hasta un precipicio del monte sobre el que estaba edificado su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y seguía su camino.

REFLEXIÓN: El discurso de Jesús en la sinagoga de Nazaret resalta que la misericordia de Dios no se detiene ante la incredulidad de su pueblo. Al contrario, ella rebasa las fronteras y llega a quien la necesita y tiene fe. La viuda de Sarepta y Naamán, el sirio, pueden clamar como el pueblo de Israel: «Dios es grande, Dios es misericordioso con todos los que le suplican» (cf. Sal 86, 5). San Pablo lo afirma de otro modo: «Ya no hay diferencia entre judío y griego, entre esclavo y hombre libre; no se hace diferencia entre hombre y mujer, pues que todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús. Y si ustedes son de Cristo, también son descendencia de Abraham y los herederos de la promesa» (Ga 3, 28-29).

ORACIÓN: Señor, tú eres la alegría de mi vida; te doy gracias, Dios mío.

 

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 9 MARZO 2026, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

MARTES 10
San Simplicio, Papa
Dn 3, 25.34-43; Sal 24, 4-9; Mt 18, 21-35

EVANGELIO: En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?». Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por esto, se parece el Reino de los Cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”. Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo: “Págame lo que me debes”. El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”. Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: “¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”. Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con ustedes mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».

REFLEXIÓN: El perdón es el tema central del discurso de Jesús en el capítulo 18 de Mateo. No puede haber comunidad sin perdón, tampoco Cuaresma. Es necesario un grado de proporcionalidad entre quien da y aquel que recibe. Si Dios perdona sin medida, nuestro perdón también debe ser hasta «setenta veces siete»; si Dios no se cansa de perdonar, nosotros igualmente debemos orar permanentemente diciendo: «Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden». La estrechez de mente y la mezquindad para perdonar son síntomas de olvido, de la falta de una memoria agradecida y de un grave alejamiento de Dios.

ORACIÓN: Llena de tu misericordia, Señor, nuestros corazones para que sepamos perdonar sin medida.

 

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 10 MARZO 2026, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

MIÉRCOLES 11
San Eulogio
Dt 4, 1.5-9; Sal 147, 12-13.15-16.19-20; Mt 5, 17-19

EVANGELIO: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No crean que he venido a abolir la ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar pleno cumplimiento. Les aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley. El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el Reino de los Cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será considerado grande en el Reino de los Cielos».

REFLEXIÓN: La Palabra testimoniada por la Sagrada Escritura revela el camino de un pueblo que, en medio de muchas dificultades, llega a las metas que Dios le va proponiendo, casi siempre relacionadas con la alianza y el don de la tierra. Sin embargo, la plenitud de la Palabra no es otra que Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios. En Él se cumplen todas las promesas de los profetas, a Él nos conduce la ley; por Él la Palabra se hace carne y pone su tienda entre nosotros. Déjate, pues, conducir por Jesús hacia la plenitud.

ORACIÓN: Tú permites, Señor, que todo llegue a su plenitud. Haz que mi vida halle su plenitud en ti.

 

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 11 MARZO 2026, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

JUEVES 12
San Inocencio I, papa
Jr 7, 23-28; Sal 94, 1-2.6-9; Lc 11, 14-23

EVANGELIO: En aquel tiempo, estaba Jesús echando un demonio que era mudo. Sucedió que, apenas salió el demonio, empezó a hablar el mudo. La multitud se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron: «Por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios». Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. Él, conociendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y cae casa sobre casa. Si, pues, también Satanás se ha dividido contra sí mismo, ¿cómo se mantendrá su reino? Pues ustedes dicen que yo echo los demonios con el poder de Belzebú. Pero, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, los hijos de ustedes, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán sus jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el Reino de Dios ha llegado a ustedes. Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros; pero, cuando otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte su botín. El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama».

REFLEXIÓN: Las controversias eran habituales en el judaísmo y se practicaban entre rabinos para probar la solidez de su doctrina y de su escuela. Era frecuente que el rabino vencedor en el debate ganara nuevos discípulos y aquellos que ya lo seguían reforzaran su convicción. Jesús demuestra una vez más por qué Él es nuestro Maestro. No solo por su autoridad, su misericordia y el testimonio que Dios da de Él, sino también por su sensatez, su capacidad de razonar y discernir. Su enseñanza no es arbitraria, incoherente o fantasiosa. Jesús es alguien de quien podemos fiarnos plenamente, alguien que nos ofrece un camino liberador.

ORACIÓN: Estoy contigo Jesús. Confío en ti, reconozco que en ti obra el poder liberador de Dios.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 12 MARZO 2026, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

VIERNES 13
San Rodrigo de Córdoba
Os 14, 2-10; Sal 80, 6-11.14.17; Mc 12, 28b-34

EVANGELIO: En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?». Respondió Jesús: «El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos». El escriba replicó: «Muy bien, Maestro, sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de Él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios». Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del Reino de Dios». Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

REFLEXIÓN: En una sociedad donde abundan las leyes religiosas, civiles, penales, laborales, etc., ¿cuál es el mandamiento más importante? Alguno pensará: «El texto bíblico se refiere a los 613 preceptos de los fariseos». Sin embargo, si analizamos bien, lo que dice sigue siendo muy actual si pensamos en los aparatos legales de nuestros países: tenemos constituciones, códigos, reglamentos, ordenamientos, directorios… En medio de todo eso, ¿qué es lo más importante? ¿A quién debes obedecer en primer lugar? La respuesta de Jesús es simple y profunda. Hay tres referentes claves: Dios, tu prójimo y tú mismo. Los tres deben estar en perfecta armonía y jerarquía para que todo funcione.

ORACIÓN: Te amo, Señor, con todo mi corazón y amo a los hermanos que me diste como si fueran mi propia carne y sangre.

 

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SÁBADO 14
Santa Matilde
Os 6, 1-6; Sal 50, 3-4.18-21; Lc 18, 9-14

EVANGELIO: En aquel tiempo, dijo Jesús esta parábola a algunos que confiaban en sí mismos por considerarse justos y despreciaban a los demás: «Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: “¡Oh, Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo”. El publicano, en cambio, quedándose atrás, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: “¡Oh, Dios!, ten compasión de este pecador”. Les digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

REFLEXIÓN: La oración debe ser un movimiento espiritual de 180°, no de 360°. Cuando oras, te diriges a Dios y llevas a los demás en tu corazón, especialmente a los que más sufren. En otras palabras, piensas en alguien más. En cambio, cuando oras hablando siempre de ti, de tus problemas, de tus caprichos, de tus ambiciones, tu vida espiritual gira en torno a ti. Este encierro en uno mismo se llama egolatría; te vuelves autorreferencial y te olvidas de los demás, de tu entorno espiritual, social y natural. Nuestra vida espiritual tiene que ser como la luna que refleja la luz del sol. Debes reflejar la compasión de Dios, su misericordia. Ese es el camino de la vida y la verdad: la humildad.

ORACIÓN: ¡Oh, Dios!, ten compasión de este pecador.

 

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 14 MARZO 2026, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

DOMINGO 15 - IV de CUARESMA
Santa Luisa de Marillac
1 S 16, 1b.6-7.10-13a; Sal 22, 1-6; Ef 5, 8-14; Jn 9, 1-41

EVANGELIO: En aquel tiempo, al pasar, vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quién pecó: este o sus padres, para que naciera ciego?». Jesús contestó: «Ni este pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día tengo que hacer las obras del que me ha enviado: viene la noche y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo». Dicho esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa “enviado”)». Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: «¿No es ese el que se sentaba a pedir?». Unos decían: «El mismo». Otros decían: «No es él, pero se le parece». Él respondía: «Soy yo». Y le preguntaban: «¿Y cómo se te han abierto los ojos?». Él contestó: «Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver». Le preguntaron: «¿Dónde está Él?». Contestó: «No lo sé». Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé y veo». Algunos de los fariseos comentaban: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado». Otros replicaban: «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?». Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?». Él contestó: «Que es un profeta». Pero los judíos no se creyeron que aquel había sido ciego y que había comenzado a ver, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: «¿Es este su hijo, de quien ustedes dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?». Sus padres contestaron: «Sabemos que este es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo ve ahora, no lo sabemos; y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Pregúntenle a él, que es mayor y puede explicarse». Sus padres respondieron así porque tenían miedo a los judíos: porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías. Por eso sus padres dijeron: «Ya es mayor, pregúnteselo a él». Llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: «Da gloria a Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador». Contestó él: «Si es un pecador, no lo sé; solo sé que yo era ciego y ahora veo». Le preguntan de nuevo: «¿Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?». Les contestó: «Lo he dicho ya, y no me han hecho caso: ¿para qué quieren oírlo otra vez?, ¿también ustedes quieren hacerse discípulos suyos?». Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron: «Discípulo de ese lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ese no sabemos de dónde viene». Replicó él: «Pues eso es lo raro: que ustedes no saben de dónde viene, y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es piadoso y hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento; si este no viniera de Dios, no tendría ningún poder». Le replicaron: «Has nacido lleno de pecado, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?». Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del Hombre?». Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en Él?». Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es». Él dijo: «Creo, Señor». Y se postró ante Él. Dijo Jesús: «Para un juicio he venido yo a este mundo: para que los que no ven, vean, y los que ven, se queden ciegos». Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron: «¿También nosotros estamos ciegos?». Jesús les contestó: «Si estuvieran ciegos, no tendrían pecado; pero como dicen “vemos”, su pecado permanece».

REFLEXIÓN: Un encuentro, un signo, un itinerario de fe en medio de la controversia. El relato y el diálogo de Jesús con el ciego de nacimiento es la maravillosa experiencia de una realidad que va creciendo: la fe. Este es el camino de la Cuaresma: pasar de la oscuridad del pecado a la luz de la salvación que ofrece Jesús. Él te pregunta al inicio de esta cuarta semana: «¿Crees tú en el Hijo del Hombre?». ¿Qué le vas a responder? Alégrate de este encuentro revelador y reconoce como tu salvador a Aquel que te ha sanado, al que ahora ves y escuchas. Adóralo con todo tu corazón y sigue avanzando paso a paso hacia la Pascua.

ORACIÓN: Creo en ti, Señor Jesús, tú eres mi luz y mi salvación.

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LUNES 16
San José Gabriel del Rosario Brochero
Is 65, 17-21; Sal 29, 2.4-6.11-13; Jn 4, 43-54

EVANGELIO: En aquel tiempo, salió Jesús de Samaría para Galilea. Jesús mismo había atestiguado: «Un profeta no es estimado en su propia patria». Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta. Fue Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún. Oyendo que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a verlo, y le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose. Jesús le dijo: «Si no ven signos y prodigios, no creen». El funcionario insiste: «Señor, baja antes de que se muera mi niño». Jesús le contesta: «Anda, tu hijo vive». El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo vivía. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Y le contestaron: «Ayer a la hora séptima lo dejó la fiebre». El padre cayó en la cuenta de que esa era la hora en que Jesús le había dicho: «Tu hijo vive». Y creyó él con toda su familia. Este segundo signo lo hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea.

REFLEXIÓN: Creer más en la palabra de Jesús que estar buscando desesperadamente los signos milagrosos que remedian mis problemas, he aquí un signo de la fe del discípulo de Jesús que va en camino hacia la madurez. El desierto cuaresmal es propicio para experimentar la necesidad y la fragilidad, principal motivación de la súplica por intervenciones asombrosas de Dios. Para Jesús, empero, el camino del desierto es la afirmación de la Palabra de Dios como lo más importante y vital, el resto vendrá por añadidura: «No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios». Escuchemos, creamos y sigamos viviendo la vida plena.

ORACIÓN: Escucho tu palabra de vida, Jesús. Gracias por la vida eterna que he comenzado a experimentar en la comunión contigo.

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MARTES 17
San Patricio, obispo (ML)
Ez 47, 1-9.12; Sal 45, 2-3.5-6.8-9; Jn 5, 1-16

EVANGELIO: Se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la Puerta de las Ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Esta tiene cinco soportales, y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos. Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice: «¿Quieres quedar sano?». El enfermo le contestó: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado». Jesús le dice: «Levántate, toma tu camilla y echa a andar». Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar. Aquel día era sábado, y los judíos dijeron al hombre que había quedado sano: «Hoy es sábado, y no se puede llevar la camilla». Él les contestó: «El que me ha curado es quien me ha dicho: “Toma tu camilla y echa a andar”». Ellos le preguntaron: «¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar?». Pero el que había quedado sano no sabía quién era, porque Jesús, a causa del gentío que había en aquel sitio, se había alejado. Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice: «Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor». Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado. Por esto los judíos perseguían a Jesús, porque hacía tales cosas en sábado.

REFLEXIÓN: La discusión que suscita la curación del paralítico abandonado revela que en la fe de Israel terminó siendo más importante cumplir las normas relativas al sábado que salvar la vida de los necesitados. ¿Cuándo dejaron de celebrar al Dios de la vida? ¿Cuándo el cumplimiento de las normas entró en conflicto con la fe creadora y salvífica? La actitud libre y soberana de Jesús pone en evidencia que el sábado es un día para celebrar al Dios creador y salvador, no para agobiar el espíritu con pesadas cargas y convertirlo en excusa para justificar la indiferencia social y el abandono de los más débiles. Jesús no solo nos sana, también nos libera de nosotros mismos y de nuestras propias injusticias.

ORACIÓN: Gracias, Jesús, porque me liberas de mis mezquindades y me das un corazón bien dispuesto para amar y servir.

 

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MIÉRCOLES 18
San Cirilo de Jerusalén, obispo y doctor (ML)
Is 49, 8-15; Sal 144, 8-9.13-14.17-18; Jn 5, 17-30

EVANGELIO: En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: «Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo». Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no solo quebrantaba el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios. Jesús tomó la palabra y les dijo: «En verdad, en verdad les digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta sino lo que ve hacer al Padre. Lo que hace este, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que Él hace, y le mostrará obras mayores que esta, para asombro de ustedes. Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere. Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo todo el juicio, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió. En verdad, en verdad les digo: quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado ya de la muerte a la vida. En verdad, en verdad les digo: llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán. Porque, igual que el Padre tiene vida en sí mismo, así ha dado también al Hijo tener vida en sí mismo. Y le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del Hombre. No los sorprenda esto, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz: los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio. Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió».

REFLEXIÓN: El tiempo de Dios es Jesús; en Él nos revela su obra y su juicio sobre el mundo. Aceptando a Jesús, acogemos el don de la vida y participamos de la comunión con su Padre Dios. No es posible seguir avanzando en el camino hacia la Pascua si no maduramos en nuestra relación con Él. Escuchar la palabra de Jesús significa participar de la vida; ser sordos a su voz, en cambio, es experimentar la muerte. En efecto, sus palabras se convierten en juicio cuando nuestro proyecto personal no refleja los valores del Reino. Jesús busca hacer la voluntad del Padre y esta consiste en que todos tengan vida en su nombre.

ORACIÓN: Escucho tu palabra, Jesús. Creo en tu Padre Dios y te agradezco por el don de la vida eterna.

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JUEVES 19
San José, esposo de la Virgen María (S)
2 S 7, 4-5a.12-14a.16; Sal 88, 2-5.27.29; Rm 4, 13.16- 18.22; Mt 1, 16.18-21.24a; o bien Lc 2, 41-51a

EVANGELIO: Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de los pecados». Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.

REFLEXIÓN: José es nuestro modelo de caminante hacia la Pascua. En tanto hombre justo, se dispone a vivir el plan de Dios, que lo prepara para las pruebas que supone acompañar el itinerario de Jesús. José, custodio de la vida, debe escuchar la Palabra de Dios y convertirla en acción salvífica. Acompaña y protege a María y a Jesús antes, durante y después del nacimiento. Vive con ellos el éxodo a Egipto y, después, regresa con ellos a Galilea. José le da el nombre a Jesús y, con ello, su misión. Lo forma en la noble escuela del trabajo. Lo introduce a la tradición de Israel como pueblo de Dios. Lo ama y nos enseña a amarlo y a seguirlo hasta la cruz.

ORACIÓN: San José, enséñanos a obedecer el plan de Dios, enséñanos a ser custodios de la vida.

 

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 19 MARZO 2026, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

VIERNES 20
Beato Francisco Palau y Quer
Sb 2, 1a.12-22; Sal 33, 17-21.23; Jn 7, 1-2.10.25-30

EVANGELIO: En aquel tiempo, recorría Jesús Galilea, pues no quería andar por Judea porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba la fiesta judía de las Tiendas. Una vez que sus hermanos se hubieron marchado a la fiesta, entonces subió Él también, no abiertamente, sino a escondidas. Entonces algunos que eran de Jerusalén dijeron: «¿No es este el que intentan matar? Pues miren cómo habla abiertamente, y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que este es el Mesías? Pero este sabemos de dónde viene, mientras que el Mesías, cuando llegue, nadie sabrá de dónde viene». Entonces Jesús, mientras enseñaba en el templo, gritó: «A mí me conocen, y conocen de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino que el Verdadero es el que me envía; a ese ustedes no lo conocen; yo lo conozco, porque procedo de Él y Él me ha enviado». Entonces intentaban agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.

REFLEXIÓN: Los Evangelios testimonian que la confrontación de Jesús con sus adversarios comienza tan pronto inicia su misión, pero va agravándose a medida que se acerca a Jerusalén. Las controversias nos ayudan a entender el seguimiento de Jesús como una experiencia que no evita el conflicto ni teme ir contracorriente. Jesús habla abiertamente, con libertad, pero asume que esto tiene su precio: la incomprensión, el rechazo creciente, en definitiva, la muerte. Su fuerza nace del amor de Aquel que lo envió, su Padre. Esa también es nuestra fortaleza. Caminemos con Jesús, confiando plenamente en Él, pero asumiendo también los riesgos con libertad y valentía.

ORACIÓN: Tú, Jesús, eres el enviado del Padre Dios, condúcenos a Él.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 20 MARZO 2026, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

SÁBADO 21
San Nicolás de Flue
Jr 11, 18-20; Sal 7, 2-3.9-12; Jn 7, 40-53

EVANGELIO: En aquel tiempo, algunos de entre la gente, que habían oído los discursos de Jesús, decían: «Este es de verdad el profeta». Otros decían: «Este es el Mesías». Pero otros decían: «¿Es que de Galilea va a venir el Mesías? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David, y de Belén, el pueblo de David?». Y así surgió entre la gente una discordia por su causa. Algunos querían prenderlo, pero nadie le puso la mano encima. Los guardias del templo acudieron a los sumos sacerdotes y fariseos, y estos les dijeron: «¿Por qué no lo han traído?». Los guardias respondieron: «Jamás ha hablado nadie como ese hombre». Los fariseos les replicaron: «También ustedes se han dejado embaucar? ¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en Él? Esa gente que no entiende de la ley son unos malditos». Nicodemo, el que había ido en otro tiempo a visitarlo y que era fariseo, les dijo: «¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo primero y averiguar lo que ha hecho?». Ellos le replicaron: «¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen profetas». Y se volvieron cada uno a su casa.

REFLEXIÓN: «Jamás nadie ha hablado como Jesús». ¿Estás de acuerdo con la opinión de los guardias del templo? No obstante, escuchar a Jesús y quedar impresionado con su discurso no es suficiente para ser discípulo suyo. Es claro que muchos «fans» de Jesús también escuchan las críticas de sus adversarios, se confunden y terminan como los guardias, volviendo cada uno a su casa. La escucha y la admiración pueden ser el primer paso, pero, para ser discípulo de Jesús, debes dejarlo todo y seguirlo, debes perseverar con Él, debes llegar a la cruz y decir: «Este es verdaderamente el Hijo de Dios». Ánimo, que el camino cuaresmal aún no ha terminado. Mantén tu mirada fija en Jesús.

ORACIÓN: Tú eres mi Señor, Jesús, confío en tu Palabra; tú tienes palabras de vida eterna

 

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 21 MARZO 2026, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

DOIMNGO 22 - V de CUARESMA
Santa Lía
Ez 37, 12-14; Sal 129, 1-8; Rm 8, 8-11; Jn 11, 1-45

EVANGELIO: Había caído enfermo un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana. María era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera; el enfermo era su hermano Lázaro. Las hermanas le mandaron recado a Jesús diciendo: «Señor, el que tú amas está enfermo». Jesús, al oírlo, dijo: «Esta enfermedad no es para la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella». Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo se quedó todavía dos días donde estaba. Solo entonces dijo a sus discípulos: «Vamos otra vez a Judea». Los discípulos le replicaron: «Maestro, hace poco intentaban apedrearte los judíos, ¿y vas a volver de nuevo allí?». Jesús contestó: «¿No tiene el día doce horas? Si uno camina de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si camina de noche tropieza, porque la luz no está en él». Dicho esto, añadió: «Lázaro, nuestro amigo, está dormido: voy a despertarlo». Entonces le dijeron sus discípulos: «Señor, si duerme, se salvará». Jesús se refería a su muerte; en cambio, ellos creyeron que hablaba del sueño natural. Entonces Jesús les replicó claramente: «Lázaro ha muerto, y me alegro por ustedes de que no hayamos estado allí, para que crean. Y ahora vamos a su encuentro». Entonces Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los demás discípulos: «Vamos también nosotros y muramos con Él». Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Betania distaba poco de Jerusalén: unos quince estadios; y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María para darles el pésame por su hermano. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedó en casa. Y dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá». Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará». Marta respondió: «Sé que resucitará en la resurrección en el último día». Jesús le dijo: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?». Ella le contestó: «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo». Y dicho esto, fue a llamar a su hermana María, diciéndole en voz baja: «El Maestro está ahí y te llama». Apenas lo oyó, se levantó y salió adonde estaba Él, porque Jesús no había entrado todavía en la aldea, sino que estaba aún donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con ella en casa consolándola, al ver que María se levantaba y salía deprisa, la siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar allí. Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo se echó a sus pies diciéndole: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano». Jesús, viéndola llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la acompañaban, se conmovió en su espíritu, se estremeció y preguntó: «¿Dónde lo han enterrado?». Le contestaron: «Señor, ven a verlo». Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: «¡Cómo lo quería!». Pero algunos dijeron: «Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que este muriera?». Jesús, conmovido de nuevo en su interior, llegó a la tumba. Era una cavidad cubierta con una losa. Dijo Jesús: «Quiten la losa». Marta, la hermana del muerto, le dijo: «Señor, ya huele mal porque lleva cuatro días». Jesús le replicó: «¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?». Entonces quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: «Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado». Y dicho esto, gritó con voz potente: «Lázaro, sal afuera». El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: «Desátenlo y déjenlo andar». Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en Él.

REFLEXIÓN: Lázaro, un gran amigo de Jesús, se halla en peligro de muerte. Su familia, angustiada, manda pedir ayuda a Jesús, pero Él reacciona con unas palabras misteriosas: «Esta enfermedad servirá para la gloria de Dios». La curación de Lázaro adquiere, pues, una dimensión que pone a prueba la fe de todos. Es necesario que todos participemos de la dimensión espiritual a la que nos conduce Jesús para vivir la gloria de Dios. La resurrección, ciertamente, es el signo del Reino de Dios por excelencia. Lo que ocurre con Lázaro, en efecto, nos prepara para la resurrección de Jesús, pero el significado de la Pascua del Señor nos obligará a replantearlo todo, pues no consistirá solo en devolver a la vida un cadáver, sino en el comienzo de una vida nueva.

ORACIÓN: Confío en ti, Jesús, tú eres la resurrección y la vida.

 

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 22 MARZO 2026, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

LUNES 23
Santa Rebeca
Dn 13, 1-9.15-17.19-30.33-62; Sal 22, 1-6; Jn 8, 1-11

EVANGELIO: En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a Él, y, sentándose, les enseñaba. Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; ¿tú qué dices?». Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra». E inclinándose otra vez, siguió escribiendo. Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús, con la mujer en medio, que seguía allí delante. Jesús se incorporó y le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?». Ella contestó: «Ninguno, Señor». Jesús dijo: «Tampoco yo te condeno. Anda y en adelante no peques más».

REFLEXIÓN: «Yo no te condeno». Estas palabras resuenan con una fuerza infinita en el corazón de alguien que se siente pecador y juzgado por los demás. No se trata solo de perdón, sino de acogida incondicional, de confianza y misericordia. La primera actitud que el Papa Francisco pedía a la Iglesia era salir al encuentro del que está herido y construir puentes que restablezcan la comunión de los corazones y devuelvan la esperanza. Reconócete pecador y experimenta la tierna y maravillosa acogida de Jesús. Identifícate con Jesús y haz sentir a los demás que no tienes palabras de juicio y condena, sino de acogida y comprensión.

ORACIÓN: Nada temo, Señor, porque tú estás siempre conmigo.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 23 MARZO 2026, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

 

MARTES 24
San Óscar Arnulfo Romero, mártir
Nm 21, 4-9; Sal 101, 2-3.16-21; Jn 8, 21-30

EVANGELIO: En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: «Yo me voy y me buscarán, y morirán por su pecado. Donde yo voy no pueden venir ustedes». Y los judíos comentaban: «¿Será que va a suicidarse, y por eso dice: “Donde yo voy no pueden venir ustedes”?». Y Él les dijo: «Ustedes son de aquí abajo, yo soy de allá arriba: ustedes son de este mundo, yo no soy de este mundo. Con razón les he dicho que morirán en sus pecados: pues, si no creen que Yo soy, morirán en sus pecados». Ellos le decían: «¿Quién eres tú?». Jesús les contestó: «Lo que les estoy diciendo desde el principio. Podría decir y condenar muchas cosas en ustedes; pero el que me ha enviado es veraz, y yo comunico al mundo lo que he aprendido de Él». Ellos no comprendieron que les hablaba del Padre. Y entonces dijo Jesús: «Cuando levanten en alto al Hijo del Hombre, sabrán que “Yo soy”, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada». Cuando les exponía esto, muchos creyeron en Él.

REFLEXIÓN: Solo al final del camino nos encontraremos con la Pascua de Jesús y descubriremos quién es Él. En el Evangelio de san Juan, Él nos dice siete veces quién es: «Yo soy el pan de vida» (Jn 6, 35), «Yo soy la luz del mundo» (Jn 8, 12), «Yo soy la puerta» (Jn 10, 7), «Yo soy el buen pastor» (Jn 10, 11), «Yo soy la resurrección y la vida» (Jn 11, 25), «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Jn 14, 6), «Yo soy la vid verdadera» (Jn 15, 1). Pero es al final, en el huerto de Getsemaní, cuando Jesús afirma: «Yo soy» (Jn 18, 4), el mismo nombre con el que se identifica Dios en el Sinaí (Ex 3, 14). Entonces hasta quienes van a arrestarlo caen rostro en tierra. Que nosotros también lo reconozcamos y lo adoremos.

ORACIÓN: Te busco, Jesús, ¿dónde vives? ¿Quién eres? Gracias por tu paciencia para esperarme y por responder con ternura: «Ven y lo verás».

 

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MIÉRCOLES 25
La Anunciación del Señor (S)
Is 7, 10-14; 8, 10b; Sal 39, 7-11; Hb 10, 4-10; Lc 1, 26-38

EVANGELIO: A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su Reino no tendrá fin». Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?». El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible». María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y la dejó el ángel.

REFLEXIÓN: Durante el camino cuaresmal, la liturgia nos invita a hacer una pausa para contemplar y vivir el misterio que funda la Pascua, es decir, la encarnación del Hijo de Dios. Lo divino y lo humano se unen en las entrañas de la Virgen María para iniciar la gran hazaña de redención. En esta misión, todo cuenta: la gracia que dispone las capacidades y voluntades se transforma en un proyecto humano concreto. La salvación no es una historia de ciencia ficción, es una realidad que implica carne y sangre, tortura y muerte, traición y abandono, perdón y resiliencia. María lo inicia todo con una frase sencillamente revolucionaria: «Aquí estoy. Que la Palabra se haga acción redentora en mí».

ORACIÓN: Madre santísima, enséñame a servir a la Palabra de Dios
como lo hiciste tú.

 

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 25 MARZO 2026, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

JUEVES 26
San Braulio
Gn 17, 3-9; Sal 104, 4-9; Jn 8, 51-59

EVANGELIO: En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «En verdad, en verdad les digo: quien guarda mi palabra no verá la muerte para siempre». Los judíos le dijeron: «Ahora vemos claro que estás endemoniado; Abraham murió, los profetas también, ¿y tú dices: “Quien guarde mi palabra no gustará la muerte para siempre”? ¿Eres tú más que nuestro padre Abraham, que murió? También los profetas murieron, ¿por quién te tienes?». Jesús contestó: «Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, de quien ustedes dicen: “Es nuestro Dios”, aunque no lo conocen. Yo sí lo conozco, y si dijera “No lo conozco” sería, como ustedes, un embustero; pero yo lo conozco y guardo su palabra. Abraham, su padre, saltaba de gozo pensando ver mi día; lo vio, y se llenó de alegría». Los judíos le dijeron: «No tienes todavía cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?». Jesús les dijo: «En verdad, en verdad les digo: antes de que Abraham existiera, yo soy». Entonces tomaron piedras para tirárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo.

REFLEXIÓN: Si de verdad conociéramos a Dios, entenderíamos muchas cosas. Reconoceríamos en Jesús los signos de su Reino y nos alegraríamos porque en ellos se expresa su amor por nosotros. Sentiríamos la profunda comunión con su plan de salvación y nos identificaríamos con ese cauce de gracia que libera y nos introduce a un horizonte de vida y esperanza. Venceríamos nuestros miedos porque guardaríamos la Palabra de Dios y ella nos conduciría a la verdad. Si conociéramos a Dios, construiríamos una comunidad humana diferente, fundada en la justicia, el cuidado de los vulnerables y la práctica de la verdad.

ORACIÓN: Tú no te olvidas de tus promesas, Señor. De generación en generación, renuevas tu palabra de esperanza.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 26 MARZO 2026, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

VIERNES 27
San Ruperto
Jr 20, 10-13; Sal 17, 2-7; Jn 10, 31-42

EVANGELIO: En aquel tiempo, los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús. Él les replicó: «Les he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedrean?». Los judíos le contestaron: «No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque tú, siendo un hombre, te haces Dios». Jesús les replicó: «¿No está escrito en su ley: “Yo les digo: son dioses”? Si la Escritura llama dioses a aquellos a quienes vino la Palabra de Dios, y no puede fallar la Escritura, a quien el Padre consagró y envió al mundo, ¿dicen ustedes: “¡Blasfemas!” porque he dicho: “Soy Hijo de Dios”? Si no hago las obras de mi Padre, no me crean, pero si las hago, aunque no me crean a mí, crean a las obras, para que comprendan y sepan que el Padre está en mí, y yo en el Padre». Intentaron de nuevo detenerlo, pero se les escabulló de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde antes había bautizado Juan, y se quedó allí. Muchos acudieron a Él y decían: «Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan dijo de este era verdad». Y muchos creyeron en Él allí.

REFLEXIÓN: Creer en Jesús es creer en su Padre Dios. No se puede llegar a confesar: «Jesús es el Hijo de Dios» si primero no se es testigo honesto de los signos que revelan el plan del Padre. Pero la ceguera de quienes se niegan a ver es imposible de vencer, incluso para Dios. La relación del Padre y el Hijo es modelo inspirador para todos los discípulos que buscan vivir la comunión. Los que rechazan esta forma de vida siembran la división y construyen un mundo donde todos son enemigos. Mas no todo está perdido, porque la paciencia de Dios y su oferta de misericordia son infinitas.

ORACIÓN: Tú eres, Señor, mi fortaleza y mi escudo, tú eres mi esperanza. Te invoqué y me libraste de todos los peligros.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 27 MARZO 2026, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

SÁBADO 28
San Octavio
Ez 37, 21-28; Sal: Jr 31, 10-13; Jn 11, 45-57

EVANGELIO: En aquel tiempo, muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en Él. Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús. Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron: «¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en Él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación». Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo: «Ustedes no entienden ni palabra; no comprenden que les conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera». Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no solo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos. Y aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos. Se acercaba la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subían a Jerusalén, antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús y, estando en el templo, se preguntaban: «¿Qué les parece? ¿Vendrá a la fiesta?». Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo.

REFLEXIÓN: Faltan unas pocas horas para iniciar la Semana Santa. La liturgia cuaresmal nos ha permitido ver y sentir el creciente enfrentamiento de Jesús y las autoridades judías. No hemos llegado aún al final del Evangelio de Juan, pero la suerte del Maestro queda ya decidida. Él tiene que morir, pero su muerte profética será un signo de redención para el pueblo de Dios. En el relato de Juan, aún no ha llegado la hora de Jesús, pero en la dinámica litúrgica estamos a las puertas de Jerusalén, momentos previos a la entrega definitiva de Jesús en la cruz. Esta es una ocasión propicia para que evalúes tu camino cuaresmal y dispongas tu corazón renovando tu fidelidad a Jesús.

ORACIÓN: Hoy, Jesús, renuevo mi fidelidad a ti, a tu Evangelio y a tu Iglesia.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 28 MARZO 2026, HAGA CLIC AQUÍ:

 

DOMINGO 29 - DOMINGO DE RAMOS
San Guillermo
Procesión de las palmas: Mt 21, 1-11
Misa: Is 50, 4-7; Sal 21, 8-9.17-20.23-24; Flp 2, 6-11; Mt 26, 14—27, 66

Pasión de nuestro Señor Jesucristo
 = Sacerdote, C = Cronista, S = Otros personajes

EVANGELIO:
C. En aquel tiempo uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso: S. «¿Cuánto me dan si les entrego a Jesús?». C. Ellos acordaron darle treinta monedas de plata. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.

C. El primer día de los Ázimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: S. «¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?». C. Él contestó:  «Vayan a la ciudad, a la casa de Fulano y díganle: “El Maestro dice: Mi hora está cerca; deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos”». C. Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua.

C. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo:  «Les aseguro que uno de ustedes me va a entregar». C. Ellos, consternados, se pusieron a preguntarle uno tras otro: S. «Señor, ¿acaso seré yo?». C. Él respondió:  «El que ha mojado su pan en el mismo plato que yo, ese me va a entregar. El Hijo del Hombre se va como está escrito de Él; pero ¡ay del que va a entregar al Hijo del Hombre!, más le valdría no haber nacido». C. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: S. «¿Soy yo acaso, Maestro?». C. Él respondió:  «Tú lo has dicho».

C. Durante la cena, Jesús tomó pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a los discípulos diciendo:  «Tomen, coman: esto es mi cuerpo». C. Y tomando una copa, pronunció la acción de gracias y se lo pasó diciendo:  «Beban todos de ella; porque esta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos para el perdón de los pecados. Y les digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta el día que beba con ustedes el vino nuevo en el Reino de mi Padre». C. Cantaron el salmo y salieron para el monte de los Olivos.

C. Entonces Jesús les dijo:  «Esta noche van a caer todos por mi causa, porque está escrito: “Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño”. Pero cuando resucite, iré antes que ustedes a Galilea». C. Pedro replicó: S. «Aunque todos caigan por tu causa, yo jamás caeré». C. Jesús le dijo:  «Te aseguro que esta noche, antes de que el gallo cante, me negarás tres veces». C. Pedro le replicó: S. «Aunque tenga que morir contigo, no te negaré». C. Y lo mismo decían los demás discípulos.

C. Entonces Jesús fue con ellos a un huerto, llamado Getsemaní, y les dijo:  «Siéntense aquí, mientras voy allá a orar». C. Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a entristecerse y a angustiarse. Entonces dijo:  «Me muero de tristeza: quédense aquí y velen conmigo». C. Y, adelantándose un poco, cayó rostro en tierra y oraba diciendo:  «Padre mío, si es posible, que pase y se aleje de mí este cáliz. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres». C. Y se acercó a los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro:  «¿No han podido velar una hora conmigo? Velen y oren para no caer en la tentación, pues el espíritu es decidido, pero la carne es débil». C. De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo:  «Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad». C. Y, viniendo otra vez, los encontró dormidos, porque los ojos se les cerraban de sueño. Dejándolos de nuevo, por tercera vez oraba, repitiendo las mismas palabras. Luego se acercó a sus discípulos y les dijo:  «Ya pueden dormir y descansar. Miren, está cerca la hora, y el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levántense, vamos! Ya está cerca el que me entrega».

C. Todavía estaba hablando, cuando apareció Judas, uno de los Doce, acompañado de un tumulto de gente, con espadas y palos, mandado por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El traidor les había dado esta contraseña: S. «Al que yo bese, ese es; deténganlo». C. Después se acercó a Jesús y le dijo: S. «¡Te saludo, Maestro!». C. Y lo besó. Pero Jesús le contestó:  «Amigo, ¿a qué vienes?». C. Entonces se acercaron a Jesús y le echaron mano para detenerlo. Uno de los que estaban con Él agarró la espada, la desenvainó y de un tajo le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote. Jesús le dijo:  «Envaina la espada; quien usa espada, a espada morirá. ¿Piensas tú que no puedo acudir a mi Padre? Él me mandaría enseguida más de doce legiones de ángeles. Pero entonces no se cumpliría la Escritura, que dice que esto tiene que pasar». C. Entonces dijo Jesús a la gente:  «¿Han salido ustedes a prenderme con espadas y palos como a un bandido? A diario me sentaba en el templo a enseñar y, sin embargo, no me detuvieron». C. Todo esto ocurrió para que se cumpliera lo que escribieron los profetas. En aquel momento todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.

C. Los que detuvieron a Jesús lo llevaron a casa de Caifás, el sumo sacerdote, donde se habían reunido los escribas y los ancianos. Pedro lo seguía de lejos, hasta el palacio del sumo sacerdote, entró y se sentó con los criados para ver en qué terminaría todo aquello. Los sumos sacerdotes y el sanedrín en pleno buscaban un falso testimonio contra Jesús para condenarlo a muerte y no lo encontraban, a pesar de los muchos falsos testigos que comparecían. Finalmente, comparecieron dos, que dijeron: S. «Este ha dicho: “Puedo destruir el templo de Dios y reconstruirlo en tres días”». C. El sumo sacerdote se puso en pie y le dijo: S. «¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que levantan contra ti?». C. Pero Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dijo: S. «Te conjuro por Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios». C. Jesús respondió:  «Tú lo has dicho. Más aún, yo les digo: Desde ahora ustedes verán que el Hijo del Hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene sobre las nubes del cielo». C. Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: S. «Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acaban de oír la blasfemia. ¿Qué deciden?». C. Y ellos contestaron: S. «Es reo de muerte». C. Entonces le escupieron a la cara y lo abofetearon; otros lo golpearon, diciendo: S. «Adivina, Mesías; ¿quién te ha pegado?».

C. Pedro estaba sentado fuera en el patio, y se le acercó una criada y le dijo: S. «También tú andabas con Jesús el Galileo». C. Él lo negó delante de todos, diciendo: C. «No sé qué quieres decir». C. Y, al salir al portal, lo vio otra y dijo a los que estaban allí: S. «Este andaba con Jesús el Nazareno». C. Otra vez negó él con juramento: S. «No conozco a ese hombre». C. Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro: S. «Seguro; tú también eres de ellos, te delata tu acento». C. Entonces él se puso a echar maldiciones y a jurar, diciendo: S. «No conozco a ese hombre». C. Y enseguida cantó un gallo. Pedro se acordó de aquellas palabras de Jesús: «Antes de que cante el gallo, me negarás tres veces». Y, saliendo afuera, lloró amargamente.

C. Al hacerse de día, todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron para preparar la condena a muerte de Jesús. Y, atándolo, lo llevaron y lo entregaron a Pilato, el gobernador.

C. Entonces Judas, el traidor, al ver que habían condenado a Jesús, sintió remordimiento y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y ancianos, diciendo: S. «He pecado, he entregado a la muerte a un inocente». C. Pero ellos dijeron: S. «¿A nosotros qué? ¡Allá tú!». C. Él, arrojando las monedas en el templo, se marchó; y fue y se ahorcó. Los sacerdotes, recogiendo las monedas, dijeron: S. «No es lícito echarlas en el arca de las ofrendas porque son precio de sangre». C. Y, después de discutirlo, compraron con ellas el Campo del Alfarero para cementerio de forasteros. Por eso aquel campo se llama todavía «Campo de Sangre». Así se cumplió lo escrito por Jeremías, el profeta: «Y tomaron las treinta monedas de plata, precio que le pusieron los hijos de Israel, y pagaron con ellas el Campo del Alfarero, como me lo había ordenado el Señor».

C. Jesús fue llevado ante el gobernador, y el gobernador le preguntó: S. «¿Eres tú el rey de los judíos?». C. Jesús respondió:  «Tú lo dices». C. Y, mientras lo acusaban los sumos sacerdotes y los ancianos, no contestaba nada. Entonces Pilato le preguntó: S. «¿No oyes cuántos cargos presentan contra ti?». C. Como no contestaba a ninguna pregunta, el gobernador estaba muy extrañado. Por la fiesta, el gobernador solía soltar un preso, el que la gente quisiera. Tenía entonces un preso famoso, llamado Barrabás. Cuando la gente acudió, les dijo Pilato: S. «¿A quién quieren que les ponga en libertad, a Barrabás o a Jesús, a quien llaman el Mesías?». C. Pues sabía que se lo habían entregado por envidia. Y mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó a decir: S. «No te metas con ese justo porque esta noche he sufrido mucho soñando con Él». C. Pero los sumos sacerdotes y los senadores convencieron a la gente de que pidieran el indulto de Barrabás y la muerte de Jesús. El gobernador preguntó: S. «¿A cuál de los dos quieren que les ponga en libertad?». C. Ellos dijeron: S. «A Barrabás». C. Pilato les preguntó: S. «¿Y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?». C. Contestaron todos: S. «¡Crucifícalo!». C. Pilato insistió: S. «Pues, ¿qué mal ha hecho?». C. Pero ellos gritaban más fuerte: S. «¡Crucifícalo!». C. Al ver Pilato que todo era inútil y que, al contrario, se estaba formando un tumulto, tomó agua y se lavó las manos en presencia del pueblo, diciendo: S. «Soy inocente de esta sangre. ¡Allá ustedes!». C. Y el pueblo contestó: S. «¡Su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!». C. Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.

C. Los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de Él a toda la tropa: lo desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha. Y, doblando ante Él la rodilla, se burlaban de Él, diciendo: S. «¡Salve, rey de los judíos!». C. Luego le escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella la cabeza.
Y, terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar.

C. Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a que llevara la cruz. C. Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir «La Calavera»), le dieron de beber vino mezclado con hiel; Él lo probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo, se repartieron su ropa echándola a suertes y luego se sentaron a custodiarlo. Encima de su cabeza colocaron un letrero con la acusación: «Este es Jesús, el rey de los judíos». Crucificaron con Él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda.

C. Los que pasaban lo injuriaban y decían, moviendo la cabeza: S. «Tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz». C. Los sumos sacerdotes con los escribas y los ancianos se burlaban también, diciendo: S. «A otros ha salvado, y Él no se puede salvar. ¿No es el rey de Israel? Que baje ahora de la cruz y le creeremos. ¿No ha confiado en Dios? Si tanto lo quiere Dios, que lo libre ahora. ¿No decía que era Hijo de Dios?». C. Hasta los bandidos que estaban crucificados con Él lo insultaban.

C. Desde el mediodía hasta la media tarde, vinieron las tinieblas sobre toda aquella región. A media tarde, Jesús gritó:  «Elí, Elí, lamá sabaktaní». C. Lo que quiere decir: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». C. Al oírlo, algunos de los que estaban por allí dijeron: S. «A Elías llama este». C. Uno de ellos fue corriendo; enseguida, tomó una esponja empapada en vinagre y, sujetándola en una caña, le dio a beber. Los demás decían: S. «Déjalo, a ver si viene Elías a salvarlo». C. Entonces Jesús, dando de nuevo un fuerte grito, exhaló el espíritu.

C. En esto, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; la tierra tembló, las rocas se rajaron. las tumbas se abrieron, y muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron. Después que Él resucitó, salieron de las tumbas, entraron en la Ciudad Santa y se aparecieron a muchos. El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba, dijeron aterrorizados: S. «Verdaderamente este era Hijo de Dios». C. Había allí muchas mujeres que miraban desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para atenderlo; entre ellas, María Magdalena y María, la madre de Santiago y José, y la madre de los Zebedeos.

C. Al anochecer, llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que era también discípulo de Jesús. Este acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y Pilato mandó que se lo entregaran. José, tomando el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia, lo puso en el sepulcro nuevo que se había excavado en una roca, rodó una piedra grande a la entrada del sepulcro y se marchó. María Magdalena y la otra María se quedaron allí, sentadas enfrente del sepulcro.

C. A la mañana siguiente, pasado el día de la preparación, acudieron en grupo los sumos sacerdotes y los fariseos a Pilato y le dijeron: S. «Señor, nos hemos acordado que aquel impostor, estando en vida, anunció: “A los tres días resucitaré”. Por eso, da orden de que vigilen el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vayan sus discípulos, roben el cuerpo y digan al pueblo: “Ha resucitado de entre los muertos”. El último engaño sería peor que el primero». C. Pilato contestó: S. «Ahí tienen ustedes la guardia: vayan y aseguren el sepulcro lo mejor que puedan». C. Ellos fueron, sellaron la piedra y con la guardia aseguraron la vigilancia del sepulcro.

REFLEXIÓN: El relato de Mateo de la pasión de Jesús nos muestra que el Maestro va quedando cada vez más solo y despojado de todo en su camino a la cruz. Eso nos recuerda a muchos personajes bíblicos que sufren abandono, incomprensión e injusticia, a pesar de su evidente inocencia. La voz de los profetas también nos recuerda la imagen del siervo humillado y redentor que, con su sacrificio expiatorio, rescata al pueblo de Dios. Quien lee o escucha el relato de la pasión advierte el gran número de personajes que intervienen en solo dos capítulos. Se percibe una invitación a verse retratados en ellos. ¿Con cuál de esos personajes te sientes más identificado?

ORACIÓN: Jesús, soy testigo de tu pasión, muerte y resurrección; pero no quiero quedarme como mero espectador, quiero ser parte de tu entrega por nosotros.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 29 MARZO 2026, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

LUNES 30
San Juan Clímaco
Is 42, 1-7; Sal 26, 1-3.13-14; Jn 12, 1-11

EVANGELIO: Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con Él a la mesa. María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume. Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dice: «¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?». Esto lo dijo no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa, se llevaba de lo que iban echando. Jesús dijo: «Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tienen siempre con ustedes, pero a mí no siempre me tienen». Una muchedumbre de judíos se enteró de que estaba allí y fueron no solo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos. Los sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos, por su causa, se les iban y creían en Jesús.

REFLEXIÓN: En una cena que celebra la vida resucitada de Lázaro, su hermana María no escatima gastos para expresar su amor, alegría y gratitud a Jesús. Sin embargo, su gesto puede crear confusión. Judas lo ve como un despilfarro y Jesús, en cambio, lo interpreta como un anuncio de su Pascua. Este Lunes Santo es un momento propicio para ser honestos con Jesús. Algunos ven en esta escena una rivalidad entre Jesús y los pobres, pero no es así. Él no rivaliza con los pobres. Todo lo contrario, Él nos conduce a amarlos y dar la vida por ellos, pero sin usarlos ni manipularlos, como pretende Judas. Si queremos vivir la pascua de Jesús, unámonos a María y expresemos nuestra adhesión y amor al Maestro.

ORACIÓN: Que el encuentro contigo, Jesús, me lleve a amar y servir más a los pobres y que siempre descubra en ellos tu rostro.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 30 MARZO 2026, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

 

MARTES 31
San Benjamín
Is 49, 1-6; Sal 70, 1-6.15.17; Jn 13, 21-33.36-38

EVANGELIO: En aquel tiempo, estando Jesús a la mesa con sus discípulos, se turbó en su espíritu y dio testimonio diciendo: «En verdad, en verdad les digo: uno de ustedes me va a entregar». Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía. Uno de ellos, el que Jesús amaba, estaba reclinado a la mesa en el seno de Jesús. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía. Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó: «Señor, ¿quién es?». Le contestó Jesús: «Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado». Y, untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote. Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo: «Lo que vas a hacer, hazlo pronto». Ninguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres. Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche. Cuando salió, dijo Jesús: «Ahora es glorificado el Hijo del Hombre, y Dios es glorificado en Él. Si Dios es glorificado en Él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijitos, me queda poco de estar con ustedes. Me buscarán, pero lo que dije a los judíos se lo digo ahora a ustedes: “Donde yo voy no pueden venir ustedes”». Simón Pedro le dijo: «Señor, ¿adónde vas?». Jesús le respondió: «Adonde yo voy no me puedes seguir ahora, me seguirás más tarde». Pedro replicó: «Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Daré mi vida por ti». Jesús le contestó: «¿Con qué darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces».

REFLEXIÓN: La escena de hoy transcurre luego del lavatorio de los pies. Es el momento en que revela quién lo iba a entregar. Solo Judas entiende que la denuncia de Jesús se refería a él y decide separarse de la comunidad. La gloria de Jesús no va de la mano de triunfalismos, sino de humillaciones. Ya lo había indicado con su actitud humilde en el lavado de los pies. La traición de Judas, la negación de Pedro y el abandono de los demás discípulos acentúa la humillación y nos prepara para el peor escenario. Nosotros seguimos caminando con el Maestro y vivimos con Él cada momento difícil de esta Pascua.

ORACIÓN: Gracias, Jesús, por enseñarme que despojándome de mí mismo es como permito que tu gloria brille en mi vida.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 31 MARZO 2026, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

 
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