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1LOS EFECTOS TRAUMÁTICOS DEL CORONAVIRUS
-Por Lic. Cecilia Barone*-

Alabado seas, mi Señor,
por aquellos que perdonan por tu amor,
y sufren enfermedad y tribulación;
bienaventurados los que las sufran en paz,
porque de ti, Altísimo, coronados serán.
Cántico de las criaturas. San Francisco de Asís

Vivimos una etapa histórica muy particular. No imaginábamos que en el siglo XXI podrían suceder las cosas que creíamos superadas. Ahora contamos con una ciencia que consideramos avanzada respecto a los períodos precedentes. Nos parecía que teníamos todo bajo control. Nos sentíamos los amos de la naturaleza: podíamos disponer de ella como quisiéramos, para bien y para mal. Pero la vida nos sacude y nos vuelve a dar una lección. Nos demuestra que no somos omnipotentes y que mucho nos queda por aprender.

UNA SOCIEDAD TRAUMATIZADA

La palabra trauma proviene del término griego que significa “herida”. Se trata de una lesión generada por un agente externo o por un golpe emocional que ocasiona un perjuicio al individuo. Es una amenaza o ataque que:

  • ocurre de pronto, inesperadamente o fuera de toda norma
  • excede la capacidad del individuo para poder manejar la amenaza o el ataque en forma inmediata
  • perturba los marcos subjetivos de referencia que sirven para entender y manejarse en el mundo.
  • expone a un acontecimiento estresante o una situación (tanto breve como prolongada) de naturaleza excepcionalmente amenazadora

2La sociedad también sufre traumas. El trauma social podríamos definirlo como el conjunto de acontecimientos inesperados que marcan una sociedad, una época desde los espacios comunes y públicos y que tiene consecuencias traumáticas en las personas.

El coronavirus ha producido un trauma que cubre el cuerpo social, el mismo planeta y a la vez golpea a cada uno de los componentes de la sociedad, de diversa manera. Cuando sucede un drama así quedamos desconcertados.

Antes de esta pandemia estábamos en una posición de potencia, de dominio, de supremacía sobre el entorno, sobre la naturaleza y de repente el trauma causado por este virus nos vuelve inerme, impotentes, de extrema vulnerabilidad, frágiles. Entonces entendemos lo traumático como el pasaje de la potencia a la impotencia, al desconcierto.

3Mientras estamos dentro de la “normalidad”, armamos un esquema de defensa, una fortaleza, para distinguir el amigo del enemigo, el conocido de lo desconocido, lo familiar de lo extraño. Nos encontrábamos cómodos dentro de este sistema de seguridad que habíamos armado. Pero este virus hizo saltar esta muralla. Ahora mi amigo puede ser una fuente de contagio del virus para mí. Ahora el virus puede estar en el amigo o en el enemigo. Esto produce una fuerte sensación de angustia persecutoria. Si supiéramos cómo es el virus, cómo se reproduce, cómo se propaga; si fuese un objeto identificable, delimitado, focalizado podríamos defendernos, huir, luchar contra él, pero en este caso el objeto de la angustia es indeterminado, invisible. Nos deja inermes. La protección que ahora tenemos contra este extraño es el distanciamiento social, el aislamiento.

LA PANDEMIA NO ES DEMOCRÁTICA

4Para resguardarnos de la proximidad con los otros tenemos que quedarnos en casa, pero una casa se tiene que tener. Si es grande, amplia y con espacio suficiente permite que cada uno tenga privacidad, su espacio, pero en la mayoría de los casos, sobre todo en las ciudades, no es así. Las nuevas modas arquitectónicas basadas en réditos económicos, han suprimido la posibilidad de mantener la intimidad. Las ventanas se cubren con paños de vidrios fijos que hacen casi imposible separarse de la mirada ajena; las paredes son angostas y filtran los ruidos de los vecinos; los ambientes son minúsculos. En estas condiciones las casas no son un lugar placentero para afrontar una cuarentena.

Si debemos mantenernos a resguardo necesitamos hacer algún acopio de alimentos para evitar salir seguido a hacer compras. En este caso, el dinero hay que tenerlo, igual que el agua corriente para lavarnos seguido las manos, el alcohol, la lavandina para desinfectar las cosas. Una gran mayoría de la población no tiene acceso a todo esto. Entonces, como siempre ocurre, la crisis golpea con más fuerza a los sectores frágiles y vulnerables.

5DOBLEGAR LA LEY DEL MÁS FUERTE

Según explicó Charles Darwin en su Teoría de la evolución, el proceso biológico transforma unas especies en otras especies descendientes, y su reverso es la extinción de la gran mayoría de las especies que han existido previamente.  Consiste en el cambio gradual de los seres vivos y todo cuanto existe en la naturaleza. En este cambio sobrevive el más fuerte de cada especie. Los otros, los más débiles, terminan por extinguirse.

Hay quienes piensan que esta pandemia seleccionará a quienes van a resistir y a quienes van a morir (esta teoría estuvo en boca hasta de algunos mandatarios)

Es un disparate creer que, al final de esta crisis, vencerán los más fuertes. Muy por el contrario, si consideramos que ser humano significa tener una visión solidaria de la vida. No tiene que dominar el más fuerte. Puede suceder en el mundo animal, pero con las personas, nuestro deber es ofrecer al que cae la posibilidad de alzarse, entregar las manos para sacar del pozo al que ha trastabillado.

6Nuestras actuales disposiciones económicas, sociales e internacionales están basadas, en elevada proporción, en una organizada falta de amor, en una rapiña consciente de aprovecharse de todo lo posible. Empezamos careciendo de amor hacia la naturaleza, de modo que, en vez de procurar cooperar con el Creador en los planos inanimados o infrahumanos, procuramos dominar y explotar, desperdiciamos los recursos minerales de la tierra, arruinamos su suelo, asolamos sus bosques, llenamos de basura sus ríos sus mares y de vapores venenosos su aire y, tarde o temprano (cada vez más temprano) pagamos las consecuencias.

De todo esto nadie se siente culpable y los congresos mundiales que se organizan para tratar estos temas terminan en declaración firmadas por todos, pero no respetadas por ninguno. “Esta hermana (la tierra) clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla. La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes” dice el papa Francisco en su Encíclica Laudato sí (alabado sea).

7BUSCAR LA PUERTA DE EMERGENCIA

Para aprender las lecciones que nos intenta enseñar el virus deberemos, en primer lugar, tener una real conciencia de que no se puede violentar la naturaleza, superar los límites permitidos sino provocaremos un verdadero eco-suicidio. Tendremos que encontrar, de manera mancomunada, una nueva relación con nuestro planeta.

La correspondencia de la economía con el estado, con la sanidad, con la salud tendrá que ser una cuestión prioritaria para poner en la agenda del gobierno, así como el apoyo y sostenimiento de las universidades y centros de investigación. La acción no debe limitarse a superar los problemas inmediatos. Deberemos preocuparnos por el antes y el después pues está suficientemente claro que “no solo de pan vive el hombre”.

El sentido de la vida será prioritario y no se puede disponer individualmente, se construye en una comunidad y se basa en la capacidad de los unos para acordarse de los otros. “Debería tenerse presente que vivir humanamente significa tener y cultivar vínculos humanos” considera Saint Exupery. Nos sentiremos religados cuando superemos las maneras del simple vivir “al lado de”, para que se alcance el “convivir con “.

La esperanza puede convertirse en una guía fiable de las mil facetas que posee la praxis humana para salvarse.

 
*Cecilia Barone es socióloga, psicóloga social
y profesora superior en Ciencias Sociales.
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