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1LA TAREA DE SÍSIFO: NO BAJAR LOS BRAZOS
-Por Lic. Cecilia Barone*-

La mitología de las grandes culturas nos enseñan a través de sus relatos el sentido de la vida humana, devela sus sueños más recónditos y muestra las consecuencias del obrar del hombre.

Sísifo, conocido personaje de la mitología griega,  hizo enfadar a los dioses por su extraordinaria astucia. Como castigo, fue condenado a perder la vista y a empujar perpetuamente un peñasco gigante montaña arriba hasta la cima, sólo para que volviese a caer rodando hasta el valle, desde donde debía recogerlo y empujarlo nuevamente hasta la cumbre y así indefinidamente. El mito de Sísifo nos puede ayudar a seguir adelante sin desfallecer.

CAER PARA VOLVER A LEVANTARSE

2El filósofo francés Albert Camus escribe un libro sobre el Mito de Sísifo como representación de nuestra cultura. La tarea del personaje nos enfrenta con lo que  la vida parece de absurdo: sufrimos, trabajamos, repetimos las mismas rutinas y los mismos errores y  cuando nos paramos nos damos cuenta del sin sentido del hacer. La repetición de lo cotidiano, una  y otra vez se sucede hasta el final. Siendo jóvenes  comenzamos el camino de subir la piedra a la montaña. Hacemos todo el esfuerzo para llevarla hacia arriba, luego los contratiempos, las desilusiones, el fracaso, nos hacen volver para atrás. Y volvemos a recomenzar y cuando creemos que hemos llegado a la cima nos acechan las enfermedades, los vaivenes sociales y otra vez a empezar. La vida puede tornarse una fatiga insoportable.

Camus dice, refiriéndose a este mito, que el hombre se pregunta si la vida tiene algún valor y si vale la pena vivirla. Si la vida es un  esfuerzo sin fin en sí misma como la roca que se sube hasta la cima entonces ¿qué sentido tiene todo?

TODOS NOSOTROS SOMOS SISIFO

4Estudiamos, trabajamos, formamos una familia, nos relacionamos, nos afanamos de más sin estar seguros de adónde llegaremos.

Camus reconoce el absurdo de muchas de nuestras acciones pero también piensa que en toda negatividad hay un grito de esperanza que es el lado positivo de la existencia. El ser humano aspira a sobrevivir, no quiere dejarse morir entonces  toma coraje y le hace frente a la vida, comprende que los esfuerzos que parecen monótono, rutinarios, tienen una dirección. La repetición  de los trabajos, las rutinas, las costumbres es lo que hace a la vida, vida.

La toma de conciencia de nuestra situación, a la vez, desarrolla la capacidad de adaptarse, que no significa caer en una resignación pasiva. Se comprende que hay que actuar como si  todo tuviera sentido. Así es como se ha desarrollado la civilización, con el trabajo cotidiano. Un descubridor, un inventor cuántas veces repite el mismo experimento hasta conseguir lo que está buscando. Es una re-creación ininterrumpida. Es entender que aunque no estamos seguros de hacia dónde vamos con nuestro aporte la civilización puede ir para mejor, puede superarse.

LA DESESPERANZA COMO SIGNO CULTURAL

5Muchos jóvenes ven a los adultos, a lo que sucede a su alrededor y antes de empezar se dejan abandonar por cualquier esperanza. Ni intentan comenzar lo que saben que va a desmoronarse al poco tiempo, entonces caen en un estado de melancolía, de depresión y  buscan la vía de escape que consideran, según Camus, más lógica: el suicidio. Suicidarse significa admitir que la vida nos ha superado y que no nos podemos hacer cargo de ella  y no vale la pena vivirla

Este desgano y apatía por vivir se manifiesta, sobretodo, en estar separados de los otros, tener una visión profundamente negativa de las relaciones interpersonales, en comunicarse más que nada a través de las redes informáticas. A través del aislamiento se intenta huir de las presiones sociales que producen un enorme malestar físico y psicológico que se manifiesta, fundamentalmente, en jóvenes entre 14 y 25 años. Si bien este fenómeno se da sobre todo en los países más desarrollados, aparece también en los suburbios de las ciudades y parece no conocer límites de estratificación social ni de sexo. Es lo que se llama un síndrome cultural.

ENSEÑAR CON EL TESTIMONIO

3Los que tenemos una fe religiosa le damos al existir un significado  más allá del vivir terrenal. Es como lo comprenden las grandes religiones de todos los tiempos. Pero aún si no se adhiere a ninguna creencia religiosa hay una fe en el ser humano al alcance de todos. Es la fe en la existencia.

Si los jóvenes se sienten desahuciados, si no le encuentran el gusto a lo que ven queda a los adultos mostrarles a través del ejemplo (que enseña mucho más que mil palabras) que, a pesar de todo, vale la pena vivir. ¿Cómo se lo enseñamos? Primero reconociendo el sufrimiento por el que pasan. Y luego, cumpliendo día a día nuestros deberes, aceptando nuestras responsabilidades, mostrando coraje para continuar, a pesar de las vicisitudes que se nos presentan pero también gozando de las  alegrías, creyendo en las buenas intenciones, reconociendo al prójimo...

La gente tiene hijos porque cree poder afrontar la tarea de ser padres, los profesores enseñan a pesar de que es su trabajo  va contra corriente de lo que la sociedad ofrece. A los profesionales de la salud les corresponde insistir en prácticas  que inciten a la salud; a los intelectuales  ayudar a desarrollar un pensamiento complejo para poder dilucidar los hechos; a los religiosos demostrar que Dios continúa ininterrumpidamente, con su obra.

Si actuamos de esta manera probablemente los resultados que esperamos no sean inmediatos. Eso no es lo importante. Debemos seguir apostando a mejorar. Es importante resultar creíbles en lo que hacemos. Tal vez sea la manera de salir de un estado de apatía crónica.

*Cecilia Barone es socióloga, psicóloga social
y profesora superior en Ciencias Sociales.
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Comentarios:

A mi me gustó, describe la realidad y a partir de allí me invita a involucrarme, a sentir y saber que el bien que está por venir también depende de mí. ¡A ponerse las pilas y mirar y actuar con esperanza!
María
05/08/2019

Este texto no me resultó alentador; me dejó una profunda tristeza.
Judith Villalón
01/08/2019

 
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