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1CONTRATACAR AL VIRUS
-Por Lic. Cecilia Barone*-

Tantas veces te mataron, tantas resucitarás, tantas noches pasarás desesperando. A la hora del naufragio y la de la oscuridad alguien te rescatará para ir cantando. Ma. Elena Walsh. La cigarra

Seguramente a muchos nos sucede que nos despertamos por la mañana y pensamos que lo que está sucediendo afuera, en este momento, es solo una pesadilla y que todo a nuestro alrededor está como siempre, que sigue su “normalidad”. Después, cuando tomamos conciencia de dónde estamos y de lo que estamos viviendo casi no lo podemos creer. Solo figuran en los libros de historia las guerras, las masacres, las pandemias por las que ha atravesado el mundo en todo tiempo y lugar.

¡ERAMOS TAN PODEROSOS!

2Ni remotamente nos imaginábamos que esto nos podía pasar a nosotros hombres y mujeres del siglo XXI con una ciencia tan avanzada, con una tecnología impresionante y con una producción desmesurada de bienes. Habíamos desdibujados las fronteras y éramos una enorme aldea global. Ahora esas fronteras se cerraron.

Nos sentíamos tan poderosos que habíamos anulado de nuestra conciencia y de nuestras acciones la necesidad de Dios. ¿No era ésta una idea que usaba el “hombre primitivo” cuando no disponía de los medios que hoy tenemos? La idea de un Dios Omnipotente la fuimos reemplazado por la idea del Hombre Omnipotente. Ahora nos damos cuenta que no lo somos y caemos en la desesperación. De repente se nos abrieron los ojos.

Muchas personas experimentan un cambio de pensamiento y de conductas fundamentales cuando afrontan una grave dificultad y ponen sus prioridades bajo una luz diferente. Una gran mayoría, en cambio, espera que las molestias terminen lo antes posible para continuar haciendo lo de siempre y como siempre. Las nuevas circunstancias no le enseñaron nada. ¡Qué lástima!

Este virus que de repente nos paraliza puede verse como una señal que nos indica que es momento de mirar al planeta con una nueva visión. Verlo como nuestro hogar significa mucho más que implementar leyes y políticas "verdes". Supone nuevas formas de pensar y de comportarse como ciudadanos globales, con una manera diferente de ver todo y a todos los que nos rodean, como dice el papa Francisco en su encíclica Laudato sí
 
3EL DISPLACER PSICOLÓGICO

Cuando nuestra vida se desarrolla por los carriles normales y conocidos pedimos casi a gritos tener más tiempo libre para descansar y hacer lo que queremos. Cuando, en cambio, nos sentimos obligados a tomarnos el tiempo para quedarnos en casa, despúes de la primera euforia comenzamos a sentirnos incómodos hasta con nosotros mismos. “Me siento aburrido, ya no sé que hacer, me molestan los que tengo que soportar todo el dia al lado mío, o mi soledad”. No entendemos que somos nosotros los que fabricamos estos estados de ánimo. Aburrimiento, fascinación, monotonía, depresión, son todos nombres que ponemos a lo que percibimos.

La inquietud nerviosa suele ser un síntoma del temor al vacío, que tratamos de llenar con cualquier cosa de la que podamos echar mano. Se nos enseña a aburrirnos, a buscar entretenimientos fáciles, a desear ardientemente lo efímero, a ser pasivos y desconcentrados. Hay industrias multímillonarias, como las de los medios de comunicación, las drogas, los entretenimientos pasatistas, basadas en la alimentación de este miedo al vacío. Proporcionan somniferos a nuestros cerebros para que adormezcan la ansiedad y el miedo y olviden lo que en realidad es importante no olvidar.

3Suficiente no sólo para el día, sino también para el lugar, es el mal que hay en ella (la inquietud). La agitación sobre sucesos que no podemos modificar, sea que no hayan ocurrido todavía, sea que ocurran a una inaccesible distancia de nosotros, sólo consigue la inoculación al aquí y al ahora del mal remoto o presentido que es objeto de nuestra angustia. Escuchar y leer cuatro o cinco veces al día las noticias y su comentario, San Juan de la Cruz lo habría llamado “complacerse en ociosa curiosidad y en el cultivo de la inquietud por la inquietud”, dice Aldoux Huxley en su Filosofía Peremne.

En cambio, cuando encontramos algo en que enfocarnos damos un paso adelante. Una meta que nos impongamos, no importa lo grande o pequeña que sea, nos da motivo para vivir y ganar vitalidad entonces las crisis ya no nos agitan de la misma manera y el panorama interno se vuelve más sereno y tranquilo. De pronto nos damos cuenta que tenemos un margen de libertad que hasta ahora no habíamos usado

5REAJUSTAR EL TIEMPO LIBRE

No tenemos poco tiempo: es que perdemos mucho.
No hemos recibido una vida breve, sino que nosotros la hacemos breve. Séneca. Sobre la felicidad y la brevedad de la vida

Tenemos el tiempo siempre ocupado, planificado, pero ahora la cuarentena nos pone en condiciones de tener un tiempo libre inesperado del que debemos sacar provecho. Un modo excelente de hacerlo es examinar en qué invertimos nuestro tiempo y nuestra energía. Cada uno tiene una amplia gama de preocupaciones. Algunas no están en nuestras manos solucionarlas. Conviene pues centrar nuestros esfuerzos sobre las que sí podemos hacer algo.

Es momento de poner primero lo primero. Lo que es urgente deberemos afrontarlo, pero sin descuidar lo que es importante como por ejemplo construir y mejorar las relaciones familiares, hacer planificaciones de largo alcance, practicar actividad física, comer en forma saludable, completar nuestra formación profesional, estudiar algo, leer, descansar lo suficiente.  Es decir, todas esas cosas que sabemos que hay que hacer, pero que solemos eludir, porque no son urgentes.

Tal vez es la oportunidad para valorar lo importante de la vida y del tiempo que siempre resulta demasiado corto.

YO Y LOS OTROS

6Tendemos a suponer que las cosas malas que nos ocurren son culpa de los otros: los pobres porque hay que ayudarlos a mantenerse, los viejos pues son un gasto social considerable, los chinos porque difundieron esta pandemia al mundo, pero ahora los otros somos tambien nosotros. El virus ataca sin hacer distinción de clases, etnias o religiones. En la historia siempre se encontraron chivos expiatorios.

Empezamos a caer en la cuenta de que no somos dioses como esta sociedad nos estaba haciendo creer. Comprendemos que somos humanos iguales a cualquiera, que tenemos las mismas debilidades y deficiencias y que nuestras limitacones nos muestran que nos necesitamos mutuamente.

Ahora debemos ampliar nuestra mirada y aceptar al que considerábamos diferentes, pero además de aceptarlo se nos exige empezar a tener una mirada más compasiva, si por ella se entiende padecer y sentirse con y cómo la otra persona, intentando vivir dentro de mí lo que el otro vive, entendiendo que no hay nada en el otro que no podamos sentir dentro de nosotros mismos. Es hacer el ejercicio de meterse en los zapatos ajenos porque en algún momento esperamos que alguien se meta en los nuestros.

Nos quedan pocas excusas para cambiar la perspectiva hacia nuestros semejantes si queremos comenzar a fundar una nueva era si no, por desgracia, cuando todo esto termine, nos olvidaremos y volveremos a lo anterior: a usar los vestidos viejos. “Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; porque tal remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura” (Mt. 9:16). No volvamos a esclavizarnos ni añorar nuestra vida vieja anterior. Esta es una experiencia tal vez inédita para que podamos comenzar a ser un poco mejores.

Aprendamos y enseñemos a cuidarnos y a cuidar.

7SI QUEREMOS PODEMOS

Teníamos tantos propósitos, tantos proyectos y de repente, sin nuestra directa participación se nos derrumban. Vemos nuestras esperanzas malogradas. A veces resulta difícil recuperarlas, pero también de la frustración se aprende.

Muy poco podemos cambiar el clima de afuera pero sí nuestro clima interno. Debemos reconocer y aceptar lo que está más allá de nuestro control, mientras centramos nuestros esfuerzos en las cosas que sí podemos controlar. Lo que habla de nosotros no son las palabras sino nuestros actos. Más que nunca se requiere estar atentos a lo que decimos y nos decimos y a lo que hacemos. Cambiar nuestra mirada, la manera de evaluar las cosas y nuestras acciones es un proceso largo y paciente, pero no imposible. La cuestión es si realmente estamos dispuestos a hacerlo.

Elijamos nuestras respuestas no condicionadas a las condiciones particulares por las que atravesamos y pensemos que cuando tambalea la confianza en nosotros y en cómo saldremos de ésta nos bastará saber que otros lo han hecho y han sobrevivido ¿por qué entonces no lo haremos también nosotros?

Nos puede ayudar no aumentar las propias presiones y adoptar una actitud confiada y relajada, confiando en nosotros mismos como cocreadores, junto con Dios, de nuestra existencia, siempre tratando de mejorarla.

 
*Cecilia Barone es socióloga, psicóloga social
y profesora superior en Ciencias Sociales.
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