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1LA ESCUELA, VERDADERO VACUNATORIO SOCIAL
-Por Lic. Cecilia Barone*-

El frontispicio del castillo advertía: Ya estabas aquí antes de entrar y cuando salgas no sabrás que te quedas.
Jorge Luis Borges. A Francia

La escuela puede definirse como el último reducto de lo humano. Sin exagerar. El papel de la escuela no puede ser sustituido por la familia pues la escuela abre a los niños y a los jóvenes una ventana nueva alejada del nido familiar, que mira al mundo exterior, a los saberes compaginados a lo largo de la historia de la humanidad. Por eso, la escuela es el único centro que subsiste para “vacunar” al hombre contra su ignorancia y su cortedad de miras.

En las últimas décadas se viene insistiendo sobre el progresivo deterioro del sistema educativo. El mal está ampliamente detectado.

2La Argentina es el país que más retrocedió en la región según los resultados de la prueba internacional PISA, 2018. En ese momento se examinaron a estudiantes de 79 países. De allí surge que unos 750 mil jóvenes argentinos no estudian ni trabajan lo que representa un 24%, cuando esa cifra es del 16% a nivel regional y mundial, del 13%. Aún más: casi la mitad (47%) de los que terminan la secundaria tiene graves dificultades para comprender lo que lee, según la investigación Aprender del 2017.

Ante estos datos nos hacemos muchas preguntas: los ejemplos que dan la familia y la sociedad en su conjunto, ¿estimulan a los jóvenes a entusiasmarse con el estudio y la lectura? ¿Hay que exigirles a los niños para que tomen en serio el estudio? ¿Cómo influye, en el proceso de aprendizaje, la cada vez más marcada disminución de la atención provocada por las tecnologías de la comunicación? ¿Es posible encontrar algún remedio a estos males?

La situación vivida el año pasado, y que continuamos hasta el presente, como resultado de la pandemia fue inesperada. Provocó un “crash” mundial en todos los aspectos: las relaciones sociales, la salud, la economía y la educación. Sin tener referencias anteriores de semejante tragedia, se hizo un gran esfuerzo para tratar de que los chicos no pierdan la continuidad pedagógica: los docentes –sin estar preparados–, los mismos chicos, la familia. Todos hicieron lo que pudieron.  Después del primer año pasado sin clases presenciales los resultados demuestran una profundización de las desigualdades sociales. Muchos no acceden a medios remotos de conectividad, no todas las familias pueden ayudar a los chicos en las tareas escolares; la deserción escolar aumenta.

3¿QUIENES SON LOS CULPABLES?

Buscar a culpables que afronten las consecuencias de esta crisis educativa no tiene mayor sentido. De alguna manera todos estamos involucrados en que las cosas marchen de esta manera.

Los alumnos se quejan de que las clases son aburridas y los contenidos obsoletos y los maestros se afligen de que sus alumnos no aprenden, pero que además tienen que luchar en condiciones desiguales contra una cultura que en vez de ayudarles les complica su tarea, y que para colmo sus sueldos son míseros. Estos son lamentos. Pero hay una causa más profunda del deterioro educativo: el cambio de valores profundo que se ha producido en la civilización occidental.

Las generaciones anteriores tenían como parámetros de vida el esfuerzo, el trabajo, la responsabilidad, el respeto al “tiempo lento” de los humanos pues las creaciones científicas, artísticas responden al tiempo pausado, sosegado; a gente que imagina, reflexiona, piensa y todo eso contradice las tendencias actuales. Los chicos tienen derecho a saber que además de la aceleración en que vivimos existe un tiempo más humano.

4Por otro lado, se pide que la escuela sea divertida. Las acciones humanas no tienen por qué ser siempre divertidas, fugaces, desvinculadas. Así solo nos empobrecemos. Ser exigidos por nuestras responsabilidades y exigir a los hijos demuestra que ellos nos importan y que a nosotros nos importa lo que hacemos.

La escuela debe proveer el manejo de las herramientas intelectuales fundamentales, las tecnológicas se pueden aprender en cualquier lugar. Pero lo fundamental que enseña la escuela requiere esfuerzo, trabajo, constancia.

Hace pocos días atrás murió el hermano marista Eugenio Magdaleno. Quienes tuvimos el privilegio de conocerlo valoramos su humanidad y el valor tan grande que le daba a la educación. Siendo de familia muy humilde y teniendo que trabajar desde niño, cuando arribó a Buenos Aires, ya con sus estudios sacerdotales cumplidos, continuó estudiando afanosamente logrando el título de profesor en letras, luego de cursar teología en Roma, se especializó en literatura francesa en la Sorbona. Llegó a ocupar los más altos cargos dentro de su Congregación.  Apostó siempre al trabajo y a la educación y a los jóvenes pobres de Villa Diamante, donde trabajó con ahínco, les decía “no miren de dónde vienen, no miren para atrás. Miren siempre hacia donde quieren ir, a dónde ansían llegar”. El pasaporte para un futuro mejor se los daría la educación, según su perspectiva.

5VOLVER A PROMOVER EL VALOR DE LA EDUCACIÓN

El pacto educativo básico que era la alianza de padres con maestros para educar a los chicos está roto. Hoy los padres están aliados con sus hijos en contra de los maestros o la institución escolar. Es necesario e imprescindible volver a establecer un nuevo pacto. Basado en el respeto mutuo entre padres y docentes, en la valorización del rol del maestro, en la importancia social de la escuela.

El docente debe ser un modelo, un ejemplo, entonces más allá del uso de las tecnologías, hay que volver a valorar lo humano del proceso educativo. El buen docente es el que sabe mucho de una materia, que siente pasión por eso que sabe y que transmite esa pasión. Podemos estar seguros que ninguna tecnología va a modificar la educación sino los buenos docentes que son los que van a mostrarles a los chicos las posibilidades que encierra la enseñanza.

Hay que dedicar recursos para la formación docente y deben dedicarse a esta tarea los mejores, como lo demostraron los países que hoy están entre los mejores del mundo. Apostaron a la escuela y a la formación docente de calidad y ganaron ampliamente.

El otro aspecto fundamental será incorporar a todos a la educación, es en esencia una de las mejores herramientas para intentar la igualdad de oportunidades y formar buenos ciudadanos.

Volver a ocuparnos del saber, hacer una epopeya educativa, mejorar su calidad significará mejorar la calidad de la humanidad que debe ser un problema y una acción de todos.

*Cecilia Barone es socióloga, psicóloga social
y profesora superior en Ciencias Sociales.
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Comentarios:

Excelente nota!! Muy clara y contundente. Hace reflexionar mucho. Contiene mucha razón.
Ana María
05/05/2021

MUY BUENO. APUNTA A LOS TEMAS CENTRALES DE LA DETERIORADA ENSEÑANZA MEDIA.
Marta
04/05/2021

 
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