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1AVIVAR LOS DESEOS
-Por Cecilia Barone*-

Andad con prudencia, no como necios,
sino como sabios, aprovechando bien el tiempo.

San Pablo Efesios 5, 16

Damos comienzo a un nuevo año. Seguramente no olvidaremos, mientras vivamos, la experiencia del año que dejamos marcada por la pandemia y la cuarentena. Esperemos que, poco a poco, la vida vuelva a encaminarse por senderos de mayor normalidad donde podamos caminar, movernos, trabajar y disfrutar sin el temor del contagio del virus. Empieza otra etapa. Como solemos hacer a principios de un nuevo año nos hacemos muchas promesas y tenemos esperanza de que todo mejore. Queda por preguntarse qué hacemos cada uno para que las cosas así sucedan.

LA VIDA SE ESCURRE DE NUESTRAS MANOS

2La vida siempre nos resulta breve, aunque trabajemos noche y día, aunque nos distraigamos con miles de cosas y de gente. Los días pasan volando, los meses y los años se suceden sin que nos demos cuenta. Sin dudas, el año pasado hemos hecho un aprendizaje intensivo de cómo arreglárnosla con el miedo al contagio, con el trabajo desde casa, con los chicos sin la escuela. No sabemos que nos depara este nuevo inicio. La pregunta que debemos hacernos es si valió de algo lo vivido, si hemos aprendido a tratar de vivir de manera más humana, si nos hicimos más solidarios, si estamos dispuesto a vivir de manera más intensa la nueva etapa.
Muchas veces tenemos la sensación de vivir a medias. Nos sentimos anémicos, no por falta de vitaminas o de comidas sino anémicos del alma. Nuestro yo está debilitado. Somos conscientes de nuestro bajo rendimiento. Sabemos que podríamos trabajar mejor, aprovechar mejor nuestro tiempo, amar más profundamente, pero estamos aletargados.

Nos damos cuenta que vivimos a muy bajo nivel. Solo esperamos volver a “la normalidad” anterior al Covid: repetición, rutina, dar vueltas a las cosas y no resolverlas, hacer lo mismo que estamos acostumbrados a hacer, aunque eso mismo ya no nos conforme, pero es conocido y cómodo.

3VALOREMOS ELTIEMPO QUE SE NOS OFRECE

El tiempo es más que oro, es vida y aprender a usarlo es aprender a vivir a fondo. Pero suele escaparse, sin que nos demos cuenta. Somos pura fuga, evasión. Estamos urgidos por la aceleración y ansiedad.

“No hemos recibido una vida breve, sino que nosotros la hacemos breve. Si andamos escasos de tiempo es que lo derrochamos. Una mínima parte de la vida es la que nosotros vivimos…Pasamos la vida como si siempre fuéramos a vivir. Nunca se nos ocurre pensar en nuestra fragilidad. Jamás tenemos en cuenta la cantidad de tiempo que ya pasó: Lo gastamos como si dispusiéramos de un caudal inagotable Mientras andamos distraídos la vida se apresura” dijo sabiamente Séneca. (Sobre la brevedad de la vida)

Esperamos que otros tomen decisiones, que nos den darnos fuerza de recomenzar. Pero eso no ocurre. La energía debe emanar de nosotros. Claro que las circunstancias adversas que no elegimos nos desilusionan y nos boicotean. Pero necesitamos también afirmar nuestro poder para que las cosas ocurran de otra manera.

DESPERTAR LOS DESEOS

El primer paso es despertar, sacudirnos la inercia y llenarse de ganas de vivir, a pesar y con las condiciones adversas.  No somos inocentes al pensar que las cosas mejorarán por sí solas. Los sufrimientos y los temores nunca desaparecen totalmente, pero podemos suavizarlos. Despertar es tomar conciencia de nuestras posibilidades e imposibilidades. Las posibilidades para abordarlas y las otras para dejarlas de lado y, en lo posible aceptarlas.

4Pero para que esto ocurra necesitamos tener deseos. Y el deseo es la puerta de la vida. Muchas veces tenemos “anemia del no desear”, como dice Stevenson.

San Ignacio de Loyola, el santo fundador de la Compañía de Jesús, hacía la selección de los candidatos que querían entrar a la orden haciéndoles la siguiente pregunta que consideraba clave: “tiene el candidato grandes deseos de seguir esta vida, con todas sus asperezas y humillaciones que ha de conllevar”. Si la respuesta era positiva podía pasar. Si era negativa, les hacia la segunda pregunta: “Ya que no tiene deseos ardientes ¿tiene al menos deseos de tener esos deseos?”  Pregunta crucial.  Si los tenía las puertas estaban abiertas. Ya vendría lo demás.

El deseo inicial deja abierta las puertas a los otros deseos y permite entrar a la esperanza. Se necesita el pasaporte del deseo.

Como lo hacía San Ignacio, vale hacerse está misma pregunta en las diversas situaciones que nos toca afrontar; ¿qué tipo de vida deseo? ¿cuál es mi vocación? ¿soy capaz de cumplirla? ¿hago las elecciones que me permitan tener cada vez más vida o me conformo con lo cómodo pero conocido?

5Se dice que querer es poder y, podemos completar la frase diciendo que querer es desear. El deseo nos tironea, los impulsa. Es el filo primero de los hechos.

Cuando Jesús pregunta al paralítico de la piscina de Betsaida si quiere curarse parece una pregunta sin sentido. Obvio que quiere después de haber estado tantos años tullido. Pero Jesús hace esa pregunta para despertarle el deseo, quiere avivar en él la llama de la fe en el vivir. Sin ese deseo no lo curará. Necesita que el otro reaccione de tantos años de inercia.

Queremos tener el deseo de vivir mejor. ¿Y ahora qué? Además de proponérnoslo debemos entrar en acción. Es cuestión de comenzar. No podemos decir por anticipado cuando lo lograremos. Dicen que después de un concierto del gran pianista Paderewski un joven admirador se acercó al maestro y le dijo con emoción: “Daría mi vida por tocar como Ud.” Y el maestro le contestó con igual sentir. “Eso es lo que hice yo hijo mío….eso es lo que hice yo” .

No hay atajos simples. Se requiere paciencia. El verdadero deseo es deseo a largo plazo que dura toda la vida y necesitamos renovarlo y encenderle la llama para que no muera. Nada se consigue sin constancia. Sabemos que caeremos, sentiremos que estamos en un pozo sin salida en muchos momentos de nuestra vida. Vale el proceso no solo el resultado. La cuestión y animarse a recomenzar.

El inicio del nuevo año seguramente nos permitirá renovar nuestros propósitos.
*Cecilia Barone es socióloga, psicóloga social
y profesora superior en Ciencias Sociales.
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