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1EN EL DÍA DEL PÁRROCO
-Por Gloria Batalla-

El 4 de agosto, día de san Juan María Vianney, un sacerdote y párroco ejemplar, celebramos de manera especial el don de la vida y la vocación de nuestros sacerdotes párrocos, una oportunidad para hacer memoria, pensar y también agradecer.

¿Qué es un párroco?

En las palabras del papa Francisco, la parroquia es “el lugar donde cada hombre se siente esperado, un hogar que no conoce ausencias”. “Es la presencia eclesial en el territorio, ámbito de la escucha de la Palabra, del crecimiento de la vida cristiana, del diálogo, del anuncio, de la caridad generosa, de la adoración y la celebración” (Evangelii Gaudium 28).

El párroco es justamente, el sacerdote responsable de una parroquia. Ya de por sí el sacerdote es una figura que impacta nuestra sensibilidad, es un referente en el barrio, ciudad y sociedad, y el párroco lo es aún más, ya que es un referente con entrañas de pastor, que con amor guía, acompaña y forma en la fe a los fieles de su parroquia. El párroco se desempeña siempre en plena comunión con su Obispo, para consultas, informar sobre la vida de su comunidad, el bien común en el ejercicio de la fe, las tareas pastorales y la convivencia en su comunidad.

El ejemplo del santo Cura de Ars

2San Juan María Vianney, también llamado “el cura de Ars”, es el patrono de los párrocos y sacerdotes. Nació en 1876 al noroeste de Lyon, Francia, en una familia de chacareros. Ingresó al Seminario Menor de Verriéres a los 26 años, y a pesar de que tenía una gran dificultad para los estudios, fue ordenado sacerdote en 1815.

En febrero de 1818, Vianney fue nombrado párroco de Ars, un pueblo no muy lejos de Lyon, pequeño, humilde  y no muy devoto. Vianney estaba convencido de que había solo dos maneras de convertir a los pobladores de Ars: con la exhortación, y el ofrecimiento diario de sus sacrificios  y mortificaciones personales.

Su labor principal fue la dirección de almas en la confesión. Esta tarea la hacía con fervoroso esmero dedicándole todo el tiempo que fuera necesario, era capaz de pasarse horas sentado escuchando a la gente. La gente comenzó a acudir a él, de otras parroquias y  de lugares distantes, y más tarde de todas partes de Francia, y otros países. En 1855, el número de peregrinos había alcanzado los veinte mil al año que lo visitaban, con la sola finalidad de ver al Cura de Ars y escuchar sus enseñanzas.

Este sacerdote enamorado de Jesucristo y de sus hermanos en Cristo. Muere el 4 de agosto de 1859. Sus restos, se conservan incorruptos en el santuario de Ars, el lugar al que dedicó su vida como presbítero.

El valor del párroco

3Mirando al santo cura de Ars,  la Iglesia toda, debe valorar y  fortalecer la vocación sacerdotal, sobre todo en estos tiempos, donde los escándalos y las malas noticias golpean duramente la figura del sacerdocio. Es necesario volver a Jesucristo pastor, que es el centro de la vocación sacerdotal, volver al origen, volver a ver a tantos sacerdotes que fueron y son verdaderos pastores, otros cristos, que nos guiaron, que con sus palabras, gestos y compañía nos mostraron la alegría de creer en Jesús. Es necesario que esto motive a la comunidad para pedir por las vocaciones, hacer que en las familias se promueva la oración, el amor y respeto por los sacerdotes ya que es una vocación muy valiosa y necesaria para la vida y misión de la Iglesia.

4Pensemos que toda la vida de la parroquia, gira en torno a su párroco, que es su guía, ya que dedica su vida a ello. El párroco es el guía, pero las tareas apostólicas de la parroquia deben ser entendidas y vividas con un sentido de comunión orgánica entre el sacerdocio común y el sacerdocio ministerial, en colaboración fraterna y dinámica entre el pastor y fieles, con el más absoluto respeto de los derechos, deberes y funciones, donde cada uno tiene sus propias competencias y su propia responsabilidad.

El párroco debe buscar que la comunidad viva en armonía, fraternidad y acogida, dando espacio a todos los fieles, debe motivar a todos para que ejerzan los distintos ministerios. El párroco debe hacer sentir su presencia y compañía en toda actividad de su parroquia, en la catequesis, con las familias, en la liturgia, las obras de misericordia,  con los grupos de jóvenes y actividades de niños, en la acogida y visita a todo el barrio para adaptarse a su cultura y que así nadie quede afuera.

Amor pastoral

Reproducimos aquí los consejos que el papa Francisco dio a los sacerdotes durante una ordenación sacerdotal:

5“Ustedes serán predicadores del Evangelio, Pastores del Pueblo de Dios, y presidirán las acciones del culto, especialmente la celebración del sacrificio del Señor…. Uds. son partícipes de la misión de Cristo, único Maestro. Prediquen a todos la Palabra de Dios, la que han recibido con alegría, desde niños. Lean y mediten con frecuencia la Palabra del Señor para creer lo que han leído y enseñar lo que han aprendido en la fe y vivan lo que enseñan.

Nutran al Pueblo de Dios con una doctrina, sencilla, como hablaba el Señor, que llegaba al corazón. No hagáis homilías demasiado intelectuales y elaboradas: hablen de forma sencilla, que llegue a los corazones, que sea un verdadero alimento. Con  alegría apoyen  a los fieles con el perfume de sus vidas, porque la palabra sin el ejemplo de la vida no sirve. La doble vida es una enfermedad fea, en la Iglesia.

Por favor, les pido en nombre de Cristo y de la Iglesia que sean misericordiosos, siempre; no carguen en los hombros pesos que no pueden llevar, ni ustedes ni los fieles. Jesús regañó a los doctores de la ley y les llamó hipócritas. Con el óleo santo den alivio a los enfermos. Una de las tareas más dolorosas, es la de ir a visitar a los enfermos. Háganlo ustedes…. no se olviden de tocar la carne de Cristo sufriente en los enfermos: esto los santifica, los acerca a Cristo.  Sean por  la oración de alabanza y la súplica, la voz del Pueblo de Dios y de toda la humanidad” (7 de mayo de 2017).

Sacerdote argentino

6Recordemos también en este día a nuestro santo sacerdote argentino, el padre José Gabriel del Rosario Brochero, quien fuera párroco en un extenso curato de Córdoba, y hoy es el nuevo patrono del clero argentino.

Cuando se le explicó al papa san Juan Pablo II quién era Brochero, éste enseguida lo asoció a san Juan María Vianney y exclamó: «¡Entonces el Cura Brochero sería el Cura de Ars de la Argentina!».

Pidámosle a nuestro santo Brochero la protección y asistencia para los sacerdotes y especialmente para los párrocos.

 
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