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1CONDUCIR ELTIMÓN DE LA PATERNIDAD
-Por Cecilia Barone-

Ejercer la maternidad y la paternidad exige responsabilidad, disposición, entrega y supeditar, muchas veces, los proyectos personales para dedicarse al cuidado y crianza de los hijos, lo que lleva tiempo y energía. Más allá de la responsabilidad que implican estas funciones muchas veces olvidamos la otra dimensión que implica gozar de este regalo que la vida nos da al permitirnos proyectarnos en el otro y crecer como personas.

HACERSE CARGO DE LA PATERNIDAD

2Los hijos ponen a prueba a sus padres, cuando con sus conductas evidencian que son dependientes de una autoridad de la que no pueden prescindir. Reclaman con sus desafíos la puesta de límites. Pero se tiene miedo a la palabra autoridad (en Argentina hay una historia que revive otros miedos). Para ejercer la autoridad como padres hay que ser valientes.

Autoridad tiene varios significados, entre otros significa el que asume una responsabilidad. En su origen Indoeuropeo, quiere decir hacer crecer, aumentar, consolidar, apoyar, dar plenitud a algo. Estos usos de la autoridad no siempre prosperan en la vida de hogar (tampoco en la social) y su  ausencia se enlaza con el auge de una cultura púber o preadolescente que se organiza mediante las redes virtuales para dar apoyo, compañía y diálogo entre pares a los chicos, fuera del alcance de los adultos.

Ante la llamada de atención ya sea desde la escuela, de los médicos o de algún otro profesional a los padres, estos alegan que se sienten cansados, agotados, frustrados por tantas exigencias laborales y sociales y de hecho es así. Entonces  la paternidad y la maternidad se sienten como una tarea insalubre. Depende de la mirada con que se la vea. Si se la siente como un obstáculo para poder realizar los propios objetivos, para completar la carrera profesional, en fin, para elevar el propio ego, en realidad lo son. En cambio, considerándola desde otra dimensión, como la de la completud personal, de darse generosamente, de continuo aprendizaje, se goza ampliamente de los hijos. 

3LOS HIJOS DEMANDAN Y LOS GRANDES NO CONTESTAN

Sabemos que necesitamos tiempo para ocuparnos de los  hijos, pero hoy parecería que no lo tenemos. En realidad, el tiempo está pero colocado en otro lugar. Los adultos regresan a sus hogares fatigados, preocupados y se sumergen en la tele, en su celular o en los quehaceres domésticos con algún  aparato encendido con tal de no escuchar mucho los requerimientos que se les hacen.

El tiempo que les queda a los chicos entre la escuela y algunas actividades agregadas, lo utilizan para sentarse frente a la computadora o dedicarse a los jueguitos electrónicos. Los padres existen pero no estar presentes no es lo mismo. Los hijos están abandonados en medio del trajinar de los adultos que no disponen de ánimo para hacerles comprender qué significa estar vivo en el mundo actual, entonces lo aprenden en sus aparatos, que ejercen una “paternidad virtual y doméstica” y los vincula con mundos de los cuales los grandes tienen escasa idea,  Los padres se excusan diciendo “yo no puedo hacer nada…ya tiene doce años, se va con sus amigos, está todo el día con el celular.” Entonces no entendieron cuál era su trabajo.

4La indiferencia afectiva de algunos padres se manifiesta también en la distancia que oscila entre el encuentro fugaz durante un desayuno atragantado por el apuro, y la pregunta rutinaria e insuficiente de preguntarles por la tarde “¿cómo te fue en el colegio?” mientras se escucha la televisión, o se responde a mensajes de WhatsApp. No atienden la respuesta que reciben, pero si el hijo emite una queja contra algún docente, el padre o la madre, que no pueden tolerar sentir dañado su ego, prometen concurrir a la escuela para gritar y “poner las cosas en su lugar”: No sea que los chicos piensen que el docente es alguien importante en sus vidas y de quienes dependen para aprender aquello que en su casa no se les enseña. Estos padres consideran amor mostrarles a sus hijos cómo los defienden de un cero, de un insuficiente o de la repitencia de un año, enseñándoles a violar las normas básicas de la convivencia.

Todo lo dicho deja de lado el abandono de los hijos como consecuencia de la pobreza, donde la problemática es, por supuesto, mucho más severa, y deja a los niños y jóvenes en la calle para que se arreglen como puedan, porque los adultos o trabajan a destajo o en esa casa no se come. Y estos chicos carecen de las tecnologías para entretenerse. Todo lo que deriva en situaciones aún más catastróficas.

TENER  DISPONIBILIDAD

5Si decimos que un espacio está disponible queremos decir que está libre. Una persona disponible es la que tiene tiempo libre, que está desocupada. La disponibilidad está conformada por momentos que no caen dentro de los límites horarios y de los parámetros de las exigencias, y esas ocasiones dan sus frutos cuando se aceptan como vienen y no cuando se intenta dirigirlas o llenarlas con obligaciones o distracciones.  

Aprisionados por los horarios de los trabajos, los colegios, las compras, la organización de la casa, la preparación de comidas rápidas y los turnos con los especialistas, además de los tiempos personales, los adultos no están vacantes para detenerse y escuchar, mientras los  hijos están a la espera de sus respuestas.  Sucede, entonces que son mutuamente extraños, lo que les genera un particular malestar y sentimientos de culpa. Es necesario aprender un modo de estar en la casa, con la familia, compartiendo la cena, momentos de intimidad, lo que no implica renunciamientos innecesarios. Como dice la Biblia hay un tiempo para cada cosa, pero la responsabilidad y el trabajo dedicados a la crianza y educación de los hijos  se compensa con el gozo de tenerlos.

No alcanza saber lo que hay que hacer cuando se tiene hijos. La información abunda más que nunca. La cuestión es hacerlo. Como es sabido se aprende más de los actos que de las palabras. ”Sed hacedores de la palabra y no solamente oidores que se engañan a sí mismos” (Santiago 1,22). El papa Francisco alienta a las madres y padres a cumplir sus deberes guiados por este pensamiento: ” Seré feliz cada vez que te vea actuar con sabiduría, y me emocionaré cada vez que te escuche hablar con rectitud. Esto es lo que quise dejarte, para que se convirtiera en algo tuyo: el hábito de sentir y obrar, hablar y juzgar con sabiduría y rectitud. Y para que pudieras ser así, te enseñé lo que no sabías, corregí errores que no veías. Te hice sentir un afecto profundo y al mismo tiempo discreto, que tal vez no has reconocido plenamente cuando eras joven e incierto.”

Con los hijos tardan pero las compensaciones llegan y cuando parece que las cosas que desde afuera se nos ofrecen no resultan ser lo que  prometieron  qué mejor que manejar con talento el timón familiar.

 
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