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1VÍCTIMAS Y VICTIMARIOS
-Por Cecilia Barone-

Ante los problemas que a diario nos inquietan intentamos buscar de inmediato las causas y los culpables. Hoy circula mucho un discurso transmitido por los medios, que pone el acento en la conflictividad de los adolescentes. En el debate público se suelen presentar números sobre la supuesta cantidad de delitos cometidos por estos para fundamentar que tienen una alta participación en hechos delictivos. Los datos existentes muestran que la mayoría de los conflictos con la ley por parte de adolescentes son por delitos contra la propiedad y que su incidencia es muy baja en el total de los cometidos contra las personas. Pero, más allá de las cifras, cabe preguntarse porqué se los culpabiliza y qué hace la sociedad y, en especial, el estado para mejorar la situación de los jóvenes que viven en los márgenes sociales.

PREVENIR O CASTIGAR

2A mediados del mes pasado sucedió un hecho que conmovió a la opinión pública, ya tan convulsionada por hechos de violencia e inseguridad. En Lomas de Zamora, provincia de Buenos Aires, dos jóvenes intentaron asaltar a un hombre que llevaba a su hijo de la mano y quiso escapar; los delincuentes le dispararon y la bala impactó en el niño y le provocó la muerte. El suceso impactó con fuerza en la gente, además del dolor, furor, odio, se sintió la sed de venganza. Un grupo se encaminó hasta la casa donde vivían los asesinos con su padre y la incendiaron. Las imágenes que mostraba la televisión sobre el entorno que rodeaba la casa y el incendio de la casucha daba mucho que pensar: ¿en esas condiciones y en ese lugar era posible que vivieran personas con sueños, ideales, con sus necesidades elementales satisfechas? Evidente que no. A pesar de que el tema resulta polémico conviene abrir otra mirada para juzgar a los culpables.

3Lo primero que pide el público, y toman los políticos para llevar agua a su molino, es bajar la edad de punibilidad de los menores ante la ley. Sin embargo, está probado por la experiencia en otros países, que bajar la edad no mejora la seguridad. Peor aún, el encierro temprano de los adolescentes implica una mayor socialización en la violencia, la adopción de códigos propios de la cultura de la cárcel, la anulación de la identidad y el desarraigo. Lo que produce, a la larga, mayores dificultades para la inserción social   y la posibilidad de terminar estudios y conseguir algún trabajo. El riesgo está en que el abandono temprano de la escuela y no poder trabajar es como una bomba de tiempo que aumenta, significativamente, el riesgo de ser captados para iniciar o continuar una trayectoria delictiva.

4Un enfoque centrado en la prevención antes que, en la represión, y una estrategia orientada a la inserción social que ofrezca a los jóvenes oportunidades educativas, de formación laboral y recreativas, para facilitar su inclusión en un proyecto de vida alejado del delito. Dejando como sanción excepcional (solo en casos de extrema necesidad) la restricción de la libertad personal requiere una fuerte inversión en políticas públicas de protección integral de la niñez y adolescencia. Si la prioridad es el Sistema Penal Juvenil significa que el estado –por fallas o ausencias previas–no garantiza el acceso a sus derechos y no cumple con su papel benefactor.

Sin suficientes apoyos afectivos y sociales la situación de los jóvenes se vuelve muy endeble. Un ser no deseado o no esperado, nacido y criado en un ambiente desfavorable es probable que se convierta en una persona negativa, con poca autoestima, con incapacidad para dominar las contingencias, para hacer frente a las vicisitudes de la vida y está sometido a un imparable proceso de desestructuración. Si es así ¿cómo podremos ayudar a tantos niños y adolescentes cuya vida está signada por las desgracias y las insatisfacciones?

SIEMPRE SE ABREN VENTANAS

5Ante las mayores adversidades siempre se filtra algún rayo de luz, de esperanza.
El hecho de que los adolescentes estén en una etapa de socialización y maduración hace que tengan mayores posibilidades que los adultos de modificar su conducta. Su plasticidad y su facilidad para el cambio hacen posible que –con un buen acompañamiento–puedan modificar el rumbo de su vida y alejarse del conflicto. Aún están a tiempo.  Por eso, las medidas que se tomen con los jóvenes, tanto las positivas como las negativas, son determinantes en su desarrollo neurocognitivo y emocional. Eso sí, quienes las implementen y se comprometan a trabajar deben estar convencidos que tienen mucho más por ganar que por perder.

6Ésta es solo una historia que muestra que si hay un deseo sincero de los que están en mejor situación de colaborar y promover salidas más satisfactorias los cambios son posibles. El abogado Eduardo Oderico cuenta cómo su experiencia con jóvenes encarcelados le hizo tomar una decisión que a él y a los presos les cambió la vida. "Llegué por casualidad, a principios del 2004, por pedido de un juez amigo que quería conocer una cárcel. En esa época trabajaba en Tribunales y él insistía con que quería ir a una..., y allí fuimos. Era el Penal 48 de la provincia de Buenos Aires, cárcel de máxima seguridad donde hay 12 pabellones con 40 reclusos cada uno: mi amigo se dio el gusto de conocerla y yo quedé shokeado con lo que vi. Cuando nos fuimos seguía pensando en qué hacer ante la realidad que acababa de conocer y que, pese a ser un hombre de ley, ignoraba. Al poco tiempo volví y hablé con el director y le dije que quería enseñar a los presos a jugar al rugby, lo que yo mejor sabía hacer. Me miró como pensando en que estaba loco: ‘Hay gente violenta y ¿vos querés hacer un deporte violento con gente violenta?´, me preguntó. Le conté que el rugby tiene valores que era importante fomentar, entonces me propuso que volviera luego. Regresé el martes siguiente. Y no dejé de ir hasta hoy".

7Con los reclusos Oderico creó el equipo de rugby Los Espartanos. Fue tan notorio el cambio experimentado por los jóvenes participantes que, mientras siguieron cumpliendo las condenas pudieron empezar a dar un vuelco a sus vidas y bajar el nivel de violencia; la mayoría de los jugadores quiso ponerse a estudiar o aprender algún oficio. Los Espartanos aceptan que están en la cárcel porque hicieron daño, no se excusan y, sin embargo, han comenzado a examinarse y a entender que afuera el desafío que les espera sigue siendo igual que el de adentro: esquivar las malas influencias y avanzar: estudiar, trabajar, tratar de ser mejor persona.

 Los más notorio, en este caso, fue la reducción del porcentaje de reincidencia en el delito entre los convictos que recuperaron la libertad y, a través de la incorporación de los valores del deporte, experimentaron cambios en su comportamiento, tanto dentro como fuera del penal y que repercutieron en todo su entorno.

8Tan entusiasmados estaban los Espartanos que comenzaron a escribirle al papa contándole su experiencia hasta que, al final, fueron a Roma a visitarlo. El papa los recibió y se mostró tan entusiasmado que le recomendó a Oderico que fundara equipos similares en otras cárceles de la Argentina pues consideraba que era una de las mejores estrategias ayudar a los jóvenes a través del deporte. “Eso es verdadera integración”, les dijo.

Recordemos las palabras de Francisco en la Jornada Mundial de la Juventud en Cracovia: “Tenemos que volver a poner en el centro de la cultura humana la solidaridad. Ante las viejas y nuevas formas de pobreza –el desempleo, la emigración, los diversos tipos de dependencias–, tenemos el deber de estar atentos y vigilantes, venciendo la tentación de la indiferencia. Pensemos también en los que no se sienten amados, que no tienen esperanza en el futuro, que renuncian a comprometerse en la vida porque están desanimados, desilusionados, acobardados. No nos llenemos la boca con hermosas palabras sobre los pobres. Acerquémonos a ellos, mirémosles a los ojos, escuchémosles. Y terminó diciendo: la enfermedad más grave no es la lepra o la tuberculosis, sino la soledad, la cual es la causa de tantos desórdenes, divisiones y guerras que hoy nos afligen”.

9RESCATAR LA COMPASIÓN

La compasión es el deseo de estar dispuesto a eliminar el mal del que se compadece si uno pudiera y, mientras tanto, anticipa su disposición en un gesto, en un signo, en una palabra. No decimos que la compasión deba sustituir la búsqueda de la justicia, pero mientras esta se intenta hay que dar consuelo. El ejercicio de la compasión puede recordarnos la finitud de toda frontera humana y comprender que lo que hoy le pasa a otro nos puede pasar también a nosotros. No son los otros los malos y nosotros los buenos.

10La incapacidad de compadecer que hoy manifiesta el mundo tiene que ver con la crisis de cuidado y de reconocimiento del otro que es más aguda cuando las estructuras tradicionales que se ocupan de ello, como la familia, la escuela, el estado, están muy deterioradas. Cuidar a los miembros de la sociedad más indefensos y vulnerables es tarea primordial. Por supuesto que al estado le cabe la mayor responsabilidad, en cuanto a la toma las medidas necesarias para impedir la propagación de la droga, la delincuencia, la promiscuidad, el incumplimiento de las normas consensuadas, el abandono de niños y de jóvenes, el bombardeo continuo por parte de los medios de contenidos reñidos con una formación sana. La situación empeora cuando el estado no garantiza espacios recreativos y formativos a nivel comunitario que fomenten la capacidad de aprendizaje y desarrollo de los niños y adolescentes, tales como programas deportivos, de formación musical y artística, actividades recreativas, etc.

Sabemos que cambiar es difícil para todos. Al final somos casi iguales. Sin embargo, algunos son ansiados y queridos por su familia, cuentan con la posibilidad de educarse, alimentarse, vestirse y tener un abrazo fraterno a diario. A otros les pasa que no tienen casi nada de eso, que se resienten porque se sienten rechazados, malqueridos, llevan sobre sus espaldas la frustración de sus sueños incumplidos y entonces, piensan… ¿por qué cambiar? Entonces, con el corazón y la cabeza más abiertos preguntémonos ¿quiénes son las víctimas y quienes los victimarios? No todos nacen con buena estrella, muchos nacen estrellados.

 
*Cecilia Barone es socióloga, psicóloga social
y profesora superior en Ciencias Sociales.
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