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1CONQUISTA Y RIESGOS DE LA ADOLESCENCIA
-Por pbro. Enrique Fabbri, sj*-

La adolescencia es una temática que nos interpela y nos interesa a todos, especialmente por la vulnerabilidad en la que vive en la actualidad. El sacerdote jesuita Enrique Fabbri, antes de partir a la casa del Padre, nos dejó unos valiosísimos escritos sobre el tema, que no podemos dejarlos pasar. Llama la atención la actualidad con que se abordan los temas, siendo que se escribieron cerca de 2015, nos brindan mucha luz sobre la materia y son una invitación para reflexionar y actuar. Para el provecho de todos, iremos publicando la totalidad del texto, pero dividido en breves temas o títulos cada mes.

PREFACIO

2El fin de estos escritos es invitar a los muchachos y chicas a descubrir en lo más profundo de su ser cuál es el llamado del Dios de la fe. Todos y todas son llamados a la santidad dentro de las realidades que van encontrando en su historia. Y para eso hay que conocerlas cabalmente en todos sus aspectos. Y esto sin una profunda y constante meditación, que los cristianos llamamos oración, es imposible discernir, es decir descubrir por donde nos lleva ese llamado a lo largo de las peripecias de nuestra vida y los condicionamientos, psiquismos y vulnerabilidades que se manifiestan en nuestro ser. Por eso es conveniente practicar lo que nos ofrece la sana reflexión humana para sentir internamente que “no el mucho saber harta y satisface el ánima, mas el sentir y gustar de las cosas internamente” (S. Ignacio de Loyola, Ejercicios Espirituales, 2ª anotación).

En síntesis, cualquier llamado de Dios es una vocación a la santidad. Y la finalidad de estos escritos es simplemente ayudarlos a encontrarla teniendo en cuenta la complejidad existencial de cada ser humano.

Tendremos muy en cuenta los discursos y homilías de Benedicto XVI pronunciados del 16 de abril al 20 del mismo mes del año 2008 en los Estados Unidos de América, porque nos han parecido excepcionales para iluminar los distintos temas tratados en este libro centrados primordialmente sobre la generación adolescente de la actualidad, porque el mundo futuro será lo que ellos y ellas hoy quieran ser.

Por eso es conveniente hacer sobresalir lo que Benedicto XVI declaró en New York y Washington como faro resplandeciente que descubre los escollos en donde puede la nueva generación chocar y naufragar y los canales que le permitan llegar a “aquella ciudad” donde se oirá para siempre “la voz del novio y de la novia” (Apoc. 18,22) porque el novio, es el gran Esposo Jesús y la novia “las y los que le fueron fieles”, pues en tales “El se complace” (Lc. 2,14)

1.- UNA PROBLEMÁTICA ACTUAL, SERIA Y HASTA AMENAZADORA: LA ADOLESCENCIA

3“Los jóvenes de hoy no son como los de otras épocas; aquellos eran respetuosos con sus mayores, generosos y honrados, pero los contemporáneos están invadidos por la disolución, son de ánimo blando, resbaladizo, fáciles de prender en los engaños…, amancebados, jugadores y despilfarradores…”
(SALUSTIO, Conspiración de Catilina, C.XIII, 2-3, cXIV, 5-6)

Si esto lo afirmaba un historiador romano antes de Cristo (86-35), ¿qué podemos afirmar de la generación actual? No podemos ser ingenuos, pero por un camino de lamento, represión y castigo nada lograremos 1. Más bien, hay que saber observar, para ver cómo los podemos ayudar, cómo ellos y ellas se comportan, se miran y se comunican y aprender a aceptar, sin rebelarnos y enojarnos cómo ellos y ellas nos miran y piensan de nosotros, los adultos. Si se encara este planteo, se hace posible llegar a un consenso en que se podrá aceptar, mediante el diálogo lo valedero que hay en ellos y ellas, y nosotros y así ir avanzando por un camino común al comunicarse y participar en todo aquello que nos pueda hacer crecer en nuestra dignidad de hombres-varones y mujeres; alimentándonos y sosteniéndonos en el ejercicio de nuestra libertad responsable.

4Si aparece y comienza a crecer en el mundo actual el deseo sincero, profundo y efectivo de querer ser hombre de buena voluntad, como lo es, por ejemplo evocado y anhelado por la conmovedora y profunda película, belga-hebrea, “Ser digno de ser”, se podrá comprender y saborear la expresión de san Juan al evocar la personalidad de Jesús, que ya no se ve con los ojos de esta tierra porque está resucitado: “…Lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y lo que hemos tocado con nuestras manos acerca de la Palabra de Vida, es lo que les anunciamos. Porque la Vida se hizo visible, y nosotros la vimos y somos testigos y les anunciamos la Vida eterna, que existía junto al Padre y que se nos ha manifestado. Lo que hemos visto y oído, se lo anunciamos también a ustedes, para que vivan en comunión con nosotros” (1 Jn. 1, 1-3).

Lo que aquí se dice explícitamente de todo creyente en Cristo, se puede dar en todo hombre de buena voluntad de una manera implícita porque donde hay bondad allí está Dios y por eso dice el Señor: “el que no está contra ustedes, está con ustedes” (Lc. 9, 50; Mc. 9, 40).

6No niego que encarar la pastoral de la adolescencia por este camino no es algo fácil en un momento en que gran mayoría de la misma vive en una situación de desorientación y hasta de rebelión contra las costumbres del mundo adulto. Por eso son muchos los padres y educadores que experimentan una sensación de impotencia al no saber a ciencia cierta como proceder. Y esta sensación genera fácilmente una sensación de frustración que suele llevar a un sentimiento de culpabilidad. Y cuando se cae en este pozo, se sale de él proyectando una mirada negativa sobre la adolescencia y lamentándose de sus “culturas”, para ellos difícil de comprender, que muchos muchachos y chicas enarbolan como “verdad” de la vida humana.

Frente a esta problemática que sin lugar a dudas es dolorosa y alarmante, no se puede pretender que todos los adultos se capaciten para resolver este problema. Lo cual se hace más comprensible si se tiene en cuenta que abundan en el mundo adulto los que no han conquistado su madurez.

La respuesta que se puede pensar para salir de esta aporía es tener en cuenta la propuesta que nos propone el cardenal Carlos Martini: “Los problemas humanos se afrontan humanamente, cultivando las características cualidades humanas de la valentía, de la generosidad, del paciente estudio científico, de la educación austera, de la libertad responsable, de la dedicación que debería ser incondicional y, por lo tanto, hasta de la apertura al misterio. Una sociedad que elimina los problemas de manera expeditiva y artificial y no cultiva las cualidades arriba enumeradas es una sociedad inexorablemente condenada a la decadencia” 2.

Relación entre naturaleza y cultura

5Antes es conveniente dar una definición descriptiva de ambos conceptos.

Naturaleza viene del verbo latino “nascere” que significa nacer, su participio es “natus, nata, natum”, lo nacido. De allí el sustantivo “natura” que denota las características esenciales de lo que es ese ser. En síntesis es la manera fundamental del ser; su esencia, tanto en su complejidad (estática) como en su funcionamiento (dinámica). Es todo lo que hace que algo o alguien sea lo que es. Solo cuando ese alguien es persona, es decir ser provisto de inteligencia, voluntad y libertad se puede hablar de cultura. Sobre todo aquello que no es persona se habla de ecología: como preservarlo y ponerlo al servicio del hombre.

Cultura viene del verbo latino “colere” que significa cultivar. Es, en líneas generales un conjunto de valores asumidos por la persona y compartidos por un grupo social suficientemente amplio. Incluye el comportamiento básico y habitual de grandes grupos humanos. Por eso hay muchas culturas, pero no todas contribuyen al crecimiento integral y armónico de los seres humanos. Se diferencia de civilización que apunta al progreso científico y material de la humanidad 3.

Como en la realidad concreta del ser humano desde el momento que se va formando en el seno de una mujer se van implicando ambos componentes para dar un nombre a una íntima simbiosis que se produce por su interacción se inventó en USA el término “nurture” que podemos traducir en castellano como nurtura. De ahí se sigue que el ser humano no es un efecto puramente natural, sino naturo-cultural.

La paradoja de la juventud

7Conviene, ante todo, definir lo que significa el término paradoja. Su origen se encuentra en la lengua griega: “paradoxa”, vocablo formado por el prefijo “para” que significa “junto a”; “frente a”. Este prefijo es una fusión de dos: “per” o “pro” = frente y “ad” = junto. El sustantivo es “doxa” que viene del verbo “dokeo”, juzgar, opinar. María Montaner define así este sustantivo: “Idea singular, extraña, opuesta a lo que se tiene generalmente por verdadero o a la opinión general. Expresión en que hay una incompatibilidad aparente que está resuelta en un pensamiento más profundo del que la enuncia como en ‹el que no tiene nada, lo tiene todo›” 4. En tal caso sería una paradoja mi expresión: “el que es anciano es siempre joven”.

Ya el mismo Jesús supone  esta paradoja cuando les dice a hombres adultos en su predicación: “Les aseguro que si ustedes no cambian o no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos” (Mt. 18, 3-4) 5.

A su vez en el Antiguo Testamento se anuncia otra paradoja que la verdadera vejez –a la que llamo ancianidad, no es cuestión de tener muchos años: “El justo, aunque muera prematuramente, tendrá descanso; vejez venerable no son los muchos días, ni se mide por el número de años; canas del hombre son prudencia, y edad avanzada, una vida sin tacha …Maduró en pocos años, cumplió mucho tiempo… una juventud colmada velozmente, (condena) a la vejez longeva del perverso…  (Sap. 4, 7-9, 16) 6.

8Como se puede deducir hay un momento de la vida en que se puede conquistar o no una actitud frente a la vida que se cultiva, crece con los años y hace del cuerpo envejecido un maravilloso anciano que se alimenta de la sabiduría de su corazón. Y a esta actitud habitual la llamo juventud de corazón que el muchacho y la chica la han de conquistar durante sus adolescencias ayudados por adultos y adultas que son jóvenes maduros. ¡Será una utopía, pero que alegre y consolador es irla logrando poco a poco!

Y sobre este tema la tradición nos ofrece tres citas de gran importancia. En el siglo tercero dice Clemente de Alejandría: “Seamos siempre delicados, siempre nuevos, siempre jóvenes. Es menester que quienes participan de la Palabra nueva, sean ellos mismos nuevos. Quien tiene parte en la eternidad, debe asemejarse a lo incorruptible, de modo que toda nuestra vida se parezca a una primavera, que la verdad que viven en nosotros esté sin vejez, y que nuestras costumbres vayan siempre dirigidas conforme a la verdad” 7.

Un siglo después San Gregorio de Nisa afirmaba: “Somos en cierto modo padres de nosotros mismos cuando, por la buena disposición de nuestro espíritu y por nuestro libre albedrío, nos formamos a nosotros mismos, nos engendramos, nos damos a luz. Esto hacemos cuando aceptamos a Dios en nosotros, hechos hijos de Dios, hijos de la virtud, hijos del Altísimo. Por el contrario, nos damos a la luz abortivamente y nos hacemos imperfectos y nacidos fuera del tiempo cuando no está formada en nosotros lo que el Apóstol llama la forma de Cristo. Conviene, por tanto, que el hombre de Dios sea íntegro y perfecto” 8.

10Y ya en la edad media Santo Tomás de Aquino nos deja esta consoladora reflexión: “Es conveniente que todos resuciten en relación a la edad en que Cristo se manifestó en su vida pública, que es la edad juvenil, pues sólo en ella está la plenitud de la naturaleza. En efecto, la edad infantil todavía no la ha conseguido porque tiene que crecer y tampoco lo es la edad senil porque ya se apartó de ella por su deterioro” 9.

Todo esto da gran fundamento a lo que Juan Pablo II dice en su Carta a los jóvenes y a las jóvenes del mundo: “Todos miramos hacia vosotros, porque todos nosotros en cierto sentido volvemos a ser jóvenes constantemente gracias a vosotros. Por eso, vuestra juventud no es sólo algo vuestro, algo personal o de una generación, sino algo que pertenece al conjunto de ese espacio que cada hombre recorre en el itinerario de su vida, y es a la vez un bien especial de todos. Un bien de la humanidad misma” 10.

11Por eso mismo Juan Pablo II comenzó su carta citándoles a ellas y ellos la exhortación de san Pedro: Han de estar “siempre prontos para dar razón de su esperanza a todo el que se la pidiere”. Por eso, si ellos y ellas quieren ser jóvenes han de plantearse la pregunta que el mismo Papa les hace: “Y le había llevado a hacer aquellas preguntas, en las que se trata de manera más clara del proyecto de toda vida. ¿Qué he de hacer? ‹¿Qué he de hacer para alcanzar la vida eterna?› ¿Qué he de hacer para que mi vida tenga pleno valor y pleno sentido?”  Lo cual sólo lo irán alcanzando si se entregan a un serio trabajo creativo siguiendo ese camino como les desea el Papa: “Si hacemos referencia al Evangelio, se puede decir que la juventud es el tiempo del discernimiento de los talentos. Y es a la vez el tiempo en el que se entra en los múltiples caminos, a través de los cuales se han desarrollado y siguen desarrollándose toda la actividad humana, el trabajo y la creatividad” 11.

12Es cierto que en esta gestación, auto-parto y crecimiento han de ser ayudados como acompañadores por adultos y adultas maduros, pero los primeros y principales gestores en la conquista de su juventud son ellos y ellas mismos como lo declara el Papa: “Los jóvenes –si nos podemos expresar así- tienen un congénito ‹sentido de la verdad›. Y la verdad debe servir para la libertad: los jóvenes tienen también un espontáneo ‹deseo de libertad›. ¿Qué significa ser libre? Significa saber usar la propia libertad en la verdad, ser ‹verdaderamente› libres. Ser verdaderamente libres no significa en modo alguno hacer todo aquello que me gusta o tengo ganas de hacer. La libertad contiene en sí el criterio de la verdad, la disciplina de la verdad. Ser verdaderamente libres significa usar la propia libertad para lo que es un bien verdadero. Continuando, pues, hay que decir que ser verdaderamente libres significa ser hombre de conciencia recta, ser responsables, ser un hombre ‹para los demás›” 12.

Es, por tanto, misión de los hombres de buena voluntad, que son maduros y por lo tanto jóvenes, ser mentores de la adolescencia para que chicas y  muchachos se sientan deseosos/as de hacerse dignos de su dignidad de seres humanos mediante el ejercicio de un amor y una libertad responsables.

 

—La nota continúa en la publicación de Familia Crisitana del mes que viene, con: "las características de la cultura juvenil".

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NOTAS:

1. A este respecto conviene citar una respuesta sorprendente y consoladora del Papa Benedicto XVI a un periodista alemán: “Cristianismo, catolicismo, no es una colección de prohibiciones, es una opción positiva. Es muy importante que le echemos una mirada de nuevo porque esta idea ha casi desaparecido completamente hoy. Hemos escuchado demasiado acerca de lo que no está permitido, que ahora es tiempo para decir que tenemos una positiva idea para ofrecer… La persona humana tiene que ser siempre respetada como una persona humana. Pero todo esto es más claro si se dice primero en una forma positiva”. Palabras de Benedicto XVI a un periodista de la televisión alemana al volver de Valencia donde asistió al V Congreso Mundial de las Familias en julio de 2006, citadas por la revista The Tablet, 14 de abril de 2007 en su editorial, pág.2 y en un artículo de John L. Allen, “The real Ratzinger revealed”, pág.6.-

2. (Por los Caminos del Señor, ed. Paulinas, Bogotá 1987, p.354).

3. Ver María MOLINER, Diccionario del uso del español, 2ª ed. Gredos, Madrid 1999, I tomo, p. 843, II tomo, p. 430-431.-

4. Ib., t.II, p.569.

5. Ver textos paralelos: Mc 9, 36-37; 10, 15; Lc. 9, 46-48; 13, 15-17. Ver mi trabajo El asombro de la niñez en Fami-lia, escuela de amor, Paulinas, Bs.As., 1999 (2ª ed.), pp.119-149. Aquí se muestra la trascendencia de la niñez en el correr de la vida humana.-

6. Ver mi libro “Dinamismo y plenitud. Adulto mayor”, Paulinas, 2008.-

7. Pedagogo 1.5, 20

8. Homilía sobre el Eclesiastés, 6 PG. 44, c.702.-

9. Contra Gentes, l. 4º, o.88.-

10. Roma, 31 de marzo de 1985, n.1.-

11. Ib., n. 3, 12.-

12. Ib. n.13.-

 
*Enrique Fabbri fue sacerdote de la Compañía de Jesús (Jesuita), licenciado en Filosofía y en Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Continuó sus estudios en Inglaterra, Suiza y Bélgica. Se especializó en Antropología de la sexualidad, la pareja humana y la familia. Autor de numerosos libros y artículos. Fue decano de la Facultad de Teología de la Universidad del Salvador y director del CIAS (Centro de Investigación y Acción Social). Ha dado conferencias y cursos en el país (Argentina) y fuera de él. Falleció en 2015..
 
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