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1EN BUSCA DEL MERECIDO DESCANSO
-Por Lic. Cecilia Barone*-

“Mirad con prudencia cómo andáis, no como necios, sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son cortos”
(San Pablo. Efesios 5)

Llega el tiempo tan ansiado de las vacaciones. Un poco antes empezamos a planear dónde ir, cómo llegar, dónde alojarnos. Charlamos con la familia. Intercambiamos ideas, discutimos. Cuando al final terminan esos días tan esperados y volvemos a casa solemos tener la sensación de estar más cansados que cuando nos fuimos, traemos la cabeza repleta de estímulos y el cuerpo exhausto de cumplir tantas actividades. Tal vez no supimos darnos un verdadero descanso.

CON LA CABEZA LLENA DE RUIDOS

2Comenzamos las vacaciones con la idea de tomarnos un descanso y muchas veces, cuando recomenzamos las tareas habituales, nos sentimos peor de cómo nos habíamos ido. Queríamos vaciarnos de los ruidos conocidos y nos llenamos con otros nuevos no menos estimulantes.

El entorno nos condiciona. Todo en la ciudad moderna está calculado para impedirnos descansar. Ruidos dentro de las casas, en las calles, en el tráfico, los mensajes publicitarios, los sonidos de los celulares anunciando la llegada de mensajes que parecen reclamar una contestación inmediata. Los sonidos constantes que nos rodean hacen que nos percibamos abatidos y agotados. Son estos los preparativos para llevarnos a la neurosis.

La representación que tenemos de nosotros mismos es de estar dispersos, desperdigados, desmemoriados, haciendo las cosas a medias, lo que lleva a un estado de incesante nerviosismo y a una sobrecarga de energía. Para calmarnos recurrimos a soluciones fáciles: psicofármacos, alcohol, más compromisos, más actividades.

3PRECIPITADOS EN EL CAOS

Somos pura fuga, evasión. Estamos corroídos por la aceleración y ansiedad. La excitación continua que padecemos grandes y chicos produce tal agitación que maltrata el cuerpo y crea confusión interna. Vamos de una cosa a otra, reaccionando ante muchos impulsos al mismo tiempo. Esta es la mejor manera de matar la tan ansiada paz interior.

Nos quejamos del stress y lo que lo acciona es la percepción de una amenaza interna que no podemos controlar, que “se nos va de las manos”, y ¿adónde se va? A nuestro cuerpo y a nuestra psiquis.  A veces se manifiesta bajo la forma de síntomas no específicos que pueden producir un estado de agotamiento total y de fatiga crónica. Se debilita el sistema inmunológico y la enfermedad ocurre cuando este sistema se ha desgastado y no está en condiciones de encontrar las respuestas apropiadas ni enfocar adecuadamente las energías.

Tenemos comprobado que a lo que le prestamos atención crece. Si dirigimos nuestra atención hacia emociones y situaciones negativas y nos seguimos embrollando en ellas, estas crecerán en nuestra conciencia. Para encontrar lo que se busca uno debe mirar primero dentro de sí mismo. El problema es que adentro encontramos solo barullo.

LOS NUEVOS PROPÓSITOS

4Comenzamos el año con buenos propósitos y con deseos de que se cumplan. Tal vez es el momento de poner entre las prioridades, llevar una vida más sana en todos los aspectos. Si lo pensamos bien veremos que no cuesta dinero. Podremos hacerlo desde nuestra casa, con los nuestros, en el trabajo. La llave para abrir la puerta de la salud está en nosotros.

Kierkegaard decía que el mundo exterior es el de la supervivencia, del que no podemos zafar. Pero muestro verdadero ser está dentro del alma. Y para encontrarlo es necesario hacer paréntesis pues, la pausa es movimiento hacia la intimidad. La actividad, en sí, es buena como expresión normal de nuestra vida, pero cuando es medida y ordenada. Este orden exige una alteración prudente de actividad y descanso. No vivimos con mayor plenitud por hacer más, experimentar más cosas. No se vive solamente para hacer algo.

La cuestión no es encontrar el trabajo perfecto, la familia perfecta, la ciudad perfecta para vivir sino hacer perfecto lo que tenemos entre manos con toda la atención de que somos capaces.
 “La pureza de corazón es querer una sola cosa a la vez”. Se trata de estar atentos a lo que hacemos, olvidándonos momentáneamente de lo demás, entonces el cansancio será mínimo.

El camino hacia la salud incluye acciones como no hacer nada, mostrar paciencia y saber cuándo descansar. El manejo del stress solo puede tener éxito cuando no hay ningún manejo. Adoptar una actitud confiada y relajada ante la vida, comienza en la mente, en los pensamientos.

El ejercicio más útil, aunque no fácil de realizar, es el de escapar por un rato de todo y de todos y encontrar un lugar y un espacio con los mínimos estímulos exteriores. Puede ser, sentarse en una plaza, debajo de un árbol, ir al balcón, acostarse, aunque sea 15 minutos. Hay ocasiones que para mantenernos vivos debemos recostarnos un rato, distendernos y no hacer, cosa sobremanera difícil si estamos acostumbrados a andar a mil. El acto de descanso hoy es el más difícil y el que requiere mayor ánimo.

NOS MERECEMOS LA FELICIDAD

5La vida siempre nos resulta breve. Los días pasan volando, los meses y los años se suceden sin que nos demos cuenta. Vivimos por imitación. sin poner la atención ni concentrarnos sobre lo que realmente vale la pena. Nos dedicamos a todo menos a nuestro deber esencial: valorar la vida por la vida en sí, como el regalo más preciado ofrecido por Dios al hombre.

Cada uno debe trabajar por sí solo para su mejoramiento personal. Podemos ayudarnos mutuamente, pero somos responsable de vivir la propia vida y de encontrarle sentido. Nos toca descubrir el trabajo y el ambiente apropiado donde podamos llevar una vida relativamente tranquila aprendiendo a hacer, gustar y experimentar mucho menos que de costumbre.

La felicidad no es asunto de intensidad sino de equilibrio, orden y armonía. Comienza a lograrse cuando nos decidimos a enfrentar el día con calma y está en nosotros poder hacerlo. Los hábitos del pasado pueden cambiar. Es posible elegir fomentar actitudes positivas.

Aunque nuestras emociones nos invadan podemos tener control sobre nuestros pensamientos y comportamientos. Cuando lo logramos nos sentimos emocionalmente estables y actuamos de manera coherente con nuestros valores y en pos de nuestras metas. Recordemos que “la fuerza creativa natural que hay dentro de cada uno de nosotros es la más grande que existe para curarse”, según dijo Hipócrates-

Ser feliz quiere decir concretamente sufrir menos, liberarse de la ansiedad en todas sus formas y decidirnos a tomar la vida como un don preciado confiando en nosotros mismos como creadores de la propia existencia.
 
*Cecilia Barone es socióloga, psicóloga social
y profesora superior en Ciencias Sociales.
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