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¿ESTABA PABLO A FAVOR DE LA ESCLAVITUD?
-Por prof. Santiago F. Garavaglia*-

De San Pablo se ha dicho (infundadamente) que era misógino, antisemita y muchas cosas más. Sin embargo, una acusación sí parece estar justificada: la de estar a favor de la esclavitud. Basta leer una carta escrita de su puño y letra donde cuenta que un esclavo escapó de su dueño y acudió a Pablo pidiéndole protección, pues lo iban a castigar cruelmente y en lugar de refugiarlo, lo devolvió a su dueño, exponiéndolo al maltrato y castigo que aplicaban en esa época a los esclavos fugitivos.

La carta a Filemón, es la más breve de sus cartas en la que se manifiesta el lado más humano del apóstol. Pablo está preso en Éfeso. Su prédica incomodaba a muchos poderosos y lo habían denunciado. Estando preso y esperando de condena llega Onésimo, un esclavo fugado de la casa de su amo, Filemón, a quien cometió un desfalco y temía por su vida.

Filemón, un cristiano rico de Colosas, tenía una gran casa donde se reunían los cristianos a rezar los domingos (v. 2). Pablo no había fundado personalmente la iglesia de Colosas (Col 1, 7), pero conocía a Filemón en otra parte, y de convertirlo al cristianismo (v. 19). Cuando Onésimo se aparece en la cárcel, Pablo lo primero que hizo, al verlo arrepentido de su mal obrar, fue convertirlo y bautizarlo en la cárcel (v. 10). Sorprendentemente Onésimo, resultó ser un extraordinario discípulo, con grandes dotes para anunciar el Evangelio (v. 13). Pablo decide devolverlo a su amo, aunque un esclavo fugitivo, seguro sufriría terribles castigos, flagelaciones, podía ser marcado con hierro candente, y hasta ser crucificado. Pero Pablo envió a Onésimo provisto de una carta de recomendación. Es la que conocemos como la «carta a Filemón», en la que Pablo, considerada y persuasivamente, trata de enmendar el problema de Onésimo.

Pablo inicia presentándose como prisionero de Cristo (v. 1), raro ya que siempre se atribuía títulos más importantes, como «apóstol elegido», «siervo de Jesucristo», etc.; pero prefiere la humildad para no condicionar a Filemón. Luego llama a Filemón querido amigo y colaborador, notando que éste era catequista de la comunidad de Colosas. Prosigue diciendo: Me he enterado del amor y la fe que tienes con todos los cristianos (v. 5), reconociendo que Filemón era un buen hombre y amaba mucho a la comunidad donde trabajaba. Pablo continúa: ojalá que tu fe te haga conocer todo el bien que todavía puedes hacer (v. 6), preparándolo psicológicamente para lo que le iba a pedir.

Pablo evita ir al núcleo del tema y sigue diciendo: Aunque tengo todo el derecho de ordenarte lo que te conviene, prefiero mejor rogártelo en nombre del amor; yo Pablo, ya anciano y preso por causa de Cristo Jesús (vv. 8-9). Filemón, desconcertado se habrá preguntado ¿Para qué tanto preámbulo? ¿Qué quiere decirle? Pablo posee autoridad para ordenarle, pero prefiere presentarse suplicante.

Finalmente, Pablo revela el motivo de su carta: Te pido un favor para mi hijo Onésimo, a quien engendré aquí en la cárcel. Antes era para ti un esclavo inútil, pero ahora se ha vuelto útil, tanto a ti como a mí (vv. 10-11). Pablo astutamente recurre a un ingenioso juego de palabras ya que, en griego, Onésimo quiere decir «útil». En el pasado, Onésimo había sido paradójicamente inútil, perjudicando a su dueño. Ahora, bautizado, se transformó en lo que su nombre significaba. Pablo le muestra cómo su conversión al cristianismo había logrado cumplir el propósito oculto en su nombre. Dice luego: Aquí te lo devuelvo a él, mi propio corazón (v.12). Con esta actitud, Pablo se muestra partidario de la esclavitud. Dicha institución jurídica es tan antigua, arraigada y aceptada en la sociedad, que él no la puede cambiar ni suprimir. Sin embargo, nombra a Onésimo mi propio corazón, instruyendo a Filemón que debe tratarlo como si fuera él mismo. Pablo no podía cambiar la sociedad, pero se esfuerza en cambiar las relaciones personales dentro de esas estructuras. Así la esclavitud, como institución de sometimiento, queda superada sin siquiera ser cuestionada.

Pablo no deja de sorprender a Filemón diciendo: Hubiera querido que Onésimo se quedara conmigo, para que me ayudara en tu lugar mientras estoy preso por el Evangelio, pero no quiero hacer nada sin consultarte, para que tu buena acción no sea obligada sino voluntaria (vv13-14). O sea, no sólo pide que cambie su trato con el esclavo, sino que le dice que necesita a Onésimo en la cárcel para que lo ayude en la predicación del Evangelio. Además, elabora una razón teológica sobre la huida de Onésimo: Tal vez se alejó de ti por un tiempo, para que ahora lo recuperes para siempre; y no como esclavo, sino como algo mejor: como un hermano querido (vv. 15-16), sugiriendo que Dios permitió la fuga de Onésimo. Así, Pablo no pide nada directamente a Filemón. Pero una cosa es oponerse a un pedido de Pablo, y otra a la voluntad de Dios. Prescindir de un esclavo significaba quedarse sin un recurso económico importante y Pablo sabe que Filemón no aceptará desprenderse de Onésimo, por lo que el apóstol decide arriesgarlo todo y añade: Y si en algo te perjudicó, o te debe algo, ponlo en mi cuenta, yo, Pablo, te lo pagaré, lo firmo con mi puño. Por no recordarte deudas tuyas para conmigo, porque tú mismo te me debes (vv. 18-19).

Pablo estaba preso, con problemas económicos y aun así se ofrece a indemnizar a Filemón por las deudas de Onésimo. Pero le recuerda que más bien es Filemón quien está en deuda con él, porque le debe lo más valioso que tiene: su propia fe.

El descaro de Pablo concluye: Sí, hermano, hazme ese favor; te escribo porque estoy seguro de tu obediencia; y sé que harás más de lo que te pido (vv. 20-21). Con tal de rescatar al esclavo, Pablo pierde hasta la vergüenza. ¿Ahora exige a Filemón que haga más de lo que le pidió? Pablo lo acribilló con su elocuencia y oratoria y para asegurar más aún el éxito de su pedido, le pide hacer pública esta carta dirigiéndola a Filemón, a la hermana Apia (su esposa), a nuestro compañero en la lucha Arquito, y a toda la iglesia que se reúne en su casa (v. 2). O sea, la carta tenía que ser leída... ¡delante de toda la comunidad! Además, no la firma Pablo solo, sino con el hermano Timoteo (v. 1). Finalmente manda saludos de parte de Epafras, mi compañero de cárcel; de Marcos, Aristarco, Demas y Lucas, mis colaboradores (v.23); advirtiendo que todos ellos estarán mirando y juzgando si responde y cómo a sus pedidos.

Pablo no se rebeló contra la esclavitud, ni protestó contra ella, pero en su carta dejó las bases de que, entre los cristianos, la esclavitud es inaceptable; y que privar a otro de su libertad o disponer de su vida va contra el Evangelio de Jesucristo, que vino a liberarnos a todos.

 
*Santiago Garavaglia es Profesor de Ciencias Sagradas
por el Instituto Teológico de Córdoba.
Estudiante de Licenciatura y Maestría en Teología
Dogmática en la Universidad Católica de Córdoba
https://elblogdelteologo.blogspot.com/
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Comentarios:

Jesucristo vino a liberarnos de todo... Me quedo con eso..... Gracias Santiago
Enviado el 03/08/2022

 
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