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1VENCER AL DESALIENTO CON PROYECTOS
-Por Lic. Cecilia Barone*-

Si uno avanza con confianza en la dirección de sus propios sueños y objetivos, para llevar la vida que ha imaginado, se encontrarán con un éxito inesperado en tiempos normales.
Henry Thoreau
Los romanos decían: “Pueden porque creen poder”

El primer día del año lo inauguramos haciéndonos promesas respecto a todo lo que queremos realizar, pero pasados unos días, y después del envalentonamiento inicial, casi todo vuelve a lo de antes, a las rutinas conocidas y a las mismas cosas que queríamos evitar. Entonces pensamos que casi nada podemos hacer y que es mejor dejar todo como está, se instala en nosotros el desaliento y parece que vamos por la vida caminando sobre viejas pantuflas. Lo mejor para la tristeza y el desánimo es hacer proyectos, aprender algo nuevo, inmiscuirse en una actividad que nos demande perseverancia, paciencia, que ponga en juego nuestras aptitudes.

PONERLE SAL A LA VIDA

2Tener proyectos y planes que incluyan las relaciones personales, el trabajo y nuestros deseos de superación en cualquier área que consideramos importante es lo que da vida a la vida, nos eleva la autoestima y, a nuestros ojos, crece la valía personal, habla a las claras del tipo de vida que queremos darnos, le da gusto. “La sal es buena pero si se hace insípida, ¿con qué salareis? Tened sal en vosotros” es la sentencia evangélica.

Los que buscan mejorar se imponen desafíos, imaginan una variada gama de posibilidades en lo que hacen, son persistentes en el enfoque del problema y se guían por pautas elevadas de trabajo más allá de cómo son evaluadas por terceros, sino pensemos en tantos creadores, inventores, artistas o místicos que fueron abucheados, criticados, condenados por lo que se proponían pero  cuando la pasión por lo que hacían se había apoderado de ellos no se volvían atrás.

3Soñar con lo que haremos es muy bueno pero lo que hace la diferencia entre un propósito y un deseo es que el propósito nos hace estar enfocados en una meta, en cambio, el deseo se asemeja más a las buenas intenciones y son eso: intenciones. Cuando se tiene un propósito no se envidia la suerte de otros ni sus logros sino que se sigue el propio camino trazado.

No debemos decaer, al contrario decirnos: “Si otros lo han hecho  y son personas, yo también puedo hacerlo”. Esto en parte es verdad. No pintaremos la Capilla Sixtina; no escribiremos Hamlet pero, sin dudas podremos pintar, escribir  de acuerdo a nuestras aptitudes y mucho se pueden mejorar con la práctica. Claro que algunos ingredientes serán indispensables: tener definido lo que se quiere (aunque esto se va aclarando a medida que practicamos), ser constantes, esforzarnos, tenernos paciencia y soportar los fracasos que seguro vamos a tener. Nadie fracasa si no intenta algo nuevo y se queda apoltronado en el living de su casa con el control remoto del televisor en la mano.

LOS SUEÑOS NO ENVEJECEN

4Antes de comenzar nos ponemos excusas entre ellas la edad. El cumplir nuestros objetivos no tiene porqué disminuir a medida que pasan los años. Pensemos en el caso de Picasso que seguía dibujando y pintando cada vez mejor hasta casi los 90 años, o  Juan  Pablo II ejerciendo su pontificado casi 30 años con ímpetu y acción.

A veces de jóvenes no pudimos cumplir nuestros deseos pues estábamos demasiados ocupados con nuestras obligaciones pero ellos siguen guardados  dentro. Puede aparecer la posibilidad de realizarlos casi al final de la  vida pero es la prueba de que aquello tan anhelado estuvo siempre allí. Un cerebro de una persona anciana no tiene nada de inherentemente defectuoso, al contrario, si se mantiene alimentado e interesado se conserva muy bien y con la edad puede ganar fuerza y vigor recurriendo a la propia experiencia y al recuerdo de todo lo que se pudo hacer.

5Muchas veces se usa la edad como excusa: “Yo soy viejo para esto…si no lo hice hasta ahora..” Es un justificativo para no participar en lo que pueden ser actividades estimulantes, el contacto con otra gente y nuevos ámbitos. En cambio los nuevos desafíos parecen retardar la aparición de enfermedades degenerativas y hasta de la muerte.

El foco debe estar en el horizonte que nos queda por vivir. Mientras la vida no se acabe, siempre hay algo que podamos hacer. Quedan grabados en nuestras mentes muchas personas que, aunque no han llegado al podio de los famosos, han sido grandes perseguidores de sus sueños y gracias a su empeño y entusiasmo han logrado hacer realidad lo que habían soñado más allá de la edad.

CUANDO CUNDE EL DESALIENTO

6La principal barrera que hay que vencer es la propia inercia, el desaliento, la falta de fe en nosotros mismos. ¡Basta de excusas! Una excusa es un motivo o un pretexto usado para eludir una obligación.

Casi todas las personas que viven con la sensación de desaliento son quienes carecen de propósitos. Cuando la inercia las apodera se vuelven incapaces de moverse, de actuar. Este estado en el aspecto emotivo va, muchas veces, asociado a la depresión y/o aburrimiento e induce  a quedarse en su misma posición mientras uno se compadece de sí mismo.

7Quienes llevan una existencia monótona, sin entusiasmo, insisten en que realmente no hay nada que les interese demasiado, pero, en general, esto quiere decir que se están defendiendo de ciertos temores irracionales como el miedo al fracaso. Piensan en el fracaso y entonces evitan realizar actividades que realmente les gustaría probar. Desechan un pedazo de espacio vital después de otro y terminan por no interesarse por nada. Antes de que otros los condenen el primer juez que los sabotea es la autocensura y se dicen: “Pensarán que si hago esto estoy loco”.

Sin la sensación de un objetivo la vida resulta vacía y uno se siente insatisfecho. Hacer algo que realmente deseamos no implica dejar de lado el trabajo, la familia o el lugar de residencia. Entre las ventajas de estar focalizado en algo está el conseguir una mayor estabilidad emocional, aumentar la propia estima, el bienestar personal y lograr un claro sentido de compromiso.

MEJOR QUE DECIR ES HACER

8Los sueños están en nuestra imaginación y los adornamos y los cuidamos porque nos hace felices pero para que se transformen en realidad deben ser hechos. El camino a lograr lo que queremos puede estar lleno de riesgos, pero el traspasarlos implica crecimiento y aprendizaje. Debemos buscar hacer aquello que desarrolle nuestros talentos naturales Por eso es fundamental conocer cuáles son nuestras fortalezas, lo que nos apasiona, eso que con solo nombrarlo nos devuelve las ganas de  vivir.

La mayoría perdemos más tiempo en decir lo que vamos a hacer que en hacerlo. Los actos valen más que mil palabras y ponen en juego la fe en nosotros mismos y en la ayuda de la Providencia. “¿De qué te sirve decir que tienes fe si no tienes obras?...Tú tienes la fe y yo las obras. Muéstrame si puedes, tu fe sin obras y yo con mis obras te mostraré la fe”. (Carta del apóstol Santiago.14, 17)

9Una vez que uno quiere algo y está en sus posibilidades realizarlo hay que comenzar a actuar, no esperar que el viento juegue a nuestro favor. Comenzar a hacerlo con el potencial y el bagaje que se tiene. Nunca se sabe hasta donde se puede llegar  hasta que se comienza a probar. Los “no puedo”, “tal vez”, “no sé”, “nunca serví para eso”, son excusas para no comprometerse en la acción. A veces el obligarse a entrar en actividad termina por provocar más disfrute del esperado.

Se precisa de la acción para romper con las propias conductas saboteadoras. El crecimiento y el desarrollo llevan tiempo y esfuerzo. La inercia tiene la tendencia de alimentarse a sí misma. Cuanto más uno deje de hacer alguna actividad más se acostumbra a no hacerla y cada vez le resulta más difícil.

Por tanto la acción es uno de los principales fundamentos de la felicidad, sobre todo cuando toma la forma de una actividad creativa y absorbente. La confianza en el logro o la propia eficacia está estrechamente relacionada con la actividad. Esta confianza se obtiene demostrando con hechos, que uno se desempeña bien en lo que está haciendo, aceptando algunos retos y probando diversas actividades para obtener la determinación de que se puede llevarlas a cabo.

DARSE UNA BUENA VIDA        

11Vivir plenamente significa hacer, actuar, crear, amar. Lo contrario es vegetar. Tener un proyecto es una manera de agudizar la concentración, la atención, el interés por el mundo, las personas y las cosas más allá de uno mismo. “Dime qué te despierta el interés y te diré quién eres”
 
 Las personas rara vez se sienten felices o vivas estando inactivas salvo entre breves períodos de tiempo, entre esfuerzo y esfuerzo. Se aburren y vuelven apáticos cuando el descanso dura demasiado. El disfrute pasivo como leer o contemplar un acontecimiento cultural o deportivo suele ser entretenido y relajante pero realizar solo esta clase de actividades suele llevar al desaliento y desgano. Precisan de una actividad vitalmente absorbente para sentirse vivas y felices. Necesitan algún interés complejo y estimulante.

Al que se quiere consagrar a alguna empresa le conviene elegir un proyecto que le resulte atractivo y de largo plazo en vez de algo sencillo y de corto alcance. Puede que al principio tenga que obligarse un poco en su empeño pero poco a poco se irá abstrayendo en lo que hace. Hacerlo implica un ejercicio complejo y no muchas veces tolerado por el grado de frustración que puede implicar. En este caso, como en muchos otros aprendizajes de la vida, es muy importante la capacidad de soportar el fracaso. Por supuesto que el fracaso aparece pero esto no tiene por qué desmoralizar. El aumento de la concentración en lo que se hace produce un efecto mental  por demás beneficioso en cuanto al gasto de energía en pensamientos, conductas y actitudes dicotómicas, es decir en aquellas donde  siempre se está dudando, rumiando, volviendo a pensar en que si se hace o no.

La nuestra es una condición de caminantes: nos damos cuenta que nuestros sueños son posibles y caminamos con la mirada puesta en el horizonte entonces nos podemos fatigar por el esfuerzo pero sabemos que bien vale la pena.
 
*Cecilia Barone es socióloga, psicóloga social
y profesora superior en Ciencias Sociales.
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