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EL MEJOR ABRAZO
-Por Marcelo E. Miraglia-

Los abrazos son gestos afectivos que expresan el sentir de nuestro corazón. Cuando lo hacemos acompañado de lágrimas y algunas palabras sentidas, nos ayudan a transmitir con mayor intensidad lo que llevamos dentro. Existen distintos tipos de abrazos que indudablemente tienen mucho que ver con lo que intentan manifestar. En el Evangelio de San Lucas podemos encontrar un abrazo emblemático:

“Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó. (Lc. 15,20b).

Este abrazo del padre misericordioso con su hijo pródigo es un reflejo de la relación de cada uno con nuestro Padre Dios. También podría llegar a ser un ejemplo en general de las relaciones entre padres e hijos como ocurre habitualmente en la vida. La siguiente historia habla de algunas cuestiones que no siempre solemos resolver y que sin embargo podemos lograr mejorar.

Era un domingo y Tomás que estaba durmiendo, al escuchar sonar la alarma del despertador a las 7 de la mañana, abrió sus ojos y saltó de la cama como no lo hacía desde hacía mucho tiempo. La mañana se presentaba soleada y se escuchaban solamente el canto de los pájaros. Para él, esto era todo un deleite. Fue a la cocina y mientras preparaba su taza de café disfrutaba del hermoso paisaje mirando por la ventana. Al estar desayunando, recordó que ese era un día muy especial: el Día del padre. Pensó por un momento y advirtió que su esposa y sus dos hijos menores habían partido hacía dos días atrás a visitar un pariente de manera urgente y no estarían en todo el día. Luego, giró la cabeza hacia su lado izquierdo y vió que colocado en la puerta de la heladera sostenido por un imán había un papel que decía: “El domingo voy a saludarte papá”. Estaba firmado por Damián, su hijo mayor, quien con sus 21 años hacía tres meses que vivía sólo.

Tomás de repente y casi a la velocidad de la Luz terminó su desayuno y comenzó a ordenar el desastre que había en su casa. Luego de dejar todo en mejores condiciones se dispuso a elegir el menú del almuerzo. Buscó todos los ingredientes y mientras cocinaba escuchó que llamaron a su puerta. Rápidamente se dirigió hacia ella, y al abrirla se encontró con su hijo mayor Damián que hacía un mes que no lo veía. Se saludaron afectuosamente con un fuerte abrazo interminable que admás provocó en ambos lágrimas abundantes que recorrieron sus rostros llenos de alegría por el reencuentro.

El almuerzo fue magnífico, y Damián trajo un postre preparado por él mismo. Luego, le entregó a su padre un hermoso regalo: una lapicera muy elegante. Charlaron y charlaron por horas sobre anécdotas pasadas que refrescaron ese amor existente entre ambos. Llegados a un punto de la charla se pidieron perdón mutuamente por ciertas asperezas vividas en algunas ocasiones y se perdonaron por aquellos malos tragos en su relación. Tomás aceptó comprensivamente que Damián fuera a vivir sólo ya que era para él todo un nuevo desafío que formaba parte del aprendizaje de la vida. Damián por su parte advirtió los nuevos riesgos a los cuales se enfrentaba, y descubrió en su padre algunos aspectos que desconocía de su persona.

Y al caer la tarde ambos se despidieron con un fuerte abrazo cargado de mucha emoción y afecto. Tomás, seguía con su mirada cómo se alejaba caminando Damián, y mientras tanto repetía en voz baja  como hablando para sí mismo: “¡Éste fue el mejor abrazo de mi vida…!”.

 
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