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1EL RESPETO POR LA COMIDA
-Por Lic. Cecilia Barone*-

Hay gente que con solo dar la mano rompe la soledad,
pone la mesa, sirve el puchero, coloca guirnaldas
Y con solo empuñar la guitarra hace una sinfonía de entrecasa
Hamlet Lima Quintana. Gente

Vivimos un tiempo caracterizado por una atención desmedida a la comida como nunca se había registrado en la historia de la humanidad: revistas, periódicos, canales televisivos, ferias, nos atiborran con información sobre la comida. Esto es otro signo de la sociedad del bienestar y del consumo. Adoptamos una actitud hacia la comida no como alimento para nutrimos, poder vivir y compartir sino como otro producto para consumir. Lástima que la comida no sea accesible a todos.

COMER ES UN PRIVILEGIO AL QUE NO ACCEDEN TODOS

2Hoy se vive un vértigo de  exposición sobre la comida. La comida pasó a ser la “vedette” del consumo. Se la muestra, exhibe, publicita e incita. Están de moda los cocineros que, desde la pantalla televisiva, nos dicen qué platos elaborar y que nosotros miramos embobados sabiendo que en la mayoría de los casos no los haremos nunca.

La exhibición de la comida está  a la vista de todos pero no todos pueden acceder a ella. Más de un tercio de la población mundial sufre hambre, desnutrición y muerte por la falta de comida.  Según estadísticas confiables en Argentina más del 30 % de la población está desnutrida y no tiene qué comer. La distribución del alimento en lugar de ser un bien común es una verdadera injusticia social

En las grandes ciudades como no se llega a consumir lo que se elabora diariamente los sobrantes se tiran.  Por ejemplo, en Milán, unas de las ciudades más ricas de Italia, según un informe aparecido pocos días atrás, tanto las casas que expenden comida como los consumidores tiran a la basura el 40 % de la comida. Lo mismo en otras ciudades que tienen un buen nivel de vida. Se calcula que en el mundo van a parar  a la basura 1.300 millones de toneladas de comida al año, según las cifras de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura) Esta es sin dudas, otra forma de fomentar la cultura del descarte. Ahora se tira comida, se tiran cosas, luego se desecharán personas.

3El papa Francisco en mayo último, durante la reunión que tuvo con La Federación Europea de Bancos de Alimentos (FEBA) subrayó la importancia de compartir la comida con los más necesitados y destacó el sufrimiento de aquellas familias que no tienen asegurada la alimentación de sus hijos. Consideró necesario encarar una seria “lucha contra el despilfarro de alimentos”, que manifiesta desinterés por las cosas e indiferencia hacia los que carecen de ellas… “Desperdiciar la comida es descartar a la gente”.

LA TIERRA DADORA DE NUESTRO ALIMENTO

Cuando no se tiene respeto por la comida tampoco se considera a las  personas que  la producen y distribuyen y por la tierra que la ha hecho crecer.

4Necesitamos entender que todas las cosas son comunes y lo que está sobre la mesa lo es aún más. La comida elaborada con los productos de la tierra debe ser  considerada como un bien universal, pues ella produce para  todos y requiere de todos

La tierra es la madre que nos ofrece todo lo que necesitamos. Deberíamos grabar en nosotros este mandamiento tan ligado al otro, el amor al prójimo: “Ama la tierra como a ti mismo”. Ella es que nos mantiene vivos por eso necesitamos cuidarla, preservarla y no contaminarla. En los últimos tiempos se ha tomado más conciencia sobre el manejo menos agresivo y más cuidadoso que debemos tenerle aunque igual todos los días nos enteramos de incendios en bosques y selvas, contaminación de aguas por desechos industriales y por el uso de productos químicos para aumentar la producción agropecuaria.

LA SOLEDAD EN LA MESA

5Mucha gente, sobre todo en las ciudades,  vive sola en un espacio físico reducido donde la cocina es un lugar minúsculo con poco espacio para cocinar y servir. Es probable que después del trabajo, no se tengan muchas ganas de elaborar ningún plato entonces se termina llamando a un “delivery” para que envíe alguna vianda rápida que se deglute delante de la computadora o del televisor.

La famosa comida fast food, que implica comer rápido, casi sin masticar y no sabiendo aquello que se traga, implica además una manera de vivir: apurados, atragantados sin percibir los estímulos que nos llegan, sin tener ningún registro de los que están a nuestro alrededor ni de nosotros mismos y terminamos sacándole importancia a un hecho tan vital.

6Por otro lado, cuantas personas grandes que viven solas se mal alimentan.  Ya no tienen ganas de cocinar ni de  comer. En la soledad de sus casas rebuscan en la alacena o en la heladera alguna cosa para ingerir y hasta se  olvidan de hacerlo.  No tienen  con quien compartir. Están sin  una  presencia que las saquen de su soledad.

Por desgracia, muchas veces, tendemos a relegar la ceremonia del comer y hasta nos  sentimos culpables por el hecho de dedicarle un tiempo apropiado. Comemos mientras se hace otra cosa, como para terminar  lo antes posible. Reconocemos que los tiempos corren pero ni siquiera, a veces, hacemos una comida en común con todos los integrantes de la casa. Por otro lado, lo que tendría que ser un momento de comunicación queda degradado cuando ponemos como comensal de honor al televisor y a los teléfonos móviles.

LA MESA COMO LUGAR DE COMUNIÓN

7El  arte de vivir se simboliza por el arte de comer. Este arte tiene un carácter sacro y así lo testimonian  todas las culturas.  Cuando el hombre descubre el fuego y comienza a cocinar y cocer la carne de los animales se puede decir que  comienza la civilización. Ese acto daba vida y era muy respetado.

Ni bien nacemos nos alimentan. Comenzamos a comer y comenzamos a socializarnos y hacernos humanos. Comer es un gesto social y  cultural por excelencia. Cuantos de nosotros recordamos la casa familiar donde nos poníamos a la mesa todos juntos, como ese rato del día dónde, además de compartir el alimento, se contaban los sucesos del día, nos escuchábamos, aprendíamos de los mayores.

Antes de poner en la mesa los alimentos se los prepara, se los limpian, se cocinan, se decoran y se comparten. Cocinar requiere del tiempo y del esfuerzo de quién lo hace. No se puede hablar de comida sin hablar de mesa aunque esta sea una simple tabla, una manta sobre la arena en el desierto o un encuentro al lado de un fogón en el campo.

Si le damos a la comida el valor que se merece corresponde  enseñar a los niños desde la primera edad la importancia de la comida en familia, de compartirla y ayudar a prepararla, fuera de cualquier acto de glotonería sino como  un verdadero camino de humanización.

*Cecilia Barone es socióloga, psicóloga social
y profesora superior en Ciencias Sociales.
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Comentarios:

Excelente nota. Gracias por compartir sobre este tema, estoy segura de que muchos pensamos igual. Estuve un tiempo en Estados Unidos y realmente me dolió en el alma la cantidad de comida que se desecha... todo lo del artículo es tan cierto! Saludos.
María
07/10/2019

 
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