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2LOS MAYORES Y LA FIESTA DE LA EXALTACIÓN DE LA CRUZ
-Por Marta E. Cánepa-

Fue siempre costumbre entre los cristianos llevar una cruz, ponerla en la cabecera de la cama, presidir las salas de los hospitales, oficinas, etc. Ya son pocos los que se hacen la señal de la cruz cuando se pasa por un templo.

¿Qué significará la Cruz para los tiempos actuales?

Puede ser que se niegue la muerte; o porque la cruz es locura y escándalo; o porque presenta un Dios no atrayente, vencido, fracasado; o porque no se entiende como un Dios ofrece a su Hijo como víctima expiatoria y no es capaz de perdonar gratuitamente.

Estas opciones también las podemos tener en cuenta las personas mayores porque hemos creído por mucho tiempo en un Dios castigador.

Hemos sentido, muchas veces, que una vida sacrificada era un camino para la salvación y que había que aceptar las pruebas porque eran enviadas por Dios. Entonces se lo temía, vivíamos pendientes de no pecar para no ofender a Dios, privilegiando el cumplimiento.

¿Qué hace Dios en una cruz? ¿Es posible creer en un Dios crucificado por los hombres?

Un Dios crucificado es una “revolución”. Nos lo dice Jesús como lo escribió San Juan.

2“Como el Padre me amó también yo los he amado, permanezcan en mi amor”. “Les he dicho estas cosas para que mi gozo esté en ustedes y ese gozo sea perfecto”. “No hay amor más grande que dar la vida por los amigos”. “No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los eligió a ustedes”. “Todo lo que pidan al Padre en mi nombre se los concederá”. “Padre cuídalos en mi nombre, ámalos a ellos como me amas a mí”.

Sólo tanto amor hace que comprendamos la cruz de un modo nuevo. En la Cruz Dios no nos acusó de nuestros pecados, sino que nos ofreció su perdón salvador; prefirió ser víctima antes que verdugo, y desde su silencio en la cruz, ser un juez manso.

El verdadero sentido de la cruz es seguirlo a Jesús, no es que nos pida una vida mortificada, ni aceptar con resignación las contrariedades de la vida, sino aceptar lo que llega por vivir su seguimiento: riesgos, conflictos, críticas, soledad.

Entonces la cruz no se exalta por el valor de tener que sufrir sino por la capacidad que tiene Dios de amarnos incondicionalmente, de una manera increíble:

“El que ama todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1° Cor 13.7)

Qué bueno sería que los que somos mayores nos preguntáramos cómo entendemos, hoy, el sentido de la CRUZ donde estuvo Jesús, y cómo entendemos nuestras cruces, mirándolo a Él. ¿Nos damos cuenta que Él no es ajeno a nuestros sufrimientos y que comparte nuestros dolores, angustias y la muerte? Si no fuera así terminaría nuestra FE.

Después de una larga vida tendríamos que ser testigos de cómo nos AMA JESÚS.

Basado en conceptos del P. José Antonio Pagola

 
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