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1LA EDAD DE LA ACEPTACIÓN
-Por Cecilia Barone*-

Has dado una gran parte de tu vida, en todo caso de la mejor, a la República; ahora toma para ti mismo un poco de tu tiempo…Este vigor del pensamiento, capaz de las más grandes cosas, que tú aplicas a una función muy honorable, sin duda, pero poco hecha para alcanzar la dicha, vuélvelo sobre ti mismo..” Séneca. Carta a Paulino. De la brevedad de la vida

En todas las edades hay capacidades y talentos. A las personas mayores se les presenta el desafío de redescubrir sus potencialidades, convencerse de que sus capacidades no se agotan con el correr del tiempo y el proceso de aprendizaje dura toda la vida. Los progresos de la medicina hacen posible que hoy se aumente la esperanza de vida. Queda garantizar que la mayoría de la población pueda alcanzar no solo más sino mayor calidad en los años y que este estado de vitalidad sea valorado por la sociedad como un gran potencial.

2En el país viven cada vez más personas que superan los 65 años. La población que pasó el período jubilatorio hoy representa al 15% de la total. Y aunque muchos se encuentren en una edad en la que el mandato laboral indica que entraron en una etapa pasiva, de hecho, hay quienes siguen trabajando, se animan a armar un emprendimiento propio, empezar una carrera pendiente, aprender un idioma o practicar un deporte.

Sin embargo, no todos pueden darse el gusto y el “lujo” de emprender o hacer lo que tienen ganas. Según el Barómetro del observatorio social de la UCA, tres de cada cuatro adultos mayores dicen que la primera carencia que padecen es la económica y la segunda, la falta de oportunidades recreativas para su edad. Muchos, por otro lado, dicen sentir que la sociedad no los tiene en cuenta, lo que los paraliza y les impide gozar de una vida más gratificante y merecida.

EL CRECIMIENTO INTERIOR

3Cumplir años es un verdadero jubileo cuando el homenajeado toma conciencia de que el alma no decae con los años, ni disminuye cuando el cuerpo declina. El crecimiento espiritual en la vejez bien vivida es la brillante confirmación de un pasado de inteligencia, de valor, de realizaciones y de crecimiento del yo espiritual en detrimento del egocentrismo. Es que la buena vida significa un aumento de paciencia, de voluntad, de fe en lo que mejor hay en cada uno.

La persona grande vislumbra que todo lo realizado en la vida ha exigido un esfuerzo constante de superación. Ese esfuerzo siempre es válido, cada vez más necesario y no tiene por qué declinar. Gandhi siguió incrementando su grandeza hasta los 80 años. La Madre Teresa de Calcuta, hasta casi su muerte, a los 87 años, continuó trabajando con fervor atendiendo a pobres, enfermos y moribundos, al mismo tiempo que guiaba la expansión de su congregación por todos los países del mundo sin desfallecer. Ninguno de los dos se auto compadecía. Su comprensión, su calor humano, su irradiación, fueron cada vez mayores a medida que el desprendimiento de sí es cada vez mayor. Y como ellos miles de personas, la mayoría anónimas, siguen animosos hasta edad avanzada ayudando y sosteniendo a los suyos y a los otros.

4Uno envejece de acuerdo a cómo vivió. Lo más grave no son las enfermedades ni los achaques del viejo sino las deformaciones del carácter: el paso de la tenacidad a la testarudez, de la prudencia al derrotismo, de la moderación a la avaricia. Desatender estos rasgos de carácter intensifican los signos de vejez. Si todo desalienta, si nada se desea, si se duda de todo, si no se espera nada, si solo se siente disgusto hacia los demás, significa que aún no se aprendió a vivir, no importa la edad cronológica que se tenga. No se han adquirido las costumbres felices que hacen a esta etapa más llevadera.

Los que tienen fe y se sostienen en la esperanza en Dios son los que pueden prevenir el endurecimiento del corazón en el resentimiento y el egoísmo. “¡Qué feo es el cinismo de un anciano que ha perdido el sentido de su testimonio, desprecia a los jóvenes y no comunica una sabiduría de vida!,”dice el papa Francisco.

SOLO TENEMOS LA EDAD DE NUESTROS DESEOS

7Poco importa la edad al médico, al artista, al religioso, al artesano enamorados de su oficio, a todos aquellos que guardan en su corazón un gran deseo siempre presente. Entienden que vejez no quiere decir decrepitud. 

“No se cuentan los años de un hombre más que cuando ya no tiene más nada en su haber” ironiza Emerson. Lo grave es cuando a una altura de la vida se pierde la capacidad de soñar, que es el motor que empuja hacia adelante. Es necesario más que nunca en ese momento, tener la mayor cantidad de sueños y metas pues construyen vitalidad.

Para no decaer es preciso tener en el corazón deseos sin oponerse y resistir a los propios proyectos diciendo: “es demasiado tarde”, “ya no puedo.”,” a mi edad...”. Los anhelos de hacer cosas dan fuerzas. Solo querer es ya algo positivo. No hay que dudar de poder realizar algo si la esperanza y la paciencia son suficientemente fuertes. No importa que lo propuesto no se logre a la perfección, sino que dé placer su ejecución.

8Los sueños se cumplen cuando la persona se siente vigorizada. Mejorar los sistemas de salud y atención, alentar la educación permanente, estimular la creación de grupos de fortalecimiento social, son modos de brindar herramientas para lograr realizar los proyectos, lo que debería ser una prioridad política, y social.  Por desgracia la situación económica apremiante de miles de ancianos en nuestro país desalienta los intentos de progreso en este sentido.

Erik Erikson, el psicólogo que definió los ciclos de la vida, describió la última etapa de la existencia como de “una inmensa generatividad”: una profunda preocupación por la generación más joven”, un enfoque sabio y creativo de enriquecer a los demás y sentirse útil.

Las personas mayores que gozan de buena salud tienen mucho para dar. Si la entrega que hacen es generosa dan sentido a sus años y reconocen que aún no es el momento de “tirar los remos en la barca”. Este periodo de la vida es diverso de los precedentes, y nuestras sociedades, en general, no están listas, espiritual y moralmente, para reconocerle su importancia. Valorar esta dimensión e incentivar su participación en actividades comunitarias contribuye a la creación de redes de apoyo e integración
 
LA ETAPA DE LA TRASMISIÓN

9Bombardeados por la publicidad que vive impulsando figuras jóvenes y atractivas, la persona grande se siente arrinconada. Por otro lado, hay un gran rechazo a envejecer y aceptar el paso del tiempo. Asumir que se está más cerca la muerte asusta. Se modifica esta idea cuando se entiende que cada edad tiene sus debilidades y sus encantos. Ninguna es completa. El final de la vida es todavía vida, y se la goza cuando aparece un sentimiento de tranquilidad y desprendimiento. Cuando se le preguntó a san Carlos Borromeo que haría si supiera que le queda solo una hora de vida, contestó “haría especialmente bien lo que hago ahora”, sin la preocupación por lo que sigue.

10Cómo continúa la vida en este tramo depende de en qué medida se acepta el fin. Si no sucede entonces emerge, por un lado, el viejo que no quiere hacerse “viejo” y piensa y actúa como joven o bien capitula y renuncia a la vida en su conjunto. “De allí surge el egoísmo senil, el afán de valer, la tiranización hacia los otros, atormentándolos para obtener la sensación de que todavía se es algo, el cinismo…El que acepta esta etapa, en cambio, desarrolla valores y actitudes muy nobles: comprensión, valentía, confianza, respeto a sí mismo, lealtad a la vida ya vivida, a la obra cumplida, al sentido de la existencia realizada. Especialmente importante es la superación de la envidia hacia los jóvenes, el resentimiento contra lo nuevo.” dice Romano Guardini en “Las etapas de la vida”. A los ancianos les queda una invalorable misión: transmitir el legado aprendido a las nuevas generaciones. Ser una inyección de sabiduría sobre todo para aquellos que están demasiado ocupados, absorbidos por sus trabajos y obligaciones, distraídos.

“¡Qué bello es el aliento que el anciano logra transmitir al joven en busca del sentido de la fe y de la vida! Es verdaderamente su misión y la vocación de los ancianos. Las palabras de los abuelos tienen algo de especial para los jóvenes. Y ellos lo saben. Las palabras que mi abuela me dio por escrito el día de mi ordenación sacerdotal, las llevo todavía conmigo, siempre en el breviario, y las leo a menudo, y me hacen bien.” testimonia el papa Francisco y añade, “nosotros podemos recordar a los jóvenes ambiciosos que una vida sin amor es árida. Decirles a los jóvenes temerosos que la angustia del futuro se puede vencer. Enseñar a los jóvenes demasiado enamorados de sí mismos, que hay más alegría en dar que en recibir.”

Comprende que la felicidad brota desde adentro y que la paz con uno, con los otros y con Dios trae la tranquilidad tan esperada, perdonar las propias fallas, recordar lo bueno que nos ha dado la vida puede ayudar mucho a gozar de la alegría de la aceptación de la vejez.

 
*Cecilia Barone es socióloga, psicóloga social
y profesora superior en Ciencias Sociales.
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Comentarios:

Muy buena la nota.Toca un tema del que poco se habla pero que afecta a una gran parte de la sociedad.
Cecilia Giordani
06/05/2017

 
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