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MEDITACIÓN DIARIA
DEL EVANGELIO - OCTUBRE 2026
-Por Padre Guillermo de Jesús Acero Alvarín-

Intención del Papa para el mes de octubre: Recemos para que la pastoral de la salud mental se integre en toda la Iglesia, ayudando a superar el estigma y la discriminación hacia las personas con enfermedades mentales.

 

Jueves 01
Santa Teresa del Niño Jesús, virgen y doctora (MO)
Jb 19, 21-27; Sal 26, 7-9.13-14; Lc 10, 1-12

Evangelio: En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó delante de Él, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir Él. Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rueguen, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. ¡Pónganse en camino! Miren que los envío como corderos en medio de lobos. No lleven bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saluden a nadie por el camino. Cuando entren en una casa, digan primero: “Paz a esta casa”. Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos su paz; si no, volverá a ustedes. Quédense en la misma casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan: porque el obrero merece su salario. No anden cambiando de casa en casa. Si entran en una ciudad y los reciben, coman lo que les pongan, curen a los enfermos que haya en ella, y díganles: “El Reino de Dios ha llegado a ustedes”. Pero si entran en una ciudad y no los reciben, saliendo a sus plazas, digan: “Hasta el polvo de su ciudad, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre ustedes. De todos modos, sepan que el Reino de Dios ha llegado”. Les digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para esa ciudad».

Reflexión: Jesús no actúa como un héroe solitario que libra de los males y peligros como por arte de magia. Su labor es transformar los corazones. Para ello, pide a quienes lo siguen que, además de recibir su misericordia, se involucren en la tarea evangelizadora, primero con la oración y luego con la evangelización. Por eso, encomienda su misma misión a los discípulos, de manera que hablen y actúen en su nombre. Como bautizados, todos estamos comprometidos en dar testimonio de Jesús en cada uno de los ambientes en que nos desenvolvemos para que todas las personas puedan conocer el amor de Dios.

Oración: Padre de amor, envía obreros entusiastas a tu mies para que tu Reino de amor y justicia sea una realidad en este mundo.

Viernes 02
Santos Ángeles Custodios (MO)
Ex 23, 20-23; Sal 90, 1-6.10-11; Mt 18, 1-5.10

Evangelio: En aquel momento, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: «¿Quién es el más importante en el Reino de los Cielos?». Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo: «Les aseguro que, si no vuelven a ser como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ese es el más grande en el Reino de los Cielos. El que acoge a un niño como este en mi nombre me acoge a mí. Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque les digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial».

Reflexión: Los poderosos y autosuficientes no inspiran atención y cuidado de parte de los demás. En cambio, una persona débil o frágil suscita actitudes de protección y ternura. Por eso, Jesús nos pide volver a ser como niños. La comunidad se construye cuando procuramos relaciones semejantes a las de los niños; es decir, sin prejuicios, imposiciones ni excesivas precauciones, sino con total apertura y sinceridad hacia los demás. La madurez en la fe deja espacio para vivir como niños, pues Jesús no quiere una Iglesia ni una sociedad de gente prepotente y orgullosa. Pide, más bien, que todos contribuyamos a un mundo mejor desde la humildad y la sencillez de corazón.

Oración: Padre de bondad, ayúdanos a ser auténticos instrumentos de fraternidad como nos enseñó tu Hijo Jesucristo.

O bien textos del viernes de la XXVI semana del T. O.
Jb 38, 1.12-21; 40, 3-5; Sal 138, 1-3.7-10.13-14; Lc 10, 13-16

Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús: «¡Ay de ti, Corozaín; ay de ti, Betsaida! Pues si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en ustedes, hace tiempo que se habrían convertido, vestidos de sayal y sentados en la ceniza. Por eso el juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a ustedes. Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al abismo. Quien a ustedes escucha, a mí me escucha; quien a ustedes rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí rechaza al que me ha enviado».

Reflexión: A más beneficios recibidos corresponde una mayor gratitud. Es lo lógico, pero no siempre ocurre así. Las personas y pueblos a los que Jesús dedicó más intensamente su misión no fueron los que mejor respondieron a su mensaje. Por ello, reprende a las ciudades de Cafarnaún, Corozaín y Betsaida. Allí obró gran parte de sus milagros, a ellas dedicó buena parte de sus enseñanzas, pero correspondieron con escasos signos de conversión. En contraste, hay quienes, a menudo los menos esperados, reciben el mensaje de Jesús con total apertura y docilidad al Espíritu Santo, como hicieron en su tiempo algunas personas más allá de las fronteras de Israel.

Oración: Jesús, Hijo de Dios, concédenos escuchar tu Evangelio y vivirlo con sinceridad de corazón.

Sábado 03
San Francisco de Borja, presbítero
Jb 42, 1-3.5-6.12-16; Sal 118, 66.71.75.91.125.130; Lc 10, 17-24

Evangelio: En aquel tiempo, los setenta y dos volvieron con alegría diciendo: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre». Jesús les dijo: «Estaba viendo a Satanás caer del cielo como un rayo. Miren: les he dado el poder de pisotear serpientes y escorpiones y todo poder del enemigo, y nada les hará daño alguno. Sin embargo, no estén alegres porque se les someten los espíritus; estén alegres porque sus nombres están inscritos en el cielo». En aquella hora, se llenó de alegría en el Espíritu Santo y dijo: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar». Y, volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: «Bienaventurados los ojos que ven lo que ustedes ven. Porque les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven, y no lo vieron; y oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron».

Reflexión: Los enviados de Jesús son continuadores de su misma misión y proyecto. Por eso, ellos también restauran la humanidad de las personas que la habían perdido a causa del pecado. Haber recibido este poder los llena de entusiasmo, pero el Señor les enseña que existe una grandeza aún mayor: la alegría del Reino de Dios. Es un gozo universal que no depende de los logros intelectuales, económicos o sociales. Está a disposición de todos, incluso de los más sencillos. Con esta declaración, Jesús nos pide dejar de lado cualquier pretensión de grandeza, soberbia o prepotencia, para que construyamos una sociedad de pequeños, en la que todos nos consideremos hermanos. Esa es la verdadera grandeza evangélica.

Oración: Padre, concédenos participar con alegría en la edificación de tu Reino.

Domingo 04
XXVII del Tiempo Ordinario
Is 5, 1-7; Sal 79, 9.12-16.19-20; Flp 4, 6-9; Mt 21, 33-43

Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «Escuchen otra parábola: “Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos. Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo diciéndose: ‘Tendrán respeto a mi hijo’. Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: ‘Este es el heredero: vengan, lo matamos y nos quedamos con su herencia’. Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?”». Le contestan: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo». Y Jesús les dice: «¿No han leído nunca en la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”? Por eso les digo que se les quitará a ustedes el Reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos». Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos. Y, aunque intentaban echarle mano, temieron a la gente, que lo tenía por profeta.

Reflexión: Con esta parábola, Jesús recuerda la actitud de los líderes del pueblo de Israel, especialmente su desprecio a la Palabra del Señor y al mismísimo Hijo de Dios. A su vez, recalca que la salvación no se circunscribe al pueblo elegido. Dios la ha ampliado a todas las naciones. Gracias a esta dimensión universal de los dones de Dios, también nosotros podemos alegrarnos del encuentro con Él. Jesús nos invita a responder a su amor con autenticidad. Él y su propuesta han sido rechazados por muchos que se consideran doctos e inteligentes. Nosotros, en cambio, tenemos el privilegio de construir nuestra vida sobre el fundamento del Evangelio que, transitando el camino de la cruz, nos conduce a la resurrección.

Oración: Padre de ternura, infunde tu fuerza en nuestros corazones para que acojamos con amor y sinceridad a tu Hijo y a su Evangelio.

Lunes 05
Santa Faustina Kowalska, religiosa
Ga 1, 6-12; Sal 110, 1-2.7-10; Lc 10, 25-37

Evangelio: En aquel tiempo, se levantó un maestro de la ley y preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?». Él le dijo: «¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?». El respondió: «“Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu fuerza” y con toda tu mente. Y “a tu prójimo como a ti mismo”». Él le dijo: «Has respondido correctamente. Haz esto y tendrás la vida». Pero el maestro de la ley, queriendo justificarse, dijo a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?». Respondió Jesús diciendo: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba él y, al verlo, se compadeció, y acercándose, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y le dijo: “Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré cuando vuelva”. ¿Cuál de estos tres te parece que ha sido prójimo del que cayó en manos de los bandidos?». Él dijo: «El que practicó la misericordia con él». Jesús le dijo: «Anda y haz tú lo mismo».

Reflexión: Los mandamientos de Dios suelen ser conocidos y recitados por muchos, pero no son solo conceptos a memorizar, sino opciones de vida a adoptar. Así lo entiende el maestro de la ley que interroga a Jesús. Quiere saber lo que tiene que hacer para heredar la vida eterna. Jesús, más allá de las discusiones teóricas, les muestra un camino concreto: comprometerse con el cuidado de los demás. El prójimo es quien está cerca. Por tanto, aunque hay muchos necesitados que no están cerca de nosotros, Jesús nos invita a hacernos prójimos (próximos) a ellos; es decir, aproximarnos, como hizo el samaritano, para brindar alivio y bienestar.

Oración: Padre santo, derriba nuestras indiferencias y danos corazones atentos hacia las necesidades de nuestro prójimo.

Martes 06
San Bruno, presbítero (ML)
Ga 1, 13-24; Sal 138, 1-3.13-15, Lc 10, 38-42

Evangelio: En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Esta tenía una hermana llamada María, que, sentada junto a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Marta, en cambio, andaba muy afanada con los muchos servicios; hasta que, acercándose, dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me eche una mano». Respondiendo, le dijo el Señor: «Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; solo una es necesaria. María, pues, ha escogido la parte mejor, y no le será quitada».

Reflexión: El evangelio de hoy nos presenta dos estilos de acogida de Jesús. La primera es la de Marta, quien, fiel a los principios de la hospitalidad, recibe a Jesús en su casa y se desvive en múltiples tareas para atender a sus invitados. No obstante, su servicio no parece del todo desinteresado, como deja entrever su petición al Señor para que obligue a su hermana a ayudarla. Quien sirve con verdadera entrega no condiciona su actitud a lo que hagan o dejen de hacer los demás. Por eso, Jesús elogia el segundo estilo, el de María, quien acoge a Jesús, no mediante tareas externas, sino con su disponibilidad de escucha. ¿Cómo es nuestra participación en la Iglesia? ¿Crecemos constantemente en la escucha de Jesús?

Oración: Señor Jesús, concédenos el don de la escucha para que nuestros pensamientos, palabras y obras estén orientados al cumplimiento de tu voluntad.

Miércoles 07
Bienaventurada Virgen María del Rosario (MO)
Ga 2, 1-2.7-14; Sal 116, 1-2; Lc 11, 1-4

Evangelio: Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos». Él les dijo: «Cuando oren, digan: “Padre, santificado sea tu nombre, venga tu Reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación”».

Reflexión: Jesús se caracterizó principalmente por su profunda experiencia de Dios, al punto de que sus discípulos percibían su filiación divina, expresada especialmente en su oración. Los hombres de Dios, en efecto, son personas de oración, como Juan Bautista, que también se caracterizaba por su manera de orar. Los discípulos le piden a Jesús que los ayude a ser partícipes de esa íntima relación con Dios. Y Él les responde con el Padrenuestro, una síntesis de nuestra fe, con la cual buscamos poner todas nuestras fuerzas al servicio de la voluntad del Padre, que se expresa en la vida de donación y en el perdón sincero a los demás.

Oración: Padre de bondad, que, al reconocernos como hijos tuyos, sepamos tratar a todos como hermanos.

Jueves 08
San Evodio, obispo
Ga 3, 1-5; Sal: Lc 1,69-75; Lc 11, 5-13

Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Supongan que alguno de ustedes tiene un amigo, y viene durante la medianoche y le dice: “Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle”; y, desde dentro, aquel le responde: “No me molestes; la puerta ya está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos”; les digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por su importunidad se levantará y le dará cuanto necesite. Pues yo les digo a ustedes: pidan y se les dará, busquen y hallarán, llamen y se les abrirá; porque todo el que pide recibe, y el que busca halla, y al que llama se le abre. ¿Qué padre entre ustedes, si su hijo le pide un pez, le dará una serpiente en lugar del pez? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si ustedes, pues, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¿cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que le piden?».

Reflexión: Jesús emplea situaciones de la vida cotidiana para instruirnos sobre la importancia de la oración. Dios, en tanto Padre nuestro, no puede ser pensado como alguien lejano. Por eso, no hay por qué sentir pena o vergüenza por lo que le decimos o pedimos. Como hijos suyos, nuestra relación es de confianza y sinceridad. Jesús quiere que fortalezcamos nuestra relación con Dios mediante la oración. Él no se inventa esta práctica, que ya era frecuente en el Antiguo Testamento, pero nos enseña que, por medio de ella, recibimos el don del Espíritu Santo y nos acercamos al Señor, para que podamos sentir la alegría de su presencia y acción en nuestra vida.

Oración: Padre nuestro, danos corazón de niños, para que sepamos depositar toda nuestra confianza en ti.

Viernes 09
San Héctor Valdivielso Saéz, presbítero (ML)
Ga 3, 7-14; Sal 110, 1-6; Lc 11, 15-26

Evangelio: En aquel tiempo, habiendo expulsado Jesús a un demonio, algunos de entre la multitud dijeron: «Por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios». Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. Él, conociendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y cae casa sobre casa. Si, pues, también Satanás se ha dividido contra sí mismo, ¿cómo se mantendrá su reino? Pues ustedes dicen que yo echo los demonios con el poder de Belzebú. Pero, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, los hijos de ustedes, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán sus jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el Reino de Dios ha llegado a ustedes. Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros, pero, cuando otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte su botín. El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama. Cuando el espíritu inmundo sale de un hombre, da vueltas por lugares áridos, buscando un sitio para descansar, y, al no encontrarlo, dice: “Volveré a mi casa de donde salí”. Al volver se la encuentra barrida y arreglada. Entonces va y toma otros siete espíritus peores que él, y se mete a vivir allí. Y el final de aquel hombre resulta peor que el principio».

Reflexión: Durante su paso por Judea y Galilea, el ministerio de Jesús y sus acciones a favor del bienestar de todos, especialmente de los más necesitados, no eran bien vistas por aquellos que querían manipular la obra de Dios y se creían dueños de su voluntad. Por eso, en vez de alegrarse por la liberación y la salud de las personas, reaccionaban hostilmente contra Jesús, acusándolo de ser un enviado de Satanás. Pero no es el desprestigiado, sino el que pretende difamar quien en realidad se opone a Dios. La verdad es que las obras de perdón y liberación del prójimo son la auténtica manifestación de la presencia de Dios en el mundo.

Oración: Padre de misericordia, líbranos de todos los males y conviértenos en auténticos discípulos de tu Reino.

Sábado 10
San Daniel Comboni, obispo
Ga 3, 22-29; Sal 104, 2-7; Lc 11, 27-28

Evangelio: En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer de entre el gentío, levantando la voz, le dijo: «Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron». Pero Él dijo: «Mejor, bienaventurados los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen».

Reflexión: Las bienaventuranzas son declaraciones de felicidad con las que se reconoce y glorifica a alguien. El evangelio de hoy nos presenta dos de estas declaraciones. La primera viene de labios de una mujer que honra a María por haber llevado en su vientre y amamantado a Jesús. Aunque parece no haber honor más grande que este, Jesús rinde mayor honra a quienes escuchan la Palabra de Dios y la cumplen. Por eso, María es bendita entre todas las criaturas, no solo por ser la madre de Jesús, sino, ante todo, por haber sido la más humilde de todas las mujeres y haber elegido ser la sierva de Dios, dispuesta a decirle siempre sí.

Oración: Santa María, enséñanos a decir siempre sí a la voluntad del Padre, como tú.

Domingo 11
XXVIII del Tiempo Ordinario
Is 25, 6-10a; Sal 22, 1-6; Flp 4, 12-14.19-20;
Mt 22, 1-14

Evangelio: En aquel tiempo, volvió a hablar Jesús en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: «El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar otros criados encargándoles que dijeran a los convidados: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Vengan a la boda”. Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: “La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Vayan ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encuentren, llámenlos a la boda”. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?”. El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los servidores: “Átenlo de pies y manos y arrójenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”. Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos».

Reflexión: Con esta parábola, Jesús expresa que el Reino de Dios es el don más precioso, cuya máxima realización se cumple mediante la donación total de su Hijo en la cruz. Por tanto, no lo heredamos por nuestro esfuerzo, sino por su amor y misericordia, que Él ha puesto a nuestro alcance. El Padre ha preparado este banquete para nosotros. Estamos, pues, invitados a no rechazarlo, como los personajes de la narración, sino a aceptarlo y asistir con un vestido apropiado, es decir, con júbilo y agradecimiento. Si nuestro traje es de luto permanente, no habremos entendido la alegría del Evangelio y nos quedamos en las tinieblas de quienes no comprenden ni aceptan a Dios.

Oración: Padre de amor infinito, abre nuestros corazones para que acojamos tu llamado a entrar en el banquete de tu Reino con vestido de fiesta.

Lunes 12
Nuestra Señora del Pilar. San Carlo Acutis
Ga 4, 22-24.26-27.31—5, 1; Sal 112, 1-7; Lc 11, 29-32

Evangelio: En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús, y Él se puso a decirles: «Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Pues como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del Hombre para esta generación. La reina del Sur se levantará en el juicio contra los hombres de esta generación y hará que los condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón. Los hombres de Nínive se alzarán en el juicio contra esta generación y harán que la condenen; porque ellos se convirtieron con la proclamación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás».

Reflexión: El caso de Jonás, enviado a proclamar la Palabra de Dios a una ciudad pecadora y pagana, y de la reina del sur, que, siendo extranjera, pudo beneficiarse de la sabiduría que Dios concedió a Salomón, nos dejan ver que nadie está excluido de la bondad y la misericordia del Dios de Israel. Su poder llega a todas las personas, no se queda encerrado en las fronteras de una nación. La señal indiscutible de ese alcance universal es la muerte y resurrección de Jesús, como Él mismo lo ilustra en el evangelio de hoy. Citando la Sagrada Escritura, Jesús nos llama a una conversión radical, para que comencemos a poner en práctica su Evangelio de amor hasta el extremo.

Oración: Padre bendito, enséñanos a construir puentes que unen en lugar de muros que dividen.

Martes 13
San Eduardo
Ga 5, 1-6; Sal 118, 41.43-45.47-48; Lc 11, 37-41

Evangelio: En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar, un fariseo le rogó que fuese a comer con él. Él entró y se puso a la mesa. Como el fariseo se sorprendió al ver que no se lavaba las manos antes de comer, el Señor le dijo: «Ustedes, los fariseos, limpian por fuera la copa y el plato, pero por dentro rebosan de rapiña y maldad. ¡Necios! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro? Con todo, den limosna de lo que hay dentro, y lo tendrán limpio todo».

Reflexión: Jesús hace presente con su vida la universalidad del amor de Dios. Por eso, acoge a los pecadores y publicanos, pero también a los fariseos. A pesar de su obstinación, no quiere que queden excluidos del plan del Señor. Lo que fortalece nuestra relación con Dios no es cierto tipo de religiosidad, sino la sincera acogida de su enviado Jesucristo. De allí su crítica a ese estilo falaz que pretende agradar a Dios mediante acciones externas, mientras se es ajeno al sufrimiento humano. Así nos enseña la superioridad del amor a Dios y al prójimo sobre cualquier otro precepto. ¿Estamos dispuestos a purificarnos por dentro y por fuera mediante la limosna y las demás obras en favor de nuestro prójimo?

Oración: Padre celestial, purifica nuestro corazón, para que, llenos de ti, podamos vivir en coherencia de vida.

Miércoles 14
San Calixto I, Papa y mártir (ML)
Ga 5, 18-25; Sal 1, 1-4.6; Lc 11, 42-46

Evangelio: En aquel tiempo, dijo el Señor: «¡Ay de ustedes, fariseos, que pagan el diezmo de la yerbabuena, de la ruda y de toda clase de hortalizas, mientras pasan por alto el derecho y el amor de Dios! Esto es lo que había que practicar, sin descuidar aquello. ¡Ay de ustedes, fariseos, que les encantan los asientos de honor en las sinagogas y los saludos en las plazas! ¡Ay de ustedes, que son como tumbas no señaladas, que la gente pisa sin saberlo!». Le replicó un maestro de la ley: «Maestro, diciendo eso nos ofendes también a nosotros». Jesús contestó: «¡Ay de ustedes también, maestros de la ley, que imponen a los hombres cargas insoportables, mientras ustedes no tocan las cargas ni con uno de sus dedos!».

Reflexión: Jesús no se acobarda ante las autoridades judías ni se sometía a sus prescripciones, más bien, denuncia abiertamente su hipocresía y falsedad. Así procede con los escribas y fariseos, que son selectivos con los mandamientos. Se afanan por cumplir aquellos que consideran más convenientes, pero descuidan lo principal: la justicia y el amor de Dios. Ellos pretenden ser reconocidos y honrados por la cantidad de preceptos cumplidos y no por la calidad y profundidad de su apego a la ley. La mejor manera de proponer la Buena Noticia de la salvación no es obligando o induciendo a otros a que la acepten, sino viviendo con coherencia las exigencias del Evangelio en la propia existencia.

Oración: Padre eterno, concédenos tu sabiduría, para que con nuestras palabras y acciones seamos auténticos servidores del Evangelio de tu Hijo.

Jueves 15
Santa Teresa de Jesús, virgen y doctora (MO)
Ef 1, 1-10; Sal 97, 1-6; Lc 11, 47-54

Evangelio: En aquel tiempo, dijo el Señor: «¡Ay de ustedes, que edifican mausoleos a los profetas, a quienes mataron sus padres! Así son testigos de lo que hicieron sus padres, y lo aprueban; porque ellos los mataron y ustedes les edifican mausoleos. Por eso dijo la sabiduría de Dios: “Les enviaré profetas y apóstoles: a algunos de ellos los matarán y perseguirán”; y así a esta generación se le pedirá cuenta de la sangre de todos los profetas derramada desde la creación del mundo; desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, que pereció entre el altar y el santuario. Sí, les digo: se le pedirá cuenta a esta generación. ¡Ay de ustedes, maestros de la ley, que se han apoderado de la llave de la ciencia: ustedes no han entrado y a los que intentaban entrar se lo han impedido!». Al salir de allí, los escribas y fariseos empezaron a acosarlo implacablemente y a tirarle de la lengua con muchas preguntas capciosas, tendiéndole trampas para cazarlo con alguna palabra de su boca.

Reflexión: En tiempos de Jesús, los expertos en la ley se consideraban superiores a los demás porque, según ellos, eran los únicos capaces de entender la Escritura. Jesús, en cambio, recuerda que cada creyente es responsable de su prójimo, y su compromiso es acercar a los demás a Dios. Por eso nos invita a cumplir la ley del Señor mediante el amor y la misericordia al prójimo y acercarnos a su Palabra con la lectura y práctica de las enseñanzas que encontramos en ella. El verdadero sabio no alardea de su conocimiento, sino que se deja guiar con humildad y muestra a los demás el camino que conduce a Dios.

Oración: Señor Jesús, concédenos fuerza de voluntad para actuar siempre de acuerdo con tus enseñanzas.

Viernes 16
Santa Margarita María Alacoque, virgen (ML)
Ef 1, 11-14; Sal 32, 1-2.4-5.12-13; Lc 12, 1-7

Evangelio: En aquel tiempo, miles y miles de personas se agolpaban. Jesús empezó a hablar, dirigiéndose primero a sus discípulos: «Cuidado con la levadura de los fariseos, que es la hipocresía, pues nada hay cubierto que no llegue a descubrirse, ni nada escondido que no llegue a saberse. Por eso, lo que digan en la oscuridad será oído a plena luz, y lo que digan al oído en las recámaras se pregonará desde la azotea. A ustedes les digo, amigos míos: no tengan miedo a los que matan el cuerpo, y después de esto no pueden hacer más. Les voy a enseñar a quién tienen que temer: teman al que, después de la muerte, tiene poder para arrojar a la “gehenna”. A ese tiene que temer, se lo digo yo. ¿No se venden cinco pájaros por dos céntimos? Pues ni de uno solo de ellos se olvida Dios. Más aún, hasta los cabellos de su cabeza están contados. No tengan miedo: valen más que muchos pájaros».

Reflexión: El evangelio de hoy destaca la gran influencia que ejercía Jesús sobre las muchedumbres. Él invita a todos sus seguidores a ser coherentes siempre y en todo lugar. Por eso, recuerda que toda situación, por más oculta que parezca, termina haciéndose de conocimiento público. Esta alusión pretende que nuestro comportamiento sea honesto y acorde con sus enseñanzas siempre. El creyente ama a Dios y al prójimo en todo momento, incluso en situaciones de hostilidad, como las que le tocó vivir a Jesús mismo. Estamos, pues, invitados a proclamar abiertamente nuestra fe.

Oración: Padre de bondad, tú que ves en lo escondido, haz que nuestras palabras y acciones sean siempre dignas de tu amor y misericordia.

Sábado 17
San Ignacio de Antioquía, obispo y mártir (MO)
Ef 1, 15-23; Sal 8, 2-7; Lc 12, 8-12

Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Todo aquel que se declare por mí ante los hombres, también el Hijo del Hombre se declarará por él ante los ángeles de Dios, pero si uno me niega ante los hombres, será negado ante los ángeles de Dios. Todo el que diga una palabra contra el Hijo del Hombre podrá ser perdonado, pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo no se le perdonará. Cuando los conduzcan a la sinagoga, ante los magistrados y las autoridades, no se preocupen de cómo o con qué razones se defenderán o de lo que van a decir, porque el Espíritu Santo les enseñará en aquel momento lo que tienen que decir».

Reflexión: El camino de la fe atraviesa por varias etapas en las que el compromiso es cada vez mayor, hasta llegar al testimonio auténtico y permanente, incluso en situaciones de hostilidad y peligro de la propia vida. Por ello, Jesús advierte, desde el comienzo, que el anuncio de la Buena Nueva atraviesa dificultades que van desde persecuciones abiertas hasta el desánimo de los evangelizadores. Jesús anima a sus seguidores a que, en el contexto que sea, nunca dejen de dar testimonio de Él, pues las persecuciones hacen parte del plan de Dios. Él tiene previsto también el triunfo final y definitivo de Cristo, quien nos promete declarar a favor nuestro delante de Dios Padre.

Oración: Señor Jesús, infunde tu Palabra en nosotros para que demos testimonio de tu amor en todas las circunstancias de la vida.

Domingo 18
XXIX del Tiempo Ordinario
Is 45, 1.4-6; Sal 95, 1.3-5.7-10; 1 Ts 1, 1-5b; Mt 22, 15-21

Evangelio: En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron algunos discípulos suyos, con unos herodianos, y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie, porque no te fijas en apariencias. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?». Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: «Hipócritas, ¿por qué me tientan? Enséñenme la moneda del impuesto». Le presentaron un denario. Él les preguntó: «De quién son esta imagen y esta inscripción?». Le respondieron: «Del César». Entonces les replicó: «Pues den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».

Reflexión: Los fariseos recurren al nacionalismo judío para desprestigiar a Jesús y tratar de ponerlo en conflicto con las autoridades romanas. En respuesta, Jesús enseña que los deberes religiosos no eximen a nadie de sus compromisos ciudadanos, así como tampoco ningún régimen político tiene autoridad para impedir el ejercicio de su religiosidad. Lamentablemente hay excesos en ambos sentidos y siguen existiendo cristianos perseguidos a causa de su fe. La dimensión trascendente del ser humano no puede limitarse a la práctica privada de la fe. Y esto exige que los creyentes seamos cada vez más comprometidos con Jesús y su Evangelio, dispuestos a dar testimonio permanente de su salvación.

Oración: Señor Jesús, haznos valientes como tú para que anunciemos tu Evangelio hasta los confines del mundo.

Lunes 19
Beato Timoteo Giaccardo
Ef 2, 1-10; Sal 99, 2-5; Lc 12, 13-21

Evangelio: En aquel tiempo, dijo uno de entre la gente a Jesús: «Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia». Él le dijo: «Hombre, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes?». Y les dijo: «Miren: guárdense de toda clase de codicia. Pues, aún en la abundancia, la vida no depende de los bienes». Y les propuso una parábola: «Las tierras de un hombre rico produjeron una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos, diciéndose: “¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha”. Y se dijo: “Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el trigo y mis bienes. Y entonces me diré a mí mismo: alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe, banquetea alegremente”. Pero Dios le dijo: “Necio, esta noche te van a reclamar el alma, y ¿de quién será lo que has preparado?”. Así es el que atesora para sí y no es rico ante Dios».

Reflexión: La misión de Jesús no se limita a la regulación de los bienes económicos. Pero aprovecha la inusual petición del hombre del evangelio de hoy para advertirnos sobre el peligro de la avaricia. Nos pide que, en vez de poner todo nuestro empeño en la consecución de las riquezas materiales, que son efímeras, nos esforcemos por tener un tesoro en el cielo mediante el ejercicio de la caridad y la misericordia. Si convertimos los necesarios bienes terrenos en una prioridad absoluta, terminaremos avasallando al prójimo para conseguirlos. Por el contrario, la prioridad del cristiano es amar a Dios y al prójimo.

Oración: Jesús Maestro, concédenos tu sabiduría para construir nuestra vida con tesoros de amor y compasión hacia el prójimo.

Martes 20
San Pedro de Alcántara, religioso
Ef 2, 12-22; Sal 84, 9-14; Lc 12, 35-38

Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Tengan ceñida vuestra cintura y encendidas las lámparas. Ustedes estén como los hombres que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; en verdad les digo que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y, acercándose, les irá sirviendo. Y, si llega a la segunda vigilia o a la tercera y los encuentra así, bienaventurados ellos».

Reflexión: La humanidad cuenta con el ejemplo de múltiples personas que han dedicado su vida a la práctica y enseñanza del bien. Jesús se distingue entre todas ellas por su radicalidad en la vivencia del amor al prójimo como expresión del amor a Dios. Él procuró que sus discípulos siguieran su ejemplo. El amor no puede aplazarse y jamás debe cesar. Por eso, Jesús nos promete una segunda venida, pero deja en el misterio cuándo ocurrirá, para que nos mantengamos siempre a la expectativa de su regreso, como siervos fieles, prudentes y, sobre todo, despiertos. Esta vigilancia constante nos llena de alegría y nos permite expandir el Evangelio a más personas.

Oración: Señor Jesús, que la espera alegre de tu regreso, nos haga dignos de las bienaventuranzas prometidas.

Miércoles 21
Santa Laura Montoya
Ef 3, 2-12; Sal: Is 12, 2-6; Lc 12, 39-48

Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Comprenda que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, velaría y no le dejaría abrir un boquete en casa. Lo mismo ustedes, estén preparados, porque a la hora menos pensada viene el Hijo del Hombre». Pedro le dijo: «Señor, ¿dices esta parábola por nosotros o por todos?». Y el Señor dijo: «¿Quién es el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para que reparta la ración de alimento a su tiempo? Bienaventurado aquel criado a quien su señor, al llegar, lo encuentre portándose así. En verdad les digo que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si aquel criado dijera para sus adentros: “Mi señor tarda en llegar”, y empieza a pegarles a los criados y criadas, a comer y beber y emborracharse, vendrá el señor de ese criado el día que no espera y a la hora que no sabe y lo castigará con rigor, y le hará compartir la suerte de los que no son fieles. El criado que, conociendo la voluntad de su señor, no se prepara ni obra de acuerdo con su voluntad, recibirá muchos azotes; pero el que, sin conocerla, ha hecho algo digno de azotes, recibirá menos. Al que mucho se le dio, mucho se le reclamará; al que mucho se le confió, más aún se le pedirá».

Reflexión: Otra vez Jesús emplea un ejemplo de la vida cotidiana para explicarnos los misterios del Reino de Dios. Con las parábolas del ladrón y del dueño de casa que regresa sin avisar, nos invita a la vigilancia permanente, de modo que ningún imprevisto nos caiga de sorpresa. No podemos descuidar nuestra vida cristiana ni perder el entusiasmo en la práctica de las buenas obras. Un cristiano que deje de obrar el bien, aunque sea por un día, está arriesgando toda su vida de seguimiento. Cristo nos exige un amor y una misericordia constantes, como constante es el amor que diariamente Él nos manifiesta.

Oración: Padre bueno, concédenos perseverar en la espera de tu Hijo con oración firme y permanente práctica de la misericordia.

Jueves 22
San Juan Pablo II, Papa (ML)
Ef 3, 14-21; Sal 32, 1-2.4-5.11-12.18-19; Lc 12, 49-53

Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo! Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla! ¿Piensan que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división. Desde ahora estarán divididos cinco en una casa: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra la suegra».

Reflexión: La experiencia del Evangelio nos aleja del conformismo y nos exige un compromiso que supone lucha y división. Estamos llamados a romper con las prácticas mundanas del egoísmo y la prepotencia que nos alejan de Dios y del prójimo. De esa forma, podemos adoptar con valentía la entrega total a Jesús y a su salvación por medio de la cruz. Jesús anhela que el fuego ya esté ardiendo; es decir, que ya estemos listos y dispuestos a vivir integralmente el Evangelio, aun a pesar de las hostilidades que surgen hacia aquellos que buscan el Reino de amor que Él predicó. El amor al prójimo implica estar listos para defender a los demás, para hacer respetar sus derechos y buscar su promoción integral.

Oración: Señor Jesús, infúndenos una pasión sincera por tu Evangelio para que seamos dignos testigos de ti.

Viernes 23
San Juan de Capistrano (ML)
Ef 4, 1-6; Sal 23, 1-6; Lc 12, 54-59

Evangelio: En aquel tiempo, decía Jesús a la gente: «Cuando ven subir una nube por el poniente, dicen enseguida: “Va a caer un aguacero”, y así sucede. Cuando sopla el sur dicen: “Va a hacer bochorno”, y sucede. Hipócritas: saben interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, pues ¿cómo no saben interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no saben juzgar ustedes mismos lo que es justo? Por ello, mientras vas con tu adversario al magistrado, haz lo posible en el camino por llegar a un acuerdo con él, no sea que te lleve a la fuerza ante el juez y el juez te entregue al guardia y el guardia te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo».

Reflexión: El día a día nos va enseñando a interpretar las situaciones de vida para saber tomar decisiones. Jesús quiere que empleemos esta misma sabiduría en nuestra relación con Dios. Entonces, así como interactuamos con la naturaleza, sabremos también interpretar los signos de los tiempos, es decir, seremos capaces de entender la revelación de Dios en nuestra vida cotidiana. El verdadero creyente está atento a la realidad del mundo y analiza lo que acontece a su alrededor para que, desde su fe, contribuya eficazmente al desarrollo de la sociedad en que vive. La experiencia auténtica del Evangelio tiene en cuenta la propia realidad para transformarla mediante la práctica de la misericordia.

Oración: Padre del cielo, ilumínanos con tu Espíritu para reconocer los signos de tu presencia en el mundo y los caminos que nos llamas a seguir.

Sábado 24
San Antonio María Claret, obispo (ML)
Ef 4, 7-16; Sal 121, 1-5; Lc 13, 1-9

Evangelio: En aquel momento se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús respondió: «¿Piensan que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos porque han padecido todo esto? Les digo que no; y, si no se convierten, todos perecerán lo mismo. O aquellos dieciocho sobre los que cayó la torre en Siloé y los mató, ¿piensan que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Les digo que no; y, si no se convierten, todos perecerán de la misma manera». Y les dijo esta parábola: «Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: “Ya ves, tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a perjudicar el terreno?”. Pero el viñador respondió: “Señor, déjala todavía este año y mientras tanto yo cavaré alrededor y le echaré abono, a ver si da fruto en adelante. Si no, la puedes cortar”».

Reflexión: En el mundo antiguo, incluido Israel, la muerte violenta era considerada un castigo por los pecados cometidos. Con el caso de los galileos asesinados por Pilato y el accidente de la torre de Siloé, Jesús demuestra que esa mentalidad carecía de fundamento porque todos estamos necesitados de conversión. Aunque a menudo solemos hacer propósitos de cambio, frecuentemente postergamos la ejecución de tales compromisos. Con la parábola de la higuera, Jesús nos invita a no dejar pasar en vano las oportunidades que nos brinda el Señor y que aprovechemos su llamado constante y amoroso para caminar en sus senderos de paz, justicia y amor.

Oración: Señor, concédenos un espíritu de conversión para que aprovechemos cada oportunidad que nos brindas
para acercarnos con amor a ti y al prójimo.

Domingo 25
XXX del Tiempo Ordinario
Ex 22, 20-26; Sal 17, 2-4.47.51; 1 Ts 1, 5c-10; Mt 22, 34-40

Evangelio: En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en un lugar y uno de ellos, un doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?». Él le dijo: «“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente”. Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. En estos dos mandamientos se sostienen toda la ley y los profetas».

Reflexión: Los opositores de Jesús buscaban tenderle una trampa. El evangelio de hoy nos muestra las argucias de los fariseos para hacerle decir algo errado sobre el mandamiento más importante. Jesús nos enseña que quien ama a Dios y al prójimo cumple cabalmente la Palabra de Dios, pues toda la vida cristiana queda englobada en estos preceptos. Permanecer indiferente ante el sufrimiento humano significa desobedecer a Dios e incumplir sus mandatos. Por ello, Jesús, ayer como hoy, nos sigue pidiendo que demostremos nuestro amor a Dios amando a nuestro prójimo, mediante obras concretas de apoyo y solidaridad.

Oración: Padre de misericordia, sostennos con tu Espíritu para que nuestro amor a ti lo demostremos con nuestro amor al prójimo.

Lunes 26
San Darío, mártir
Ef 4, 32—5, 8; Sal 1, 1-4.6; Lc 13, 10-17

Evangelio: Un sábado, enseñaba Jesús en una sinagoga. Había una mujer que desde hacía dieciocho años estaba enferma por causa de un espíritu, y estaba encorvada, sin poderse enderezar de ningún modo. Al verla, Jesús la llamó y le dijo: «Mujer, quedas libre de tu enfermedad». Le impuso las manos, y enseguida se puso derecha. Y glorificaba a Dios. Pero el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado, se puso a decir a la gente: «Hay seis días para trabajar; vengan, pues, a que los curen en esos días y no en sábado». Pero el Señor le respondió y dijo: «Hipócritas, cualquiera de ustedes, ¿no desata en sábado su buey o su burro del pesebre, y los lleva para beber? Y a esta, que es hija de Abrahán, y que Satanás ha tenido atada dieciocho años, ¿no era necesario soltarla de tal ligadura en día de sábado?». Al decir estas palabras, sus enemigos quedaron abochornados, y toda la gente se alegraba por todas las maravillas que hacía.

Reflexión: Con frecuencia, los sanos y quienes se consideran íntegros piensan que los que sufren alguna enfermedad o están en las redes del pecado se hallan así por castigo de Dios. Para echar por tierra este tipo de ideas, Jesús aclara que la mujer encorvada no tiene la culpa de su enfermedad y le permite volver a levantar la cabeza después de dieciocho años. El jefe de la sinagoga, sin embargo, se muestra envidioso, hostil con Jesús y en desacuerdo con sus acciones misericordiosas. Pero el Maestro no se deja amedrentar y se manifiesta como Señor del sábado para mostrarnos el aspecto liberador de su misión: Él ha venido a romper las ataduras que nos impiden amar y seguirlo con alegría.

Oración: Señor Jesús, que, al sentirnos amados, podamos también amar sin miedo y sin límites al prójimo.

Martes 27
Beatos Pedro Ortiz de Zárate, Pbro.; Juan Antonio Solinas, S.J. y demás compañeros mártires del Zenta
Ef 5, 21-33; Sal 127, 1-5; Lc 13, 18-21

Evangelio: En aquel tiempo, decía Jesús: «¿A qué es semejante el Reino de Dios o a qué lo compararé? Es semejante a un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en su huerto; creció, se hizo un árbol y los pájaros del cielo anidaron en sus ramas». Y dijo de nuevo: «¿A qué compararé el Reino de Dios? Es semejante a la levadura que una mujer tomó y metió en tres medidas de harina, hasta que todo fermentó».

Reflexión: Las dos parábolas del evangelio de hoy nos muestran que la realidad, eficacia y presencia de Dios no guardan relación directa con lo que solemos pensar de Él. Aunque no lo notemos, su Palabra germina y va creciendo poco a poco en el corazón de las personas hasta que un día produce sus frutos. Por eso Jesús nos pide paciencia. El creyente no se desespera, pues la voluntad de Dios no se realiza de manera inmediata. El creyente trabaja con perseverancia y constancia en la realización del Evangelio. No todo el mundo cree en Cristo, pero, si los cristianos somos auténticos, los efectos de su mensaje alcanzan a todos, como la levadura que fermenta toda la masa.

Oración: Señor Jesús, concédenos paciencia y perseverancia para llevar a complimiento la voluntad del Padre.

Miércoles 28
Santos Simón y Judas, apóstoles (F)
Ef 2, 19-22; Sal 18, 2-5; Lc 6, 12-19

Evangelio: En aquel tiempo, subió Jesús a la montaña a orar, y pasó la noche orando a Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, escogió a doce de ellos y los nombró apóstoles: Simón, al que puso de nombre Pedro, y Andrés, su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago Alfeo, Simón, apodado el Celotes, Judas el de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor. Bajó del monte con ellos y se paró en un llano, con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y Sidón. Venían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; los atormentados por espíritus inmundos quedaban curados, y la gente trataba de tocarlo, porque salía de Él una fuerza que los curaba a todos.

Reflexión: Cuanto Jesús dice y hace lo realiza en nombre de Dios. Su relación con Él es profunda, íntima. Así lo demuestra su constante búsqueda de espacios y momentos de oración, que es aún más intensos en los momentos cruciales, como la elección de los doce apóstoles. Jesús no es un predicador solitario y ambulante. Al contrario, desde el inicio de su actividad misionera conformó una comunidad, por eso escogió a los apóstoles de entre sus seguidores. Vivió y predicó junto a ellos y con ellos, y les confió ser continuadores de su obra. Por eso, nosotros creemos con alegría en la Iglesia que es una, santa católica y apostólica.

Oración: Señor Jesús, enséñanos a orar como tú para ser fervientes testigos de tu amor y tu misericordia.

Jueves 29
Beata Chiara Luce Badano
Ef 6, 10-20; Sal 143, 1-2.9-10; Lc 13, 31-35

Evangelio: En aquel día, se acercaron unos fariseos a decir a Jesús: «Sal y marcha de aquí, porque Herodes quiere matarte». Jesús les dijo: «Vayan y digan a ese zorro: “Mira, yo arrojo demonios y realizo curaciones hoy y mañana, y al tercer día mi obra quedará consumada. Pero es necesario que camine hoy y mañana y pasado, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén”. ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus polluelos bajo las alas, y no han querido. Miren, su casa va a ser abandonada. Les digo que no me verán hasta el día en que digan: “¡Bendito el que viene en nombre del Señor!”».

Reflexión: Los fariseos parecen ponerse del lado de Jesús al advertirle acerca de Herodes. Pero ellos no buscan protegerlo, quieren asustarlo para que se marche de su región. Muy sagazmente, Jesús trata a los fariseos como mensajeros de Herodes y deja claro que no desistirá en su misión y que prevé su muerte violenta en la cruz como ratificación de la legitimidad de su mensaje, pues «no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén». Así, su muerte en la cruz se convierte en el camino con que Dios reúne a sus hijos dispersos. En efecto, en la cruz muere el Señor y nace la Iglesia que proclama la victoria del amor sobre el pecado y la muerte.

Oración: Señor Jesús, bendícenos con la fuerza de tu cruz y no permitas que nos separemos de ti.

Viernes 30
San Germán de Capua, obispo
Flp 1, 1-11; Sal 110, 1-6; Lc 14, 1-6

Evangelio: En sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer y ellos lo estaban espiando. Había allí, delante de Él, un hombre enfermo de hidropesía, y tomando la palabra, dijo a los maestros de la ley y a los fariseos: «¿Es lícito curar los sábados, o no?». Ellos se quedaron callados. Jesús, tocando al enfermo, lo curó y lo despidió. Y a ellos les dijo: «¿A quién de ustedes se le cae al pozo el asno o el buey y no lo saca enseguida en día sábado?». Y no pudieron replicar a esto.

Reflexión: Se agudiza la hostilidad contra Jesús. La invitación de los fariseos no tiene recta intención, buscan tenderle una trampa, atraparlo en alguna falta. Ellos, junto con los maestros de la ley, critican el comportamiento del Maestro, que, a su juicio, es contrario a la ley de Dios. Pero Él no se atemoriza. Al contrario, contesta que lo más importante no es cumplir la letra de la ley, sino su espíritu. Les hace ver su propio comportamiento, ellos tampoco dejarían perderse sus bienes más preciados so pretexto de respetar el sábado. Jesús, por tanto, nos enseña que la misericordia es más importante que la ley. Entonces la principal obligación es amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos.

Oración: Señor Jesús, danos un corazón misericordioso como el tuyo para acoger a los demás y vencer toda división.

Sábado 31
San Quintín, mártir
Flp 1, 18b-26; Sal 41, 2-3.5; Lc 14, 1.7-11

Evangelio: Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer y ellos lo estaban espiando. Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les decía una parábola: «Cuando te inviten a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan invitado a otro de más categoría que tú; y venga el que los invitó a ti y al otro, y te diga: “Cédele el puesto a este”. Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto. Al revés, cuando te inviten, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te invitó, te diga: “Amigo, sube más arriba”. Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido».

Reflexión: Jesús sigue siendo espiado por sus detractores. A pesar de eso, Él se mantiene firme en su práctica de la misericordia y exige a sus discípulos actitudes de humildad y servicio a favor de los demás. Hoy, como en tiempos de Jesús, sigue habiendo personas que se dejan llevar por el orgullo y la superioridad. De ese modo, no honran a Dios, solo se enaltecen a sí mismos y buscan el reconocimiento y la gloria por parte de los hombres y no de parte de Dios. En el Evangelio, Jesús nos invita a ocupar el primer puesto en el servicio a los demás y a sobresalir en el amor y la misericordia que nos mantienen en el camino del Señor.

Oración: Padre de amor, concédenos a nosotros también ser dóciles a tu Palabra y a cumplir siempre tu voluntad.

 

 

 
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