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MEDITACIÓN DIARIA
DEL EVANGELIO - ABRIL 2025
-Por Padre Jesús Antonio Weisensee Hetter-

Intención del papa Francisco para el mes de ABRIL: Oremos para que el uso de las nuevas tecnologías no reemplace las relaciones humanas, respete la dignidad de las personas, y ayude a afrontar las crisis de nuestro tiempo.

 

Martes 01
San Hugo
Ez 47, 1-9.12; Sal 45, 2-3.5-6.8-9; Jn 5, 1-3.5-16

Evangelio: Se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la Puerta de las Ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betsata. Esta tiene cinco soportales, y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos. Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice: «¿Quieres quedar sano?». El enfermo le contestó: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado». Jesús le dice: «Levántate, toma tu camilla y echa a andar». Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar. Aquel día era sábado, y los judíos dijeron al hombre que había quedado sano: «Hoy es sábado, y no se puede llevar la camilla». Él les contestó: «El que me ha curado es quien me ha dicho: “Toma tu camilla y echa a andar”». Ellos le preguntaron: «¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar?». Pero el que había quedado sano no sabía quién era, porque Jesús, a causa del gentío que había en aquel sitio, se había alejado. Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice: «Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor». Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado. Por esto los judíos perseguían a Jesús, porque hacía tales cosas en sábado.

Reflexión: Otro enfrentamiento más entre Jesús y las autoridades judías, esta vez a causa del descanso sabático. Está en Jerusalén y se encuentra con un hombre paralítico. ¿Qué podía hacer en día sábado, ceñirse estrictamente al descanso que mandaba la ley o hacer el bien a un hombre que lleva casi cuatro décadas de sufrimiento? Jesús no se deja condicionar, sabe cuál es el fin auténtico de la ley: estar al servicio de las personas. La ley no puede ser arbitraria, debe atenerse a las circunstancias, supeditarse a las exigencias del bien de la gente. Pero las autoridades judías la entendían de otra manera. La rigidez legalista puede incluso suprimir la compasión hacia los demás.

Oración: Cura, Jesús, aquellas parálisis que nos impiden caminar hacia ti y dar la mano a nuestro prójimo.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 1 ABRIL 2025, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

Miércoles 02
San Francisco de Paula, ermitaño (ML)
Is 49, 8-15; Sal 144, 8-9.13-14.17-18; Jn 5, 17-30

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: «Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo». Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no solo quebrantaba el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios. Jesús tomó la palabra y les dijo: «En verdad, en verdad les digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta sino lo que ve hacer al Padre. Lo que hace este, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que Él hace, y le mostrará obras mayores que esta, para su asombro. Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere. Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo todo el juicio, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió. En verdad, en verdad les digo: quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado ya de la muerte a la vida. En verdad, en verdad les digo: llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán. Porque, igual que el Padre tiene vida en sí mismo, así ha dado también al Hijo tener vida en sí mismo. Y le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del Hombre. No los sorprenda esto, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz: los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio. Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió».

Reflexión: Continúa la polémica de Jesús y la gente de su pueblo. Esta vez lo cuestionan por pretender igualarse a Dios. Él no lo niega, pero aclara cómo se relaciona con el Padre. El vínculo entre ellos se basa en la comunión, una unión indivisible. El Hijo solo hace cuanto ve hacer al Padre, por eso, Él es su rostro visible en este mundo. La misión que desempeñó Jesús, entonces, es la manifestación misma de Dios. Si queremos saber cómo es Él, tenemos que acudir a Jesús, pues solo Él es nuestro camino al Padre.

Oración: Gracias, Padre santo, porque en tu Hijo nos has mostrado tu rostro. Estamos seguros de que siempre nos miras con amor.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 2 ABRIL 2025, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

Jueves 03
San Sixto I, Papa
Ex 32, 7-14; Sal 105, 19-23; Jn 5, 31-47

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: «Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es verdadero. Hay otro que da testimonio de mí, y sé que es verdadero el testimonio que da de mí. Ustedes enviaron mensajeros a Juan, y él ha dado testimonio en favor de la verdad. No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para que ustedes se salven. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y ustedes quisieron gozar un instante de su luz. Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido llevar a cabo, esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado. Y el Padre que me envió, Él mismo ha dado testimonio de mí. Nunca han escuchado su voz, ni visto su rostro, y su Palabra no habita en ustedes, porque al que Él envió no lo creen. Estudian las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues ellas están dando testimonio de mí, ¡y no quieren venir a mí para tener vida! No recibo gloria de los hombres; además, los conozco y sé que el amor de Dios no está en ustedes. Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibieron; si otro viene en nombre propio, a ese sí lo recibirán. ¿Cómo podrán creer ustedes, que aceptan gloria unos de otros y no buscan la gloria que viene del único Dios? No piensen que yo los voy a acusar ante el Padre, hay uno que los acusa: Moisés, en quien tienen su esperanza. Si creyeran a Moisés, me creerían a mí, porque de mí escribió Él. Pero, si no creen en sus escritos, ¿cómo van a creer en mis palabras?».

Reflexión: ¿De dónde provenía la autoridad de Jesús? Según san Juan, Cristo tenía clara su identidad y su misión en este mundo. Y no necesitaba decirlo, pues hay tres testigos que dan testimonio de Él: 1) el Padre, que lo ha enviado; 2) las obras que hace, es decir, los milagros, signos de la acción salvífica del Padre; y 3) la Sagrada Escritura, que, quien sabe escucharla, reconocerá que lo guía hacia Cristo. En Israel un testimonio era válido cuando se contaba con al menos dos testigos, así que Jesús es completamente creíble. No hay duda de que Él es el enviado del Padre, su Palabra definitiva.

Oración: Ablanda nuestra dureza de corazón, Señor Jesús, para que acojamos tu Evangelio en nuestra vida.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 3 ABRIL 2025, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

Viernes 04 (abstinencia)
San Isidoro de Sevilla, obispo y doctor (ML)
Sb 2, 1a.12-22; Sal 33, 17-21.23; Jn 7, 1-2.10.25-30

Evangelio: En aquel tiempo, recorría Jesús Galilea, pues no quería andar por Judea porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba la fiesta judía de las Tiendas. Una vez que sus hermanos se hubieron marchado a la fiesta, entonces subió Él también, no abiertamente, sino a escondidas. Entonces algunos que eran de Jerusalén dijeron: «¿No es este el que intentan matar? Pues miren cómo habla abiertamente, y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que este es el Mesías? Pero este sabemos de dónde viene, mientras que el Mesías, cuando llegue, nadie sabrá de dónde viene». Entonces Jesús, que enseñaba en el templo, exclamó: «¿Así que ustedes me conocen y saben de dónde soy? Sin embargo, yo no vine por mi cuenta, pero el que me envió dice la verdad, y ustedes no lo conocen; yo si lo conozco, porque vengo de Él y es Él que me envió». Entonces intentaban agarrarlo; pero no pudieron, porque todavía no había llegado su hora.

Reflexión: En Jerusalén ya era conocida por todos la intención de las autoridades de eliminar a Jesús. A diferencia de los otros evangelistas, según Juan, Jesús bajó a la Ciudad Santa en distintas ocasiones y, desde el comienzo, se desató el conflicto con los jefes de Israel. La gente lo sabe y por ello se sorprenden al ver que Jesús continúa enseñando libremente. ¿Acaso no tiene miedo? ¿O es que ya lo han reconocido como el Mesías? Ellos mismos se convencen de lo contrario, porque piensan conocer el origen de Jesús. No obstante, Él les deja claro que, en realidad, no lo conocen porque no quieren aceptar que Él viene de parte de Dios.

Oración: Señor Jesús, danos tu valentía para que sepamos vivir según los valores del Evangelio.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 4 ABRIL 2025, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

Sábado 05
San Vicente Ferrer, presbítero (ML)
Jr 11, 18-20; Sal 7, 2-3.9-12; Jn 7, 40-53

Evangelio: En aquel tiempo, algunos de entre la gente, que habían oído los discursos de Jesús, decían: «Este es de verdad el profeta». Otros decían: «Este es el Mesías». Pero otros decían: «¿Es que de Galilea va a venir el Mesías? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David, y de Belén, el pueblo de David?». Y así surgió entre la gente una discordia por su causa. Algunos querían prenderlo, pero nadie le puso la mano encima. Los guardias del templo acudieron a los sumos sacerdotes y fariseos, y estos les dijeron: «¿Por qué no lo han traído?». Los guardias respondieron: «Jamás ha hablado nadie como ese hombre». Los fariseos les replicaron: «También ustedes se han dejado embaucar? ¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en Él? Esa gente que no entiende de la ley son unos malditos». Nicodemo, el que había ido en otro tiempo a visitarlo y que era fariseo, les dijo: «¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo primero y averiguar lo que ha hecho?». Ellos le replicaron: «¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen profetas». Y se volvieron cada uno a su casa.

Reflexión: Jesús no deja indiferente a nadie, pero, mientras la gente sencilla se pregunta sobre su identidad, los sumo sacerdotes y fariseos solo andan maquinando cómo darle muerte. Según su lectura interesada de la Sagrada Escritura, de Galilea no salen profetas. Si un día llegaba el Mesías, debía provenir de su entorno de poder, debía estar bajo su control. Jesús, en cambio, se les escapaba de las manos. La gente sencilla, por el contrario, muestra mayor apertura. Algunos incluso lo reconocen como el Mesías y, para los demás, es al menos un gran profeta. Si mostramos disponibilidad, podremos acogerlo como la Palabra definitiva del Padre.

Oración: Tu Evangelio, Señor Jesús, es una novedad absoluta. Permite que lo acojamos con sencillez de corazón.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 5 ABRIL 2025, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

Domingo 06
V de Cuaresma
Is 43, 16-21; Sal 125, 1-6; Flp 3, 8-14; Jn 8, 1-11

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer, se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a Él; entonces se sentó y les enseñaba. Los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?». Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra». E, inclinándose otra vez, siguió escribiendo. Ellos, al oírlo, se fueron retirando uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús, con la mujer, que permanecía allí frente a Él. Jesús se incorporó y le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?». Ella contestó: «Ninguno, Señor». Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más».

Reflexión: Condenar a otros es muy fácil, todos queremos ser jueces de los demás. Así ocurre con esta mujer. Pero a alguien seguro se le ocurrió que usaran el caso para tenderle una trampa a Jesús, pues, la ley preveía el apedreamiento en caso de adulterio. Jesús, sin embargo, los invita a mirarse primero a ellos mismos. Si alguien estaba libre de culpa, que sea el primero en condenar, que actúe como juez. Desconcertados, aquellos falsos jueces quedan al descubierto y comienzan a marcharse en silencio, cabizbajos. El único que podía condenar era Jesús, pero Él no es así. A Él solo le interesa rescatarnos, restablecer nuestra vida.

Oración: Señor, danos un corazón como el tuyo para que nunca condenemos a nuestro prójimo.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 6 ABRIL 2025, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

Lunes 07
San Juan Bautista de la Salle, presbítero (MO)
Dn 13, 1-9.15-17.19-30.33-62; F. B. Dn 13, 41-62; Sal 22, 1-6; Jn 8, 12-20

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús habló a los fariseos, diciendo: «Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida». Le dijeron los fariseos: «Tú das testimonio de ti mismo, tu testimonio no es verdadero». Jesús les contestó: «Aunque yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque sé de dónde he venido y adónde voy; en cambio, ustedes no saben de dónde vengo ni adónde voy. Ustedes juzgan según la carne; yo no juzgo a nadie; y, si juzgo yo, mi juicio es legítimo, porque no estoy yo solo, sino que estoy con el que me ha enviado, el Padre; y en la ley de ustedes está escrito que el testimonio de dos hombres es verdadero. Yo doy testimonio de mí mismo, y además da testimonio de mí el que me envió, el Padre». Ellos le preguntaban: «¿Dónde está tu Padre?». Jesús contestó: «Ni me conocen a mí ni a mi Padre; si me conocieran a mí, también conocerían a mi Padre». Jesús tuvo esta conversación junto al arca de las ofrendas, cuando enseñaba en el templo. Pero nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora.

Reflexión: Jesús sigue abriéndonos su corazón para hacernos comprender el sentido de su vida y de su misión. Por eso, ahora se manifiesta como la luz del mundo. En medio de tanta oscuridad, con Él ha arribado la luz verdadera, aquella que puede marcarnos un rumbo en la vida. A menudo caminamos sin saber a dónde ir, pero Jesús nos traza un sendero con la luz de su Evangelio. Su fuerza lumínica proviene de la certeza de su identidad. Cuanto dice, cuanto hace siempre está en relación directa con el Padre. De Él viene y a Él se dirige y hacia Él nos encamina si le permitimos ser la luz de nuestras vidas.

Oración: Gracias, Jesús, porque nos ofreces tu luz, nos das tu Evangelio.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 7 ABRIL 2025, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

Martes 08
Santa Julia Billiart
Nm 21, 4-9; Sal 101, 2-3.16-21; Jn 8, 21-30

Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: «Yo me voy y me buscarán, y morirán por su pecado. Donde yo voy no pueden venir ustedes». Y los judíos comentaban: «¿Será que va a suicidarse, y por eso dice: “Donde yo voy no pueden venir ustedes”?». Y Él les dijo: «Ustedes son de aquí abajo, yo soy de allá arriba; ustedes son de este mundo, yo no soy de este mundo. Con razón les he dicho que morirán en sus pecados; pues, si no creen que Yo soy, morirán en sus pecados». Ellos le decían: «¿Quién eres tú?». Jesús les contestó: «Lo que les estoy diciendo desde el principio. Podría decir y condenar muchas cosas en ustedes; pero el que me ha enviado es veraz, y yo comunico al mundo lo que he aprendido de Él». Ellos no comprendieron que les hablaba del Padre. Y entonces dijo Jesús: «Cuando levanten en alto al Hijo del Hombre, sabrán que “Yo soy”, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada». Cuando les exponía esto, muchos creyeron en Él.

Reflexión: Jesús es claro en su planteamiento. Enfatiza que Él no es de este mundo, viene de allá arriba, del lugar de Dios. Su auditorio no lo entiende del todo, pero muchos se atreven a dar el salto de la fe, a creer en Él. Es tan íntimo su vínculo con el Padre, que Jesús se autodefine con el mismo nombre con el que Dios se le reveló a Moisés: Yo soy. En Jesús, Dios en persona ha visitado a su pueblo. Solo Jesús entonces es nuestro camino hacia la casa del Padre.

Oración: Señor Jesús, enséñanos a discernir cómo vivir según la voluntad de Dios, según tu Evangelio.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 8 ABRIL 2025, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

Miércoles 09
San Demetrio
Dn 3, 14-20.91-92.95; Sal: Dn 3, 52-56; Jn 8, 31-42

Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos que habían creído en Él: «Si permanecen en mi palabra, serán de verdad discípulos míos; conocerán la verdad, y la verdad los hará libres». Le replicaron: «Somos linaje de Abrahám y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: “Serán libres”?». Jesús les contestó: «En verdad, en verdad les digo: todo el que comete pecado es esclavo. El esclavo no se queda en la casa para siempre, el hijo se queda para siempre. Y si el Hijo los hace libres, serán realmente libres. Ya sé que son linaje de Abrahám; sin embargo, tratan de matarme, porque mi Palabra no cala en ustedes. Yo hablo de lo que he visto junto a mi Padre, pero ustedes hacen lo que le han oído a su padre». Ellos replicaron: «Nuestro padre es Abrahám». Jesús les dijo: «Si fueran hijos de Abrahám, harían lo que hizo Abrahám. Sin embargo, tratan de matarme a mí, que les he hablado de la verdad que le escuché a Dios; y eso no lo hizo Abrahám. Ustedes hacen lo que hace su padre». Le replicaron: «Nosotros no somos hijos de prostitución; tenemos un solo padre: Dios». Jesús les contestó: «Si Dios fuera el padre de ustedes, me amarían, porque yo salí de Dios, y he venido. Pues no he venido por mi cuenta, sino que Él me envió».

Reflexión: En el camino cuaresmal, este texto enfatiza que Jesús es quien da sentido a nuestra preparación para la Pascua, pues Él encarna el proyecto del Padre, nos comunica lo que ha escuchado junto a Él. Por eso, seguirlo, ser discípulos suyos significa justamente escuchar y permanecer en su Palabra, ya que solo por medio de ella podemos conocerlo y asimilar su propuesta de vida, su Evangelio. No se trata, por supuesto, de un vínculo puramente intelectual, sino existencial; es el encuentro con una persona. Si vivimos así, como Jesús, seremos realmente libres, pues podremos desprendernos de los yugos de la vanidad, las apariencias y el afán de dominar a los demás.

Oración: Enséñanos, Jesús, a vivir según el corazón del Padre, tal como lo hiciste tú.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 9 ABRIL 2025, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

Jueves 10
San Miguel De Los Santos
Gn 17, 3-9; Sal 104, 4-9; Jn 8, 51-59

Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «En verdad, en verdad les digo: quien guarda mi palabra no verá la muerte para siempre». Los judíos le dijeron: «Ahora vemos claro que estás endemoniado; Abrahám murió, los profetas también, ¿y tú dices: “Quien guarde mi palabra no gustará la muerte para siempre”? ¿Eres tú más que nuestro padre Abrahám, que murió? También los profetas murieron, ¿por quién te tienes?». Jesús contestó: «Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, de quien ustedes dicen: “Es nuestro Dios”, aunque no lo conocen. Yo sí lo conozco, y si dijera “No lo conozco” sería, como ustedes, un embustero; pero yo lo conozco y guardo su palabra. Abrahám, su padre, saltaba de gozo pensando ver mi día; lo vio, y se llenó de alegría». Los judíos le dijeron: «No tienes todavía cincuenta años, ¿y has visto a Abrahám?». Jesús les dijo: «En verdad, en verdad les digo: antes de que Abrahám existiera, yo soy». Entonces tomaron piedras para tirárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo.

Reflexión: La identidad de Jesús suscita controversia y conflicto con cierto sector del pueblo. A muchos les resulta inaceptable que Dios asuma nuestra condición en un simple campesino de Galilea. Lo toman por endemoniado. Jesús, sin embargo, no aligera su discurso, dice las cosas tal cual son. Él existe antes que Abrahám porque es la Palabra eterna del Padre, siempre ha estado junto a Él. Si lo negara, también sería un mentiroso como sus adversarios. Su testimonio se funda en el hecho de que conoce al Padre, pues es uno con Él, comparten la misma divinidad. Su relación es comunión, por eso, dice que Él guarda su Palabra. Y, si nosotros hacemos lo mismo, participaremos de la vida que no se acaba.

Oración: Señor Jesús, que nosotros también seamos capaces de vivir en sintonía de amor con el Padre como tú.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 10 ABRIL 2025, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

Viernes 11 (abstinencia)
Santa Gemma Galgani
Jr 20, 10-13; Sal 17, 2-7; Jn 10, 31-42

Evangelio: En aquel tiempo, los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús. Él les replicó: «Les he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre, ¿por cuál de ellas me apedrean?». Los judíos le contestaron: «No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque tú, siendo un hombre, te haces Dios». Jesús les replicó: «¿No está escrito en su ley: “Yo les digo: son dioses”? Si la Escritura llama dioses a aquellos a quienes vino la Palabra de Dios, y no puede fallar la Escritura, a quien el Padre consagró y envió al mundo, ¿dicen ustedes: “¡Blasfemas!”, porque he dicho: “Soy Hijo de Dios”? Si no hago las obras de mi Padre, no me crean, pero si las hago, aunque no me crean a mí, crean a las obras, para que comprendan y sepan que el Padre está en mí, y yo en el Padre». Intentaron de nuevo detenerlo, pero se les escabulló de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde antes había bautizado Juan, y se quedó allí. Muchos acudieron a Él y decían: «Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan dijo de este era verdad». Y muchos creyeron en Él allí.

Reflexión: Una vez más, los adversarios de Jesús intentan apedrearlo. ¡Qué fácil es condenar a los demás! Sin embargo, el Maestro los obliga a reflexionar y revisar sus motivaciones para ajusticiarlo. ¿Acaso les ha hecho algún mal? Repasan en su mente, pero no hallan nada; solo existe un motivo: siendo hombre, se hace igual a Dios. Pero Jesús desbarata su acusación. Más que sus dichos, son sus obras las que atestiguan que Él es el Hijo de Dios, ellas dan cuenta de su unidad divina con el Padre. A pesar de esta explicación, no consigue aplacar los ánimos de sus opositores. Pero nada puede detener su misión hasta que llegue la hora de la cruz, se abre camino en otros lugares para seguir anunciando el Reino de Dios.

Oración: Señor, ayúdanos a aprender de ti, a perseverar en la adversidad y caminar siempre con la esperanza puesta en ti.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 11 ABRIL 2025, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

Sábado 12
San Julio I, Papa
Ez 37, 21-28; Sal: Jr 31, 10-13; Jn 11, 45-57

Evangelio: En aquel tiempo, muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en Él. Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús. Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron: «¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en Él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación». Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo: «Ustedes no entienden ni palabra; no comprenden que les conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera». Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no solo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos. Y aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos. Se acercaba la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subían a Jerusalén, antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús y, estando en el templo, se preguntaban: «¿Qué les parece? ¿Vendrá a la fiesta?». Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase dónde estaba les avisara para prenderlo.

Reflexión: La hora de Jesús se acerca y las autoridades deciden su sentencia de muerte. Es tanta la gente que lo sigue, que el conflicto con Jesús termina tomando un matiz más complejo. Ya no es solo un infractor de la ley o un blasfemo, también representa un peligro para la nación. Si los romanos lo ven como una amenaza de posible rebelión, podían mandar sus legiones a reprimir al país. Por eso, Caifás propone el ajusticiamiento de Jesús para que los demás se salven. Su malicia, no obstante, revela el sentido real de la muerte del Maestro de Nazaret: esta entrega es un acontecimiento salvífico para Israel y toda la humanidad.

Oración: Danos, Señor Jesús, la gracia de tener tu integridad y valentía para que, como tú, lleguemos hasta las últimas consecuencias.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 12 ABRIL 2025, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

Domingo 13
Domingo de Ramos
Procesión de las palmas: Lc 19, 28-40

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús, acompañado de sus discípulos, caminaba adelante, subiendo a Jerusalén. Al acercarse a Betfagé y Betania, junto al monte llamado de los Olivos, mandó a dos de sus discípulos, diciéndoles: «Vayan al pueblo que está enfrente; al entrar, encontrarán un burrito atado, que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganlo. Y si alguien les pregunta: “¿Por qué lo desatan?”, contéstenle: “El Señor lo necesita”». Ellos fueron y lo encontraron como les había dicho. Mientras desataban el burrito, los dueños les preguntaron: «¿Por qué lo desatan?». Ellos contestaron: «El Señor lo necesita». Luego llevaron el burrito adonde estaba Jesús y, poniendo sobre él sus mantos, le ayudaron a montar. Según iba avanzando, la gente alfombraba el camino con los mantos. Y, cuando se acercaba ya la bajada del monte de los Olivos, la multitud de los discípulos, entusiasmados, se pusieron a alabar a Dios a gritos, por todos los milagros que habían visto, diciendo: «¡Bendito el que viene como rey, en nombre del Señor! Paz en el cielo y gloria en las alturas». Algunos fariseos que se encontraban entre la multitud le dijeron: «Maestro, reprende a tus discípulos». Él replicó: «Les aseguro que, si estos callan, gritarán las piedras».

Misa de Ramos: Is 50, 4-7; Sal 21, 8-9.17-20.23-24;
Flp 2, 6-11; Lc 22, 14—23, 56
+ = Sacerdote, C = Cronista, S = Otros personajes
Pasión de nuestro Señor Jesucristo

He deseado enormemente comer esta comida pascual con ustedes, antes de padecer

C. Llegada la hora, se sentó Jesús con sus discípulos y les dijo: + «He deseado enormemente comer esta comida pascual con ustedes, antes de padecer, porque les digo que ya no la volveré a comer hasta que se cumpla en el Reino de Dios». C. Y, tomando una copa, pronunció la acción de gracias y dijo: + «Tomen esto, repártanlo entre ustedes; porque les digo que no beberé desde ahora del fruto de la vid, hasta que venga el Reino de Dios».

Hagan esto en conmemoración mía

C. Y, tomando pan, pronunció la acción de gracias, lo partió y se lo dio diciendo: + «Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes; hagan esto en conmemoración mía». C. Después de cenar, hizo lo mismo con la copa, diciendo: + «Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se derrama por ustedes. Pero miren: la mano del traidor está sobre la mesa, junto a mí. Porque el Hijo del Hombre se va, según lo establecido; pero, ¡ay de aquel que lo va a entregar!». C. Ellos empezaron a preguntarse unos a otros quién de ellos podía ser el que lo iba a traicionar.

Yo estoy en medio de ustedes como el que sirve

C. Los discípulos se pusieron a discutir sobre quién debería ser considerado como el más importante. Jesús les dijo: + «Los reyes de las naciones las dominan, y los que ejercen la autoridad se hacen llamar bienhechores. Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el más importante que se comporte como el menor; y el que gobierna, como un servidor. Porque, ¿quién es más importante, el que está sentado a la mesa o el que sirve? ¿Verdad que el que está a la mesa? Pues yo estoy en medio de ustedes como el que sirve. Ustedes son los que han perseverado conmigo en mis pruebas, y yo les transmito el Reino como me lo transmitió mi Padre a mí: comerán y beberán a mi mesa en mi Reino, y se sentarán en tronos para juzgar a las doce tribus de Israel».

Después que hayas vuelto, confirma a tus hermanos

C. Y añadió: + «Simón, Simón, mira que Satanás los ha pedido a ustedes para zarandearlos como trigo. Pero yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, después que hayas vuelto, confirma a tus hermanos». C. Él le contestó: S. «Señor, contigo estoy dispuesto a ir incluso a la cárcel y a la muerte». C. Jesús le replicó: + «Yo te aseguro, Pedro, que hoy, antes que cante el gallo, habrás negado tres veces que me conoces».

Tiene que cumplirse en mí lo que está escrito

C. Y dijo a todos: + «Cuando los envié sin bolsa, ni alforja, ni sandalias, ¿les faltó algo?». C. Contestaron: S. «Nada». C. Él añadió: + «Pero ahora, el que tenga bolsa que la tome, y lo mismo la alforja; y el que no tiene espada, que venda su manto y compre una. Porque les aseguro que tiene que cumplirse en mí lo que está escrito: “Fue contado entre los malhechores”. Lo que se refiere a mí toca a su fin». C. Ellos dijeron: S. «Señor, aquí hay dos espadas». C. Él les contestó: + «Basta».

En medio de su angustia, oraba con más insistencia

C. Y salió Jesús, como de costumbre, al monte de los Olivos, y le siguieron sus discípulos. Al llegar a ese sitio, les dijo: + «Oren, para no caer en la tentación». C. Después se alejó de ellos, más o menos a la distancia de un tiro de piedra y, puesto de rodillas, oraba diciendo: + «Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya». C. Y se le apareció un ángel del cielo, que lo reconfortaba. En medio de su angustia, oraba con más insistencia. Y su sudor era como gotas de sangre que caían hasta el suelo. Después de orar se levantó, y fue hacia sus discípulos, los encontró dormidos por la tristeza. Jesús les dijo: + «¿Por qué duermen? Levántense y oren, para no caer en la tentación».

Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre?

C. Todavía estaba hablando, cuando llegó una multitud encabezada por Judas, uno de los Doce, quien se acercó a Jesús para besarlo. Jesús le dijo: + «Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre?». C. Al darse cuenta de lo que iba a suceder, los que estaban con Él, dijeron: S. «Señor, ¿sacamos la espada?». C. Y uno de ellos hirió al criado del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha. Jesús intervino, diciendo: + «Déjenlo, basta ya». C. Y, tocándole la oreja, lo curó. Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los jefes de la guardia del templo, y a los ancianos que habían venido contra Él: + «¿Han salido con espadas y palos, como si yo fuera un ladrón? A diario estaba en el templo con ustedes, y no trataron de arrestarme. Pero esta es la hora de ustedes y el poder de las tinieblas».

Pedro, saliendo afuera, lloró amargamente

C. Después de arrestarlo, lo condujeron a la casa del sumo sacerdote. Pedro lo seguía de lejos. Ellos encendieron fuego en medio del patio, se sentaron alrededor, y Pedro se sentó entre ellos. Una criada que lo vio sentado junto al fuego lo miró fijamente y dijo: S. «También este estaba con Él». C. Pero él lo negó, diciendo: S. «No lo conozco, mujer». C. Poco después lo vio otro y le dijo: S. «Tú también eres uno de ellos». C. Pedro replicó: S. «Hombre, no lo soy». C. Como una hora después, otro insistía: S. «Sin duda, este estaba con Él, pues también es galileo». C. Pedro contestó: S. «Hombre, no sé de qué me hablas». C. Y en aquel mismo momento, cuando aún estaba hablando, cantó un gallo. El Señor, se volvió y miró a Pedro. Recordó Pedro las palabras que le había dicho el Señor: «Hoy, antes que cante el gallo, me habrás negado tres veces». Y, saliendo afuera, lloró amargamente.

Haz de profeta: ¿quién te ha pegado?

C. Los hombres que tenían preso a Jesús se burlaban de Él, dándole golpes. Y, tapándole la cara, le preguntaban: S. «Adivina: ¿quién te ha pegado?». C. Y proferían contra Él toda clase de insultos.

Lo hicieron comparecer ante el Sanedrín

C. Cuando se hizo de día, se reunió el consejo de los ancianos con los sumos sacerdotes y los escribas, y, haciéndole comparecer ante el Sanedrín, le dijeron: S. «Dinos si tú eres el Mesías». C. Él les contestó: + «Si se lo digo, no lo van a creer; y si les pregunto, no me van a responder. Desde ahora, el Hijo del Hombre estará sentado a la derecha de Dios todopoderoso». C. Dijeron todos: S. «Entonces, ¿tú eres el Hijo de Dios?». C. Él les contestó: + «Ustedes lo dicen, yo lo soy». C. Ellos dijeron: S. «¿Qué necesidad tenemos ya de testimonios? Nosotros mismos lo hemos oído de su propia boca». C. Se levantó toda la asamblea, y llevaron a Jesús a la presencia de Pilato.

No encuentro ninguna culpa en este hombre

C. Y se pusieron a acusarlo, diciendo: S. «Hemos comprobado que este hombre anda amotinando a nuestra nación, y oponiéndose a que se paguen tributos al César, y diciendo que Él es el Mesías rey». C. Pilato preguntó a Jesús: S. «¿Eres tú el rey de los judíos?». C. Él le contestó: + «Tú lo dices». C. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la gente: S. «No encuentro ninguna culpa en este hombre». C. Ellos insistían con más fuerza, diciendo: S. «Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea, desde Galilea hasta aquí». C. Pilato, al oírlo, preguntó si era galileo; y, al enterarse de que era de la jurisdicción de Herodes, se lo envió. Herodes estaba precisamente en Jerusalén por aquellos días.

Herodes, con su escolta, lo trató con desprecio

C. Herodes, al ver a Jesús, se puso muy contento; pues hacía bastante tiempo que quería verlo, porque oía hablar de Él y esperaba verle hacer algún milagro. Le hizo un interrogatorio bastante largo; pero Él no le respondió nada. Estaban allí los sumos sacerdotes y los escribas acusándolo con insistencia. Herodes, con su escolta, lo trató con desprecio y se burló de Él; y, poniéndole una vestidura blanca, se lo envió de nuevo a Pilato. Aquel mismo día Herodes y Pilato se hicieron amigos, pues antes estaban enemistados.

Pilato entregó a Jesús al arbitrio de ellos

C. Pilato, convocando a los sumos sacerdotes, a las autoridades y al pueblo, les dijo: S. «Me han traído a este hombre, alegando que alborota al pueblo; y resulta que yo lo he interrogado delante de ustedes, y no he encontrado en este hombre ninguna de las culpas que le imputan; ni tampoco Herodes, ya que él lo ha devuelto a este tribunal. Nada ha hecho, pues, que merezca la muerte. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré». C. Por la fiesta tenía que soltarles a un preso. Toda la muchedumbre se puso a gritar a una: S. «¡Fuera ese! Suéltanos a Barrabás». C. A este lo habían metido en la cárcel por una revuelta que tuvo lugar en la ciudad y por un homicidio. Pilato volvió a dirigirles la palabra con intención de soltar a Jesús. Pero ellos seguían gritando: S. «¡Crucifícalo, crucifícalo!». C. Él les dijo por tercera vez: S. «Pues, ¿qué mal ha hecho este hombre? No he encontrado en Él ningún delito que merezca la muerte. Así es que le daré un escarmiento y lo soltaré». C. Pero ellos insistían a gritos que lo crucificara; e iba creciendo el griterío. Pilato decidió que se cumpliera su petición: soltó al que ellos pedían (al que había metido en la cárcel por revuelta y homicidio), y a Jesús lo entregó al arbitrio de ellos.

Hijas de Jerusalén, no lloren por mí

C. Mientras lo conducían, echaron mano de un tal Simón de Cirene, que volvía del campo, y lo obligaron a cargar la cruz para que la llevase detrás de Jesús. Lo seguía mucha gente del pueblo, y mujeres que se dolían y lamentaban por Él. Jesús se volvió hacia ellas y les dijo: + «Hijas de Jerusalén, no lloren por mí, lloren más bien por ustedes y por sus hijos, porque miren que llegará el día en que dirán: “Dichosas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no amamantaron”. Entonces empezarán a decirles a los montes: “Desplómense sobre nosotros”, y a las colinas: “Sepúltennos”; porque, si así tratan al leño verde, ¿qué pasará con el seco?». C. Conducían también a otros dos malhechores para ser ejecutados con Él.

Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen

C. Y, cuando llegaron al lugar llamado «La Calavera», lo crucificaron allí, a Él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Jesús decía: + «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». C. Y se repartieron sus ropas, echándolas a suerte.

Este es el rey de los judíos

C. El pueblo estaba mirando. Las autoridades le hacían muecas, diciendo: S. «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si es el Mesías de Dios, el elegido». C. Se burlaban de Él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo: S. «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo». C. Había encima de Él una inscripción: «Este es el rey de los judíos».

Hoy estarás conmigo en el paraíso

C. Uno de los malhechores crucificado lo insultaba, diciendo: S. «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros». C. Pero el otro lo increpaba: S. «¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Nosotros la sufrimos justamente, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, Él no ha hecho nada malo». C. Y decía: S. «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino». C. Jesús le respondió: + «Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso».

Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu

C. Era ya cerca del mediodía, el sol se oscureció y las tinieblas cubrieron toda la tierra hasta las tres de la tarde. El velo del templo se rasgó por el medio. Y Jesús, clamando con voz potente, dijo: + «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu». C. Y, dicho esto, expiró.

Todos se arrodillan, y se hace una pausa

C. El centurión, al ver lo que pasaba, daba gloria a Dios, diciendo: S. «Verdaderamente, este hombre era justo». C. Toda la muchedumbre que había acudido para contemplar este espectáculo, al ver lo que había pasado, regresaba dándose golpes de pecho. Todos sus conocidos y las mujeres que lo habían seguido desde Galilea se mantenían a distancia contemplando lo sucedido.

José colocó el cuerpo de Jesús en un sepulcro excavado

C. Un hombre llamado José, que era senador, hombre bueno y honrado que no había votado a favor de la decisión y del crimen de ellos, que era natural de Arimatea, pueblo de Judea, y que aguardaba el Reino de Dios, acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y, bajándolo, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro excavado en la roca, donde no habían puesto a nadie todavía. Era el día de la Preparación y ya comenzaba el sábado. Las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea fueron detrás para observar el sepulcro y cómo habían colocado el cadáver. Luego regresaron y prepararon aromas y ungüentos. Y el sábado guardaron descanso, según el precepto.

Reflexión: Iniciamos hoy la Semana Santa, la conmemoración del acontecimiento central de nuestra fe: la muerte y resurrección de Jesús. Si los discípulos le hubieran prestado atención, esto no les caería por sorpresa. Varias veces les había advertido sobre lo que le ocurriría en Jerusalén. Marchaba hacia allá decidido a llevar a término su obra redentora. Nadie lo obligaba, era Él quien entregaba su vida por la salvación del mundo. Sus discípulos, por ahora, no comprenden nada, siguen disputándose quién es el más importante. Mientras al Maestro lo arrastran al camino de los marginales, de los malhechores, ellos continúan con sus sueños de grandeza. Solo la luz de la resurrección y la asistencia del Espíritu Santo les permitirá comprender la novedad absoluta de esa entrega, con qué amor nos ama Dios.

Oración: Gracias, Señor Jesús, porque, desde tu cruz, nos dices cuánto nos amas.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 13 ABRIL 2025, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

Lunes 14
Lunes Santo
Is 42, 1-7; Sal 26, 1-3.13-14; Jn 12, 1-11

Evangelio: Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con Él a la mesa. María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume. Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dice: «¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?». Esto lo dijo no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa, se llevaba de lo que iban echando. Jesús dijo: «Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tienen siempre con ustedes, pero a mí no siempre me tienen». Una muchedumbre de judíos se enteró de que estaba allí y fueron no solo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos. Los sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos, por su causa, se les iban y creían en Jesús.

Reflexión: A lo largo de la Semana Santa, el énfasis de las lecturas no está en las enseñanzas de Jesús, sino en Él mismo, Él será la enseñanza viviente. Nos mostrará cómo asumir su forma de vivir y pensar, cómo afrontar las tempestades de la vida. Ahora se halla en Betania, en casa de sus queridos amigos. Allí María lo unge con perfume como manifestación de su amor hacia Él, pero es Jesús quien explica el verdadero sentido de ese gesto. Dice que es una preparación para su sepultura. Es consciente de que su partida está próxima, la conspiración estaba en curso y su muerte ya había sido decretada.

Oración: Señor Jesús, en estos días santos, ayúdanos a aprender de ti, enséñanos a vivir como tú.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 14 ABRIL 2025, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

Martes 15
Martes Santo
Is 49, 1-6; Sal 70, 1-6.15.17; Jn 13, 21-33.36-38

Evangelio: En aquel tiempo, estando Jesús a la mesa con sus discípulos, se turbó en su espíritu y dio testimonio diciendo: «En verdad, en verdad les digo: uno de ustedes me va a entregar». Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía. Uno de ellos, el que Jesús amaba, estaba reclinado a la mesa en el seno de Jesús. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía. Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó: «Señor, ¿quién es?». Le contestó Jesús: «Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado». Y, untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote. Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo: «Lo que vas a hacer, hazlo pronto». Ninguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres. Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche. Cuando salió, dijo Jesús: «Ahora es glorificado el Hijo del Hombre, y Dios es glorificado en Él. Si Dios es glorificado en Él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijitos, me queda poco de estar con ustedes. Me buscarán, pero lo que dije a los judíos se lo digo ahora a ustedes: “Donde yo voy no pueden venir ustedes”». Simón Pedro le dijo: «Señor, ¿adónde vas?». Jesús le respondió: «Adonde yo voy no me puedes seguir ahora, me seguirás más tarde». Pedro replicó: «Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Daré mi vida por ti». Jesús le contestó: «¿Conque darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces».

Reflexión: El odio de las autoridades judías y de los fariseos era conocido por Jesús, sabía que venían tramando su muerte. Pero ¿un traidor entre sus discípulos? Lamentablemente fue así. Judas se dejó vencer por las asechanzas del mal, se dejó atrapar por la noche. El otro caso es el de Pedro, presume ser valiente, pero, a la hora de la verdad, el miedo podrá más y negará a su Maestro para salvarse a sí mismo. Aunque ahora Jesús lo previene, como veremos en unos días, parece que, en el momento de la cruz, Pedro lo olvida por completo. La escena de hoy es impactante porque, mientras el Señor abre su corazón a sus discípulos, ellos están en otra cosa. Su actitud refleja su no-comunión, anticipo de lo solo que estará Jesús durante su pasión.

Oración: Señor Jesús, danos humildad de corazón para que no nos creamos autosuficientes, para que siempre estemos abiertos a tu gracia.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 15 ABRIL 2025, HAGA CLIC AQUÍ:

 

Miércoles 16
Miércoles Santo. Santa Bernardita
Is 50, 4-9a; Sal 68, 8-10.21-22.31.33-34; Mt 26, 14-25

Evangelio: En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso: «¿Qué están dispuestos a darme si se lo entrego a ustedes?». Ellos se ajustaron con él en treinta monedas de plata. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo. El primer día de los Ácimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: «¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?». Él contestó: «Vayan a la ciudad, a casa de quien ustedes saben, y díganle: “El Maestro dice: mi hora está cerca; voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos”». Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo: «En verdad les digo que uno de ustedes me va a entregar». Ellos, muy entristecidos, se pusieron a preguntarle uno tras otro: «¿Soy yo acaso, Señor?». Él respondió: «El que ha metido conmigo la mano en la fuente, ese me va a entregar. El Hijo del Hombre se va como está escrito de Él; pero, ¡ay de aquel por quien el Hijo del Hombre es entregado!, ¡más le valdría a ese hombre no haber nacido!». Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: «¿Soy yo acaso, Maestro?». Él respondió: «Tú lo has dicho».

Reflexión: Leemos hoy la versión de Mateo sobre la traición de Judas. En este relato, su actitud es cínica y premeditada. Es él quien toma la iniciativa y vende a su Maestro a cambio de unas monedas. ¿Lo movía solo la ambición por el dinero? Mateo no nos habla de otras motivaciones, aunque quizás Jesús había decepcionado sus expectativas y por eso no le cuesta entregarlo. El Señor lo intuye, percibe que su discípulo ya no está más en sintonía con Él. Así, su cena de despedida es a la vez fiesta y luto, pero también una revelación. Jesús obliga a Judas a quitarse la máscara, deja al descubierto que él será el traidor. Era su oportunidad para recapacitar y arrepentirse, pero se cierra a esa posibilidad.

Oración: Señor Jesús, no permitas que rechacemos tu oferta de amor, y que, cuando estamos lejos, siempre sepamos volver a ti.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 16 ABRIL 2025, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

Jueves 17
Jueves Santo
Misa de la Cena del Señor: Ex 12, 1-8.11-14;
Sal 115, 12-13.15-18; 1 Co 11, 23-26; Jn 13, 1-15

Evangelio: Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando, cuando el diablo ya había metido en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, la idea de entregar a Jesús. Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la mesa, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en una jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. Llegó a Simón Pedro, y este le dijo: «Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?». Jesús le replicó: «Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde». Pedro le dijo: «No me lavarás los pies jamás». Jesús le contestó: «Si no te lavo, no tendrás parte conmigo». Simón Pedro le dijo: «Señor, no solo los pies, sino también las manos y la cabeza». Jesús le dijo: «Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También ustedes están limpios, aunque no todos». Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos están limpios». Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: «¿Comprenden lo que he hecho con ustedes? Ustedes me llaman “el Maestro” y “el Señor”, y dicen bien, porque lo soy. Pues si yo, que soy el Maestro y el Señor, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros; les he dado ejemplo, para que lo que hice con ustedes, ustedes también lo hagan».

Reflexión: Jesús es la máxima expresión de amor del Padre, como nos lo manifiesta con su vida y su entrega en la cruz. Más que con palabras, Jesús nos demuestra este amor con sus acciones, con su ejemplo. Así, con el lavado de pies define, traza el camino cristiano. Mientras todos buscan hacerse servir por otros, Jesús se hace siervo de los demás. Un antídoto para nuestras ambiciones de poder y grandeza. Seguir a Jesús, pues, no consiste en teorías ni ideas, son actitudes, formas de relacionarse con el prójimo. Si pusiéramos como prioridad el servicio, ¡cuánto cambiaría el mundo! Esta es la misión que nos ha encargado el Señor a sus discípulos.

Oración: Infúndenos, Señor Jesús, tus actitudes y sentimientos para que hagamos del servicio nuestra regla de vida.

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Viernes 18
Viernes Santo (ayuno y abstinencia)
Pasión de nuestro Señor Jesucristo: Is 52, 13—53, 12; Sal 30, 2.6.12-13.15-17.25; Hb 4, 14-16; 5, 7-9;
Jn 18, 1—19, 42
+ = Sacerdote, C = Cronista, S = Otros personajes

Prendieron a Jesús y lo ataron.

C. En aquel tiempo, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí Él y sus discípulos. Judas, el traidor, conocía también el lugar, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos. Judas, entonces, llevando consigo un destacamento de soldados romanos y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró allá con faroles, antorchas y armas. Jesús, que sabía todo lo que le iba a suceder, se adelantó y les dijo: + «¿A quién buscan?». C. Le contestaron: S. «A Jesús, el Nazareno». C. Les dijo Jesús: + «Yo soy». C. Estaba también con ellos Judas, el traidor. Al decirles: «Yo soy», retrocedieron y cayeron a tierra. Les preguntó otra vez: + «¿A quién buscan?». C. Ellos dijeron: S. «A Jesús, el Nazareno». C. Jesús contestó: + «Les he dicho que soy yo. Si me buscan a mí, dejen que estos se vayan». C. Y así se cumplió lo que Él había dicho: «No he perdido a ninguno de los que me diste». Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la desenvainó e hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro: + «Mete la espada en la vaina. El cáliz que me ha dado mi Padre, ¿no lo voy a beber?».

Llevaron a Jesús primero a Anás

C. El destacamento, el comandante y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero a Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año; era Caifás el que había dado a los judíos este consejo: «Conviene que muera un solo hombre por el pueblo». Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedó fuera junto a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. La criada que hacía de portera dijo entonces a Pedro: S. «¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?». C. Él dijo: S. «No lo soy». C. Los criados y los guardias habían encendido un brasero, porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose. El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina. Jesús le contestó: + «Yo he hablado abiertamente al mundo; yo he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me interrogas a mí? Interroga a los que me han oído, y que ellos digan de qué les he hablado. Ellos saben lo que he dicho yo». C. Apenas dijo esto, uno de los guardias que estaba allí le dio una bofetada a Jesús, diciendo: S. «¿Así contestas al sumo sacerdote?». C. Jesús respondió: + «Si he faltado al hablar, muestra en qué he faltado; pero, si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?». C. Entonces Anás lo envió atado a Caifás, sumo sacerdote.

¿No eres tú también de sus discípulos? No lo soy

C. Simón Pedro estaba en pie, calentándose, y le dijeron: S. «¿No eres tú también de sus discípulos?». C. Él lo negó, diciendo: S. «No lo soy». C. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le cortó la oreja, le dijo: S. «¿No te he visto yo con Él en el huerto?». C. Pedro volvió a negarlo, y enseguida cantó un gallo.

Mi Reino no es de este mundo

C. Llevaron a Jesús de la casa de Caifás al palacio del gobernador romano. Era el amanecer, y ellos no entraron en el palacio para no incurrir en impureza y poder así comer la Pascua. Salió Pilato afuera, adonde estaban ellos, y dijo: S. «¿Qué acusación presentan contra este hombre?». C. Le contestaron: S. «Si este no fuera un malhechor, no te lo habríamos entregado». C. Pilato les dijo: S. «Llévenselo ustedes y júzguenlo conforme a su propia ley». C. Los judíos le dijeron: S. «No estamos autorizados para dar muerte a nadie». C. Y así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir. Entró otra vez Pilato en el palacio, llamó a Jesús y le dijo: S. «¿Eres tú el rey de los judíos?». C. Jesús le contestó: + «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?». C. Pilato replicó: S. «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?». C. Jesús le contestó: + «Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuera de este mundo, mis servidores habrían luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi Reino no es de aquí». C. Pilato le dijo: S. «Entonces, ¿tú eres rey?». C. Jesús le contestó: + «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz». C. Pilato le dijo: S. «Y, ¿qué es la verdad?». C. Dicho esto, salió otra vez adonde estaban los judíos y les dijo: S. «Yo no encuentro en Él ninguna culpa. Es costumbre entre ustedes que por Pascua ponga a uno en libertad. ¿Quieren que deje en libertad al rey de los judíos?». C. Volvieron a gritar: S. «A ese no, a Barrabás». C. El tal Barrabás era un bandido.

¡Salve, rey de los judíos!

C. Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Y los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le vistieron un manto color púrpura; y, acercándose a Él, le decían: S. «¡Salve, rey de los judíos!». C. Y le daban bofetadas. Pilato salió otra vez afuera y les dijo: S. «Miren, lo traigo de nuevo, para que sepan que no encuentro en Él culpa alguna». C. Y salió Jesús afuera, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo: S. «Aquí está el hombre». C. Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron: S. «¡Crucifícalo, crucifícalo!». C. Pilato les dijo: S. «Llévenselo ustedes y crucifíquenlo, porque yo no encuentro culpa en Él». C. Los judíos le contestaron: S. «Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha declarado Hijo de Dios». C. Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más y, entrando otra vez en el palacio, dijo a Jesús: S. «¿De dónde eres tú?». C. Pero Jesús no le dio respuesta. Y Pilato le dijo: S. «¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?». C. Jesús le contestó: + «No tendrías ninguna autoridad sobre mí, si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor».

¡Fuera, fuera; crucifícalo!

C. Desde este momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban: S. «Si sueltas a ese, no eres amigo del César. Todo el que se declara rey está contra el César». C. Pilato, entonces, al oír estas palabras, sacó afuera a Jesús y lo sentó en el tribunal, en el sitio que llaman «el Enlosado» (en hebreo Gábbata). Era el día de la preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Y dijo Pilato a los judíos: S. «Aquí tienen a su rey». C. Ellos gritaron: S. «¡Fuera, fuera; crucifícalo!». C. Pilato les dijo: S. «¿Acaso voy a crucificar a su rey?». C. Contestaron los sumos sacerdotes: S. «No tenemos más rey que el César». C. Entonces se lo entregó para que lo crucificaran.

Lo crucificaron, y con Él a otros dos

C. Tomaron a Jesús, y Él, cargando con la cruz, salió hacia el lugar llamado «de la Calavera» (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron; y con Él a otros dos, uno a cada lado, y, en medio, Jesús. Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: «Jesús, el Nazareno, el rey de los judíos». Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús, y estaba escrito en hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: S. «No escribas: “El rey de los judíos”, sino: “Este ha dicho: Soy el rey de los judíos”». C. Pilato les contestó: S. «Lo escrito, escrito está».

Se repartieron mis ropas

C. Los soldados, después que crucificaron a Jesús, tomaron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Y se dijeron: S. «No la rasguemos, vamos a sortearla, a ver a quién le toca». C. Así se cumplió la Escritura: «Se repartieron mis vestiduras y echaron a suerte mi túnica». Esto fue lo que hicieron los soldados.

Ahí tienes a tu hijo. Ahí tienes a tu madre

C. Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, esposa de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: + «Mujer, ahí tienes a tu hijo». C. Luego, dijo al discípulo: + «Ahí tienes a tu madre». C. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.

Todo está cumplido

C. Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo: + «Tengo sed». C. Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo: + «Todo está cumplido». C. E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

Todos se arrodillan, y se hace una pausa.

Y al punto brotó sangre y agua

C. Los judíos entonces, como era día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con Él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto brotó sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso»; y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que traspasaron».

Vendaron todo el cuerpo de Jesús, con los aromas

C. Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque en secreto por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unos treinta kilos de una mezcla de mirra y áloe. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo vendaron todo, con los aromas, según se acostumbra a sepultar entre los judíos. Había un huerto en el lugar donde lo crucificaron, y en el huerto un sepulcro nuevo donde nadie había sido sepultado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.

Reflexión: Hoy es un día solemne. Si el dolor y la muerte inspiran respeto, cuánto más el sufrimiento de un inocente, la condena de un justo, el desprecio a Aquel que defiende la verdad. Sin embargo, es Jesús quien, en esa parodia de juicio, se convierte en auténtico juez. Su serenidad y calma frente a las acusaciones y ultrajes dejan en claro la malicia de quienes lo condena, saca a la luz toda la violencia de que son capaces para defender sus intereses. Jesús controla la situación incluso en el momento mismo de la crucifixión. Cerca al último suspiro, nos deja su testamento final. Ahora somos hijos de Dios en el Hijo y también hijos de María. Se va, pero no nos deja desamparados.

Oración: Gracias infinitas, amado Jesús, porque, desde tu cruz, nos has mostrado que Dios nos amó primero.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 18 ABRIL 2025, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

Sábado 19
Solemnidad de la Vigilia Pascual
1) Gn 1, 1—2, 2; F. B. Gn 1, 1.26-31a; Sal 103, 1-2.5-6.10.12-14.24.35
o bien Sal 32, 4-7.12-13.20.22
2) Gn 22, 1-18; F. B. Gn 22, 1-2.9a.10-13.15-18; Sal 15, 5.8-11
3) Ex 14, 15—15, 1a; Sal: Ex 15, 1-6.17-18
4) Is 54, 5-14; Sal 29, 2.4-6.11-13
5) Is 55, 1-11; Sal: Is 12, 2-6
6) Ba 3, 9-15.32—4, 4; Sal 18, 8-11
7) Ez 36, 16-17a.18-28; Sal 41, 3.5; 42, 3-4; o bien Sal 50, 12-15.18-19;
Rm 6, 3-11; Sal 117, 1-2.16-17.22-23; Lc 24, 1-12

Evangelio: El primer día de la semana, muy de madrugada, las mujeres fueron al sepulcro llevando los perfumes que habían preparado. Encontraron corrida la piedra del sepulcro. Y, entrando, no encontraron el cuerpo del Señor Jesús. Mientras estaban desconcertadas por esto, se les presentaron dos hombres con vestidos refulgentes. Llenas de temor, no se atrevían a levantar la vista del suelo, y ellos les dijeron: «¿Por qué buscan entre los muertos al que vive? No está aquí. Ha resucitado. Acuérdense de lo que les dijo estando todavía en Galilea: “El Hijo del Hombre tiene que ser entregado en manos de pecadores, ser crucificado y al tercer día resucitar”». Recordaron sus palabras, volvieron del sepulcro y anunciaron todo esto a los Once y a todos los demás. María Magdalena, Juana y María, la madre de Santiago, y las demás mujeres que estaban con ellas, contaron todo a los apóstoles, pero a ellos les pareció un delirio lo que ellas decían y no les creyeron. Pedro, se levantó y fue corriendo al sepulcro. Asomándose, solo vio los lienzos. Y regresó a casa admirado de lo que había sucedido.

Reflexión: Hemos vivido cuarenta días de preparación para la más solemne celebración de la Iglesia: la resurrección del Señor. La liturgia de hoy nos invita a hacer un recorrido por la historia de la salvación hasta este momento culmen. La vida nueva de Jesús deja claro de parte de quién está la justicia de Dios. No de los que detentan el poder a su antojo, sino de las víctimas, de los últimos. Estamos ante una novedad absoluta, la victoria de la vida sobre la muerte, del amor sobre el odio, la renovación de todas las cosas. Esa es la fuerza redentora de la cruz de Jesús. Cuesta creerlo, pero así es Dios, como lo irán descubriendo sus discípulos bajo la luz del acontecimiento pascual.

Oración: Resucitaste, Señor, venciste la muerte y el odio, ahora estás vivo entre nosotros, animándonos con la fuerza de tu espíritu.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 19 ABRIL 2025, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

Domingo 20
Pascua de Resurrección del Señor (S)
Hch 10, 34a.37-43; Sal 117, 1-2.16-17.22-23; Col 3, 1-4; o bien 1 Co 5, 6b-8; Jn 20, 1-9

Evangelio: El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro muy temprano, cuando aún estaba oscuro, y vio la piedra quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto». Salieron Pedro y el otro discípulo y fueron rápidamente al sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro, vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que Él había de resucitar de entre los muertos.

Reflexión: Pascua de resurrección, el sentido último y fundante de la fe cristiana. Es tan importante que, si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe; si Él no hubiera vencido a la muerte, habría sido uno más y no el Señor. A lo largo de estos días, la liturgia nos presenta cómo los discípulos fueron comprendiendo de a pocos el sentido profundo de este acontecimiento. Hoy vemos a María Magdalena (la primera testigo del Resucitado), que, ante la tumba vacía, no puede pensar sino que se han robado el cuerpo del Señor. Pedro y el otro discípulo también harán su propio camino de fe. Mientras este último cree con solo ver los signos, Pedro solo sale confundido, lleno de dudas. Solo después llegará a la fe.

Oración: Señor Jesús, tu dijiste que son dichosos los que creen sin ver; infúndenos, te pedimos, la fuerza de esa fe.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 20 ABRIL 2025, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

Lunes 21
Octava de Pascua
Hch 2, 14.22-33; Sal 15, 1-2.5.7-11; Mt 28, 8-15

Evangelio: En aquel tiempo, las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos. De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «Alégrense». Ellas se acercaron, le abrazaron los pies y se postraron ante Él. Jesús les dijo: «No teman: vayan a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán». Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma, encargándoles: «Digan que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras ustedes dormían. Y si esto llega a oídos del gobernador, nosotros nos lo ganaremos y los sacaremos de apuros». Ellos tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy.

Reflexión: Aún no estaba claro lo que había ocurrido con Jesús, pero ya se tejen dos tendencias opuestas: alegría para sus discípulos, amenaza para quienes tramaron su muerte. Las mujeres se convierten en testigos y apóstoles del Resucitado. Ellas llevan a los demás discípulos la noticia de que el Señor está vivo y los convoca a Galilea, al punto de partida. Allí es donde todo debe comenzar de nuevo. Desde allí irradiará a la creación entera la luz del Resucitado. Por otro lado, las autoridades judías buscan, de nuevo, cerrarle el paso a la luz de la vida. ¿Cómo lo hacen? Solo del modo que saben, con sobornos y mentiras. Desconocen, se niegan a ver que la verdad ya triunfó sobre la mentira.

Oración: Sé, Señor, nuestra fuerza de vida, tú que eres el vencedor de la muerte.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 21 ABRIL 2025, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

Martes 22
Octava de Pascua
Hch 2, 36-41; Sal 32, 4-5.18-20.22; Jn 20, 11-18

Evangelio: En aquel tiempo, estaba María fuera, junto al sepulcro, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?». Ella contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto». Dicho esto, se vuelve y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?». Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré». Jesús le dice: «¡María!». Ella se vuelve y le dice. «¡Rabbuní!», que significa: «¡Maestro!». Jesús le dice: «No me retengas, que todavía no he subido al Padre. Pero, anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre de ustedes, al Dios mío y Dios de ustedes”». María la Magdalena fue y anunció a los discípulos: «He visto al Señor y ha dicho esto».

Reflexión: María Magdalena había vuelto al sepulcro luego de avisar a Pedro de que la tumba estaba vacía. Es tanto su amor, que no puede apartarse del lugar donde estaba su Señor. Sigue buscando muertos, pero ahora se le presenta la vida en persona, primero dos testigos (dos ángeles) y luego Jesús mismo. Afianzada en su fe, ahora ella puede convertirse en testigo del Resucitado (apóstol de los apóstoles, dice la tradición). A ella le confía el anuncio de que sube al Padre suyo y Padre nuestro, al Dios suyo y Dios nuestro. Para Jesús, somos sus hermanos, junto a Él podemos construir la gran familia de los hijos de Dios.

Oración: Señor de la vida, ayúdanos a vencer los odios que nos dividen para que podamos construir un mundo más fraterno.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 22 ABRIL 2025, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

Miércoles 23
Octava de Pascua. San Jorge
Hch 3, 1-10; Sal 104, 1-4.6-9; Lc 24, 13-35

Evangelio: Aquel mismo día, el primero de la semana, dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos setenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo: «¿Qué conversación es esa que traen mientras van de camino?». Ellos se detuvieron con aire entristecido. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabe lo que ha pasado estos días?». Él les dijo: «¿Qué?». Ellos le contestaron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que Él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a Él no lo vieron». Entonces Él les dijo: «¡Qué necios y torpes son para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?». Y, comenzado por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a Él en todas las Escrituras. Llegaron cerca de la aldea adonde iban y Él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya se acaba». Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero Él desapareció de su vista. Y se dijeron el uno al otro: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?». Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón». Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Reflexión: Este hermoso pasaje de Lucas nos brinda muchas luces para comprender al Resucitado. Aunque tiene un cuerpo, su presencia no es del todo reconocible. Solo podemos verlo a cabalidad con los ojos de la fe. Por eso, al inicio, estos dos discípulos no lo reconocen, lo toman por un simple transeúnte, el más desinformado de todo Jerusalén. Luego nos damos cuenta de que es una estrategia del Maestro para ayudar a sus discípulos a desahogar su frustración: «Nosotros esperábamos…». Después, de la mano de la Sagrada Escritura, les ayuda a comprender el sentido de su muerte y, en la fracción del pan, se les abren los ojos de la fe.

Oración: Danos apertura, Señor, a la luz de tu Palabra y la Eucaristía, fuentes que alimentan nuestra fe.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 23 ABRIL 2025, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

Jueves 24
Octava de Pascua
Hch 3, 11-26; Sal 8, 2.5-9; Lc 24, 35-48

Evangelio: En aquel tiempo, los discípulos de Jesús contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando Él se presentó en medio de ellos y les dice: «Paz a ustedes». Pero ellos, aterrorizados y llenos de miedo, creían ver un espíritu. Y Él les dijo: «¿Por qué se alarman?, ¿por qué surgen dudas en su corazón? Miren mis manos y mis pies: soy yo en persona. Pálpenme y dense cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos, como ven que yo tengo». Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Pero como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: «¿Tienen ahí algo de comer?». Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo: «Esto es lo que les dije mientras estaba con ustedes: que era necesario que se cumpliera todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí». Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y les dijo: «Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Ustedes son testigos de esto».

Reflexión: La resurrección y la nueva situación del Señor nos llenan de incertidumbre. ¿Es Jesús solo un espíritu o tiene cuerpo? Vimos que no es fácil reconocerlo a primera vista, aunque siempre se muestra de manera corporal, pero ¿su cuerpo es como el nuestro? En este pasaje atraviesa la casa, aunque están con las puertas cerradas; pero, asimismo, les insiste de distintas maneras que es Él. Sus manos y sus pies tienen las marcas de la cruz, los signos de su entrega; y, para convencerlos, incluso les pide comida. En consecuencia, efectivamente, tiene un cuerpo como el nuestro, pero un cuerpo glorificado.

Oración: Señor, como a tus discípulos, a nosotros también ayúdanos a comprender el significado profundo de tu resurrección.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 24 ABRIL 2025, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

Viernes 25
Octava de Pascua. San Marcos, evangelista
Hch 4, 1-12; Sal 117, 1-2.4.22-27; Jn 21, 1-14

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, apodado el Mellizo; Natanael, el de Caná de Galilea; los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. Simón Pedro les dice: «Me voy a pescar». Ellos contestan: «Vamos también nosotros contigo». Salieron y se embarcaron; y aquella noche no pescaron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les dice: «Muchachos, ¿tienen pescado?». Ellos contestaron: «No». Él les dice: «Echen la red a la derecha de la barca y encontrarán». La echaron, y no podían sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo a quien Jesús amaba le dice a Pedro: «Es el Señor». Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos doscientos codos, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice: «Traigan de los peces que acaban de pescar». Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: «Vamos, almuercen». Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.

Reflexión: ¿Da lo mismo una pesca (es decir, la misión) sin Jesús que otra bajo la guía de su Palabra? Lo vemos claro en la esterilidad de los apóstoles cuando van a su labor sin Jesús, tiran las redes y nada, vacías. En cambio, la intervención del Señor lo cambia todo, ilumina la realidad; hacerle caso genera fecundidad. Entonces empieza a hacerse la luz en los corazones de los discípulos, despierta su fe. La alerta lo da el discípulo amado: esa voz, esa fecundidad no puede venir más que del Señor. En la orilla, efectivamente, los espera con el desayuno listo, pero los invita también a poner lo suyo. Está, por lo tanto, nuestro esfuerzo, pero siempre asistido por la gracia del Señor.

Oración: Señor Jesús, los fracasos, a menudo, nos desaniman, pero, con tu gracia, podemos ser perseverantes.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 25 ABRIL 2025, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

Sábado 26
Octava de Pascua
Hch 4, 13-21; Sal 117, 1.14-21; Mc 16, 9-15

Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando. Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no le creyeron. Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando al campo. También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no les creyeron. Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo: «Vayan al mundo entero y proclamen el Evangelio a toda la creación».

Reflexión: A los discípulos, les resultó muy difícil aceptar la resurrección, era una novedad inaudita. Tres veces insiste Marcos en la incredulidad de los discípulos. Es una reacción comprensible, estaban ante algo totalmente inédito. Será necesario que Jesús mismo se les presente para que se abran a la fe. Sin embargo, luego de esta llamada de atención, Jesús no tiene reparos en encargarles el anuncio del Evangelio a toda la creación. Él no elige personas perfectas, conoce nuestros límites y sabe también que la «fuerza se pone de manifiesto en la debilidad» (2 Co 12, 9).

Oración: Señor Jesús, permite que seamos testigos fieles de tu Evangelio en el mundo de hoy.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 26 ABRIL 2025, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

Domingo 27
II de Pascua o de la Divina Misericordia
Hch 5, 12-16; Sal 117, 2-4.22-27; Ap 1, 9-11a.12-13.17-19; Jn 20, 19-31

Evangelio: Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en eso entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a ustedes». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Reciban el Espíritu Santo; a quienes ustedes perdonen los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengan, les quedan retenidos». Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no lo creo». A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a ustedes». Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo: aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!». Jesús le dijo: «Porque me has visto has creído. Bienaventurados los que crean sin haber visto». Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre».

Reflexión: La figura de Tomás, el que exige ver para creer, representa a los incrédulos de todos los tiempos. Muchos de nosotros quizás nos vemos retratados en él. Una semana antes se presenta el Señor sin que él esté en la asamblea. Por eso quizás se siente con el derecho de exigir lo mismo que han visto los otros. Ese día, Jesús les había infundido su Espíritu y los envió a anunciar su Buena Noticia. Curiosamente, el primer evangelizado es Tomás, aunque, de momento, él se deje dominar por el escepticismo. Ocho días después se presenta de nuevo el Resucitado, ha aceptado el desafío del apóstol. No obstante, esta vez él abre su corazón y pronuncia el mayor acto de fe hasta ese momento: «¡Señor mío y Dios mío!».

Oración: Permite, Señor Jesús, que nosotros también seamos bienaventurados por creer sin haber visto.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 27 ABRIL 2025, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

Lunes 28
Beata María Felicia (Chiquitunga)
Hch 4, 23-31; Sal 2, 1-9; Jn 3, 1-8

Evangelio: Había un hombre del grupo de los fariseos llamado Nicodemo, jefe judío. Este fue a ver a Jesús de noche y le dijo: «Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él». Jesús le contestó: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios». Nicodemo le pregunta: «¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?». Jesús le contestó: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: “Tienen que nacer de nuevo”; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabemos de dónde viene ni adónde va. Así es todo lo que ha nacido del Espíritu».

Reflexión: La resurrección de Jesús nos afecta a todos; tiene tal repercusión en la humanidad, que equivaldría a una nueva creación. ¿Cómo participar de ella? El Señor se lo plantea a Nicodemo: hay que nacer de nuevo, nacer del agua y del espíritu, nacer de lo alto. Naturalmente, él no entiende, rastrea en su mente y no puede imaginar otro nacimiento que el del vientre materno. Jesús va más allá incluso, nacer de lo alto es la condición para entrar en el Reino de Dios. Solo así podemos corresponder a la novedad absoluta de la resurrección. Este nacer de nuevo supone una nueva relación con el Señor, nuevas actitudes, nuevas maneras de ser y actuar. En una palabra, dejarse transformar por el Espíritu.

Oración: Señor Jesús, ayúdanos a dejarnos transformar por la acción de tu espíritu, por la fuerza de tu gracia.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 28 ABRIL 2025, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

Martes 29
Santa Catalina de Siena, virgen y doctora (MO)
Hch 4, 32-37; Sal 92, 1-2.5; Jn 3, 7b-15

Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: «Tiene que nacer de nuevo; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu». Nicodemo le preguntó: «¿Cómo puede suceder eso?». Le contestó Jesús: «¿Tú eres maestro en Israel, y no lo entiendes? En verdad, en verdad te digo: hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no reciben nuestro testimonio. Si les hablo de las cosas terrenas y no me creen, ¿cómo creerán si les hablo de las cosas celestiales? Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del Hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del Hombre, para que todo el que cree en Él tenga vida eterna».

Reflexión: Proseguimos con la escena de Nicodemo. Nacer de lo alto, del Espíritu, eso es lo que le plantea Jesús a este maestro de Israel, un experto en las Sagradas Escrituras. Pero ahora le aclara también la fuente de sus enseñanzas: «Damos testimonio de lo que hemos visto». La revelación no es ciencia ficción, no es un producto de la imaginación; al contrario, proviene de la experiencia, es Dios mismo dándose a conocer por medio de su Hijo. Venir del cielo quiere decir provenir del mundo de Dios, y solo Cristo es la Palabra de Dios hecha carne, hecha uno de nosotros. Contemplando su rostro vemos a Dios mismo.

Oración: Señor Jesús, conduce nuestros pasos hacia ti porque solo tú eres nuestro camino al Padre.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 29 ABRIL 2025, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

Miércoles 30
San Pío V, Papa (ML)
Hch 5, 17-26; Sal 33, 2-9; Jn 3, 16-21

Evangelio: Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios. Este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.

Reflexión: ¿Por qué envió Dios a su Hijo único al mundo? La respuesta de Juan es contundente: por amor. No se trata solo de una visita, alguien que viene a inspeccionar y luego se marcha. El texto dice «entregar», su venida es donación, un darse al mundo cuya máxima expresión es su cruz. Desde allí, desde lo alto nos dice cuánto ama Dios al mundo. Esta venida, a su vez, tiene un objetivo, es «para que todo el que crea en Él tenga vida eterna», es decir, el Hijo nos hace participes de su misma vida. Relacionarnos con Él es vivificante y transformador, significa participar desde ya en la vida eterna, un anticipo de su plenitud futura.

Oración: Haznos partícipes, Señor Jesús, de tu vida eterna para que afrontemos las vicisitudes de la vida siempre con esperanza.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 30 DE ABRIL 2025, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

 
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