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MEDITACIÓN DIARIA
DEL EVANGELIO - ABRIL 2026
-Por Padre Guillermo de Jesús Acero Alvarín-

Intención del Papa para el mes de ABRIL: Oremos por los sacerdotes que atraviesan momentos de crisis en su vocación, para que encuentren el acompañamiento necesario y que las comunidades los apoyen con comprensión y oración.

 

Miércoles 01 - MIÉRCOLES SANTO
San Hugo
Is 50, 4-9a; Sal 68, 8-10.21-22.31.33-34; Mt 26, 14-25

Evangelio: En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso: «¿Qué están dispuestos a darme si se lo entrego a ustedes?». Ellos se ajustaron con él en treinta monedas de plata. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo. El primer día de los Ácimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: «¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?». Él contestó: «Vayan a la ciudad, a casa de quien ustedes saben, y díganle: “El Maestro dice: mi hora está cerca; voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos”». Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían, dijo: «En verdad les digo que uno de ustedes me va a entregar». Ellos, muy entristecidos, se pusieron a preguntarle uno tras otro: «¿Soy yo acaso, Señor?». Él respondió: «El que ha metido conmigo la mano en la fuente, ese me va a entregar. El Hijo del Hombre se va como está escrito de Él; pero, ¡ay de aquel por quien el Hijo del Hombre es entregado!, ¡más le valdría a ese hombre no haber nacido!». Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: «¿Soy yo acaso, Maestro?». Él respondió: «Tú lo has dicho».

Reflexión: En nuestra mesa eucarística sigue resonando ese diálogo profético: «Uno de ustedes me va a entregar… ¿Soy yo acaso, Maestro?... Tú lo has dicho». La Pascua de Jesús es un banquete de misericordia que pasa por la denuncia y la invitación a la conversión. El evangelista Juan nos mostrará mañana a Jesús lavando los pies a sus discípulos en un acto que invita a los traidores a recapacitar y a no perder la comunión. El pasaje de hoy también nos ofrece un diálogo exhortativo, un diálogo de corazón a corazón que recuerda que Jesús entregará libremente su vida por todos, pero la traición no es la vía de la justicia ni de la verdad que el Maestro invita a recorrer.

Oración: Perdóname, Jesús. He pecado contra el cielo y contra ti.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 1 ABRIL 2026, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

Jueves 02 - Jueves Santo - Misa de la Cena del Señor
San Francisco de Paula, ermitaño (ML)
Ex 12, 1-8.11-14; Sal 115, 12-13.15-18; 1 Co 11, 23-26; Jn 13, 1-15

Evangelio: Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando, cuando el diablo ya había metido en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, la idea de entregar a Jesús. Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la mesa, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en un recipiente y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. Llegó a Simón Pedro, y este le dijo: «Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?». Jesús le replicó: «Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde». Pedro le dijo: «No me lavarás los pies jamás». Jesús le contestó: «Si no te lavo, no tendrás parte conmigo». Simón Pedro le dijo: «Señor, no solo los pies, sino también las manos y la cabeza». Jesús le dijo: «Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También ustedes están limpios, aunque no todos». Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos están limpios». Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: «¿Comprenden lo que he hecho con ustedes? Ustedes me llaman “el Maestro” y “el Señor”, y dicen bien, porque lo soy. Pues si yo, que soy el Maestro y el Señor, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros; les he dado ejemplo, para que lo que hice con ustedes, ustedes también lo hagan».

Reflexión: Iniciamos hoy tres días de apasionado seguimiento del Maestro Jesús, que nos llevarán a padecer, morir y resucitar con Él. En esta noche, la luz brilla para que podamos reconocer su rostro humilde y lleno de amor por nosotros. Nos lava los pies, porque esa es la misión que nos deja: «Ustedes también deben lavarse los pies unos a otros». En otras palabras, ustedes deben ser servidores de todos como el humilde siervo que les lava los pies. La diaconía no es un ministerio de pocos, es el distintivo de todo discípulo y discípula de Jesús. Es desde la humildad que se vive la cruz y se espera la resurrección.

Oración: Proclamaré siempre tu misericordia, Señor. Acepto el reto de seguirte hasta la cruz y morir contigo para poder resucitar.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 2 ABRIL 2026, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

Viernes 03 - Viernes Santo - Pasión del Señor
San Sixto I, Papa
Is 52, 13—53, 12; Sal 30, 2.6.12-13.15-17.25; Hb 4, 14-16; 5, 7-9; Jn 18, 1—19, 42

Evangelio:  = Sacerdote, C = Cronista, S = Otros personajes

C. En aquel tiempo, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí Él y sus discípulos. Judas, el que lo iba a entregar, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos. Judas entonces, tomando una cohorte y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró allá con faroles, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que venía sobre Él, se adelantó y les dijo:  «¿A quién buscan?». C. Le contestaron: S. «A Jesús, el Nazareno». C. Les dijo Jesús:  «Yo soy». C. Estaba también con ellos Judas, el que lo iba a entregar. Al decirles: «Yo soy», retrocedieron y cayeron a tierra. Les preguntó otra vez:  «¿A quién buscan?». C. Ellos dijeron: S. «A Jesús, el Nazareno». C. Jesús contestó:  «Les he dicho que soy yo. Si me buscan a mí, dejen marchar a estos». C. Y así se cumplió lo que había dicho: «No he perdido a ninguno de los que me diste». Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro:  «Mete la espada en la vaina. El cáliz que me ha dado mi Padre, ¿no lo voy a beber?».

C. La cohorte, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero a Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año; Caifás era el que había dado a los judíos este consejo: «Conviene que muera un solo hombre por el pueblo». Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedó fuera a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. La criada portera dijo entonces a Pedro: S. «¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?». C. Él dijo: S. «No lo soy». C. Los criados y los guardias habían encendido un brasero, porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose. El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina. Jesús le contestó:  «Yo he hablado abiertamente al mundo; yo he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a los que me han oído de qué les he hablado. Ellos saben lo que yo he dicho». C. Apenas dijo esto, uno de los guardias que estaba allí le dio una bofetada a Jesús, diciendo: S. «¿Así contestas al sumo sacerdote?». C. Jesús respondió:  «Si he faltado al hablar, muestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?». C. Entonces Anás lo envió atado a Caifás, sumo sacerdote.

C. Simón Pedro estaba de pie, calentándose, y le dijeron: S. «¿No eres tú también de sus discípulos?». C. Él lo negó, diciendo: S. «No lo soy». C. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le cortó la oreja, le dijo: S. «¿No te he visto yo en el huerto con Él?». C. Pedro volvió a negarlo, y enseguida cantó un gallo.

C. Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era el amanecer, y ellos no entraron en el pretorio para no incurrir en impureza y poder así comer la Pascua. Salió Pilato afuera, adonde estaban ellos, y dijo: S. «¿Qué acusación presentan contra este hombre?». C. Le contestaron: S. «Si este no fuera un malhechor, no te lo entregaríamos». C. Pilato les dijo: S. «Llévenselo ustedes y júzguenlo según su ley». C. Los judíos le dijeron: S. «No estamos autorizados para dar muerte a nadie». C. Y así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir. Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo: S. «¿Eres tú el rey de los judíos?». C. Jesús le contestó:  «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?». C. Pilato replicó: S. «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?». C. Jesús le contestó:  «Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi Reino no es de aquí». C. Pilato le dijo: S. «Entonces, ¿tú eres rey?». C. Jesús le contestó:  «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz». C. Pilato le dijo: S. «Y, ¿qué es la verdad?». C. Dicho esto, salió otra vez adonde estaban los judíos y les dijo: S. «Yo no encuentro en Él ninguna culpa. Es costumbre entre ustedes que por Pascua ponga a uno en libertad. ¿Quieren que les suelte al rey de los judíos?». C. Volvieron a gritar: S. «A ese no, a Barrabás». C. El tal Barrabás era un bandido.

C. Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Y los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le echaron por encima un manto color púrpura; y, acercándose a Él, le decían: S. «¡Salve, rey de los judíos!». C. Y le daban bofetadas. Pilato salió otra vez afuera y les dijo: S. «Miren, se lo saco afuera para que sepan que no encuentro en Él ninguna culpa». C. Y salió Jesús afuera llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo: S. «He aquí al hombre». C. Cuando lo vieron, los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron: S. «¡Crucifícalo, crucifícalo!». C. Pilato les dijo: S. «Llévenselo ustedes y crucifíquenlo, porque yo no encuentro culpa en Él». C. Los judíos le contestaron: S. «Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha hecho Hijo de Dios». C. Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más. Entró otra vez en el pretorio y dijo a Jesús: S. «¿De dónde eres tú?». C. Pero Jesús no le dio respuesta. Y Pilato le dijo: S. «¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?». C. Jesús le contestó:  «No tendrías ninguna autoridad sobre mí si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor».

C. Desde este momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban: S. «Si sueltas a ese, no eres amigo del César. Todo el que se hace rey está contra el César». C. Pilato entonces, al oír estas palabras, sacó afuera a Jesús y se sentó en el tribunal, en el sitio que llaman «el Enlosado» (en hebreo «Gábbata»). Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Y dijo Pilato a los judíos: S. «He aquí a su rey». C. Ellos gritaron: S. «¡Fuera, fuera; crucifícalo!». C. Pilato les dijo: S. «¿A su rey voy a crucificar?». C. Contestaron los sumos sacerdotes: S. «No tenemos más rey que al César». C. Entonces se lo entregó para que lo crucificaran.

C. Tomaron a Jesús, y, cargando Él mismo con la cruz, salió al sitio llamado «de la Calavera» (que en hebreo se dice “Gólgota”), donde lo crucificaron; y con Él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús. Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: «Jesús, el Nazareno, el rey de los judíos». Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús, y estaba escrito en hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: S. «No escribas “El rey de los judíos”, sino: “Este ha dicho: soy el rey de los judíos”». C. Pilato les contestó: S. «Lo escrito, escrito está».

C. Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, tomaron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Y se dijeron: S. «No la rasguemos, sino echémosla a suerte, a ver a quién le toca». C. Así se cumplió la Escritura: «Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica». Esto hicieron los soldados.

C. Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre:  «Mujer, ahí tienes a tu hijo». C. Luego, dijo al discípulo:  «Ahí tienes a tu madre». C. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio.

C. Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dijo:  «Tengo sed». C. Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo:  «Está cumplido». C. E inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

C. Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día grande, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con Él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también ustedes crean. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso»; y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que traspasaron».

C. Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque oculto por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en los lienzos con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto, un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.

Reflexión: La liturgia de hoy está centrada en la cruz. Primero, participamos de la pasión del Señor escuchando el Evangelio de Juan y dejando que resuene con toda su fuerza en nuestro corazón hasta que la Palabra hecha carne enmudezca porque se ha entregado totalmente por nosotros en la cruz. Luego, contemplamos y abrazamos el signo de la cruz haciéndola nuestra. Finalmente, comulgamos con el cuerpo crucificado de Cristo y nos hacemos una sola realidad con Él. Es ese el camino de la fidelidad, el camino de la verdadera amistad, el camino de la vida. Que al final del día, cuando también nuestras fuerzas flaqueen, podamos decir con Jesús: «Todo está cumplido».

Oración: Jesús, hoy repito contigo: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Padre, en ti confío».

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 3 ABRIL 2026, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

Sábado 04 - SOLEMNE VIGILIA PASCUAL
San Isidoro de Sevilla, obispo y doctor (ML)
1. Gn 1, 1—2, 2; Sal 103, 1-2.5-6.10.12-14.24.35 o bien Sal 32, 4-7.12-13.20.22
2. Gn 22, 1-18; Sal 15, 5.8-11
3. Ex 14, 15—15, 1a; Sal: Ex 15, 1-6.17-18
4. Is 54, 5-14; Sal 29, 2.4-6.11-13
5. Is 55, 1-11; Sal: Is 12, 2-6.
6. Ba 3, 9-15.32—4, 4; Sal 18, 8-11
7. Ez 36, 16-17a.18-28; Sal 41, 3.5; 42, 3-4 o bien Sal 50,12-15.18-19
Rm 6, 3-11; Sal 117, 1-2.16-17.22-23;
Mt 28, 1-10 (o bien Lc 24, 1-12)


Evangelio: Pasado el sábado, al alborear el primer día de la semana, fueron María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. Y de pronto tembló fuertemente la tierra, pues un ángel del Señor, bajando del cielo y acercándose, corrió la piedra y se sentó encima. Su aspecto era de relámpago y su vestido blanco como la nieve; los centinelas temblaron de miedo y quedaron como muertos. El ángel habló a las mujeres: «Ustedes, no teman, ya sé que buscan a Jesús el crucificado. No está aquí: ¡ha resucitado!, como había dicho. Vengan a ver el sitio donde yacía y vayan aprisa a decir a sus discípulos: “Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de ustedes a Galilea. Allí lo verán”. Miren, se lo he anunciado». Ellas se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos. De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «Alégrense». Ellas se acercaron, le abrazaron los pies y se postraron ante Él. Jesús les dijo: «No teman: vayan a comunicar a mis hermanos que se marchen a Galilea; allí me verán».

Reflexión: Hoy es el inicio de un nuevo día y de una nueva vida. Un mensajero del cielo confirma lo que Jesús había anunciado a los discípulos: después de padecer y morir a manos de las autoridades judías, resucitaría. Hoy, el anuncio de la resurrección da paso al gozo de una promesa cumplida y el comienzo de un tiempo renovado en el que el temor es vencido para dar paso a la alegría sin ocaso. Hoy morimos con Jesús en la cruz y resucitamos a la vida en las aguas del Bautismo. Nuestra experiencia de seguimiento de Jesús recibe un nuevo impulso, porque volvemos a escuchar: «Tus pecados son perdonados, levántate y vuelve al camino».

Oración: Aleluya, has resucitado, Jesús, y me has dado nueva vida, una vida que nadie podrá arrebatarme.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 4 ABRIL 2026, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

Domingo 05 -Domingo de Pascua, Resurrección del Señor
San Vicente Ferrer, presbítero (ML)
Hch 10, 34a.37-43; Sal 117, 1-2.16-17.22-23; Col 3, 1-4 o bien 1 Co 5, 6b-8; Jn 20, 1-9

Evangelio: El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto». Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que Él había de resucitar de entre los muertos.

Reflexión: Tal como la vocación de los primeros discípulos de Jesús en el Evangelio de Juan es provocada por el testimonio contagioso de los que van conociendo al Maestro, la fe pascual también inicia con la experiencia personal de la discípula María Magdalena, primera testigo de la resurrección del Señor. Ella, luego, transmite esa fe a Pedro y al discípulo amado. En efecto, la fe pascual inicia con una carrera evangelizadora de relevos que evidencia la urgencia del anuncio y la importancia de compartir con los demás lo vivido. Eso sí, no solo es un mensaje o una doctrina, es una experiencia de vida que lo transforma todo, especialmente nuestra mentalidad, nuestra capacidad de ver y entender la realidad.

Oración: Gracias, Señor, por todas las personas que contribuyeron a mi camino de encuentro contigo.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 5 ABRIL 2026, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

Lunes 06
Hch 2, 14.22-33; Sal 15, 1-2.5.7-11; Mt 28, 8-15

Evangelio: En aquel tiempo, las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos. De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «Alégrense». Ellas se acercaron, le abrazaron los pies y se postraron ante Él. Jesús les dijo: «No teman: vayan a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán». Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma, encargándoles: «Digan que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras ustedes dormían. Y si esto llega a oídos del gobernador, nosotros nos lo ganaremos y los sacaremos de apuros». Ellos tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy.

Reflexión: El miedo y la alegría se entrelazan en la experiencia de la Pascua. El miedo que genera lo nuevo, la ruptura con esquemas que nos dan seguridad, la incertidumbre de no saber lo que viene y la amenaza que siguen representando los opositores de Jesús. La alegría, por otra parte, está centrada en la vida, en el encuentro con Jesús resucitado. El Evangelio de Mateo nos advierte que la Pascua no es sinónimo de triunfalismo, sino el inicio de una misión que se funda en una fe probada en la cruz y en la confrontación con los enemigos de Jesús. Se percibe que el anuncio de la resurrección de Jesús estará siempre bajo el signo de la contradicción.

Oración: Gracias, Jesús, por renovar mi vocación a seguirte. Confío en tu cercanía en esta Pascua y asumo con entusiasmo las dificultades de la misión.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 6 ABRIL 2026, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

Martes 07
San Juan Bautista de la Salle, presbítero (MO)
Hch 2, 36-41; Sal 32, 4-5.18-20.22; Jn 20, 11-18

Evangelio: En aquel tiempo, estaba María fuera, junto al sepulcro, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?». Ella contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto». Dicho esto, se vuelve y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?». Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré». Jesús le dice: «¡María!». Ella se vuelve y le dice. «¡Rabbuní!», que significa: «¡Maestro!». Jesús le dice: «No me retengas, que todavía no he subido al Padre. Pero, anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre de ustedes, al Dios mío y Dios de ustedes”». María la Magdalena fue y anunció a los discípulos: «He visto al Señor y ha dicho esto».

Reflexión: El llanto de María Magdalena domina la primera parte del evangelio de hoy. Su llanto expresa el dolor contenido de quien ha sido testigo de la tortura y muerte de Jesús, además de ese gran vacío que deja la ausencia de un cadáver en el sepulcro. Muchas personas, muchas familias y pueblos, en efecto, lloran a sus seres queridos desaparecidos. Hallar su cuerpo traería, al menos, algo de consuelo. Pero la ausencia del Maestro muerto es superada del todo únicamente mediante el encuentro con el Señor resucitado. El diálogo sanador recuerda al corazón la voz del amado, trae de vuelta el amor primero. María, «resucitada», anuncia al Resucitado y comunica a todos la experiencia de su nueva vida.

Oración: Hoy quisiera, Jesús, que pronunciaras nuestros nombres y que, al escuchar tu voz, te reconociéramos tal cual eres: vivo y lleno de amor por todos.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 7 ABRIL 2026, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

Miércoles 08
Santa Julia Billiart
Hch 3, 1-10; Sal 104, 1-4.6-9; Lc 24, 13-35

Evangelio: Aquel mismo día, el primero de la semana, dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos setenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo: «¿Qué conversación es esa que traen mientras van de camino?». Ellos se detuvieron con aire entristecido. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabe lo que ha pasado estos días?». Él les dijo: «¿Qué?». Ellos le contestaron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que Él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a Él no lo vieron». Entonces Él les dijo: «¡Qué necios y torpes son para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?». Y, comenzado por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a Él en todas las Escrituras. Llegaron cerca de la aldea adonde iban y Él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída». Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero Él desapareció de su vista. Y se dijeron el uno al otro: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?». Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón». Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Reflexión: El camino de Emaús es un itinerario sanador de la mirada y del corazón. La experiencia de la cruz fue muy traumática para los discípulos. Los llenó de dudas y desconcierto. Por eso, el encuentro con Jesús es terapéutico. El Resucitado, en efecto, emplea cuatro técnicas sanadoras: camina con los discípulos, dialoga permitiéndoles que desahoguen su dolor, les explica las Escrituras y comparte la Eucaristía. La Palabra hace arder el corazón de los discípulos y el pan eucarístico les abre los ojos y pueden reconocer al Señor. Este encuentro, a su vez, sanó su relación con la comunidad de Jerusalén, vuelven a ella inmediatamente para confirmar la fe de los apóstoles.

Oración: Camina con nosotros, Jesús. Háblanos al corazón y renueva nuestro amor a la Iglesia.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 8 ABRIL 2026, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

Jueves 09
San Demetrio
Hch 3, 11-26; Sal 8, 2.5-9; Lc 24, 35-48

Evangelio: Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará
de entre los muertos al tercer día.
En aquel tiempo, los discípulos de Jesús contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando Él se presentó en medio de ellos y les dice: «Paz a ustedes». Pero ellos, aterrorizados y llenos de miedo, creían ver un espíritu. Y Él les dijo: «¿Por qué se alarman?, ¿por qué surgen dudas en su corazón? Miren mis manos y mis pies: soy yo en persona. Pálpenme y dense cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos, como ven que yo tengo». Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Pero como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: «¿Tienen ahí algo de comer?». Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo: «Esto es lo que les dije mientras estaba con ustedes: que era necesario que se cumpliera todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí». Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y les dijo: «Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Ustedes son testigos de esto».

Reflexión: Jesús murió y resucitó, pero lo que hace que los discípulos vivan la fe pascual es el encuentro con Él. Jesús se pone en medio de ellos cuando están todos reunidos, come del mismo alimento, dialoga con ellos y, bajo la luz de la Sagrada Escritura, les explica con calma lo que ha pasado. Es así como abre sus corazones a la fe. Podríamos decir que aquí estamos ante la descripción de un discipulado pascual. Es este encuentro el que permite comprender plenamente el misterio pascual. Nadie puede decir que conoce a Jesús si no se encuentra personalmente con Él, si no es su discípulo y pasa de la cruz a la celebración de la vida.

Oración: Ven a nuestra comunidad, Jesús, y llénanos de vida y esperanza con la fuerza de tu resurrección.

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Viernes 10
San Miguel De Los Santos
Hch 4, 1-12; Sal 117, 1-2.4.22-27; Jn 21, 1-14

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, apodado el Mellizo; Natanael, el de Caná de Galilea; los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. Simón Pedro les dice: «Me voy a pescar». Ellos contestan: «Vamos también nosotros contigo». Salieron y se embarcaron; y aquella noche no pescaron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les dice: «Muchachos, ¿tienen pescado?». Ellos contestaron: «No». Él les dice: «Echen la red a la derecha de la barca y encontrarán». La echaron, y no podían sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo a quien Jesús amaba le dice a Pedro: «Es el Señor». Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos doscientos codos, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice: «Traigan de los peces que acaban de pescar». Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: «Vamos, almuercen». Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.

Reflexión: El pasaje bíblico de hoy tiene distintas resonancias con los relatos de la vocación de los primeros discípulos narrados por Marcos, Mateo y Lucas. Es imposible no relacionar esta aparición del Resucitado con el comienzo de la misión de Jesús. El Maestro resucitado va a buscar a sus discípulos a Galilea, a la orilla del mar. Allá han vuelto a sus labores habituales, pero su trabajo no tiene los resultados que esperan. Mucho esfuerzo, pero estéril. La palabra del Resucitado cambia esa realidad y el asombro da paso al reconocimiento del Señor. Entonces inicia una escena de profunda cercanía y amistad, que restablece la confianza y trae a la memoria todo lo vivido con Jesús. En otras palabras, en Galilea renace el amor primero.

Oración: Quiero retornar a mi Galilea, Jesús, para volver a sentir tu voz en esta nueva etapa de mi vida y fortalecer mi discipulado.

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Sábado 11
Santa Gemma Galgani
Hch 4, 13-21; Sal 117, 1.14-21; Mc 16, 9-15

Evangelio: Vayan al mundo entero y proclamen el Evangelio.
Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando. Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron. Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando al campo. También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no les creyeron. Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo: «Vayan al mundo entero y proclamen el Evangelio a toda la creación».

Reflexión: Este final del Evangelio de Marcos recoge las tradiciones pascuales de los otros relatos evangélicos y nos brinda una bella síntesis de lo que constituye la Pascua: el encuentro con el Resucitado y el envío a la misión. Por otra parte, hace un fuerte hincapié en la incredulidad de los discípulos. Estos rechazan el testimonio de María Magdalena y de otros dos discípulos. Jesús, sin embargo, les muestra que esta actitud es una barrera que impide vivir la experiencia de la Pascua, pues la fe pascual se funda en el testimonio de los discípulos y en el encuentro con el Resucitado. ¿Cómo vivir la misión si no hay fe?

Oración: Jesús, hoy renuevo mi fe en ti. Te doy gracias porque el testimonio de la Iglesia me ha llevado al encuentro contigo.

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Domingo 12 - Domingo de la Misericordia - 2° de Pascua
San Julio I, Papa
Hch 2, 42-47; Sal 117, 2-4.13-15.22-24; 1 P 1, 3-9; Jn 20, 19-31

Evangelio: Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en eso entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a ustedes». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Reciban el Espíritu Santo; a quienes ustedes perdonen los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengan, les quedan retenidos». Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no lo creo». A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a ustedes». Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo: aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!». Jesús le dijo: «Porque me has visto has creído. Bienaventurados los que crean sin haber visto». Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre».

Reflexión: Jesús resucitado rompe todos los cerrojos y vence todos los miedos para otorgarnos sus dones. El primer don que nos da es su paz, una paz perseverante que no se deja vencer por la adversidad. El segundo don es el Espíritu Santo, el cual nos llevará a la plenitud de la verdad pascual. El tercer don es el perdón, que reconstruye la comunidad y recupera la comunión perdida por la traición. En Tomás estamos representados todos. Nuestro reto es creer en el testimonio que otros nos dan sobre Jesús; pero encontrarse personalmente con Él también es posible. Tocamos sus heridas, por ejemplo, durante la Eucaristía y en el encuentro con los que sufren. La fe que brota de tocar las llagas del Resucitado nos hace confesar: «¡Señor mío y Dios mío!».

Oración: Eres mi Señor y mi Dios, Jesús. Te reconozco y te adoro en la Eucaristía y en las llagas de los que sufren.

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Lunes 13
San Martín I, Papa y mártir
Hch 4, 23-31; Sal 2, 1-9; Jn 3, 1-8

Evangelio: Había un hombre del grupo de los fariseos llamado Nicodemo, jefe judío. Este fue a ver a Jesús de noche y le dijo: «Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él». Jesús le contestó: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios». Nicodemo le pregunta: «¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?». Jesús le contestó: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: “Tienen que nacer de nuevo”; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabemos de dónde viene ni adónde va. Así es todo lo que ha nacido del Espíritu».

Reflexión: Comenzamos la lectura continua del capítulo 3 de Juan, que gira en torno al diálogo de Jesús con Nicodemo, un influyente líder de la comunidad judía que acude a Jesús de noche. ¿Por prudencia? ¿Por temor a sus correligionarios? La inquietud de Nicodemo es sincera: reconoce que Jesús es un maestro acreditado por Dios por medio de los signos que realiza. Su diálogo busca la verdad. Jesús le plantea un desafío espiritual muy profundo y aparentemente imposible: «Tienes que nacer de nuevo, pero en el Espíritu». El Bautismo, que renovamos hace una semana, es el punto de partida para conocer verdaderamente al Maestro Jesús.

Oración: Jesús, ayúdame a ser cada vez más consciente de mi Bautismo y que eso nos ilumine para comprender mejor tu Evangelio.

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Martes 14
San Telmo
Hch 4, 32-37; Sal 92, 1-2.5; Jn 3, 7b-15

Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: «Tiene que nacer de nuevo; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu». Nicodemo le preguntó: «¿Cómo puede suceder eso?». Le contestó Jesús: «¿Tú eres maestro en Israel, y no lo entiendes? En verdad, en verdad te digo: hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no reciben nuestro testimonio. Si les hablo de las cosas terrenas y no me creen, ¿cómo creerán si les hablo de las cosas celestiales? Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del Hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del Hombre, para que todo el que cree en Él tenga vida eterna».

Reflexión: Según los Evangelios sinópticos, Jesús fue concebido por obra del Espíritu Santo, es decir, viene del ámbito divino. No obstante, cuando fue elevado en la cruz, compartió con nosotros la vida que viene de Dios, vida según el Espíritu, vida eterna. Mirar al que fue traspasado por nuestros pecados, como hicieron los israelitas con la serpiente de bronce, suscita en nosotros la fe que salva. «Nacer de nuevo» se refiere al agua del Bautismo, pero, sobre todo, indica que nacemos del Espíritu cuando creemos en Jesús y en Aquel que lo envió: el Padre Dios. Es de esta fe de donde brota la vida nueva.

Oración: Creo en ti, Jesús, que diste tu vida por mí; creo en el Padre, que te envió para nuestra salvación; creo en el Espíritu Santo que nos hace nacer a una vida nueva.

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Miércoles 15
San Damián de Molokai
Hch 5, 17-26; Sal 33, 2-9; Jn 3, 16-21

Evangelio: Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios. Este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.

Reflexión: Un aspecto crucial para renovar la fe de Nicodemo es acoger a Jesús como don de Dios, un Dios que es Padre y que nos entrega a su mismo Hijo. Esa es la clave de todo, porque para creer esto Nicodemo debe volver a nacer del Espíritu y dejarse guiar por Él. El segundo aspecto consiste en que Jesús vino a salvar, a reconciliar, a amar, y nuestra adhesión a Él es la que determina también nuestra salvación. Nicodemo está siendo invitado a unirse a Jesús como su discípulo, es llamado a obrar la verdad y dejar aquel mundo de tinieblas, de mentiras, que rechaza a Jesús y huye de Él. Seguir a Jesús es creer en Él y en todo lo que Él nos revela. Seguirlo es entrar en comunión con su Padre y obrar según el plan de Dios.

Oración: Creo en ti, Jesús. Te sigo y me entrego a ti para dar gloria a tu Padre Dios.

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Jueves 16
Santa Bernardita
Hch 5, 27-33; Sal 33, 2.9.17-20; Jn 3, 31-36

Evangelio: El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. De lo que ha visto y ha oído da testimonio, y nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz. El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque da el Espíritu sin medida. El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano. El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.

Reflexión: El evangelio de hoy nos presenta al Hijo como el testigo veraz del Padre Dios, porque comunica sus palabras, porque nos entrega su Espíritu, porque solo Él nos da la plenitud de la vida. No hay duda de que, en la relación con Jesús, Nicodemo está llamado a ir más allá del encuentro con cualquier otro maestro de Israel. Jesús es el Hijo de Dios y Nicodemo debe replantear su fe judía y abrir su corazón a esta verdad antigua y nueva. Nicodemo sabía que Jesús venía de Dios, pero no esperaba que su encuentro con Él se pareciera a una teofanía, es decir, que fuera una manifestación de Dios.

Oración: Jesús, tú eres verdaderamente el Hijo de Dios. Tú tienes palabras de vida eterna.

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Viernes 17
San Roberto, abad
Hch 5, 34-42; Sal 26, 1.4.13-14; Jn 6, 1-15

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del mar de Galilea o de Tiberíades. Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos. Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos y, al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe: «¿Con qué compraremos panes para que coman estos?». Lo decía para probarlo, pues bien sabía Él lo que iba a hacer. Felipe le contestó: «Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo». Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?». Jesús dijo: «Digan a la gente que se siente en el suelo». Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; solo los hombres eran unos cinco mil. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: «Recojan los pedazos que han sobrado; que nada se pierda». Los recogieron y llenaron doce canastos con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía: «Este es verdaderamente el profeta que va a venir al mundo». Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña Él solo.

Reflexión: Luego de leer la escena de Jesús con Nicodemo, pasamos hoy a la lectura continua del capítulo 6 de Juan, que inicia con la multiplicación de los panes y los peces. La fe de los discípulos debe seguir madurando ante este nuevo desafío: ¿cómo cuidar del pueblo de Dios? Las respuestas van llegando poco a poco: ¿con dinero y muchos víveres o aprendiendo a compartir lo poco que tenemos? Jesús actúa como un pastor que se preocupa por su rebaño, los hace sentar sobre la hierba y realiza un gesto que recuerda a un padre de familia en una comida judía: toma el alimento, da las gracias y lo reparte. La saciedad y los restos indican que el tiempo de la plenitud de Dios ha llegado.

Oración: Aquí estamos, Jesús, te seguimos, somos tu pueblo, tu familia. Sacia nuestra hambre y sed de justicia, nuestra hambre y sed de ti.

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Sábado 18
Nuestra Señora del Valle de Catamarca
Hch 6, 1-7; Sal 32, 1-2.4-5.18-19; Jn 6, 16-21
o bien de la Virgen: Hech 1, 12-14; Sal. Lc 1, 46-55; Lc 1, 26-28

Evangelio: Al oscurecer, los discípulos de Jesús bajaron al mar, embarcaron y empezaron la travesía hacia Cafarnaúm. Era ya noche cerrada, y todavía Jesús no los había alcanzado; soplaba un viento fuerte, y el lago se iba encrespando. Habían remado unos veinticinco o treinta estadios, cuando vieron a Jesús que se acercaba a la barca, caminando sobre el mar, y se asustaron. Pero Él les dijo: «Soy yo, no teman». Querían recogerlo a bordo, pero la barca tocó tierra en seguida, en el sitio a donde iban.

Reflexión: La escena describe unas condiciones de gran fragilidad: los discípulos están en la barca, en medio del mar, azotados por una fuerte tempestad y navegando a tientas entre la oscuridad de la noche. En medio de esta desesperada condición, se hace presente Jesús como Señor que domina el oleaje del mar y todas las demás adversidades. Este pasaje evangélico nos recuerda el triunfo de Jesús resucitado sobre todos los signos de muerte. Hoy también nos sentimos identificados con los discípulos frágiles y temerosos, pero confiados en su Señor. Él es nuestro escudo y salvador. No tememos a ninguna adversidad porque Jesús está con nosotros.

Oración: Jesús, enséñanos a vencer todos nuestros temores con la fuerza de tu presencia.

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Domingo 19 - 3° de Pascua
San Expedito
Hch 2, 14.22-33; Sal 15, 1-2.5.7-11; 1 P 1, 17-21; Lc 24, 13-35

Evangelio: Aquel mismo día, el primero de la semana, dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos setenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo: «¿Qué conversación es esa que traen mientras van de camino?». Ellos se detuvieron con aire entristecido. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabe lo que ha pasado estos días?». Él les dijo: «¿Qué?». Ellos le contestaron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que Él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a Él no lo vieron». Entonces Él les dijo: «¡Qué necios y torpes son para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?». Y, comenzado por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a Él en todas las Escrituras. Llegaron cerca de la aldea adonde iban y Él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída». Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero Él desapareció de su vista. Y se dijeron el uno al otro: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?». Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón». Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Reflexión: Volvemos a leer el pasaje de los discípulos de Emaús, pero en un contexto distinto, con el camino pascual ya bastante avanzado. Los hechos narrados en el relato se desarrollan el domingo, el tercer día después de la crucifixión de Jesús. En la mañana, estos discípulos habían escuchado el testimonio de la resurrección de boca de las mujeres, pero, por la tarde, emprende la marcha a Emaús, aunque unas horas después los vemos de nuevo en Jerusalén. ¿Por qué regresaron? Porque el encuentro con Jesús derribó su escepticismo y ahora ellos mismos pueden confesar: «Era verdad, ha resucitado el Señor...». El encuentro con el Resucitado no fue un momento, fue un proceso, una jornada, un largo recorrido.

Oración: Tú, Jesús, eres nuestro compañero de camino. Haz arder nuestro corazón con la luz de tu Palabra
y abre nuestros ojos con tu presencia eucarística.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 19 ABRIL 2026, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

Lunes 20
San Marcelino, obispo
Hch 6, 8-15; Sal 118, 23-24.26-27.29-30; Jn 6, 22-29

Evangelio: Después de que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el mar. Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar notó que allí no había habido más que una barca y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos. Entretanto, unas barcas de Tiberíades llegaron cerca del sitio donde habían comido el pan después que el Señor había dado gracias. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaúm en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo has venido aquí?». Jesús les contestó: «En verdad, en verdad les digo: me buscan no porque han visto signos, sino porque comieron pan hasta saciarse. Trabajen no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que les dará el Hijo del Hombre; pues a este lo ha sellado el Padre, Dios». Ellos le preguntaron: «Y ¿qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?». Respondió Jesús: «La obra de Dios es esta: que crean en el que Él ha enviado».

Reflexión: Volvemos al capítulo 6 de Juan. El pueblo saciado con la multiplicación de los panes busca a su Mesías. La ocasión es presentada por Juan como una oportunidad para que Jesús profundice en su misión y mensaje. Retoma el plano de la vida eterna y plantea la propuesta de Dios: que creamos en su enviado Jesús. Creer implica búsqueda y seguimiento, supone adhesión a la persona misma de Jesús, pero también la comprensión del misterio que Él revela, el cual trasciende la propia realidad. Lo único que nos pide Jesús en este momento es escucha, apertura y docilidad.

Oración: Escucharte es para mí la mayor alegría, Jesús, y seguirte, un desafío constante de ir siempre más allá de mí mismo, más allá de mi propia realidad.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 20 ABRIL 2026, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

Martes 21
San Anselmo, obispo y doctor
Hch 7, 51—8, 1a; Sal 30, 3-4.6-8.17.21; Jn 6, 30-35

Evangelio: En aquel tiempo, el gentío dijo a Jesús: «¿Y qué signo haces tú, para que veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Pan del cielo les dio a comer”». Jesús les replicó: «En verdad, en verdad les digo: no fue Moisés quien les dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que les da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo». Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de este pan». Jesús les contestó: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás».

Reflexión: El diálogo entre el pueblo y su pastor continúa. Jesús, así como Moisés, también dio de comer a la multitud, pero el verdadero signo no era el pan. Como hemos escuchado antes, en el diálogo con Nicodemo, y ayer, el alimento debe trascender su significado y generar una pedagogía liberadora, no manipuladora. Los romanos tenían un principio para dominar a su pueblo: darles «pan y circo» para mantenerlos entretenidos. Jesús no trae un pan como ese. Sus signos deben suscitar un proyecto de vida nuevo que conduzca a cada persona a su plenitud, a la saciedad de sus anhelos más auténticos.

Oración: Jesús, voy al encuentro contigo, quiero saciar mi hambre y sed de verdad y justicia.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 21 ABRIL 2026, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

Miércoles 22
San Lucio
Hch 8, 1b-8; Sal 65, 1-7; Jn 6, 35-40

Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás; pero, como les he dicho, me han visto y no creen. Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera, porque he bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Esta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día. Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en Él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día».

Reflexión: ¡Jesús es el pan! Encontrarse y creer en Él es vivir la vida eterna. Él sacia el hambre y la sed de quienes lo buscan. Ellos son un regalo de su Padre: Jesús no puede perder nada de ese don, es más, debe asegurar la vida eterna de cada uno. Nosotros, los que lo buscamos, somos ese regalo del Padre al Hijo y, como tales, somos recibidos por Jesús en su infinito amor al Padre. De allí nace su vocación de entregar la vida por nosotros, de darse totalmente como el pan para hacernos partícipes de esa misma vida.

Oración: Soy un regalo del Padre para ti, Jesús. Por eso me amas y das tu vida por mí, por eso me das la vida que viene de ti.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 22 ABRIL 2026, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

Jueves 23
San Jorge
Hch 8, 26-40; Sal 65, 8-9.16-17.20; Jn 6, 44-51

Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío: «Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado, y yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en los profetas: “Serán todos discípulos de Dios”. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí. No es que alguien haya visto al Padre, a no ser el que está junto a Dios: ese ha visto al Padre. En verdad, en verdad les digo: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Sus padres comieron en el desierto el maná y murieron; este es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».

Reflexión: Hay un gran peligro en el seguimiento de Jesús: creer que ser discípulos suyos es un privilegio y que esta vocación nos hace mejores que los demás. Así se sentían los adversarios de Jesús respecto de su fe judía. Jesús, por el contrario, nos recuerda las palabras del profeta Isaías (Is 54, 13): «Todos serán discípulos de Dios». Ese «todos» resuena con fuerza para recordarnos que solo somos parte de todos aquellos que deben seguirlo. Nosotros estamos invitados a colaborar en el cumplimiento de esa promesa profética. Debemos favorecer la escucha de la Palabra de Dios y suscitar con nuestro testimonio de caridad la fe de todos los pueblos.

Oración: Jesús, dame un corazón grande como el tuyo, donde quepa toda la humanidad.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 23 ABRIL 2026, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

Viernes 24
San Fidel de Sigmaringa
Hch 9, 1-20; Sal 116, 1-2; Jn 6, 52-59

Evangelio: En aquel tiempo, disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?». Entonces Jesús les dijo: «En verdad, en verdad les digo: si no comen la carne del Hijo del Hombre y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de sus padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre». Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaúm.

Reflexión: Hoy concluimos con la lectura del capítulo 6 de Juan. El final del pasaje, nos ofrece una indicación interesante: la revelación de Jesús como pan de vida ocurrió en la sinagoga de Cafarnaúm. La sinagoga es el lugar del encuentro y la oración de la comunidad judía en torno a la Palabra de Dios. Así se refuerza la unidad entre la carne, la sangre y la palabra que forman una sola realidad para saciar el hambre y la sed de una humanidad que camina como oveja sin pastor. Pero es entendible la objeción de los adversarios de Jesús. Todavía hoy nos cuesta comprender la perfecta comunión con la persona de Jesús, reconociendo en el pan y el vino eucarísticos el verdadero cuerpo y sangre de Jesús, la Palabra hecha carne.

Oración: Creo, Señor, firmemente que en la Eucaristía puedo vivir plenamente la comunión contigo.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 24 ABRIL 2026, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

Sábado 25
San Marcos, evangelista
1 P 5, 5b-14; Sal 88, 2-3.6-7.16-17; Mc 16, 15-20

Evangelio: En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: «Vayan al mundo entero y proclamen el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, tomarán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos». Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos se fueron a pregonar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.

Reflexión: Hoy nos enfocamos en alguien que vivió la Pascua personalmente y la convirtió en una novedosa narración a la que la llamó «evangelio». Gracias a Marcos, la comunidad de Roma encontró un camino de evangelización renovador, una vida comunitaria revitalizada. Tres fueron sus grandes aportes. Primero, si quieres renovar la fe, concéntrate en conocer a Jesús. Segundo, Marcos propone definir nuestra relación con Jesús y entre nosotros como la de los discípulos con su maestro, una dinámica existencial de crecimiento permanente y desafío constante de fidelidad. Tercero, centrarnos en la cruz como culmen de la revelación de la más profunda identidad de Jesús como Hijo de Dios.

Oración: Jesús, tú eres el Cristo, el Hijo de Dios. Me llamaste a ser tu discípulo y te sigo en medio de las pruebas.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 25 ABRIL 2026, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

Domingo 26 - IV Domingo de Pascua, del Buen Pastor

Hch 2, 14a.36-41; Sal 22, 1-6; 1 P 2, 20b-25; Jn 10, 1-10

Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús: «En verdad, en verdad les digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños». Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: «En verdad, en verdad les digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante».

Reflexión: El cuarto domingo de Pascua es conocido también como el domingo del Buen Pastor, porque se proclama el capítulo 10 de Juan, en el cual Jesús se identifica con esa imagen. Esta vez, leemos el inicio de esta gran parábola. Las condiciones para ser auténticos pastores del rebaño de Dios son pasar por la puerta y hablar con la voz del pastor. Jesús es la puerta, hay que pasar a través de su vida, sus gestos, su entrega en la cruz. No podemos evadirlo. Además, nuestra voz debe afinarse con el tono de su palabra. En definitiva, el criterio es convertir nuestra vida en un proyecto que da vida a los demás, que da la vida de Jesús y que, por eso mismo, no desilusiona, sino que trasciende siempre nuestra historia.

Oración: Tú eres el buen pastor, tú eres la puerta, la voz que escuchan las ovejas, la vida siempre abundante. Enséñame a ser como tú, Jesús.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 26 ABRIL 2026, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

Lunes 27
Santo Toribio de Mogrovejo, obispo
2 Tim 1, 13-14; 2, 1-3 Salmo 95; 1-3.7-8ª 10; Mt 9, 35-38

Evangelio: Vayan y hagan discípulos de todos los pueblos.
En aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando todo enfermedad y toda dolencia. Al ver a la multitud, sintió compasión, porque andaban afligidos y desamparados como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: «La mies es mucha y los obreros pocos. Pidan, al Dueño de la mies que envíe obreros para la cosecha».

Reflexión: Recordamos hoy a un santo obispo que fue la imagen del buen pastor en América Latina. Santo Toribio sigue siendo el pastor que cuida de su rebaño intercediendo por él ante Jesús, el buen pastor. Como obispo misionero, recorrió todos los caminos y se encontró con todos sus hermanos y hermanas para consolarlos, mostrarles el rostro misericordioso de Dios y ser signo profético de justicia y salvación. Los más pobres y desvalidos sintieron que en él se cumplía la promesa de Jesús de estar siempre con su pueblo. Recordar su historia y celebrar su memoria nos compromete en nuestra vocación evangelizadora y solidaria, especialmente con los más pobres.

Oración: Jesús, que seamos como santo Toribio de Mogrovejo, signos de vida y esperanza para tu pueblo.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 27 ABRIL 2026, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

Martes 28
Beata María Felicia (Chiquitunga)
Hch 11, 19-26; Sal 86, 1-7; Jn 10, 22-30

Evangelio: Se celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación del templo. Era invierno, y Jesús se paseaba en el templo por el pórtico de Salomón. Los judíos, rodeándolo, le preguntaban: «¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente». Jesús les respondió: «Se lo he dicho, y no creen; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, esas dan testimonio de mí. Pero ustedes no creen, porque no son de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Lo que mi Padre me ha dado es más que todas las cosas, y nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno».

Reflexión: Concluimos hoy con la lectura del capítulo 10 de Juan. Ahora la cuestión, en vez del pastor, se centra en explicar cuál es el verdadero rebaño. Sus ovejas, explica Jesús, se caracterizan porque escuchan la voz del buen pastor, lo siguen y creen en Él. De eso depende la participación en la vida que Él puede darles. Cerrar los oídos a su voz, rechazarlo o no creer en Él tiene consecuencias: aparta de la comunión con Dios porque Jesús y el Padre Dios viven en una perfecta unidad. Jesús, asimismo, había advertido que su rebaño tenía un alcance universal, porque no todas las ovejas estaban en su redil. Por eso, lo que distingue al redil de Jesús es la actitud, no las prerrogativas del espacio o del tiempo.

Oración: Abre mis oídos a tu voz, abre mi corazón a tu amor, para que te pueda seguir con pasión y aprenda a dar la vida como tú, Jesús, mi buen pastor.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 28 ABRIL 2026, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

Miércoles 29
Santa Catalina de Siena, virgen y doctora (MO)
Hch 12, 24—13, 5a; Sal 66, 2-3.5-6.8; Jn 12, 44-50

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús gritó diciendo: «El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me ha enviado. Y el que me ve a mí, ve al que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, y así, el que cree en mí no quedará en tinieblas. Al que oiga mis palabras y no las cumpla, yo no lo juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no acepta mis palabras tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he pronunciado, esa lo juzgará en el último día. Porque yo no he hablado por cuenta mía; el Padre que me envió es quien me ha ordenado lo que he de decir y cómo he de hablar. Y sé que su mandato es vida eterna. Por tanto, lo que yo hablo, lo hablo como me ha encargado el Padre».

Reflexión: El tiempo de Pascua es el más propicio para suscitar o renovar nuestra fe en Jesús. Esta fe no se reduce a un acto intelectual, sino, ante todo, consiste en una experiencia personal y comunitaria de adhesión a Jesús y a Aquel que lo envió. La fe tampoco es un acto meramente individual, sino comunitario, eclesial. Jesús resucitado nos recuerda insistentemente que estar en comunión con Él es entrar en comunión con su Padre. Usa una imagen vital para describir ese encuentro con Él: la luz. Quien busca la luz, lo encuentra. Él trae luz para todos, Él busca la salvación de todos. No vino a destruir, sino a ofrecer vida. Ese es el plan de Dios para toda la humanidad.

Oración: Me uno con entusiasmo a tu plan de vida y salvación para todos, Jesús. Tú eres la luz que disipa mis tinieblas.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 29 ABRIL 2026, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

Jueves 30
San Pío V, Papa (ML)
Hch 13, 13-25; Sal 88, 2-3.21-22.25.27; Jn 13, 16-20

Evangelio: Cuando Jesús terminó de lavar los pies a sus discípulos les dijo: «En verdad, en verdad les digo: el criado no es más que su amo, ni el enviado es más que el que lo envía. Puesto que saben esto, dichosos ustedes si lo ponen en práctica. No lo digo por todos ustedes; yo sé bien a quiénes he elegido, pero tiene que cumplirse la Escritura: “El que compartía mi pan me ha traicionado”. Se lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda crean que yo soy. En verdad, en verdad les digo: el que recibe a quien yo envíe me recibe a mí; y el que me recibe a mí recibe al que me ha enviado».

Reflexión: Jesús nos recuerda hoy que la senda de la Pascua es un camino que celebra la fidelidad. Los que pasamos por la prueba de la pasión y muerte de Jesús y fuimos sanados por sus llagas, ahora vivimos el gozo de experimentar su cercanía y su amor sin límites. Es en el marco de esa intimidad de reconciliación y ternura que brota el testimonio misionero. Hemos sido misericordiados por Él, como decía el Papa Francisco, y ahora participamos de la comunión con su Padre, a quien ahora llamamos nuestro Padre. Éramos traidores, lo habíamos negado y abandonado dejándolo solo, pero ahora estamos dispuestos a dar la vida por los hermanos, como Él nos enseñó al lavarnos los pies y morir en la cruz.

Oración: Te hemos traicionado, Jesús, pero tú nos perdonaste muriendo por nosotros. Ayúdanos a servir y a dar la vida como tú.

PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 30 DE ABRIL 2026, HAGA CLIC AQUÍ:

 

 

 
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