MEDITACIÓN DIARIA
DEL EVANGELIO - ABRIL 2026 -Por P. Guillermo de Jesús Acero Alvarín-
Intención del Papa para el mes de ABRIL: Oremos por los sacerdotes que atraviesan momentos de crisis en su vocación, para que encuentren el acompañamiento necesario y que las comunidades los apoyen con comprensión y oración.
Miércoles 01 - MIÉRCOLES SANTO
San Hugo
Is 50, 4-9a; Sal 68, 8-10.21-22.31.33-34; Mt 26, 14-25
Evangelio: En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso: «¿Qué están dispuestos a darme si se lo entrego a ustedes?». Ellos se ajustaron con él en treinta monedas de plata. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo. El primer día de los Ácimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: «¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?». Él contestó: «Vayan a la ciudad, a casa de quien ustedes saben, y díganle: “El Maestro dice: mi hora está cerca; voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos”». Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían, dijo: «En verdad les digo que uno de ustedes me va a entregar». Ellos, muy entristecidos, se pusieron a preguntarle uno tras otro: «¿Soy yo acaso, Señor?». Él respondió: «El que ha metido conmigo la mano en la fuente, ese me va a entregar. El Hijo del Hombre se va como está escrito de Él; pero, ¡ay de aquel por quien el Hijo del Hombre es entregado!, ¡más le valdría a ese hombre no haber nacido!». Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: «¿Soy yo acaso, Maestro?». Él respondió: «Tú lo has dicho».
Reflexión: En nuestra mesa eucarística sigue resonando ese diálogo profético: «Uno de ustedes me va a entregar… ¿Soy yo acaso, Maestro?... Tú lo has dicho». La Pascua de Jesús es un banquete de misericordia que pasa por la denuncia y la invitación a la conversión. El evangelista Juan nos mostrará mañana a Jesús lavando los pies a sus discípulos en un acto que invita a los traidores a recapacitar y a no perder la comunión. El pasaje de hoy también nos ofrece un diálogo exhortativo, un diálogo de corazón a corazón que recuerda que Jesús entregará libremente su vida por todos, pero la traición no es la vía de la justicia ni de la verdad que el Maestro invita a recorrer.
Oración: Perdóname, Jesús. He pecado contra el cielo y contra ti.
PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 1 ABRIL 2026, HAGA CLIC AQUÍ:
Jueves 02 - JUEVES SANTO
San Francisco de Paula, ermitaño (ML)
Ex 12, 1-8.11-14; Sal 115, 12-13.15-18; 1 Co 11, 23-26; Jn 13, 1-15
Evangelio: Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando, cuando el diablo ya había metido en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, la idea de entregar a Jesús. Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la mesa, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en un recipiente y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. Llegó a Simón Pedro, y este le dijo: «Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?». Jesús le replicó: «Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde». Pedro le dijo: «No me lavarás los pies jamás». Jesús le contestó: «Si no te lavo, no tendrás parte conmigo». Simón Pedro le dijo: «Señor, no solo los pies, sino también las manos y la cabeza». Jesús le dijo: «Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También ustedes están limpios, aunque no todos». Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos están limpios». Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: «¿Comprenden lo que he hecho con ustedes? Ustedes me llaman “el Maestro” y “el Señor”, y dicen bien, porque lo soy. Pues si yo, que soy el Maestro y el Señor, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros; les he dado ejemplo, para que lo que hice con ustedes, ustedes también lo hagan».
Reflexión: Iniciamos hoy tres días de apasionado seguimiento del Maestro Jesús, que nos llevarán a padecer, morir y resucitar con Él. En esta noche, la luz brilla para que podamos reconocer su rostro humilde y lleno de amor por nosotros. Nos lava los pies, porque esa es la misión que nos deja: «Ustedes también deben lavarse los pies unos a otros». En otras palabras, ustedes deben ser servidores de todos como el humilde siervo que les lava los pies. La diaconía no es un ministerio de pocos, es el distintivo de todo discípulo y discípula de Jesús. Es desde la humildad que se vive la cruz y se espera la resurrección.
Oración: Proclamaré siempre tu misericordia, Señor. Acepto el reto de seguirte hasta la cruz y morir contigo para poder resucitar.
PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 2 ABRIL 2026, HAGA CLIC AQUÍ:
Viernes 03 - Viernes santo - Pasión de Nuestro Señor Jesucristo
San Sixto I, Papa
Is 52, 13—53, 12; Sal 30, 2.6.12-13.15-17.25; Hb 4, 14-16; 5, 7-9; Jn 18, 1—19, 42
? = Sacerdote, C = Cronista, S = Otros personajes
Evangelio: C. En aquel tiempo, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí Él y sus discípulos. Judas, el que lo iba a entregar, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos. Judas entonces, tomando una cohorte y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró allá con faroles, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que venía sobre Él, se adelantó y les dijo: ? «¿A quién buscan?». C. Le contestaron: S. «A Jesús, el Nazareno». C. Les dijo Jesús: ? «Yo soy». C. Estaba también con ellos Judas, el que lo iba a entregar. Al decirles: «Yo soy», retrocedieron y cayeron a tierra. Les preguntó otra vez: ? «¿A quién buscan?». C. Ellos dijeron: S. «A Jesús, el Nazareno». C. Jesús contestó: ? «Les he dicho que soy yo. Si me buscan a mí, dejen marchar a estos». C. Y así se cumplió lo que había dicho: «No he perdido a ninguno de los que me diste». Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro: ? «Mete la espada en la vaina. El cáliz que me ha dado mi Padre, ¿no lo voy a beber?».
C. La cohorte, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero a Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año; Caifás era el que había dado a los judíos este consejo: «Conviene que muera un solo hombre por el pueblo». Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedó fuera a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. La criada portera dijo entonces a Pedro: S. «¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?». C. Él dijo: S. «No lo soy». C. Los criados y los guardias habían encendido un brasero, porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose. El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina. Jesús le contestó: ? «Yo he hablado abiertamente al mundo; yo he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a los que me han oído de qué les he hablado. Ellos saben lo que yo he dicho». C. Apenas dijo esto, uno de los guardias que estaba allí le dio una bofetada a Jesús, diciendo: S. «¿Así contestas al sumo sacerdote?». C. Jesús respondió: ? «Si he faltado al hablar, muestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?». C. Entonces Anás lo envió atado a Caifás, sumo sacerdote.
C. Simón Pedro estaba de pie, calentándose, y le dijeron: S. «¿No eres tú también de sus discípulos?». C. Él lo negó, diciendo: S. «No lo soy». C. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le cortó la oreja, le dijo: S. «¿No te he visto yo en el huerto con Él?». C. Pedro volvió a negarlo, y enseguida cantó un gallo.
C. Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era el amanecer, y ellos no entraron en el pretorio para no incurrir en impureza y poder así comer la Pascua. Salió Pilato afuera, adonde estaban ellos, y dijo: S. «¿Qué acusación presentan contra este hombre?». C. Le contestaron: S. «Si este no fuera un malhechor, no te lo entregaríamos». C. Pilato les dijo: S. «Llévenselo ustedes y júzguenlo según su ley». C. Los judíos le dijeron: S. «No estamos autorizados para dar muerte a nadie». C. Y así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir. Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo: S. «¿Eres tú el rey de los judíos?». C. Jesús le contestó: ? «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?». C. Pilato replicó: S. «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?». C. Jesús le contestó: ? «Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi Reino no es de aquí». C. Pilato le dijo: S. «Entonces, ¿tú eres rey?». C. Jesús le contestó: ? «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz». C. Pilato le dijo: S. «Y, ¿qué es la verdad?». C. Dicho esto, salió otra vez adonde estaban los judíos y les dijo: S. «Yo no encuentro en Él ninguna culpa. Es costumbre entre ustedes que por Pascua ponga a uno en libertad. ¿Quieren que les suelte al rey de los judíos?». C. Volvieron a gritar: S. «A ese no, a Barrabás». C. El tal Barrabás era un bandido.
C. Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Y los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le echaron por encima un manto color púrpura; y, acercándose a Él, le decían: S. «¡Salve, rey de los judíos!». C. Y le daban bofetadas. Pilato salió otra vez afuera y les dijo: S. «Miren, se lo saco afuera para que sepan que no encuentro en Él ninguna culpa». C. Y salió Jesús afuera llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo: S. «He aquí al hombre». C. Cuando lo vieron, los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron: S. «¡Crucifícalo, crucifícalo!». C. Pilato les dijo: S. «Llévenselo ustedes y crucifíquenlo, porque yo no encuentro culpa en Él». C. Los judíos le contestaron: S. «Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha hecho Hijo de Dios». C. Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más. Entró otra vez en el pretorio y dijo a Jesús: S. «¿De dónde eres tú?». C. Pero Jesús no le dio respuesta. Y Pilato le dijo: S. «¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?». C. Jesús le contestó: ? «No tendrías ninguna autoridad sobre mí si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor».
C. Desde este momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban: S. «Si sueltas a ese, no eres amigo del César. Todo el que se hace rey está contra el César». C. Pilato entonces, al oír estas palabras, sacó afuera a Jesús y se sentó en el tribunal, en el sitio que llaman «el Enlosado» (en hebreo «Gábbata»). Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Y dijo Pilato a los judíos: S. «He aquí a su rey». C. Ellos gritaron: S. «¡Fuera, fuera; crucifícalo!». C. Pilato les dijo: S. «¿A su rey voy a crucificar?». C. Contestaron los sumos sacerdotes: S. «No tenemos más rey que al César». C. Entonces se lo entregó para que lo crucificaran.
C. Tomaron a Jesús, y, cargando Él mismo con la cruz, salió al sitio llamado «de la Calavera» (que en hebreo se dice “Gólgota”), donde lo crucificaron; y con Él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús. Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: «Jesús, el Nazareno, el rey de los judíos». Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús, y estaba escrito en hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: S. «No escribas “El rey de los judíos”, sino: “Este ha dicho: soy el rey de los judíos”». C. Pilato les contestó: S. «Lo escrito, escrito está».
C. Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, tomaron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Y se dijeron: S. «No la rasguemos, sino echémosla a suerte, a ver a quién le toca». C. Así se cumplió la Escritura: «Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica». Esto hicieron los soldados.
C. Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: ? «Mujer, ahí tienes a tu hijo». C. Luego, dijo al discípulo: ? «Ahí tienes a tu madre». C. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio.
C. Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dijo: ? «Tengo sed». C. Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo: ? «Está cumplido». C. E inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
C. Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día grande, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con Él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también ustedes crean. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso»; y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que traspasaron».
C. Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque oculto por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en los lienzos con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto, un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.
Reflexión: La liturgia de hoy está centrada en la cruz. Primero, participamos de la pasión del Señor escuchando el Evangelio de Juan y dejando que resuene con toda su fuerza en nuestro corazón hasta que la Palabra hecha carne enmudezca porque se ha entregado totalmente por nosotros en la cruz. Luego, contemplamos y abrazamos el signo de la cruz haciéndola nuestra. Finalmente, comulgamos con el cuerpo crucificado de Cristo y nos hacemos una sola realidad con Él. Es ese el camino de la fidelidad, el camino de la verdadera amistad, el camino de la vida. Que al final del día, cuando también nuestras fuerzas flaqueen, podamos decir con Jesús: «Todo está cumplido».
Oración: Jesús, hoy repito contigo: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Padre, en ti confío».
PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 3 ABRIL 2026, HAGA CLIC AQUÍ:
Sábado 04 -Sábado santo - Vigilia Pascual
San Isidoro de Sevilla, obispo y doctor (ML)
1. Gn 1, 1—2, 2; Sal 103, 1-2.5-6.10.12-14.24.35 o bien Sal 32, 4-7.12-13.20.22
2. Gn 22, 1-18; Sal 15, 5.8-11
3. Ex 14, 15—15, 1a; Sal: Ex 15, 1-6.17-18
4. Is 54, 5-14; Sal 29, 2.4-6.11-13
5. Is 55, 1-11; Sal: Is 12, 2-6.
6. Ba 3, 9-15.32—4, 4; Sal 18, 8-11
7. Ez 36, 16-17a.18-28; Sal 41, 3.5; 42, 3-4 o bien Sal 50,12-15.18-19
Rm 6, 3-11; Sal 117, 1-2.16-17.22-23; Mt 28, 1-10 (o bien Lc 24, 1-12)
Evangelio: Pasado el sábado, al alborear el primer día de la semana, fueron María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. Y de pronto tembló fuertemente la tierra, pues un ángel del Señor, bajando del cielo y acercándose, corrió la piedra y se sentó encima. Su aspecto era de relámpago y su vestido blanco como la nieve; los centinelas temblaron de miedo y quedaron como muertos. El ángel habló a las mujeres: «Ustedes, no teman, ya sé que buscan a Jesús el crucificado. No está aquí: ¡ha resucitado!, como había dicho. Vengan a ver el sitio donde yacía y vayan aprisa a decir a sus discípulos: “Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de ustedes a Galilea. Allí lo verán”. Miren, se lo he anunciado». Ellas se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos. De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «Alégrense». Ellas se acercaron, le abrazaron los pies y se postraron ante Él. Jesús les dijo: «No teman: vayan a comunicar a mis hermanos que se marchen a Galilea; allí me verán».
Reflexión: Hoy es el inicio de un nuevo día y de una nueva vida. Un mensajero del cielo confirma lo que Jesús había anunciado a los discípulos: después de padecer y morir a manos de las autoridades judías, resucitaría. Hoy, el anuncio de la resurrección da paso al gozo de una promesa cumplida y el comienzo de un tiempo renovado en el que el temor es vencido para dar paso a la alegría sin ocaso. Hoy morimos con Jesús en la cruz y resucitamos a la vida en las aguas del Bautismo. Nuestra experiencia de seguimiento de Jesús recibe un nuevo impulso, porque volvemos a escuchar: «Tus pecados son perdonados, levántate y vuelve al camino».
Oración: Aleluya, has resucitado, Jesús, y me has dado nueva vida, una vida que nadie podrá arrebatarme.
PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 4 ABRIL 2026, HAGA CLIC AQUÍ:
Domingo 05 - Domingo de Pascua de Resurrección del Señor
San Vicente Ferrer, presbítero (ML)
Hch 10, 34a.37-43; Sal 117, 1-2.16-17.22-23; Col 3, 1-4 o bien 1 Co 5, 6b-8; Jn 20, 1-9
Evangelio: El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto». Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que Él había de resucitar de entre los muertos.
Reflexión: Tal como la vocación de los primeros discípulos de Jesús en el Evangelio de Juan es provocada por el testimonio contagioso de los que van conociendo al Maestro, la fe pascual también inicia con la experiencia personal de la discípula María Magdalena, primera testigo de la resurrección del Señor. Ella, luego, transmite esa fe a Pedro y al discípulo amado. En efecto, la fe pascual inicia con una carrera evangelizadora de relevos que evidencia la urgencia del anuncio y la importancia de compartir con los demás lo vivido. Eso sí, no solo es un mensaje o una doctrina, es una experiencia de vida que lo transforma todo, especialmente nuestra mentalidad, nuestra capacidad de ver y entender la realidad.
Oración: Gracias, Señor, por todas las personas que contribuyeron a mi camino de encuentro contigo.
PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 5 ABRIL 2026, HAGA CLIC AQUÍ:
Lunes 06
Hch 2, 14.22-33; Sal 15, 1-2.5.7-11; Mt 28, 8-15
Evangelio: En aquel tiempo, las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos. De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «Alégrense». Ellas se acercaron, le abrazaron los pies y se postraron ante Él. Jesús les dijo: «No teman: vayan a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán». Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma, encargándoles: «Digan que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras ustedes dormían. Y si esto llega a oídos del gobernador, nosotros nos lo ganaremos y los sacaremos de apuros». Ellos tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy.
Reflexión: El miedo y la alegría se entrelazan en la experiencia de la Pascua. El miedo que genera lo nuevo, la ruptura con esquemas que nos dan seguridad, la incertidumbre de no saber lo que viene y la amenaza que siguen representando los opositores de Jesús. La alegría, por otra parte, está centrada en la vida, en el encuentro con Jesús resucitado. El Evangelio de Mateo nos advierte que la Pascua no es sinónimo de triunfalismo, sino el inicio de una misión que se funda en una fe probada en la cruz y en la confrontación con los enemigos de Jesús. Se percibe que el anuncio de la resurrección de Jesús estará siempre bajo el signo de la contradicción.
Oración: Gracias, Jesús, por renovar mi vocación a seguirte. Confío en tu cercanía en esta Pascua y asumo con entusiasmo las dificultades de la misión.
PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 6 ABRIL 2026, HAGA CLIC AQUÍ:
Martes 07
San Juan Bautista de la Salle, presbítero (MO)
Hch 2, 36-41; Sal 32, 4-5.18-20.22; Jn 20, 11-18
Evangelio: En aquel tiempo, estaba María fuera, junto al sepulcro, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?». Ella contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto». Dicho esto, se vuelve y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?». Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré». Jesús le dice: «¡María!». Ella se vuelve y le dice. «¡Rabbuní!», que significa: «¡Maestro!». Jesús le dice: «No me retengas, que todavía no he subido al Padre. Pero, anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre de ustedes, al Dios mío y Dios de ustedes”». María la Magdalena fue y anunció a los discípulos: «He visto al Señor y ha dicho esto».
Reflexión: El llanto de María Magdalena domina la primera parte del evangelio de hoy. Su llanto expresa el dolor contenido de quien ha sido testigo de la tortura y muerte de Jesús, además de ese gran vacío que deja la ausencia de un cadáver en el sepulcro. Muchas personas, muchas familias y pueblos, en efecto, lloran a sus seres queridos desaparecidos. Hallar su cuerpo traería, al menos, algo de consuelo. Pero la ausencia del Maestro muerto es superada del todo únicamente mediante el encuentro con el Señor resucitado. El diálogo sanador recuerda al corazón la voz del amado, trae de vuelta el amor primero. María, «resucitada», anuncia al Resucitado y comunica a todos la experiencia de su nueva vida.
Oración: Hoy quisiera, Jesús, que pronunciaras nuestros nombres y que, al escuchar tu voz, te reconociéramos tal cual eres: vivo y lleno de amor por todos.
PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 7 ABRIL 2026, HAGA CLIC AQUÍ:
Miércoles 08
Santa Julia Billiart
Hch 3, 1-10; Sal 104, 1-4.6-9; Lc 24, 13-35
Evangelio: Aquel mismo día, el primero de la semana, dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos setenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo: «¿Qué conversación es esa que traen mientras van de camino?». Ellos se detuvieron con aire entristecido. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabe lo que ha pasado estos días?». Él les dijo: «¿Qué?». Ellos le contestaron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que Él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a Él no lo vieron». Entonces Él les dijo: «¡Qué necios y torpes son para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?». Y, comenzado por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a Él en todas las Escrituras. Llegaron cerca de la aldea adonde iban y Él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída». Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero Él desapareció de su vista. Y se dijeron el uno al otro: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?». Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón». Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
Reflexión: El camino de Emaús es un itinerario sanador de la mirada y del corazón. La experiencia de la cruz fue muy traumática para los discípulos. Los llenó de dudas y desconcierto. Por eso, el encuentro con Jesús es terapéutico. El Resucitado, en efecto, emplea cuatro técnicas sanadoras: camina con los discípulos, dialoga permitiéndoles que desahoguen su dolor, les explica las Escrituras y comparte la Eucaristía. La Palabra hace arder el corazón de los discípulos y el pan eucarístico les abre los ojos y pueden reconocer al Señor. Este encuentro, a su vez, sanó su relación con la comunidad de Jerusalén, vuelven a ella inmediatamente para confirmar la fe de los apóstoles.
Oración: Camina con nosotros, Jesús. Háblanos al corazón y renueva nuestro amor a la Iglesia.
PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 8 ABRIL 2026, HAGA CLIC AQUÍ:
Jueves 09
San Demetrio
Hch 3, 11-26; Sal 8, 2.5-9; Lc 24, 35-48
Evangelio: En aquel tiempo, los discípulos de Jesús contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando Él se presentó en medio de ellos y les dice: «Paz a ustedes». Pero ellos, aterrorizados y llenos de miedo, creían ver un espíritu. Y Él les dijo: «¿Por qué se alarman?, ¿por qué surgen dudas en su corazón? Miren mis manos y mis pies: soy yo en persona. Pálpenme y dense cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos, como ven que yo tengo». Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Pero como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: «¿Tienen ahí algo de comer?». Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo: «Esto es lo que les dije mientras estaba con ustedes: que era necesario que se cumpliera todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí». Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y les dijo: «Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Ustedes son testigos de esto».
Reflexión: Jesús murió y resucitó, pero lo que hace que los discípulos vivan la fe pascual es el encuentro con Él. Jesús se pone en medio de ellos cuando están todos reunidos, come del mismo alimento, dialoga con ellos y, bajo la luz de la Sagrada Escritura, les explica con calma lo que ha pasado. Es así como abre sus corazones a la fe. Podríamos decir que aquí estamos ante la descripción de un discipulado pascual. Es este encuentro el que permite comprender plenamente el misterio pascual. Nadie puede decir que conoce a Jesús si no se encuentra personalmente con Él, si no es su discípulo y pasa de la cruz a la celebración de la vida.
Oración: Ven a nuestra comunidad, Jesús, y llénanos de vida y esperanza con la fuerza de tu resurrección.
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Viernes 10
San Miguel De Los Santos
Hch 4, 1-12; Sal 117, 1-2.4.22-27; Jn 21, 1-14
Evangelio: En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, apodado el Mellizo; Natanael, el de Caná de Galilea; los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. Simón Pedro les dice: «Me voy a pescar». Ellos contestan: «Vamos también nosotros contigo». Salieron y se embarcaron; y aquella noche no pescaron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les dice: «Muchachos, ¿tienen pescado?». Ellos contestaron: «No». Él les dice: «Echen la red a la derecha de la barca y encontrarán». La echaron, y no podían sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo a quien Jesús
amaba le dice a Pedro: «Es el Señor». Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos doscientos codos, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice: «Traigan de los peces que acaban de pescar». Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: «Vamos, almuercen». Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.
Reflexión: El pasaje bíblico de hoy tiene distintas resonancias con los relatos de la vocación de los primeros discípulos narrados por Marcos, Mateo y Lucas. Es imposible no relacionar esta aparición del Resucitado con el comienzo de la misión de Jesús. El Maestro resucitado va a buscar a sus discípulos a Galilea, a la orilla del mar. Allá han vuelto a sus labores habituales, pero su trabajo no tiene los resultados que esperan. Mucho esfuerzo, pero estéril. La palabra del Resucitado cambia esa realidad y el asombro da paso al reconocimiento del Señor. Entonces inicia una escena de profunda cercanía y amistad, que restablece la confianza y trae a la memoria todo lo vivido con Jesús. En otras palabras, en Galilea renace el amor primero.
Oración: Quiero retornar a mi Galilea, Jesús, para volver a sentir tu voz en esta nueva etapa de mi vida y fortalecer mi discipulado.
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Sábado 11
Santa Gemma Galgani
Hch 4, 13-21; Sal 117, 1.14-21; Mc 16, 9-15
Evangelio: Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando. Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron. Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando al campo. También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no les creyeron. Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo: «Vayan al mundo entero y proclamen el Evangelio a toda la creación».
Reflexión: Este final del Evangelio de Marcos recoge las tradiciones pascuales de los otros relatos evangélicos y nos brinda una bella síntesis de lo que constituye la Pascua: el encuentro con el Resucitado y el envío a la misión. Por otra parte, hace un fuerte hincapié en la incredulidad de los discípulos. Estos rechazan el testimonio de María Magdalena y de otros dos discípulos. Jesús, sin embargo, les muestra que esta actitud es una barrera que impide vivir la experiencia de la Pascua, pues la fe pascual se funda en el testimonio de los discípulos y en el encuentro con el Resucitado. ¿Cómo vivir la misión si no hay fe?
Oración: Jesús, hoy renuevo mi fe en ti. Te doy gracias porque el testimonio de la Iglesia me ha llevado al encuentro contigo.
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Domingo 12 - 2º de Pascua - Divina Misericordia
San Julio I, Papa
Hch 2, 42-47; Sal 117, 2-4.13-15.22-24; 1 P 1, 3-9; Jn 20, 19-31
Evangelio: Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en eso entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a ustedes». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Reciban el Espíritu Santo; a quienes ustedes perdonen los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengan, les quedan retenidos». Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no lo creo». A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a ustedes». Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo: aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!». Jesús le dijo: «Porque me has visto has creído. Bienaventurados los que crean sin haber visto». Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre».
Reflexión: Jesús resucitado rompe todos los cerrojos y vence todos los miedos para otorgarnos sus dones. El primer don que nos da es su paz, una paz perseverante que no se deja vencer por la adversidad. El segundo don es el Espíritu Santo, el cual nos llevará a la plenitud de la verdad pascual. El tercer don es el perdón, que reconstruye la comunidad y recupera la comunión perdida por la traición. En Tomás estamos representados todos. Nuestro reto es creer en el testimonio que otros nos dan sobre Jesús; pero encontrarse personalmente con Él también es posible. Tocamos sus heridas, por ejemplo, durante la Eucaristía y en el encuentro con los que sufren. La fe que brota de tocar las llagas del Resucitado nos hace confesar: «¡Señor mío y Dios mío!».
Oración: Eres mi Señor y mi Dios, Jesús. Te reconozco y te adoro en la Eucaristía y en las llagas de los que sufren.
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Lunes 13
Hch 4, 23-31; Sal 2, 1-9; Jn 3, 1-8
Evangelio: Había un hombre del grupo de los fariseos llamado Nicodemo, jefe judío. Este fue a ver a Jesús de noche y le dijo: «Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él». Jesús le contestó: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios». Nicodemo le pregunta: «¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?». Jesús le contestó: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: “Tienen que nacer de nuevo”; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabemos de dónde viene ni adónde va. Así es todo lo que ha nacido del Espíritu».
Reflexión: Comenzamos la lectura continua del capítulo 3 de Juan, que gira en torno al diálogo de Jesús con Nicodemo, un influyente líder de la comunidad judía que acude a Jesús de noche. ¿Por prudencia? ¿Por temor a sus correligionarios? La inquietud de Nicodemo es sincera: reconoce que Jesús es un maestro acreditado por Dios por medio de los signos que realiza. Su diálogo busca la verdad. Jesús le plantea un desafío espiritual muy profundo y aparentemente imposible: «Tienes que nacer de nuevo, pero en el Espíritu». El Bautismo, que renovamos hace una semana, es el punto de partida para conocer verdaderamente al Maestro Jesús.
Oración: Jesús, ayúdame a ser cada vez más consciente de mi Bautismo y que eso nos ilumine para comprender mejor tu Evangelio.
PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 13 ABRIL 2026, HAGA CLIC AQUÍ:
Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: «Tiene que nacer de nuevo; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu». Nicodemo le preguntó: «¿Cómo puede suceder eso?». Le contestó Jesús: «¿Tú eres maestro en Israel, y no lo entiendes? En verdad, en verdad te digo: hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no reciben nuestro testimonio. Si les hablo de las cosas terrenas y no me creen, ¿cómo creerán si les hablo de las cosas celestiales? Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del Hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del Hombre, para que todo el que cree en Él tenga vida eterna».
Reflexión: Según los Evangelios sinópticos, Jesús fue concebido por obra del Espíritu Santo, es decir, viene del ámbito divino. No obstante, cuando fue elevado en la cruz, compartió con nosotros la vida que viene de Dios, vida según el Espíritu, vida eterna. Mirar al que fue traspasado por nuestros pecados, como hicieron los israelitas con la serpiente de bronce, suscita en nosotros la fe que salva. «Nacer de nuevo» se refiere al agua del Bautismo, pero, sobre todo, indica que nacemos del Espíritu cuando creemos en Jesús y en Aquel que lo envió: el Padre Dios. Es de esta fe de donde brota la vida nueva.
Oración: Creo en ti, Jesús, que diste tu vida por mí; creo en el Padre, que te envió para nuestra salvación; creo en el Espíritu Santo que nos hace nacer a una vida nueva.
PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 14 ABRIL 2026, HAGA CLIC AQUÍ:
Evangelio: Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios. Este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.
Reflexión: Un aspecto crucial para renovar la fe de Nicodemo es acoger a Jesús como don de Dios, un Dios que es Padre y que nos entrega a su mismo Hijo. Esa es la clave de todo, porque para creer esto Nicodemo debe volver a nacer del Espíritu y dejarse guiar por Él. El segundo aspecto consiste en que Jesús vino a salvar, a reconciliar, a amar, y nuestra adhesión a Él es la que determina también nuestra salvación. Nicodemo está siendo invitado a unirse a Jesús como su discípulo, es llamado a obrar la verdad y dejar aquel mundo de tinieblas, de mentiras, que rechaza a Jesús y huye de Él. Seguir a Jesús es creer en Él y en todo lo que Él nos revela. Seguirlo es entrar en comunión con su Padre y obrar según el plan de Dios.
Oración: Creo en ti, Jesús. Te sigo y me entrego a ti para dar gloria a tu Padre Dios.
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Jueves 16
Santa Bernardita
Hch 5, 27-33; Sal 33, 2.9.17-20; Jn 3, 31-36
Evangelio: El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. De lo que ha visto y ha oído da testimonio, y nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz. El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque da el Espíritu sin medida. El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano. El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.
Reflexión: El evangelio de hoy nos presenta al Hijo como el testigo veraz del Padre Dios, porque comunica sus palabras, porque nos entrega su Espíritu, porque solo Él nos da la plenitud de la vida. No hay duda de que, en la relación con Jesús, Nicodemo está llamado a ir más allá del encuentro con cualquier otro maestro de Israel. Jesús es el Hijo de Dios y Nicodemo debe replantear su fe judía y abrir su corazón a esta verdad antigua y nueva. Nicodemo sabía que Jesús venía de Dios, pero no esperaba que su encuentro con Él se pareciera a una teofanía, es decir, que fuera una manifestación de Dios.
Oración: Jesús, tú eres verdaderamente el Hijo de Dios. Tú tienes palabras de vida eterna.
PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 16 ABRIL 2026, HAGA CLIC AQUÍ:
Evangelio: En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del mar de Galilea o de Tiberíades. Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos. Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos y, al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe: «¿Con qué compraremos panes para que coman estos?». Lo decía para probarlo, pues bien sabía Él lo que iba a hacer. Felipe le contestó: «Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo». Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?». Jesús dijo: «Digan a la gente que se siente en el suelo». Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; solo los hombres eran unos cinco mil. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: «Recojan los pedazos que han sobrado; que nada se pierda». Los recogieron y llenaron doce canastos con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía: «Este es verdaderamente el profeta que va a venir al mundo». Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña Él solo.
Reflexión: Luego de leer la escena de Jesús con Nicodemo, pasamos hoy a la lectura continua del capítulo 6 de Juan, que inicia con la multiplicación de los panes y los peces. La fe de los discípulos debe seguir madurando ante este nuevo desafío: ¿cómo cuidar del pueblo de Dios? Las respuestas van llegando poco a poco: ¿con dinero y muchos víveres o aprendiendo a compartir lo poco que tenemos? Jesús actúa como un pastor que se preocupa por su rebaño, los hace sentar sobre la hierba y realiza un gesto que recuerda a un padre de familia en una comida judía: toma el alimento, da las gracias y lo reparte. La saciedad y los restos indican que el tiempo de la plenitud de Dios ha llegado.
Oración: Aquí estamos, Jesús, te seguimos, somos tu pueblo, tu familia. Sacia nuestra hambre y sed de justicia, nuestra hambre y sed de ti.
PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 17 ABRIL 2026, HAGA CLIC AQUÍ:
Al oscurecer, los discípulos de Jesús bajaron al mar, embarcaron y empezaron la travesía hacia Cafarnaúm. Era ya noche cerrada, y todavía Jesús no los había alcanzado; soplaba un viento fuerte, y el lago se iba encrespando. Habían remado unos veinticinco o treinta estadios, cuando vieron a Jesús que se acercaba a la barca, caminando sobre el mar, y se asustaron. Pero Él les dijo: «Soy yo, no teman». Querían recogerlo a bordo, pero la barca tocó tierra en seguida, en el sitio a donde iban.
Reflexión: La escena describe unas condiciones de gran fragilidad: los discípulos están en la barca, en medio del mar, azotados por una fuerte tempestad y navegando a tientas entre la oscuridad de la noche. En medio de esta desesperada condición, se hace presente Jesús como Señor que domina el oleaje del mar y todas las demás adversidades. Este pasaje evangélico nos recuerda el triunfo de Jesús resucitado sobre todos los signos de muerte. Hoy también nos sentimos identificados con los discípulos frágiles y temerosos, pero confiados en su Señor. Él es nuestro escudo y salvador. No tememos a ninguna adversidad porque Jesús está con nosotros.
Oración: Jesús, enséñanos a vencer todos nuestros temores con la fuerza de tu presencia.
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Sábado 19
Solemnidad de la Vigilia Pascual
1) Gn 1, 1—2, 2; F. B. Gn 1, 1.26-31a; Sal 103, 1-2.5-6.10.12-14.24.35
o bien Sal 32, 4-7.12-13.20.22
2) Gn 22, 1-18; F. B. Gn 22, 1-2.9a.10-13.15-18; Sal 15, 5.8-11
3) Ex 14, 15—15, 1a; Sal: Ex 15, 1-6.17-18
4) Is 54, 5-14; Sal 29, 2.4-6.11-13
5) Is 55, 1-11; Sal: Is 12, 2-6
6) Ba 3, 9-15.32—4, 4; Sal 18, 8-11
7) Ez 36, 16-17a.18-28; Sal 41, 3.5; 42, 3-4; o bien Sal 50, 12-15.18-19;
Rm 6, 3-11; Sal 117, 1-2.16-17.22-23; Lc 24, 1-12
Evangelio: El primer día de la semana, muy de madrugada, las mujeres fueron al sepulcro llevando los perfumes que habían preparado. Encontraron corrida la piedra del sepulcro. Y, entrando, no encontraron el cuerpo del Señor Jesús. Mientras estaban desconcertadas por esto, se les presentaron dos hombres con vestidos refulgentes. Llenas de temor, no se atrevían a levantar la vista del suelo, y ellos les dijeron: «¿Por qué buscan entre los muertos al que vive? No está aquí. Ha resucitado. Acuérdense de lo que les dijo estando todavía en Galilea: “El Hijo del Hombre tiene que ser entregado en manos de pecadores, ser crucificado y al tercer día resucitar”». Recordaron sus palabras, volvieron del sepulcro y anunciaron todo esto a los Once y a todos los demás. María Magdalena, Juana y María, la madre de Santiago, y las demás mujeres que estaban con ellas, contaron todo a los apóstoles, pero a ellos les pareció un delirio lo que ellas decían y no les creyeron. Pedro, se levantó y fue corriendo al sepulcro. Asomándose, solo vio los lienzos. Y regresó a casa admirado de lo que había sucedido.
Reflexión: Hemos vivido cuarenta días de preparación para la más solemne celebración de la Iglesia: la resurrección del Señor. La liturgia de hoy nos invita a hacer un recorrido por la historia de la salvación hasta este momento culmen. La vida nueva de Jesús deja claro de parte de quién está la justicia de Dios. No de los que detentan el poder a su antojo, sino de las víctimas, de los últimos. Estamos ante una novedad absoluta, la victoria de la vida sobre la muerte, del amor sobre el odio, la renovación de todas las cosas. Esa es la fuerza redentora de la cruz de Jesús. Cuesta creerlo, pero así es Dios, como lo irán descubriendo sus discípulos bajo la luz del acontecimiento pascual.
Oración: Resucitaste, Señor, venciste la muerte y el odio, ahora estás vivo entre nosotros, animándonos con la fuerza de tu espíritu.
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Domingo 20
Pascua de Resurrección del Señor (S)
Hch 10, 34a.37-43; Sal 117, 1-2.16-17.22-23; Col 3, 1-4; o bien 1 Co 5, 6b-8; Jn 20, 1-9
Evangelio: El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro muy temprano, cuando aún estaba oscuro, y vio la piedra quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto». Salieron Pedro y el otro discípulo y fueron rápidamente al sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro, vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que Él había de resucitar de entre los muertos.
Reflexión: Pascua de resurrección, el sentido último y fundante de la fe cristiana. Es tan importante que, si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe; si Él no hubiera vencido a la muerte, habría sido uno más y no el Señor. A lo largo de estos días, la liturgia nos presenta cómo los discípulos fueron comprendiendo de a pocos el sentido profundo de este acontecimiento. Hoy vemos a María Magdalena (la primera testigo del Resucitado), que, ante la tumba vacía, no puede pensar sino que se han robado el cuerpo del Señor. Pedro y el otro discípulo también harán su propio camino de fe. Mientras este último cree con solo ver los signos, Pedro solo sale confundido, lleno de dudas. Solo después llegará a la fe.
Oración: Señor Jesús, tu dijiste que son dichosos los que creen sin ver; infúndenos, te pedimos, la fuerza de esa fe.
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Lunes 21
Octava de Pascua
Hch 2, 14.22-33; Sal 15, 1-2.5.7-11; Mt 28, 8-15
Evangelio: En aquel tiempo, las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos. De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «Alégrense». Ellas se acercaron, le abrazaron los pies y se postraron ante Él. Jesús les dijo: «No teman: vayan a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán». Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma, encargándoles: «Digan que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras ustedes dormían. Y si esto llega a oídos del gobernador, nosotros nos lo ganaremos y los sacaremos de apuros». Ellos tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy.
Reflexión: Aún no estaba claro lo que había ocurrido con Jesús, pero ya se tejen dos tendencias opuestas: alegría para sus discípulos, amenaza para quienes tramaron su muerte. Las mujeres se convierten en testigos y apóstoles del Resucitado. Ellas llevan a los demás discípulos la noticia de que el Señor está vivo y los convoca a Galilea, al punto de partida. Allí es donde todo debe comenzar de nuevo. Desde allí irradiará a la creación entera la luz del Resucitado. Por otro lado, las autoridades judías buscan, de nuevo, cerrarle el paso a la luz de la vida. ¿Cómo lo hacen? Solo del modo que saben, con sobornos y mentiras. Desconocen, se niegan a ver que la verdad ya triunfó sobre la mentira.
Oración: Sé, Señor, nuestra fuerza de vida, tú que eres el vencedor de la muerte.
PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 21 ABRIL 2025, HAGA CLIC AQUÍ:
Martes 22
Octava de Pascua
Hch 2, 36-41; Sal 32, 4-5.18-20.22; Jn 20, 11-18
Evangelio: En aquel tiempo, estaba María fuera, junto al sepulcro, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?». Ella contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto». Dicho esto, se vuelve y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?». Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré». Jesús le dice: «¡María!». Ella se vuelve y le dice. «¡Rabbuní!», que significa: «¡Maestro!». Jesús le dice: «No me retengas, que todavía no he subido al Padre. Pero, anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre de ustedes, al Dios mío y Dios de ustedes”». María la Magdalena fue y anunció a los discípulos: «He visto al Señor y ha dicho esto».
Reflexión: María Magdalena había vuelto al sepulcro luego de avisar a Pedro de que la tumba estaba vacía. Es tanto su amor, que no puede apartarse del lugar donde estaba su Señor. Sigue buscando muertos, pero ahora se le presenta la vida en persona, primero dos testigos (dos ángeles) y luego Jesús mismo. Afianzada en su fe, ahora ella puede convertirse en testigo del Resucitado (apóstol de los apóstoles, dice la tradición). A ella le confía el anuncio de que sube al Padre suyo y Padre nuestro, al Dios suyo y Dios nuestro. Para Jesús, somos sus hermanos, junto a Él podemos construir la gran familia de los hijos de Dios.
Oración: Señor de la vida, ayúdanos a vencer los odios que nos dividen para que podamos construir un mundo más fraterno.
PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 22 ABRIL 2025, HAGA CLIC AQUÍ:
Miércoles 23
Octava de Pascua. San Jorge
Hch 3, 1-10; Sal 104, 1-4.6-9; Lc 24, 13-35
Evangelio: Aquel mismo día, el primero de la semana, dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos setenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo: «¿Qué conversación es esa que traen mientras van de camino?». Ellos se detuvieron con aire entristecido. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabe lo que ha pasado estos días?». Él les dijo: «¿Qué?». Ellos le contestaron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que Él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a Él no lo vieron». Entonces Él les dijo: «¡Qué necios y torpes son para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?». Y, comenzado por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a Él en todas las Escrituras. Llegaron cerca de la aldea adonde iban y Él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya se acaba». Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero Él desapareció de su vista. Y se dijeron el uno al otro: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?». Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón». Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
Reflexión: Este hermoso pasaje de Lucas nos brinda muchas luces para comprender al Resucitado. Aunque tiene un cuerpo, su presencia no es del todo reconocible. Solo podemos verlo a cabalidad con los ojos de la fe. Por eso, al inicio, estos dos discípulos no lo reconocen, lo toman por un simple transeúnte, el más desinformado de todo Jerusalén. Luego nos damos cuenta de que es una estrategia del Maestro para ayudar a sus discípulos a desahogar su frustración: «Nosotros esperábamos…». Después, de la mano de la Sagrada Escritura, les ayuda a comprender el sentido de su muerte y, en la fracción del pan, se les abren los ojos de la fe.
Oración: Danos apertura, Señor, a la luz de tu Palabra y la Eucaristía, fuentes que alimentan nuestra fe.
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Jueves 24
Octava de Pascua
Hch 3, 11-26; Sal 8, 2.5-9; Lc 24, 35-48
Evangelio: En aquel tiempo, los discípulos de Jesús contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando Él se presentó en medio de ellos y les dice: «Paz a ustedes». Pero ellos, aterrorizados y llenos de miedo, creían ver un espíritu. Y Él les dijo: «¿Por qué se alarman?, ¿por qué surgen dudas en su corazón? Miren mis manos y mis pies: soy yo en persona. Pálpenme y dense cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos, como ven que yo tengo». Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Pero como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: «¿Tienen ahí algo de comer?». Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo: «Esto es lo que les dije mientras estaba con ustedes: que era necesario que se cumpliera todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí». Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y les dijo: «Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Ustedes son testigos de esto».
Reflexión: La resurrección y la nueva situación del Señor nos llenan de incertidumbre. ¿Es Jesús solo un espíritu o tiene cuerpo? Vimos que no es fácil reconocerlo a primera vista, aunque siempre se muestra de manera corporal, pero ¿su cuerpo es como el nuestro? En este pasaje atraviesa la casa, aunque están con las puertas cerradas; pero, asimismo, les insiste de distintas maneras que es Él. Sus manos y sus pies tienen las marcas de la cruz, los signos de su entrega; y, para convencerlos, incluso les pide comida. En consecuencia, efectivamente, tiene un cuerpo como el nuestro, pero un cuerpo glorificado.
Oración: Señor, como a tus discípulos, a nosotros también ayúdanos a comprender el significado profundo de tu resurrección.
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Viernes 25
Octava de Pascua. San Marcos, evangelista
Hch 4, 1-12; Sal 117, 1-2.4.22-27; Jn 21, 1-14
Evangelio: En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, apodado el Mellizo; Natanael, el de Caná de Galilea; los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. Simón Pedro les dice: «Me voy a pescar». Ellos contestan: «Vamos también nosotros contigo». Salieron y se embarcaron; y aquella noche no pescaron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les dice: «Muchachos, ¿tienen pescado?». Ellos contestaron: «No». Él les dice: «Echen la red a la derecha de la barca y encontrarán». La echaron, y no podían sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo a quien Jesús amaba le dice a Pedro: «Es el Señor». Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos doscientos codos, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice: «Traigan de los peces que acaban de pescar». Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: «Vamos, almuercen». Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.
Reflexión: ¿Da lo mismo una pesca (es decir, la misión) sin Jesús que otra bajo la guía de su Palabra? Lo vemos claro en la esterilidad de los apóstoles cuando van a su labor sin Jesús, tiran las redes y nada, vacías. En cambio, la intervención del Señor lo cambia todo, ilumina la realidad; hacerle caso genera fecundidad. Entonces empieza a hacerse la luz en los corazones de los discípulos, despierta su fe. La alerta lo da el discípulo amado: esa voz, esa fecundidad no puede venir más que del Señor. En la orilla, efectivamente, los espera con el desayuno listo, pero los invita también a poner lo suyo. Está, por lo tanto, nuestro esfuerzo, pero siempre asistido por la gracia del Señor.
Oración: Señor Jesús, los fracasos, a menudo, nos desaniman, pero, con tu gracia, podemos ser perseverantes.
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Sábado 26
Octava de Pascua
Hch 4, 13-21; Sal 117, 1.14-21; Mc 16, 9-15
Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando. Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no le creyeron. Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando al campo. También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no les creyeron. Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo: «Vayan al mundo entero y proclamen el Evangelio a toda la creación».
Reflexión: A los discípulos, les resultó muy difícil aceptar la resurrección, era una novedad inaudita. Tres veces insiste Marcos en la incredulidad de los discípulos. Es una reacción comprensible, estaban ante algo totalmente inédito. Será necesario que Jesús mismo se les presente para que se abran a la fe. Sin embargo, luego de esta llamada de atención, Jesús no tiene reparos en encargarles el anuncio del Evangelio a toda la creación. Él no elige personas perfectas, conoce nuestros límites y sabe también que la «fuerza se pone de manifiesto en la debilidad» (2 Co 12, 9).
Oración: Señor Jesús, permite que seamos testigos fieles de tu Evangelio en el mundo de hoy.
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Domingo 27
II de Pascua o de la Divina Misericordia
Hch 5, 12-16; Sal 117, 2-4.22-27; Ap 1, 9-11a.12-13.17-19; Jn 20, 19-31
Evangelio: Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en eso entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a ustedes». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Reciban el Espíritu Santo; a quienes ustedes perdonen los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengan, les quedan retenidos». Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no lo creo». A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a ustedes». Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo: aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!». Jesús le dijo: «Porque me has visto has creído. Bienaventurados los que crean sin haber visto». Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre».
Reflexión: La figura de Tomás, el que exige ver para creer, representa a los incrédulos de todos los tiempos. Muchos de nosotros quizás nos vemos retratados en él. Una semana antes se presenta el Señor sin que él esté en la asamblea. Por eso quizás se siente con el derecho de exigir lo mismo que han visto los otros. Ese día, Jesús les había infundido su Espíritu y los envió a anunciar su Buena Noticia. Curiosamente, el primer evangelizado es Tomás, aunque, de momento, él se deje dominar por el escepticismo. Ocho días después se presenta de nuevo el Resucitado, ha aceptado el desafío del apóstol. No obstante, esta vez él abre su corazón y pronuncia el mayor acto de fe hasta ese momento: «¡Señor mío y Dios mío!».
Oración: Permite, Señor Jesús, que nosotros también seamos bienaventurados por creer sin haber visto.
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Lunes 28
Beata María Felicia (Chiquitunga)
Hch 4, 23-31; Sal 2, 1-9; Jn 3, 1-8
Evangelio: Había un hombre del grupo de los fariseos llamado Nicodemo, jefe judío. Este fue a ver a Jesús de noche y le dijo: «Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él». Jesús le contestó: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios». Nicodemo le pregunta: «¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?». Jesús le contestó: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: “Tienen que nacer de nuevo”; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabemos de dónde viene ni adónde va. Así es todo lo que ha nacido del Espíritu».
Reflexión: La resurrección de Jesús nos afecta a todos; tiene tal repercusión en la humanidad, que equivaldría a una nueva creación. ¿Cómo participar de ella? El Señor se lo plantea a Nicodemo: hay que nacer de nuevo, nacer del agua y del espíritu, nacer de lo alto. Naturalmente, él no entiende, rastrea en su mente y no puede imaginar otro nacimiento que el del vientre materno. Jesús va más allá incluso, nacer de lo alto es la condición para entrar en el Reino de Dios. Solo así podemos corresponder a la novedad absoluta de la resurrección. Este nacer de nuevo supone una nueva relación con el Señor, nuevas actitudes, nuevas maneras de ser y actuar. En una palabra, dejarse transformar por el Espíritu.
Oración: Señor Jesús, ayúdanos a dejarnos transformar por la acción de tu espíritu, por la fuerza de tu gracia.
PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 28 ABRIL 2025, HAGA CLIC AQUÍ:
Martes 29
Santa Catalina de Siena, virgen y doctora (MO)
Hch 4, 32-37; Sal 92, 1-2.5; Jn 3, 7b-15
Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: «Tiene que nacer de nuevo; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu». Nicodemo le preguntó: «¿Cómo puede suceder eso?». Le contestó Jesús: «¿Tú eres maestro en Israel, y no lo entiendes? En verdad, en verdad te digo: hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no reciben nuestro testimonio. Si les hablo de las cosas terrenas y no me creen, ¿cómo creerán si les hablo de las cosas celestiales? Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del Hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del Hombre, para que todo el que cree en Él tenga vida eterna».
Reflexión: Proseguimos con la escena de Nicodemo. Nacer de lo alto, del Espíritu, eso es lo que le plantea Jesús a este maestro de Israel, un experto en las Sagradas Escrituras. Pero ahora le aclara también la fuente de sus enseñanzas: «Damos testimonio de lo que hemos visto». La revelación no es ciencia ficción, no es un producto de la imaginación; al contrario, proviene de la experiencia, es Dios mismo dándose a conocer por medio de su Hijo. Venir del cielo quiere decir provenir del mundo de Dios, y solo Cristo es la Palabra de Dios hecha carne, hecha uno de nosotros. Contemplando su rostro vemos a Dios mismo.
Oración: Señor Jesús, conduce nuestros pasos hacia ti porque solo tú eres nuestro camino al Padre.
PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 29 ABRIL 2025, HAGA CLIC AQUÍ:
Miércoles 30
San Pío V, Papa (ML)
Hch 5, 17-26; Sal 33, 2-9; Jn 3, 16-21
Evangelio: Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios. Este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.
Reflexión: ¿Por qué envió Dios a su Hijo único al mundo? La respuesta de Juan es contundente: por amor. No se trata solo de una visita, alguien que viene a inspeccionar y luego se marcha. El texto dice «entregar», su venida es donación, un darse al mundo cuya máxima expresión es su cruz. Desde allí, desde lo alto nos dice cuánto ama Dios al mundo. Esta venida, a su vez, tiene un objetivo, es «para que todo el que crea en Él tenga vida eterna», es decir, el Hijo nos hace participes de su misma vida. Relacionarnos con Él es vivificante y transformador, significa participar desde ya en la vida eterna, un anticipo de su plenitud futura.
Oración: Haznos partícipes, Señor Jesús, de tu vida eterna para que afrontemos las vicisitudes de la vida siempre con esperanza.
PARA ESCUCHAR EN AUDIO LA REFLEXIÓN DEL EVANGELIO 30 DE ABRIL 2025, HAGA CLIC AQUÍ: