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CONTRA TODO FATALISMO, INVERTIR EN NUESTROS TALENTOS
-Por Lic. Cecilia Barone*-

“… porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado”, Mateo 25, 30. Vivimos tiempos difíciles. Después de haber sufrido la pandemia debida al coronavirus (aún no del todo superada) nuevas noticias nos alarman sobre guerras capaces de extenderse hasta confines aún desconocidos; los gobiernos se muestran ineptos para frenar la pobreza y mejorar el nivel de vida de una buena parte de la población; los jóvenes no visualizan un horizonte alentador para su futuro. Crece en nosotros un sentimiento de desaliento y de desconfianza por lo que vendrá. Es el momento para reunir coraje y poner en práctica nuestros talentos.

RECONOCER NUESTROS DONES

Cada persona nace con un mapa genético que le han trasmitido sus progenitores, pero también trae como regalo, como don de Dios, sus propios talentos, es decir, sus propias fortalezas en estado potencial que, como el cuerpo, la inteligencia, la emotividad, se irán desarrollando.

A medida que crecemos los otros y luego nosotros vamos reconociendo las características de carácter que nos hacen seres únicos, distintos a cualquier otro. Estas son como las huellas digitales: todos las tenemos, pero en cada uno se manifiestan de manera diferente, cada uno la adorna con su impronta.

Así como un jardín con bellas flores necesita ser regado, abonado, cuidado con esmero para que continúe floreciendo, las aptitudes y capacidades que nos fueron dadas gratuitamente también deben ser cultivadas. Se nos ofrecen las semillas: o las guardamos celosamente hasta que cuando vamos a buscarlas las encontramos resecas y sin vida o las reconocemos y cultivamos con esmero.

MADURAR NUESTROS DONES

La pregunta vital que se nos hará el día del Juicio Universal es si hemos cuidado y desarrollado nuestros talentos. Pero, antes de ese momento debemos haberlos reconocido para luego acrecentarlos.

¿Cómo se los reconoce? Probablemente, quienes nos rodean, como los padres, nos señalaran nuestras particulares maneras de ser. Más tarde, los maestros harán lo mismo y, ya adultos, nosotros mismos seremos capaces de evaluarnos y de decirnos de qué somos capaces y para qué somos buenos. Como no podemos vivir solos los otros son un espejo donde nos reconozcamos y nos vemos.

Una vez que reconozcamos nuestros valores ¿cómo continuamos? Podemos no hacer nada como el siervo que recibe solo un talento y lo entierra por miedo a perderlo o a su patrón. A este le gana el temor, el juicio de los demás, la cobardía. Él no quiere moverse del terreno conocido. Pero también podemos probarlos poniéndolos en juego, arriesgándonos, estando seguros que eso mismo que hacemos ninguno lo harán de la misma manera.

PONER CREATIVIDAD EN EL USO DE LOS TALENTOS

En los momentos de crisis, que aparecen en todas las épocas históricas, los hombres adoptan una de estas dos estrategias: desfallecen, se dejan morir, o afrontan con coraje y nuevas fuerzas las circunstancias por las que pasan.

Arriesgarnos en las coyunturas complicadas, cooperar para que entre todos podamos avanzar, saber que en el camino se puede perder, ser incomprendido, fracasar, son supuestos aceptables. Nadie nos puede librar de estas incertidumbres. Pero la vida, de por sí, es incierta, nada está programado.

El temerario conoce el peligro y sin medir las consecuencias, se tira al abismo; el miedoso ve lo que le espera y se retrotrae; el valiente, en cambio, sabe de los riesgos, mide y estudia los pasos que debe dar y entonces se arriesga porque lo mueve la fe que se tiene y lo impulsa a usar la creatividad al servicio de una mejor solución.

EL CORAJE NOS POTENCIA

El impulso que nos impele a aventurarnos es el coraje. El momento puede ser difícil, peligroso, y el que tiene coraje también tiene miedo, como el resto. Pero traspasa la barrera del miedo y con valentía afronta sus circunstancias.

Claro que es fácil ser corajudo cuando todo anda bien y el éxito de nuestra empresa está casi asegurado. Sin embargo, ante las adversidades también podemos no sentirnos aplastados, reaccionar y poner empeño en lo que hacemos, pues sabemos que nuestros talentos son las mejores armas que tenemos, aunque todo parezca jugar en contra. Dice el psiquiatra Rollo May “el artista creativo, el poeta y el santo deben luchar contra los dioses reales (lo contrario de los dioses ideales) de nuestra sociedad… el dios del conformismo y también los dioses de la apatía, el éxito material y el poder de explotación. Estos son los ídolos de nuestra sociedad que multitudes de personas adoran.

El papa Francisco durante la inauguración del undécimo Festival de la Doctrina Social de la Iglesia de Verona, Italia, nos dice que “Jesús pide que se asuman riesgos y que se los inviertan para multiplicarlos. Si permanecemos replegados sobre nosotros mismos con el único objetivo de conservar lo que existe, para el Evangelio somos perdedores”, en cambio “el audaz, sabe mirar más allá de la comodidad personal, de las pequeñas seguridades y compensaciones que estrechan el horizonte, para abrirse a grandes ideales que hacen la vida más bella y digna”. Y nos hace verdaderos hombres, podríamos añadir.

TALENTOS PUESTOS EN VALOR

El barco en la orilla está seguro, no lo mueven tempestades, ni lo maltratan los fuertes vientos, pero el barco no se hizo para estar anclado sino para abrirse al mar que lo espera.  Igual nosotros, no nacimos para quedarnos apocados, miedosos y recelosos esperando que las circunstancias nos sean favorables, somos navegantes en busca de nuestro destino final.

Esta época exige de nosotros que traspasemos la barrera de los miedos y afrontemos con fe el camino hacia un mejor porvenir, por el propio bien y el de los demás.

*Cecilia Barone es socióloga, psicóloga social
y profesora superior en Ciencias Sociales.
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