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¡ALELUYA! DIOS HA NACIDO
-Por Francisco Javier Leoz Ventura. Tomado de Revista Ecclesia-

¡ALELUYA! ¡DIOS HA NACIDO! Esta exclamación, nada ni nadie la puede acallar. Lo esperado desde siglos, se hace realidad en Jesús. Y, este gran acontecimiento, nos ha puesto en pie. ¡Esto si qué es la Navidad!

También nosotros, como los pastores, hemos escuchado y sentido el anuncio del Ángel. "Hoy en Belén os ha nacido el Salvador". Y ¿Cuál ha sido nuestra reacción? ¡La que tenía que ser! ¡Nos hemos puesto en camino! Hemos dejado los valles de nuestras distracciones porque, el REY DE REYES, merece nuestra cercanía, nuestra oración y nuestra acogida.

La estrella luce; los pastores ofrecen; los reyes adoran; ¿Herodes se incomoda? Y nosotros, para no ser menos, brillamos con la luz de la fe, ofrecemos lo que somos y adoramos a Jesús conscientes de que, Rey, es ¡sólo El!

Llegar aquí, en esta mañana santa de la Navidad, es prolongar en el tiempo y en el espacio, lo que ayer noche en Belén se hizo prodigio, milagro, humildad y salvación: DIOS EN MEDIO DE NOSOTROS. En este Año, frente al pesebre, con el corazón en la mano y la emoción en los labios le decimos a Dios: creemos en Ti, creemos en tu presencia humana y divina, creemos en la fuerza del Espíritu Santo. ¡Que no nos falte el milagro de este día, Señor! ¡La fe!

Asomarnos aquí, a la sombra del portal, es agradecer a Dios el hecho de que sigue apostando por el hombre; de que sigue confiando en nosotros. ¡Tanto confía que del hombre se fía y se hace hombre como nosotros! ¡Gracias, amigo y Señor!

Contemplar aquí, delante de la Sagrada Familia el Misterio, es dejarse impresionar por el amor gigantesco de Dios. Belén, en este día de Navidad, tiene sabor a fraternidad. En Belén, los seres humanos, se dan la paz. Y, en Belén, al abrazarnos con Dios no hacemos otra cosa que, en su pobreza, enriquecernos con todo lo bueno que Dios tiene, con todo lo bueno que Él nos da.

• Nos fundamos a su pobreza, purificaremos nuestra altanera riqueza

• Nos afiancemos a su humildad, ablandará nuestro altivo orgullo

• Nos envolvamos en su amor, hará más auténticas y radicales nuestras entregas

• Nos perdamos en su alegría, y nuestra felicidad dejará de ser una máscara

Si Dios siendo rico, se hace indigente por nosotros, algo debe existir en nuestra vida ordinaria que no gusta a Dios. Algo que necesita ser recuperado, elevado y dignificado. La Navidad, es la gran riqueza que Dios pone en medio de un mundo que, en el fondo, es pobre y mendigo de un amor auténtico.

Como los pastores hemos creído las palabras del Ángel. Y, estas palabras, nos han producido una inmensa alegría, una profunda emoción: todos nos sentimos un poco niños en el día de Navidad.

En el día de Navidad, Dios, nos deja sin argumentos. Queríamos pruebas de su amor, y se hace como uno de nosotros. Nos quejábamos de su lejanía, y se deja besar y contemplar en un Niño. ¿Puede hacer más Aquel que no tenía necesidad de tanto?

Aun así, a algunos, les parecerá poco o nada. Seguirán embelesados y perdidos con sus dioses. Mirando a la luna o extasiándose con el sol.

Aquello de "vino a los suyos y los suyos no le recibieron" vuelve a repetirse en los corazones obstinados. En las personas que se dejan seducir por lo inmediato y son incapaces de abrirse al Misterio.

Dios, en Belén, sabe que se la juega y con mucho riesgo. Se encarna en todo con el hombre: sufrirá, gozará, llorará, dudará, pero al final, por Jesús, salvará.

Hoy, en la cuna de Belén, el amor calla. Mañana, en Viernes Santo, el amor que fue pequeño y grande en Belén, será también igual de humilde, gigantesco, ¿igual de solitario? Pero más sangriento.

Entre maderas apareció el amor de Dios en el mundo, y entre maderas marchará el amor de Jesús de este mundo.

¿Eso sí, a los pies de esas cuatro tablas? tanto en el pesebre como en la cruz- estuvo y está quien sabe siempre estar y esperar: MARÍA.

Que Ella, la que ha hecho posible esta Navidad, nos ayude acercarnos al pesebre para ver al recién nacido. Que nos ayude a reflexionar sobre el sentido de estos días. Que nos empuje para beber en la fuente del amor que es Belén. Que, como Madre, nos siente en su regazo y nos rescate de la indiferencia, del egoísmo y tantos obstáculos que nos impiden abrirnos a Dios y a los demás.

¡Bendita sea la Navidad! ¿Por qué Dios pudiendo haber venido en séquito real, lo hizo en humilde pesebre?

¡Bendita sea la Navidad! ¿Por qué Dios, que lo tenía todo, se aventuró a perderlo todo?

¡Bendita sea la Navidad! ¿Por qué Dios, teniéndolo todo, prefirió presentarse sin nada?

¡Bendita sea la Navidad! ¿Ya que el hombre olvida y no mira a Dios, Dios? que mira mucho por el hombre- sale a nuestro encuentro para que no olvidemos que camina y vive junto a nosotros.

¡Bendita sea la Navidad! Porque, en este año, nos invita a reavivar el fuego de Belén, a hacer más cálidos los pañales de nuestra generosidad, ¿a alentar? allá donde fuera necesario- la presencia de un Dios que vive mucho más cerca de lo que algunos creen, piensan o intentar solapar.

¡FELIZ NAVIDAD! ¡DIOS ESTÁ CON NOSOTROS!

 
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