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1ADOLESCENCIA.
¿HACIA UNA NUEVA PASTORAL?
-Por pbro. Enrique Fabbri, sj*-

La adolescencia es una temática que nos interpela y nos interesa a todos, especialmente por la vulnerabilidad en la que vive en la actualidad. El sacerdote jesuita Enrique Fabbri, antes de partir a la casa del Padre, nos dejó unos valiosísimos escritos sobre el tema, que no podemos dejarlos pasar. Llama la atención la actualidad con que se abordan los temas, siendo que se escribieron cerca de 2015, nos brindan mucha luz sobre la materia y son una invitación para reflexionar y actuar. Para el provecho de todos, iremos publicando la totalidad del texto, pero dividido en breves temas o títulos cada mes.

1.- UNA PROBLEMÁTICA ACTUAL, SERIA Y HASTA AMENAZADORA: LA ADOLESCENCIA

¿Hacia una nueva pastoral de la adolescencia?

2En su visita a Estados Unidos de mayo del 2008, el Papa Benedicto XVI dejó dos serias reflexiones que señalan una seria dirección por donde ha de ir esta pastoral. La primera fue dirigida a un auditorio universitario: “Hoy notamos una cierta timidez ante la categoría del bien y una búsqueda ansiosa de las novedades del momento como realización de la libertad. Somos testigos de cómo se ha asumido que cualquier experiencia vale lo mismo y cómo se rechaza admitir imperfecciones y errores. Es especialmente inquietante la reducción de la preciosa área de la educación sexual a la gestión del “riesgo”, sin referencia alguna a la belleza del amor conyugal…

Estos peligrosos datos manifiestan lo urgente que es lo que podríamos llamar “caridad intelectual”. Este aspecto de la caridad invita al educador a reconocer que la profunda responsabilidad de llevar a los jóvenes a la verdad no es más que un acto de amor. De hecho, la dignidad de la educación reside en la promoción de la verdadera perfección y la alegría de los que han de ser formados. En la práctica la “caridad intelectual” defiende la unidad esencial del conocimiento frente a la fragmentación que surge cuando la razón se aparta de la búsqueda de la verdad. Esto lleva a los jóvenes a la profunda satisfacción de ejercer la libertad respecto a la verdad, y esto impulsa a formular la relación entre la fe y los diversos aspectos de la vida familiar y civil. Una vez que se haya despertado la pasión y la plenitud por la plenitud y verdad de la verdad, los jóvenes estarán seguramente contentos de descubrir que la cuestión de lo que pueden conocer les abre a la gran aventura de lo que deben hacer. Finalmente experimentarán “en quién” y “en qué” es posible esperar, y se animarán a ofrecer su contribución a la sociedad de un modo que genere esperanza para los otros” 1.

3“…debemos preguntarnos si no se ha atenuado toda la fuerza del Kerigma por una aproximación relativista a la doctrina cristiana similar a la que encontramos en las ideologías secularizadas, que, al sostener que solamente la ciencia es “objetiva”, rechazan completamente la religión a la esfera subjetiva del sentimiento del individuo. Los descubrimientos científicos y sus realizaciones a través del ingenio humano ofrecen a la humanidad sin duda nuevas posibilidades de mejora. Esto no significa, sin embargo, que lo que “puede ser conocido” ha de limitarse a lo que es verificable empíricamente, ni que la religión esté confinada al reino cambiante de la “experiencia personal”. La aceptación de esta línea errónea de pensamiento conduciría a los cristianos a la conclusión de que en la exposición de la fe cristiana no es necesario subrayar la verdad objetiva, porque no hay más que seguir la propia conciencia y escoger la comunidad que más concuerde con los gustos personales. El resultado de esto se puede observar en la continua proliferación de comunidades, que con frecuencia evitan estructuras institucionales y minimizan la importancia de la vida cristiana en el contexto doctrinal” 2.

4La meta de la adolescencia es nacer por su propio esfuerzo a la juventud y estar decidida a cultivarla durante toda su vida para poder así saborear la grandeza y hermosura de su dignidad humana. Joven es así todo aquel o aquella que se afirma habitualmente en la vida en una actitud de alegre creación, humilde reconocimiento de su vulnerabilidad y cordial deseo y servicio de hacer bien a los demás. Actitud en que se esfuerza por mantenerse fiel a lo largo del tiempo y por eso sabe dejarse ayudar por los otros.  Por eso, sabe aportar lo nuevo que ofrece al mundo su generación adveniente y agradece lo que emerge como tradición valedera de la generación mayor y, sobre todo anciana. Por eso, si las diversas generaciones desean vivir en ese planteo, cosecharán la verdad que trae lo nuevo y reafirmarán la verdad que trae lo antiguo. Es la simbiosis de las edades que engendran la civilización del amor. Es la gran utopía que soñó el Papa Juan XXIII cuando escribió la encíclica “La paz en la tierra” el 11 de abril de 1963.

El punto de partida para entrar en el mundo de la adolescencia es conocer concretamente al muchacho y la chica, quererlos cordialmente, conocer su lenguaje y saber utilizarlo con discreción. Uno se hace amigo de ellos y de ellas, pero nunca se hace junto a ellos y ellas un adolescente más.

Hay tres características básicas de la adolescencia que si son bien cultivadas dan lugar a la aparición de la juventud.

5Son la alegría de vivir, la generosidad de corazón, la novedosa iniciativa en el obrar. A cada muchacho y a cada chica le toca reflexionar y pedir consejo para discernir cuál es la verdadera alegría que dignifica al ser humano; cuáles son los rasgos de una genuina generosidad; cuándo se actúa construyendo en la bondad.

Si asumen este planteo en su hogar, su escuela y sus ambientes aceptando adultos maduros que los y las ayudan como parteros, van sabiendo lo que significa ser dignos de su existir humano. Saben de donde vienen y hacia donde van y conocen con que medios cuentan y a quienes pueden consultar para ir alcanzando este objetivo.  En síntesis han hecho un serio propósito de vivir de acuerdo a su dignidad humana y se esfuerzan por llevarlo a cabo integrando en sentido positivo sus mismos momentos de vulnerabilidad mediante la reconciliación 3.-

Conclusión

6La adolescencia que conquista la juventud muestra como signo característico de haberla logrado la madurez de sus relaciones. Sabe vivir el sentido profundo de la expresión de la Biblia: “No es bueno que el hombre esté solo” (Gen. 2,18). Como bien dice E. Levinas: “El hombre libre está consagrado al prójimo; nadie puede salvarse sin los otros. El dominio reservado del alma no se clausura desde el interior” 4.

Y es el y la adolescente que se transformaron en jóvenes los que por su rostro, fresco y luminoso, son el mejor símbolo de la juventud de corazón.

7El rostro es la parte más luminosa del cuerpo humano que revela la calidad de la relación. Nadie ve su propio rostro directamente, sólo lo ve por su reflejo en el espejo o por la técnica de la fotografía y las artes visuales. Por eso, poéticamente se puede decir que mi rostro lo veo por la reacción que se produce en el rostro del otro que me mira. Y por la forma como me mira puedo interpretar los gestos de respuesta de mi propio rostro, aunque no los vea. Así comenta esta realidad un filósofo: “Hasta ponernos en presencia de una cara, no percibimos la verdad del hombre, verdad que nos desengaña de todo concepto formado a través de referencias indirectas puramente verbales” 5.

Por todo eso, cuando una persona madura, sobre todo si es cristiana, al encontrarse y conversar con un muchacho o una chica que han entrado en la juventud de corazón, ve cómo se va realizando en ellos la afirmación del apóstol san Pablo: “Nosotros, en cambio, con el rostro descubierto, reflejamos, como en un espejo, la gloria del Señor, y somos transfigurados a su propia imagen con un esplendor cada vez más glorioso, por la acción del Señor, que es Espíritu” (II Cor. 3,18).

8La juventud es en síntesis, sobre todo para el cristiano (pero sin excluir al hombre de buena voluntad, cualesquiera sean sus condicionamientos y cultura), no una edad de la vida, sino una actitud frente a la vida, símbolo de una misteriosa transfiguración del ser humano, aunque su cuerpo se vaya desgastando y termine por morir en la historia. Es como una prolongación participada de ese momento fugaz en que el Jesús histórico se transfiguró en el Jesucristo, Señor de la historia, frente a sus tres discípulos (Mt. 17, 1-9; Mc. 9, 2-13; Lc., 9, 28-36).

9El hombre que se esfuerza por ser bueno y por eso vive en la juventud de corazón siempre es para la humanidad y el universo una esperanza de resurrección. Estamos frente a lo que podríamos llamar la luminosidad del hombre bueno, porque querer vivir en la gracia es entrar en la gloria, y ésta en la Biblia es luminosa, como lo es la juventud de corazón. Por eso, en el universo de los hombres cuando aparecen jóvenes se produce en el entorno lo que dice el salmo: “Contempladlo y quedarán radiantes” (Sal. 34(33), 6). Esto sólo rechazan y destruyen los hombres que no son jóvenes porque, por diversas causas, son de mala voluntad. Y por eso fue lapidado el joven protomartir Esteban “hombre lleno de fe y lleno del Espíritu Santo” (Hec. 6,5). Y este joven “lleno de gracia y de poder” (Hec. 6,6) y “cuyo rostro” fue visto por los que lo juzgaban “como parecido al de un ángel” (Hec. 6,15) murió pidiendo con sus labios perdón por los que lo mataban: “…poniéndose de rodillas, exclamó en alta voz: “Señor, no les tengas en cuenta este pecado”. Y al decir esto expiró” (Hec. 7,60). Y ¡cuantos seres humanos de este tipo se podrían evocar a lo largo de la historia de la humanidad! Siempre habrá por tanto verdaderos jóvenes en esta tierra y ¡ojalá nuestros muchachos y nuestras chicas descubran esa realidad y promesa y la quieran vivir hasta el fin!

Me parece, por último, altamente inspirador terminar esta parte con esta confiada petición al Señor:

“Oh Dios que has hecho al ser humano a tu imagen y semejanza; y lo has hecho varón y mujer, concédeles desde que se hacen por su adolescencia responsables de sus actos que descubran y cultiven todo aquello que los haga crecer en la dignidad de su ser para que logren con tu gracia, la ayuda de tu madre, María y el acompañamiento cordial de varones y mujeres maduros en su dignidad humana, aquella juventud de corazón que es eterna y que se refleja armoniosamente para bien de todos en lo juvenil de sus cuerpos. Y para ello dales:

  • La prudencia para reconocer y la valentía para evitar la locura de la frivolidad, las heridas crueles de la indelicadeza y el cáncer de la desconfianza.
  • La madurez para actuar y reaccionar como jóvenes maduros, especialmente en situaciones desagradables.
  • La paciencia y la generosidad para perdonar las debilidades y errores humanos y para aceptar y querer a cada uno como son, no como cada uno desearía que los otros fueran.
  • Haz que la personalidad de cada uno sea bendecida con un genuino sentido del humor, una completa apertura, y una sincera determinación para entenderse mutuamente.
  • Haz que el amor entre ellos sea completamente desinteresado, y que encuentren la mayor felicidad en complacerse en el camino hacia la plenitud.
Y finalmente, haz que las manos de Cristo posándose sobre su cabeza generen mil bendiciones, especialmente sobre su hogar, para que más allá de su realidad terrestre sea siempre un pequeño rincón del cielo, un lugar donde el amor reine y la paz de Dios permanezca. Amén.” 6.

 

-La nota continúa en la publicación de Familia Cristiana del mes que viene, con el tema "Amor y sexo en la vivencia familiar".

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Notas:

1. Discurso a la Universidad Católica de América, 17 de mayo de 2008.-

2. Discurso en el encuentro ecuménico en Nueva York, 18 de mayo de 2008.-

3. Ver E. FABBRI, El pasar de las edades, Criterio, n.1930 (13.9.1984), pp.477-482; Se puede ser siempre joven?, Criterio, n.2165 (9.11.1995), pp.628-631.-

4. Humanismo del otro hombre, Caparrós editores, Madrid, 1993, p.93.-

5. L.E. PALACIOS, El rostro y su anulación, Gráficas Andrés Martín, Valladolid, 1982, p.12.-

6. Oración del sacerdote, Joseph E. KELLER dedicada a una pareja de recién casados que encontré en el Boletín Parroquial de una iglesia en Miami (USA) en 1992, que traduje, amplié y acomodé a este tema.

 
*Enrique Fabbri fue sacerdote de la Compañía de Jesús (Jesuita), licenciado en Filosofía y en Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Continuó sus estudios en Inglaterra, Suiza y Bélgica. Se especializó en Antropología de la sexualidad, la pareja humana y la familia. Autor de numerosos libros y artículos. Fue decano de la Facultad de Teología de la Universidad del Salvador y director del CIAS (Centro de Investigación y Acción Social). Ha dado conferencias y cursos en el país (Argentina) y fuera de él. Falleció en 2015.
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