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1ADOLESCENCIA Y SEXO.
DINÁMICAS HACIA EL AMOR
-Por pbro. Enrique Fabbri, sj*-

La adolescencia es una temática que nos interpela y nos interesa a todos, especialmente por la vulnerabilidad en la que vive en la actualidad. El sacerdote jesuita Enrique Fabbri, antes de partir a la casa del Padre, nos dejó unos valiosísimos escritos sobre el tema, que no podemos dejarlos pasar. Llama la atención la actualidad con que se abordan los temas, siendo que se escribieron cerca de 2015, nos brindan mucha luz sobre la materia y son una invitación para reflexionar y actuar. Para el provecho de todos, iremos publicando la totalidad del texto, pero dividido en breves temas o títulos cada mes.

Se trata aquí de hacer la historia de la metamorfosis progresiva de las atracciones y emociones de los ritos eróticos en un amor madurante que las asume y les da un sentido. Esto sólo se da si ambos quieren asumir la dinámica del mecanismo psico-biológico, para ser capaces de llevar adelante un proceso de amor responsable, armónico y creador que vigila por la calidad amor de vida que se quiere comunicar.

En tal dinámica se llega a la desnudez simbólica, o sea entregarse en toda su integridad sin armas a la otra parte, cuando ambos confirman y aseguran en el amor su fidelidad para el futuro delante de otros testigos calificados para declarar su compromiso con la sociedad civil y religiosa: el Estado y la Iglesia. Sólo entonces la desnudez física y su actuación genital es signo de la existencia de una plenitud del amor que se siente capaz y responsable de dar vida para bien de los demás, comenzando por sus hijos.

2Así se describe la historia de la metamorfosis progresiva de las atracciones y emociones de los ritos eróticos en un amor madurante que las asume y les da un sentido. Esto sólo se da si ambos quieren asumir el proceso de su maduración psico-afectiva, para ser capaces de llevar adelante un proceso de amor responsable, armónico y creador que vigile por la calidad de vida que ha de comunicar. Y esto no es fácil. Con mucha precisión hace sonar un alerta Eric Fromm: “El deseo sexual tiende a la fusión, y no es en modo alguno solo un apetito físico, el alivio de una tensión penosa. Pero el deseo sexual puede ser estimulado por la angustia de la soledad, por el deseo de conquistar o de ser conquistado, por la vanidad, por el deseo de herir y aún de destruir, tanto como por el amor. Parecería que cualquier emoción intensa, el amor, entre otras, puede estimular y fundirse con el deseo sexual. Como la mayoría de la gente une el deseo sexual a la idea del amor, con facilidad incurre en el error de creer que se ama cuando se desea físicamente. El amor puede inspirar el deseo de la unión sexual; en tal caso, la relación física hallase libre de avidez, del deseo de conquistar o ser conquistado, pero está fundido con la ternura. Si el deseo de unión física no está estimulado por el amor, si el amor erótico no es a la vez fraterno, jamás conduce a la unión salvo en un sentido orgiástico y transitorio. La atracción sexual crea, por un momento, la ilusión de la unión, pero, sin amor, tal ‘unión’ deja a los desconocidos tan separados como antes a veces los hace avergonzarse el uno del otro, o aún odiarse recíprocamente, porque cuando la ilusión se desvanece, sienten su separación más agudamente que antes. La ternura no es en modo alguno, como creía Freud, una sublimación del instinto sexual; es el producto directo del amor fraterno, y existe tanto en las formas físicas del amor, como en las no físicas” 1. Hay que saber dejarse cuestionar por el amor y la vida, sincerizarse con su propio ser interior sin elaborar mecanismos pre-reflejos de defensa; y saber pedirle lo mismo al otro, aunque esto suponga perderlo para siempre.

Bien decía el mismo Fromm: “Durante el noviazgo nadie está seguro todavía de su pareja, pero cada uno trata de conquistar al otro. Ambos son vitales, atractivos, interesantes, y hasta bellos, ya que la vitalidad embellece el rostro. Ninguno tiene al otro. En el matrimonio, la situación con frecuencia cambia fundamentalmente. El acta matrimonial le da a cada esposo la posesión exclusiva del cuerpo, de los sentimientos y de las atenciones del otro. Ninguno de los dos debe conquistar, porque el amor se ha convertido en algo que se tiene, en una propiedad. Los esposos dejan de esforzarse por ser amables y dar amor, por ello se aburren y su belleza desaparece. Se sienten desilusionados y confundidos. ¿Ya no son las mismas personas? ¿Cometieron un error al casarse? Cada cónyuge generalmente busca en el otro la causa del cambio, y ambos se sienten defraudados, pero no advierten que ya no son los mismos que cuando se amaban; que el error de creer que se puede tener amor, ha hecho que dejen de amarse. En vez de amarse, llegan a un acuerdo para compartir lo que tienen: el dinero, la posición social, la casa, los hijos. Por ello, en algunos casos, el matrimonio que se inicia con amor se transforma en una asociación amistosa, en una empresa en la que dos egotismos se reúnen en uno solo: el de la «familia». Cuando una pareja no puede sobreponerse al anhelo de renovar el antiguo sentimiento de amor, uno o ambos esposos pueden tener la ilusión de que un nuevo compañero (o compañeros) calmará su deseo vehemente. Creen que sólo desean tener amor; pero para ellos el amor no es una expresión de su ser; es una diosa a la que desean someterse. Necesariamente fracasan en el amor, porque «el amor es hijo de la libertad» (como dice una antigua canción francesa) y el culto a la diosa del amor llega a ser tan pasivo que causa aburrimiento y él o ella pierden los restos de su antiguo atractivo” 2.

Antes de llegar al amor, tres son las fases por las que pasa el juego relacional heterosexual, de las cuales las dos primeras son bien fugaces, de poca duración y volubles:

  1. Infatuación: Se manifiesta por un intenso deseo de estar con los del otro sexo, de emociones fuertes, de sentimientos “seductores”. Es un tomar placer de sí mismo en el otro: el propio egocentrismo se carga de instancias idealísticas y/o eróticas.
  2. Cortejo: Hay un flechazo mutuo que sacude a los dos. Se descubre en el deseo de intercambios afectivos correspondidos; son encuentros más densos de contenidos personales y más significativos. Aquí se insinúa el enamoramiento que pone su acento en la mutua atracción emocional y erótica que se desea perdurable.
  3. Enamoramiento: Es ya emocionalmente no poder estar sin la presencia física y el recuerdo estimulante y nostálgico del otro o de la otra.

 

-La nota continúa en la publicación de Familia Cristiana del mes que viene, con el tema "El enamoramiento".

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Notas:

1. El arte de amar, Paidós, Bs. As., 1959, pág. 64.

2. ¿Tener o ser? F.C.E., México, 1980, pág. 58.

 
*Enrique Fabbri fue sacerdote de la Compañía de Jesús (Jesuita), licenciado en Filosofía y en Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Continuó sus estudios en Inglaterra, Suiza y Bélgica. Se especializó en Antropología de la sexualidad, la pareja humana y la familia. Autor de numerosos libros y artículos. Fue decano de la Facultad de Teología de la Universidad del Salvador y director del CIAS (Centro de Investigación y Acción Social). Ha dado conferencias y cursos en el país (Argentina) y fuera de él. Falleció en 2015.
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