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1EDUCAR EN SEXUALIDAD.
FIDELIDAD DE LA FAMILIA
-Por pbro. Enrique Fabbri, sj*-

La adolescencia es una temática que nos interpela y nos interesa a todos, especialmente por la vulnerabilidad en la que vive en la actualidad. El sacerdote jesuita Enrique Fabbri, antes de partir a la casa del Padre, nos dejó unos valiosísimos escritos sobre el tema, que no podemos dejarlos pasar. Llama la atención la actualidad con que se abordan los temas, siendo que se escribieron cerca de 2015, nos brindan mucha luz sobre la materia y son una invitación para reflexionar y actuar. Para el provecho de todos, iremos publicando la totalidad del texto, pero dividido en breves temas o títulos cada mes.

PADRES, MADRES, EDUCACIÓN SEXUAL

Es una ilusión pensar que se puede construir una verdadera cultura de la vida humana, si no se ayuda a los jóvenes a comprender y vivir la sexualidad, el amor y toda la existencia según su verdadero significado y en su íntima correlación. La sexualidad, riqueza de toda la persona, manifiesta su significado íntimo al llevar a la persona hacia el don de sí misma en el amor”.
Juan Pablo II, El Evangelio de la vida (EV), N. 97.

2Pretender que las familias vivan sin conflictos en sus relaciones intrafamiliares es una ingenuidad. En algunos temas, y muchos sin mayor importancia, las reacciones emocionales y explosivas son frecuentes, pero sin mayores consecuencias y si reina un ambiente de suficiente amor entre sus miembros nunca “la sangre llega al río”. Eso no quita que los padres, él y ella, han de saber mantener un esforzado equilibrio para no ser autoritarios sin caer en el permisivismo. Y sólo una seria formación de ambos en el arte de la paterno-maternidad empapada de una tierna comprensión frente al complejo proceso de maduración de sus hijos, los librará del doloroso fracaso que, con sus imposiciones, sobre todo cuando sus hijos son adolescentes, no llegan a nada. Y en aquello en que los y las adolescentes se sienten más agitados han de saber acompañar no imponiéndose con prohibiciones estentóreas, pero tampoco encerrándose en silencios estériles, aún en los casos en que los adolescentes por sus comportamientos sexuales, y a veces aun más penosos –basta pensar en el alcohol y las drogas– más los puede entristecer.

Fidelidad de la familia a su propio ser

“Familia, lo que eres escribía Juan Pablo II 1. Toca ahora a las familias que se esfuerzan por ser fieles al sentido profundo de su ser y su sentido, ver cómo responder a este anhelante deseo del que con toda justicia puede ser considerado el gran Pastor de las familias del mundo. ¿Qué hay, por lo tanto, en la urdimbre familiar que la constituye la principal plasmadora de una personalidad que aprende a madurar en su sexualidad y afectividad haciéndolas un lenguaje claro, tierno y enérgico del genuino amor humano?

3Un documento de la Iglesia deja bien en claro que la función de los padres como educadores de la nueva generación es fundamental e insustituible: “Los padres son los primeros y principales educadores de sus hijos, y en este campo tienen una competencia fundamental: son educadores por ser padres. Comparten su misión educativa con otras personas e instituciones, como la Iglesia y el Estado; pero aplicando correctamente el principio de subsidiaridad. De ahí la legitimidad e incluso el deber de ayudar a los padres, pero a la vez el límite intrínseco y no rebasable del derecho prevalente y las posibilidades efectivas de los padres. El principio de subsidiaridad está, por tanto, al servicio del amor de los padres, favoreciendo el bien del núcleo familiar. En efecto, los padres no son capaces de satisfacer por sí solos todas las exigencias del proceso educativo, especialmente en lo que atañe a la instrucción y al amplio sector de la socialización. La subsidiaridad completa así el amor paterno y materno, ratificando su carácter fundamental, porque cualquier otro colaborador en el proceso educativo debe actuar en nombre de los padres, con su consenso y, en cierta medida, incluso por encargo suyo 2.

El documento propone una original aplicación del principio de subsidiaridad en el plano de la educación en donde se requiere en todo el parecer y la aprobación de los padres; pero a su vez ellos han de solicitar ayudas para educar en forma integral a sus hijos. Por eso afirma el mismo Documento: “No faltan frecuentemente en los padres ni el conocimiento ni el esfuerzo. Sin embargo, a veces, se encuentran muy solos, indefensos y con frecuencia se les echa la culpa. No sólo tienen necesidad de comprensión, sino también de apoyo y ayuda por parte de grupos, asociaciones e instituciones” 3.

El Documento de Medellín ya ofreció un enfoque original como un trampolín que lanza a la familia a llevar a cabo con elegante paciencia el logro de ese objetivo. Para ello la familia ha de ser formadora de personas, promotora del desarrollo y educadora de la fe 4. En este planteo G. Campanini ofrece una triple metodología para que la familia sea una acertada maestra en el sentido de la sexualidad y su afectividad. La familia educa en este terreno: 1) si sabe mostrar la relación entre el amor y el placer sexual; 2) si sabe explicar la conexión entre la sexualidad y el don de la vida; 3) si sabe con su propio comportamiento y lenguaje enseñar a sus hijos cuál es el profundo sentido de la relación sexual entre varones y mujeres 5.

4En cuanto a lo primero no se puede olvidar que los/las adolescentes, mal incentivados por lo general por el ambiente y los “mass-media” corren el riesgo de separar el placer del amor, o de llamar amor a lo que es sólo excitación corporal y atracción erótica. De este enfoque ha brotado la frase continuamente escuchada, sobre todo en televisión, de “hacer el amor” lo que llevó, ya hace bastante tiempo, a un genial periodista norteamericano a decir con un dejo de picante ironía: “Los victorianos, que hablaban muchísimo acerca del amor, sabían muy poco acerca del sexo. Quizás ha llegado el tiempo en que los modernos, que saben muchísimo acerca del sexo, comiencen a hablar nuevamente del amor. Y así verán que no hay nada peor para el sexo que hacer el amor sin amor (to make love without love)” 6.

Toca a los padres testimoniar con su propia conducta y por los mensajes que transmiten a sus hijos cómo viven el gozo de sentirse siempre amantes por la intensa y consoladora confianza que saborean entre ambos. Uno se siente el otro sin dejar de ser uno mismo porque a través de todas las peripecias de su vida conyugal ha podido mantener el gozo que se mediatiza frecuentemente por el placer del juego corporal como gratificante expresión de su amor conyugal. Es éste el mejor camino para mostrar a la nueva generación cómo es posible que la experiencia del placer es mucho más plena, cuanto más maduro es el amor de amistad entre el padre y la madre. A mayor síntesis entre amor y placer más se comprende el gozo de ser varón y mujer unidos en un proyecto de vida y de amor para bien de la humanidad. ¡Y ojalá esta concepción pudiese ser saboreada aún en los niveles más marginados en donde subsisten muchísimas familias! Este es el gran desafío que las familias con recursos humanos y dirigencias que realmente trabajan por el bien común han de esforzarse en dar respuestas eficaces y prácticas. Y por lo que se ve en la actualidad queda un largo camino por recorrer. No parecen ser muchas las familias que quieren o pueden por variadísimas causas embarcarse en este proceso.

5Es muy cierto que la sexualidad rectamente educada expresa dentro del matrimonio el sentido unitivo del mismo como plena exteriorización de su amor en el momento de la entrega corporal de la cópula. Pero para que su simbolismo sea integralmente total ha de estar siempre abierto al don de la vida, aunque esto de ninguna manera signifique que toda entrega corporal ha de buscar tener un hijo. No se trata aquí de entrar en la problemática de la paternidad responsable. Se apunta más bien a la paternidad integral. La sexualidad es madura si todo el juego relacional que entabla con el otro de acuerdo a su propio estado de célibe o casado siempre apunta a ser una entrega generosa al bien del otro u otros para que la sociedad crezca en una vida humana iluminada por el altruismo, el don y la solidaridad 7.

Los padres son padres no tanto porque engendran hijos –se hablaría entonces de progenitores– sino por la forma como los cuidan, los asisten y los promueven en la vida para que sean hombres de bien, comprometidos con la sociedad y capaces de jugarse, preocupándose por una buena formación integral, como ciudadanos por la construcción de una sociedad civil solidaria, es decir que busque en lo socio-económico, político, cultural, una participación de todos en el bien común. Y si no se descubre, acepta y educa esa dimensión social de la sexualidad humana, se corre el riesgo de que el hombre sea en su vida pública un individualista que destila abierta o disimuladamente egoísmos, hedonismos, prepotencias, resentimientos… que evidentemente nunca son principios de vida, sino generadores de violencias, caos y muertes en la vida social.

6Por último, la familia, mediante su íntima dialéctica de varón-mujer, educa a los hijos en la percepción de su propio rol sexual. El primer mensaje de lo que es su propio sexo de varón o de mujer lo reciben los hijos de sus respectivos padres. Es fundamental que la joven adolescente reciba este mensaje de su propio padre como el varoncito de la propia madre. Pero todo eso supone una delicada presencia de ternura sexual con sus hijos durante toda la niñez de ellos y ellas de parte de la madre como del padre y desde el momento en que éste se entera que su mujer está embarazada. Y no olvidar que el diálogo con los hijos adolescentes se incuba en haber sabido dialogar con ellos desde que eran niños, que este diálogo progresivo tiene lugar desde que el hijo comienza a gestarse como humano en el seno de su mamá y que el diálogo no es sólo palabras, sino todo el juego de los gestos corporales que se intercambian con el niño o la niña 8.

El hijo ha de aprender lo que es el varón para la mujer del testimonio que le da su madre, por la manera como ella habla del varón y por la forma como ella se relaciona con ese varón concreto que es su marido, padre de su hijo. Y lo mismo se diga del proceso dialogal que el padre ha de entablar con su hija adolescente. Es ésta una instancia intransferible para que los hijos aprendan lo que es la amistad entre varón y mujer: un maravilloso entretejido de mutuo respeto, admiración, agradecimiento, perdón y promoción. Verán así cómo el sexo, hasta en su actuación genital, es un encantador lenguaje del amor conyugal. Si, por el contrario, los padres –por ignorancia, incapacidades, culpables o inculpables, egoísmos, etc.– declinan esta delicada misión educadora, se corre el riesgo de alimentar dramáticos ambientes familiares en donde explícita o implícitamente, se rechaza el sentido profundo del propio sexo y se torpedea así todo sano encuentro relacional.

7G. Campanini da sobre este punto una serie de acertadas indicaciones: “La formación en el respeto del otro, el sentido del pudor y del recato, el cuidado del propio cuerpo y de los propios órganos genitales, y así otras muchas cosas más: todo esto puede ser objeto del explícito mensaje educativo de la familia. No se trata tanto de seguir un sistemático programa de introducción al sentido de la sexualidad, sino de responder, aquí y ahora, a las preguntas cada vez más puntuales, y a menudo embarazantes, que niños/as, adolescentes de una u otra manera, plantean”,hasta con sus propios silencios 9. Y cuando no se sabe cómo contestar, hay que tener la sinceridad de consultar a los expertos en estas ciencias, y no responder con el silencio, con el rechazo y menos con la mentira.

Sin duda esta capacidad de diálogo con los hijos depende en gran medida de la preparación de los padres. Ya antes de casarse han de haber aprendido a solucionar sus propios problemas de identidad sexual y de la vida relacional con el del otro sexo. Por eso, es altamente conveniente casarse cuando se logre entre ambos la suficiente certeza de que son verdaderamente amigos y que se sienten capaces de educar en el sentido del sexo en su doble vertiente de generador de vida y lenguaje del amor a sus futuros hijos. Mientras no se sientan seguros en este proyecto, es mejor que no se casen. Dejar todo librado, con la única base de sus atracciones físicas, encantos eróticos y entrega de sus cuerpos, al azar e imprevistos de su futuro, será necesariamente un fracaso sobre el cual toda persona madura no se puede vanagloriar.

Si hay algo que hoy se ha de deplorar al hablar sobre la sexualidad es que se ha perdido el sentido de su calidad humana y de su dimensión social.

 

-La nota continúa en la publicación de Familia Cristiana del mes que viene, con el tema "Familia y escuela: compañeras en esta educación".

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Notas:

1. La misión de la familia cristiana en el mundo actual (FC), n. 17.

2. Consejo Pontificio para la familia, Sexualidad humana: verdad y significado (8/XII/1995), n. 23. Ver “Recomendaciones del Congreso latinoamericano” sobre ese mismo documento. Observador Romano (20/02/97), pág. 19.

3. Ibid., n. 113.

4.Ver Doc. de Medellín. II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano. 3. Familia y Demografía, II, 4-7.

5. G. CAMPANINI, La famiglia e l’educazione della sessualità, La Famiglia, n. 207, 05/06/01, págs. 11-12.

6. TIME, Moral’s: The Second sexual Revolution, 24.I.64.

7. Ver E. FABBRI, Familia, generadora de la solidaridad de corazón, Revista CIAS, n. 484 (julio 1999), págs. 264-272 y Amor social, ¿una utopía?, Ibid., n. 489 (dic. 1999), págs. 611-626.

8. Se pueden recomendar entre tantos excelentes libros: Dorothy CORKILLE BRIGGS, El niño feliz, su clave psicológica, Granica, Bs. As., 1972 (hay muchas ediciones posteriores); Gianna ANTONUCCI de CAMPANINI, L’educazione sessuale e la famiglia, ed. Messagero, Padova, 1979 (hay posterior edición española); LÓPEZ QUINTÁS, La juventud actual entre el vértigo y el éxtasis, ed. Docencia, Bs. As., 1981; E. FABBRI, Familia, escuela del amor, Paulinas, Bs. As., 1999; E. FABBRI, Adolescencia, tiempo de dudas y esperanza, ed. Bonum, Bs. As., 1993; D. SONET, Su primer beso, Sal Terrae, Santander, 2002.

9. Ibid., pág. 12. Ver E. FABBRI, Alegría y trabajo de hacerse hombre, ed. Guadalupe, Bs. As., 1992, págs. 73-104.

 
*Enrique Fabbri fue sacerdote de la Compañía de Jesús (Jesuita), licenciado en Filosofía y en Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Continuó sus estudios en Inglaterra, Suiza y Bélgica. Se especializó en Antropología de la sexualidad, la pareja humana y la familia. Autor de numerosos libros y artículos. Fue decano de la Facultad de Teología de la Universidad del Salvador y director del CIAS (Centro de Investigación y Acción Social). Ha dado conferencias y cursos en el país (Argentina) y fuera de él. Falleció en 2015.
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