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1ADOLESCENCIA.
AMOR Y SEXO EN LA VIVENCIA FAMILIAR
-Por pbro. Enrique Fabbri, sj*-

La adolescencia es una temática que nos interpela y nos interesa a todos, especialmente por la vulnerabilidad en la que vive en la actualidad. El sacerdote jesuita Enrique Fabbri, antes de partir a la casa del Padre, nos dejó unos valiosísimos escritos sobre el tema, que no podemos dejarlos pasar. Llama la atención la actualidad con que se abordan los temas, siendo que se escribieron cerca de 2015, nos brindan mucha luz sobre la materia y son una invitación para reflexionar y actuar. Para el provecho de todos, iremos publicando la totalidad del texto, pero dividido en breves temas o títulos cada mes.

2“Dios que ha creado al hombre por amor, lo ha llamado también al amor, vocación fundamental e innata de todo ser humano. Porque el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, que es Amor. Habiéndolos creado Dios hombre y mujer, el amor mutuo entre ellos se convierte en imagen del amor absoluto e indefectible con que Dios ama al hombre. Este amor es bueno, muy bueno, a los ojos del Creador. Y este amor que Dios bendice es destinado a ser fecundo y a realizarse en la obra común del cuidado de la creación. «Y los bendijo Dios y les dijo: ‘Sean fecundos y multiplíquense, y llenen la tierra y sométanla’» (Gn 1,28)”.
“A la luz de las conversaciones que he mantenido con los obispos, hoy el problema principal estriba en proteger y no destruir a las familias. Hay que hacer todo lo humanamente posible1.

Es este amor, que han de cuidar, promover y renovar diariamente padres e hijos, que los hará sentir intérpretes y copartícipes “en la obra común del cuidado de la creación” para que los hombres, desde niños, vayan aprendiendo a conducir las tensiones, superar los enfrentamientos e ir construyendo desde sus familias en las sociedades públicas y naciones un conato de consenso en torno a la promoción de la justicia, la vigencia del amor social y la armonía de la paz.

3La familia fundada en el matrimonio es patrimonio de la humanidad; es un bien grande y sumamente apreciable, necesario para la vida, para el desarrollo y para el futuro de los pueblos. Según el plan de la creación establecida desde el principio (cf. Mt 19,4.8), es el ámbito en el que la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1,26), es conocida, nace, crece y se desarrolla. La familia, como educadora por excelencia de personas es indispensable para una verdadera “ecología humana”: “…Sed protagonistas en la Iglesia y en el mundo; es una responsabilidad que brota del mismo matrimonio que habéis celebrado, de vuestro ser iglesia doméstica, de la misión conyugal que os caracteriza como células originarias de la sociedad…” 2.

4Al estar toda familia, por regla general, constituida por un pequeño grupo de personas de diverso sexo y de diversa edad es comprensible que su realidad de todos los días incluya fácilmente un campo de tensión que da lugar a que se produzcan momentos de enfrentamiento entre marido y mujer y entre padres e hijos. Esto, que podría llamarse el tiempo de las reyertas conyugales y familiares, de ninguna manera es un signo de la falta de una atmósfera general de amor en el seno de la familia. Bien encarado es una invitación a los miembros de la misma a reconocer que todos tienen momentos de debilidad, pues nadie posee “la precisa”, y que en la política familiar de la “mano tendida”, surge la incorporación del diálogo como declaración de que cada miembro de la familia no puede crecer en forma integral en las cualidades plenificantes de su propio ser si no se reconcilia y abre al otro miembro para cosechar mutuamente las riquezas existenciales que cada uno ofrece a los demás de las profundidades de sí mismo.

Si el amor familiar existe, éste siempre triunfa sobre los enfrentamientos y da lugar a una consoladora experiencia de una rica relacionalidad al comprobar los distintos miembros de la misma, que, al final, es el consenso el que conduce a la familia, por la apertura y la comprensión, al cultivo promocional de las diversas personalidades que conviven diariamente en el trajinar de su vida intrafamiliar.

VIVENCIAS DEL MUNDO INFANTIL Y ADOLESCENTE EN EL ACTUAL AMBIENTE SOCIAL

5Hoy la sexualidad se vive por lo general en la superficialidad del ser, se queda en su piel. No se la ve como algo enraizado en lo más profundo del hombre y que en parte se escapa de su total intuición. Si se olvida esto la sexualidad pierde su profunda fecundidad que va mucho más allá y más profundo que la posibilidad de la prole. Si el hombre tuviese alguna idea de que todo lo creacional que produce admiración es en gran parte fruto del misterio de su cuerpo sexuado, se liberaría de las frivolidades, del exhibicionismo del sexo y la locura que todo ese pandemonio sexual engendra 3.

El entorno ambiental de niños y adolescentes, sobre todo a través de los espectáculos televisivos, no es impune a ese impacto. Es un golpe que altera y deforma el proceso evolutivo de una sexualidad incipiente que anhela inconscientemente su madurez integral y armónica. Toda esta dinámica es sistemáticamente bloqueada y desenfocada por los mensajes y “mandatos” que recibe de la pantalla televisiva y la publicidad mural y revisteril. Por algo el televisor es llamado en España “la caja boba” y Juan Pablo II aludió a ella como la “niñera electrónica” (Mensaje del 24 de enero de 1994).

6La psicóloga italiana, Enza Corrente Sutera pone el dedo en la llaga abierta que hoy padecen los y las adolescentes, casi siempre sin caer en la cuenta de esa amenaza que va carcomiendo su futuro: “El influjo a menudo explosivo y escandaloso de la crónica, por ejemplo la letra (por desgracia en inglés, lengua desconocida por los progenitores y masticada por los hijos) vulgar de las canciones en boga o, peor, los «amigovios» y hasta las incitaciones pesadas y equívocas en exitosos programas televisivos empujan a una reacción exterior que perturba la clara percepción de uno mismo, determinando fácilmente en nuestros/as adolescentes una alterada aproximación a la realidad” 4.

Hoy, ya desde el comienzo de la adolescencia, una gran mayoría de ellos y ellas saben, de una u otra manera, sobre todo por el impacto de los medios audiovisuales, que una cosa es el placer de la sexualidad, otra su procreatividad. Se han dado muchísimos cambios en esa edad, sobre todo en las jovencitas. Van al juego erótico-genital por placer, pero generalmente poco se cuidan de quedar embarazadas. Se ha hecho muy común el eslogan “el útero es mío y lo manejo yo”. Tema alimentado continuamente por las revistas, las letras de las canciones, los teleteatros, etc. Juegan tontamente al “sexo” sin saber nada sobre lo que es la sexualidad. Y corren así el riesgo de destruir para siempre la seriedad festiva que tiene el sexo cuando se vive como expresión de un amor sano y maduro. No es de ninguna manera una casualidad que haya aumentado el número de mujeres frígidas y varones eyaculadores precoces. El sexo no perdona cuando no se ha querido o no se ha sabido aprender a conducirlo como lenguaje del amor.

7En esto, la misión de la familia, como muchas veces ya se ha dicho, es fundamental. “Guiar a la adolescencia con una atenta educación sexual es también guiarlos hacia una serena y madura condición adulta. Esto es posible donde se hace espacio a la acogida, al sueño, al deseo, a la aceptación de uno que se va haciendo capaz de afrontar las pulsiones de la satisfacción inmediata y de la tendencia a una «adultización» anticipada. Aquí la misión de la familia es insustituible porque este objetivo se logra con fuertes testimonios vividos en la cotidianeidad: el «hacerse grande» con empeño y alegre responsabilidad debe ser, como lo ha sido para las generaciones precedentes, un recorrido hacia una elevada meta que de ninguna manera se satisface con la convicción de que ya uno lo es en la inmediatez de un placer a menudo egoísta que quema las alas e impide que la crisálida se convierta en mariposa” 5.

8Toda relación génito-erótica para que sea madura requiere haber sido precedida por lazos no sólo afectivos, sino intelectivos; es decir, supone el comienzo de una sincera amistad. Toda relación sexual precoz impide el profundo conocimiento del otro, que nunca se reduce a su solo cuerpo. Si, por diversas causas, se ha dejado de lado este serio y primer aprendizaje, será casi imposible aprenderlo después. Y aquí está, sin duda, la principal causa de porqué es tan grande el número de las parejas que fracasan. Y son pocas las familias que todavía hoy saben enseñar este sentido finalista de la sexualidad, cuya meta es hacerse lenguaje del amor. Algo hacen las escuelas, pero nunca pueden sustituir la función de las familias. Y la televisión, publicidad y otros espectáculos parecerían conspirar para hacer del hombre un pobre infeliz en el ejercicio de su sexualidad 6.

9Como afirma la psicóloga ya citada: “Para nuestros adolescentes es muy difícil recorrer el camino del crecimiento afectivo que lleva a madurar en la capacidad de amar porque se confrontan con una sociedad que propone imágenes muy parcializadas de erotismo. Se impone una revolución en el proceso comunicativo de progenitores-hijos, educadores-educandos, y esta revolución no puede ser solamente provocada por el miedo al SIDA. No hay valor humano si se dejan de lado los valores de donación. Hemos quitado, hemos eliminado, hemos abolido en estos adolescentes la fatiga, la expectativa, la esperanza, la renuncia, y estos adolescentes, frente a sus emociones, son frágiles, son indefensos frente a las presiones consumistas y el sexo se ha convertido en una mercadería… Nadie recuerda a estos adolescentes que los problemas no nacen del control de nuestros instintos, sino exactamente de la falta de control… Si los comprendemos, podremos encontrar el modo de acercarnos a ellos. Si nos ponemos en actitud de censura nos sentiremos alejadísimos y se construirán otro mundo, relativo a las cosas que hacen, pero sobre todo a las cosas que prueban y en ese su mundo no habrá espacio para nosotros” 7.

Pero cabe la pregunta, ¿será ese mundo un mundo de la vida y del amor, o un mundo de la muerte y el odio? Para lograr lo primero y evitar lo segundo está su familia, “el padre y la madre han de ser desde la edad primordial (del hijo), el nacimiento, el antídoto contra toda forma de superficialidad y de consumismo, si es verdad que la educación sexual no es sólo «te enseño cómo has nacido» sino mediante el mío/nuestro modo de ser «te oriento a hacerte varón, a hacerte mujer». Padre y madre son educadores en cuanto testimonio de una relación no epidérmica, sino fuerte, responsable, afectiva, respetuosa y, por todo esto, gozosa” 8.

PROCESO EDUCATIVO ENTRE LA FAMILIA Y LA ESCUELA

10En la civilización de hoy en día, donde prácticamente todo se ventila en común, y en donde varones y mujeres, ya desde niños, se encuentran y relacionan en todo, hay que proponer medios y arbitrar motivaciones para que aprendan a respetarse como personas, a aceptarse como iguales y diferentes, a enriquecerse en el manejo de esa diferencia para crecer integral y armónicamente como personas sexuadas. Esto exige que ya desde niños y niñas aprendan a convivir y saber ir en su trato más allá de las excitaciones corporales de sus sexos y de los atractivos eróticos de sus emociones.

Esto exige un proceso educativo, cuyo centro es su misma familia y su prolongación la escuela, donde reciben enseñanzas y se los estimula con ejercicios apropiados para que vayan descubriendo que la meta de la plenitud de su relación covivencial no es el matrimonio y la familia, sino el logro de la colaboración y la amistad entre ambos sexos. Sólo este tipo de comunidad entre varones y mujeres que conviven en el respeto, la colaboración y hasta lo posible en la amistad, permitirá al sexo vivir con acierto su dimensión social y se podrá así hablar de una sociedad solidaria que practica el amor social 9.

kEn este enfoque que se va extendiendo en el mundo occidental, ¿es conveniente educar juntos a niños y niñas ya desde su más temprana edad? ¿Cómo encarar esta coeducación para que ellos y ellas aprendan a respetarse y tratarse como personas, cultiven la dimensión y exigencias sociales de su sexualidad y colaboren mano a mano en la construcción de esa sociedad solidaria? “La relación varón-mujer es, se lo ve, a la vez, «base previa» a toda otra relación social y promesa de reunificación o reconciliación más allá de todos los conflictos y diversas luchas que también tejen la historia (la historia «intermediaria», se podría decir). La dialéctica varón-mujer, antes de cualquier otra dialéctica social, es el sitio de un «reconocimiento igual y recíproco»: promesa en relación a todo lo que nosotros vivimos, individuos y pueblos” 10. Y esto se tendrá que aprender mediante una mutua confrontación cuya aula podría ser la escuela. Lo cual, sin duda, requiere maestros y maestras verdaderamente educadores, no infectados de ideologías, sino interiorizados ricamente en la doctrina del bien común.

12Se explica así el serio llamado de atención que formula el mismo Calvez: “¿Cuándo la educación ignora en particular esa realidad? Cuán vacío está de sentido, muy a menudo, lo que es ofrecido bajo el nombre de educación sexual, reducido a referencias fisiológicas y a algunas recomendaciones pragmáticas, es decir, simplemente profilácticas. Y fácilmente se piensa que la comprensión del significado de lo sexual en sí mismo y en los otros se ha plenamente adquirido por esta educación en la infancia o en la adolescencia, cuando todavía se requiere mucho tiempo para progresar en ella. Frente a tantos fracasos o insuficiencias de las relaciones entre varón y mujer, tenemos que tomar plena conciencia de nuestro deber y ayudarnos unos y otros a sobrepasar este malestar. Ojalá se trabaje por reducir las incomprensiones y revelar un poco más a éste y aquella, en todo lo que se pueda, el sentido profundo que aún se encierra en una relación tan difícil… Gran deber de humanidad para todos. Todos, varones y mujeres” 11.

Y empezar este nuevo proceso con los seres humanos desde muy pequeños desde una coeducación bien fundamentada, explicada y aplicada, ¿no sería un gran acierto para bien de la humanidad? En esto las instituciones actuales no se han esforzado por asumir a fondo la inquietante problemática que el actual comportamiento de una gran mayoría de la adolescencia está planteando. Se buscan paliativos legislativos para lograr un “sexo seguro” que haga retroceder el fantasma del SIDA, evitar los embarazos prematuros y repartir al voleo anticonceptivos…, pero nada se dice de rehabilitar una conciencia colectiva y bien fundamentada sobre valores morales y espirituales que sean garantizados y promovidos por las instituciones públicas y privadas, que se muestren seriamente interesadas por la salud integral de las capas más jóvenes de la población 12.

13El mundo actual poco ayuda a la adolescencia a valorar el sentido y misión fundamental de la familia en el buen marchar de la sociedad civil. Muchos organismos públicos no se interesan, por lo general, del futuro colectivo de la sociedad. Sólo buscan, no importa por qué medio, consumir el presente. Es interesante que la familia se salva, pero porque sólo ven en ella como un puerto de refugio que da cierta seguridad. Pero no se la mira con buenos ojos: se le cuestiona la falta de claros objetivos; se le machaca que vive prisionera del pasado sin saber descubrir su “verdadero bien” en el placer; se le critica su defensa de derechos perimidos y su resistencia frente a las modas de la actualidad.

14Pero ese mundo cuestionador no sabe ir, por lo general, mucho más lejos de eso. Parecería que la quieren hacer desaparecer porque son incapaces de ofrecerle, más allá de reconvenciones y sanciones o lo que es peor, indiferencias y permisivismos, un diálogo cordial y profundo que la estimule a la búsqueda de valores que orienten su marcha hacia metas que den un sentido renovado a sus vidas y la convenza de que lo principal es amar y sentirse amados a través de la expresiva, encantadora y responsable dinámica de sus cuerpos sexuados. Hay que lograr que los miembros de la misma, sobre todo los hijos, puedan sentirse alegremente estimulados a hacer de sus cuerpos sexuados lenguajes del amor. Pero todo esto supone una sociedad de adultos realmente coherente, no desquiciada y que sepa jugarse por los valores de la vida y del amor. Y desgraciadamente se está bien lejos de esa realidad.

Aquí la familia actual ha de saber aceptar un serio cuestionamiento: “La institución familiar, aprisionada en las telarañas del individualismo y afrontada a nuevos planteos, ve que sus fundamentos son puestos en causa. Vive por eso en una gran incertidumbre. Los valores llamados familiares se desintegran a medida que surgen circunstancias, dificultades, pruebas que no siempre saben afrontar. Al final de cuentas, sólo las familias que pueden contar con recursos y ayudas materiales, afectivas y espirituales pueden asegurar la transmisión de verdaderos valores. Las otras, carentes de sostén, son rápidamente desplazadas por la amplitud de la tarea y caen junto con sus hijos, niños y adolescentes, en la miseria moral” 13.

A esto hay que buscar un pronto y decisivo remedio que nunca podrá ofrecer una sociedad civil que ha consentido que sus estructuras socio-político-económicas se degraden en un modo irresponsable y perverso. Solamente una sociedad civil políticamente sana, madura y solidaria sabrá responder a las necesidades de sus capas más jóvenes y prepararlas acertada y comprensivamente a asumir sus responsabilidades privadas y públicas.

15¿DÓNDE ESTÁ LA VERDADERA COEDUCACIÓN SEXUAL?

Una coeducación escolar bien encarada y llevada adelante por verdaderos y capaces educadores abre a chicas y muchachos a un nuevo tipo de comunicación que los prepara para asumir sus responsabilidades en la vida civil dándoles estímulos y medios para capacitarse como buenos ciudadanos, que se sientan protagonistas y agentes en el construir, cuidar y promover una sociedad solidaria mediante la colaboración subsidiaria en la que todos participen. Esto, en su propia familia, encerrados en la misma -niños y adolescentes- es muy difícil que lo aprendan. Pero en escuelas y colegios, guardianes de estos objetivos y promotores de los mismos, se les hará mucho más fácil aprender. Además, al abrirse el campo de incipientes amistades se amplía el ámbito donde puede brotar la base de futuras familias mucho más mentalizadas en su dimensión social.

“Coeducación significa por una parte una propuesta educativa para muchachos y chicas a disponerse a ser personas autónomas y responsables, sea en la aceptación de la propia identidad sexual, sea en el encuentro auténtico con el que pertenece al otro sexo; y por la otra, la coeducación significa propuestas concretas de experiencias comunes (en la familia, la escuela, en el tiempo libre…) con fines educativos según un proyecto único orientado a la formación de la reciprocidad…” 14.

Coeducación no es que ellos y ellas frecuenten las mismas aulas y muchísimo menos permitir o favorecer entre los y las adolescentes actitudes equívocas y promiscuas. En síntesis no es organizar actividades o hacer cosas para estar juntos, sino estar juntos para hacer mejor las cosas y la actividad; lo que es diverso.

Allí se han de dar las principales pautas para que los muchachos y las chicas conozcan el significado de la dimensión social del sexo y aprendan a ejercitarla para que ellas y ellos se sientan respetados en su dignidad sexual y conozcan los comportamientos que contribuyen a ese planteo. Se trata de asimilar una triple modalidad: educación en torno al sexo, educación del propio sexo y educación del sexo del otro/a.

16La educación en torno al sexo es explicar el sentido finalista que tiene el sexo desde el momento en que una pareja se decida a buscar un hijo; el valor de la abstinencia genital antes de un compromiso serio y permanente frente a la autoridad civil y/o religiosa; la importancia de sentirse profundamente amigos antes de dar ese paso; el tener un conocimiento claro de la paternidad responsable; las características de lo que es ser verdaderamente padre y madre no quedándose en ser meramente progenitores; el sentido de un erotismo sano, respetuoso y alegre en el juego de la intimidad conyugal; la interacción de él y ella en la educación de sus futuros hijos para que éstos aprendan la dignidad de ser varón o mujer y lo puedan ver retratado en el comportamiento de sus padres como esposos y más en sus gestos y actitudes que en palabras; el sentido “trascendente” que tiene esta integración estable y permanente de cuerpos, sentimientos, anhelos y proyectos que redundan en beneficio de ambos, de sus hijos y de la comunidad social.

Unos dirán: ¡cuánto se pide! Pero si el amor entre ambos tiene suficiente grado de madurez lo sabrán aceptar con gozo porque el amor no es ciego, como tontamente se dice por allí, sino es encantadoramente sabio.

17La educación sobre el propio sexo supone que el y la preadolescente valore lo que es la integración de su sexualidad dentro de su propia persona; aprenda lo que es su sexo como lenguaje del amor como don; viva con serenidad y alegría su ser varón o mujer y se abra al consejo de padres y educadores sensatos y comprensivos que los y las ayuden a superar las tensiones, dudas y sobresaltos que el despertar corporal y emocional de su propio sexo les pueda producir. Aquí es de primerísima importancia la imagen que el padre da a su hija adolescente de lo que es para él la mujer, y la madre hace lo mismo con el hijo varón hablándole sobre lo que es para ella el otro sexo. Y ambos, hija e hijo, puedan ver en sus padres plenamente realizada esta visión de los dos sexos que dialogalmente les han transmitido.

Por último queda la educación sobre el sexo del otro. Aquí se trata de enfocar al otro como alguien digno de ser respetado, de ser amado en el sentido amplio y profundo de ese término. Esto supone exhortar a ellas y ellos a ponerse en una actitud de diálogo que les enseñe que el amor es don y que por eso cada uno ha de vivir ayudando a que el cuerpo viviente y sexuado del otro u otra y la afloración erótica que de ambos cuerpos emana no sea empobrecida o destruida por la tentación del capricho inmaduro o del egoísmo narcisista que “lo quiero poseer para mí como si fuese una cosa que puedo comprar o seducir”. Por algo dice el Cantar de los Cantares: “Si alguien quisiera comprar el amor con toda la riqueza de su casa, se haría despreciable” (8,7).

Si en la escuela se sabe hablar de esta manera, no descendiendo a la casuística y haciendo ver el sentido finalista que tienen los gestos sexuales que por eso han de ser educados para ponerse al servicio del amor altruista, es decir del amor que se juega por el bien del otro, entonces el hacerlo frente a un auditorio mixto de adolescentes permite despejar mejor los recelos y sentimientos maliciosos que pueden albergarse en el corazón de muchos, por el efecto deletéreo que pueden haber recibido del ambiente, sobre todo de la televisión y también, aunque es doloroso decirlo, de la misma familia.

18Como dice la psicóloga ya citada: “Una sana coeducación puede reducir el antagonismo y la rivalidad favoreciendo la colaboración y, sobre todo, la valorización de las diferencias de intereses, sensibilidades, mentalidad en la articulada integración de experiencias comunes vividas en la dimensión de la paridad y reciprocidad” 15.

Si en las familias y las escuelas se habla clara y seriamente sobre los problemas de la sexualidad adolescente y las implicancias que tienen para la madurez o inmadurez, sanidad o patología del futuro comportamiento sexual las irreflexivas conductas del proceder actual, se logrará con gran facilidad que se destierre la frivolidad y la promiscuidad en que caen tan frecuentemente los que ahora son adolescentes. Si los adultos asumen esto con constancia, comprensión, optimismo y sin desalientos se podrá abrir un nuevo horizonte que ilumine nuevos caminos donde varones y mujeres crezcan integral y armónicamente en su dignidad sexuada que han sabido educarla como lenguaje del amor.

Si el sexo no es educado dentro de un amor que quiere vivir en el deseo de ser un bien para los demás, que es la característica del altruismo, se va deformando en sus características psicológicas. Es casi imposible que el que vive egoístamente su sexualidad sepa ser amable, comprensivo, acogedor y compasivo. Al contrario, fácilmente mostrará en su porte externo mezquindad, hipocresía, amaneramiento, susceptibilidad, estrechez, enojo, furor. Son los parásitos de la amargura, los celos, la prepotencia, el resentimiento, el engaño, la ira, la venganza, la violencia de la posesión, etc., que anidan y se enredan en su corazón como gusanos ponzoñosos brotados de una persona desgarrada en su interioridad por el sentimiento culposo de haber perdido casi por completo la capacidad de amar. Y un sexo sin corazón, porque ha perdido el sentido del amor, no puede engendrar y generar vidas verdadera e integralmente humanas.

19Por eso, no hay algo más triste en la vida pública de una ciudad o nación que la ostentación de un sexo que en la publicidad, los espectáculos públicos, la televisión y la radio, el periodismo de diarios y revistas, el cine y el teatro, las conversaciones callejeras, el chateo, el e-mail, las páginas web de internet, etc., es tomado generalmente en chanza con tal grado de grosería que descubre la clara ausencia de un amor que respeta la intimidad de las personas. Por eso no es extraño que en una sociedad humana que a nivel bastante mayoritario vive en una gran carencia de amor social, estallen fácilmente brotes de violencia de todo tipo, consecuencia de comportamientos de personas que al no saber amar, han hecho de su sexo instrumento de destrucción.

La reflexión que hace K. Popper, luego de oír los desatinos de un gran empresario televisivo de Alemania, indican la gravedad de esta situación. Frente a la declaración de ese directivo que “debemos ofrecer a la gente lo que la gente quiere”, responde este gran filósofo, ya fallecido: “Lo que deben aprender es que la educación es necesaria en toda sociedad civilizada; que los ciudadanos de una sociedad civilizada, o sea las personas que se comportan civilizadamente, no son resultado de la casualidad, sino resultado de un proceso educativo” 16.

Y que sirva de broche final esta severa reflexión de Juan Pablo II: “Los padres que se sirven habitualmente y por largo tiempo de la televisión como de una especie de niñera electrónica abdican de su papel de principales educadores de sus propios hijos” 17.

 

-La nota continúa en la publicación de Familia Cristiana del mes que viene, con el tema "Consumir o vivir su vida sexual".

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Notas:

1. Catecismo de la Iglesia Católica, n.1604.- BENEDICTO XVI, entrevista de prensa a los periodistas en su vuelo a Estados Unidos de América el 15 de abril de 2008.-

2. JUAN PABLO II, Discurso en el IV encuentro mundial de las familias en Manila, 25/01/03.

3. Así describe un psicólogo la deformación que hoy sufre la sexualidad: “Como pretendida comprensión –aunque inconsciente– ante el vacío y la falta de sentido de la vida, aparece una desenfrenada búsqueda que cree encontrar una salida en la exacerbación del erotismo como meta. Fomentado desde todos los niveles de la sociedad, esto es jugosamente aprovechado por los grupos económicos de turno, apoyados en una publicidad que no baja los brazos, y que ha hecho de los adolescentes y de los jóvenes una adecuada masa de destinatarios. También las familias han sido envueltas en este movimiento subversivo de valores, como lo atestigua la facilidad con que se separan los matrimonios y la novedosa costumbre, cada vez más extendida de soslayar el casamiento viviendo juntos sin atarse a las responsabilidades del matrimonio. Agreguemos todavía la difusión de las relaciones sexuales entre novios, y más aún, las que se dan como «al paso» entre los que ni siquiera son novios. Hablar aquí de amor podría llegar a ser diferente o al menos risible” (S. M. RODRIGUEZ AMENABAR, Hombre, sexo y trascendencia, ed. Claretiana, Bs. As., 1998, pág. 38).

4. L´adolescente e la sua crescita psico-afectiva: Quali problematiche oggi?, La Famiglia, n. 213 (5-6/2002), pág. 30. Ver también págs. 30-39. Ver A. DALL´ASTA, El negocio de la diversión juvenil, La Nación, 09/05/03, pág. 19.

5. Ibid., pág. 39. Ver G. CAMPANINI, La famiglia e l´educazione della sessualità, La Famiglia, n. 207 (2001), págs. 9-11; E.C. SUTERA, Il coinvolgimento sessuale precoce nell´adolescenza: quali strategie d´intervento?, La Famiglia, n. 198 (11-12/1999), págs. 48-59.

6. Que la humanidad pensante anda buscando un nuevo camino que invite al hombre a vivir más profunda y responsablemente su sexualidad y para ello edificar un mundo más seriamente personalizado, lo muestran breves pero enjundiosos artículos periodísticos aparecidos en diarios de mucha tirada. Basta citar los de La Nación: M. DIAMENT, Desde Kournikova a Britney Spears, el discreto encanto de la castidad (10/08/02), pág. 5; Ivonne BORDELOIS, Violencia y lenguaje, s. Cultura (25/08/02), pág. 1; Edgar MORIN, ¿Estamos en un Titanic?, s. Enfoques (01/09/02), pág. 4.

7. E. C. SUTERA, Il coinvolgimento…, págs. 52-53.

8. Ibid., pág. 54.

9. Ver E. FABBRI, El cuerpo, lenguaje del espíritu, Guadalupe, Bs.As. 2004, pp.12-50. y J.-Y. CALVEZ, Homme et femme, Etudes, n. 3774, octubre 1992, págs. 353-362.

10. J.-Y. CALVEZ, Ibid., pág. 358.

11. Ibid., pág. 362.

12. Ver Agnis AUSCHITZKA, Una société face à sa jeunesse, Etudes, n. 3964, abril 2002, págs. 457-467.

13. A. AUSCHITZKA, del artículo ya citado, pág. 465.

14. E.C. SUTERA, Il coinvolgimento…, pág. 56. Solo queda un interrogante: para ir logrando este planteo ¿es conveniente que las aulas sean comunes para muchachos y chicas? Esto es lo que hoy se discute en Europa. -

15. Ibid., pág. 58.

16. La televisión es mala maestra, Fondo de Cultura Económica, México, 1998, págs. 45-46 y 52. Ver también lo que en este mismo libro dice John CONDRY, págs. 83-87 y 92-95.

17. Mensaje del 24 de enero de 1994.

 
*Enrique Fabbri fue sacerdote de la Compañía de Jesús (Jesuita), licenciado en Filosofía y en Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Continuó sus estudios en Inglaterra, Suiza y Bélgica. Se especializó en Antropología de la sexualidad, la pareja humana y la familia. Autor de numerosos libros y artículos. Fue decano de la Facultad de Teología de la Universidad del Salvador y director del CIAS (Centro de Investigación y Acción Social). Ha dado conferencias y cursos en el país (Argentina) y fuera de él. Falleció en 2015.
 
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